La ley

Una de las hipótesis más tristes que han enunciado los psicólogos es “La ley de Asimetría Hedónica”.  Según esta suposición, la alegría dura menos que la pena. Las emociones placenteras tienden a diluirse aunque persista la situación que las provoca. Sin embargo, las negativas continúan mientras la causa siga ahí. Nos acostumbramos a lo bueno, pero nunca deja de desagradarnos lo que no nos gusta…

Las emociones no son simétricas: las placenteras tienen menos intensidad y duran menos. La alegría,la felicidad y la fascinación tienden invariablemente a desteñirse volviéndose neutras o a disolverse en la sensación de que lo bueno tiene que durar siempre.  El placer tiene que ver siempre con el cambio y desaparece con la satisfacción continua…

Sin  embargo, nos cuestra acostumbrarnos a las penas y a las carencias. Quizás porque, durante toda la historia del ser humano, esta asimetría ha sido útil. Las emociones no nos servían para ser más felices, sino más bien para adaptarnos al medio. Supongo que, en otras épocas, era más probable que sobrevivieran aquellos que no saboreaban lo que tenían porque estaban preocupados por conseguir lo que les faltaba, los que no disfrutaban de la comida que tenían en el plato o del techo bajo el cual vivían porque eran mucho más conscientes de que no habían asegurado el alimento y el hogar futuro…

Quizás, en el pasado, ese negativismo era también útil en el terreno de la imaginación. Prever que el futuro iba a ser catastrófico era la mejor forma de sobrevivir en situaciones difíciles. Si la vida corre peligro, el fatalismo es una buena estrategia mental…

Pero hoy en día ¿Tiene sentido la visión apocalíptica?¿Es útil para nosotros esta sensación de que todo va mal?¿O simplemente es que aquellos que sacan dividendos del derrotismo nos están imponiendo su ley?

(Imagen de Leslie Delitto, http://www.leslieditto.com/Painting.html)

 

Esta entrada fue publicada en Hijos del Futuro, La felicidad: instrucciones de uso, Misterios de la comunicacion, Sobreviviendo en la selva humana, Tristezas necesarias, Viajando en dirección del miedo. Guarda el enlace permanente.

16 respuestas a La ley

  1. Becky Shaud dijo:

    Estoy complacido de ser uno de los muchos fanaticos de esta sitio web (: gracias!

  2. Koldo dijo:

    Os dejo el enlace del artículo de la psicóloga Raquel Tomé “Las dudas que nos impiden ir la psicólogo por primera vez”. Supongo que a don Luis no le molestará… y que estará de acuerdo con su colega.

  3. Koldo dijo:

    Artículo (casi “manual”) sobre diferencias entre psicólogo y psiquiatra y cuándo y por qué acudir a cualquiera de ellos…

  4. Koldo dijo:

    ¡Vaya bronca “privada”…!
    (En el ámbito privado, no seré yo el que intervenga, desde luego…)

    Tan solo un pequeño comentario: eso de que “a los psicólogos sólo acuden los [...] que nunca resuelven nada por sí mismos, los que sólo saben quejarse de todo” me suena fatal y, desde luego, políticamente “no correcto”; despectivo y peyorativo, desde luego… Quizá la falacia de este aserto sea incluir el “nunca” (de la 1ª parte) y el “siempre” (de la 2ª, aunque se encuentre “elidido” -como dirían mis profes de lengua de mis remotísimos años 60…). Eso es ganas de “hacer sangre” a “todos” los que, en algún momento de su vida, acudan a un “muiño”… Creo yo.

    Cuando uno se siente mal, lo ha intentado todo y ni consigue tener claro el porqué ni el cómo resolverlo… ¿eso es “quejarse”? A mí “quejarse” me suena mucho más a cuando a un pijo (o “apijado”) se le estropea la consola una tarde u otro -similar- se indigna -y la paga con el camarero- porque su sopa no se encuentre suficientemente caliente…
    No puedes -siempre-, por tus propios medios, resolver tus “dolores del alma” (para entendernos).

    Confieso que pequé. Sí: busqué y estuve visitando a un psicólogo (en mi caso, fue psicóloga, para ser más exacto) a lo largo de -no lo recuerdo bien- creo que un par de meses, en sesión semanal (no me atrevo a asegurarlo del todo: mi facilidad de “borrado” es tremenda…). Fue poco después de la “mili”. Tendría 21 años y, durante unos meses, volví al domicilio paterno (que abandoné a los 17), hasta que me compré -y me fui a vivir- mi nueva casa (la 1ª siempre fue de alquiler).
    Y me pasó algo parecido a lo que dices: en cierto modo, me sentí así: “resuélveme tú mis inseguridades, mis angustias, que a mí me cuesta mucho trabajo…”. Lo dejé muy pronto: se me estaba empezando a caer la baba con la psicóloga… lo que, a su vez, era un problema “más”. Me dije a mí mismo que, efectivamente, yo “debía” ser capaz de resolver mis propios problemas. En mi caso, el efecto positivo de decidir acudir a un psicólogo fue: (1) reconocer que no me encontraba “bien” (2) que debía resolverse y cuanto antes (3) que era cuestión de sincerarse con uno mismo, “prestarse atención” y “dedicarte a ti mismo un mínimo tiempo” para ello (4) que no era “para tanto” (relativizarlo, no angustiarse) (5) que se podía “racionalizar” y, por tanto, solucionar.
    …Y dejé de ir… Me temo que no resolví nada por mí mismo: simplemente, “arrinconé” y “me olvidé” de todo el “come-cocos” con el que me estaba haciendo la puñeta a mí mismo… sin saber ni el porqué ni el paraqué (en realidad, me parecía “vergonzoso” dedicarle ni dedicarme tanta “importancia”). Decidí que me daban -ambos- igual; que “pasaba” de los dos (de mí y mis angustias). Ni me enfrenté ni lo resolví. Simplemente: lo olvidé y “me olvidé de mí”… Hasta que, un buen día, por lo que sea, te das cuenta de que “ya no está ahí”, de que lo has “perdido”; de que ya ni te explicas qué c__o te pasaba ni te reconocías en “ése” tan “angustiao” que habías sido. Lo único malo es que siempre tengo la impresión de que, en cualquier momento, me puede “volver” cualquiera de tantas y tantas “angustias” que uno ha ido padeciendo y “arrinconando” a lo largo de su vida; con la misma irracionalidad y absurdo con las que -en su día- aparecieron; con la misma indefensión; y con la incertidumbre de si -ahora- pudiera -o no- volver a ejercer mi habitual y proberbial “amnesia” o de si, por fin, no tendré más remedio que enfrentarme y resolver “de verdad” los porqués y paraqués que, seguro, que -siempre- haberlos, haylos… ¿O no…?

    Efectivamente: hay problemas y angustias dolorosísimas, en millones y millones de seres humanos en todo el mundo… De sobrevivir, para empezar. Simplemente. Las “existenciales” y “propias” hay que llevarlas como formando parte del “kit” de la vida de cada uno… Sin dar el coñazo a nadie por ello… Aunque le quites el “pan” al “muiño” de turno (perdón, perdón, don Luis). Al final, te das cuenta de que tus angustias son “de producción propia”: ni te las produce nada ni nadie en particular. Sí, quizás, fueran algún tipo de “espoleta” o “detonante”; pero el problema -que sea- lo generas tú mismo y, por tanto, debería estar en tu mano resolverlo.

    En realidad, creo que todo esto es una absoluta “barbaridad” y que la ciencia psicológica lo puede rebatir “en dos patás”; pero, como digo, no fiarme de mí mismo, en definitiva, es algo que, por otro lado, te sirve mucho mejor para entender a los demás y al mundo, en general… Las certezas me dan pánico. El que dice haber encontrado “la verdad”, muchísimo más… Prefiero vivir en un mundo de “búsqueda continua”. De uno mismo, para empezar. Las “soluciones”, las “verdades”, siempre son efímeras: sólo sirven por un determinado tiempo; con el tiempo, te das cuenta que cambian, mutan, se transforman… como auténticos “seres vivos”. La objetividad sólo existe en nuestra mente: demostración, por tanto, de que -en realidad- no existe.
    No necesito -ni quiero- ningún “extintor” sabiendo que jamás acabará con el rescoldo… la esencia del fuego. Prefiero saber que siempre estará “ahí”. Supongo que la mayoría prefiere ocultárselo tras un biombo y que en eso consiste la “solución”. Prefiero reconocer -y sentir- su existencia y su compañía. Supongo que esa inseguridad ya forma parte de mí… y, supongo, que debe gustarme -aunque, muchas veces, llegue a angustiarme- porque no sólo no la evito, sino que la busco…

    Supongo que, en definitiva, debería ir -con urgencia- a un psicólogo…
    Supongo, no: ¡seguro!

  5. cabaña en galicia dijo:

    Esa ley es falsa, la recuerdo muy bien, nada nuevo bajo el sol, lo cierto es que para algunos sucede al revés, no sólo es culpa de los psicólogos que se equivocan al juzgar, sino que a los psicólogos sólo acuden los de siempre, los que nunca resuelven nada por sí mismos, los que sólo saben quejarse de todo. Cuídate, no volveré. He abandonado todas mis adicciones menos la de la sonrisa. Estudio y me tratan muy bien. Qué lástima que no hayamos coincidido cuando yo todavía andaba bastante por acá. Sin embargo, yo sabía que tú ibas a regresar pero no pensé que tuvieras la desfachatez de hacerlo con algo tan usado. Y si es así… deberías cambiarte de mundo, yo frecuento uno que no tiene desperdicio, si logras entender a cada una de tus células, que han ido comprometiéndose con un órgano y con la comunidad que lo constituye, tus tipologías humanas se amplían, como poco… a 250. Y además, encima un japonés se las ha arreglado para hacerlas recobrar su juventud bioquímica y eso con tan sólo cuatro proteínas… Besos o escríbeme.

  6. UB dijo:

    Depende de a lo que llamemos “bueno”. Para mí lo neutro ya es bueno. Es verdad que ahora mismo podría estar de vacaciones debajo de un cocotero en una playa privada de la República Dominicana, pero estoy delante del ordenador con un té, no me duele nada y mañana no trabajo (¡!). Es posible que para Paris Hilton esto fuera neutro tirando a patético, pero yo estoy más feliz que nada.

    PD: Gran regreso, Luis.

  7. La dama dijo:

    Es cierto, no sé por qué, que la pena produce más pena y hay que hacer un cierto esfuerzo de voluntad para salir de ella. De la felicidad se sale suavemente, casi sin darse cuenta. Y, a veces, por más que lo intentes, no puedes permanecer en el “modo feliz” que te gustaría. Se escurre de entre los dedos la felicidad mientras que la hiedra de la tristeza se aferra al corazón.
    Y si hablo del mal de amor ya la hemos fastidiado.
    …………………………..
    Respecto a lo que nos están haciendo pasar las agencias esas que pueden cargarse un país por un punto arriba, un punto abajo, la cosa ya no tiene sentido. Supongo que detrás de tanta especulación tiene que haber muchas ganancisa finacieras para unos pocos, poquísimos, seres humanos que no deben entender del sufrimiento de los demás. O son tan avariciosos que quieren tener más y más y más, aunque no puedan gastarlo en mil vidas que viviesen o tan estúpidos que no se dan cuenta de que no les va a librar toda su fortuna de un cáncer, un atque al corazón o una muerte tranquila por vejez.
    Hay cosas que no llego a entender. Entre ellas la avaricia exagerada, la acumulación de riquezas imposibles de pensar para el mortal medio. Eso y el poder. Ambas cosas suelen ir unidas y suelen ser amorales, inmorales y totalmente cancerígenas.

    En el otro campo del que hablas, el de los “sentimientos” de los animales, por mi experiencia con mis bichitos y sus enfermedades varias y sus muertes inevitables, creo, estoy segura, que sufren, sienten y cambian su estado en función de como se encuentran. Que es una reacción fisica a ciertos dolores. En algunos caso seguro. Pero como justificar el baile loco de un rabo cuando me ven llegar. Como explicar la alegría del ladrido previo al paseo. Un ladrido tan diferente en sonido y duración al quejido de dolor. No sé si la ameba o la bacteria sufriran ante la inminencia de la muerte. Puede que sí. Todo ser vivo, por definición, tiene que tener cierto sistema de relación con el exterior. Y cuando ese exterior se hace hostil, algo va mal dentro de la célula u organismo y éste reacciona de una forma u otra para defenderse. Otra cosa es que nosotros pongamos los parametros para medir dicho dolor. A fin de cuentas tendemos a pensar en “humano” ¿no? No ya tanto a humanizar las cosas, sino, más bien a utilizar la unica referencia que conocemos al respecto, la nuestra propia. Desde luego que un perro, un toro o un delfín sufren. Si aceptamos eso, aceptemos que lo hacen los seres microscópicos. Pero, claro, si sufren las plantas al ser cortadas, los pobres vegetarianos se van a morir de hambre… ¡Terrible problema este de los sentimientos…!
    Un besazo.

  8. Koldo dijo:

    ¿Las amebas, los paramecios, las algas… sufren “penas” o, siquiera, “dolores”?
    Las plantas más desarrolladas ¿sienten “dolor”? Seguramente, por ese afán atávico que tenemos de humanizar a todas las cosas, algunos se atreverían a decir “sí”…

    ¿…Y “alegrías”? Curiosamente (en estos mismos ejemplos), seguro que resultaría -por mucho afán de personificar que tuviéramos todos- muy improbable encontrar a alguien que así lo afirmara… ¿O no?

    Los primates superiores, los elefantes y no sé si algunos pocos más, está demostrado, padecen un “duelo”, muy semejante al nuestro, con la pérdida de un ser “querido” (¿podemos hablar con propiedad de “ser querido” en un chimpencé o un delfín? Personalmente, estoy seguro que sí.)

    Estoy de acuerdo en que el “dolor” tiene un origen evolutivo fundamental: sin dolor, auténtico aviso de que algo no va bien, difícilmente se sobreviviría. El dolor, por tanto, es necesario, fundamental.

    Del mismo modo, es muy complicado mantener el concepto de “alegría” o “placer” para aplicarlo a la mayoría de los seres vivos… salvo los que -nosotros- entendemos como “superiores”. Todo lo demás serían meros “tactismos”… presuntamente automáticos o sin ese componente “sentimental”: tan sólo, puramente sensorial.

    Seguramente, uno de los pocos placeres (o alegrías) evolutivos y fundamentales para la supervivencia de una especie sería el sexual: sin reproducción no hay futuro; por tanto, hay que “premiarla” de alguna manera. En los evolucionados, insisto. Porque saciar el hambre o la sed… eso sería otra cosa. Pienso yo, al menos…

    En el ámbito de la psicología, creo que tampoco podemos hablar genéricamente de “cualquier” alegría o pena, por igual. Hay grados, o matices de grises… Me explico: la alegría que proporciona un reintegro de la Lotería (20 euritos, a lo sumo) o que te sonría una chavala cañón, efectivamente, es muy placentera; pero -normalmente- no debería durar demasiado. El dolor de un martillazo en un dedo o de una mala contestación de un desconocido -normalmente- tampoco.
    Sin embargo, que te toque “el gordo” de la Primitiva o que te amputen una pierna o te diagnostiquen un cáncer… Pues parecería que sí que deberían mantenerse bastante más en el tiempo. Pero, si nos quedamos en un “tono” general, estoy de acuerdo con esa “Hipótesis de la Asimetría Hedónica”.

    No obstante, pienso que, por el contrario, cuando alguien que ayer no comió nada y mañana no tiene ni idea de qué podrá comer (ni siquiera de si podrá comer algo) y está -ahora- comiendo… Pues que no: le va a ganar mucho más la satisfacción y la alegría del momento -de ese momento- a la incertidumbre del mañana y el dolor de tripas desde ayer. Vamos que va a disfrutar de esa comida como si de un manjar y de un auténtico banquete se tratara… Que, para sufrir, ya tendrá mañana que preocuparse… Hoy no: hoy se irá a dormir satisfecho y -seguramente- dormirá como un lirón. Digo yo ¿o no? El presente se disfruta mucho más (cuando hay motivo de disfrute, claro está) cuando lo extraordinario es estar disfrutando, cuando disfrutar no es lo habitual… De cualquier cosa. Al menos, de entrada, parecería bastante evidente…

    Creo que el concepto “pena”/”alegría” (como el similar “dolor”/”placer”), de esta nueva entrada, también tendría validez y equivalencia en “éxito”/”fracaso” (o “triunfo”/”derrota” o “ganador”/”perdedor” o “acertar”/”equivocarse”). Se acumulan las citas de grandes personajes que coinciden en que se aprende mucho más y mejor de los errores que de los aciertos… para quien quiera aprender de ellos, claro está (al igual que nos pone Muiño en su página inicial de entrada: “Ningún viento favorece al que no sabe a dónde va”). Curiosamente, en este caso, tan perjudicial sería “dormirse en los laureles” del éxito como bloquearse y autodestruirse por un fracaso…

    …Como decía Steve Jobs -ahora que acaba de fallecer- en su discurso de hace 6 años que pronunció en la Universidad de Stanford (creo no que tiene desperdicio en casi ninguna de todas sus líneas…):
    “…ser despedido de Apple fue lo mejor que podía haberme pasado. La pesadez de ser exitoso fue reemplazada por la liviandad de ser un principiante otra vez, menos seguro de todo. Me liberó para entrar en uno de las etapas más creativas de mi vida…”
    …”En ocasiones la vida te golpea con un ladrillo en la cabeza. No pierdan la fe”…
    …”Permanezcan hambrientos. Permanezcan descabellados”…

    Por otro lado, aparte lo adaptativo que pudiera tener mantener más en el tiempo una pena que una alegría, creo que también tiene un componente más sencillo y evidente: cuando te pegas una “jartá” a reír y te lo estás pasando de bien que hasta te duelen las tripas… eso ya constituye en sí mismo una acción conclusa, “terminada”. Te facilita mucho, es verdad, una nueva “sesión” de risas y te sientes con más ganas de reír que al principio; pero, en definitiva, tienes juntos y terminados tanto la causa como el efecto. Sin embargo, cuando se produce una pena, es muy difícil poder decir “ya” y pasar a otra cosa ¿por qué? Pues porque seguramente sea el inicio de más penas en el futuro. Aunque a veces ocurre (¡bendita ocasión!) que una risa de ayer vuelve a hacerte efecto (al recordarla) hoy, es más probable que la pena de ayer se mantuviera hoy… a no ser que hayas actuado para “resolverla”.
    Es decir, las alegrías, normalmente, quedan “resueltas” en el momento; las penas, no. Suelen tener consecuencias. Hay que resolverlas. Y cuando “sólo” son internas y han perdido su sentido evolutivo positivo, ya no sirven para mejorar y, por tanto, hay que eliminarlas… Y no, precisamente, dándose a la bebida (por poner un triste ejemplo).

    El sentido, la forma de “estar” de las personas debería ser siempre en “función-alegría”. Cuando nos encontramos habitualmente situados en “modo-pena” y, aún peor, nos parece normal y ni siquiera nos damos cuenta de ello, es un problema que hay que resolver y cuanto antes. Así somos mucho más vulnerables y manipulables por los que se aprovechan de nuestra vulnerabilidad y manipulación. Aunque sólo fuera por ello, no deberíamos darles ese gustazo…

  9. Ave dijo:

    Buenas noches, Dr. Muiño, y a cuant@s participen de este foro al que sólo he entrado por casualidad. En todo caso, una “casualidad necesaria” por dos razones: una porque hacía bastante tiempo que no le oía por la radio y, precisamente, estos días hablé con alguien de lo de menos que echaba sus comentarios. Hace unos años, su espacio en Radio 5 era objeto de amena charla telfónica por las noches entre una queridísima amiga y yo; esta amiga era y sigue siendo, Luísa Villalta, unha magnífica poeta gallega que fatalmente nos dejó en marzo de 2004. Aquel “Hábitat del Unicornio” era para nosotras una reserva de inteligencia y creatividad y de la que solíamos hacer una lectura entre líneas en relación a ciertos temas de la actualidad política, social, etc. Una lectura seguramente mediatizada por nuestro deseo de encontrar ciertas claves -ese algo que no dicen las palabras, pero sí dicen- que parecían coincidir con nuestra percepción de la realidad. Lo cierto es que ese recuerdo me depara felicidad y también una gran nostalgia. Ahora mismo tengo la sensación de estar nuevamente reencontrándome con ella.
    El segundo motivo de por el que creo que el azar estaba hoy de mi parte, es que trabajando sobre determinado asunto eché mano de Google y por extraños caminos me llevó a su página web. No he encontrado exactamente lo que buscaba, pero, a veces, el simple roce de un ángulo despierta una nueva sensación y también una insospechada teoría. En fin, que me ha servido de mucho y le doy las gracias.
    Y ya puesta, decir que me parece muy interesante su reflexiión del día 5 sobre esa , en efecto, triste “ley de asimetría hedónica”.
    A mi parecer, cada persona “reincide” emocionalmente en aquello que ha aprendido para si como “conducta normal” aunque ésta sea poco saludable para nadie. Así hay personas que se regodean en la tristeza y otras evitan cualquier disgusto. Entre estas dos posturas existe, no obstante, una buena parte que obtiene compensación de analizar más o menos lo que le pasa, o sea que se hace consciente de sus emociones y procura encontrar un equilibrio que haga más vivible su existencia y la de los demás. Todo pasa, menos lo que aprendemos que es lo que nos transforma.
    Creo, por otra parte, que , quizás, la huella del dolor sea más intensa porque, a menudo, es síntoma de una patología y , por tanto, una marca fundamental del instinto de supervivencia. No en vano, la desesperanza, la depresión, la adicción consumista, la codicia, la corrupción,etc., son llamadas de aviso de una enfermedad humana que si puede poner en riesgo la vida. La vida del planeta. No se puede ser optimista si no se es realista. Y si no sabemos lo que pasa, lo que nos pasa, conoceremos el miedo. Y. efectivamente, el miedo es el instrumento más eficaz para quienes explotan y manipulan. Las teorías apocalípticas son los cerrojos que se le echan al presente para destruir el futuro. Un negocio del que unos cuantos llevan sacando provecho a lo largo de la historia. Pero es cada quien el que tiene la responsabilidad intransferible y no “delegable” de transformar sus miedos en una acción más positiva; de lo contrario seremos peones que se mueven según el juego que otros quieran imponernos.
    No sé si los momentos placenteros se diluyen antes e incluso mientras continúa la causa que los produce, pero, quizás, es que dejan de ser primer plano para convertirse en el fondo que no molesta, y que posibilita, la concentración en otras sensaciones -en acontecimientos dramáticos ajenos, por ejemplo. Además, el placer espiritual, por llamarle de alguna forma, no daña cuando pide más. Por el contrario, nos ayuda a resolver la angustia, cualquiera que sea su origen. No tendría que se ésta una asignatura obligatoria, la de aprender la serenidad, el gozo? No tendríamos que ir al médico, como vamos por una fiebre alta, cuando nos sintamos desgraciados porque sentimos envidia u odio?
    Otro problema es no saber valorar las experiencias generadoras de alegría o felicidad. Y otra cosa es la perversa y estúpida creación del vacío donde la saciedad se ahoga en si misma. Una adición destructiva donde las haya.
    Y , por último, un trazo de mi experiencia personal. He vivido un largo y difícil proceso terapéutico por enfermedad grave. Mi problema es que no recuerdo el dolor y aún con él, a penas lo siento. Y si siento cada momento bueno, que son tantos, con serena plenitud. Sólo hay algo que no comprendo muy bien y que hasta los médicos, en un principio sospechaban locura, confirman: cada vez que hago alharacas de lo bien que estoy, al día siguiente estoy peor, realmente. Sin embargo, si albergo cierto temor a ponerme mala, resisto. O eso creo. Tengo mi propia teoría: mi sistema inmunológico que es débil -debe ser también muy susceptible- cuando me percibe despreocupada(no por supuesto a nivel práctico) igualmente se relaja .
    Y es que no se debe bajar la guardia. Luchar es también una forma de la felicidad.
    Graciñas e apertas

  10. Eloísa dijo:

    Pues, oooohhhhh, no me puedo apuntar, sólo estoy libre a partir de las 18´00 horas ese día. Tiene tela. ¿Y si entrara así, muy segura de mí misma, como si estuviera apuntada y tal, me podría colar? ¿O a un psicólogo no hay quién lo engañe y se daría cuen enseguida de que soy una impostora y no me dejarían entrar? Habrá que probarlo. Total por intentarlo. Es que me sabría mal apuntarme sabiendo que sólo puedo ir al final. A otro le vendría bien mi sitio.

  11. Eloísa dijo:

    A los otros no los conozco. Sí a Miguel Ángel Sabadell, al que también me gustaría escuchar.

  12. NuriaSL dijo:

    No es una confe Eloísa. Son unas jornadas en las que está Muiño, es un placer oirle, de verdad, pero tambien hay otra gente muy interesante. A mí me gusta mucho Isaac Rosa, por ejemplo ¿habéis leido “El País del Miedo”? es genial. Son abiertas al público y no hay que ser psicólogo (yo sí lo soy, pero no hace falta).
    Aquí está todo el programa http://www.psicologossinfronteras.net/madrid/noticias/programaTraficandoMiedo.pdf
    Apuntaros pronto que va a haber tortas por entrar (para algo interesante que hacen en el COP)

  13. Pedro dijo:

    Nos hemos vuelto pijos. Tengo cincuenta y () y me sentia orgulloso de vivir en un país que se conformaba con poco y le echaba alegría a la vida. En los últimos años me he dado cuenta de que eso solo ocurría porque teníamos poco. En cuanto hemos tenido mucho, toda esa facilidad para vivir del aire se ha ido al carajo.
    Nos hemos acostumbrado al pelotazo y ahora nos quitan los juguetes caros y nos quejamos. Y eso que no nos hemos convertido en pobres. Pobres son en Sierra Leona, en Burundi y en Etiopía. Nosotros solo somos un poco menos ricos.
    Pero la rabieta nos da de todas formas. En vez de valorar lo que tenemos y decir qué juguetes más bonitos tenemos, nos quejamos y nos quejamos porque queremos que sean mas grandes y con mas luces, como antes. Y estamos todo el día enfadados en vez de disfrutar de lo que tenemos.
    Rectifico. No solo somos pijos. Somos niños pijos en plena rabieta. Nos merecemos un sopapo y que nos castiguen en un rincón. En un rincón del Africa que de verdad lo está pasando mal.

    Gracias por volver, Dr. Muiño. Se le echaba mucho de menos.

  14. Eloísa dijo:

    Vamos a ver, Muiño, ¡qué es eso de que das una conferencia el día 18 de octubre en el colegio de psicólogos. Sí, eso está muy bien, pero ¿a qué hora? ¡Qué quiero ir a verte-oírte!

  15. La dama dijo:

    ¡Que maravilla! ¡Mantener estos meses “el tipo” y las esperanzas ha dado resultado!
    Estoy encantaaaaaaaada de su regreso, querido gurú…
    Koldo ya tiene un buen oponente y yo seguiré aprendiendo de los dos. ¡Un lujo!
    Hablaba esta tarde con mi hijo sobre el presente y el futuro. Sobre los 32 grados en el exterior y el mes de octubre. Y sobre la cantidad ingente de sinvergüenzas de distinto tipo que no temen a nada porque todo lo tienen y nada les amenaza.
    Y clamamos por una buena guillotina (no tan metafórica como se podría esperar de gente civilizada como nosotros). De el nivel de estulticia y conformismo que ha alcanzado nuestra sociedad y de cómo andamos dormidos mientras no nos falte el último modelo de movil y un poco de comida basura.
    Desde luego que no encontramos soluciones, pero sí adjetivos para algunas cosas.
    Y estoy con Koldo en lo referente a los que apenas tienen nada, los que simplemente pueden sustentarse día a día (al menos eso) y miran de frente al mañana. Nosotros ya no queremos ver más allá de unas horas. Y miramos de refilon el futuro, no vaya a ser que no nos guste lo que vemos. ¡Una lástima!
    Me decía mi peque que en la última versión de “Ultimatum a la Tierra” el enviado de las estrellas comenta que como individuos, el hombre es algo excepcional, pero como raza nos merecemos desaparecer.
    Por desgracia lo suscribo. Me gusta la vida, pero somos un auténtico cáncer para el mundo…
    Un besazo y encantada de volver a leerle, D. Luis.

  16. Koldo dijo:

    (¡¡Gracias, don Luis!! Había perdido ya toda esperanza…)

    Por lo que llevo leído sobre el tema, parece que está ya científicamente demostrado que se recuerdan mucho más y mejor las alegrías que las penas…
    …Y que el sistema nervioso e inmunitario se defiende mejor en un estado de razonable bienestar que en el de estrés, ansiedad y miedo continuados.

    Tengo una pequeña discrepancia… O, al menos, un punto de vista -aparentemente, al menos- discrepante:
    En los reportajes que vemos sobre cómo viven (sobreviven, para ser más exactos) en los países “en vías de desarrollo”, no se les ve preocupados ni con ningún tipo de angustia existencial… Ni, muchísimo menos, bajo la esclavitud de ningún sentimiento crónico de “negativismo”. Es más, lo he podido comprobar personalmente: a lo largo de los 6 años (seguidos) que tuvimos en casa, con nosotros, a un niño saharahui en los 2 meses centrales de verano, pudimos comprobar que por mucha hambre (que la pasan) y necesidades de todo tipo que tuvieran (les falta de todo…) tenían siempre la sonrisa a flor de piel, resplandeciente… Incluso cuando volvían con sus familias de vuelta para sus campamentos en Tinduf.
    …Y, sin embargo -en asombroso contraste- contemplaban los crónicos y constantes temores y pesadumbres de todos nosotros (que, en comparación, “tenemos de todo”) por perder cualquier cosa, por nimia que fuera… Y, además, con un umbral-cero de frustración.

    Por eso, entre otras muchísimas más cosas, era tan enriquecedor compartir techo y convivencia con ellos. Y los niños de aquí lo notaban (tienen mayor sensibilidad que los mayores) y se lo pasaban fenomenal con ellos: se contagiaban de su alegría, camaradería, ganas de reír, de compartir, de divertirse, de jugar con cualquier cosa, a cualquier cosa, de pasarlo bien… Los niños de aquí se aíslan, se aburren…

    El negativismo existe. Es verdad. Y cada vez está más extendido y se potencia más y más… Pero, fundamentalmente, entre los que -pensamos- tenemos algo o mucho que perder… Y, además, como auténtica tragedia: ahora, ya, no “somos” sino en función de lo que “tenemos”… Hemos olvidado a ser. Llevamos mucho tiempo en una “inmersión” de “destrucción masiva” de relaciones interpersonales, como “consumidores” de servicios y “poseedores” de bienes… La gente está angustiada porque no sólo va a dejar de poder tener o consumir “más”, sino que puede perder lo que tiene. Incluso “todo” lo que tiene. Y, ahora, es factible, con esta profundísima crisis. En situaciones como ésta, los que más la potencian y se aprovechan son los que mejor situados están (http://www.elpais.com/vineta/?autor=El%20Roto&d_date=20111002&anchor=elpporopivin&k=Roto)

    Por tanto, no tiene “sentido” la visión apocalíptica; pero es real y factible en estos momentos; para muchas familias. Mi padre decía (y seguro que no era suya la frase): “si tiene solución, no te preocupes; si no la tiene, tampoco” (y así acabó con úlcera de estómago y fumando como un auténtico poseso…).
    No tiene sentido, porque no conduce a nada “positivo” (¡qué obviedad!); pero es verdad: con visiones apocalípticas sólo se consigue bloqueo, quedarse inmovilizado, paralizado… con autojustificación de esa parálisis y de la falta de búsquedas, de alternativas, de soluciones. Ése es el motor motivador: no parar, nunca rendirse ni darse por vencido. Es lo que hacen todos en el 3er Mundo: “buscarse la vida”; todos los días; a todas horas, desde que se despiertan hasta que -agotados- caen dormidos…

    Creo que en “otras épocas” lo que supuso un motor para el progreso y desarrollo del ser humano como especie, como colectivo, fue, ni más ni menos, que la insatisfacción: la constante búsqueda de soluciones a cualquier problema; de mejorar todo lo que nos rodeaba; para nosotros, los demás, nuestros hijos… Ser valientes; no conformarse con lo que se tiene; intentar siempre mejorar; que nuestros hijos vivan mejor que nosotros (es una “Ley” universal ¿no?). Es una insatisfacción en positivo: un inconformismo “espiritual”, como concepto…

    Por tanto, no lo juzgaría en términos de negativismo o positivismo, sino en la fe en uno mismo y en los demás: en las propias -y ajenas- capacidades. Si se puede hacer más y mejor ¿por qué conformarse? Si lo podemos hacer antes que nuestros rivales ¿a qué darles y permitirles ventaja alguna?

    El éxito del ser humano es su fe en sí mismos, en sus capacidades, en que si quieres, puedes… Eso sí: con esfuerzo; con mucho esfuerzo. A veces, con sacrificios. Es necesario: hacerlo… ¡y entenderlo! La “prueba del algodón” actual, entre otras muchas, es la “ley del mínimo esfuerzo”, en general: todo lo queremos hecho. Ya y gratis… porque “tenemos ese derecho” (!?) ¡Así sí que no iremos a ningún sitio!

    Y, lógicamente, los más “hambrientos” (metafórica y realmente), como los indios y chinos (por ejemplo) se “comerán” (se están comiendo ya) el Mundo. Nada que perder; mucho que ganar. El futuro siempre será del que se esfuerza, del que no se rinde. Los Imperios funcionan bien en construcción, en expansión. Cuando sólo aspira a su automantenimiento, a “permanecer”, ¡colapsa! Lo leíamos siempre en los libros de Historia en el colegio: “se relajaban las costumbres”… Vamos, que se dejaba de buscar. Daba vértigo lo mucho que se tenía… lo mucho que se podía perder. Y se vuelve pusilánime: no se asumen riesgos. Si no se arriesga, no se avanza. En Imperios y en la vida personal de todos nosotros…
    El fatalismo está extendido entre los occidentales, es verdad.
    ¿Será buena la crisis para volver a nuestros “orígenes”? ¿Conseguiría la catarsis espiritual tan necesaria?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>