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¿NO DEBERÍAMOS SABER?

Lunes, 9 de Marzo de 2009

Hay una idea que está detrás de muchos de los temores que los seres humanos han sentido a lo largo de la historia.  Es el tópico del conocimiento prohibido, la intuición de que existen datos a los que no deberían acceder todas las personas porque resultan demasiado peligrosos…
A lo largo del tiempo, ese miedo al conocimiento prohibido se ha ido manifestando de diversas formas.  Pero la historia que se nos cuenta tiene una estructura idéntica. Un grupo de seres humanos descubren algo sobre el mundo.  Otro grupo piensa que ese algo es demasiado peligroso y puede causar una catástrofe. 
Por suerte, hasta ahora los últimos siempre se han equivocado.
El cine, por ejemplo, ha jugado con esta idea del conocimiento prohibido para crear historias de terror.  Los guiones del género están repletos de libros que es muy peligroso leer, hallazgos científicos que el ser humano no debería haber encontrado y poderes que ninguna persona debería poseer.

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Quizás la primera vez que apareció este tópico en el cine fue en “El gabinete del doctor Caligari”, una película del año 1919.  Aquí el conocimiento prohibido, aquello que el ser humano había descubierto y podía resultar peligroso era la hipnosis.  En esta época se empezaban a difundir las características del estado hipnótico.  E inmediatamente surgió la idea de que habíamos descubierto algo que podía dar, a determinadas personas, un excesivo poder sobre los demás.
En “El gabinete del doctor Caligari”, un siniestro médico hipnotiza a un paciente de un psiquiátrico para que cometa una serie de crímenes.  La película plasma en inquietantes imágenes el equívoco fundamental que se produce cuando uno observa a una persona hipnotizada.  Desde fuera, da la impresión de que el hipnotizado ha perdido completamente su voluntad y está a merced del hipnotizador.  Y eso puede ser muy peligroso.

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En realidad, lo que se produce durante el estado hipnótico es un aumento de la implicación emocional de las personas en aquello que están haciendo.  Si el hipnotizador pide a la persona que se sumerja, por ejemplo, en un determinado estado emocional, ésta se sentirá absorbida por ese sentimiento y lo experimentará como real.
Además, el hipnotizado siente que es el hipnotizador el que maneja los hilos.  Estas dos características unidas son las que nos hacen temer la posibilidad de manipular.  Pero, a medida que se fue avanzando en el estudio de la hipnosis, se comprobó que el temor no era fundado.
La persona hipnotizada deja que sea otro el que maneja los hilos mientras que las ordenes que reciba no vayan en contra de sí mismo o de sus concepciones éticas.  Hay que recordar que la hipnosis es un estado emocionalmente profundo: si se nos pide que en ese estado hagamos algo que va en contra de nuestros principios, la rebelión tendrá más fuerza, incluso, que en el estado de vigilia.

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El temor que refleja “El gabinete del doctor Caligari” resultó infundado. 
Pero se diría que el ser humano seguirá teniendo miedo a haber abierto la Caja de Pandora. 
Porque parece que llevamos muy dentro esa dicotomía: somos curiosos y nos gusta conocer.  Pero después, nos da miedo lo que hemos encontrado.

 




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