Archivo de la categoría "LA FELICIDAD: INSTRUCCIONES DE USO"

COMERSE LA VIDA

Jueves, 28 de Febrero de 2008

Tom ha pasado a la historia gracias a su entereza y a un accidente que sufrió en 1895, cuando tenía nueve años.
Tom era un niño irlandés que vivía en Estados Unidos.  Un día que estaba ferozmente hambriento, el pantagruélico niño se bebió un tazón de sopa de potaje con almejas tan caliente que le destruyó el esófago.  A partir de ese épico momento, a Tom le fue imposible ingerir alimentos.  Así que se le hizo una perforación en el estómago por dónde se le podía introducir la comida.
Gracias a eso, nuestro protagonista pudo seguir una vida normal.  Y gracias a eso, un profesor universitario de Oklahoma que le contrató pudo estudiar, por primera vez, la relación entre el estómago y las emociones. 
El investigador seguía todos los detalles de la vida privada de Tom y le escuchaba cuando éste le contaba sus pensamientos.  Y así pudo ver la relación entre la actividad de esa víscera y su psicología.
El intrépido investigador llegó a la conclusión de que el estómago tenía mucho más que ver con las emociones que el corazón, a pesar de que el último goce de más fama.  Y desde entonces, muchos estudios le han dado la razón. 
Por ejemplo, sabemos que el estómago es el mejor termómetro para saber cuándo tenemos miedo o cuando estamos relajados.  En la cultura euroamericana, por lo menos, la ansiedad y la inquietud afectan decisivamente al sistema digestivo.
El estrés desbordante, asimismo, afecta habitualmente a nuestra forma de comer.  Cuando estamos distresados (es decir, cuando sentimos nuestro estrés como negativo) perdemos dos de las capacidades básicas para un buen yantar. 

heda 1.jpg

Por una parte, el distrés nos hace incapaces de mantener nuestros ritmos vitales.  Cuando entramos en ese estado, empezamos a robar tiempo por todas partes y eso acaba por alterar los horarios de todas nuestras comidas.
Por otra parte, elimina nuestra capacidad de hedonismo.  Nos cuesta mucho disfrutar, gozar con actividades que no conduzcan a ningún fin determinado.  Cuando estamos distresados somos incapaces de desconectar del problema y eso nos condena a estar siempre centrados en la tarea hasta el punto de olvidarnos de nuestro estómago.  Las investigaciones muestran que en esos momentos el sistema digestivo hace sus funciones y, por ejemplo, avisa cuando necesita comida.  Pero el cerebro, preocupado por sus problemas, decide no hacerle caso y no llegamos, ni siquiera, a sentir hambre.
Por eso no son extrañas las relaciones que se encuentran entre el estrés y las úlceras de estómago.  Nuestro protagonista, Tom, era lo que se espera de un irlandés: un hombre tranquilo.  Aún así, al médico que le analizó le resultaba inquietante ver cómo se alteraba su estómago cada vez que se ponía nervioso. 
Menos mal que el galeno no llegó a ver las vueltas y contracciones de un estómago moderno.
Creo que no hubiera entendido nada.

 




eXTReMe Tracker