SIN DEPENDENCIAS
12 de Noviembre, 2008Los vikingos consideraban que el miedo era inútil: sólo servía, según ellos, para perder la independencia. Su cultura creía en el autocontrol. Para ellos, manifestar temor era una forma de ponerse en manos de los demás… y ser dependiente era lo peor que le podía ocurrir a una persona.
Por eso el rey vikingo Harold el Despiadado, cuando quería hacer un cumplido a alguien, lo describía como inconmovible ante los acontecimientos súbitos. Así hablaba, por ejemplo, de uno de los suyos: “Siempre permanecía impertérrito. Tanto si se avecinaba un riesgo como una situación de calma o cualquier peligro, jamás se mostraba animado o decaído, nunca dormía más o menos y sólo comía o bebía según su costumbre?.

Los vikingos, como muchas otras culturas a lo largo de la historia, fomentaron el autocontrol de los sentimientos. Orientaban toda su vida a la consecución de objetivos: sobrevivir en medio de condiciones naturales muy duras, navegar y descubrir nuevas tierras, conquistar mediante la guerra… Cuando los seres humanos nos centramos en una tarea de este tipo, sentir mucho es más bien poco adaptativo. El autocontrol permite dirigirnos sin distracciones al lugar al que queremos ir y ser libres de ataduras emocionales. Por eso un buen vikingo era una persona imperturbable ante los acontecimientos.

En otros lugares y en otras épocas han existido, también, culturas que han fomentado la estratégica contraria, animando a sus miembros a expresar sentimientos. Sus habitantes entienden que es positivo ser melodramático, quejarse cuando duele, llorar cuando se está triste… Son sociedades que suelen habitar lugares más acogedores para el ser humano. La consecución de objetivos no es tan importante para ellos. Lo que buscan es el hedonismo, el placer sencillo y el cariño de los demás. Los miembros de esas culturas saben que para buscar amor es mejor expresar sentimientos. Y por eso dejan salir sus emociones.
Curiosamente, los educados en sociedades expresivas tienden a pensar que los autocontrolados son personas poco sinceras y, a la vez, los miembros de culturas poco expresivas suelen sentir que los efusivos son falsos.
Para un individuo comunicativo, una persona reservada es alguien que oculta cosas.
Y al mismo tiempo, para un individuo autocontrolado como puede ser nuestro protagonista, el melodramático es un manipulador que exagera sus sentimientos.
Si no sabemos cómo se manifiestan las emociones en una cultura, no podemos juzgar la sinceridad de sus habitantes.
Harold el Despiadado lo sabía. Y por eso sólo usaba su forma de juzgar a las personas con los miembros de su propia cultura.
Cualquier extranjero podía manifestar libremente sus emociones…
Pero un verdadero vikingo, no debía hacerlo jamás.