CONSPIRANOICOS
Miércoles, 6 de Febrero de 2008El doctor Corydon Hammond, antiguo presidente de la Sociedad Americana de Hipnosis Clínica, hablaba así de los que no creemos que el culto a Satán sea un problema importante para el mundo:
“Les diré que esos escépticos son, en primer lugar, personas ingenuas y con limitada experiencia clínica. En segundo lugar, tienen el tipo de ingenuidad que la gente tiene sobre el Holocausto o son tan intelectuales y escépticos que lo dudan todo. Y en tercer lugar, muchos de ellos son gente de cultos satánicos. Y puedo asegurar que hay personas que se encuentran en esta posición… Hay personas que son médicos, profesionales de la salud mental, que están implicados en los cultos…”
Declaraciones como las del doctor Hammond son bastante habituales. De hecho, esta forma de pensar está contenida en la mayoría de los libros sobre sectas u OVNIS que se publican en el mundo. Pero también es habitual en la vida cotidiana: muchas personas intentan hacernos creer que los que no hacen caso a sus advertencias forman parte de una especie de complot. Es lo que algunos llamamos el pensamiento conspiranoico.

En los medios de comunicación, los que hablan así creen paranoicamente en una conspiración mundial que oculta pruebas e intenta manipular a la opinión pública. Por ejemplo, el doctor Hammond piensa que la CIA ha realizado experimentos de control mental de carácter nazi y satánicos sobre decenas de miles de confiados ciudadanos americanos. El motivo global, piensa Hammond, es “crear una orden satánica que gobernará el mundo”.
En la vida privada, los que hablan así piensan que sus miedos tienen que convertirse en los temores de todo el mundo. Y cuando alguien no se contagia con su pánico particular, le meten inmediatamente en el grupo de “los malos”. No quieren admitir que los miedos son íntimos: tenemos bastante con los nuestros y no necesitamos para nada los de los demás.
Lo peligroso de la conspiranoia es que, como cualquier tipo de pensamiento de estructura paranoide, persiste aunque nunca se llegue a probar. Sus partidarios siguen insistiendo en ella porque es imposible demostrarles su falsedad.
Una máxima del pensamiento científico es que las teorías tienen que ser falsables, es decir, tiene que ser posible que ocurra algo que demuestre que son falsas. Si cualquier cosa que ocurra es posible explicarla desde esa teoría, si nada de lo que suceda puede contradecir la hipótesis, entonces es que esa teoría no dice absolutamente nada. Es pura palabrería. Los conspiranoicos se las arreglan siempre para utilizar teorías imposibles de falsar.
Creen, por ejemplo, que los que no estamos de acuerdo con ellos tenemos poca experiencia sobre el tema o somos ingenuos. Si se demuestra que alguien lleva mucho tiempo trabajando en el asunto y tiene una gran consistencia intelectual, entonces pasan al siguiente apartado: esa persona está metida dentro de la conspiración. Es el mismo esquema intelectual que utiliza el doctor Hammond: la gente que no está de acuerdo conmigo, o es tonta… o es mala.
De esta forma, cualquier conspiranoico tiene un arma contra sus detractores y nadie puede entrar a deshacer sus argumentos.
Gracias a eso, el pensamiento conspiranoico ha existido durante toda la historia de la humanidad.
A nivel público, siempre ha habido personas que han anunciado la conspiración del diablo para hacerse con el control del mundo.
En la vida cotidiana, siempre ha habido individuos que nos han dicho que tengamos cuidado con ciertos mundos a los que ellos tienen mucho miedo.
En los dos casos, los conpiranoicos han utilizado ese miedo al complot diabólico para hacerse ellos con el control del mundo.
A veces lo han conseguido.