Archivo de Abril de 2009

SENSACIONES: NADA MÁS, NADA MENOS…

Miércoles, 22 de Abril de 2009

Hace unos años, la siempre innovadora BBC intentó poner en marcha un programa de televisión para animales…
En principio no parecía un asunto muy novedoso. Espacios de televisión para animales, incluso escogiendo la acepción peyorativa del término, hay muchos. Como cualquier otro medio de comunicación, la televisión está plagada de espacios que fomentan nuestro lado más bruto y poco sensible.
Pero no, esto era diferente: el programa estaba ideado para animales no humanos. Su público potencial eran gatos, caballos, hurones, peces…y hasta caballos, si uno era capaz de meterlos en el salón y ponerlos a ver la televisión.

¿Y cómo funcionaba un programa así? Pues, evidentemente, emitiendo estímulos que gusten a los animales no humanos. Para los gatos, sonidos de peces en el mar. Para los perros, conejos corriendo. Para los pájaros, frutas meciéndose en las ramas de los árboles…
Ésas eran las primeras ideas. Pero la BBC, poco a poco, amplió el espectro de estímulos placenteros. Para hacerlo, siguió el protocolo habitual: primero preguntó a su público potencial y después buscó lo que éste le pedía.
La forma de preguntar, que parecía lo más difícil, se resolvió rápidamente mediante unos test interactivos diseñados por etólogos. El animal en cuestión iba recibiendo estímulos (pelotas que ruedan por el pasto, abejas zumbando, cantos de pájaros, loros hablando en inglés…) y, según cuáles fueran sus reacciones, se decidía si aquello le relajaba, le activaba, la aburría o le desagradaba.

Lo que intentó la BBC con ese programa iba, de hecho, más allá de lo que supone hacer un programa para animales no humanos. En realidad, lo que estaban haciendo era crear televisión usando, únicamente, sensaciones.

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El mundo de las sensaciones es nuestro mundo olvidado. Los animales humanos tendemos a integrar todos los estímulos que recibimos en historias, fobias, relaciones… Olvidamos la sensación pura, la que nos produce escuchar el sonido del agua, sentir la caricia del viento o percibir el olor de un fogón.
Pero todo ese mundo sensorial sigue ahí. De hecho, notamos su falta cuando lo perdemos: es lo que ocurre cuando nos deprimimos y descubrimos que no podemos disfrutar del sexo o de una puesta de sol; cuando padecemos un trastorno de alimentación y nos sentimos incapaces de gozar con nuestro plato preferido o cuando estamos demasiado ansiosos para escuchar nuestra música preferida y sumergirnos en las sensaciones que nos provoca.

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Estaría bien que también hubiera una televisión puramente sensorial. Y que pudiéramos apuntarnos, de vez en cuando, los animales humanos y los humanos animales.




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