VAMPIR@S
Viernes, 4 de Abril de 2008Me lo han contado de muchas maneras, en situaciones diferentes, con distintos protagonistas:
“Después de discutir, él se pone más contento. Yo me quedo hecha polvo, pero a él parece que le revive…”
“A mi compañero de trabajo lo que le gusta es el cara a cara, enfrentarse a los clientes. Después de “estafar” a alguno, aunque hayan sido horas y horas de conversación, se le nota energético. A mí me pasa al revés: esas reuniones me descargan las pilas”
“Solo me siento cerca de mi madre cuando estoy mal. En esos momentos, se vuelca. Le encanta cuidarme. El caso es que yo me dejo llevar y cada vez me siento peor. Me voy metiendo en el papel de enfermo, ella cada vez me cuida más y, al final, no salgo de la cama…”
“Es un amigo al que le encanta discutir. Lo provoca continuamente. Le diga lo que le diga, él siempre va a decir lo contrario…”
¿Qué activa a los seres humanos? ¿Qué les da vida?

Obviamente, la respuesta a esta pregunta no es la misma para cada persona. Para algunos, las fuentes de vitalidad son más bien intelectuales. Para otros, la energía procede del placer hedónico. Hay quien se activa con el trabajo, hay quien lo hace con la amistad y la charla intrascendente.
En el terreno de las relaciones personales, las diferencias son radicales. Para algunas personas, por ejemplo, las discusiones son una fuente de energía. Cuando acaba el momento de tensión, se sienten activadas y vivas. Para estos individuos, una pelea, un malentendido en la pareja, o el hecho de regañar a un hijo son situaciones agradables que les hacen sentirse bien…

Lo mismo ocurre con otras situaciones vitales. Aunque son momentos que a muchos nos dejan vacíos y sin energía, hay personas que se activan con ellas. Escuchar una historia trágica en labios de una persona a la que queremos; vivir una situación de riesgo que ha podido terminar mal; recordar a aquellos que están peor… Hay quien cobra vida en medio de estas circunstancias.
Cuando estamos cerca de gente así, nos damos cuenta de que algo extraño sucede.
Esa persona es distinta a los demás: se llena de energía en momentos en que la mayoría nos sentimos vacíos.
Es fácil darse cuenta a nivel inconsciente: sus miradas, sus gestos, sus formas de actuar les delatan. No sabemos qué es exactamente lo que está pasando, pero sentimos algo extraño.
Quizás la leyenda del vampiro proceda de esa descompensación de energía.
No es sencillo esquivar esos momentos en que los demás absorben nuestras energías.
No es fácil asimilar la idea de que lo que a unos nos mata, a otros les vivifica.