CONVIVIR CON LA MENTIRA

En el año 1993 ocurrió en Francia uno de estos sucesos extraños e impactantes que nos hacen cuestionarnos la supuesta normalidad de la vida cotidiana.  Para los medios de comunicación, la historia se convirtió en el caso Romand,  pues éste era el nombre de pila del asesino.
Cuando se investigó la vida de Romand, después de que éste asesinara a su familia se descubrió que este hombre veinte años engañando a su mujer y a sus dos hijos.  Salía todos los días de su casa para, supuestamente, ir a su trabajo como médico en la Organización Mundial de la Salud.  Pero, en realidad, Romand no era médico y no trabajaba en ningún organismo internacional. Se pasaba las horas en un aparcamiento cercano, esperando a que llegara la hora de regresar al hogar. Algo que había hecho también durante su época de supuesto estudiante. El engaño era tan bueno que su mejor amigo creía haber estudiado la carrera de medicina con él…

 

El asunto Romand volvió a poner sobre el tapete una cuestión inquietante:¿podemos conocer a los demás?¿podemos estar alguna vez seguros de que no nos mienten? 
Rob Sachetto 1.bmp

La respuesta, desde la psicología actual, parece clara: los que nos rodean nos pueden ocultar hechos y nos pueden mentir sin que nosotros lo detectemos porque no hay ningún sistema perfecto para evaluar la veracidad de una frase o de un comportamiento.
Es cierto que se utilizan técnicas para medir la credibilidad.  Una clásica y bastante fiable es el análisis de contenido basado en criterios, que se ha utilizado durante decenas de años para evaluar la veracidad de los testimonios en juicios.  Según este método, los seres humanos nos comunicamos de forma diferente cuando narramos algo que hemos visto y cuando narramos algo que nunca hemos presenciado. En un caso estamos recordando, en otro fabulando: la verdad ya existe, sólo la falsedad tiene que inventarse.  Y eso puede apreciarse en la forma de trasmitir el hecho.
Para dilucidar si algo tiene posibilidades de ser falso, esta técnica analiza el contenido de lo que dice la persona utilizando 19 factores. 
Por ejemplo: cuando una persona miente, es más raro que añada detalles superfluos a lo que está contando.  Alguien que inventa no se suele detener a describir cómo era la silla o cuánta gente había en el local.  Supone demasiado gasto de energía mental para una persona que tiene que crear lo que está contando…
Éste es uno de los 19 factores.  Otros tienen que ver con que las personas que mienten no suelen hacer correcciones espontáneas de su propio testimonio, no suelen aludir a lo que sintieron mientras ocurrían los hechos, no suelen admitir que a veces no se acuerdan de algún detalle.

La idea de poseer una técnica parece tentadora.  Pero la evidencia empírica nos devuelve a la realidad.  Usar un método como éste, que quizás sea de los más contrastados, sólo nos aumenta un poco la probabilidad de acierto.  Eso, después de dedicar gran cantidad de tiempo y esfuerzo.  Hacer este análisis con todas las narraciones dudosas que nos hacen sería imposible.
Así que parece que a los seres humanos no nos queda más remedio que resignarnos.  No conocer completamente a los demás es parte de la vida: puede haber un caso Romand cerca de nosotros.
Pero quizás la cosa no sea tan mala. Para buscar el lado positivo, sólo hay que pensar en la alternativa: ¿os imagináis un mundo en el que supiéramos todo de todos aquellos que nos rodean? Peor aún…¿imagináis un mundo en el que todas las personas supieran todo de vosotros?
 

65 comentarios sobre “CONVIVIR CON LA MENTIRA”

  1. luis muiño dijo:

    La imagen es uno de los “retratos zombis” de Rob Sachetto. Este artista manipula fotografías de sus clientes y les deja…como nuevos.

    Sobre este tema, desde luego la lectura clásica es “El adversario”, el inquietante libro de Emmanuel Carrère. No es exactamente lo que se entiende por un “libro de verano”, pero desde luego resulta estimulante.

  2. Mertxe dijo:

    La verdad es que es inquietante. pero también me parece extraño, por mucha habilidad que tenga alguien en mentir, que esta mentira pueda durar 20 años, son muchos, creo yo para no sospechar nada, para no observar ningún detalle extraño.

  3. Adolfo dijo:

    Parece claro que solo seamos capaces de percibir la primera capa de la monda de nuestra personalidad, en ocasiones la segunda y en contadas excepciones la tercera, pero dudo que lleguemos a ser tan transparentes que podamos mostrar, la cuarta, la quinta,etc.. entre otra razones porque nosotros mismos somos una caja de sorpresas y no acabamos de conocernos totalmente, así el flujo constante de prioridades “cambiantes”, transforma nuestra actitud, nuestro modo de contemplar y entender el entorno, nuestras relaciones, etc… Si a esto le añadimos el barniz de protección con el que salimos a la calle o incluso atravesamos la propia puerta de nuestra propia casa, tendremos más claro, que vivimos en un mismo instante diversas realidades, aunque algunas sean las más ociosas y evidentes, las otras coexisten y se simultanean con absoluta normalidad. Sencillamente somos seres complejos, y esta tendencia a simplificar lo único que hace es infantilizarlo todo, reducirlo al dato estadístico, o a la mera anécdota. Creo que desvirtuar la complejidad que nos constituye como seres humanos, es lo que nos induce a pensar que comportamientos como el de este Romand, puedan resultar escandalosos, aunque no creo que tenga nada que ver, su actitud criminal con la otra complejidad que has tratado de mezclar y simplificar y con la que no estoy de acuerdo, si se pretende decir que hay dos tipos de seres humanos, los simples, básicos y elementales y los complejos, confusos, una cosa no lleva a la otra. Que manía de simplificarlo todo. Que ridículo modo de percibir y entender las cosas. No señor Muiño, no hay dios que nos conozca, ni a Vd. ni a nadie. Incluso tengo dudas sobre si me conozco a mí mismo.

  4. Mon dijo:

    me permito darme unos dias para pensarlo y regreso….

    :)

  5. José M. X dijo:

    Para mí el verdadero problema es por qué los humanos mienten tanto. Desde luego, mienten para conseguir cosas que, diciendo la verdad, creen que no conseguirán. Cosas de todo tipo, desde utilidades hasta objetos, pasando por afectos, etc. Pero creo que el balance es realmente desolador, que por algo que se consiga se pierden otras muchas cosas que se ganarían siendo sincero. Hay una corriente de opinión que sostiene que, si todos dijéramos la verdad, el orden social se vendría abajo y la vida sería una encarnizada lucha de todos contra todos, y eso haría imposible la vida en sociedad. Es decir, cimentan la sociedad sobre la mentira, en sus más variadas formas; por ejemplo, la hipocreía. Yo sí estoy de acuerdo en que si dijéramos la verdad el orden social se tambalearía. Desde luego, la verdad es revolucionaria. Diciéndola, no esperes obtener más que disgustos. Pero estoy convencido de que sólo diciendo verdades, las pequeñas y las grandes, comenzaremos a ser libres. Un pensamiento poco adaptativo para un mundo tan cínico, desde luego…
    Buen verano.

  6. La fuente de sed dijo:

    Que la verdad sea mejor que la mentira es un juicio moral, es casi como confundir lo bonito con lo bueno y lo feo con lo malo. Pero es que esos juicios morales nos son inherentes, las “tristezas necesarias” que dice Muiño…

  7. Koldo dijo:

    Efectivamente, don “José M.X”: “la verdad os hará libres”.

    Y (creo que también tienes razón) me da la impresión de que las mentiras humanas han sido siempre adaptativas. Como especie y como individuos. Es decir, que otorgan -de entrada- algún tipo de ventaja. (Está demostrado que en la Naturaleza existen infinitos ejemplos de “mentiras” en casi todas las especies. Indispensables para subsistir o, al menos, para intentar prolongar la subsistencia).

    “Decir las verdades”, “contar todo lo que sé de ti”… ¿no suele suponer -siempre- un tipo cierto de amenaza? Algo así como “te voy a desbaratar todo tu “montaje” personal, tu “imagen”… con todo el trabajo que te has tomado en crearlo ante los demás”… y hacerte ese daño… incalculable, por otro lado.

    Vivimos rodeados de grandes y pequeñas mentiras. De grandes y pequeños secretos. A escala global, mundial, histórica; religiosa; ideológico-filosófica; política; social, laboral, familiar, personal… La “inmersión” es fabulosa, constante, cotidiana. Los “hechos” demuestran, por tanto, que o bien “la verdad” no es un valor en sí mismo (ni lo ha sido -realmente- nunca) o bien es una de esas quimeras o utopías que (por motivos que, tras esta reflexión, se me escapan) desearíamos alcanzar… aun siendo conscientes de lo inalcanzable.

    De acuerdo, señor Muiño, evidentemente la vida sería imposible nadando todos -de continuo- en un “caldo” de total, absoluta y permanente “verdad verdadera”… considerando las insaciables ganas de hacer -y que nos hagan- daño a los demás (¿por qué?). Pero (a pesar de que siempre habrá gente pa tó) resulta incomodísimo mantener cualquier tipo de relación con alguien que te miente; mucho y de continuo; que sea falso de pura falsedad…

    Todos conocemos calificativos del tipo: ese tío “es auténtico” o ese individuo “es muy falso”… El primero, como algo positivo; el segundo, negativo.

    La mentira más primigenia, la tenemos “incrustada”, como la de un auténtico “alien” que se ha apoderado de nosotros: se trata de nuestra “presunta” “identidad”. La que nos hemos ido “creyendo” y “creando” a lo largo de nuestra vida. La “película” que vemos cuando echamos la vista atrás. Intentando ser “veraces”, ¡¡qué cantidad de sorpresas nos llevaríamos!! ¿En qué nos pareceremos a lo que todos pensamos que somos? ¿Hasta qué punto somos conscientes de ello? ¿Cuándo y por qué -a pesar de “descubrirlo”- continuamos siendo “actores” de nuestra propia “obra teatral”?

    ¿Cuántas veces hemos oído o dicho nosotros mismos de otro que “no te conozco”? Evidentemente, nunca lo diríamos cuando descubrimos detalles anodinos (para nosotros y en ese momento) sino cuando -a nosotros- nos parecen básicos, fundamentales, “sostenedores” mismos de esa relación…

    …Por tanto, estaréis conmigo en que existirían dos tipos de “verdades”: las que fundamentan una relación y las que “adornan” a una persona. Las primeras serían condición “sine qua non” y las segundas, no… al menos necesariamente. Además, según qué campos de la existencia de cada cual, habrá verdades anodinas y verdades básicas. Por ejemplo, el señor Muiño no podría ejercer de psicólogo si no tuviera su título y su colegiación. Y, como pacientes, nos sería indiferente si le gustara más la música clásica que el rock duro (o viceversa)… Sin embargo, para una infinitud de actividades y relaciones, que fuera -o no- psicólogo… sería absolutamente indiferente.

    Por otro lado (si no lo digo, reviento), “la verdad no existe”, como dirían los sofistas, tan odiados por los “auténticos” filósofos… ya desde los clásicos.

    Tendemos a confundir y a generalizar las verdades científicas con las personales. En el primer caso, la Ciencia está para eso: acercarse cada día más a la “verdad”… a base de ir descubriendo y descartando cada vez más “mentiras”. Es una actividad “heroica”. Como persona y como Humanidad. Uno de los principales motivos de la existencia (de algunos, como yo…). Un “viaje” y una “aventura” apasionante…

    Descubrir las “verdades” propias… Una auténtica quimera. Ni siquiera sabría explicar qué sentido -”per se”- tendría. A lo más que “rentabilizaría” sería descubrir qué cosas te hacen sentir bien y qué otras mal… A largo o corto plazo. Qué “cosas” tuyas hacen sentir mejor o peor a los demás… En definitiva, intentar vislumbrar las mejores estrategias para hacerte feliz… para hacer -algo más- felices a los demás.

    Las mentiras ajenas… Para mí son motivo de entretenimiento puramente lúdico, sociológico o psicológico. Nunca con ánimo de hacer daño… os lo aseguro. Me parecen la “verdadera identidad” de los demás: dime qué ocultas (o, incluso, qué te ocultas a ti mismo) y te diré quién o cómo eres… (No sé si los “muiños” estarían de acuerdo, por cierto…)

    Me resulta una actividad de lo más apasionante. Por ejemplo, imaginándomelo de personas que no conozco de nada; que pasan por delante de mí fugazmente; que no volverán a pasar. Me imagino: “mira, cómo arrulla a su perrito… seguro que a su marido no hace más que gritarle y denigrarle”, por ejemplo.

    O, en personas conocidas y habituales, su expresión no verbal, sus tonos de voz, posturas, etc.; “saber” si tienen algún problema o lo pasaron bien recienemente… o cualquier cosilla o cosaza que pensara les ocurre… Y, luego, cómo no (que, si no, no tendría “gracia”), poder “contrastarlo”, bien indirectamente o directamente, con ellos mismos. Como suelen ver siempre buena intención, suelen tomárselo como algo positivo: me interesan, estoy pendiente, me preocupan, comparto estados de ánimo, apoyo… Es curioso: cuando descubro “cosillas” de ésas que a nadie le gustan que se descubran… les quito hierro, rebajo esa tensión… También lo agradecen… Al menos conmigo. Suelo constatar que les pasa poco y que soy de los pocos a los que se les “toleraría”… como si de un “guiño” o complicidad especial se tratara… Y facilitan cierto tipo de conversaciones más personales, de tú a tú… que son las que en realidad más me interesan.

    Somos mentirosos. Somos pecadores. ¡¡¡Arrepentíos!!! ¡Decid a la vecina lo gorda que está! ¡A tu jefe, lo mal que le huele el aliento! ¡A tu mujer, que ya no la quieres…!

    …Y que no os pase nada…

  8. Adolfo dijo:

    Os invito al post que he colgado en mi blog, en relación al sexo, bajo el titulo “Felatrices, cunnilingus y piercings preventivos”. Me gustaría contar con vuestras opiniones.Saludos.

  9. Lem dijo:

    Me intriga cómo empezó la “gran mentira” del protagonista. Porque, a ver, mentir es bastante cansado. Tienes que estar pendiente de a quién le has dicho qué, del posible rastro, de las complicaciones… Es mucho más saludable decir la verdad, y sólo mentimos para conseguir algo que realmente nos compense.
    Mentira pequeña-pequeñas compesaciones (la profe me tiene manía, no puedo quedar porque me viene fatal…)
    Gran mentira-gran compensación (no te engaño con nadie, el error es de otra persona…)
    Me pregunto qué lleva a una persona a esperar durante horas mirando el reloj, en vez de acudir a clase. Qué había en la clase que le diera tanto miedo. Y peor aún, qué había en casa, que le daba aún más miedo.
    Mentimos porque tenemos miedo, y queremos ser aceptados. En suma, mentimos porque en cierta forma, nos lo piden.

  10. Eloísa dijo:

    Pues mis mentiras son de tres tipos, a saber;

    1. Defensivas. Cuando pretendo preservar mi intimidad frente a cotillas averiguavidas dedicados a husmear en las vidas ajenas. Tengo derecho. Lo dice la Constitución. O al menos yo la interpreto así. No tengo porqué responder a preguntas que yo nunca formulo. Aún así siempre estás en desventaja con respecto a este tipo de gente.

    2. Por broma o para dar una sorpresa (agradable) a alguien.

    3. Para hacer un experimento, como si yo fuese el mismísimo Zimbardo.

    Creo que ninguna vez más, pero claro, podría ser mentira…

  11. Eloísa dijo:

    Relacionando esta entrada con la anterior, os sugiero una peli “Cometas en el cielo”. Habla sobre contrastes entre culturas, pero, sobre todo, sobre mentiras y sobre amistad. Es muy buena.

  12. Amelie dijo:

    Después de leer el texto, me ha entrado tanta curiosidad que he husmeado por ahí para enterarme de como fué la cosa, de porqué se cargó a su familia…
    Ésta historia da para muchas reflexiones, pero Lem resume lo que yo quería decir, punto por punto.
    …si es que mentir es muy trabajoso, se mire por donde se mire…
    Qué pereza… y qué calor… por el norte estamos a 30 grados por lo menos… bueno miento, a 26 o 27, que acabo de mirar el termómetro de la ventana.

    Buen veranito a todos.

  13. Filoabpuerto dijo:

    Los antiguos filósofos establecían una similitud entre verdad y belleza y, puestos a pensar, lo “auténtico” es muy atractivo.

    Las personas auténticas, con sus cosas positivas, también con sus miserias y malos rollos pero con las ganas de liberarse de todo lo que nos falsea ante los demás y ante nosotros mismos, despiertan mi interés . Esa autenticidad atrapa.

    Los pensadores griegos se referían a la verdad como
    ” aletheia ” , como des-encubrimiento, des-velamiento, en el que “quitado ese velo, de la apariencia” , surge lo que hay, lo auténtico. Ese des-encubrimiento hizo que se fueran desmontando las explicaciones mitológicas y se fuera conquistando el logos, explicación más desnuda de la realidad y también más veraz.

    Convivir con la mentira debe de ser también muy “gastoso” energéticamente hablando, siempre encubriéndonos o falseando… pero supongo que no es una opción sino más bien una condición, los psicólogos sabrán, quizá, por qué es tan compleja la personalidad

    Saluditos

    Merce

  14. PAQUITA dijo:

    Acabo de conocerte a través de Merce -filoabbpuerto- y como la cosa va de verdades y mentiras ¡no! solo de mentiras… digo lo que antes han dicho otras:
    - que mentir, compulsivamente, debe ser un gasto energético del copón, cavilando lo que debes o no decir, hartura total.
    - que algunas mentiras son “necesarias” para salvar determinados “escollos” que no salvaríamos de otra manera.
    - que lo del sr. que mencionas es de libro y como dijo otra ¿se puede estar engañado durante 20 años?
    ¿ se puede estar simulando que te lo crees -los engaños- durante 20 años?
    - ¿se puede convivir en la mentira mutua?
    La respuesta la dio el propio sr.: NO, por eso “cortó de raiz” esa parte de la cuestión que, como habrá comprobado, No Solo No le ha Solucionado Nada sino que aumentó SU CARGA, “la mochila que le tocó llevar”. Un desgraciado vamos… y ella… los hijos. Calvario continuado tuvo que ser su vida, la de todos ellos.
    PAQUITA

  15. Hell dijo:

    ¿Es mejor la verdad o es mejor la mentira? Como diría un gallego, depende… quizá un ten con ten sería lo mejor.
    Hay verdades que no aportan nada sinceramente y mentiras que se caen por su propio peso. Y es que alguna vez he oido aquello de: “Hazme feliz, miénteme”

    Besos!

  16. esther dijo:

    HOLA
    he leido tu comentario sobre lamentira, el caso que narras me causó mucho impacto en su momento, pero me gustaría dejar un pensamiento que se me ocurrió en su momento de por qué una persona podría llegar a hacer algo así y que los demás no se den cuenta.
    A veces las persona mienten, y es casi imposible que se les note la mentira, porque la fantasía que construyen para explicar esa mentira está hecha con los detalles que forman sus deseos más poderosos. Al fin y al cabo esa fantasía se convierte en su verdad, en lo que quieren que sea su vida. Y el vínculo emocional que tienen con esa fantasía es más fuerte que lo que tienen con las personas que les rodean. Por lo que la mentira, no es ninguna traición, solo es una incomodidad

    Bueno no se si esto añade algo a su discusión, como dije otra vez, yo solo pasaba por ahí y no he podido evitar dejar mi opinión.

    Me ha gustado lo que he leido y quiero volver a visitarlo.

    gracias por todo

    Esther

  17. Alberto Q. dijo:

    La historia, muy curiosa, por cierto, me recuerda a la película LA VIDA DE NADIE, de Eduard Cortés, donde José Coronado engañaba también a su propia familia y les hacía creer que iba a trabajar a un banco…

    En fin, ver para creer.

    Saludos

  18. Adolfo dijo:

    Solo los afortunados son libres, los malditos, los frustrados, tienen aspiraciones que solo ellos conocen, ¿tal vez implique que esa vulgaridad les obligue a un “gasto” excepcional?, no lo veo así. Ordinario y extraordinario forman parte de la misma médula y de la complejidad del funcionamiento del cerebro, así que no hay tal gasto, es una variable más. Pero si se quiere observar como un defecto “moral”, una carencia o una desviación psicológica, estaríamos hablando de otra cuestión. Frente a las madres “Teresas de Calcuta”, y los “Luther’s Kings” de pacotilla, que todo lo justifican con argumentos de altos vuelos, me sitúo en el terreno de la calle, y observo que lo que hay es más sencillo y crudo ( y aún mucho más) que cuanto podamos opinar, habría que saber porqué ocurre, descubrir la raíz de los motivos que promueven determinados comportamientos, nos liberaría (incluso a nosotros mismos) de simplemente apuntar y disparar. Otra cosa muy diferente, con lo que estoy de acuerdo, aunque habría que poner el balde a calentar por si las moscas, pero efectivamente, cuándo topas con alguien que parece creer en lo que dice, defenderlo con un sosegado apasionamiento, y encontrar en sus palabras un reencuentro con las raíces de las ideas, una especie de honestidad consigo mismo, siempre engancha, aunque a estas alturas, yo me fiaría lo justo. En lo ordinario está realmente la verdad.

  19. La dama dijo:

    Mentimos para protegernos. Fabulamos para sobrevivir.
    Descargamos nuestras responsabilidades en los otros a través de la manipulación de la verdad…
    Ya desde la infancia más tierna, manipulamos la verdad para que nos beneficie. Y no ponemos reparos en mentir para sobrevivir en nuestra selva particular.
    Cuando el bien esperado es superior al mal que pueda producir la mentira, mentimos sin piedad.
    Oí que se puede mentir durante mucho tiempo a pocas personas y poco tiempo a una multitud. No me lo creo. La historia nos demuestra que las grandes mentiras lo han sido por el número de personas que se las han creido. ¿Hace falta que os recuerde al gran mentiroso americano…? ¿Al gran dictador? ¿Al pequeño dictador…?
    Y no hay nada más sencillo que engañarnos a nosotros mismos.
    Planteaba hace tiempo la posibilidad de que existiese una verdad universal. Algo que no se tambalease con la cultura, la religión, la ciencia… Una verdad gloriosa e incuestionable. Pero no encontré ninguna. Al igual que las mentiras piadosas, la verdad también puede ser un bálsamo para nuestra doliente cultura.
    El problema de la mentira, a la que todos acudimos, tarde o temprano, es el dolor que puede producir a los demás. Pero, como ya hemos dicho otras veces en este espacio, no se puede vivir en un mundo de verdades absolutas. Nos destrozaríamos mutuamente. Y no merece la pena hacer sufrir a los demás por decirles “nuestra verdad”. Por que en el fondo nuestras opiniones son verdaderas, pero pueden ser falsas para el otro. Lo que piense de él se ajusta a mis patrones, a mis esquemas, pero no tiene que coincidir, necesariamente, con su propia opinión.
    La sociedad debe mantenerse unida para ser válida. Y existen unos niveles de “mentira” asumibles.
    Lo malo es cuando se destapa esa mentira. Entonces nos desgarramos las vestiduras. Y no creo que sea por amor a la verdad, sino por la rabia que nos produce el no haber sido más listos que el mentiroso. Nos duele que nos engañen, pero tal vez no nos duele engañar si lo necesitamos en un momento dado. Esa es la gran hipocresía.
    Dice el proverbio árabe: La primera vez que me engañes, la culpa es tuya. La segunda vez, la culpa es mía.
    ¿Cuantas veces nos hemos dejado engañar? Por amor, por ternura, por no discutir, por no romper una relación de amistad, por que sí…
    No me creo del todo a los amantes a ultranza de la verdad. No creo que sean coherentes con sus palabras. ¿Hay por ahí alguien que no haya mentido núnca? Que levante la mano, para recibir mi admiración eterna…
    No lo tomeís a mal, amigos de la verdad, pero mi escepticismo, ya sabeís, es proverbial…
    Un besazo.

  20. Amelie dijo:

    Yo miento mucho, nada importante… cosillas de la vida diaria. No identifico la verdad como “lo bueno” y la mentira como “lo malo”, pero constato que en algunos casos llegan a enturbiar las relaciones, y la confianza se tambalea..
    Es de uso necesario en algunos casos, y perjudicial en otros; solo se trata de una herramienta más a nuestra disposición, y a mi juicio absolutamente necesaria. Hay verdaderos expertos y mentirosos malísimos a los que no cree ni Dios.

    Es agotador mantener una mentira elaborada y que se perpetúa en el tiempo…
    Un trabajo intelectual más eficaz que el Brain trinning.

  21. Eloísa dijo:

    El comentario de Adolfo, cuando dice que “habría que saber por qué ocurre, descubrir la raiz de los motivos que promueven determinados comportamientos”, me lleva a preguntarme por qué este hombre mintió así, durante tanto tiempo. Y pienso que la sociedad en que vivimos es muy exigente con las personas, hay que ser un “triunfador”, aunque quien lleve esta etiqueta sea una persona despreciable, da igual, el caso es que tenga dinero y prestigio social, cómo lo consiga es lo de menos.

    Quizá este hombre trató de aparentar eso y cuando no pudo sostener su mentira acabó la historia por las bravas. Sin esa apariencia social, nada tenía sentido, ni él mismo, ni su familia.

    Tal vez las sociedades urbanas permiten estas mentiras, quizá en un pueblo el engaño habría sido más difícil.

  22. Eloísa dijo:

    Por otra parte, pienso que vivimos rodeados de mentiras, y lo malo es que nos influyen, aun conociendo que son falsas.

    Por ejemplo, la publicidad. Toda ella es una gran mentira, lo sabemos, el maquillaje, el fotoshop, la ropa, crean modelos que no existen en realidad. Aun así, la gente intenta parecerse a esos modelos lo más posible, en una carrera sin fin, mientras tanto las empresas te sacan el dinero con todo tipo de tratamientos y productos que no conseguirán nunca su fin.

    Otro ejemplo, la tele , en general, desde los telediarios (la política), hasta el corazón o los famosos concursos-timo. Da igual, al final la gente va a votar o manda un mensaje para ganar no sé qué premio.

    Ay, ¿dónde encontrar algo aunténtico?

  23. Adolfo dijo:

    Cuantas maneras de decir lo mismo, y el resultado final no es otro, que llevar a conclusiones sencillas asuntos de orden humano es un riesgo que no es necesario correr. Digamos que nuestros planteamientos deban ser matices sobre matices, y las propuestas de igual modo. Lo que si puedo aportar es que la miseria de nuestras limitaciones, de nuestros defectos, de nuestras mentiras, nos socializa a todos, y aquellos que crean andar pisando las aguas de puntillas sin mojarse quedan lejos de la realidad, y son de los primeros que debamos protegernos. Saludos a todos.

  24. Adolfo dijo:

    Apostilla al comentario de Merce.
    Tratando de entender la relación entre el caso Romand y tu argumento sobre lo “auténtico”, pareciera que debemos concluir en que este triste personaje, no sería a los efectos “auténtico”. ¿Eso es lo que has pretendido decir?. ¿Que es ser auténtico según Vd. señora?. porque para mí, este hombre podría haber sido tan auténtico como Vd. o como yo. Son los ojos del que está enfrente, el que te tilda de esto o de lo otro, y no es justo que así sea, sobre todo cuando no se tienen todos los argumentos como para determinar por qué era así. Pobre muchacho, me lo imagino salir de casa como médico y dejar pasar las horas en un aparcamiento para mantener las apariencias. Qué grado de frustración tan grande. Nuestra sociedad es así de cruel, todos hemos sido un poco culpables de que Romand se sintiese así incluso de su reacción. Siempre estamos evaluando y enjuiciando con una frescura y soberbia desmesuradas, y no sabes lo fácil que es llegar a la acera opuesta y verte desprotegido. La sociedad es cruel, y esa autenticidad de la que hablas es muy difícil personalizarla, pues la adjetivación es rápida, muy comercial e implica riesgos, así es que hasta los comentarios de lo que auténticamente pensamos, casi lo reservamos para nosotros mismos, pues no sabes quien pueda leerlos y esto nos vuelve también vulnerables. En fin señora, explíquenos esto de la autenticidad con casos concretos, y si Vd. lo ha experimentado y que se siente en tal caso. En lo que a mí respecta, tengo aspectos miserables en la misma proporción en que soy leal con mis pensamientos, a veces reluzco como el sol y otras apesto, un espécimen común. ¿Auténtico?, tan auténtico como esta Romand, aunque tal vez con más suerte que él.

  25. los sueños de la razón / Mixto de verano: el semanal de anotaciones con tuitada, (verano 2009, 5º domingo) dijo:

    [...] Hay cosas que mejor tomárselas a risa, como hace La nodriza de las hadas y el rey carmesí. Todo depende, ya se sabe, del color del cristal con que se mira ¿verdad? o no. Habrá que aprender a convivir con la mentira, como en el caso que ilustra El Hábitat del Unicornio. Y es que hay gente para todo, aunque, a veces, cueste encontrarla, como lo intentan en Busco mujer de El café de Ocata. [...]

  26. Isa dijo:

    Gracias Adolfo por ponernos a todos un poco en nuestro sitio y recordarnos la realidad.
    Me ha gustado tu intervención.

  27. Mon dijo:

    El caso que propones es un caso extremo de mentiroso estúpido que por un motivo ( que solo el puede saber) es capaz de crear un personaje que no es el mismo y así, dar a entender con lo que ha creado que todo lo que tiene le parece una miseria por lo tanto, lo cambia como quien escribe el relato de su vida. En este caso, parece ser que era un gran mentiroso. Y andar por la vida preocupándose de quien nos miente, es un poco ir de psicotico…. se nos escapa de las manos. No podemos ir con la guerrilla de quien nos miente y así perder con la desconfianza el disfrute de quien no lo hace.

    Mentir es un arte. Lo sabe el jefe, lo sabe el vendedor, lo sabe el político, lo sabe el militar… Es una estratagema mental organizada por muchos conceptos. Y siempre sigue la linea de manipular una situación que no nos gusta para sobrevivir en una vida interior que no nos acepta nuestro ambiente.

    Todos mentimos. Y nos han mentido. Es lo mas natural del ser humano. Lo hacemos siempre. Y su necesidad lo acierta la evolución, que sabe que nunca puede accionar exteriorizar los pensamientos. Quizás el cuerpo, en momentos muy puntuales, lo exterioriza ( en un rubor de timidez ante quien nos gusta) pero es solo en momentos muy puntuales. Si tenemos de bandera la supervivencia o unos ideales por alcanzar, difícilmente se exteriorizará nuestra mentira.

    La verdad es una sensación de energía.Un silencio absoluto. Supongo que es como la situación que rompe el aire en una conversación. Hay algo que nos dice que ha sucedido la verdad. Y no decimos nada. La mentira es charlatana. Tiene que buscar entre todo sus conceptos su raíz para desarrollar posibilidades y entre ellas escoger la mas adecuada para actuar y continuar en el croquis adquirido para continuar la mentira.

    El silencio absoluto suele doler a nuestra ignorancia. Nos da miedo. Por eso nos maquillamos, nos vestimos, hablamos sobre la maravilla de nuestra vida escondiendo nuestras miserias… no estamos hechos para decir la verdad. Puede ser tan profunda que nuestra mente no tenga capacidad para convivir con ella.

    Y entonces así, creemos que es cierto que nuestra pareja nos ama, porque lo dice, aunque no lo sienta. Creemos que nuestros padres nos hacen bien, porque ellos mismos lo creen, aunque nos encierren en sus prejuicios. Creemos que donde llegamos es el camino deseado por nosotros mismos.

    La verdad nos deja solos. O con los pocos valientes que accedemos a ella como un principio activo. Que somos pocos los que podemos saber que no somos perfectos y que todos tenemos un lugar diferente con unos ideales distintos.

    Tenemos que ponernos de acuerdo como las parejas que no creemos que se van a relacionar. A veces hay amor y esa es la gran verdad. Una fuerza arrolladora que nos vence todos los principios y saber individual. Nos miramos, nos silenciamos.

    Pero mientras tanto no sucede ( que no suele suceder mucho) continuamos mintiendo pensando que nos amamos… ¿sera cierto?

    Debemos creerlo. Debemos pensar que lo que nos sucede alrededor es mas real que lo que vemos y que puede haber algo de cierto entre tanta pancarta publicitaria. Debemos confiar en ello. Pero no hay nada que nos ofrezca la certeza.

    Nada, absolutamente nada. Simplemente es una opción personal que convive con un gran contraste social. Somos mentirosos.

    Comenzar a conocerse a si mismo es darse cuenta que somos una gran mentira y que nos hemos mentido siempre. Pero conocer al otro es trabajo del otro.

    Nos mienten. Nos mentimos. Somos ignorantes. Necesitamos vivir con gente en este mundo. Y el silencio no es facil.

    A mi me han mentido mucho y he mentido poco. A mi me mintieron ayer y me han dolido. Me mintieron a los diez años y a los catorce. A los veinte y a los treinta. Me amaron y me mintieron.

    Yo aún asi, hoy lucho por no mentir.

    Mon

  28. Adolfo dijo:

    Isa, espero no haberte creado una imagen errónea de mí, no era la intención, y tampoco soy el más indicado para “poner orden”, mejor relativizamos todo, será más llevadero. Gracias por tus palabras inmerecidas. Gracias por la visita a La Dama y a Koldo, un honor. Os indico que el link ha cambiado, ahora es http://denavegantesnew.blogspot.com/, por si queréis pasaros algún día. Saludos.

  29. Heathcliff dijo:

    Entre la mentira y la totañl transparencia tiene qu ehaber un término medio, seguramente por el lado del respeto.

    El amigo es, aveces, o casi siempre, también el que no pregunta.

  30. pau dijo:

    Vivimos rodeados por la mentira.
    Parece ser que algunos que se consideran superiores o tocados por el hado de la inteligencia, piensan que no podemos saber la verdad, cuando en realidad es de lo más sencilla e inofensiva.
    La mentira es desahogo, un intento en ser lo que no se es y se sueña que se es.
    Igual Romand fue descubierto y temió la verdad. Solo es una suposición.
    Pienso que mantener una mentira debe ser cansino, agotador y también debe consumir los recursos mentales del que vive con ella. En fin… que termina enloqueciendo.

    Me pregunto si al final no es más cómodo (y cobarde, claro) cerrar la mente y creer la evidente mentira, crear un mundo paralelo para y con el mentiroso.

  31. Merrick dijo:

    Supongo que el secreto de una mentira con éxito es creérsela. Al margen de las técnicas para detectar al mentiroso, me preocupa más el cómo tratar a una persona que sabes, a ciencia cierta, está intentando engañarte. Véase el amigo con el que viviste una experiencia inolvidable y que decide reconstruirla a su manera o, mejor aun, el del hermano que nunca estuvo un 15 de julio en la Conchinchina porque estuvo contigo en casa tomándose un bol de palomitas mientras veíais un película.
    ¿Qué se hace en esos casos, cuando la propia persona acaba convenciéndose de que hizo aquello que no existe más que en su imaginación?
    [Luis, felicidades por el blog. No suelo escribir, pero estoy enganchada a él y al programita en que lo descubrí. :) ]

  32. UB dijo:

    Adolfo, mi sielo, ¡te estás enladrillando tú también!

  33. tharsis dijo:

    Esta entrada me recuerda que (en mi opinión) somos “más felices”, y lo pongo entre comillas porque implica muchas más cosas, cuando no caemos en la cuenta de lo que nos relatas. En el momento en el que somos conscientes de que jamás sabremos si la persona que tenemos al lado (o cualquier otra) nos es totalmente sincera o esconde algún as bajo la manga… hay una parte de nosotros que permanece en continuo estado de alerta. Y aún peor… si esto ocurre en una pareja y en algún momento descubrimos parte de este as escondido… me atrevería a decir que dificilmente conseguimos ser felices con ello y seguir como si nada ocurriera.

    Me quedo también con parte de lo que dice Merrick… en el caso de saber que una persona te engaña… ¿cómo actuar?¿cuál debe ser la actitud ?

    Me gustó mucho el post. Saludos !

  34. Nova dijo:

    Me perece una reflexión muy interesante, y me gusta.

    En cuanto a la mentira propia, yo también creo que es un ingrediente NECESARIO en general en nuestras vidas. Desgraciadamente es un producto toxico cuando la dosis sube de un punto determinado, y al igual que algunas otras drogas produce habito y daños a dosis superiores a las terapéuticas. Por otra parte y en cuanto a la mentira ajena, mi opinion, en hay personas que realizan actividades para las que se vuelve importante detectar las mentiras en sus interlocutores y que por lo tanto deberían desarrollar una mayor sensibilidad analítica y de observación.

    En el caso Romand, parece, a primera vista, que había una cierta falta de atención y análisis de su entorno, tanto de su mujer, como de su amigo, por supuesto sin olvidar la fuerza de convicción de un mitomano patológico que al vivir su realidad virtual con energía se comporta a todos los efectos como en un contexto real.

    De todas maneras, creo que es necesario distinguir bien entre la mentira patológica que domina al mentiroso y la mentira como una herramienta, siempre de bajo nivel, que se usa cotidianamente y que aunque afecte a la ética, es una
    práctica ampliamente tolerada.

    Y por ultimo, ¡qué aburrido sería el mundo sin este reto continuo para nuestra inteligencia de detectar la veracidad de nuestro interlocutor. Personalmente disfruto mucho con ello.

  35. Adolfo dijo:

    Os invito a compartir vuestra “lista de deseos”.

  36. susana moo dijo:

    Yo miento y agradezco mucho el no tener que decir la verdad, para hacer lo que quiero sin dar cuentas a nadie.

    Claro que mentir para estarse el rato laboral metido en un garaje es bien triste… me parece más inteligente buscar mejores planes cuando se hacen y se dicen cosas distintas.

  37. Aldoux dijo:

    Hasta que punto somos nosotros realmente conscientes de los que somos, de nuestra manera de actuar, el otro dia vi en TV una pelicula, en el que la protagonista sufria el rapto de su hija en un avion, llegó un momento que yo dudaba, cuantas veces la mente nos enmascara la realidad….

    Un saludo

  38. LaReVoLuCiOnEsAhOrA dijo:

    Si bien no todas, parece ser que algunas personas si que están interesadas, no en conocer todo acerca de mi o de vds, sino de mantenernos esclavizados a través de las grandes mentiras por ellos inventados.

    video.google.com/videoplay?docid=8883910961351786332

  39. ***OnEs dijo:

    El anterior link, con el http de los ***ones

    http://video.google.com/videoplay?docid=8883910961351786332

  40. Koldo dijo:

    Por cierto, ¿sabéis esa otra “mentira”, de auténtico libro Guiness, del diplomático francés casado durante muchos años con… ¡un tío (chino -y espía-, para más señas)!… y el franchute… que no se enteró nunca… y que siempre tuvo claro de que su “esposa” era una mujer…? (Algunos -muchos- no se resignan a creerse semejante dislate…).

    ¿Y la de aquellos maridos “perfectos”… que, luego, resultó que mantuvieron una doble vida… incluyendo 2 familias distintas (a veces, incluso, más…), con sus esposas e hijos distintos… eso sí, como digo, padre y marido “perfecto”…?

    ¿Siempre será “mentir” sólo mentir…? Me explico: aunque alguien nunca mienta y sólo diga verdades… ¿puede estar engañando, manipulando… “mintiendo” al fin y al cabo…? Existen muchos trabajos (como el mío) en los que debemos seguir una presunta “ética” que, obviamente, impide mentir a los clientes (¡parece una tontería! ¿verdad?); pero ¿cuántas veces no decimos “toda” la verdad? Es decir, ¿cuántas veces obviamos lo que sabemos que no va a gustar al cliente (que, en definitiva, impedirá que nos “compre”…) resaltando sólo lo que sabemos que le gustará (facilitando la compra)…? Por tanto, aquéllo de “la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad”… ¿no sería algo más que una simple “fórmula” jurídica yanki? ¿no se le parecería bastante a lo que todos entenderíamos por “la verdad”…? ¿Mentimos, por tanto, cuando sabemos que estamos “creando” una “falsa verdad”, que “conducimos” al otro hacia un “destino” “no-cierto”…?

    ¿Y esas mentiras que utilizamos por piedad (”caridad”, dirían los cristianos) hacia el contertulio? ¿Son o no son mejores que las verdades horrendas o crueles de un “House”, por ejemplo?

    Los “muiños” sabrán, como siempre, en las lides psicológicas; pero, me da la impresión que a mentir se aprende, es decir, se forja y se “adhiere” a nuestra personalidad desde muy temprana edad… Primero, como simple protección o defensa propia… para defendernos de un castigo: el famoso “yo no he sido” de Bart Simpson; para eludir nuestra responsabilidad y evitar el justo castigo a nuestra mala (y culpable) actuación. La culpa. Siempre la puñetera culpa… No suelen ser grandes mentiras… Sólo mentirijillas… sin verdadera importancia.

    Pero, a medida que tenemos ya muy claro lo que está bien y lo que está mal (el Bien y el Mal), continuamos “tensando la cuerda” de nuestra culpabilidad, de nuestros fines, deseos y necesidades, aun a costa de los demás… Mentimos más y mejor. Nos beneficiamos. Perjudicamos -a conciencia- a los demás; nos damos esa satisfacción, esa crueldad, esa venganza… Y nos vamos haciendo cínicos, negando (poco a poco, incluso a nosotros mismos) que mentimos… El límite, como en casi todo, lo vamos acotando nosotros mismos: en la relación “precio/prestaciones”… en esa “ética” que todos pretendemos poseer como propia; como fundamento de nuestra personalidad, nuestras acciones, nuestra más íntima y particular intolerancia hacia ese “lado oscuro” que ninguno queremos tener…

    En la vida diaria, en nuestras rutinas, tan absurdo sería el hábito (el “vicio”, que dirían los cristianos) de mentir de forma continuada y “normal”… como el de “ir por ahí” espetando “verdades” de todo tipo, a cualquiera, sin venir a cuento alguno… sin que nadie te lo pida…

    Dicen los cristianos que la verdadera distinción del demonio (que, siguen insistiendo, existe) es su visceral y acérrima mentira; que miente; que es un mentiroso. Así que todos nos haríamos, en cierto modo, “demoníacos” cuando mentimos…

    Para “cargarme” cualquier argumento (los sofistas semos ansí…): ¿si no podemos saber, si no podemos tener la certeza de “la verdad”… cómo podríamos estar seguros de las mentiras? Ésa es la auténtica cuestión: nos movemos en un entorno (la modernidad y la civilización, me da la impresión, es algo a lo que tiende con muchísima fuerza) de pequeñas y grandes mentiras, de verdades a medias… el entorno cotidiano cada vez es más “gris”… Padecemos una desorientación absoluta… La “democracia” de tener siempre a muchos defendiendo su verdad y muchos otros defendiendo la suya… hace que lleguemos a entenderlos a ambos… que nos haga imposible decantarnos por ninguno. En internet pululan y cohabitan auténticas barbaridades con doctísimas opiniones… Pero son tantas que en la mayoría de los casos no somos capaces de distinguirlas… Así que ¿cómo podríamos defendernos y acertar?

    No hace mucho, con la era audiovisual (televisiva, en concreto) escuché un estupendo reportaje demostrando cómo era científica y psicológicamente fácil distinguir a un político (por ejemplo) cuando mentía: que si se tocaba la nariz, etc. Existen técnicas contrastadas para ello. Como siempre, sólo sería cuestión de aplicarlas… ¿Sólo…? Cuando te miran por encima de las gafas, cuando te dan la mano “blanda”, cuando desvían la mirada… cuando te desvían la conversación y no se interesan por darte una respuesta; cuando te dicen “y tú más”…

    En cualquier caso, “convivir con la mentira”, como titula esta entrada Muiño, “es lo que hay”… ¿A qué rasgarse las vestiduras? ¿A qué querer “sacar pecho”? ¿Quién está libre de ese “pecado”? ¿Quién puede tirar la primera “piedra”? La madurez, la felicidad… No se daría por vivir y desarrollarse en un entorno “verdadero”, sino por saber que el entorno es “falsario” (mejor, dejémoslo así…) y, sin embargo, ser capaces de ser “nosotros mismos” lo más y mejor posible… a pesar de eso… ¡¡¡y de todo lo “demás”…!!!

  41. Koldo dijo:

    “Si el escándalo ya no escandaliza, ¿cómo distinguir lo que está bien de lo que está mal?”
    “¡De eso se trata, bobo!”

    “El Roto” – 2/7/2009

  42. Lem dijo:

    Tengo una curiosidad sobre tu comentario Koldo (estupendo, por cierto) ¿de dónde sacas que los cristianos identifican al demonio con la mentira?
    No es crítica, es duda (soy de pocas letras y mal avenidas).

    ¿Disfrazar la verdad es mentir? Quiero decir, que yo no lo creo. Es como el mus, tienes que engañar a tu contrincante, pero no vale mentir.
    Es muy diferente ocultar toda la verdad que decir que lo que es blanco es negro.
    No quiero decir que esté bien ocultar la verdad, pero que moralmente es mucho mejor que mentir.

  43. Koldo dijo:

    Al parecer -”Lem”- te sientes bien después de “disfrazar la verdad” (como tú mismo dices). Me atrevo a elucubrar tu porqué: el “tratamiento” meramente moral, ético… desde tu propio, íntimo y particular punto de vista y sentimiento… Desde luego. La “verdad sin disfraz” dejaría de pertenecer al ámbito de lo filosófico o lógico y -obviándola- se pensaría que es mucho “mejor” para el oyente… o para ti mismo. Subjetivamente.

    Como siempre, me encuentro mucho más cómodo hablando desde mis “tripas”. Por algún retorcido u obvio motivo (los “muiños” seguro que lo tendrían más claro que yo mismo…), para mí el asunto de “la verdad” y “mentir” trasciende bastante más que al caso particular o a la ética que quisiera aplicar a cada momento… Se trataría de algo consustancial conmigo mismo. Para mí, la búsqueda de “la verdad” la tengo ocupando demasiado espacio en mi “programación”… Y, lógicamente, hago un esfuerzo ímprobo en intentar que sólo salga de mi boca, gestos y actitudes lo que (a mi -no infrecuentemente erróneo- entender) es para mí “verdad”. Fundamentalmente, porque a mí no me gustaría que “me lo hicieran”… de otro modo.

    Te aseguro que me siento fatal; que me hace sentir fatal; que, en muchos aspectos, peor incluso… Cuando me “disfrazan la verdad” o me “ocultan toda la verdad” que cuando me mienten lisa, llana y sencillamente. Es más: me parecería -ya puestos a buscarle la ética al asunto- más “limpio” el que miente (por el motivo que fuera… incluido hacerte la pascua y beneficiarse él) que el que -a sabiendas- me disfraza la verdad o no me la expone enteramente…

    Quizá, porque mi carácter sea muy directo. Prefiero la verdad o la mentira a bocajarro… que ese tipo de mentiras o medio-verdades. Aunque tardaras el mismo tiempo en enterarte o darte cuenta… y aunque las consecuencias (malas, normalmente) fueran las mismas. No me importa que la gente se equivoque o que cambie de opinión… Me jode esa actitud “beatífica” del que “técnicamente” no miente… pero te “miente”. Supongo que, llevados al extremo, ninguno pudiéramos nunca conseguir ese tipo de actitud “pura” ante la verdad y la mentira. Obviamente. Pero lo digo como lo siento (espero que, en este caso, sí sea la “verdad verdadera”… al menos, la mía).

    Tampoco es cuestión de sacar las cosas de quicio. No es lo mismo con niños. Ni con chorraditas cotidianas o intrascendentes. No sé si me explico. En asuntos laborales, familiares, amistosos y -obviamente- sentimentales, es a lo que me refiero. Cuando sabes que ocultar (o que te oculten) cierta información, ciertos aspectos vitales de un asunto, desvirtúan completamente el tema… la actitud (tuya o del otro)… y las consecuencias… Y los errores (a veces vitales o muy trascendentes) en los que puedes incurrir o hacer que incurran… Y, como digo, no por error u omisión involuntaria… sino por esa mala leche del que le gusta manipularte… y no sólo en tus actos (consecuencias incluidas), sino, sobre todo, en tus sentimientos…

    Me estoy poniendo demasiado delicado y sensible… Será la edad o los 39º a la sombra que nos están cayendo hoy en Madrid. (¡Qué bien estuvimos estas 3 últimas semanas en Asturias! En torno a +- 20º. Con mantita por la noche…)

    Como siempre -”Lem”- no sé si habré sabido explicarme como me gustaría… La verdad, por otro lado, es (lamentable o gozosamente) cambiante. Nos pongamos como nos pongamos. Como Aquiles con la tortuga, jamás llegaremos a alcanzarla; pero en eso deberíamos estar… a pesar de todo.

    …Y respondo a tu pregunta: no lo sé. Es decir, no sabría decirte, concretamente, una fuente precisa -bíblica, por supuesto- donde se explicitara al demonio como el “Gran Mentiroso”; pero mis 11 años de colegio de curas “imprimieron carácter”… y pondría la mano en el fuego de que no lo estoy recordando mal. En cualquier caso, mi comentario era un simple “adorno”… Para mí esa religión (todas las religiones; pasadas, actuales y futuras) no deja de ser interesante desde el punto de vista antropológico, histórico, social y sicológico… Nada más. Ni el tema demoníaco ni la opinión del Papa me preocupan lo más mínimo… ¡gracias a Visnú!

  44. Lem dijo:

    Me fío me fío. Mi educación religiosa fue menos “drástica”. Estaba ahí, y en Mayo cantábamos con flores a María, pero sin más. Es curioso, porque yo tenía un profundo sentido religioso (supongo que como todos los niños entonces), y tragué con toda serie de “anomalías” lógicas de la iglesia, hasta que un detalle me apartó ese camino. Como decía un conocido, la castidad no es tanto problema, pero la obediencia…
    Entiendo tu enfado ante la media verdad. Supongo que porque ves las medias verdades como “falsas mentiras”. Y supongo que, llegado el caso, quisieras ser honesto hasta para mentir.
    Pero siendo prácticos, una verdad a medias, no te aparta del objetivo mucho más de lo que te dejes engañar. Porque la verdad a medias, cuenta con las suposiciones del otro. Es decir, en todo caso, te engañas tú solo. Y quién mejor que nosotros mismos para hacernos una idea de lo que más nos conviene (o queremos) saber.

  45. Queladetengan dijo:

    No sé… A mi me jode más que me hagan la jugarreta sinceramente, que el que me mientan diciendome que me han puteado.

  46. Koldo dijo:

    Es cierto, “Lem”: siempre eres tú mismo el que acaba engañándose… en último extremo; pero si no quieres caer en la más absoluta paranoia… no hay más remedio que “fiarse” de todo el mundo… a pesar de las consecuencias y de la -real- posibilidad de que te estén y te quieran engañar. Entre ambos extremos, a mi humilde parecer, siempre sería mejor (”más sano”) dejar que te engañen (sin llegar a que te sientas y te tengan por un absoluto gil___as) a evitar que nunca nadie jamás pudiera hacerlo: se acabaría cayendo en un ostracismo -mental, también- de consecuencias ciertamente oscuras para un desarrollo vital equilibrado y sólido.

    Aun así, estoy seguro, existen mecanismos semi-automáticos y sostenidos de “levantamiento de defensas” que ni uno mismo es capaz de reconocer que vamos creando con los años y las malas experiencias sufridas en esto del engaño y la mentira… por el mucho daño que puede llegar a hacernos… en momentos y aspectos “delicados” de nuestra existencia… Incluyendo, a la postre, también esas mismas “barreras defensivas” autoconstruidas…Supongo que para el Dr. Muiño esto que apunto será de lo más esencial en cada uno de sus pacientes… entre otros muchos asuntos.

    Existe mucha podredumbre (por no decir, directamente, mierda) en entornos laborales, familiares y de relaciones, en general, entre las personas. Existe mucha “mala gente” (nosotros mismos, en más de una ocasión) que le gusta hacer daño con mentiras o falsas verdades o medias verdades o medias mentiras. A veces, para quitarse de enmedio a cualquier tipo de “competencia”. Otras, como venganza. Otras, para demostrar poder y hacer notar a otro su dominio y poderío de la situación e incluso su persona. Me refiero a tantos y tantos “rumores” que se expanden como un olor fétido en el entorno laboral, o de vecindad o sentimental… Espero que se entienda por dónde quiero ir… Es universal y cotidiano. Es continuo… ¡¡y eterno!! Es demasiado simple para poder creerlo; pero somos simples y “difama, que algo queda”…

    En realidad, el tema propuesto por Muiño en esta última entrada, tiene mucha “tela”. Da mucho de sí. Tiene infinitos aspectos. Tanto individuales (psicológicos), como colectivos. Me quiero frenar… porque todos ustedes-vosotros no tenéis la culpa de que la imaginación y la argumentación que pueda dejar producir a mis meninges quiera parecerse más a una tesina… y emborronar este blog (u lo que sea… que sigo analfabeto y no sé cómo se llama esta “web”) con mi habitual incontinencia verbal… escrita. Como terapia, al menos para mí, reconozco que me gusta. Nunca estaría de más poder explayarse… aunque fuera ante desconocidos… aunque nunca fuera más que para eso…
    Espero que no me lo tenga en cuenta ninguno… y que os resulte, de alguna forma, entretenido…

  47. Amelie dijo:

    Te lo dije una vez, y te lo digo ahora, me gusta leerte Koldo, eres transparente, a veces me recuerdas a un niño, hay en tí algo de ingenuidad muy de agradecer.
    Pasarse por aquí es como sacar tiempo para visitar a los amigos, es como estar en casa, escriba o no escriba, os leo siempre.
    Disfrutad de lo que queda de verano, por cierto, que tal van los calores por ahí?

    Besitos.

  48. Koldo dijo:

    Muchas gracias, “Amelie”. Me alegro mucho… sobre todo por ti. En Madrid, como dije, estas temperaturas tan superlativas superan lo físico… y te acaban atacando hasta tu propia integridad motora, sensitiva y cognitiva… ¡Una barbaridad, vaya! Ni siquiera puedes conseguir descansar y desconectar del bochorno… Es agobiante y acaba obsesionándote…

    Ya gasté la etapa veraniega de mis vacaciones (en mis queridísimas Asturias y Galicia). Ahora, toca disfrutar -en Madrid- de todo este mes de agosto… ¡¡¡Uummmm…!!!

  49. Lao dijo:

    49 mentiras sobre “CONVIVIR CON LOS COMENTARIOS”

  50. La dama dijo:

    1 verdad: Hay que convivir con los comentarios…
    Te sigo, Koldo, te sigo…
    Estas mantenidendo alta la antorcha del “lo que sea esto” mientras el jefe anda de vacaciones.
    Te ofrezco mi islita, por las noches paso de los 36-40 a los 20-18 grados y puedo dormir a pierna suelta…
    Un besazo, sofista de pro.

  51. Adolfo dijo:

    Chicos os invito a ver una película que os puede resultar interesante, aunque solo sea por el estío. Sois bienvenidos. Ale con dios.

  52. Koldo dijo:

    Don Adolfo: supongo que será “Baraka”. Es alucinante. Te agradezco un montón haberla descubierto.
    Muchas gracias… y os la recomiendo a todos (”todas” está ya incluido… por si cupiera alguna duda…).

  53. Amelie dijo:

    Me pregunto por qué esa necesidad gratuíta de mostrar desprecio, ¿es que unos comentarios son más válidos que otros?
    Si a alguno le resulta difícil “convivir con los comentarios” va a ser que el respeto también está en crisis…
    Me sigues, me sigues…

    Adolfo, ignoro si es el nombre de un pueblo; el mío se llama prácticamente igual, pero la diferencia entre ambos es abismal.

    Saluditos.

    Un saludo

  54. La dama dijo:

    Baraka, creo, significa buena suerte. Y la peli es de las que no se olvidan.
    Y no creo que unos comentarios sean más válidos que otros. Personalmente aprendo algo de todos y cada uno de ellos. Pero, como dijo Snoopy, desprecio los desprecios de la gente despreciable.
    Y esto es como la tele, con cambiar de canal se acabó. Al que no le guste que no vuelva… así de sencillo.
    Si algo hay en este sitio es respeto a las opiniones ajenas (al menos eso me parece) y muchas discrepancias, que es lo que lo enriquece.
    Un besazo…

  55. Amelie dijo:

    Como ya he dicho antes, me siento en casa, aunque… como en casa, no todos los que la habitan tienen necesariamente que apreciarte, y ni mucho menos invitarte veladamente a abandonarla… discrepancias ¡claro!
    Pero tanta hostilidad ¿?…

  56. La dama dijo:

    Lo siento, Amelie, no es mi intención invitar a nadie a marcharse. Creo, más bien que ha sido un malentendido, una interpretación erronea del comentario.
    Yo me refería a lo de las 49 mentiras de Lao, que no sé si se refiere a que todo es mentira o a que los 49 comentarios son mentira… un lío, vamos, entre mentira y verdad.
    Y no entiendo eso de “mostrar desprecio” a algunos comentarios. Yo no he visto ese desprecio en ninguno. Tal vez no esté muy ágil para ver sutilezas. Si es así, pido disculpas, que aquí de lo que se trata es de compartir opiniones y de encontrarse con personas capaces de aceptar las ajenas sin sentirse atacado.
    Si escribimos y discrepamos creo que es por que nos sentimos agusto en este lugar y por que algo nos aporta en nuestras reflexiones personales.
    Supongo que nuestras ideas pueden ser variadas y no simpre del agrado del otro. Pero, creo sinceramente, que no he pasado por ningún sitio donde se respete más la opinión ajena. Por eso me gusta este lugar.
    Dejé de pasar por foros donde los insultos volaban. Eso no lo he visto nunca aquí. Por eso vuelvo una y otra vez.

    Buen día a todos los conterulios…

  57. Amelie dijo:

    Uf, ¡qué alivio!, porque parecerá exagerado, pero no he dormido demasiado bien, y esque una no ha nacido con espíritu beligerante.
    Yo también lo siento Dama, y sospecho que ha sido un malentendido, quizá soy demasiado suspicaz, en cualquier caso sentía la necesidad de defenderme, nunca de atacar.
    Y suscribo el último párrafo desde la primera mayúscula hasta los puntos suspensivos.

    Hace 22 graditos y un refrescante sirimiri, así que me voy a pasear bajo la lluvia.

    Un saludo.

  58. Koldo dijo:

    ¡¡Qué suerte, “Amelie”, con tus 22º y tu sirimiri!! Esta noche nos ha caído una buena tormenta (de las de antes) en Madrid… y parece que haya venido bien al ambiente… incluido el sicológico, que parece que también descongestiona bastante.

    Desde luego, “Lao” ha conseguido su propósito: “provocar”, mediante este juego -casi metátesis- del intercambio entre sí de lugar de las palabras “mentira” y “comentario” en el propio título de esta última entrada de Muiño.
    En cierto modo, me ha recordado a mi muy admirado “El Roto”… Pocas palabras; mensaje; mensaje directo… y ¿mensaje oculto…?
    Lo importante es que “nos escuchamos” todos aquí en este “El Hábitat”… y producimos entre nosotros unas sinergias muy interesantes y productivas. Si nos escuchamos y disfrutamos con el diálogo y la discusión… ¿qué más se le puede pedir a cualquier “hábitat” para que resulte agradable y agradecida la visita?

    No sé muy bien qué ha podido provocar vuestras reacciones (”La dama” y “Amelie”), por qué -al parecer- haberse dado, en algún sentido, por “aludidos”. A mí, personalmente, me ha parecido que el comentario de “Lao” (no sé si el suyo era el “49″ ó el “50″) ha sido muy bueno… y oportuno, tratándose de esta entrada. Te felicito sinceramente.

    …Y como a los artistas es casi un insulto y un imposible preguntarles por sus obras… pediré disculpas por adelantado; pero abusaré de que esta “web” está hospedada por un gallego… y me atreveré con una pregunta a “Lao”:
    ¿Y por qué te ha podido parecer que los 49 comentarios anteriores (¡ojo! incluye al del propio Muiño…) eran “mentira”? ¿Qué quisiste decir con ello… oye?
    (Además, siempre pensé que “preguntar no ofende”…).

    ¡¡Que viva siempre este “El Hábitat…”… y el padre que lo parió!! ¡Ah! Y todos los comentarios de sus “comentaristas”… que, si no, esto no tendría su “gracia” ¡Y todos los comentaristas! (Mintamos o no… ¡¿Qué sabe nadie?!) Creo que no sobramos ninguno. Echo de menos a muchos que ya no veo. Me gustaría mucho poder leer a muchos otros nuevos… Debe ser que me aburro mucho y que mi vida no tendría mucho sentido… ¡O que f___o poco!

  59. La dama dijo:

    La convivencia en este habitat, no sé si lo habreís visto ya, es un perfecto ejemplo de la mezcla que hacemos de verdades y “lo politicamente correcto”. Si queremos que funcione respetamos unas pocas reglas de convivencia, a saber y desde mi poco riguroso punto de vista:
    Respeto a las opiniones ajenas, un punto de humor, corrección en la escritura, y permitirnos decir “nuestras verdades” para contrastarlas con las del otro. A veces, ¿por qué no? nos sentimos ofendidos si vemos que alguien no se ajusta a estas reglas de convivencia. Pero han sido muy poquitas las veces que nos hemos puesto de “uñas” con alguien. Kolod, que tiene mejor memoria que yo, lo podrá confirmar.
    Y como a él, me gustaría leer a mi galleguito-poeta, del que no sé nada desde hace tiempo. Nos abandono en su playa y se oculta, probablemente, entre las olas de su amado mar o en el viento con sus alas silenciosas…
    Si te aburres, Koldo, consigue este libro: “Platón y un ornitorrinco entran en un bar…” Para lo otro no tengo una solución tan fácil, pero a lo mejor se me ocurre algo… dame tiempo…
    La tormenta de ayer ha limpiado un poco el polvo de los caminos, tal vez eso necesites, una buena tormenta que moje los calores que hemos pasado…
    Un besazo.

  60. Plat dijo:

    Tengo dudas de que Luis Muiño no haya sido absorbido por platillos volantes. Sino a que se debe su desaparición.

  61. Cruzada del trollero dijo:

    Y nos quedaremos sin saber que quiso decir Lao con eso, y por qué le pareció muy bueno y oportuno a Koldo…
    Cometes un error de base (hacía tiempo que deseaba usar esta expresión, así tal cual), y es considerar que cualquier espacio se rige por las mismas (y que son las nuestras) normas de uso, y un segundo error que supone pensar que las cosas gustan porque nos son afines o nos reconcilian o nos dan paz.

  62. Koldo dijo:

    ¡Pues tampoco tiene tanto misterio, “Cruzada del trollero”!: provocar me parece lo mejor que podemos y nos pueden hacer en este “hábitat” (muchos lo buscamos y lo necesitamos aquí, por cierto…). Estimula las meninges y las tripas. Provoca el esfuerzo y el gustazo de pensar, reaccionar y enriquecer todos los puntos de vista y alucinar (¡sí, aún es posible! gracias a todos vosotros…) con todos ellos. Y sí, me parecía muy oportuno: por el guiño y la oportunidad que una entrada -”convivir con la mentira”- le pudo provocar (y a nosotros, insisto, eso es lo mejor de todo) el propio título… con la frescura, espontaneidad y genialidad de lo telegráfico… como suelen hacer los buenos periodistas gráficos.

    No estaría de acuerdo contigo con tu último comentario, es decir, donde opinas que lo afín es lo que más nos gusta y que buscamos paz… A algunos nos gusta mucho más lo contrario… no hacemos nada por ocultarlo (sino al revés) y en eso consiste nuestro estímulo cotidiano, nuestro alimento diario… lo que más necesitamos en esta vida… lo que más nos hace sentirnos vivos. En cuanto a “normas”… a la vista está: NINGUNA. Muiño nos permite expresarnos a nuestras anchas. Y no pasa nada (sino todo lo contrario) con el que no quiere ese tipo de ataduras y piensa y dice y lo cuenta como le da la realísima gana.

    …Y por lo poco que sé de Muiño… el tío se lo curra en demasiados frentes… así que dejémosle que disfrute con el olvido… de su propia “web”… el tiempo que necesite… ¡¡Pues no faltaría más!!

    …¡¡¡Y muchas gracias, “La dama”, por el libro!!! Acabo de averiguar que “explica la filosofía en forma de chistes”. Me sonaba… Lo voy a comprar. Me gusta el tema y me intriga el método. Ya te contaré…

  63. Marciana desde la nave nodriza dijo:

    Plat tiene toda la razón, el Muiño fue abducido por mí, capitana general de un platillo volante.

    Lo abdujimos, lo pesamos, lo medimos…y ahora ¡¡¡os lo devolvemos!!! Es que no paraba de cantar una canción que decía algo así como…¡¡Maneras de vivir!!! Vaya voces que pegaba, y no muy afinadas, por cierto. Yo en mi platillo, no quiero tanto escándalo, total para estudiar al ser humano podemos buscarnos a uno menos ruidoso.

    Y así lo soltamos en una playa. Lo fuimos bajando del platillo lentamente, con unos arneses, y mientras bajaba, cantaba su canción. La gente se pensó que era un espectáculo organizado por el Ayuntamiento, del Plan E, algunos aplaudieron, otros pidieros bises y otros (una minoría) pidieron que cantara el auténtico Rosendo.

    Todo equívocos y confusiones…

  64. Marciana desde la nave nodriza dijo:

    Pues a Koldo, quizá nos interesaría abducirlo… no sé… ¿No cantará la misma canción, no?

  65. Lola dijo:

    La vida se nos va por la boca… Estamos rodeados de palabras. Yo diría que éstas, muchas veces suplantan la realidad. La mentira, el engaño, se relaciona directamente con el lenguaje: adular, camuflar, inflar, ocultar, exagerar, restar importancia, etc,.
    Nos hemos acostumbrado a todas estas formas, convivimos con ellas de un modo familiar con tal de conseguir nuestros propósitos, lavar nuestra imagen, maquillar el mundo y, en definitiva, instalarnos en la apariencia. Hay un problema en el ser humano: la falta de integridad. Es cierto que hay ocasiones que se pueden considerar “límites”; por ejemplo, mentir para salvar la vida de las personas. Pero, en general, se miente por otras metas. Con los temas relacionados con el dinero y la reputación es donde más se capta la mentira.El mundo se ha convertido en un espectáculo. Se finge, se amañan las cosas, se pintan de rosa, se minusvaloran cuando interesa o se inflan también cuando interesa y, así se nos va la vida, por la boca…

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