EN OCASIONES VEO PLATILLOS

Kenneth Arnold, un hombre de negocios estadounidense, se ha hecho famoso gracias a lo que vio en el cielo el 24 de Junio de 1947.

A las dos de la tarde, Arnold, que viajaba sólo en su avioneta privada, observó un brillante fulgor en el cielo.  Fijándose más, vio una formación de nueve objetos de aspecto peculiar.  En el informe que redactó insistió en que él tuvo la certeza, todo el tiempo que duró el incidente, de estar contemplando aviones de propulsión a chorro…
Pero en una de las entrevistas que realizó para comentar la observación, Arnold introdujo una metáfora que, más tarde, cambiaría la forma de mirar el cielo de millones de personas.  Según este hombre de negocios, los aviones que él vio se movían en el cielo como si fueran platillos saltando sobre el agua.
Un periodista avispado adivinó las posibilidades del término platillos volantes y, a partir de entonces, ese fue el nombre genérico que se aplicó a los objetos volantes que no tenemos suficientes datos para identificar. 
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Kenneth Arnold no dijo jamás que sus aviones raros se parecieran a platillos. De hecho, siempre defendió que estaba demasiado lejos para saber qué forma tenían.  Pero una ocurrencia ingeniosa de un periodista convirtió sus aviones en un objeto de forma estrambótica.  Y, a partir de entonces, la inmensa mayoría de las personas que ven cosas extrañas en el cielo deciden que esos aparatos tienen forma de platillo.

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La relación entre percepción y expectativas es clásica en psicología.   Pocas veces tenemos la oportunidad de ver cosas claramente definidas.  En la mayoría de las ocasiones tenemos que adivinar los rasgos del objeto a partir de lo que entrevemos.
Y lo hacemos siempre siguiendo nuestros prejuicios.  Vemos lo que esperamos ver. Cuando percibimos algo indefinido, acomodamos sus rasgos para que entre dentro de una categoría conocida y controlable.

De esa forma podemos vivir en un mundo poblado por objetos conocidos.  La sociedad nos dice qué cosa tenemos que calificar como cuadro y cuál no; qué es música y qué es ruido; qué es una silla y qué es una mesa.  No importa que a veces las fronteras no sean muy definidas: una vez que asignamos un nombre a un objeto, ajustamos sus rasgos para que se parezca a lo que esperamos ver…

Esto nos permite no perder la cordura.  Si cada vez que una persona viera algo indefinido pensara que es algo extraño, la psicosis se adueñaría del mundo.  Por eso es tan importante crear una categoría: a partir de ahí, todo lo inclasificable se amoldará a esa forma. 

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Desde que Kenneth Arnold explicó lo que había visto con aquella metáfora, las nubes lenticulares, los planetas, las luces de los aviones y cualquier otro tipo de objetos volantes no identificados empezaron a adquirir forma de platillo. 
Dejar que las expectativas guíen nuestra percepción suele ser una buena táctica para no volvernos locos. 
Pero el problema es que a veces no nos dejan ver lo que hay de verdad.

 

23 comentarios sobre “EN OCASIONES VEO PLATILLOS”

  1. luis muiño dijo:

    Las fotos, en progresión de ambigüedad, son de nubes lenticulares…

    Sobre esto de ver lo que queremos ver (y dejar por eso de ver lo que no queremos ver) os recomiendo \”¿Es real la realidad?\” de Paul Watzlawick. Un libro realmente divertido sobre nuestra capacidad de re-inventarnos el mundo.

  2. La fuente de sed dijo:

    Si esto pasa con la percepción de simples objetos físicos, imaginemos que sucede cuando nos fijamos en la personalidad de alguien. Algo complejo que parece estar siempre entre brumas. Me imagino que, por lo que dices, nos basta con ver sombras para definir a la gente atendiendo a la clasificación de rasgos de personalidad que ya tenemos.

    Supongo que no se puede evitar, pero que menos que siempre reservar un pequeño espacio para la duda de lo que “hemos visto”. Y que eso, claro, no nos vuelva locos. O si.

  3. Oscilatopus dijo:

    ¡Así es que alguien no sabe explicar (¡porque son dos movimientos bien diferentes!) si los aviones se movían como platillos que sólo saltan verticalmente sobre el agua, o como platillos que se desplazan a saltos sobre la superficie,
    y yo corro el riesgo de “grillarme”…!

  4. Mecagoenbuda dijo:

    Y el problema no es solo que veamos lo que queremos ver, también es que veamos lo que nos quieren hacer ver. Excelente el ejemplo de Luis Muiño. Yo siempre he pensado que era un poco raro que a la gente que cree ver ovnis se le ocurra verlos como dos platos pegados. Es la forma menos aerodinamica que existe. Ahora lo entiendo. Un nombre que ha hecho fortuna y poco más.

    No entiendo tu comentario Oscilatopus ¿por qué te parece tan raro que Kenneth Arnold no spuiera explicar como se movian los aviones?¿Y que tiene que ver eso con estar grillado?

  5. Oscilatopus dijo:

    Aquí el último en soltar esa cachoambigüedad “como platillos saltando sobre el agua” es Muiño. Y también, que es mejor evitar la indefinición, para no volvernos locos.

  6. Mecagoenbuda dijo:

    Si, claro, de eso va el artículo. De que vemos cosas ambiguas y alguien les pone un nombre y luego ya siempre vemos lo que corresponde a ese nombre. Sobre el caso que cuenta Muiño, si miras por Internet parece que todo el mundo está de acuerdo en que la descripción era ambigua. Por ejemplo, échale un vistazo a la wikipedia http://es.wikipedia.org/wiki/Kenneth_Arnold. Cuando hablamos de personas, tal y como yo lo entiendo, quiere decir que por ejemplo la actitud de una persona es ambigua, pero entonces alguien dice que ese tipo es un inmaduro y ya haga lo que haga le vemos como un inmaduro y todo lo vemos en función de que es un inmaduro.

  7. Koldo dijo:

    Estoy de acuerdo con que, de antemano, “creemos” ver… y, sólo después de “verlo” realmente, damos un “diagnóstico” final y sentenciamos con lo que “hemos visto”… dejando que “las expectativas guíen nuestra percepción…”

    En lo de “volverse loco” por ello… me gustaría discrepar: seguramente, la mayoría de nosotros “filtremos” todo lo que veamos (y, por extensión, seguramente, también, todo lo que pensemos…) para expresarlo en “sintonía” con lo que ya conozcamos de antemano… En la mayoría de los casos, por “pereza mental” o para no “meterse en problemas”…
    Pero, estoy seguro, que también existe un mínimo, “problemático” y productivo colectivo que mantenga su mente lo suficientemente abierta y sea lo suficientemente humilde para no dejarse llevar por sus pre-juicios, ampliar conocimientos, ejercer y estimular su mente en la búsqueda de “novedades”… Y que, a pesar de ello, mantengan su “cordura”… al menos, para ellos mismos y otros de su misma “especie”… Obviamente, este tipo de individuos siempre resultarían muy “sospechosos” para el resto de la Humanidad “normal”…

    Más tarde o más temprano, esa “mayoría” acaba siempre “negando” todo aquello que no “encaja”… Y, lo que es mucho peor aún, “eliminando” al discrepante…. Y ¡me olvidaba! al que no encuadrara lo que viera (cuando resultara imposible “encuadrarlo” en ningún otro sitio) dentro del ámbito trascendente… uséase: religioso, de la fe…

    (Nunca entenderé por qué nos resulta habitualmente tan difícil reconocer un “no sé…” en la mayoría de percepciones y situaciones de esta vida…)

  8. Oscilatopus dijo:

    Lo que yo defiendo es la viabilidad de estar cuerdo, sentirse bien, sin necesidad de clasificar las cosas, los hechos o las personas. Aceptar que ignoramos (temporal o indefinidamente) (de entre los múltiples posibles) su significado, su intención, su porqué y mantener la serenidad, que nada reclama nuestra sentencia.
    No sé si es lo que se llama “tolerancia a la incertidumbre”, yo lo llamaría.
    Lo defiendo para mí y para los demás.

  9. Oscilatopus dijo:

    Ah, pues eso. Lo que dice también Koldo al final.

  10. Mecagoenbuda dijo:

    Completamente de acuerdo con Oscilatopus y Koldo. Creo que mantener un mínimo de tolerancia a la incertidumbre sería estupendo y se puede no estar loco. Por eso me parece tan importante lo que dice Luis Muiño, que la sociedad y los que nos rodean nos obligan a poner etiquetas muy rápido y que eso no es bueno.

  11. Koldo dijo:

    Pues acabo de “ver” esto (podéis comprobar que se trata de la NASA)… y se me han saltado las lágrimas… ¡no sé por qué…! (definitivamente: estoy mayor…)
    Os adelanto: no tiene nada que ver con platillos…
    A ver si os gusta…
    http://apod.nasa.gov/apod/ap080722.html
    …Y a ver qué véis…

  12. La dama dijo:

    Esta mañana he estado corrigiendo unos pequeños “informes” que mandé a mis alumnos. Cinco hojas hablando del tema que ellos habían elegido. Un chiquito de 5º me propuso hablar de los ovnis y otro de quiromancia. Mis chicos son geniales…
    El de los ovnis ha hecho una buena labor de búsqueda de información. Pero lo que más me ha gustado y me ha hecho reir, ha sido un comentario a pie de foto. La foto era una escena de Mars Atakc (?) Dice que el director se ha tomado demasiado en serio lo de la inteligencia de los marcianos por que tienen la cabeza muy grande. ¡Genial!
    A ellos dos les pedí, concretamente, que me dieran la versión científica del asunto (por los temas que trataban) y que me dijésen que había de verdad o mentira en esos temas. Y a su manera lo han hecho.
    Es cierto que vemos lo que queremos y que nuestra interpretación del mundo está en función de lo que nos dicen desde que nacemos. Podemos mantenernos en la incertidumbre, pero no sé si eso es muy sano mentalmente.
    Necesitamos referentes para construir nuestro conocimiento. Necesitamos saber que es una mesa y un armario. La ambiguedad nos descoloca. Y tal vez por eso no sea tan malo tener algunas certezas. Por ejemplo qué es bueno y qué es malo, que es verdad y qué es falsedad. Por ejemplo, saber reconocer cuando nos dan “gato por liebre” o diferenciar la ciencia de la seudo-ciencia.
    Yo no he visto ovnis, pero he visto una bola de fuego. Saber diefenciar es la clave.
    Mañana veré tu enlace, Koldo, que mi internet casero a pedales no me deja ver las estrellas…

  13. Oscilatopus dijo:

    ¡Pero qué dices, Dama! Lo insano es inventar certezas. Y de no serlo, lo que me parece es echarle cara acogiéndose al viejo “ay, es que tenía que emitir un juicio…” o “ay, tenía que entender algo…” o “ay, es que como no tengo imaginación, y lo más normal es X, pensé…”.
    Además de injusto, también puede resultar… “grillao”

  14. Lem dijo:

    Creo que estamos todos de acuerdo en que ante la incertidumbre, lo más recomendable es ser abierto de miras, y no “hacer encajar” las cosas (las personas, las ideas…) en nuestros moldes preestablecidos.
    Ahora bien, creo que el reto, más que dar oportunidades a lo que sabemos que no conocemos, es redescubrir lo que ya creíamos que sabíamos.
    En pocos días he recibido varios “estímulos” sobre lo que te dicen los ojos, y lo que es, pero éste que os voy a dejar me ha impactado de verdad:
    xhttp://www.microsiervos.com/archivo/juegos-y-diversion/espirales-verde-azul.html
    (ya sabéis, quitáis la x al poner la dirección)
    La conclusión es, quizá, que es imposible para nuestro escuálido cerebro ser imparciales, y que la única manera que tenemos de entender el mundo es metiéndolo en las cajitas que ya tenemos, aunque sea a puñetazos, y después sí, intentar hacerse con el mayor número de cajitas posibles para reorganizar, y poder encontrar los calcetines.

    Por cierto, un platillo es perfectamente aerodinámico (ahí están los frisbis).

  15. Koldo dijo:

    Tienes toda la razón, “Lem”: precisamente, mi admirado Punset nos “recordaba”, en uno de sus últimos “Redes”, que nuestra memoria, además, es una auténtica penita…

    …Por otro lado, cuando queremos explicar a otro lo que vemos (incluso cuando queremos “explicárnoslo” a nosotros mismos) no tenemos otro recurso (otro “remedio”) que hacerlo “en clave” de lo que ya -ambos- conocemos… Si no, sería imposible… Y, esto sólo, ya es un condicionamiento muy potente… para el explicador y para el entendedor…

    …Que sean muchos los que vean… incluso “lo mismo”… no sería -en absoluto- ninguna “garantía” de imparcialidad… sino -incluso- todo lo contrario…

    Jamás vi un platillo… ¡Pero mira que me hubiera gustado un montón…!

  16. Mon dijo:

    Dejar que las expectativas guíen nuestra percepción suele ser una buena táctica para no volvernos locos.

    Me quedo con esta frase y pensando por lo que he leido, me parece bastante denso… voy a pensarlo.

    ;)

  17. Mecagoenbuda dijo:

    Yo sigo a lo mío. Creo que el gran problema es el poder. Tendríamos una buena balanza entre la incertidumbre y la certeza si decidieramos solos. Pero siempre hay alguien que nos quiere imponer sus etiquetas o que quiere que sigamos con incertidumbre cuando las etiquetas están muy claras.
    Por ejemplo, en el tema de los ovnis fijaros en lo difícil que es la incertidumbre. Hay gente creyente que te dice que está claro que los ovnis existen y que negarlo es de cerriles. Y los hay no creyentes que te dicen que está claro que no existen y afirmarlo es de tontos. Y los que no estamos seguros, nos vemos obligados a posicianarnos sin tener ninguna gana.

  18. MenteAbierta dijo:

    Los Ovnis existen. Si no, como explicáis tantos casos por todo el mundo con pruebas. Lo que ocurre es que hay gente a la que no le gusta pensar y prefiere que le den todo hecho.

  19. Oscilatopus dijo:

    Un momentito, que me voy a coger el gel de la bañera y a meterlo en la nevera antes de que se me agríe… (por aquello de “blanco y en botella, leche”).

    Y me apunto en mi favor ese video de la NASA que se menciona antes. Puede poner (si es que los imitadores se lo tomaban en serio) en evidencia lo que cada uno interpreta según su capacidad de percibir la sutileza. En el baile, ni dos profesionales ejecutan de igual manera un coreografía aunque ese sea su objetivo (y me acuerdo del ballet Zoom de Aplauso…¡qué diversidad cinética!)

    También me voy a apuntar esas franjas verdiazules de las espirales, que con dedicación (y ampliación), sí se terminan percibiendo del igual color que realmente tienen.
    Ahora claro, si se trata de apreciar el conjunto, no es lo mismo mezclar magenta y cyan al 50%, que magenta y amarillo, también al 50%, aunque ambos resultados los compongan el mismo magenta. Aun así, me da que la gente muy adiestrada, sería capaz de despiezar cualquier mezcla cromática. Que lo digan los que pintan…

  20. 2/3DeAgUa dijo:

    Lo que hay de verdad no lo sabe dios, pero si que los listillos de la nasa comienzan a creer que saben algo:
    http://map.gsfc.nasa.gov/media/080998/index.html
    O sea, que ahora resulta que el 3/4 del universo es energía oscura, un 20% es materia oscura, y el 4% es lo que se puede obsevar directamente, o sea, los trillones de estrellas.

    Tal vez algún tipo de ente cósmico inteligente, más o menos morenito, comience a echar chispas atascado en la astrovía a 40º. Eso es lo que vio el usamericano en cuestión…

  21. La dama dijo:

    A mí tambien me gustaría ver un platillo y tener la “certeza” de que lo es. Creo que no podemos ser los únicos bichos inteligentes del universo, cada vez más grande y más vacío, según se ve.
    Otra cosa es que alguna vez se puedan cruzar nuestros caminos en el espacio-tiempo.
    Entre la relatividad y la incertidumbre, la teóría del caos y mis neuronas en declive, a lo más que aspiro, hoy en día, es a seguir teniendo alguna inquietud que me lleve a saber algo nuevo cada día.

  22. Hell dijo:

    Después de leer el post y algunos de los comentarios, además de compartir algunas de las apreciaciones, sobre todo eso de que vemos lo que queremos ver muchas veces, o aquello que se adapta más al común social, imagino que el tema de evitar la locura está ligado a que si nos vemos inmersos y rodeados de cosas, personas y/o situaciones desconocidas continuamente, el nivel de stress que sufriríamos (porque enfrentarse a lo desconocido en parte produce estrés y algo de miedo en muchas ocasiones si no en todas…) sería exponencial y es probable que nuestra salud se resintiera.

    Eso sí, me quedo con mi ración diaria de “descreimiento o ceguera” para no perder la costumbre de poder descubrir algo nuevo (al menos para mi).

  23. los sueños de la razón / El semanal de anotaciones (verano 2009, 2º domingo) dijo:

    [...] Y es que el camino a la sabiduría es arduo, tortuoso… y quizá solitario, como se plantea Maite Darceles en Sabiduría. José Miguel también nos da unas sabias pistas para lidiar con ella en El Valor de Educar en la Sabiduría, el legado necesario para las generaciones que vienen;  aunque en estos tiempos raros quizá la sabiduría la debamos recoger de los más jóvenes. Fijaros en la perspectiva que propone José Cabrera: Escucha a tu hijo: La propuesta de Don Tapscott para la Nueva Era. Otra cosa es la sabiduría popular, un tanto sobrevalorada como lo demuestra esta jugosa anécdota sobre Darwin y las plantas que crecían al revés de Aberrón, o resultado de ocurrencias singulares como explica En ocasiones veo platillos de El Hábitat del Unicornio. [...]

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