MIEDO ME DAS

Allá por mediados del siglo XIX, en Normandía, un individuo de cuarenta años llamado Félix Thorel interpuso una demanda contra el sacerdote local. 
Thorel decía que éste le había acusado de brujería.  Y el párroco se vio obligado a explicar ante el tribunal las razones que le habían llevado a acusar a su vecino.

Según el sacerdote, Thorel tocó a dos niños y los muchachos quedaron endomoniados.  El 26 de Noviembre de 1850 comenzaron a oírse ruidos en el suelo de madera de su cuarto de estudio. La intensidad fue aumentando y, al final, los sonidos se convirtieron en ensordecedores. Además, las mesas se movían, las tenazas y las palas de la chimenea saltaban y luego volvían a ponerse en su sitio, las puertas se cerraban y se abrían. Así hasta que el cura acusó a nuestro protagonista de brujo. 
La disputa entre estos dos hombres continuó durante años y es un perfecto ejemplo de la necesidad que tienen ciertos individuos de una reputación que cause temor. Según las actas judiciales, Thorel ejecutaba alguno de sus trucos cada vez que el sacerdote dejaba de acusarle. Nuestro protagonista quería ser considerado un brujo y no cejó en su empeño hasta conseguirlo: afirmó haber endemoniado personas, matado animales y destruido cosechas. Al final, acabó con el sacerdote en los tribunales. El veredicto fue la absolución de éste (el jurado llegó a la conclusión de que no era delito acusar de brujo a alguien que lo era). Es de suponer que la sentencia puso muy contento a Thorel, que pudo seguir manteniendo su fama y amedrentando a sus enemigos.
 
Dayvid Llmon.jpg

Todos los seres humanos trabajamos activamente por controlar la reputación que tenemos.
Hay personas que cuidan sus palabras y sus actos para parecer buenas personas.  Hay otras que buscan resultar atractivas.  Hay quién cuida el morbo y la diferencia, hay quién quiere pasar desapercibido…  Y siempre ha habido y seguirá habiendo personas que quieren resultar poderosas.
En la época de Félix Thorel, la magia era una forma de dominio.  Hoy en día hay otras maneras de conseguir estatus, pero la reputación sigue siendo igual de importante.
Y, como ocurría en aquellos tiempos, la forma más eficaz de manipular la propia imagen es dar miedo. La diferencia es que, en nuestros tiempos, historias como las de Thorel solo nos sirven para echar unas risas.
Pero hay otros cuentos con los que algunos intentan amedrentarnos.
Y a veces funcionan.

 

32 comentarios sobre “MIEDO ME DAS”

  1. luis muiño dijo:

    La fotografía es Dayvid LeMmon, un fotógrafo estadounidense que sabe crear esos ambientes oscuros con los que les gusta jugar a los que nos quieren trasmitir miedo.

    El viernes 22 de Mayo hablo de estos temas en el Club Foro 7  de Marbella (http://www.clubforo7.es) La conferencia se titula “Enfermos de miedo” y quiero hablar de cómo los traficantes de miedo nos intentan inundar de temores que nos pueden paralizar vitalmente y de cómo, hoy en día, se puede luchar contra ellos.

    Si os apetece leer sobre estos temas, esta vez me recomiendo a mí mismo: escribí “Perder el miedo al miedo” (ed. Espasa) con la intención de exorcizar muchos de estos fantasmas…

  2. Adolfo-DENAVEGANTES dijo:

    Trataré de ser breve por si se escapa una colleja. Los miedos se construyen a modo de capas intelectuales. Así en función del nivel social, lo que cause el miedo será una cosa u otra. También en la medida que la sociedad avanza conceptualmente, los miedos desaparecen, cambian o se adaptan. Pero forma parte de la condición humana el sentir temor. Ya de por si es bastante complicado entender para que se ha montado todo este tinglado y si acaso somos muy diferentes de otras especies y para qué. Por eso hay profesionales del miedo, porque da rentas y porque así se sustentan roles. Creo que el temor siempre lo promueve el poder, sea quien sea quien lo ostente. Nuestra inteligencia adaptativa será la que busque liberarse del peso de esas sombras en un constante pugilato en el que se enfrenten el sentido común y el peor de los sentidos, la ignorancia. Saludos.

  3. Mari-Dulce dijo:

    No sé si os ha pasado alguna vez, a mí nunca, hasta ahora, pero ayer, a las 21 horas, 11 minutos, 39 segundos y 43 milésimas, descubrí que yo, de fábrica, no era miedosa, para nada. Para quien no esté al tanto de mis ególatras cuitas, llevo tiempo haciendo viajes astrales a mi infancia, para distinguir entre lo que soy de verdad y en lo que me han convertido, pues bien, yo, de pequeña, no tenía miedo a la oscuridad, ni a los monstruos, ni a estar solita un ratito, ni a perderme (servidora, a los cuatro años, leía que daba gloria, y recuerdo que le decía a mi madre, La Coleccionista de Miedos, que no se preocupara por si nos perdíamos, que yo leía los carteles y las señales, y llegábamos, fijo).

    La cosa se empezó a torcer cuando empezaron a darme a entender que yo no podía permitirme el lujo de sentir miedo, porque mi obligación, comprobadas mis capacidades innatas, era ayudar a otras personas, a una en concreto, a protegerlas de sus innumerables, incontables, miedos, inseguridades, enfermedades, cuitas, apocamientos y todo el listado.

    Más o menos lo tuve claro un día en concreto (anoté la fecha y la hora exacta, pero se me perdió la libreta) Porque un miedo sí que tengo: a las alturas, pero supongo que por una tontería mía, que a los dos años me caí de un balcón. Pues sí, me metí entre los barrotes (a explorar mundo, imagino) sin miedo ni ná, y, ¡zas!, al suelo. ¿Sabéis qué fue lo peor que me pasó? Que me mordí la lengua (captad la ironía) y me faltó un cachitirrinín de ná para cortármela de cuajo, se me quedó colgando por un insignificante trocillo de carne. ¿Asustá con la experiencia? Pues dice mi madre que cuando me desperté, ya no sé de qué, si de la anestesia, de sedantes, o de qué, me puse a charlotear alegremente y a comentar, como si tal cosa, que, “mama, m´he caío del balcón de la Trini (la vecina)”, y, por lo visto, el médico comentó que “¡madre mía, si esta niña se queda sin lengua, peor que si la matamos!”.

    Vale, ¿no?, pero resulta que verse caer al vacío no debe ser una cosa agradable, digo yo, porque la verdad es que, conscientemente, no me acuerdo, o me acuerdo a modo de vértigo. Bien, a lo que iba, que los toboganes no me ponían, y digo yo que sería por el pequeño incidente sin importancia. Pues mamá un día se empeñó en que me subiera a uno, ¡empeñaíta!, y yo, con toda mi buena voluntad, pues lo intenté, para contentar a mami, la historia de mi vida…¡y no pude, o sea, yo subí las escaleras, y cuando vi la pendiente aquella…! ¡Leches! Pues tuve que contemplar a mami…llorando, ¡un disgusto, la mujer, y tó por mi culpa!

    O sea, yo, a echar a un lao mis propios miedos, los poco que tuviera, y perfectamente justificados, porque tenía que hacer hueco para tragarme los miedos, casi todos injustificados, de mami.

    Moraleja: Permitíos el grandísimo lujo de sentir miedo si tenéis alguna razón para sentirlo, si alguien os puede y os quiere ayudar a superarlo, de puturrú; si tenéis que hacerlo solos, que no estáis para nadie, especialmente para quienes tienen los santos huevos o los santos ovarios de dejaros solitos con el miedo y únicamente esperan que se te pase la tontería para seguir usándote; y si decepcionáis a alguien por ser unos miedicas, le hacéis un corte de mangas tal que asín, y un poquirritín de miedo se os larga a paseo, que es justamente lo que me pasó a mí ayer

    (He sido todo lo concisa que he podido, para no perturbar a Pipino el Breve).

  4. Lonicera etrusca dijo:

    jajaj largo pero muy bueno Mari-Dulce

    ese poder social que proporciona dar miedo es la raíz de la violencia en la mayoría de sus manifestaciones, y es difícil no tener miedo cuando amenazan tu integridad…
    A veces enfrentarse al miedo es imposible sin huir o sin convertirse en martir.

    Creo que al final quien no tiene escrupulos para usar el miedo para controlarnos siempre termina ganando de alguna forma…

  5. Adolfo-DENAVEGANTES dijo:

    Oye de Pipino el Breve nada. Jajaja. Saludos.

  6. Koldo dijo:

    Pues, por fortuna para todos vosotros, mesaesforziaooo todo lo que os tenía aquí aportao… gracias a que mi “milenium” (supongo que como yo mismo) está ya muy mayor…
    Lo que primero que decía es que “Pipino el Breve, hijo de Carlos Martel (el vencedor de los árabes en Poitiers)”… tal y como aún soy capaz de recordar de mi bachillerato ya lejanísimo… Y que animaba a “Mª-Dulce” a no cortarse un pelo y a que se expresara como le diera la gana… Que tenemos todos -hasta yo mismo- un cursor que permite leer sólo aquello que se desea… ¡y ya está…!

    Y, por otro lado (os resumo), que el “negocio” de Thorel era el mismo que el del cura… Lo único que aquél era “brujo” y éste “ministro del Señor”… Que, en cualquier caso, poco miedo sería nunca el que pudiera provocar Thorel… comparado con la eternidad del infierno que el cura (de entonces) y el Papa (de ahora) pueden afligir a millones de “fieles”, sólo por el hecho de usar un condón (aunque el SIDA y otras enfermedades de transmisión sexual provochen miles de muertes), abortar (aunque sea una niña con peligro de muerte por el embarazo) o disfrutar intercambiando fluidos con otros semejantes… del mismo sexo.

    Que, aunque me parezca “injusto”, el Código de Napoleón de entonces no veía delito ni en lo uno ni en lo otro (ser brujo o hechicero).

    Que el miedo es la forma más inteligente (provocarlo, para ser más exactos) para conseguir dominio o poder sobre los demás… sobre todo (la única forma, en realidad) si uno está en inferioridad de número o de fuerza física… O, simplemente, para defenderse. Que esa capacidad va siempre unida a la inteligencia. Que me admira siempre mucho más la inteligencia que la fuerza… Aunque se le diera un uso espurio, injusto o criminal…

    Que, posiblemente, la fuerza sólo provoque destrucción y muerte… Mientras que el poder del miedo (al menos, de entrada) los evita o minimiza…

    Que admiraba a Thorel, por haberse atrevido a competir con el cura de su pueblo… y haberle ganado. Aunque me repugnen ambos individuos en toda la profundidad que el alma -de existir- pudiera soportar.

    Y, por otro lado, ya fuera de brujos, curas y miedos por el Poder… Que la fama y el buen nombre, a título personal (conseguirla, mantenerla, perderla…) es muy semejante a la que se da también como empresas, barrios, ciudades, países y otros colectivos: también se manipulan, se crean y se destruyen. Que, en ambos casos, cuesta mucho trabajo y que, incluso (como ocurre claramente con las marcas) tienen un valor de mercado (las personas, en aspectos de todo tipo, incluido el mercantil, también).

    …Y que, por mi larga experiencia laboral (+1/3 siglo) no puedo evitar la náusea de tener presente a esa categoría personal de “compañeros” que han tenido la habilidad y la inteligencia de crearse y acompañarse siempre de un “halo” por el cual aparentan mucho y muy bueno y consiguen siempre tener(los) a todos engañaooossss… Cuando, en realidad, son auténticos “parásitos” que consiguen trabajar poco y mal… ¡¡Y nunca pasa nada…!!

    En realidad es pura envidia: mira que ha habido veces que lo he intentado… pero no sabo… nomesale… Está claro que sólo sirvo para trabajar… y nunca lo suficiente ni lo suficientemente bien… Sin perder nunca “mi tiempo” en ese tipo de “cuestiones”… a la postre tan vitales en todos los entornos laborales…

    La verdad es que la vida, las personas… sólo somos pura apariencia… Incluso a nuestro pesar. Incluso para nosotros mismos… que los psicólogos saben mucho de eso, por cierto…

    Bueno, pues ya ha aparecido “Koldo”… Ya podéis ir bajando el cursor… A ver ahora qué se le ocurrirá a quién…

  7. La dama dijo:

    Pues se me ocurren muchas cosas, pero no tengo tiempo…
    Bien por Puipino, la Mari y el Koldo… una delicia leeros después del dçia que he tenido… Gracias a todos y al jefe, que no da miedo, sino ganas de leerle. Todo caerá. ¡Ah, no soy nada miedosa, pero me tienen hasta las narices los profesionales del miedo…!

  8. La dama dijo:

    Perdón por las prisas… y las faltas.
    Y esta vez pensé que eran una imágen y no una foto…¡Hay que jorobarse con el arte…!

  9. pau dijo:

    A veces me pregunto cuántos de nosotros podemos considerarnos normales, otras lo que podemos considerar normalidad, y otras sobre la diferencia entre lógica y normalidad.
    ¿Qué es ser normal?
    ¿Dónde empieza la normalidad y dónde la lógica?
    ¿Quién puede sentirse o ser considerado capaz de discernir sobre este problema?

  10. Mari-Dulce dijo:

    Tengo miedo de verte
    necesidad de verte
    esperanza de verte
    desazones de verte.
    Tengo ganas de hallarte
    preocupación de hallarte
    pobres dudas de hallarte.
    Tengo urgencia de oirte
    alegría de oirte
    y temores de oirte.
    O sea
    resumiendo
    estoy jodido
    y radiante
    quizá más lo primero
    que lo segundo
    y también viceversa.

    Mario Benedetti (como una chota)

  11. UB dijo:

    Adolfo soy tu superfán(s). Fírmame en el muslo por lo menos.

  12. Koldo dijo:

    ¿Tienes miedo de vivir AQUÍ y AHORA? Pues a eso has venido a este mundo. Y tengo que recordarte, cabecita con 8 hemisferios cerebrales, que “estás aquí y ahora”, como dicen los gurús en la India.
    ¿He venido aquí y ahora a vivir y voy a tener que vivir con el culo cagao?
    Devuélveles su miedo a quienes te lo quieran vender, dar, regalar o ponerlo en el salón de tu casa… y, amablemente, les dices que no te interesa su producto; que se han equivocado de calle…
    Que los culos cagaos viven tres calles más abajo.
    Díselo.
    Acabarán aburriendose…

    (¡¡¡Bravo, doña “tOnTa1″!!! Que no me canso…)

    Yo no sé muchas cosas, es verdad
    Digo tan sólo lo que he visto
    Y he visto:
    Que la cuna del hombre la mecen con cuentos…
    Que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos…
    Que el llanto del hombre lo taponan con cuentos…
    Que los huesos del hombre los entierran con cuentos…
    Y que el miedo del hombre…
    ha inventado todos los cuentos.

    Yo sé muy pocas cosas, es verdad.
    pero me han dormido con todos los cuentos…
    Y sé todos los cuentos.

    (¡¡¡Bravo, don León Felipe!!!)

  13. Adolfo-DENAVEGANTES dijo:

    En el muslo dices, lo lamento, a lo más dejaré mi impronta en algún lugar comprendido entre tu cuello y cualquiera de los hombros, los muslos los reservo para cuestiones más oníricas y pasionales, disculpame si no fui capaz de hacerte este favor. Te espero en Denavegantes joven poeta.

  14. La dama dijo:

    Koldo, tú y yo vamos a acabar mal… estupendamente mal.
    El poema de León Felipe es uno de los que más utilizo para casi todo.
    Ando líada con el trabajo, la huerta, los perros, los amigos y los hijos. La primavera me impide tener miedos de ningún tipo. Literalmente no tengo tiempo. Los días son demasiado largos y demasiado hermosos para temer.
    Conozco poco de Benedetti, tendré que indagar.
    ¡Seré burra!
    Un besazo.

  15. rj45 dijo:

    Últimamente me parece que la reputación es un malentendido. Uno se acomoda a como le parece que el otro entiende la relación contigo, y luego cree que eres espontáneamente nosecómo…

  16. fiorella dijo:

    León Felipe y nuestro universal Benedetti, dos ejemplos de miedos vencidos a pesar de tanto cuento que nos acunó. Pero al fabrica de cuentos sigue echando negros humos en lo privado y en lo público.Un beso

  17. La dama dijo:

    Es curioso como se puede interpretar una poesía de formas tan diferentes… Estoy convencida, para mí León Felipe, cuya farmacia en Almonacid de Zorita he visitado muy a menudo, por lo de la proxímidad, habla no sólo de los malos cuentos sino también de los buenos. “La cuna del hombre la mecen los cuentos” ¿Hay una imágen más hermosa?
    Debe ser cierto eso de que la vida es un mal cuento contado por un idiota. Eso o que hay que buscar un poco más allá de los miedos, saltar la barrera, el muro, que decía Gaite, y correr adentrándose en el desierto que hay al otro lado. Correr hasta llegar al horizonte, esperanza de los pobres y límite para los ricos.
    Poética me he puesto… Será que tengo las manos cansadas de plantar tomates y regar… La tierra nos redime.
    Un besazo.

  18. Koldo dijo:

    Pues ¡enhorabuena!, doña “la dama”: hacía tiempo que no escuchaba mejor ni tan aplastante ni sincero argumento como el que nos has confesado… espontáneo y demoledor argumento de “normalidad” y fortaleza mental y de espíritu que el que nos has dado… y, casi, sin que nos diéramos cuenta:
    “No tengo tiempo” para miedos en primavera… “Los días son demasiado largos y demasiado hermosos para temer”
    ¡Hala! ¡Así! ¡A lo “tonto”…!
    Te aseguro que te ha salido una frase y un pensamiento y un sentimiento auténticamente magistral… Vamos, que hasta etimológicamente te correspondería en tu condición de enseñante…
    (Está claro que las estaciones y la luz te afectan: me alegro mucho de verte tan positivamente influenciada en esta época… que te regales positiva por todos los poros de tu ser…)

  19. isisdelanoche dijo:

    Casi todos se esfuerzan por mantener la imagen de sí mismos que quieren que vean los demás.

    Casi nadie es auténtico.

    Debe ser absolutamente estresante este esfuerzo… Más cuando algún detalle sale mal y se revela el ‘verdadero yo’. Entonces necesitan el doble de esfuerzo para borrar el detalle y recomponer la imagen..

    El miedo que juega en este caso, es el de enfrentarse con uno mismo. Y su verdad.

  20. Le Mosquito dijo:

    Y un suma y sigue en la “estrategia del miedo”, es la cantidad de imitadores que surgen para estar a la moda, y contribuyen, gratis, a satisfacer los intereses del ogro profesional.

  21. Mari-Dulce dijo:

    ¿Qué es más dañino? ¿Sujetarse el miedo o tenerle miedo? ¿Dejarse vencer por él o dominarlo a costa de una tensión interna que te acaba pasando factura?

    Depende de qué tipo de miedo, me digo a mí misma, pero también me digo a mí misma que me han, o me he, obligado a hacerlo justo al revés de lo que pienso. Hay miedos normales, mieditos, por así decir, que se arreglan con una simple palabra de ánimo, de consuelo, con un abrazo, con un “te entiendo”, y también, con ayuda, con ayuda de alguien externo a ti que hace por ti lo que tú, por las causas que sean, no puedes hacer, o no puedes hacer sola. Así se puede convivir con los mieditos, o llaménosle temorcitos, o pequeñas inseguridades, porque sí, porque somos limitados, cada quien en ciertas cosas, no somos omnipotentes, omnisapientes, hay cuestiones que no dominamos, técnicas que desconocemos, procedimientos que ignoramos, tropezones en la vida ésta que nos desbordan y no podemos, ni deberíamos, superarlos en la más absoluta soledad.

    Pero algunas personas tienen que pasar por la vida sin palabras de ánimo ni de consuelo, sin apenas abrazos, sin ningún -ninguno- “te entiendo”, sin ayuda externa, nunca, “tienes que hacerlo tú sola -todo- es por tu bien, para que aprendas”. Esas personas se dejan el alma, por pura supervivencia, por ser omnisapientes, omnipotentes, ilimitadas, hiper-seguras y sin miedo a nada, A NADA.

    Aprenden a controlar los mieditos, a no exteriorizarlos, ni con una simple mueca, ni con un rictus chiquitín, porque si te vieran, se dirigirían a ti con hastío, con asquito, con desprecio. Eso te provoca una tensión interna muy molesta, estás como un palo rígido, controlando la postura, el gesto, el tono de voz: cara de pez o sonrisa radiante, una de dos.

    Para librarte de esa tensión molesta, encuentras la solución perfecta, no reconoces tus mieditos en tu interior, de hecho, incorporas el auto-hastío, el auto-asquito, el auto-desprecio, si se te ocurre vacilar, temer, asustarte, dudar, temblar…

    Y durante un tiempo funciona, y todos están muy contentos contigo…hasta que un día todo explota, de repente. De pronto, un buen día, a las 11 horas, 39 minutos, 25 segundos y 48 milésimas, explota.

    EL MIEDO, pero un tipo de miedo que no identificas, ¿de qué tienes miedo, qué te está pasando, alguien te está mirando como si fuera a atacarte o atracarte, ha temblado el suelo, hay un toro suelto por las calles? No, es más, era un día de lo más normal, y, ¿qué te ha pasado?

    Este MIEDO no lo puedes controlar, este MIEDO sí que no deberías sentirlo, ni asumirlo, ni entenderlo. Al principio no lo entiendes: “¡Yo, que no tenía miedo a nada!”. PUES POR ESO, PRECISAMENTE POR ESO. Me costó mucho tiempo admitir que hay cosas que dan miedo, o que inquietan, o que desbordan, que hay cosas que no puedes controlar sin, al menos, asesoramiento. Me costó aceptar QUE TENGO DERECHO A TENER MIEDO, pero miedo por cosas que dan miedo, por cosas reales. Aunque, bien mirado, quizás el miedo surja porque sabes que te las vas a tener que arreglar sola, y no te ves capaz, ni con conocimientos suficientes, ni lo puedes abarcar todo.

    Surge el miedo al miedo porque nunca pudiste permitirte el lujo de sentir miedo, porque no te dejaron, jamás, porque, además, acabaste identificando el tener un temorcillo, chiquitín, con la tensión interna, con el “sujetarse”, apretar los dientes, morderse los labios, cerrar los puños hasta marcarte las uñas en la carne.

    Sentir miedo, ese miedo que te pone en alerta para escapar del peligro o enfrentarse a él, es sano, no es patológico per se, puede que hasta sea liberador saber que lo sientes, y de ahí en adelante. Lo malo malísimo es sentir miedo de sentir miedo. Y te da miedo sentir miedo porque, simplemente, exteriorizarlo, te va a salir muy caro, te lo van a hacer pagar muy caro, es todo cuestión de aprendizaje.

    Y llega un día en el que, a quienes te han enseñado, modelado, a su conveniencia, les sale el tiro por la culata: no querían que te convirtieras en una inútil miedosa y cobardica que no les vale para nada…pues eso es lo que tienen ahora.

    Yo, mientras tanto, aceptando mis miedos, yo sola, pero me lo permito, me permito poner cara de pena, o de asco, y me permito dejar de hacer algo si sé que no puedo hacerlo sola…y sola me han dejao.

    Moraleja: hay que aceptar los miedos pequeñitos, porque si no lo haces, un buen día, un miedo grandote te comerá.

  22. fiorella dijo:

    La Dama, estoy totalmente de acuerdo contigo. Quizás por no ser larga en comentar,me quedé corta. Claro que hay cuentos buenos.

  23. Anónimo dijo:

    Efectivamente (por lo que se dice más arriba), muy cansao. ¡Pero cómo no desgañitarse en sacar del error a alguien que tiene un juicio sobre ti que no es! Es más, es un acto de filantropía; un esfuerzo que demuestra el interés por las buenas relaciones con cualquiera.

    En cuanto al miedo, a lo mejor la derecha, es exponerse a esas cosas que asustan, y demostrarse que no eran para tanto, o que sí, pero no acumular todas las tenebrosas suposiciones del mundo.

  24. Koldo dijo:

    Hola, “Mª-Dulce”: me has hecho venir a mi cabeza una reflexión cuya “solución” aún no tengo.

    Es verdad que todos tenemos derecho a sentir miedo… a sentir cualquier cosa, por extensión… ¡Pues no faltaría más que eso!

    …Otra cosa muy distinta sería que este sentimiento (por extensión, otra vez, cualquier sentimiento) te domine, coarte, mediatice, inhiba tu libertad… Que surta en ti el efecto deseado por quien quiera dominarte imponiéndote ese miedo… O, simplemente, que tú solita, con tus propios comecocos, cayeras en esos miedos… sin causa ni efecto ni provecho a favor de un 3º ni de ti misma siquiera…

    …Y, por último, su expresión, su manifestación, su “publicidad”; tu “desnudez anímica” ante terceros… De nuevo, por sentimientos de miedo… o por cualquier otro tipo de sentimiento. En esto último, a pesar de las muchas y generalizadas antipatías que despierta el pueblo anglosajón (o inglés, más concretamente) por su famosa “flema británica”, creo que, en muchos aspectos, es bastante digna de admiración. Lo digo porque los sentimientos son muy contagiosos… Y el miedo, concretamente, es de los que más. Y, para más “INRI”, de los peores por lo invalidante… Así que, casi seguro, el controlarlos y no manifestarlos, seguro, digo, es el comienzo más elemental para poder hacerse uno mismo con el “mando” y poder razonarlos y vencerlos. El histerismo, en éste y otros sentimientos, estoy convencido que los acentúan y los hacen aún más incontrolables; impiden la libertad de acción y de pensamiento… Que, de verdad, no tendría nada que ver con ese concepto tan denostado de “reprimirlo”… que pareciera que te acaba, como la carcoma, destrozándote desde dentro.

    Es absurdo pretender no tener nunca miedo a nada (ni pequeñito ni gigantesco). Es más absurdo aún tener o temer el miedo al miedo. No digo que no nos haya pasado a todos alguna vez… Sólo que, como la fiebre en las infecciones somáticas, este tipo de invalidaciones anímicas serían uno de los principales síntomas de que algo no nos está funcionando bien; que tenemos que tomárnoslo en serio, combatirlo y erradicarlo… Y, si no pudiéramos solos… pues con la ayuda necesaria. En cualquier caso, debemos ser conscientes de ello: como los alcohólicos que, primero, tienen que reconocerse alcohólicos…
    El miedo -los miedos- es esclavitud… siempre que te domine. Superarlos y saber convivir con ellos, sujetándolos y ajustándolos en su mínima medida, liberación y libertad.

    Es muy curioso: muchas veces, reconocer tu miedo o alguna debilidad ante los demás… es una de las actitudes que más fortaleza y ventaja podrían acabar otorgándote… Algo, por cierto, de lo más “liberador”. Aunque resulte contradictorio…

  25. Sakkarah dijo:

    Me ha gustado mucho. Y sí, creo que es como dices.

    Un beso.

  26. iSiSsInVeLo dijo:

    Parece ser que en ese momento de la historia, la casta sacerdotal dejó de tener el monopolio del mercado de almas, al menos en Francia, puede que debido a la revolución francesa o a una especie de campo morfogenético que se originó en ese momento.
    Los mercados van evolucionando con los gustos y modas, y al igual que hay un mercado de sombras, hay otro de luces. H.P. Blavatsky andaba subida en la misma ola, pero surfeaba al sol. El personaje del post lo hacia a oscuras, y seguramente bastante mal.
    En resumen: hay quien tiene miedo a la luz, y el sol le levanta ampollas…

    http://www.upasika.com/helena_blavatsky.htm

  27. Mari-Dulce dijo:

    NIÑA DE LA NOCHE

    Riéndose, burlándose con claridad del día,
    se hundió en la noche la niña que quiso ser dos veces.
    No quise más la luz. ¿Para qué? No saldría
    más de aquellos silencios y aquellas lobregueces.

    Quise ser…¿Para qué?…Quise llegar gozosa
    al centro de la esfera de todo lo que existe.
    Quise llevar la risa como lo más hermoso.
    He muerto sonriendo serenamente triste.

    Niña, dos veces niña: tres veces venidera.
    Vuelve a rodar por ese mundo opaco del vientre.
    Atrás, amor. Atrás, niña, porque no quiero
    salir donde la luz su gran tristeza encuentre.

    Regreso al aire plástico que alentó mi inconsciencia.
    Vuelvo a rodar consciente del sueño que me cubre.
    En una sensitiva sombra de transparencia,
    en un íntimo espacio rodar de octubre a octubre.

    Vientre: carne central de todo lo existente.
    Bóveda eternamente si azul, si roja, oscura.
    Noche final en cuya profundidad se siente
    la voz de las raíces y el soplo de la altura.

    Bajo tu piel avanzo, y es sangre la distancia.
    Mi cuerpo en una densa constelación gravita.
    El universo agolpa su errante resonancia
    allí, donde la historia del hombre ha sido escrita.

    Mirar, y ver en torno la soledad, el monte,
    el mar, por la ventana de un corazón entero
    que ayer se acongojaba de no ser horizonte
    abierto a un mundo menos mudable y pasajero.

    Acumular la piedra y la niña para nada,
    para vivir sin alas y oscuramente un día.
    Pirámide de sal temible y limitada,
    sin fuego ni frescura. No. Vuelve, vida mía.

    Mas, algo me ha empujado desesperadamente.
    Caigo en la madrugada del tiempo, del pasado.
    Me arrojan de la noche. Y ante la luz hiriente
    vuelvo a llorar desnuda, como siempre he llorado.

    MIGUEL HERNÁNDEZ (ligeramente feminizado)

    Pido disculpas si he podido contagiar a alguien mis miedos y, a veces, mis penas…lo cierto es que, cuando contagié mi risa, nadie se quejó. De todas formas, que lo siento mucho.

  28. Koldo dijo:

    Hola, de nuevo, doña “Mª-Dulce”: Pues me vas a disculpar tú a mí (por favor)… Me he explicado fatal… No tenía intención ninguna ni de referirme a ti, concretamente, ni, muchísimo menos, a cualquiera de los que aquí participamos. Menos aún por participar abiertamente y mostrarnos “desnudos” en sentimientos y en su manifestación…

    ¡¿Qué sentido tendría -si no- para ninguno de nosotros este estupendo blog (o como se llame… que aún sigo sin saberlo… y -¿se nota?- poco me importaría el nombre…) si nos mostrásemos “flemáticos”…?!

    Aquí no se trata de eso… sino -absolutamente- de todo lo contrario… O, al menos, eso procuro yo… Y eso es lo que me gusta leer y sentir en todos vosotros.

    Pero (todo hay que reconocerlo también), es verdad que, casi siempre, si tenemos todos (yo, al menos) algún “déficit” siempre sería de risas… Mejor, aún, de auténticas carcajadas… Y, si, además, son inteligentes, mucho mejor también; porque te “duran” mucho más; te acuerdas mejor y puedes volver a disfrutarlas más veces… mucho tiempo después. Por eso mismo se agradecen mucho más. No digo que sea como un polvo; pero seguro que tiene que haber alguna íntima y anímica relación… aunque sólo fuera por lo bien que sientan y lo agustico y desahogao que te quedas.

    Pero ya, personalizando contigo, te aseguro que -a mí al menos- nunca me has contagiao miedo alguno. Sí te reconozco que -en más de una ocasión- esa especie de angustia que te entra cuando creo notarte impotente. La sensación de impotencia también es altamente contagiosa. Te entra directamente a las tripas (como el miedo)… sin pasar antes -ni un poquito- por el coco: directamente “en vena”. Cuando te muestras y te noto cabreada… sigo sin saber por qué; pero esa rebeldía, esa fuerte voluntad de reacción, de no-resignación, también se contagia… ¡positivamente! Ya digo: reacciono mejor, me siento mejor cuando me transmiten rebeldía y cabreo que cuando recibo sensación de resignación e impotencia. Supongo que tampoco seré rarito en esto…
    …Y como las palabras se redactan en oraciones gramaticalmente más o menos correctas… pero de lo que se trataría siempre (al menos, para mí) es del transfondo de los sentimientos y pensamientos que hay detrás… Y de ese fascinante misterio que supone siempre “el otro”…

    ¡Ojo! que tendrás que reconocerme que, desde el principio, me vi gustosamente obligado a decirte lo mucho que me gustaba y lo mucho que disfrutaba con esa primera “Mª-Dulce” llena de buen humor y ácido optimismo… Y si, en esos últimos momentos tuyos en que notaba más impotencia que otra cosa, te daba algún que otro caponcete cibernético… era con toda mi buena intención y cariño sincero: sólo para intentar hacerte reaccionar; que recuperaras esa otra “Mª-Dulce” anterior. Pero con todo el respeto del mundo. Que -aquí- cada uno tiene sus motivos y necesidades… y son de uno… y más importantes (sin ninguna duda) que la de querer “agradar” a cualquiera de los que nos puedan leer. Disfruto igual sabiendo que alguien se siente mejor con lo que cuenta. Y a eso es a lo que vengo yo aquí… A entender y conocer mejor otros “mundos”, otras alternativas de pensamiento y sentimiento; a relativizar angustias; a no sentirme “raro”… porque hay otros (en realidad, todos) tan “raros” o más que yo… que “raro” es un término relativo. Que lo único absoluto, para mí, es sufrir; sentirse mal; que a eso no tendríamos que llegar nunca; que debemos luchar para salir de ahí cuanto antes; que mantenerse mal… eso sí que es enfermizo, tratable y curable. Lo demás… una auténtica gozada de la infinita diversidad que suponemos cada uno de nosotros a diario, en pensamientos y sentimientos.

    ¡Joder! ¡Pues sí que me he quedao yo desahogao ahora mismo! ¡Pobres! Yo sí que lo siento mucho…

  29. Mon dijo:

    Todos manipulamos. Algunos con alegría, otros con entusiasmo , otros con pena… De una manera o otra todos buscamos el afecto de otro con armas emocionales. No es nada nuevo. Solo hay que ver, con que intenciones nos manipulan.

    La peor, el miedo. Ya sea por victima o verdugo.

    Para mi el miedo es la antimateria ( ahora que está tan de moda, ser poco valiente y pensar que es parte de la creación) eso si, como en las peliculas o en los libros, es una bomba de explosión tremenda.

    EL miedo no es mas que la facultad de enganyar mas fuerte de la tierra. Ya por victima o verdugo.

    A mi, personalmente, me indigna el miedo. Ha sido la peor arma con la que me han señalado.Y esconde la verdad.

    Quien teme la vida, teme su propia verdad.

    Un beso!

  30. Lem dijo:

    Al hilo de lo que ha dicho rj45 (copio para que no tengáis que echar pa’rriba: Últimamente me parece que la reputación es un malentendido. Uno se acomoda a como le parece que el otro entiende la relación contigo, y luego cree que eres espontáneamente nosecómo…)

    Me ha hecho pensar en que hay mucho de verdad en lo que dice, al menos para mí. No sé para los demás. Tienes una forma de comportarte en casa, (probablemente más déspota y poco atenta de lo que desearía) y otra fuera. Y otra en el trabajo, otra con unos amigos, otra con otros amigos…
    Es una cuestión de ser prácticos, supongo. Aunque no sé si ese esfuerzo comunicativo es visible para los demás o sólo para mí.

    Cuando era joven se me ocurrió que la personalidad parte en blanco, y se forma de una serie de copias, acertadas o no, de lo que admiras a tu alrededor.

  31. Satanás dijo:

    No me extraña que me tengáis miedo yo también me lo tendría si estuviera en vuestro lugar…

  32. Koldo dijo:

    Bueno, muchach@s: pues ya tenemos nuevo artículo de Muiño en el “Muy…” de Junio. Sobre cómo “nos comen el coco” líderes, sectas y demás.

    En cuanto lo lea, le daré mi opinión… Que nos lo pide siempre y le gusta.

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