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LOS CUENTOS QUE NOS CONTAMOS

Lunes, 13 de Octubre de 2008

La protagonista del post de hoy tuvo una infancia feliz hasta que su madre, la mujer más buena y dulce del mundo, murió.  A partir de ahí empezó su calvario, porque tiempo después su padre se casó con una viuda orgullosa y altiva.
Cenicienta, que así se llamaba la chiquilla, sufrió mucho después de esa boda.  Su madrastra tenía dos hijas iguales a ella en todo y por eso empezó a tratarla con gran crueldad.  No podía soportar a aquella hermosa niña, porque su bondad y belleza hacían a sus hijas aún más despreciables.
Sin embargo, nuestra protagonista soportaba esa vida tan dura con gran paciencia. Hasta que un día el hijo del Rey celebró un baile al que invitó a todas las personas de la alta sociedad, incluidas las hermanastras de Cenicienta.  Un hada decidió ayudar a la chiquilla, y creó para ella un vestido, carroza y caballos a partir de unos andrajos y una calabaza que fue encontrando por ahí.  Cenicienta pudo acudir a la fiesta y…

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El resto es leyenda.

Los seres humanos edificamos en nuestra infancia un programa capaz de determinar el rumbo de nuestra vida.  Ese guión impone la clase de parejas que tendremos, el tipo de trabajo que haremos, cómo será nuestra casa…  Incluso va más allá: el guión incluye cuáles son nuestras primeras palabras al conocer a alguien, qué parte de nuestro pasado contaremos o cómo será nuestra forma de vestir.
Un ejemplo clásico de este tipo de programas vitales es el guión Cenicienta.  Las personas que eligen esa forma de vivir su vida recuerdan siempre un pasado feliz que fue interrumpido por un hecho concreto.  A partir de ahí, la persona fue infeliz por culpa de la envidia y las malas artes de los demás. Y nunca hizo nada por rebelarse.
La persona que ha elegido un guión Cenicienta espera y espera a que venga su príncipe azul y la rescate de su tediosa y sufrida vida.  Su única pareja posible, al igual que en el cuento, será ese príncipe, que, además, se tendrá que trabajar mucho el asunto y buscarla durante mucho tiempo. 
Mientras tanto, la persona sufre en silencio una situación que quizás podría abandonar. Pero ella es incapaz de planteárselo siquiera: las personas que han elegido un guión Cenicienta se sienten incapaces de hacer nada por sí mismas.

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Es importante saber claramente cuál es el guión que tenemos y qué pautas de ese programa vital nos pueden impedir ser felices.

De todos los peligros, el mayor es subestimar al contrario.

Y es algo que tendemos a hacer cuando el enemigo somos nosotros mismos.

 




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