SALIRSE DEL TIESTO
Lunes, 21 de Abril de 2008Cuando Milos Forman estrenó “Alguien voló sobre el nido del cuco”, consiguió abrir un debate muy importante que dividió a las personas que se dedicaban a la Salud Mental.
La película hablaba de cómo los hospitales psiquiátricos alienaban y despersonalizaban a los pacientes. Hablaba de la sensación de desindividuación que se vivía dentro de aquellos lugares. Hablaba de cómo un recinto puede acabar convirtiéndose en un mundo cerrado, en una especie de burbuja aislada del mundo real…
“Alguien voló sobre el nido del cuco” es la historia de Randle McMurphy, un estafador de espíritu libre y lengua desatada que quizás finge una enfermedad mental para evadir la prisión. Al llegar al hospital psiquiátrico choca contra la rutina establecida y la falta de posibilidad de manejo de la propia vida que sufren los pacientes. En muchos momentos de la película, la enfermera que acaba convirtiéndose en su enemigo le recuerda que los internos están bien tratados en la institución, que tienen comodidades materiales y cuidados que no han tenido nunca. Pero el problema de Randle McMurphy no son las condiciones materiales…
El protagonista se queja, realmente, de que, poco a poco, todos los enfermos van entrando en el síndrome de indefensión. Las personas que están allí dentro van perdiendo progresivamente confianza en las propias capacidades. Tienen la sensación de que lo que ellos hagan no va a cambiar el mundo y acaban dependiendo para todo de otras personas.
Hay muchas investigaciones que muestran cómo se crea este síndrome. Una de mis preferidas llegaba a la conclusión de que los cuidadores acaban considerando “buen paciente” a aquel que no toca el timbre, no pregunta nada y no trata de tomar decisiones. Es decir, a aquel que ha dejado de tener control sobre su propia vida…

En la misma época de la película se realizó un experimento clásico sobre el tema. En él se usaban dos métodos de tratamiento diferentes con pacientes ancianos de un hogar geriátrico. El primer método fomentaba la indefensión ya desde la entrada. El equipo de cuidadores les recibía con la frase “Es nuestra responsabilidad convertir este lugar en un hogar del que puedan ustedes estar orgullosos y en el que puedan vivir felices”. A partir de ahí, los internos eran atendidos como receptores pasivos del cuidado normal, bien intencionado y simpático. El otro tratamiento, sin embargo, fomentaba la autoeficiencia. Ponía el acento sobre las oportunidades que tenían los pacientes de manifestar su elección, la posibilidad de influir en el funcionamiento del hogar geriátrico y la responsabilidad que tenían sobre lo que hicieran con sus vidas…
En el curso de las tres semanas siguientes, los pacientes a los que se trataba bien pero de forma paternalista, fueron debilitándose. Sin embargo, el 93% de los tratados fomentando su autocontrol demostraban estar más alerta, más activos y más felices.
Volver a ver “Alguien voló sobre el nido del cuco” ayuda a recordar por qué quitar a los pacientes la sensación de control sobre sus vidas puede ser una estrategia conveniente desde el punto de vista hospitalario, pero también es una mala decisión para los individuos que la acatan.