REPUTACIÓN

En el año 1561 nace en un castillo de Hungría la condesa Erzsébet Báthory.   Pertenecía a una familia noble que contaba entre sus miembros con personajes de ilustre linaje, entre los que destacaban varios príncipes de Transilvania e, incluso, un rey de Polonia. 

Sin embargo, su vida y sus crímenes la llevaron a ser conocida como “la condesa sangrienta” y a morir emparedada en una habitación del castillo donde había nacido.
Erzsébet, según la sentencia, había acabado con la vida de 610 muchachas.  Buscaba en ellas sangre que la hiciera permanecer eternamente joven.  En el juicio y en los libros que después se han escrito sobre la Condesa Sangrienta se habla de sus orgías sangrientas y de cómo utilizaba la famosa doncella de hierro, una especie de robot metálico que por fuera mostraba una bella dama y por dentro era un hueco donde cabía una persona.  Al accionarlo, unos puñales entraban en el interior y la persona moría…

Si algo de lo que se cuenta de Erzsébet es verdad, es fácil pensar que era una persona desequilibrada.  Pero conviene no olvidar, en estos casos, la importancia de la psicología de la reputación.  Los estudios sobre la reputación y la autopresentación de las personas nos pueden decir mucho sobre cómo se llegan a forjar mitos como los de la Condesa Sangrienta.

Los seres humanos basamos nuestra existencia social en formas de cooperación que no están del todo reguladas.  Se supone, por ejemplo, que uno espera reciprocidad en los favores o que respeta ciertas jerarquías a cambio de que los demás respeten el lugar que uno ocupa en la escala social.  Pero todo esto, que cada vez está más regulado por leyes y formalizado dependía, en otras épocas, de la capacidad que tuviera una persona para hacerse respetar. 
Vivimos en una época en que gran cantidad de asuntos están regidos por la norma de la igualdad: en esos temas, no es importante quién es la persona para que consiga o no sus fines.  Y aún así, los experimentos demuestran que somos conscientes de qué pensarán los demás siempre que hacemos una cosa. 
Es fácil imaginarse la época en la que vivió Erzsébet y darse cuenta de la importancia de controlar la presentación social, de mantener la reputación.

La condesa sangrienta enviudó pronto y, curiosamente, fue a partir de ahí cuando su leyenda empezó a tomar cuerpo.  Las investigaciones siempre muestran que las personas empiezan a controlar más su reputación a medida que ven su futuro amenazado…

Erzsebet_Bathory_2.jpg

¿Quizás fue eso lo que hizo Erzsébet, rodearse de una leyenda para tratar de conservar su papel autoritario en un mundo en el que una mujer sola tenía difícil hacerse respetar?

¿Quizás se creyó su propio personaje y los delitos de los que fue acusada fueron cometidos realmente?

¿Quizás sobreactuó y fue víctima de su propia reputación?

18 comentarios sobre “REPUTACIÓN”

  1. luis muiño dijo:

    La imagen que os propongo es el retrato por el que ha pasado a la historia Erzsébet. Como todos los de la época, pretende impresionar. Lo consigue…y, de hecho, la inolvidable imagen es parte del mito que rodea a la “Princesa Sangrienta”.

    Sobre esto de la psicología de la reputación y la necesidad de forjarnos un papel (en la vida privada, en la vida laboral, en la vida familiar…) publico un artículo este sábado en el suplemento ES del periódico “La Vanguardia”. Allí hablo de la utilidad de tener varias personalidades y de saber jugar con ellas sin creer demasiado en su consistencia. Supongo que se nota que soy un asiduo lector de Pessoa…

  2. Mon dijo:

    Ay Dios mio de mi vida y de mi reputación! ¿hay que ser tan extremista para cambiar una reputación que se ha forjado con impresiones de lo que somos? O quizás no. Es una idea general de lo que somos, que muchas veces, podría ser mas cierta de lo que creemos , eso si, reconociendo que se mezcla entre todos los prejuicios Si en uno no estamos de acuerdo y por lo tanto actuamos con el individualmente y viene luego a vernos el que dice ser nuestro contraste.Nos atrapa la reputación!

    Aunque si estoy de acuerdo que quien quiere cambiar su reputación debe hacerlo a lo grande. Haciendo una gran fiesta o un gran funeral.

    Conocía la historia de esta señora y la verdad es que yo creo que podría ser cierta. Como un acceso al miedo para las otras señoras o como una atrocidad para tenerlas en su poder. La mente humana es increíblemente dañina cuando se cubre de la paranoia de la reputación.

    ¿Cual seria mi reputación? La verdad, es que no me lo había preguntado nunca. Ni lo voy a hacer. No soy de hablar en publico.

    Amen.

  3. Eloísa dijo:

    La dama de hierro, o doncella de hierro, era un instrumento de tortura auténtico, dentro del hueco se pinchaban puntos del cuerpo no vitales, para que el reo tardase varios días en morir allí dentro. No creo que se lo inventara esta mujer. La Justicia y la Inquisición sí hizo uso de estos ingeniosos aparatos.

  4. Tana dijo:

    H@la,
    Es que entonces l@s vampir@s -reputad@s o no- parece que se lo tenían que montar “en casa” y cuanto más grande era ésta y más personal de servicio mejor. Una cosa parecida a ahora, pero con la diferencia de que ahora no necesitan chuparnos directamente la sangre sino que se conforman con vampirizarnos la mente a través de los medios de comunicación y mucha tele, y claro con tanta debilidad nos dejamos chupar las energías vitales y las económicas. Y todo debidamente controlado e informatizado.
    Es curioso que las leyendas de nobles vampiros vengan todos de la misma zona geográfica y cronológica.
    Habrá que estudiar un poco la historia de por allí en aquellos tiempos y seguro que vamos descubriendo algún que otro interés estratégico por algún que otro invasor a los que les vendría de perlas que los propios habitantes del país correspondiente estuviesen aterrorizados y deseasen cambiar de mandamases.
    También como ahora. ¿Os acordáis de lo malo que decían que era para los propios iraquíes y para el resto del mundo mundial Saddam Hussein -llamado Satán por los invasores-? Y eso que la mayoría del planeta no sabía antes ni quién era ni donde estaba exactamente el país. Eso sí, había petróleo y las huellas de las primeras grandes civilizaciones de la humanidad, pero como los museos fueron saqueados véte ahora a buscar esas huellas al búnker de algún millonario.
    Y también podría ser una reputación cierta. La lista de gobernantes desequilibrad@s no cabría en este post. Y de l@s descerebrad@s tampoco.
    Gracias por volver Muiño. El secano se hace más habitable con vos …..

  5. Hell dijo:

    ¿Varias personalidades? Quizá son útiles si se saben getionar con eficiencia, para alguien despistada y algo vaga como yo quizá le suponga un esfuerzo añadido.

    En parte al leer esta entrada me ha recordado a Rasputín, Casanova y a algunos otros personajes que ayudaron en cierta medida a la construcción de su propia leyenda. Hace poco comencé a leer un libro sobre la biografía de Katharine Hepburn en el que hablaban sobre las distintas Katharine y de cómo ella se había encargado de crear su propia imagen.

    Bsos!

  6. Lem dijo:

    Como todas las historias de violencia, ésta me ha dejado en estado de angustia e incertidumbre.
    No tengo mucha fe en la buena voluntad de los hombres, y sin embargo, siento una gran certeza a la hora de afirmar que hay mucha gente sádica, que disfruta del sufrimiento que provoca en los demás.
    He leído (en la wiki) que es más que probable que la señorita sangre fresca fuera víctima de una cosnpiración para arrebatarle sus posesiones. Pero aunque es difícil de probar las prácticas sangrientas de las que se le acusó en particular, queda claro que la tortura y las muertes indicriminadas entre plebeyos, era corriente en aquel momento y lugar, por parte de los “señores”.
    ¡Y qué muertes!
    Visto desde esa perspectiva, esta señora no hacía nada que no hubiera visto antes.
    Y eso me produce un par de dudas más. ¿Somos sádicos de una forma natural o por un defecto o trastorno?
    Yo no puedo ver sufrir a una persona (animal o cosa). Me produce malestar. Pero la estadística me dice que no es lo habitual. No hay más que ver que cuando se desata un conflicto, lo que sobran son perros de presa. Gente que ejerce la violencia a cambio de sacar beneficio de la situación.
    La otra duda es más prosaica. ¿Sería que la chica tenía razón y la sangre mejora el cutis?

  7. hipatia dijo:

    ¿Victima de su propia reputación? Es bastante probable. No conozco a nadie que, en cierta forma no lo sea. Buscamos dar una imagen para ganarnos el respeto, o el cariño de otras personas. Hasta se han llegado casos en los que se hace simplemente por llamar la atención. Al final, esa imagen tiene su doble cara. Si no cuidamos a quien damos cierta imagen y en que medida la queremos alimentar se puede volver contra nosotros.

  8. Un baul lleno de gente dijo:

    Con tanto disociador diciendo “¡Ahora; ahora sale a la luz el verdadero Fernando…!” no me extraña que Pessoa se sirviera de diferentes heterónimos y poder ser en toda su extensión aunque a cachos.

  9. CaMaLeOn dijo:

    Señor Muiño, veo que es usted un autentico adicto a formular cuestiones. Está bien eso de no irse a la cama todas las noches sin haberse hecho una pregunta a la que quizás en sueños encontremos la respuesta. Yo también me pregunto por qué los curas exorcizan a los bebés en el momento del bautizo (cosa que parece no tener mucha efectividad). En la www se habla de niños asesinos, lo que hace suponer que ya desde pequeños tengan una tendencia natural a matar a sus congéneres. El Petiso Orejudo fue uno de ellos. http://www.elmundo.es/suplementos/magazine/2007/398/1178817238.html
    Pero no creo que a esta mujer le importara su reputación lo más mínimo, fuese buena o mala. Más bien la empleó para satisfacer al Adicto que llevaba dentro. No sabemos qué infancia tuvo, pero casi seguramente, desde pequeñita tendría unas aficiones bastante oscuras.
    Cuando leo estas historias de asesinos, recuerdo un libro de Stanislav Grof donde describe sus sesiones con personajes similares, contemporáneos y anónimos, con largas listas de atrocidades cometidas.

  10. Tana dijo:

    H@la,
    He seguido los pasos de Lem y he buscado en la wiki un poco de historia sobre esta mujer.
    Más o menos todo dentro de la normalidad, excepto un dato: nació el mismo día que la que suscribe (unos añitos antes eso sí).
    El lugar fue distinto y aquí como somos un@s castiz@s de aúpa lo que celebramos ese día son l@s cayetan@s.
    Aunque no sé, tal vez tenga alguna neurona reencarnada y eso justificaría la tirria que tengo a algún que otro personaje que me rodea. Eso sí ni son jóvenes ni son vírgenes. Y no pienso beberme su sangre, que debe estar condensada de una mala h….. que lo mismo me cambia la cara. ¡Y la reputación!

  11. Koldo dijo:

    No sé, no sé…

    Aquí, lo primero sería saber si fue -o no- cierto; todo o parte; si se exageró, o no; si hubo -o no- intereses en contra que se beneficiarían… incluso, inventándoselo.

    No sé cuándo, vi una película erótica que transcribía esta historia… pero como “excusa” para los lúbricos fines de este tipo de filmes… Evidentemente, al expectador le importaría un pimiento si fue histórico o no; si fue verídico o no…

    En cualquier caso, me parecería mucho más pausible la -al parecer- real historia de Vlad “El Empalador”… como propaganda y advertencia al turco: “aquí lo pasaréis muy mal si os atrevéis a venir: mejor, ocupad las tierras de los vecinos y olvidaros de nosotros… por la cuenta que os trae…” Por lo visto, consiguió una asombrosamente sólida y duradera independencia de los turcos en unos tiempos en los que éstos eran los auténticos amos del territorio… Fue algo real… y se magnificó y aireó lo más posible… por motivos propagandísticos políticos y bélicos… ¡de manual!

    Que una noble haga uso de su feudal poder para su disfrute y abuso de cuantas doncellas quisiera, hasta llegar a la tortura y el asesinato… ¿Qué tipo de “respeto” se querría conseguir así?
    ¿Acaso eran hijas de algún tipo de “amenaza”? ¿Tantas amenazas tenía?

    Suponiendo que la historia no fuera real, sino que se hubiera exagerado (con cualquier excusa, más o menos oportuna, más o menos relacionada…) sería una más de las muchas maniobras que en política (y en otros muchos ámbitos) pueden fabricarse y usarse como “arma mortal” para acabar con cualquiera… Como no he ido a informarme antes, mi olfato me dice que pudiera haber algo de ello… pero en un porcentaje muy pequeño.

    Es decir, que pienso que sí sería real. Por lo brutal. Por lo inverosímil. Por el asombroso y absoluto desprecio que puede desarrollarse y ejercerse sobre otros seres humanos, ignorándolos como tales… tratándolos como mero “ganado”. Afianzando el ego, la sensación y sentimiento de poder que puede llegar a penetrar y apoderarse de la mente de una persona. ¿Acaso no sería algo similar a lo que sienten los miembros del K.K.K. yanki? ¿O los nazis?

    Quizá fuera porque mi conocimiento del personaje lo “estrené” a través de ese tipo de cine; pero también me da la impresión de que el sexo y sus múltiples interconexiones y problemas cuasi-infinitos tuvieron también mucho que ver en este caso: “docellas”, “sangre”, “eterna juventud”…

    Es más (hablando esta entrada de “reputación”) estoy seguro que “Doña Sangrienta” no estaría muy interesada en airear ni muchísimo menos alardear de este tipo de sangrientos y mortales ejercicios que -como en los telefilms, cuando nos hablan de asesinos en serie- cada vez la dejarían más “hambrienta” e insatisfecha… que cada vez necesitaría más y más… Pa mí que la reputación de asesina no la interesaba… ¡¡¡obviamente!!! Como a cualquier persona normal. Y menos a ella, que podría quedarse -como finalmente ocurrió- sin ese “chollo”.
    Con razones políticas -o no- creo que tardaron demasiado en detenerla, juzgarla y ejecutarla. No sé si porque se consiguió ocultarlo o porque, al ser “la ama” del pueblo, no había quien la “tosiera”…

    Aquí -creo yo… y pido mi más sincero “perdón” a Muiño- reputación y asesina en serie… está cogido un poco “por los pelos”. Pero estoy seguro que me equivoco y que a poco que participéis me daré cuenta de mi craso error.

  12. Koldo dijo:

    Por cierto: me llama mucho la atención que en la imagen de nuestra “heroína”, se la vea como una mujer tan joven… Además, ¿alguien sabría decirme qué le pasa en ambas manos? ¿No os parecen como si no la pertenecieran… como si las tuviera postizas, “acartonadas”, “ajenas” a ella misma, rígidas, hieráticas (¡por fin he podido “meter” la palabreja…!)? ¿O sería, mas bien, cosa del pintor…?

  13. Koldo dijo:

    …Tienes razón, “Lem”: según leí o vi, en tiempos de la Guerra de Yugoslavia, era tal la violencia, el descontrol por parte de los distintos Estados (se volatilizaron…) que se organizaron auténticos “paquetes turísticos” para clientes de perfil descaradamente asesino… que les colocaban en primera línea de fuego para poder cargarse (violaciones y abusos y torturas, de todo tipo, incluidas) a musulmanes, bosnios, croatas, mujeres y niños… a “placer”…
    Se te ponen los pelos como escarpias…
    (Al igual que organizan viajes pedófilos a países donde se sienten a sus anchas…)

  14. 17419 RePrOdUcCiOnEs dijo:

    http://www.youtube.com/watch?v=feHN2lLve-M&feature=related

  15. Ensayo sobre Reputados dijo:

    Eligió un mal día (festivo) para publicar su artículo, lisensiado Muiño, no hay biblioteca pública en mi pueblo que lo tenga. Opinaré sin esa musa.

    La reputación es una energía de arbitraria (por no decir esotérica) procedencia que se nos instala con apego.
    En realidad, las reputaciones existen (1) y se nos adjudican (2): “¿qué puedes ser tú de las etiquetillas que tenemos… ? Pues tonto te ha tocado, que es lo más parecido” Y vas a ser tonto (3) en todo (y ni caso a las objeciones), y ese sector de gente debatirá (4) sobre tí e intercambiarán (5) las pruebas de tu tontería.
    Y el día que hagas una no tontería, pasarás a la categoría de raposo, o de no mosquito-muerto, para poder mantener encajada la anterior catalogación.

    Así pues, resulta que las reputaciones son mutantes, y el tonto, era alguien astuto que planificó hacer bajar la guardia en su entorno; el atento y comprensivo amante, es el sátrapa “Ex”; y el inadaptado, era el genio que pasó antes desapercibido como todo genio que se precie.

    Prejuicios, etiquetas, o roles pueden ser reputaciones más indiscriminadas como las geográficas, las profesionales, las de nivel económico. Por ellas, tu lugar de nacimiento te presume guasón, desconfiado, sanote o tacaño; tu oficio o tu condición en el mercado te convierten en el paciente aprensivo, el cliente pesado o el usuario aprovechado; o tu pobreza te hacen sospechoso de ladrón.

    Pero a veces, uno, es consciente de tener una imagen desfavorecida, no fiel, pero aceptada, en un círculo (formado tal vez por una sola persona) concreto y, decide dejar las cosas como están, porque, como confirma la historia de la desvalida, inofensiva y expoliable viuda Báthory, puede ser peor… ¡Qué mala reputación tiene la reputación!

    Por útil o por espontáneo, nada que replicar a la multiplicidad de personalidades, que tanto tienen de esencial como de inconsistente de uno mismo.

    (1) y (2) Incluso existen simultáneamente y se adjudican reputaciones contradictorias para la misma persona según los ámbitos.
    (3) O serás despistado, o chistoso, o lumbreras, o estrafalario, o loco, o putonzón, o.
    (4) Debatirá u orientará la opinión.
    (5) O surgirán las entusiastas aportaciones del nuevo convencido.

  16. Adolfo-DENAVEGANTES dijo:

    Algunas personas (muchas) disfrutan del reconocimiento profesional o personal de un modo espontáneo o natural, viene a ser algo así como el aplauso que nace desde lo más profundo y que trata de congeniar con otro ser a través de esa comunicación basada en el silencio y en el ritmo. Otras personas tratan en cambio de obtener ese reconocimiento a toda costa, y se evalúan constantemente, en todas sus intervenciones tratan de ganar ese aprecio, pero este grupo no son puros, su imagen está elaborada y por tanto carece de bondad, de aprecio y de reconocimiento, es algo impuesto. Por eso muchos de estos grupos de personas con “autoreputación” no definen bien el mensaje que quieren trasladar y se mantienen como cuencos vacíos, libros sin final conocido, amores sin corazón, hermanos carentes de fraternidad. Personalmente mi mediocridad, mi ámbito de poder e influencia, no hacen que para mi la reputación sea algo esencial, a nadie tengo que demostrar nada,y los que me conocen ya saben o deben saber a estas alturas de que pié cojeo. Saludos.

  17. pau dijo:

    Hay reputaciones que ni el mismo Jack el destripador querrían para él. Pienso que esa es una de ellas.
    Es dudoso que a finales del siglo XVI una sociedad pudiera soportar algo como lo descrito. Seguramente es producto de la exageración, lo que no impide que la susodicha no tuviera un punto de sadismo demasiado acentuado y alguna vez se propasase y le saliera caro.
    Creo que cuando una historia algo extraordinaria corre de boca en boca tiene la tendencia de crecer superlativamente.

    Hace tiempo, una buena amiga muy rica, tocada por la suerte por un lado y la vista para los negocios por otro, le tocó la primitiva. No llegaba, creo recordar, a los dos millones de pesetas. Ella, con más ganas de seguir jugando que otra cosa, fingió poca alegría y no comentó el valor del premio. Al cabo de unas horas, en su círculo más próximo ya se hablaba de treinta millones, a media jornada la cosa andaba por los cien, cuando al día siguiente llegó a mis oídos llegaba a los trescientos…
    La llamé para felicitarla y aún se ríe ahora. Me pidió que mantuviera la boca cerrada. Quería comprobar hasta dónde llegaba el bulo sin que ella hubiese soltado prenda.
    Puedes imaginarte que la cosa llegó al máximo que entonces se daba.
    Lo curioso es que si eso me pasara a mí, poco dado a la fortuna, la cosa se hubiese quedado en poco. Siendo ella, mujer famosa por todo lo contrario, llegó a lo más alto.

  18. No sé dijo:

    ya sé. Pero no tengo forma de ponerme en contacto con Fran V. y no diré una sola palabra más. Es sobre las citas preprogramadas. Ahora es cuando ya regreso a ello si vuelvo a saber de Fran.

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