…Y CON EL MAZO DANDO.
Moritz Schreber, médico alemán del siglo XIX, impulsó uno de los sistemas pedagógicos más rígidos que se conocen. Sus teorías, basadas en la enseñanza de la jerarquía y la imposición de normas estrictas desde temprana edad, se hicieron famosas a partir del libro que escribió uno de sus hijos (“Memorias de un enfermo nervioso”) y de la adopción de sus postulados por parte de los nazis.
En el manual que Schreber escribió sobre la crianza de los hijos afirmaba: “Al niño ni siquiera se le debe ocurrir nunca que su voluntad pudiera ser controlada, sino que hay que implantar en él un habito de subordinar su voluntad a la voluntad de sus padres o maestros.” En realidad, éste es el descubrimiento del reformador alemán: el castigo físico es eficaz para controlar a los hijos, pero inculcar el sentimiento de culpa y el hábito de la pasividad es mucho más productivo. De hecho, leyendo sus obras, penetrando en el sistema de educación que nos propone, es fácil ver que lo que hizo Schreber fue institucionalizar y sistematizar un fenómeno que siempre se da dentro de todas las familias: la creación de tabúes.

La familia, además de trasmitirnos valores y enseñarnos conductas, nos dice qué es lo que podemos ver y qué es lo que no; en qué cuestiones podemos fijarnos y sirven como posibles temas de conversación y cuáles es mejor no tocar.
En principio, el tabú existe por una razón adaptativa: en todas las culturas hay temas que se evitan porque la sociedad no tiene estrategias para enfrentarse a ellos. Ante esa indefensión, se generan estrategias del tipo de “de-esto-es-mejor-no-hablar”
Una de las funciones de la familia es enseñar a los niños las pautas de la cultura en la que ha nacido. Todas las sociedades tienen una forma de comportamiento, unos ritmos y un lenguaje característicos. Si el recién llegado no los conociera, chocaría continuamente con el mundo que le rodea. La familia sirve para enseñarnos esas normas en un ambiente emocionalmente acogedor.
Y por eso todas las familias determinan, en primer lugar, lo que puede decirse. Es decir, qué aspectos de la vida en común pueden mostrarse abiertamente y cuáles deben permanecer ocultos y negados. Una vez conseguido esto, las familias enseñan normas a los hijos sobre qué palabras pueden utilizarse para hablar de estos temas y cuáles tienen una carga emocional demasiado fuerte.
Pero el poder que tienen los padres puede ser también utilizado para trasmitir a nuestros hijos muchas más cosas que unas mínimas normas sociales. Sus caprichos, sus miedos y sus frustraciones entran, muchas veces, en el saco educativo. Y corren así el riesgo de que sus hijos acaben aprendiendo tabúes que sólo existen para ellos y luchando contra fantasmas que ellos han creado.

El problema, como ocurre muchas veces, es el abuso de autoridad. Para muchos seres humanos, la motivación de poder es fundamental en sus vidas. Si a estas personas se les concede la posibilidad de la casi omnipotencia, usan el poder para desahogar sus frustraciones.
Éste es el problema del sistema ideado por Schreber: concedía un poder absoluto tremendamente peligroso.
De hecho, el mayor de los hijos de Schreber enloqueció y terminó suicidándose. El tercero, el autor del libro, tuvo un mejor principio: parecía que podría salir adelante y llegó a ser un eminente juez. Pero al final sucumbió a la enfermedad y murió en un psiquiátrico.
Al poder le pasa como a otras drogas: puede llegar a ser muy peligroso si se inhala.
9 de Junio, 2009 - 8:53 pm
Las escalofriantes imágenes son de Joshua Hoffine, un fotógrafo experto en plasmar los miedos que nos paralizan de niños. Viendo su obra, es fácil recordar como algunos de esos miedos eran propios y otros eran ajenos, introducidos por quien debería ayudarnos a superarlos…
Si queréis leer sobre este tema, el libro que cito de Daniel Paul Schreber (el tercer hijo del protagonista) es fascinante. En http://www.letraslibres.com/index.php?art=9939 tenéis un artículo muy interesante sobre él y sobre Philip K. Dick, otra víctima de una familia tiránica.
Si os apetece algo desde el punto de vista de la salud mental, os recomiendo el libro que Freud dedicó a este tercer hijo (“Puntualizaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia autobiográficamente descrito”) o la feroz crítica que se hace del análisis de Freud en “El libro negro del psicoanálisis”.
9 de Junio, 2009 - 9:17 pm
Y ya puestos a aportar ideas para este tema de discusión, en esta conferencia tenéis muchas:
http://video.google.com/videoplay?docid=-9133846744370459335
10 de Junio, 2009 - 2:48 am
!Buh¡
10 de Junio, 2009 - 10:14 am
…inculcar el sentimiento de culpa y el hábito de la pasividad es mucho más productivo
Creo que el alcalde de mi pueblo, y como yo, hasta hoy, no tiene noticias de Moritz Schreber, pero sí usa de sus “ideas”. Qué miedo me da sólo recordarlo apostado el domingo pasado en la puerta del colegio electoral, frente a mi casa, y fijando su mirada acusadora, cual gárgola, sobre mi puerta: “Aún no te he visto venir a votar”, parecen decir sus ojos. Esa misma mirada de discurso polivalente no se desvía del convecino que acude al colegio. Esta vez parece decirle: “A ver qué vas a votar, que te veo venir…”
También ven venir a los convecinos los cofrades, escapulario al cuello, y con parecidos discursos oculares. ¿Serán imaginaciones mías? ¿seré yo quien me esté creando un sentimiento de culpa que me lleve a ver gárgolas y cofrades donde sólo hay alcalde e interventores?
No.
Al día siguiente, y mientras tomo, la gárgola y sus secuaces, no contentos con su sofisticada presión, se me aproximan uno a uno, como por casualidad, y para recordarme con una sonrisa ambigua: “Ayer no te vi votando”.
“No sé..”,- les digo- “…quizá no me viste porque estabas comiendo el bocadillo”.
10 de Junio, 2009 - 12:06 pm
Gran post, Luís. Desearía, como tantas otras veces, que su extensión fuera mayor, para saciar tanta sed de un tema central. Dicen que la patria de cada uno reside en su niñez, pero intuyo que allí puede hacerlo también el infierno. En mi caso, ya entrado en la cuarentena sigo luchando contra los fantasmas de aquel tiempo, contra los miedos inculcados, contra los sentimientos de culpa que tan fácilmente pueden enraizar en la mente de un crío. Qué fuerte el pasarse toda la vida intentando curar esas heridas invisibles, cerrar temas, dejar descansar al niño de una santa vez y darle paz al adulto que es hoy…
Saludos a todos
10 de Junio, 2009 - 5:40 pm
…y con el mazo dando. La creación de tabúes…
[C&P] "Moritz Schreber, médico alemán del siglo XIX, impulsó uno de los sistemas pedagógicos más rígidos que se conocen. Sus teorías, basadas en la enseñanza de la jerarquía y la imposición de normas estrictas desde temprana edad, se…
10 de Junio, 2009 - 10:38 pm
“Todos los tabúes son adaptativos… culturales… defensivos… ante la falta de estrategias…” Más o menos, eso me ha parecido entender… Y no sé si estoy de acuerdo.
Peguemos un pequeño repaso:
¿Qué es un tabú? Según la RAE, proviene del polinesio, con el significado de “lo prohibido”. Le da 2 acepciones:
1.- “Prohibición de comer o tocar algún objeto, impuesta a sus adeptos por algunas religiones de la Polinesia”. (Supongo -creo yo- que, por extensión, sería igual por “cualquier” religión)
2.- “Condición de las personas, instituciones y cosas a las que no es lícito censurar o mencionar”. Es decir, que “algo” o “alguien” (en singular, como persona, o en plural, como institución) tendrían esa “condición”, ese atributo…
Por tanto, “no comer”, “no tocar”, “no mentar” o “no censurar”…
En el primer caso, sería una acción (más bien, una no-acción) aparentemente protectora; por algún aprendizaje previo y ancestral; para evitar un peligro ya contrastado y -seguramente- mortal…
En el segundo, claramente de “poder”… Porque un objeto o sujeto… no verbalizable… ni censurable… ¿No “suena”, inmediatamente, a “divinidades”… celestiales o terrenales…?
Si “damos por buena” la 1ª acepción… extendiéndola, además, a cualquier prohibición a la que se nos obligue en nuestra condición de creyentes en cualquier religión (que no parece que estuviera en discusión en la actual entrada de Muiño), sólo nos quedaría esa 2ª: “no verbalizar ni censurar”.
…Y, por tanto, sólo estaría de acuerdo con lo de resultar “adaptativo” -sólo, digo- en la 1ª acepción: como defensa… y, efectivamente, por falta de una estrategia eficaz contra ese tipo de amenazas…
Pero, en la 2ª acepción… No sé. A mí no me parece muy adecuado llamar “adaptativo” a ese tipo de “candado” en las bocas ajenas… seguramente, nunca con demasiadas buenas intenciones.
Mi “educación”, en casa y en cole, se basó en la imposición, el acojone y el castigo físico. Hablo por mí y por gran parte de los que ahora ya hemos sobrepasado los 50 añitos…
Y tabúes, tabúes… sólo me vienen ahora 2 a la cabeza:
1.- Dios. Todo lo ve. Todo lo sabe. No pasa una. No es que “pueda” castigarte… es que si, ahora -que estás en pecado mortal (y, por cierto, no sé cómo… pero siempre que hacías examen de conciencia… ¡siempre “estabas” en pecado mortal)- te mueres… ¡¡¡vas al Infierno!!! ¡¡¡¡por toda la eternidad…!!!! En consecuencia, no se le menciona, claro está: sólo faltaba que -”encima”- te deprimieras por ello y, mucho menos, que quisieras deprimir a cualquier otro… Así que uno puede imaginarse (¿podría, realmente, alguien -fuera de aquel contexto- imaginarse?) los “estragos” anímicos, emocionales y psicológicos que -de entrada- produciría en un chaval “erradicar” de su alma ese tipo de tabú… La sensación de “angustia existencial” (como decían esos santos educadores), de vacío, de pecador condenado y echado a perder para siempre… Y sin ninguna “colaboración” por ese punitivo, castrante y agresivo “ambiente”, sino todo lo contrario… que -si no- no tendría ningún “mérito” mandar a Dios y a ellos a hacer puñetas…
2.- Sexo. No existía; pero siempre estaba ahí. Siempre era pecado… y de lo más mortal. Nunca podíamos hablar de ello ni en el cole ni en casa; ni con los “educadores” ni con tus padres… ni, muchísimo menos, con cualquier adulto… ¡pues sólo faltaría eso…! Sólo entre nosotros mismos, de nuestra propia edad; siempre en clave, como dando por entendido o por supuesto; en chistes; en palabrotas; incluso en canciones (¡todavía me acuerdo de algunas! ja, ja… y de lo más obscenas… por cierto… y sin ningún rubor); siempre con mucha risa; y disfrutando mucho: nada te gusta más de pequeño que llevar la contraria y hacer o decir lo que está prohibido… lo que es tabú. Aunque, también, con infinitas angustias. Por desconocimiento; por miedo; por la infinita timidez que tenías junto a cualquier niña… Por cierto, el incesto, al parecer, suele ser tabú en la mayoría de las culturas y épocas. Seguramente fuera adaptativo o evolutivo: para evitar consanguinidad. Recuerdo que de pequeño tenía una prima muy guapa y que me gustaba y la quería mucho… Pues resultó que me tuve que acostumbrar y aguantar a que no podía querer nada con ella… ¡Parece mentira que -ya desde tan pequeños- puedas tener esos sentimientos… ese tipo de “dolor” sentimental…! (Y que, por cierto, los futuros -que me aguardaban- ¿estarían “aprendidos” o influenciados por este primer amor frustrado? “Muiños” sabrán, una vez más…)
Estoy de acuerdo en todo lo comentado sobre ese tipo de pequeños tabúes que existen en cualquier familia sobre lo que se puede o no comentar… Si bien, en estos casos, suele ser algo más “elaborado”, es decir, suelen haber explicaciones y porqués de todo ello: forma parte de las necesarias normas de educación, en general…
…Todavía recuerdo -y me irrita- aquellas famosas respuestas paternas (de adultos, en general) que nos espeteban de pequeños: “Porque sí”. A lo que, siempre, alegaba yo: “porque sí” no es ninguna razón… Y a lo que, siempre, insistían: “a los niños no hay que darles ninguna razón”… Y ahí te quedabas tú (cuerpo de niño, mente racional… tan racional o más que la de un elevado porcentaje de adultos, por cierto…) sin ningún “derecho”… salvo el de acatar las órdenes…
…Eso era lo que más les sacaba de quicio: que demostraras que las cosas se hacían “porque sí”; que, en realidad, no había ninguna razón que las sustentara… Y era lo que más les jodía porque -encima- pretendían salirse con la suya de que “sus normas” (entiéndase en el más amplio espectro) se sustentaban en sesudos y ancestrales orígines; en que estaban contrastadas y consensuadas. Les dejabas desnudos. Les quitabas “la razón”. Y tú eras un mierdecilla…
Seguramente, la obsesión que aún mantengo -desde pequeño- por la ciencia, la razón, la explicación, la discusión, la relatividad de todas las cosas, me venga desde entonces. Se sigue sufriendo; pero sólo así “encajo”. El “trágala” siempre me resultó insufrible. Aún es de lo que peor llevo en esta vida, en casa y en el trabajo…
Me joden los tabúes. Me encanta disidir, los disidentes. Quizá, de entrada, hagan la vida más incómoda (?); pero notas que están vivos… te hacen sentir vivos. Pocas cosas me dan más “repelús” que ese tipo de niños “recocidos” (así los llamaba mi abuela… de Linares tenía que ser) que se saben las normas a dedillo… ¡¡que se mueren por seguir -a dedillo- las normas!!
11 de Junio, 2009 - 11:19 am
H@la,
Creo haber ido descubriendo, admito que con ayuda, los tabúes que se me han ido inculcando desde la infancia por mi familia, l@s maestr@s, las jerarquías encontradas en mis centros de trabajo, y otros que han llegado por amistades o grupos en los que de alguna forma haya participado.
En cuanto al lenguaje y comportamientos de otras “familias” ultimamente he descubierto los que utilizan o copian l@s mafios@s. Es un aprendizaje duro y además tiene que ser rápido para no caer en mayores problemas.
Es demasiaddo apasionante observar las redes imbricadas entre sí que emanan del ansia de controlar más poder y la soberbia ejercida, en este caso, con orígenes puramente económicos pero desde una posición ya acomodada dentro del sector político, religioso (cura “empresario” por medio) y aprovechándose de la falta de interés de la gente y el dejar hacer, bien por miedo a los problemas bien porque les importa un pito lo que pase a otr@s bien porque las frustraciones propias hacen aflorar lo más nocivo para una buena convivencia.
Y si dices algo indebido te cae encima la red.
A veces la desesperanza y tristeza se apodera de mí, y también tengo que reconocer un sentimiento de rabia, cuando constato que en esa situación tan cercana, tan próxima, conviviendo cotidianamente con el problema se fortalece la permisividad ante ello.
Tod@s lo saben y callan. Se pasa de largo. Se consiente. Tal vez por eso nuestros cerebros van reprogramando como normalidad las noticias a nivel local o mundial, a pesar de los esfuerzos de tanta gente de bien intentando pararlo, que campan a sus anchas mafias de pederastia, tráfico de órganos y personas, de armas, de drogas y su adulteración, de prostitución, los acosos -escolares, laborales, inmobiliarios-, la violencia en las familias, las agresiones y bombardeos a poblaciones enteras, corrupción de cuerpos estatales o gubernamentales ….
El pensamiento de que si no estás con l@s fuertes pasas a una situación de debilidad ante el peligro ….., porque lo independiente no lleva a ningún lado.
El comentario de Le Mosquito es facilmente reconocible. Muy bueno lo del bocadillo. Enhorabuena.
A mí si me vieron votar, lo que l@s podía interesar era papeleta sí o no y cual en su caso. A puntito estuve de coger varias y meterme tras las cortinillas …., pero no, ejercí mi derecho a elegir lo que me parecía mejor en ese momento. Cumplimiento estricto de la legalidad vigente.
Volveré sobre un tabú que me trae por la calle de la amargura y del placer: el sexo. ¡Uuhhmmm mamá que rico!
12 de Junio, 2009 - 12:54 am
Me viene a la mente un libro que nunca he podido terminar: La rama dorada, de Frazer ?
Como narradora de cuentos impenitente, el tabú es algo que me resulta muy atractivo. Los antropólogos saben mucho de esto.
En las entradas anteriores he visto una mezcla de tabú y normas sociales. Y no es lo mismo, señores…
El tabú es profundo, va más allá de una norma que se puede saltar sin que pase nada. El tabú es lo que nos agarrota de adultos y no entendemos de niños y que nos induce a no cometer ciertos actos, a retraer comportamientos o a respetar normas que no se llegan a explicar por la razón pero que deben esistir. Son una advertencia. “De esta raya no se pasa”
Ciertamente hoy en día quedan poquitos, al menos en nuestras latitudes.
Tal vez alguno me mande a la hoguera por lo que voy a decir: Si aún exisitesen un par de tabús que respetar no habría tanto abuso sexual. Ahí queda.
El incesto, junto con la obligación de salir de la tirbu para conseguir una pareja, propagar los genes y regenerar las líneas sanguíneas está presente en muchos cuentos tradicionales. Y tiene su razón de ser. La endogamia no es buena ni en los animales, como está demostrado.
Este es el modelo que pondría como tabú “adaptativo”.
No niego que muchos otros están basados en supersticones ya superadas o en costumbres que en su momento eran necesarias para la supervivencia de la tribu: no comer carne de cerdo en ciertas zonas donde la propagación de quistes pueda ser más habitual de lo normal.
Otros son simples costumbres tribales, que con el tiempo acaban perdiendo su sentido pero que se repiten de generación en generación.
Muchos están relacionados con la sexualidad, otros con la alimentación y con el mundo natural.
Tienen su finalidad y algunos de ellos los tenemos dentro de nosotros.
La “impureza de la mujer”, de la que tanto habla la bilblia y otros textos sagrados, en esos “días” siguen siendo tabú en muchos lugares, mientras que en otras culturas se aprovechan esos días por saberseles infertiles.
Ahora nadie llamará impura a una mujer, pero que poquitas parejas mantienen relaciones en esos días. ¿No está considerado casi una perversión?
¿No es un tabú la sexualidad infantil? Pocos padres saben de las necesidades de sus retoños. Y reprimen lo que no entienden. Ese sí es un tabú dañino para el futuro adulto. Y en él no interviene sólo la religiosidad, creo.
Edipo ama a su madre cuando no sabe que lo es. ¿Complejo o tabú?
Bueno, pues ahí queda eso. Carnaza para Koldo.
Por cierto, la educación represora genera varios problemas, de los que hablaremos otro día, como del gobierno…
Por cierto, personalmente no tolero la blasfemia. Si no crees en Dios, no puede ofenderle, pero sí ofendes al que cree. Y lo haces en su punto más débil. (Se necesita psicologo de cabecera que me lo explique, por favor)
Y núnca he comido caracoles, me dan un asco terrible. ¿Eso es tabú para mí?
Besitos a todos…
12 de Junio, 2009 - 1:43 pm
“Al niño ni siquiera se le debe ocurrir nunca que su voluntad pudiera ser controlada”
La verdad que da un poco de grima. Lo cierto es que como estrategia educacional, visto lo visto, no le sirvió ni para sus propios hijos.
No sé muy bien qué se busca cuando uno se decide por la paternidad. Quizá es algo que te llega sobrevenido. En cualquier caso, hay padres (¿muchos?) que parecen ver a sus hijos como una especie de extensión de sus propios miembros. Una parte más de su ser, que tiene que poder controlar y formar a su gusto y semejanza.
Lo curioso es que muchos utilizan el método al que hace referencia Koldo: “soy el adulto, luego soy incuestionablemente el que manda”, apoyada de: “es más pequeño, luego es más tonto”.
Es decir, que al niño le queden claro algunas cosas:
- Tus padres tienen siempre la razón -> cuando sea mayor, siempre tendré razón
- A tus padres se les obedece -> cuando sea mayor, se me obedecerá en todo
Obviamente esto no pasa. Salvo cuando se tienen hijos. Entonces ya podemos ejercer de todopoderosos adultos. Al fin.
Que conste que yo defiendo la disciplina como herramienta básica del aprendizaje. Pero cuando es razonada y útil. No arbitraria y despótica.
12 de Junio, 2009 - 3:30 pm
Hola , yo si siento aún y recuerdo , los muchos tabues de la niñez!
Eso grava y mútila ,muchos aspectos de la personalidad, como la autoestima y la seguridad , ante los demás .
Se arrastra y acaba abocandote a un liberinaje e inconformismo que quizás , no es demasiado bueno , !! tabú otra vez !!
Nos harian falta muchos Freud , para ponernos al dia .
Nos falta vida seguro , para limpiarlos !! , hablo de mi generación 1960.
Saludos
12 de Junio, 2009 - 9:03 pm
Lem, si no influyo yo, como madre, en mis hijos ¿debo dejar que otros influyan en ellos?
Me explico. Normalmente los padres desean lo mejor para sus hijos. Y lo mejor es aquello que deseamos para nosotros mismos.
Visto así, supongo que puedo decirles que las drogas son malas, que el respeto a los demás es bueno, que las bandas no llevan a nada bueno y que la responsabilidad de nuestros actos es obligatoria, nos guste o no. Supongo que si considero malo el alcoholismo puedo decirles que no beban (o que lo hagan con moderación).
Y sigo suponiendo, si los padres no son los adecuados para educar a sus hijos, ya me dirás quien lo es…
Claro que hay excepciones y, por desgracia, cada vez más. Padres que necesitarían sacarse un carnet para poder ejercer de tales, padres irresponsables, a los que se les ha ido de las manos la educación de los hijos y en la adolescencia ya no pueden hacer nada. Padres que no deberían haberlo sido.
Siempre he diferenciado educación de enseñanza. Es la premisa de la que parto. Como maestra enseño (y de rebote, procuro educar). Como madre he educado exclusivamente a mis hijos. La enseñanza la he dejado para los colegios, los institutos y la universidad.
Lo que no se puede pedir es que la educación se dé en el centro de enseñanza. La educación se mama en la casa.
El problema es que la casa, ahora, está vacía. Y se quiere traspasar a la escuela lo que la casa no da. Pero, eso sí, con los criterios (individuales, como no) de cada padre.
Y así no puede ser.
Yo, como adulto, soy responsable de mi hijo, que no es tonto, pero sí inexperto. En la antigua Grecia un joven era puesto bajo la tutela de un anciano.
¿Tan malo es proteger al hijo de las malas influencias? ¿Tan terrible transmitir conceptos como respeto, reflexión, responsabilidad, trabajo…?
Hay cosas que los niños no entienden, pero tienen que hacer. Un ejemplo sencillo: No meter los dedos en el enchufe. ¿Hay que explicarles que es la electricidad cuando tienen pocos meses? ¿Sería ético permitirles todo por aquello de no traumatizarles?
Obedecer, a veces no es malo. Educar en la libertad está muy bien, es bueno, pero es un proceso que dura mucho. Y es muy duro. De hecho nos dura toda la vida.
La disciplina es una forma de cohibir la libertad, pero es necesaria, sobre todo la autodisciplina, esa que nos impide dar un guantazo al que me molesta, cumplir las normas mínimas de convivencia en sociedad, cumplir con las obligaciones, etc… Y para tenerla alguién nos tiene que haber indicado el camino. Aprenderlo a base de batacazos vitales es la forma más habitual. Si, como madre, les puedo evitar algún golpe, lo haré. Les intentaré influir todo lo que pueda. Eso no quiere decir que les haga marionetas, reflejos en el espejo de mi imagen. Justo al contrario, intentaré que no cometan mis errores y les abriré los ojos para que vean…
Todo esto es muy complejo, ciertamente.
12 de Junio, 2009 - 9:38 pm
Pues, como los toros, “la dama”, vamos a embestir al trapo de tu “carnaza”…
Obviamente (al menos, para mí), Edipo ama a su madre… ¡y punto! Tan “punto” como ella pudiera ser amada por cualquier otro… Y tan “punto” -también- como Edipo pudiera amar a cualquier otra mujer…
El “problema” se produce “a posteriori”: cuando se averigua su condición incestuosa… el gran tabú ancestral.
En esto de “edipo”, “elektra” y alguno que otro más, lo que pasa es que, aun funcionando todos los “mecanismos automáticos” de los que todo tabú dispone, el “sentidor” no deja (no deje) nunca de serlo (”sentidor”)… consciente y/o inconscientemente… nunca.
…Y es que, supongo, los psicólogos lo tendrán ya muy claro; pero me da la impresión de que no hay nada peor para “convivir” con uno mismo que las cosas que hacemos obligados (que nos obligan a hacer, aun cuando no querríamos hacerlo nunca) o las que nos prohíben hacer (que quisiéramos hacer; pero nos lo impiden… peor aún: que nos obligan a censurarnos a nosotros mismos… a nuestro pesar). Cuando esa frustración no acaba de “metabolizarse”… “repite” mucho.
Estoy de acuerdo contigo “la dama”: yo tampoco entiendo la blasfemia… y por tus mismos motivos: imposible de entender ni para el que cree ni para el que no cree. Pero espero que estés conmigo en el “gran avance” que supone no tener que ir a la cárcel por ello (¿ahora sí es así… o me equivoco…?). ¡Ojo! ¿es blasfemia “objetiva” negar al Dios del otro? Porque negar a Dios, así, sin más, es blasfemo en cualquier religión, claro está. En este país (increíblemente) nos cagamos (con perdón) en todo… incluido en “Ése” también (que va a ser que no quiero yo agresión teológica de ese tipo para nadie)… Si es por eso, por faltar el respeto, por agredir al otro… yo intentaré siempre evitarlo. Lo que me parece una falta de respeto para cualquiera es que no pudiéramos negar ni a Dios, en general, ni al dios de cualquiera en particular… ¡Por Visnú! ¡Por Tutatis! ¡…y por Belenos…!
He repasado una y otra vez mis tabúes particulares. Recuerdo otro: jamás fui capaz de levantarle la mano a mi padre… ni ya de mayor. Ni habiendo justificación ni siendo en pura defensa propia. Tenía un bloqueo de tipo “robótico”, automático… que me lo impidió siempre. Mi hermano siguiente, sin embargo, no tuvo el más mínimo problema. Es más, ahora que ya somos mayores, se reafirma: lo volvería a hacer. Sin angustias. Sin remordimientos. Sin culpa alguna…
Tuve otro, hace ya bastantes años: los “cuernos”… A pesar de todos los pesares; a pesar de mi pésima situación conyugal; a pesar de mi maravillosa nueva relación; de lo maravillosa que era “la otra”… Llegado cierto punto, esa “raya” (como dice “la dama”) no pude sobrepasarla. Desde entonces mi autoestima tocó fondo: soy consciente de lo imbécil que soy y de mi profunda cobardía… Pero no pude. Sentí un bloqueo similar y no pude. Y os aseguro que ni era mi madre ni mi prima, sino una estupenda compañera de trabajo (¡típico! supongo…).
Con este último comentario de “Lem” me ha venido a la memoria lo que decían en el Liceo Francés de Madrid (hace más de 30 años) entre los compañeros de mis hermanos pequeños: “j’abusse parce que je suis plus grand que toi” (”yo abuso [de ti] porque soy más grande que tú”). Mucho Liceo, mucha democracia y Revolución Francesa… y resulta que era de lo más normal, propio y aceptado por todos en la cultura gala. Exactamente igual ocurría en la educación yanki (tuvimos amigos de esa parte del mundo): el hermano mayor abusaba (¡naturalmente!) de sus hermanos; el siguiente, de los demás… y así sucesivamente…
Habría que acabar con los tabúes, con cualquier tabú, sólo por eso mismo: por “sentirse” como “tabú”. No me parece compatible con los tiempos que corren ni con la “edad adulta” que deberíamos sentir nos encontramos en este comienzo del siglo XXI…
. Los preceptos religiosos, para los creyentes, para “sus” creyentes
. Las leyes, para todos, por eso mismo: por ser fruto de la democracia y la libertad.
. “Lo demás”, “todo” lo demás…, ¡que no! Que o se racionaliza, se “digiere” y se pone negro sobre blanco o ¡no!
La sociedad, la educación, la psicología, deberían ayudar en ese camino: liberarnos de cualquier tabú. El Poder, me da la impresión que siempre intentará “tirar” en sentido contrario: no existe maquinaria más engrasada que la del miedo (ya hemos hablado muchas veces de ello)… y los tabúes forman parte primordial de ellos y del Poder.
A nivel personal, los tabúes habría que tratarlos. Como si fueran (¿lo son?) puras enfermedades… ¿O no?
12 de Junio, 2009 - 9:53 pm
Acabo de leer tu último comentario “la dama”:
Creo que lo fundamental en la educación de los niños (te lo dice quien ni es educador ni padre siquiera…) es el respeto mutuo. La mayoría de las normas de cortesía, de funcionamiento de grupos y colectivos se basa, precisamente, en fomentar y mantener un alto nivel de respeto hacia el otro, los otros; sus ideas; sus derechos y mis deberes… Así de “fácil”. Así de sencillo. Eso, de inicio.
Y de la “justicia”, de su concepto básico, de su lógica y justificación. Como base racional de derechos y deberes.
Y del castigo: jamás como venganza, sino como compensación (siempre que se pueda), como recordatorio de que jamás mi beneficio puede hacerse en menoscabo del prójimo… de romper las reglas del juego…
Para mí, “obedecer”, sin más… es lo peor de lo peor… Sienta las bases de cualquier barbaridad… de joven y de adulto. Saberse imbricado en una sociedad, en la que todos tenemos unos derechos y unas obligaciones, unas normas de cortesía y de respeto hacia los demás… Derechos y obligaciones que nunca son impuestas sino consensuadas, racionales, libremente aceptadas por la mayoría. Cumplir esas normas, respetarlas, hacerlas cumplir, para mí, jamás sería “obedecer”. “Obedecer” me parece un verbo pasivo (contradicción donde las haya…). Ser social y sociable me parece de lo más activo y participativo… nunca algo pasivo.
Pero, supongo, que, en este momento, debo tener ganas de discutir…
13 de Junio, 2009 - 12:29 am
Hablas de consenso, mi querido Koldo. De derechos y obligaciones consensuados. Pero una vez establecidos, hay que cumplirlos, con lo que la famosa libertad se va al carajo. Si todos, en mayoría, juntos y con amor, hemos decidido algo, hay que mantenerlo. ¿Y que pasa con el que en un momento determinado siente que “eso” no va con él? ¿Y sí se salta a la torera los derechos y las obligaciones que tiene para sí y para los demás?
Y ahí es donde entra la responsabilidad, la libertad, la justicia, el respeto, la revolución, la insumidión, la semilla pequeñita y enorme a la vez de la discordia.
Respecto a los tabú, sigo pensando que son algo más que normas religiosas o sociales. Creo que están inscritas en lo más profundo de nuestra mente. Hace tiempo que no leo sobre ello y mi memoria dejó de ser gloriosa hace mucho tiempo. Y aunque varíen en las distintas culturas, la raíz es la misma: evitar que se cometan actos o trasgresión que no son beneficiosos ni para el individuo ni para la sociedad.
Debería buscar algún texto, pero me da pereza, que quereís que os diga…
Y yo también tengo un punto de incoherencia, cómo no. Os lo explico: siempre he creído que la escuela es el mejor lugar para “domesticar” a los individuos. Para hacerlos buenos ciudadanos, según el programa general, para que sean buenos borregos, manipulables y tranquilitos…
Es el sitio donde la inocencia y las ganas de vivir de un muchacho se van apagando lentamente, hasta conseguir hacer de él un adulto hastiado, aburrido y listo para el matadero.
Otra cosa es que yo, en mi pequeño reducto, intente deseperadamente hacer lo contrario. Y lo intento. Quiero, les obligo a que piensen, a que discutan, a que me rebatan. Dialogamos (con los mayores) y disfruto de sus teorías, tan ingenuas y a la vez tan naturales. Les hago pensar. Les abro las puertas, para que miren fuera con precaución, eso sí. Son demasiado pequeños para grandes filosofías…
Ando leyendo “El filosofó y el lobo”, de Mark Rowlands. Recomendable, curiosamente, para hablar luego de conceptos como el instinto, la educación, la “domesticación” y la convivencia en sociedad.
El lobo, la representación de la maldad, de la libertad, de la convivencia, un arquetipo perfecto en el cuento popular y un tabú más…
Por cierte, os recomiendo una visita a Guadalajara este fin de semana. Se celebra la maratón de los cuentos hasta el domingo que viene. Ininterrumpidamente, día y noche… Todo un festín para la vista y el oído.
Tal vez me veaís…, soy la bajita, canosa y despistada que anda por ahí…
Un besazo a todos y buen fin de semana.
13 de Junio, 2009 - 11:56 am
Indudablemente, los niños no deben jugar con los enchufes ni con los mecheros. Y en esto deben obedecer porque sí, y punto. La disciplina es fundamental para que los críos acepten que hay cosas que no se pueden hacer ni decir. Y hay cosas que hay que hacer aunque no te apetezcan. Este entrenamiento es indispensable para que comprendan que no se les va a dar todo hecho. Que es necesario esforzarse y entender que no se puede hacer todo lo que se quiere.
Porque para muchísimas cosas que merecen la pena en esta vida, hay que hacer un gran esfuerzo.
Pero hay que ser coherente con las normas. Y me parece que muchos padres confunden las normas básicas de comportamiento, con el deseo de ver actuar a sus hijos como ellos quieren. Como si fueran sus muñecos.
Y para empezar con el primer tabú, creo que muchos adultos disfrutan haciendo sufrir a los niños, y particularmente, por una cuestión de oportunidad, los padres: órdenes contradictorias, sentimientos de culpa, castigos innecesarios…
Algo que Koldo ha comentado de forma tan natural como que el fuerte abusa del que es más débil, creo que es la ley “natural” por la que se rigen las primeras relaciones sociales que vivimos en nuestra infancia. Y aunque con el tiempo, uno aprende a comportarse, sigue ahí, latente.
No respetamos al que es más débil, si acaso, lo toleramos.
Hubiera preferido un mundo en el que el hermano mayor, ayudara al pequeño.
13 de Junio, 2009 - 8:22 pm
Bla-bla-bla… pa-la-bre-rí-a… frente al planteamiento de controlar la voluntad de los hijos, una cuestión más presente en la sociedad de lo que pueda parecer, yo siempre me opuse al criterio intervencionista, opresivo, o coactivo y dejé que el día a día sean los que estimulen las prioridades de mis hijos. Esto que es una actitud más progresista se da de bruces con una sociedad monolítica y un estado mono pensante. De nada valen las teorías que jamás somos capaces de poner en práctica. La atracción y adoración por las ideas que somos incapaces de defender cuando ocupamos puestos de responsabilidad son en si mismas una desviación digna de una sesión de psiquiátrica.
Sr. Koldo, escriba cuanto le plazca, suelo ser un provocador, me gusta jugar, pero en ningún momento debe tenerme en cuenta, debe aprender a burlarme y escapar a las palabras. Haga lo que le plazca y tómese el tiempo que quiera. Un abrazo.
13 de Junio, 2009 - 9:32 pm
Creo saber lo que quieres decir, “la dama”; pero no estaría de acuerdo con que la educación es exclusiva del entorno familiar: creo que “educación” es, sobre todo, además de pura “enseñanza”, lo que se “mama” en las escuelas de todo el Mundo. También es “educación” lo que los propios niños, entre sí, van creando, edificando, haciendo cada vez más complejo y complicado… desde su “mundo propio”, entre juegos, discusiones y frustraciones… acabando finalmente “diluyéndose” con el “mundo real” que les espera (que siempre estuvo allí) ahí fuera…
Es verdad que “la calle” ya ha dejado de existir en las edades tempranas, las más importantes y socializantes de inicio. Y también es verdad que los padres pasan (iba a poner un adjetivo -en realidad, un adverbio-; pero por respeto a las paternidades ajenas y a que nunca fui padre… me muerdo la lengua)… Casi siempre por falta de tiempo o por agotamiento… o porque se creen con el derecho a dedicarse a sí mismos el tiempo que ellos estiman necesario… sin sopesar que sus hijos siempre tendrán un enorme déficit… que más tarde les pasará factura (a padres e hijos)…
La educación forma parte de la cultura. Cultura y Educación requieren enseñanza. Enseñanza por parte de todos. El gran fracaso se produce cuando se enseña -y se siguen- “preceptos” distintos en la escuela, en la casa y en la calle…Suponen el esfuerzo normal del aprendizaje… Y no, sobre todo, por torpeza mental… sino porque todo ese “andamiaje” suele siempre haberse edificado para impedirme “salirme con la mía”… y eso jode. Jode de pequeño. Jode de mayor. Y los “golfos apandadores” de todo el mundo aún siguen -y consiguen- salirse con la suya… ¿Por mala educación? ¡¿A que no?!
Lo del griego anciano seguro que no tendría nada que ver con esos “enseñantes” del corán o la cábala… con esos niños agitándose compulsivamente adelante y atrás repitiendo -una y otra vez- sus versículos… hasta el infinito. Seguro que tampoco se trataba de repetirles -una y otra vez- el “código de circulación” de aquella época. Me juego unas cañas a que de lo que se trataba era, con infinita paciencia, con infinito tiempo, con infinito cariño, enseñarles a pensar, a discutir, a buscar las verdades últimas, a esforzarse en todo ello, a dar prestigio y categoría a ese tipo de “elucubraciones”… a todos aquellos “elucubradores” que les habían precedido… Todos los que liberan y hacen grandes a las personas, los pueblos y las civilizaciones.
Yo fui el mayor de 5 hermanos, “Lem”. En mi colegio sólo estuve con mi hermano siguiente. Acabas de recordármelo: efectivamente, con relativa frecuencia, mi hermano me llamaba para defenderle de los abusos de cualquier otro, casi siempre, en el patio, durante el recreo… Pues acabas de recordarme la sensación nauseabunda que sentía cada vez que tenía que ejercer de “matón de discoteca”: siempre fui mucho más alto que los de mi edad y siempre se me dio muy bien el deporte y estuve en buena forma física… Cada vez que me llamaba, me hacía imponer sólo con la mera presencia física: no recuerdo haber pegado a nadie a instancias de mi hermano. Dudo que hubiera sido capaz. Sin embargo, sí me pasé gran parte de mi “tiempo” de recreo -casi, casi- “dejándome pegar”… para entendernos… por “asuntos propios” (casi siempre por no aguantar a los abusones… ni conmigo ni con otros)… normalmente, como digo, sin furia, sin dedicarme a fondo: lo principal no era la “destrucción física” del individuo, sino dejar sentadas las bases de que no tenía razón y de que ésta nunca se podría imponer por la fuerza o el miedo… (o eso creo recordar yo ahora… que a saber qué “historias” me estaré inventando a estas “alturas”… con más de 50 años y engañándome mis oxidadas meninges…)
Lo que sí recuerdo es haber ayudado a todos mis hermanos en los deberes, en explicarles cualquier cosa. Me gustaba mucho, porque me servía de “repaso” (así conseguía tener “fresca” toda la sabiduría universal…) y porque me daba cuenta de la dificultad que supone dar explicaciones, hacer que algo se entienda: sólo así te asombras de la cantidad de veces que das por sentadas o por buenas infinidad de conceptos… a los que no encuentras explicación… Y, por tanto, o se la encuentras finalmente (gran gozada, tipo Holmes) o no tienes más remedio que rechazar para siempre… A mis hermanos, a veces, les ponía algo “nerviosos”… Al final, ya todos algo mayores, solían salirse por la tangente con aquello de: “así no me lo han dado”… como dando a entender de que no les servía de mucho mis métodos o caminos para llegar a lo que me preguntaban… Aún así, nunca se quejaron. Todavía lo recuerdan todos con cariño y reconocimiento… Ahora que caigo: ¡¡qué bueno!! ¡Alguna vez serví a alguien para algo positivo! Esta noche dormiré más feliz…
La enseñanza, la educación… como queramos llamarlo… En cualquier caso, la “puesta a punto” de las mentes infantes, más en su aspecto emocional que racional, sobre todo, es una de las mayores responsabilidades. Para los padres y para la sociedad. Los traumas pueden ser indelebles y muchas veces incapacitantes.
Y ¡qué queréis que os diga! los tabúes siguen sin gustarme. Por más “vueltas” y justificación (tipo “enchufes eléctricos”) que quisiera buscar…
Esta tarde he visto un reportaje sobre los “radicales islámicos” indonesios que se cargaron a decenas de personas poniendo bombas en hoteles, etc. Se me heló la sangre en las venas: se les veía felices y satisfechos… Exactamente igual que esas bestias feroces, autoproclamadas “gudaris”, que son los etarras enjaulados en sus juicios…
Ése sí debería ser el auténtico tabú: el respeto a la vida humana. Sin más. Sin excepciones. Sin apoyos externos religiosos o nacionalistas. Y resulta que, no sólo no existe… es que, además, es motivo de exultante orgullo, son jaleados y animados por los “suyos”… sin ningún pudor…
Y el derecho a la salud… de todos.
Y el derecho a vivir en una casa… cualquier ser humano.
Y el de tener un trabajo.
Y el de acceder a una preparación laboral e intelectual.
Y…
Y…
…Y… aquí -milenio a milenio- sigue pareciendo “normal” que haya gente -aquí y ahora- que muera de violencia por guerras, por hambre, por enfermedad…
Estoy con “la dama” en lo de que tendrían que haber algunos tabúes… Pero no, precisamente, para los abusos sexuales (las leyes, por fortuna, ya los tienen bien definidos)… ¿Cómo puede cualquier educador explicar esto a los niños? ¿Qué estómago es capaz de dar por “normal” esta asombrosa, injusta, angustiosa y universal situación?
¿Cambiamos los tabúes? ¿Por qué no instituimos -desde ya- otros nuevos? ¿Por qué no los Derechos Humanos? ¿O los derechos del niño?
¿Y por qué no nos importan lo más mínimo…?
13 de Junio, 2009 - 9:54 pm
¿De qué sirven las leyes, Kolod, si no se cumplen? Hace poco oía a un joven padre decir que había que endurecer las leyes para cietas cosas. Despues dijo que en el carnet por puntos los gusrdias debían ser más flexibles (es camionero) ¡Curioso! Para lo que no me gusta, mano dura; para lo que me afecta, flexibilidad…
¿De que sirven las declaraciones universales si ningún país las aplica?
¿De que sirve el estado si deja a sus ciudadanos en el desamparo total cuando vienen mal dadas?
¿De qué sirve darse contra un muro?
He oído que la piel del hombre no ha cambiado desde los filósofos griegos. Estaban hablando de Esopo y sus fábulas. Y comentaban que la esencia del hombre no ha cambiado ni un ápice desde entonces. Que las aberraciones y las maravillas que puede producir ya se han producido y se olveran a realizar.
Si es lo que siempre he dicho. Somos inamovibles en lo esencial: seres desconcertados por nuestra propia inteligencia, intentando entender el mundo sin llegar jamás a entendernos nosotros.
……
Y disiento profundamente de los postulados de Adolfo. Es más, creo que es una provocación dialéctica, para picar a Koldo y hacerle hablar, lo que agradezco infinitamente…
No me seas cafre, Adolfo. Que el anarquismo es la más hermosa de las utopias ya lo sé. Pero también es la más imposible de alcanzar. (Con todo mi cariño, ya sabes…)
13 de Junio, 2009 - 11:46 pm
Has puesto el dedo en la llaga, “la dama”:
. Como no se cumplen… ¿para qué las leyes?
. Como las naciones no las aplican… ¿para qué las declaraciones universales?
… ¡Volvamos a la selva, pues! ¡Que se cumplan -esas, sí: siempre- las “leyes naturales! (”La Ley de la Selva”, por tanto) Que el que tenga la estaca más grande acojone a placer y según su “docto” criterio.
Eso sí: “el anarquismo es la más hermosa de las utopías”
¡¿En qué quedamos?! El anarquismo es utopía; pero el Estado de Derecho… ¿también? ¡Ah! ¡Eso sí! Lo “más hermoso” nunca sería el Estado de Derecho, La Humanidad de Derecho… Lo más hermoso sería el anarquismo… ¡¡¡Ahí es ná…!!!
Lo más hermoso es que cada cual hiciera lo que le diera la gana… (¿qué bien suena, verdad?)… Pero, cuando “choco” con el otro, con lo que le da la gana al otro… ¿entonces, qué? ¡¿A la mierda la anarquía, entonces?! ¡Claro! Porque habría que volver a la “represión”… Siempre pensé (para ser más exactos, tras una sesuda disgestión de marxismos, en general, pasados los 15 ó 17 años…) que el anarquismo era el egoísmo institucionalizado. Nunca encontré cabida racional en que grupos grandes, enormes, de personas pudieran gestionarse entre ellos sin egoísmos: el ser humano es egoísta por naturaleza… Por tanto el anarquismo era el egoísmo institucionalizado. Si hay derechos es porque hay deberes. Ambos acaban siempre encontrándose. La anarquía nunca resolvería ningún conflicto… Pero, vamos, que no soy ningún filósofo ni sociólogo ni politólogo ni historiador ni…
Te ha salido del alma, “la dama”; como a mí mismo muchas veces… como a casi todo el mundo… Pero en eso consistiría la verdadera educación, los auténticos tabúes: que “salte”, automáticamente, como si de un buen y auténtico “resorte” se tratara, y anulara ese tipo de “inercias”… fruto de la mala educación… Porque quien así piensa, cuando así piensa, se encuentra en “zona errónea”; debe corregirse, debe volver a la “cara luminosa” y auténtica de lo que debe ser una de las primordiales razones de ser y de existir de cualquier ser humano: convertir en auténticos “tabúes” que otros seres humanos lo estén pasando tan mal… y aquí mismo; en la parada del autobús, en esas chabolas que se ven cuando vamos al Carrefour de la carretera…
…Que nos diera asco… hasta tal punto… que nos hiciera vomitar…
Por cierto, “la dama”, perdona que te lo pregunte tan directamente: ¿tú votaste la semana pasada? Porque, ¿pa qué…?
La ilusión por la utopía es la que nos hace sentir aún imbécilmente jóvenes… La juventud es, precisamente, eso: la imbecilidad de pensar que todo pueda cambiar… algún día. Eso sí, con el esfuerzo mantenido de todos… todo el tiempo… La utopía es, precisamente, lo contrario del tabú.
Vamos, que ya tenemos un buen eslogan para esta última entrada de Muiño: “contra el tabú, la utopía”.
14 de Junio, 2009 - 12:24 am
¿Acaso, Koldo, no estámos ya en la selva? ¿Crees que alguna vez hemos salido de ella?
No sé en que herida he metido el dedo, pero no era mi intención. En serio.
Pero el estado de derecho (no sé como entiendes éste término, ni siquiera sé como lo entiendo yo) sigue siendo un sistema político. No es el peor de todos, desde luego, pero es mejor que muchos otros.
Las leyes las hacemos para poder gobernarnos y vivir en sociedad, ¿no? Pero hecha la ley, hecha la trampa ¿sí?
Y, si nadie me demuestra lo contrario, la ley del más fuerte es la que impera. A todos los niveles y en todas las facetas de la vida.
Otra cosa es que en algunos lugares los débiles se sientan protegidos por las leyes, que para eso se han hecho.
Pero, dime Koldo, ¿se puede vivir de sueños?
Personalmente me gusta la anarquía, pero no estamos preparados para ella. Aún no hemos crecido lo suficiente. Seguimos sin saber manejar nuestra libertad, sin saber controlar nuestros límites.
Ya sé, ya sé, esto suena a retrogada, conformista, o a algo peor. Pero no es así.
Creo que ya derrapo, lo dejo para mañana…
14 de Junio, 2009 - 1:55 pm
“El gobierno del pueblo por el pueblo” ¿No era ésa la definición de “democracia”?
¿Qué mayor democracia, pues, que el gobierno asambleario? Que todos se reúnan y todos decidieran, en cada momento, lo que hubiera que hacer… Bastante difícil, en la práctica, ¿no? Además, lo justo para muchos siempre podría suponer una injusticia para mí…
¿Dónde c__o quedaría, pues, la anarquía?
Que a todos nos gusta -y nos gustaría- hacer lo que en cada momento nos diera la gana ¡Pues vaya descubrimiento! Hasta el mismísimo Muiño, muchísimo antes de haber empezado su carrera de Psicología, tengo la impresión, ya habría llegado a ese “conocimiento”…
Luchar y esforzarse por un “sueño”, por algo en lo que creemos; no ser conformista ni pesimista ni fatalista; intentar por todos los medios y con todas tus fuerzas que ese tipo de “utopías” se conviertan en “realidades”… ¿En qué consistiría -si no- la educación de nuestros hijos?
Me da la impresión de que, ahora, se trataría, más bien, de conseguir (como papá) que me resulte “gratis” medrar en la vida… a base de pelotazos, abusos de poder y vivir del cuento… y a costa de todo y de todos.
En los EE.UU. recuerdo que existe un tabú de lo más solemne: “no mentir”. Por eso se van a hacer puñetas políticos. Por eso les resulta “contra natura” copiar en un examen (por ejemplo). Es la mentalidad del esfuerzo y de la superación personal gracias a él… Enseguida les produce náusea… no lo pueden evitar.
¿Por qué no conseguir que nos resulte -orgánicamente- nauseabundo el abuso… “todo” abuso? ¿Por qué no re-elaborar los tabúes, de modo que nos “sirvieran” mucho más a este tipo de “objetivos”…?
14 de Junio, 2009 - 9:05 pm
Para todos, especialmente, los que ejercéis la docencia, una sugerencia que me acabo de encontrar:
http://www.canalsolidario.org/noticia/el-activismo-tambien-se-aprende-en-la-escuela/11219
Participación en las escuelas; Derechos Humanos; Amnistía Internacional… ¿No os suena estupendamente?
15 de Junio, 2009 - 2:48 pm
Para aclarar conceptos, según como lo veo yo, claro:
- La anarquía, es la única dirección posible de cualquier sistema político, porque,
La ausencia de leyes externas evita el abuso de poder de un individuo sobre otro. Pero para que esto se dé, se tiene que extender ese concepto tan extraño para muchos como es “la autocensura”.
Para poner un ejemplo más claro. Leí hace poco que Singapur tiene una legislación dura contra lo que podíamos llamar anticivismo. Multan (mucho) por tirar basura en la calle: chicle, cigarrillos, papeles…
Pero las autoridades tienen claro que esta es sólo una situación temporal. Están educando a los niños para que entiendan que no deben ensuciar la calle. Entonces no harán falta ni la ley ni la multa. Será algo natural en ellos.
Quiero decir, que el anarquismo tiene su base en el respeto mutuo, y probablemente, por eso, será uno de los sistemas más restrictivos del mundo (a pesar de que la gente lo confunde con un vivelavirgen continuo).
Las leyes son paternalistas. Como las normas que se les ponen a los niños. Llega un día en que a un niño no hace falta que le digas que tiene que poner la mesa, o hacer su cama. Es su cama y la hará. Es parte de la maduración adquirir responsabilidad.
Pero en general, la humanidad ahora mismo, me parece de todo menos madura y responsable.
Bueno, eso en cuanto al anarquismo (que me toca el corazoncito).
En cuanto a tabús (¿tabúes?) me gustaría que opinárais sobre la sexualidad infantil. Hace poco, conversando con un grupo de gente variopinto, veían mucho peor (muchísimo) las relaciones sexuales entre adolescentes que el bullying.
Me sorprendió. Pero no tanto como la psudonoticia que vi en el telediario, de un tío que abogaba por la educación con segregación de sexos, como antaño.
¿Me lo parece a mí, o vamos cuesta bajo?
15 de Junio, 2009 - 7:46 pm
Hace muy poco leí en la Prensa la “lista” de actos o hechos o situaciones -sexuales, fundamentalmente-, ordenados por la edad permisible…
Me llamó muchísimo la atención que no era ilegal (eran, por tanto, legalmente posibles) las relaciones sexuales con adultos… para niños (o niñas) ¡de 13 años! También habían otras edades muy tempranas (inferiores a la “mayoría de edad”, a los 18 años) para contraer matrimonio y otros temas similares.
Me provocó una angustia y una impotencia muy extraña… Podría entender perfectamente (todos, sin excepción, hemos partido de “0″) relaciones “sexuales” entre menores de edad… (lo entrecomillo, porque ignoro si ese significado sería el mismo -a esas edades- que para adultos). No dejaría de ser nunca un descubrimiento, un aprendizaje, una búsqueda del otro, una “pirotecnia” de lo que los sentimientos y el amor pueden suponer ya a esas edades…
Pero ¿con adultos…? Me dio muy mala espina. Los legisladores, los jurisconsultos, suelen tener poderosas razones (o eso creo) para llegar a este tipo de “conclusiones”; pero no acabo de “ver” el “beneficio psicológico” que pudiera tener para un niño o niña de 13 años una relación que llegara hasta ese punto… Al adulto, no hace falta demasiada imaginación: los viajes a Tailandia están abarrotados…
El “bulling”, “Lem”, es una cabronada. Por muchísimos motivos: el daño que se provoca a la víctima; el pleno conocimiento que de ello tienen los abusadores; el deseo de “destrucción total” que se pretende para la víctima; el aprendizaje que supone para víctima, verdugos y “espectadores” todo ese lamentable y cobarde espectáculo… ¡Para qué insistir o extenderme…!
Siempre habrá -hay- un colectivo (bastante mediático, por cierto) que verá todo lo que sea sexo, embarazo, profilaxis, aborto… siempre como “lo mismo”. Fundamentalmente, entre seguidores religiosos (no incido más). El sexo: sólo entre hombre y mujer; sólo antes del matrimonio; sólo para procrear… ¿Más pistas…? ¿Profilaxis?: abstinencia o celibato.
Así que ¿cómo podría extrañarnos que les pareciera peor el “bulling”? Pues la misma extrañeza -el mismo escándalo- que a cualquier persona racional pueda provocar la prohibición del condón… o el asesinato de un médico abortista…
Éste es un “blog” de psicoterapia… así que, “cogido por los pelos”, supongo que cualquier “desfogue” nuestro “vale como animal de compañía”… Lo digo porque la política no parecería muy apropiada aquí, “Lem” y “la dama”… Pero, abusando de nuestras ganas de discusión (¡bendita discusión! no me hartaré nunca de decirlo…), sigo sin entender lo de la anarquía… y menos en “aldeas globales” de (creo) 8.000 millones de seres humanos… ¿No os suena de nada el conocido refrán “a río revuelto, ganancia de pescadores”…?
No sé si en “eso” consiste “madurar” o la “vejez” o ¡vaya usted a saber! Al “nacer” a la Filosofía, la Hª de la Filosofía, todo son “filosofías”… Se van sucediento a lo largo de la geografía y de los muchos siglos que la Humanidad lleva destruyendo este Planeta. (”¡Qué interesante es ésta: me apunto!” “Pues ésta, ahora, está mejor… me gusta más”… etc.) Curiosamente, muchas de ellas son “redivivas”, repeticiones con ligeras o ninguna modificación sobre otras de hace mucho tiempo… o en del otro extremo del mundo…
Lo digo porque, a mí, las “filosofías” hace ya muchos años que no me interesan lo más mínimo. Es más, me parece que son extremadamente peligrosas: como “concepto” y como “guía” e imán para las masas… (Yo me entiendo)
La “verdadera” filosofía, en estos temas y en estos días, sería la del estudio en profundidad del ser humano: de su comportamiento, de sus sentimientos, de sus necesidades… Lo demás, seguir todavía en el famoso “siglo V de Pericles” (A.C.): que sí, que muy extraordinario para el intelecto y la Humanidad y todo eso… Pero es que no podemos seguir “ahí”. Estamos en el XXI (D.C.). Tenemos, por primera vez, la posibilidad de estudiar al ser humano (a la Naturaleza, en general) en sus auténticas “causas” y “efectos”. Es verdad que la “naturaleza humana” sigue siendo la misma; pero dejemos de una vez a las “filosofías” (religiones incluidas) y pasemos (procurando no “implicarnos” demasiado en cuanto a emociones o sentimientos arquetípicos o ancestrales) al análisis real de los problemas y proponer soluciones. Como auténticos “profesionales”. Eso es: ya no deberíamos seguir en el campo “amateur” del que “filosofa”… que el anarquismo sería cojonudo… pero no estamos preparados… es que nosotros -aún- no somos lo suficientemente estupendos…
No sé si mesentiende: Ya no se trataría de “inventar” o retomar teorías (políticas, psiquiátricas, sociológicas o psicológicas)… y a ver quién “gana”… Eso ya viene sucediendo. Y hemos aprendido mucho ¿o no hacemos otra cosa que repetir los mismos errores…?
Cualquiera de nosotros podríamos opinar sobre infinidad de temas psicológicos. Incluso muchos estaríamos muy acertados (a veces) o con mayor o menor frecuencia… Pero ¿no serían Muiño y “los suyos” los profesionales…? Pues igual que en medicina o en cualquier ámbito…
Pues lo mismo: creo que ya está bien (ya ha estado bien) de tanta teoría, filosofía o religión… De lo que ahora se trata es de estudiar, conocer cómo funcionamos, qué nos pasa por la cabeza (y los genitales) e ir desechando tonterías y aplicando soluciones…
¡¡¡Que gilipollez, es verdad!!! Pero es que este calor y los chorros de sudor que me están cosquilleando los costados… debe ser que eso es lo que producen…
Lo que quiero decir es que hay que intentar ser prácticos (relación coste / resultados); no buscar nunca “justificaciones” del tipo de que esta filosofía o esta religión -como es la mía- es la mejor del mundo mundial y todos los demás están equivocados… y que no es que yo la haya inventado… es que “me he apuntado” a ella (los famosos “balones fuera” del que evita responsabilidades…). Vamos, que democracia, discusión, respeto, protección y apoyo al desfavorecido, igualdad de oportunidades… “Mínimos” universales de alimentación, educación, vivienda, sanidad… Imposibilidad del abuso de poder…
Eso es lo que tendrían que “mamar” nuestros peques de todo el Mundo.
¡Venga, va! ¡Estoy de acuerdo! La anarquía es lo mejor del mundo mundial… ¿Contentos? ¿Y ahora, qué? ¿A cada uno según sus necesidades o a cada uno según sus méritos? Seguimos igual…
(No he querido entrar “al trapo” -”Lem”- ni entrecomillar lo que ponías sobre que la falta de leyes evitaría el abuso de poder… Es verdad que las leyes, desde que se inventaron, lo hicieron, en principio, para sustentar al Poder y su abuso… Pero creo que ya ha llovido bastante… ¿o no?)
18 de Junio, 2009 - 5:43 pm
¿Quien me pasa un gramito de poder?
El peligro del poder como camino a la trascendencia está, al igual que en el caso de la vía química, en que el mercado está saturado de tabúes y de producto adulterado: hay que tomarlo sin adulterar. Y al igual que con las drogas, hay quien le sienta bien y quien le sienta mal.
21 de Junio, 2009 - 1:32 am
pero…se trata de que los miedos es lo que mantiene controlado y en orden a la ciudadanía.
tenemos a los curas para que nos dosifiquen a Dios y cuants esnifadas podemos darnos de ´´´´´´EL cada semana.
tenemos a los políticos para meternos miedo en el cuerpo de que va a ser mucho peor quien venga después.
tenemos a los médicos (desencluimos a los loqueros), para convencernos de que el diablo está en el virus, ya sea de tipo A, b ó Z.
y yo…claro…que quiero meteros miedo contra todos estos y acojonaros ante el orden establecido…
LUZ para los valientes ante su propia sombra.
21 de Junio, 2009 - 1:43 am
por cierto…
¿quién inventó el miedo al sexo?
claro que se dice que solo se tiene miedo a lo desconocido…
…entonces…¡¡hagamos del sexo un buen conocido !!
y por lo de votar o no…ya quien votar o no….
…¿no creen que el pueblo tiene lo que necesita en cada momento?
si…pues cuando hemos necesitado aprender hemos aprendido con sangre y fosas comunes, cuando hemos tenido que trabajar, hemos trabajado en alemani, cuba o venezuela…y ahora que hemos de compartir y repartir, hacemos nuestras mesas de comedor con las tablas de las pateras que tiran al vertedero…
y todo esto votando por europa, eeuu, o por el alcalde que mira con ojos de sapo…
¿no será que el miedo y el amor salen de la misma fábrica?
LUZ…para los corazones superproductivos.
22 de Junio, 2009 - 2:35 pm
H@la,
Y también mucha Luz para tí Zakul. Como siempre un placer leerte.
Bsos,
22 de Junio, 2009 - 7:39 pm
sexo ilicito, conflicto de atraccion- evitacion.
doblega tus pasiones o de otra manera las pasiones te doblegarán…
duermo con dificultad.
espero vuestros comentarios
23 de Junio, 2009 - 12:58 am
Uyss… el tema de la educación, de eso discutimos un amigo mío y yo recientemente, constructivamente eso sí, aunque cada uno tenía su punto de vista.
Yo era algo más idealista postulando aquello de reforzar conductas positivas y razonando el por qué de hacer o no hacer ciertas cosas, etc… sí, la teoría es muy bonita, por eso siempre tiendo a teorizar, la práctica es otra historia.
Según él, y aquí ya entraba el tema de los valores morales y de qué o quién se ha erigido en guía de estos en nuestra sociedad y de que, bien mirado, una cultura del miedo a veces no viene mal. Si a él no le hizo mal, a sus descendientes no tiene por qué hacerselo; es más, unas dosis de miedo y de temor (en mayor o menor medida) al consiguiente castigo pueden tener su efecto positivo.
No sé, personalmente pienso que podría haber crecido más y mejor si me hubieran quitado de encima ciertos miedos o temores irracionales y estandarizados en años pasados. Pero es sólo una opinión…
Bsos Luis!!
23 de Junio, 2009 - 10:07 am
Respecto a los miedos heredados, me pasó algo el otro día que creo que viene al caso. Un crío andaba jugando en el parque cuando un perrillo, aún cachorro, se acercó a jugar. El niño salió corriendo aterrado, gritando ¡un perro! ¡un perro! El perrillo corría detrás, claro, hasta que el padre salió disparado al rescate y sujetó al animal, mientras el crío seguía hasta llegar a su madre. Hasta ahí, normal. Pero la reacción de los padres fue la indignación, los gritos y la bronca a la persona dueña del perro.
Joder, pensé, qué oportunidad perdida para coger al perro, coger al niño, y “presentarlos”. Hacerle ver que es pequeño, como él, y que sólo quería jugar. Independientemente de que te parezca bien o mal que esté suelto. Eso también se puede decir de otra manera.
La conclusión fue que de ahí salieron unos padres ofendidos, un dueño de perro enfadado, y un crío lloroso que difícilmente superará su aversión a los perros.
De esto último dudo mucho que los padres se den cuenta.