Nueva Orleans fue prácticamente destruida hace seis años por el paso del huracán Katrina. La fuerza de la naturaleza se alió con la incompetencia de muchos seres humanos y casi consiguen llevarse por delante una urbe palpitante de vida.
Pero no pudieron con ella. La creativa ciudad criolla va resurgiendo de la inundación. Y una de sus primeras expresiones de vida es justamente esta serie casi documental en la que cuenta de dónde sacó fuerzas para sobrevivir.
Treme no es una serie autocomplaciente. Los habitantes de este barrio de Nueva Orleans no son ángeles de sonrisa beatífica viviendo en el mejor de los mundos imaginables. Al contrario: tienen dificultades para no atravesar la delgada línea que separa placer de adicción; sufren la violencia de los que atentan contra la ley y también las de aquellos que se supone que la salvaguardan; se sienten como una mierda cuando les fotografían turistas desde un “autobús de la tragedia” y se pelean con los que aman en vez de enfrentarse a los que temen… Son, como nosotros, personas que envidian, mienten, se avergüenzan y se traicionan; individuos que eligen hacer un contrato con lo real en vez de alardear de su sometimiento a un conjunto abstracto de ideas moralistas.
Pero desde ahí, desde esa individualidad vulnerable, consiguen entretejer un montón de historias que les llevan a sacar adelante su comunidad. Toni, Davis, Albert, Terry, Annie y todos los demás vecinos de Treme son un ejemplo de la diversidad de caminos que llevan a la resiliencia, a la capacidad que tenemos todos los seres humanos para proyectarnos en el futuro cuando las circunstancias presentes nos putean.
Hay quien sobrevive por su sentido del compromiso (Sin esfuerzo no se forma el carácter, dice un adagio popular) y hay quien tira para adelante gracias a su capacidad para divertirse continuamente (Sin placer no se forma el espíritu, añade el mismo proverbio). Algunos de los protagonistas de la serie parecen más interesados en buscar la virtud ensalzando la vitalidad, sin empequeñecer nunca sus vidas, sumando vivencias sin restar nada. Otros se centran en luchar contra los carroñeros: se agarran fuerte a su sentido de la justicia y convierten en un desafío sacar adelante su pequeño negocio o defender a cualquier víctima de abusos.
Todos, en en fondo, buscan recuperar el control de su historia personal, volviendo a hacer aquello que mejor hacen y que más les gusta, retomando los rituales que daban sentido a su vida o sintiendo placer y dándoselo a los demás a través de la cocina, la música o el sexo.
Me recuerdan a muchos de los seres humanos que he conocido mientras vivían momentos duros.
No eran ángeles, no tenían alas, pero sí un par de cualidades de las que tirar para seguir adelante.
Y eso hicieron: usarlas para salir del agujero.
Con un par.

Os enlazo con un artículo (de Jacobo Bergareche) que acabo de encontrarme… que, quizá (a vuestro criterio lo dejo), tuviera algo que ver con esta última entrada de Muiño.
Así comienza:
“Consumimos por entregas las grandes tragedias de la Humanidad, como si fueran series de televisión, y algunas terminan por engancharnos y por producir varias temporadas (el conflicto Palestino, los Saharauis, el accidente nuclear de Fukushima, y hoy por hoy, la única que nos importa: la Crisis…) y otras fracasan a los cuatro capítulos y son retiradas inmediatamente del prime time (Congo, Darfur, Corea del Norte y un largo e infame etcétera que acaba de devorar a Haití y a Somalia). Es interesante analizar por qué los espectadores eligen empatizar con ciertas tragedias humanas, y hacerlas populares, televisivas y recurrentes, y por qué otras tragedias se quedan en uno de esos fugaces titulares de Reuters que atraviesan la pantalla bajo una presentadora de la CNN que nos habla de la prima de riesgo”
Y así termina:
“…sólo miramos aquellos conflictos en los que nos reconocemos como los buenos”
Espero que os guste.
Desde luego que el 2012 no será el “Fin del Mundo” que se está anunciando “para ya” desde hace siglos…
…Pero lo que sí parece es que estamos en el umbral de un auténtico “Cambio de Era”. Esperemos que sea para bien. Esperemos que sea para beneficio de la mayoría.
De momento (efectivamente, “La dama”), “les retallades” van a ser de “toma pan y moja”… Rectifico: con un poco de suerte, encontrarás algo de “pan”; pero mojar, lo que se dice mojar… ¡poca “salsa” nos van a dejar para poder mojar algo…!
En cualquier caso, el saqueo ya ha sido detectado y cuantificado perfectamente, por la parafernalia estadística económica: hoy, los ricos (los ricos, ricos, de verdad) son más ricos que nunca; y los pobres cada vez son más (muchos más) y cada vez mucho más… (¡Objetivo conseguido… por los de siempre…! Y aún siguen pensando que todavía les queda mucho más “recorrido”; que todavía nos pueden seguir saqueando más y más…)
Ojalá que a nivel personal, familiar, laboral, de amistad y vecindad, todas estas dificultades favorezcan la vuelta al acercamiento afectivo, solidario y empático de todos nosotros; que, al menos en lo más íntimo y personal, sea una buena oportunidad para que se produzcan este tipo de cambios subjetivos que nos fortalezcan y ayuden a sobrellevar la que se nos viene encima… Aunque sólo fuera por eso, habríamos ganado mucho. ¿O no?
Descubrirnos a nosotros y a los demás en lo “esencial”, en lo que “de verdad” nos produce satisfacción, lo que satisface de forma sencilla y sincera a los demás… Sin tanto consumismo ni “ansia viva” por tantas cosas inútiles, hueras e inanes; por tanta falsa “actividad” que sólo instala en una falsa “realidad” despojada de su auténtica esencia existencial…
Que se queden con todo. Que se les atragante y se lo gasten en medicinas…
…Y nosotros, aprovechemos para volver a encontrar la esencia de la existencia, las relaciones humanas y la auténtica felicidad y satisfacción… Casi siempre tan sencilla; casi siempre tan próxima… y tan inalcanzable…
Os deseo lo mejor y la mayor resilencia (es que resiliencia ya me parece bastante impronunciable) del mundo.
(Vi el primer capítulo de Treme: no encontré nada especialmente bueno ni malo; no me llamó excesivamente la atención… Tan sólo que, efectivamente, hay tramos que parecen más de documental que de serial televisivo. Supongo que habría que chutarse más capítulos en vena para empezar a sentir algo…)
O la crisis nos ha derrotado a todos o estamos preparando el arbolito de Navidad. ¡Cuánto silencio…!
Terminé de ver la segunda temporada de Treme y sigo diciendo que me gusta la serie.
Pues buen fin de semana a todos, que lo de Kioto no se reabre y lo del euro me apabulla. ¿Hay que ser optimista, pese a todo?
Se admiten consuelos varios, que la señora Cospedal ya me ha bajado otra vez el sueldo… Y suma y sigue, ¿Me quejo de vicio? ¿Será posible que nos dejen vivir sin tener un nuevo disgusto cada día?
En fin, a aprender de los sufridos protagonistas de la serie, que es cierto, los hay que lo pasan peor que yo. Y a poner a remojo mis barbas, que ya se sabe, cuando las de tu vecino… etc.
Un besazo.
“pa azarla”
“…un hombre que grita y no habla
y, aunque cortito de talla,
se hace grande cuando grita
al pregonar sus caballas…”
“…las rojas agallas
parecen rosas que estallan
y esparcen marinos goces…”
“…de la tierra será el cordero;
pero del mar ¡ay!
del mar… ¡la caballa!”
¡¡Lo más, doña “Mari Dulce”!! Sí señora: ¡lo más…!
¡Cultura! Andalucía es cultura por los 4 costados. Lo ancestral se hace ubicuo y el saber popular, inmenso.
33% de paro y ahí andan, buscándose la vida y aún los acusan de vagos. Individualidades férreas que, cuando toca, forman, no un “colectivo identitario”, sino una comunidad indestructible con un raro sentimiento de identidad teniendo en cuenta que cá uno es de su pare y de su mare. Y echarle risas al asunto, pero no para evadirse de la realidad, sino para hacerla una mijilla más digerible y para cantarle las cuarenta al lucero del alba, a todas horas, y una vez al año, lejos de disfrazarse para decir lo que no se atreven a decir durante once meses, lo que hacen es ser más ellos mismos que nunca…Y están en mi Patria.
http://youtu.be/ueLJxmEXkOI
Pues ya puedo hablar con propiedad de Treme. En dos dias, más o menos, he visto la primera temporada. Eso supone que he sacrificado horas de lectura y de tv. Pero no he dejado los paseos vespertinos, que durante estos días el sol me calienta “un poquito”, como al caracol .
Aunque la parte “estetica” de la serie, es decir la forma en cómo está rodada, a veces me cansa la vista, las historias que cuenta, las vidas de los personajes, sus peripecias y desgracias personales, me fascinan.
Y, por fín, que una es muy bruta para sus cosas, entiende eso de la “resilencia”. Resulta que yo, y tú y todos los demás, que diría Labordeta, somos resiletnes de una forma u otra. Superamos la vida como mejor podemos. Algunos con más sentido del humor, otros más amargados, pero la mayoría vamos “capeando el temporal”.
Gracias, D. Luis. De no ser por esta entrada no hubiese visto esta serie, pese a que mi peque la tiene comentada y me la recomendaba de vez en cuando. ¡Si es que vale un Potosí! (Amor de madre, lo sé.)
No estoy de acuerdo contigo, Mari Dulce, cuando dices que: ” Y lo buscas en quien no puede, ni debe, ni tiene por qué dártelo.”
Si mi intuición es válida, “ellos” deben y pueden, la cuestión es que no quieren… o no saben como hacerlo. Nadie les enseñó a hacerlo, por desgracia. Y lo que hacen tiene un nombre sencillo: chantaje emocional. Que aprendemos a utilizar desde niños, unos con más éxito que otros.
A lo que iba: He comenzado ayer a ver Treme. De tanto leer sobre ella, al final me la traje para casa. El primer capítulo me desconcertó. No sabía si era un documental, un experimento visual, una serie chapucera, o qué demonios estaba viendo.
El seguno ya me fue aclarando los personajes y las situaciones, el ritmo de la historia. Y en el tercero me enganché… Intenté el cuarto, pero se me caían los ojitos, que dice la nana y me fui a dormir.
Eso unido a Wall-e que no me la perdí, por supuesto, aunque llegué ya mediada la peli, hacen varias horas delante de la pantalla. Hoy las compensaré saliendo al jardín, que hace un día radiante de primavera ¿o no? ¡Qué más dá que el calendario me diga que estamos a 27 de noviembre! Salvo por la helada que vi esta mañana en el exterior, ahora mismo todo me dice que el sol calienta un poco y que se está de vicio ahí fuera…
Os dejo un deseo de bondad…
Aclaro que entonaba un Mea Culpa como la catedral de Burgos. No, nadie te puede obligar a hacer nada en contra de tu voluntad, aunque puede ser lo suficientemente hábil como para conseguir que hagas algo en su beneficio que a ti te hiere, culpabilizándote, inspirándote una falsa compasión, simulando indefensión, reprochándote un supuesto desapego…amenazándote con el abandono y hasta con el olvido…¡Ay, el miedo al abandono, la madre que le parió!
El mundo es como es, y puede que yo haya estado intentando que cambiara para que se adaptara a mis traumas (Modo ironía) o a lo mejor para que todos acabara siendo tan raros como yo y así no sentirme yo tan rara (Modo ídem)
No, la conclusión es demoledora: buscas lo que nunca tuviste donde no está, ni puede estar, ni debe estar. Y lo buscas en quien no puede, ni debe, ni tiene por qué dártelo. Ningún reproche, objetivamente, ninguno, aunque sea doloroso, pero es lo que tienen los agudos ataques de clarividencia súbita.
La cordura es un coñazo, en resumen.
Doña “Mari Dulce”:
Estaba ya empezando a “perderme”, cuando, por fin, casi al final, aparece la frase clave: “…acudir cuando se solicita tu intermediación…”. Es decir, que “se solicita tu intermediación”. Está -ahora- claro. No se trata únicamente de una “pulsión irrefrenable y autónoma”.
Pues ya que nos lo cuentas a todos, nos invitas a meternos donde no nos correspondería… de entrada. Aun así y por eso, te pido perdón por anticipado.
Si se media entre otros, una de dos: o se les quiere mucho… o se tiene algún tipo de interés particular, algún beneficio, algo que ganar… Por tus comentarios, parece que lo haces con fastidio, como “condenada” a ello… Vamos, que por beneficio… parecería claro que no. Así que nos quedaríamos por el altruismo del amor (en el grado y por el motivo que fuera). En esos casos, por tanto, no hay lógica que valga… Salvo que te esté haciendo daño (mucho bien, la verdad, no parece que te esté haciendo…), por lo que -como siempre, soy capaz de decir a otro y tan poco practico conmigo mismo- hay que ser lo suficientemente egoísta para evitarlo en el futuro, y conseguir dejar de seguir perjudicándote a ti misma.
“Repito una pauta insana”: tú misma lo reconoces…
Cuando actuamos “por convencimiento” (como dices), no deberíamos ser esclavos de nosotros mismos: con convencimiento o sin él, hay que buscar siempre la manera de sentirnos bien con lo que hagamos; con y para nosotros y con y para los demás. Si tú te sientes bien “antes” (cuando medias), deberías sentirte bien “después”, aunque los “mediados” se sientan incómodos (o pretendan hacértelo sentir a ti) a posteriori, porque las circunstancias hayan sufrido un cambio copernicano (como nos cuentas). Aun así, si me siento bien antes, debería sentirme –en consecuencia- bien después. Y, al revés: si me sentí mal al principio, aunque luego todo saliera bien, no dejaría de sentir cierto azoramiento siempre…
Hace ya cierto tiempo que ése es el “termómetro” o la “brújula” que uso para no perderme; para intentar tener –en la mayor medida posible- las ideas, los sentimientos y las sensaciones mediana y soportablemente claras…
A mí, todo lo que sea altruismo y desinterés con los demás me hace sentir fenomenal… Siempre y cuando no me sienta –por lo que sea- “utilizado”. En ese caso, el egoísmo ajeno me invalida altruismo futuro alguno. Salvo cuestiones de índole “mayor”: hambre, enfermedad, necesidades vitales de cualquier tipo… No te importa que te engañen –incluso- porque –quizá- tú también harías lo mismo (por ti o por los tuyos) para sobrevivir… No sé si me explico.
En cuestiones de pareja “ajena”, si te usan de “muleta” y a ti no te importa y te sientes bien…
Yo lo he sufrido “en mis carnes” y, también, se lo he hecho sufrir –alguna que otra vez- a algún que otro amigo o familiar: se aprovecha la circunstancia de una reunión familiar o de amistad para “airear” aquello que, en la intimidad de la pareja, parece no querer “salir” (expresarse, comentarse, discutir) o, cada vez que sale, queda abortada, sin solución, estancada; pendiente, en definitiva… ¡y sangrante! Muchas veces hace daño ese tipo de temas pendientes de resolver o de llegar a un acuerdo. Y te utilizan (o los utilizas) para “forzar” ese acuerdo… y, además, lo que resulta mucho más interesante (y maquiavélico), “reforzar” tus propios argumentos ante tu pareja (o los del amigo o familiar, ante la suya). Tampoco es moco de pavo conseguir esa especie de “arbitraje” que da una sincera y cariñosa (en principio… porque, si no, no merecería nunca la pena) opinión de quien tan bien te conoce (o a quien tan bien conoces).
De alguna manera, forma parte de las reglas del juego que conforman el “pack” del cariño con algunos familiares y algunos amigos… ¿O no?
Lo que resulta absolutamente insoportable es ese tipo de parejas que siempre se pasan el tiempo discutiendo y buscando que les des (a uno o a otro) la razón… Al final, acabas evitándoles… lógicamente.
En cualquier caso ese “qué hay de lo mío”, que comentas, no sería otra cosa que el disfrute –per se- de la compañía y la amistad de esos amigos o familiares. Ni más ni menos: querer (hacer que sientan que les quieres, que les importas) y que te quieran (que notes que te lo demuestran). ¿O no? ¿Habría –entre amigos y familiares- algo “de lo mío” más…?
Te sigo leyendo. Al final hablas de que éste debe ser algún tipo de “peaje” necesario para “ser aceptado” o “incluido”… Entiendo que tu autoestima se resiente (yo mismo me he descubierto en ese tipo de tesituras con relativa frecuencia): piensas que sólo te permiten formar parte de sus vidas, del grupo, en la medida (en tanto en cuanto) que les “sirvas” para ese “fin” (mediar). Si estuvieras en lo cierto (yo lo analizaría, con detenimiento, no vaya a ser uno de esos espejismos que –como digo- te hace jugar la poca autoestima), no merecerían la pena. Punto.
Y si no fuera así, formaría parte –como te comentaba antes- de las reglas del juego de la amistad. La amistad es muy extraña. Nunca la entendí como algún tipo de “mercantilismo”, en el sentido siquiera del famoso “hoy por mí, mañana por ti”. Ese tipo de amistad (absolutamente respetable y, además, de lo más normal, recurrente y hasta eterna) no es la que yo considero “íntima” (por intentar llamarla de alguna forma diferenciada). La amistad íntima la entiendo casi, casi, como un tipo especial de amor; obviamente distinto al sentimental-sexual que se puede dar puntual o permanentemente por alguien (continua o alterna; simultánea o sucesivamente… pero ésa ya es otra cuestión). Normalmente suele ser a muy largo plazo. Es prácticamente incondicional, en las duras y en las maduras… Siempre me dio la impresión de que vosotras, las mujeres, tenéis más facilidad –y necesidad- en conseguir este tipo de complicidad; pero, en el fondo, creo que nosotros tampoco seríamos tan distintos… Es muy difícil encontrar y conservar a alguien que te “conozca” y, por tanto, sea capaz de entenderte… incluso, muchas veces, más que tú mismo. Y, a la recíproca. Por eso este tipo de amistad es tan vitalmente importante. Hace que no te sientas solo en este Mundo. ¡Que mira que es grande y mira que hay gente, tú…!
Me pierdo.
En cualquier caso, si lo que nos cuentas es que los demás (quien sea) te “fuerzan”, de algún modo, a que les escuches, les hagas caso, les ayudes, les “intermedies”… Y, sin embargo, a ti ni te escuchan ni les importas un pimiento… (Me ahorro el puñetero comentario, que no sería sino una especie de conclusión del silogismo anterior… porque ya sabes lo que te diría… Y como, a veces, no nos gusta que nos digan lo que ya “sabemos” por nuestros propios medios… ¡paqué inritar…!)
¡Es curioso! Los “muiños” lo saben perfectamente; pero los demás nunca somos capaces de entenderlo: ¿cómo sabemos y, sin embargo, no actuamos? ¿porqué todos tenemos –y conocemos- cantidad de “puntos débiles” en nuestro comportamiento habitual (los que no conozcamos, ya sería más lógico que nos lo “afloraran” los sicólogos…), que nos perjudican o hacen sentir mal (o, simplemente, no nos aportan nada), y no los evitamos o corregimos? ¿Es algún tipo de vaguería o impotencia patológica? ¿Por qué nos resulta tan difícil conocernos a nosotros mismos y tratarnos con el cariño que nos merecemos, hacernos el menor daño posible y ser lo más felices posible… autónomamente? ¿Por qué triunfan tanto tantos “manuales de la felicidad”? ¿Tan inútiles somos todos con “lo nuestro”…?
En fin. Me alegro de haberte leído.
Si le parece, al menos por mi parte, aparcamos, al menos de momento, la falodiscusión, no porque no me parezca un tema fascinante, que lo es, y excitante, ¡ya te digo!, sino porque esta mañana me he sorprendido a mí misma con una frase recurrente: “Y ahora es cuando empiezas a cagarla”.
No sé si tiene mucha relación con el tema propuesto por, aquí, el jefe, pero yo sí se la veo, o a lo mejor es mi retorcida cabeza. “Hay quien sobrevive por su sentido del compromiso. Otros se centran en luchar contra los carroñeros: se agarran fuerte a su sentido de la justicia y convierten en un desafío el defender a cualquier víctima de abusos”.
Bien, yo repito una pauta, también sé que hago las cosas por convencimiento, es más, no puedo hacer nada si no es con convencimiento, pero repito una pauta insana, y por eso, lo que decía, acabo cagándola. Para entendernos, acabo exactamente en ningún sitio, ni siquiera en ése al que, en teoría, permanecía firmemente anclada. Por ejemplo, son las víctimas de abusos las que acaban encontrando su sitio, que ya no es el mío, me explico, no las víctimas de abusos fetén, sino de abusillos, pequeñas injusticias y tal. Sí, porque de repente son aceptadas, o “perdonadas”, o han sido todo lo hábiles y flexibles que yo jamás he sabido ser, meten la cabeza ahí donde antes eran recibidas a patadas, y tú, ya, les estorbas, la situación injusta persiste, los perdonavidas siguen siendo perdonavidas, pero sus víctimas del pasado quieren hacer borrón y cuenta nueva, que el que venga detrás, arree, y por eso prefieren que te calles. O sea, las personas en cuyo favor has hablado, te dan la espalda, y con ser eso malo, lo peor es que tú te quedas en tierra de nadie, y además sintiéndote el ser más gilipollas del universo-mundo. Porque, esa es otra, y es el momento que estamos viviendo, los perdonavidas se acercan a sus víctimas, que ahora tienen la sartén por el mango, y esas víctimas, encantadas de la vida por haber sido “perdonadas”, en lugar de dar una patada en la boca, metafórica, a quienes les han amargado la existencia, los acogen con entusiasmo en su seno. El “recoloque”. A quienes afearon la conducta a los perdonavidas, por el contrario, les llega el momento del “descoloque”.
Hablando en términos políticos, con perdón, éste es un claro momento de recoloques, y aquí es donde yo me suelo perder, ¡vamos, que me pierdo siempre! Cuando debería celebrar algún tipo de triunfo, como sintiéndome una ínfima parte de él, pues no, yo me sigo quedando en el bando de los perdedores, o llámenlo en el de los cenizos. Y con ser eso malo, lo peor es no escarmentar, tras repetidos fostiones, y seguir repitiendo la pauta ad infinitum.
Entonces viene la segunda pregunta recurrente: “¿Qué es lo que hago tan mal?”. Porque ser mediador no es malo en sí mismo, caricaturizando un poco, podría decir que, montándotelo bien, te lo puedes llevar tan crudo como los mediadores en el Proceso de Paz y Amor, pero yo es que, por lo visto, pertenezco a otra clase de mediadores, la de quienes pringan, por amor al arte, y cuando ya no son necesarios, se les aparta con el pie hacia un rincón en el que no estorben.
No, me temo que no hago nada mal, es más, creo que cumplo a la perfección el papel para el que se me adiestró en esta vida. Mediar en conflictos menores y adyacentes entre dos o más personas (Vamos a dejarlo en dos) que en realidad, para esa personas, no son tales conflictos, sino la patológica manera de vivir su relación. Ya lo dijo mi nunca suficientemente loado Erich Fromm, que hay parejas que sólo son capaces de comunicarse y expresarse sus sentimientos mutuos a base de broncas periódicas. A algunas de esas parejas les toca la lotería si encuentran un mediador, porque le da más sal a la representación: da y quita razones, reprocha algo a uno, que se enfurruña contigo, mientras el otro sonríe satisfecho, y viceversa…¿Qué pasa cuando las tensiones acumuladas desaparecen hasta una nueva crisis por acumulación? Que de repente el mediador sobra, porque en realidad no formaba parte del vínculo indisoluble entre esas personas que se tiraban los trastos a la cabeza. Es más, si el mediador no sabe callarse a tiempo, suerte tendrá si no le tiran los trastos a él, quiero decir, si no le caen reproches sin contrapeso y hasta insultos consensuados por las, hasta hace nada, partes en conflicto. Tienen que afianzar su renovada relación gozando de un enemigo común, hay que entenderlo, y decirse lo estupendos que son ellos, sobre todo si se comparan con “ésa”.
Sobra, hasta nueva orden. De repente se queda con cara de imbécil cuando ve a los irreconciliables enemigos, no sólo en muy buenas migas, sino defendiéndose mutuamente del mediador si es que pretende seguir mediando cuando ya no se le necesita. El “proceso” ha servido, ni más ni menos, para que los otros se liberen de tensiones propias, y para que tú te comas tensiones ajenas que, en realidad, ni te van ni te vienen. En román paladino, que la bronca termina con los protagonistas del conflicto más anchos que largos, y tú, exhausta, disgustada y con mal cuerpo, cuando no cabreada como una mona si les ves, ahí, como si tal cosa, como si no acabárais de vivir el preludio de la Segunda Guerra Mundial. “¿Y qué hay de lo mío?”, te dan ganas de decirles, pero no lo haces, claro, porque sabes que lo tuyo, para ti, y que lo suyo, para ti también.
Lo asumes, de una manera extraña, porque no es que, como lo asumes, ni te sorprende ni te duele. No, te sigue sorprendiendo y te sigue doliendo, pero se te va quedando ahí la marca de lo inevitable, de lo fatal.
Desarraigo, o falta de anclaje a nada en absoluto, por tierra o por mar.
Pero te han enseñado que la única forma de ser más o menos aceptado, más o menos incluído en un algo, es acudir cuando se solicita tu intermediación y apartarte discretamente cuando ya no haces falta. Eso, y tener claro que tus propias necesidades, y deseos, y temores, son secundarios, o directamente no interesan a nadie, molestan, estorban, tanto como tu misma persona, así que, claro, supongo que se cierra el círculo: dejas de “intermediar”, radicalmente, entre esas personas, en plan, “A mí no me metáis en vuestros rollos, y arregláoslas solitos”, pero te sigues ocupando de las necesidades, deseos y temores de otras personas que sufren lo que tú mismo sufres, pero sin reconocer abiertamente tu propio sufrimiento. Un desahogo transversal, digamos.
Y repites la pauta, ni más ni menos, porque es lo único que le da algo de sentido a tu vida…A tu, ¿qué?
¿Se conformaría ud., querida, con uno malo?
Veamos:
- Chiquito pero matín.
- Pequeño pero juguetón.
-Demelo grande, ande o no ande.
-Andante alleggro…
En fin, ¿por que conformarse con menos que lo mejor?
Además estamos hablando de teorias froidianas… ¡Lo que puede sacar D. Luis de todo esto…!
No será muy imperiosa, Emperaora, cuando exige que sea bueno y no se conforma con uno malo.
Mari Dulce, querida, ¿podrías intentar ser irónica sin ser hiriente?
Se puede hacer, lo sé. ¡Animo, que tú puedes también! Inteligencia tienes de sobra, no necesitar recurrir a esas “estructuras semánticas” tan diver…
No entiendo mucho de Freud, pero sé que parte de sus teorías están más que superadas. Y también sé, por que lo siento, que no tengo “envidia de pene” sino y una necesidad imperiosa de un buen pene…
(Uy, perdón…)
Pues no sé muy bien si los modernetes esos desprecian a Freud como figura histórica o no lo hacen, aunque a mí me da que sí que es una figura muy respetada por la modernidad. Lo que sí seguro es que hay gente que practica continuamente la Falacia del Hombre de Paja: en vez de responder a los argumentos que no saben encarar, caricaturiza la posición del otro y acaba rebatiendo posturas que el otro no tiene pero serían mucho más fáciles de criticar.
Por supuesto que yo no critico a Freud por ser machista en el siglo XIX. Lo que creo es que el psicoanálisis, en general, tiene un tufo sexista que a muchas personas no nos gusta nada. Y me remito a este artículo, en el que se asignan roles de género, se establecen diferencias estereotipadas entre maternidad y paternidad y se dicen cosas como que las que tienen que dar un apego seguro son “especialmente las madres”. En la sociedad en la que yo creo, el apego seguro puede darlo cualquier progenitor, tenga el sexo que tenga. Y de hecho, eso es lo que pasa entre la gente que conozco, porque hay personas que tienen confianza en sí mismas gracias a su padre y a pesar de su madre. Una de las formas de resiliencia que yo conozco es el haber contado con el apoyo y los cuidados de un progenitor, padre o madre.
Ahora, por favor, si alguien me explica por qué ese apoyo “tiene que venir” de la madre, ya que como afirma el artículo el bebé tiene que estar cerca de la madre, yo tan contenta. Citarme por ejemplo investigaciones que no sean de antiguos psicoanalistas de la muy criticada teoría del apego, como Harlow o Bowlby, o que no sean de los pocos psiconalistas que quedaban en la década pasada, como Lyons Ruth. Contarme cuáles son las bases para mantener los estereotipos, no cuáles son las bases por las que Freud los tuvo, que ésas ya las conozco. Cuando yo ponía el ejemplo de la Iglesia y la Inquisición, no me refería por supuesto a lo que la Inquisición hizo en su tiempo, que algo he leido y sé que ni siquiera fueron los peores. Quería decir que defender las mismas ideas ahora sería imperdonable. Y creo que eso hace el psicoanálisis en general. En vez de acabar con el tufo sexita de Freud, lo renuevan día a día.
Puede que sea uno de los problemas de nuestro tiempo, no siendo el menos importante el de este tipo de progresismo de chichinabo, que pretende analizar el pasado con ojos de presente. Un tío que supuso un avance vital para que se reconociera algo tan tonto como la sexualidad femenina, es visto por modernetes como un antiguo y un machista, y no podía evitar serlo, como hijo de su tiempo, a pesar de su avanzadísima mentalidad, inevitable hijo de su tiempo, si hablamos de tics, los que tenemos todos y cada uno de nosotros ahora mismo, y que serán criticados en el futuro.
Los modernetes se quedan con la copla de la envidia del pene, sí, pero olvidan o ignoran que Freud renombró a la tradicional histeria femenina: insatisfacción sexual la llamó, con el lógico escándalo que suscitó, porque, si no se reconocía que las mujeres sentían ningún tipo de satisfacción, ¿cómo se iba a reconocer su contrario, la insatisfacción? En el diván de Sigmund, envaradas damas se vieron “forzadas” a hablar de algo que ignoraban que tenían: sexo.
Y recuerdo un caso que trató, el de una madre terrible, sin una mijilla de delicado instinto maternal, narcisista hasta su último pelo, que indujo a su hija a la homosexualidad, único truquillo al que supo echar mano para no convertirse en competencia erótica de su sublime, bellísima y engreída progenitora…pero, claro, eso lo convierte, a los ojos de muchos progris, en un reaccionario, porque, desde luego, ¡líbrenos Dios!, ninguna homosexualidad, ninguna, tiene una raiz patológica, ¡vade retro, Satanás!
¡Ay, modernetes, aún seríais mas casposos si no fuera por esas antiguallas a las que tanto criticáis y a las que, sin embargo, tanto debéis!
Freud sigue vivo, revisado una y mil veces, precisamente porque sigue vivo.
No sé, La dama, difícil ¿por qué? Si hay un montón de artículos, programas de televisión, libros y hasta series dedicadas a las diferencias entre hombres y mujeres.
No se trata de que las haya o no. No es el tema. Mi cuestionamiento es que el psicoanálisis es una ideología anticuada que insiste en encasillar a hombres y mujeres atendiendo únicamente a su género. Que a una madre se la endosa el papel de empática, cariñosa y proveedora de seguridad. Y que hay montones de madres que no responden a ese estereotipo y montones de padres que sí aunque son hombres y que no hay necesidad de asignar roles únicamente por el género, creo yo. Es como cualquier otro estereotipo: “los andaluces son alegres”, por ejemplo. Imagínate que alguien construyera una ideología en torno a eso.
Tan dificil es de entender que las mujeres somos de Venus y los hombres de Marte.
que yo me pierdo con mapa y todo y que necesito de mi hijo para orientarme. Tan raro es que aconseje a mi hijo un poco más de ternura y a mi hija menos dulzura…
Topicazos y un poco de broma en este día eleccto… Estoy con ud. amigo Koldo. A muerte, que dicen ahora los chicos, golpeándose el pecho cerca del corazón. ¡Que gesto tan medieval y curioso, no le parece!
El punto de vista es fundamental en estos temas y no entiendo como aún hoy, algunas damas se rasgan las vestiduras por aquello del comportamiento machista, el lenguaje machista y las ciencias basadas en postulados machistas (si es que la psicología es ciencia, que algunos lo dudan)
Para mí es ya un poco cansino ese afan de igualar lo masculino con lo femenino. ¡Es imposible! Nuestros comportamientos neuronales son diferentes. Independientemente de la educación, del entorno, de todo lo que rodee a un niño y a una niña “sanos”, en el sentido de que no tienen ningun problema de identidad sexual, las niñas tiran para un lado y los niños para otro. Y eso es bueno, eso es lo que nos mantiene como especie. La madre es la madre, la que cría y alimenta a sus hijos. El padre puede echar una manita o desaparecer para cazar y no volver en tres días o no volver, pero la madre es la que cuida y defiende a la cría en la cueva o en el nido. Lo mantiene limpio y no se desprende de su retoño hasta que considera que esté está preparado para la vida independiente.
Lo curioso es que en en mundo animal la madre literalmente expulsa a los hijos adolescente a que se busque la vida y nosotros los tenemos en el nido hasta que nos morimos, para que lo herede… Y, además, suele permitir que las hembras se queden más tiempo con ellas, pero los “machitos”, a la calle, que luego dan muchos problemas. Lo que digo, la naturaleza es muy sabia… Mayoría de matriarcado y a los machos que les den…
Cuando mis peques eran peques (ellas) el modelo de madre que tenían (yo, por supuesto) era lo más opuesto a las madres que tenían en su entorno. Bueno, pues jugaban a maquillarse… cuando a mí jamás me habían visto pintarme para ir a comprar el pan… Y a él, a mi chico, simpre peleé por que en casa no hubiese juguetes bélicos y si aparecía algun reglo de ese tipo me las apañaba para que desapareciese rápidamente. Bueno, pues en todos los años de ferias del pueblo, cuando ya era un poco más mayor, aparecía por casa una de esas pistolitas de bolitas que rondaba por el salón hasta que la guardaba discretamente… y vuelta a empezar. Aún hoy hay una guardada en un cajón del aparador. Pero esta vez, cuando la miro es para atraer buenos recuerdos de su infancia y comprobar la inutilidad de la represión en ciertos aspectos de nuestra vida, como es la de proteger a nuestros hijos de los males que suponemos que les acechan.
Somos fruto de nuestras experiencias, nuestras lecturas, nuestro entorno. No es lo mismo criarse entre cabras en mitad del bosque que entre yonkis en las Barraquillas. Pero estoy segura de que los niños actuaran como niños y las niñas como niñas. Y tambien estoy segura de que eso no es nada malo.
Algunos comentarios respecto a estos temas me recuerdan a las viejas beatas, esas que se escandalizaban por que la Fulanita estaba saliendo con el Menganito, que ya ves tú que elemento. O por que la falda era demasiado corta y a misa se va con velo…
Cansina yo: educación, educación, educación.
Estoy en la lectura de “La música de las letras”, de Fernando Savater. Os la recomiendo encarecidamente…
Pues te agradezco tu explicación, doña “Paz y Fista”. Y estoy de acuerdo contigo: el tufo machista de Freud (como el de muchos científicos e intelectuales de su época) me parece más que evidente. El psicoanálisis siempre me pareció -como el marxismo o como las grandes religiones- un “artículo de fe”… mucho menos científico que literario; pero no soy psicólogo: he tenido la suerte de tener -recientemente- como compañera de trabajo a una licenciada en psicología (aunque se gane la vida de administrativa) y tener (y mantener) una amiga que ejerció durante muchos años en un hospital de Buenos Aires (¡sí! ¡¡es argentina!! …topicazo, una vez más, cumplido) como sicóloga clínica. Ambas coinciden en que “funciona” el psicoanálisis, por más enrevesado, retorcido y liante que me lo siga pareciendo. Lacán, incluido. Así que me tengo que rendir a la evidencia del experto…
El artículo no lo analicé demasiado, ya que se publicó a la vez que esta última entrada de Muiño: vi “resiliencia”… y ¡zas! La verdad es que no he visto ramalazo machista alguno; quizá lingüístico, porque hablar de cuidados “maternales” a mí me pasó desapercibido, porque no lo consideré “literalmente”, entendiendo que un padre (o dos, caso de parejas homosexuales masculinas) puede, perfectamente, tener atenciones maternales, aun siendo hombre… No sé si me explico… Que, seguro, que casi peor: a ver si este comentario -a su vez- resultara también machista… Pero, por muy poco “políticamente correcto” que venga pareciendo últimamente, sigo pensando que hombres y mujeres (homosexuales o no) nunca seremos “iguales” (dejo aparte cualquier consideración meramente sexual): como en todo, habrá excepciones; pero tengo la impresión de que vosotras -a veces, por suerte; otras, para vuestra desgracia- disponéis -”de fábrica”- de una sensibilidad o sutileza distintas a nosotros. Independientemente del ambiente y educación en el que nos hayamos desarrollado. Pero no deja de ser -por mi parte- una “creencia” más… Y, te aseguro, sin ánimo de machismo alguno.
Como niños y como adultos, tenemos “derecho” a una identidad sexual determinada; pero no sólo meramente “sexual” (en el sentido de con quién “acoplarse”), sino de sensibilidad, de comportamientos. Y, evidentemente (para mí, al menos), no somos iguales, sino distintos. ¿Es eso ser machista? Espero que no; porque siempre suena reprobable el término… Y yo os admiro profundamente (sin entrar en el plano del gusto meramente de atracción sexual) por lo que tenéis de distinto, ni mejor ni peor: todos “sabemos” que somos “distintos”. Y siempre me ha atraído más lo “distinto”. En casi todo en esta vida.
Hace muy poco vi un reportaje sobre transexuales. En concreto, ya desde niños. Había una niña (nacida niño) que lo tuvo siempre clarísimo; desde los 2 ó 3 años. Ésta sí que ha tenido que tirar de toda la resiliencia del mundo; porque sus compañeros de escuela había que ver cómo la tomaban con ella… Pero no la “importaba”, porque lo tuvo siempre clarísimo… pese a quien pese. Y (¡vaya usted a saber por qué!) ese tipo de luchas y de historias siempre me atrajeron mucho más que las del tipo “Treme”, que, por muy duras que sean, me parecen más “evidentes”. Es como la de aquél que, en un grupo de 100 personas (por ejemplo) es el único que “no ve” algo (o, al revés, lo ve), o no lo “entiende” (o entiende algo que los demás no), o no le “gusta” (o le gusta) algo distinto a los otros -u otros ejemplos de este estilo-… y -no obstante- lo expresa con sinceridad y humildad; pero con firmeza… a pesar de este tipo de “presión” del entorno, del colectivo más cercano… que tanto daño puede hacerle por querer “hacerse el diferente” (así lo verían ellos)… Y acabar excluido del grupo, muerto o en un manicomio…
Bueno Koldo, yo generalizo porque creo que los psicoanalistas basan todos sus postulados en las teorías de Freud, que dejaba a la mujer en un papel inferior a muchos niveles, tratándonos como sumisas y limitadas para la creatividad por nuestra tendencia a ser buenas. Por supuesto, los psiconalistas dicen que esa parte de la teoría de Freud está superada, igual que la iglesia dice que aunque se basa en los mismos libros que la Inquisición, esa parte la tienen superada.
Pero luego uno lee a una psicoanalista como la del artículo y se da cuenta de que esa onda sigue ahí. La mujer es maternal y única proveedora de cariño para sus hijos. Los padres no dan mimos, tienen otro papel supongo. Diferencia de papeles según el género, la resiliencia dependiendo del cariño de la madre y, por lo tanto, lo contrario, las madres que no dan resiliencia son las malas. No sé, yo veo ese tufo carca por todas partes. Y es muy diferente al planteamiento de los psicólogos modernos.
De hecho, releyendo el artículo que propones en tu enlace, veo que hay algún comentario que ha visto lo mismo que veo yo. En fin, que a mí me convencen más los psicólogos como Luis Muiño de una onda más moderna en estos temas.
¡Jolín “Paz y Fista”! ¡Hasta el mismísimo Rubalcaba le pide mimitos y achuchones a la Chacón, tú…! (Sí, ya sé que es “mentira”, sí…) Y si alguien debe haber en este país (¡España, sí, España!) con resiliencia de sobra para repartir a todos, ése es el señor Rubalcaba… ¿O no?
Pues yo insisto: tendría que encontrarme muy “raro” para desear y decidir ver cualquier capítulo de esa serie de “resilientes”… Que, pa resiliente, ya me tengo yo conmigo mismo bastante “acompañao”, como para querer ver cómo se lo montan en New Orleans… con música guay, o sin música guay; con actitudes espectacularmente ejemplarizantes para cualquiera o sin ellas; con excelente labor de actores (sí y de actrices), de dirección y realización, de exteriores y decorados… Vamos, que yo me siento a mí mismo con ese tipo de ganas… y me pongo en contacto de inmediato con el “muiño” más próximo y pido hora: estaría claro que no me reconozco… y eso, seguro, que -en micaso- sería ya mi “límite del abismo” psicológico más angustioso que ocurrirme pueda…
Me alegro mucho de volver a leerte… y, ya, aprovecho: por favor, me “alegrarías el día” (es fin de semana y así podría enriquecer mis sinapsis generalmente atrofiadas por falta de uso) si me explicaras esa generalización que haces (tan inquietante e intrigante para mí) sobre”el tufo machista y carca que tienen los psicoanalistas”. ¡Por favor! ¡Dessssíííííme! ¿Que querés decir? (¡la pucha! ¡che!)
Pues aprovechando la sana mala leche de La dama, aprovecho para decir que me ha encantado la versión cañera que da Luis Muiño de la resiliencia. Yo me encuentro un poco hasta…de esas versiones horteras en que la resiliencia se parece mucho a la aceptación sumisa de los acontecimientos. Por ejemplo en el enlace que propone Coldillo, aparte del tufo machista y carca que tienen los psicoanalistas ¿de verdad que esa psicóloga cree que con la que está cayendo basta con que mamá nos haya dado muchos mimos para resistir?¿Y que pasa con los que mamá era yonki y no daba mimos, esos no tiene resiliencia? Porque yo he conocido a algunos hijos de malas madres que, como dice Luis Muiño, tenían un par…
Yo creo que, como dice Luis Muiño, la resiliencia viene de muchos sitios diferentes. La mala leche es uno de esos sitios. Cada uno con su camino. Como en Treme, que la he empezado a ver ayer y me he enganchado. Qué maravilla, una serie dura pero optimista, con una música maravillosa y unas interpretaciones cariñosas. Yo me he enamorado de todos. Ayer me vi los tres primeros capítulos de la primera temporada de un tirón.
Ahora sí. Ahora te agradezco la puntualización, Pedro. Es que estoy bastante quemada ultimamente y aguanto muy poquito. ¡Como no llego a entender eso de la “resilencia” no puedo aplicarmelo o practicarlo…!
Salto a la mínima y luego no me importa pedir disculpas, que en tu caso es de ser educada. Tienes razón con lo de que en otros lugares lo están pasado mil veces peor que nosotros. Pero lo que me j…. más (perdón por lo poco femenino de la expresión) es que hay otros (tan felices ellos) que lo pasan mucho mejor que todos nosotros juntos y, ademas, no se sienten responsables y ni siquiera se planteán lo que nosostros consideramos comportamientos éticos o morales. Simplemente el resto del mundo no existe para ellos.
Hoy me he avergonzado viendo dos noticias de lo má vácuas e insensibles y estúpidas:
colas de jóvenes esperando a dos actores de una saga de chupasangres de celuloide y unos compradores compulsivos que por el módico precio de mil cuatrociento euros se llevaban encantados un bolso, un vestido y algo más de un tal Versace en una tienda de lo más vulgar… ¡Qué fauna, por dios!
A eso le llamo yo coherencia con la crisis, solidaridad y estupidez humana. Y en Somalia no hay antibióticos en los hospitales, donde, por cierto, tampoco hay camas y apenas médicos. Y mientras la obscenidad del consumimo más virulento me asalta mientras ceno una frugal lechuguita… A eso me refiero muchas veces cuando reniego de mi raza… Menos mal que Vicente Romero, de vez en cuando, nos muestra el otro lado del mundo… Os recomiendo su blog en RTVE, que no sé cuanto durará cuando llegue Manolo con las rebajas. Y su programa Buscamundos, en la 2 los viernes.
Buenas noches a todos y buena suerte…
Disculpa, La dama, generalizaba. Conozco casos como tú, de gente a la que no se ha enriquecido en la “década prodigiosa” que ha vivido España y que, sin embargo, ahora apencan como todos con la crisis. Para vosotros mis respetos. Pero si hablo en general creo que hay muchas personas que se han enriquecido directa o indirectamente con una burbuja inmobiliaria mágica que hacía que hubiera miles de trabajadores de la construcción ganando más de 60.000€, empresarios que perdían la cuenta de lo que ingresaban y personas normales (como yo, por ejemplo) que veian que su casa triplicara su valor en cinco años. Sin contar con los ejecutivos que ganaban sueldazos por no hacer nada, los futbolistas que se forraban porque eran el dinero negro perfecto de los empresarios de la construcción, los hijos de papá colocados en cargos vacíos de funciones para que su padre siguiera siendo cliente de la empresa, etc, etc, etc…
Tengo la impresión de que, como país, hemos vivido mucho tiempo en eso. Algunos no, ya lo sé. Por eso digo que como país, somos un poco niños mimados si ahora que hay que apretarse el cinturón nos ponemos a decir que nos va muy mal cuando existen lugares como el cuerno de África. Individualmente estoy contigo. El que la hace no es el que la paga, por desgracia. Y seguro que muchos de esos que te digo ahora están tan ricamente. Pero me parece que el clima general es demasiado pesimista para lo bien que nos va en general comparando, insisto, con lugares como la Nueva Orleans de Treme o Sudán por ejemplo.
Disculpame, Pedro, pero estoy un poco harta de que me digan que he vivido por encima de mis posibilidades. He vivido de mi trabajo, de mi sueldo de funcionaria que no me ha dado para mucho pero he vivido dignamente. Que me ha permitido algún pequeño capricho y sacar adelante a tres hijos como tres soles.
Me niego a que me hagan responsable de un derroche que no ha pasado por mi bolsillo. Yo no he especulado con pisos ni cuentas de pensiones y ahorrros varios. Yo he pagado religiosamente mis impuestos y he aguantado muchos años congelación salarial. No, no permito que me digas que me aguante por lo “bien” que lo pasé en la época de las vacas gordas. Fueron gordas para unos cuantos sinvergüenzas y vividores que ahora me quieren hacer sentir culpable al máximo para que pague sus platos rotos.
Admiro a la gente como la de Nueva Orleans, que sale de la nada más miserable con su esfuerzo, porque está visto que no será con el esfuerzo de los grandes de la economía, esos que derriban gobiernos y embolsan miles de millones cada vez que lanzan una duda sobre un país.
Admiro a los miles de parados que, no sé muy bien cómo, viven día a día y dan de comer a sus hijos con lo poco que pueden tener o compartir. Me avergüenzo de que las cifras que dan Caritas y Cruz Roja sobre la pobreza en España aumenten día a día. Me avergüuenzo de la inutilidad de una clase política y de los imbéciles que les mantenemos en el poder. Me avergüenzo de ser tan cobarde como todos los demás y seguir esperando a que “pase” algo que nos desentumezca…
No, Pedro, lo siento, pero no me conformo con lo que tengo. Eso es lo mismo que vegetar. Y en un animal, en cualquier animal, vegetar es morir en vida.
Dice la mala leche popular (del pueblo): “el que la hace, la paga”. Pero no suele ser así, la verdad. Es que el pueblo quien paga lo que hacen los otros, los que en las duras disfrutaron y a las maduras se escondieron, porque tenían donde, cosa que el pueblo llano no sabe donde meterse, si debajo de un puente o debajo de unos cartones. Y eso que yo tengo lo que necesito, pero eso no me hace ser ciega y sorda a las necesidades ajenas y a la inmoralidad de unos cuantos.
Con todo respeto…
Es una buena noticia, esta de la superación después de la catástrofe.
Tenemos, pienso, más fuerza de la que imaginamos, nos damos cuenta de ello a veces en las situaciones límite. Es grato pensar que por muy grande que sea la adversidad, el ser humano es aún más fuerte que ella. Me conecta con Viktor Frankl en “El hombre en busca de sentido” Desde luego, cuando tenemos un por qué, somos capaces de resistir cualquier cómo, que diría Nietzsche, y el desdeo de vivir , desde luego es un “Por qué” muy pero que muy razonable.
Saluditos
Merce
Me encanta esta serie y me ha gustado mucho el post. Qué serenidad en la escritura, Sr. Muiño, es usted un maestro del discurso pausado y de las frases preñadas de ideas. Animado por ello, me lanzo al ruedo, que sé que lo digo no va a gustar a todos.
Ya lo he escrito en un artículo anterior. Creo que en España nos hemos convertido en niños mimados. Cuando uno ve “Treme” o viaja a países que han sido y siguen siendo pobres, ve capacidades de resistir que nosotros teníamos y hemos perdido. La crisis es dura, pero seguimos siendo uno de los treinta países más ricos del mundo. No tenemos derecho a deprimirnos y, sin embargo, vamos por ahí quejándonos en un tono lastimero y victimista. Después de haber vivido una década por encima de nuestras posibilidades sin ganarnos lo que teníamos, ahora nos quejamos porque la burbuja ha explotado. Así no vamos a ninguna parte. El final de la abundancia hay que vivirlo con dignidad, como en “Treme”. Tuvimos mucho y estuvo bien. “Nunca diremos que fue un sueño”. Y ahora seguimos teniendo suficiente para ir tirando y funcionar con alegría.
Muchas de estas personas son descendientes de emigrantes (por necesidad económica o como esclavos), es decir que tienen antecedentes familiares de personas muy resistentes ante las adversidades. Tal vez también el carácter se herede. Creo que algo de eso también hay.
Me voy a formar mi espíritu, que mi carácer más que formao lo tengo ya deformao.
“Algunos autores se han preguntado por qué ante la misma experiencia ciertas personas tiran hacia delante saliendo fortalecidas de la misma y otras no, desarrollando un trastorno de estrés postraumático o depresión. Así, el equipo de Michael Meany y colaboradores, de Canadá, encontró que todo dependía de las primeras experiencias del bebé con sus cuidadores. Parece ser que nacemos con un gen antiestrés, que está bloqueado al nacer. La manera de desbloquearlo es con los cuidados maternales: dar de mamar al niño, cogerle, acunarle…”
Éste es el primer párrafo del artículo con el que me acabo de cruzar… Espero que os guste… y que os parezca suficientemente relacionado con esta última entrada de Muiño.
No sabía que existiera esta serie para la televisión. Seguramente, de saberlo y haberla puesto en España (que no sé si se habrá emitido por algún canal en concreto), NO la hubiera visto: por mucho mensaje –que “exude”- de lucha, solidaridad, resiliencia, etc.. Como que uno tiene ya tanto “soluto” en sus neuronas que el nivel de saturación está ya al máximo, es decir, que mi apatheia –con cualquier “roce”- se encuentra últimamente al límite de esfumarse como en un espectáculo de fuegos artificiales… y eso sí que me produce bastante precaución.
Al leer esta entrada, de nuevo, me ha producido otro “¡ajá!”: eso de ir a visitar (y, encima, como turista) sitios donde las están pasando putas, sacarles fotos y todo eso… ¡No puedo! Se me cae el alma a los pies. Ni siquiera he querido (todos los años, nuestra Asociación organiza un par de viajes -por lo menos- a “el Sáhara de mentira”, como le llaman los propios saharauis a los diversos campamentos en Tinduf-Argelia) ir a saludar a la familia de Ahmed o Daha (los 2 enanos saharauis que anduvieron –3 años cada uno- los 2 meses de verano) y darles a ellos un achuchón… ¡Y mira que nos hubiera gustado…! Ahora, encima, los de la Alqaeda del Sahel (o como se quieran llamar), les están secuestrando (a colaboradores y turistas)… ¡Una pena!
Lo que, para mi desgracia y, sobre todo, mi vergüenza (de esas “vergüenzas ajenas” que tan mal soy capaz de digerir siempre), sí he ido viendo a lo largo de algunos viajes (soy muy mayor, así que algún viaje sí que he hecho, sí…) la prepotencia y ese “regustillo” que se dan muchos “occidentales” de denostar, despreciar y dar por inferiores a los del “Tercer Mundo”. Como si estuvieran así de atrasados porque sean una “raza epsilón” y ellos “alfas” (como en “Un Mundo feliz” de Huxley), igual que con los brahamanes y los intocables en India… Igual que los británicos trataron siempre a los de las colonias (igual que los romanos antiguos llamaban “bárbaros” a los “otros”)… Etcétera, etcétera…
Me produce auténtico asco. Por eso, en mi caso, “nunca mais”… (bueno, -y para no engañarme a mí mismo- también porque mis ingresos ya no son tan altos como cuando era un “directivillo” de m__da, y mi economía no da ya para tantos dispendios). Además se me acentúa un agudísimo “dolor moral”: te dan ganas de dejarlo todo y quedarte allí a ayudar (que, seguramente, maldita e inútil la ayuda que uno pudiera aportar) o a cuidar a todo niño enfermo o a adoptar a todo niño huérfano, abandonado y desvalido… Pero es que, cuando vuelves “aquí”, ya no puedes ver la realidad, la cotidianidad, de la misma manera y durante mucho tiempo: cada vez que sales a la calle, no puedes evitar ver un panorama muy similar a tu alrededor… (¡Con razón –de pequeño- si algo concreto quise ser alguna vez- fue misionero!).
Y en cuanto a la dichosa “resiliencia” (que, por cierto, siempre agradeceré a don Luis Muiño y a éste su “El Hábitat…”, donde me encontré, por primera vez, con este concepto), no sé si tendré algún tipo de trauma “por ahí” escondido; pero creo que –sin saberlo en ese momento- la tuve yo mismo cuando mi jefe superior de hace unos años, me quiso destruir profesional y personalmente… En mi caso, en vez de “darme de baja por depresión” (mi mujer daría fe –para nuestra mutua desgracia, durante bastante tiempo- de que tenía todos los síntomas y estaba hecho una auténtica mi__da), no quise darle ese “gustazo” al hijo de su santísima madre. No sé si lo conseguí. Lo que sí le hizo polvo –a él- (en plena faena de “machaque, acoso y derribo”) fue un premio –casi único (e histórico) en nuestra entidad- que conseguimos -en equipo- todos mis colaboradores y yo mismo y del que todos nosotros nos beneficiamos… en forma de un auténtico crucero por el Caribe… Y nos felicitó el mismísimo Director General (lo más parecido a “Dios”, donde lo haya). La parte negativa fue que, seguramente, mi agonía se prolongó mucho más tiempo del que suele estar “previsto” por este tipo de sicópatas laborales… Así que, seguro que, al final, mi destitución le produciría mucha mayor satisfacción.
El otro día me enteré por un documental (de esos que te modifican las sinapsis neuronales), que el mecanismo de nuestra memoria no tiene nada que ver con la informática. Los recuerdos se “guardan” en varios sitios distintos de forma simultánea y en íntima relación. De forma que es más difícil recordar algo por lo que ya no sientes (ni placer ni aversión), o, dicho de otro modo, si controláramos la sensación de placer y/o aversión en el momento (cuando se produce el hecho) o a posteriori (cuando se vuelve a recordar), se acaban ese tipo de traumas que tanto nos afectan a todos… ¡y desde pequeñitos! La terapia era sencilla: si algo –si algún recuerdo- te anda jodiendo, pues nada: el terapeuta consigue (¡en una única sesión!) facilitarte su recuerdo, darte una pastillita que elimina la parte “sensible-emocional” de ese recuerdo… ¡Y punto! Porque, además, es que los recuerdos no son inamovibles: cada vez que los sacamos del “cajón”, volvemos a guardarlos… pero siempre alterados, según esa última experiencia. La psiquiatría y la psicología, cada vez más cerca… ¿O no? (la pastillita evitaba su archivo como “doliente”… y era una sustancia natural que le afecta bioquímicamente al mecanismo).
Aunque –como digo- no vi la serie, seguro que esta gente pone el énfasis, su corazón y su inteligencia, en el futuro… y su memoria sólo recordará lo bueno que tenían (que quieren recuperar), la empatía y camaradería que da la auténtica “amistad del necesitado” y no le dan más vueltas a los múltiples egoísmos, que, por desgracia, también afloran mucho en este tipo de situaciones… Agradecen a la vida estar vivos y la viven como un auténtico re-descubrimiento… Como, seguro, que hacía mucho tiempo que ya no experimentaban… Como nos pasa a todos, acostumbrados a quejarnos por todo, todos los días… ¡febles!
Y, abundando en ese tipo de “detalles” sobre los que tanto le gusta incidir a don Luis, estoy seguro que estos comportamientos (ésos que define como “con un par”), seguro, digo, que se tratará de algún tipo de mecanismo -individual o colectivo- que se genera casi automáticamente en este tipo de casos catastróficos. Los “muiños” seguro que lo sabrán mejor que nadie; pero, no sé por qué, me da en la nariz que deben ser epigenéticos, evolutivos, adaptativos, de nuestra especie… y de todas, en general. Enlazando con otra entrada reciente: ¿son héroes? ¿Hay heroicidad en ellos? ¿O es que no tendrían más remedio que continuar con sus vidas y pensar sólo en lo mucho que tienen por delante que cambiar y mejorar… por su propio bien?