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Lunes, 13 de Agosto de 2007Los sueños, esa otra vida que acompaña nuestra vida, ha sido objeto de estudio desde muy antiguo. En todas las épocas, lugares y culturas han surgido personas que han tratado de estudiar su contenido…
El atractivo de ese estado de conciencia estriba, probablemente, en una paradoja. Los sueños van a la esencia del ser humano y son, por eso, universales. Pero, por otra parte, hay pocas cosas tan íntimas y privadas como nuestro mundo onírico. Heráclito, el filósofo griego, lo expresaba así: “En estado de vigilia el mundo es uno y común, pero cuando se cae en el sueño, cada uno se dirige al suyo propio?
¿Es tan íntimo y creativo el mundo de Morfeo? ¿Son los sueños de cada uno de nosotros historias completamente imprevisibles?
Algunas investigaciones le quitan la razón a los románticos. Según sus resultados, los sueños no están desconectados de la realidad y son, en parte previsibles…

Dos estudios recientes, uno de la Universidad de Mannheim, en Alemania, y otro de un grupo británico, han llegado a la conclusión de que el mundo onírico se ve afectado por los cambios del mundo real. Por ejemplo, según el estudio alemán, las mujeres sueñan dos veces más con su trabajo que hace cincuenta años.
Eso sí: las historias que aparecen son todavía sosegadas. No les ocurre lo mismo a los hombres: según los citados estudios, cuando los varones sueñan con el trabajo, es siempre para tener una pesadilla. A mí me parece más lógico esto último, pero quizás sea porque soy hombre…
La vida laboral no es lo único que aparece en los sueños de las mujeres. Según estos estudios, sueñan también con comida, ropa, aspecto personal, la niñez y la sensación de caer por el aire. Pensándolo bien, esto último puede que sí tenga algo que ver con su trabajo: tal como están los sueldos medios de las mujeres, es fácil que sientan que están flotando en el vacío.
En todo caso, para ambos estudios, había una diferencia clara entre chicos y chicas: ellas sueñan historias con emociones explícitas, que tienen que ver con la familia, el interior de la casa y sus objetos. Nosotros, sin embargo, nos pasamos el tiempo onírico en viajes fuera de casa, en los que hay agresión física, sexualidad y armas. Lo de siempre, vaya…
Lo que más me llamó la atención de estos estudios es que parecían mostrar que las diferencias entre hombres y mujeres eran tempranas. Los niños ya sueñan más con monstruos y animales grandes. Las niñas, si embargo, tienden a toparse con seres humanos y animales pequeños.
¿Por qué son diferentes los sueños en los dos sexos? ¿Por qué entra el mundo cotidiano en el mundo de Morfeo, convirtiendo nuestros sueños en una especie de continuación extraña de nuestra vida laboral? ¿Por qué ciertos temas no nos dejan en paz…ni soñando?…

Son cuestiones que de momento no tienen solución.
Y eso me gusta.
Porque los temas que más me atraen son los que me generan preguntas, no respuestas.