DÍAS DE FURIA
Hace años, se estrenó “Un día de furia”, una película que inauguró una especie de subgénero: el cine de explosiones… psicológicas.
La historia que protagonizaba Michael Douglas y que se ha repetido después en otros guiones viene a ser algo así: Una persona lleva una vida que no es vida, un sinvivir que se debe a que está siendo bombardeada por todos los flancos. Familia, trabajo, amigos y amores presionan a esta pobre persona que aguanta y aguanta y aguanta… hasta que un día explota.
Y ese día, no sólo dice todo lo que tenía que haber dicho antes, sino que además, lo grita. En “Un día de furia” la cuestión se resuelve, incluso, a tiros. Pero en otras películas de este subgénero la historia se queda en pequeñas venganzas, cortes de manga y algún que otro plantón de estos que demuestran a la gente que uno existe…

Para los psicólogos, esta acumulación de injusticias y la posterior explosión tiene mucho que ver con un palabro que utilizamos a veces: tolerancia a la tensión interpersonal. La idea es que hay una capacidad que los seres humanos vamos aprendiendo poco a poco a lo largo de nuestra vida. Es el potencial para tolerar la tensión que suponen ciertas relaciones.
Decirle a una persona que lo que su actitud nos hace sentir mal; estar en desacuerdo con alguien; comunicar una noticia triste o decepcionar las expectativas que alguien se había creado sobre nosotros son ejemplos de estas situaciones que generan tensión entre personas.
Tolerar esas situaciones y no echarse atrás por el temor que nos producen es muy difícil. Pero parece ser que, a medio plazo, merece la pena. Porque si evitamos continuamente esos momentos, a la larga nuestra vida se irá complicando.
Si no somos capaces de decir a la persona que tenemos al lado que su forma de hacer ciertas cosas nos hiere, nuestra pareja o amigo seguirá haciéndolo sin ser consciente del dolor que causa. Nadie le habrá dado la oportunidad de cambiar. Y nosotros seguiremos acumulando energía negativa contra ese individuo…
Si no podemos decir lo que opinamos, las decisiones se tomarán siempre sin nosotros. Y como no es fácil hacer algo que no has decidido hacer, acumularemos más y más energía negativa…
Y si no somos capaces de decepcionar las expectativas que los demás se han creado sobre nosotros, terminaremos viviendo la vida que los demás, por razones egoístas, les gustaría que viviéramos. En algún momento tenemos que hacernos libres de esas expectativas que nosotros no hemos creado. Si no, acumularemos más y más energía negativa.
Y ya se sabe: acumular tanta energía suele terminar en explosión.
Suele terminar en un día de furia.
En el cual acabaremos perdiendo toda la razón que teníamos.
26 de Marzo, 2009 - 1:10 pm
La imagen es de Sas Christian, una pintora británica que fue a algo parecido a un colegio de monjas.
Si os apetece algo sobre este tema, a mí me gustó “Prisioneros del odio”, de Aaron Beck. Creo que dice cosas muy prácticas sobre esto de las explosiones de ira.
26 de Marzo, 2009 - 3:54 pm
Qué razón tienes.
Todas esas situaciones que has mencionado (noticias tristes, defraudar expectativas, cosas que no me agradan…) las he vivido y creo que más veces me he callado que no.
Es verdad que es mejor muchas pequeñas detonaciones que el gran petardazo. Pero muchas veces piensas que no llegará el gran petardazo y por tanto puedes seguir permitiéndote evitar las pequeñas detonaciones.
26 de Marzo, 2009 - 7:54 pm
Cuando no cumples sus espectativas eres mala… Cuando decides vivir tu vida eres egoísta. Cuando le explicas qué es lo que quieres y por qué lo quieres no entiende de razones. Y se acumula la tensión. Y temes y ruegas por que lo entienda. Pero no lo entiende. Y tiras la toalla. Ya no puedes hacer nada. Aguantar cada x tiempo los eternos reproches y salir corriendo en cuanto puedes. Y asi más de cuarenta años.
¿Cuándo es el momento de dar el portazo? ¿Merece ya la pena explotar? ¿Para qué, si va a seguir sin entenderlo?
Si fuesemos perros o lobos las cosas serían más sencillas: macho y hembra alfa y el resto sabiendo cual es su lugar en la manada. Sin reconres, solo atendiendo a las señales visuales y auditivas se sabe lo que hay.
Aquí, nosotros, los reyes del mambo, haciéndonos la vida imposible.
Tal vez la inteligencia y la “humanidad” nos pudiese ayudar en estos casos. Y el no dejarse arrastrar por la ira es algo inteligente como es humano no pretender hacer del otro una marioneta a mi servicio.
¡Uf! ¡Me ha tocado la moral la entrada!
26 de Marzo, 2009 - 9:36 pm
En su momento vi la película. Y después la parodia de Homer en Gran Capital. Las dos retratan perfectamente lo que en castizo se llama “la gota que colma el vaso”.
La furia es destructiva la mayor parte de las veces, pero también creativa. Es una fiera atada en nuestro interior que cuando ya no puede más, escapa por todos los poros de la piel y del alma. Hay una leyenda clarificadora sobre la furia y la tristeza. Es muy hermosa. Si puedo la colgaré en el blog para que la leáis.
Se dice que existe la furia creativa (Miguel Angel, Pollok)
La otra, la que mata, es la más frecuente, la más terrible.
lo malo de la furia es que suele atacar al menos indicado, al que pasa por allí en el momento menos adecuado. De furias equivocadas están escritos muchos crímenes sin sentido.
La pregunta es ¿quién la alimenta?, ¿quién la aplaca?
26 de Marzo, 2009 - 10:05 pm
Habla Mari Dulce… aquí tú sí que tienes mucho que decir…
yo estoy deseando leerte, tu furia anda muy muy soliviantada, para cogerla con “papel de fumar”… habla, o mejor escribe, si te sirve de algo, yo te leo con interés, y me afectan mucho tus comentarios, será la solidaridad del que sufre con el que también sufre.
Éste post habla de tí…
Un saludo cariñoso.
26 de Marzo, 2009 - 11:58 pm
…!!sorry…!!! (soy el pesao de siempre…)
“…en un día de furia… acabaremos perdiendo toda la razón que teníamos.” Es cierto, Muiño. Esa frase (”perder la razón”) nos la solía espetar nuestro padre muy a menudo… sobre todo, a mí: “por mucha razón que tuvieras… la has perdido” (por la actitud, por los modales… por lo que fuera…) Me ponía enfermo: no entendía qué tendría que ver una “razón”… con cualquier otra cosa; no entendía cómo podía “perderse” algo tan lógico y cartesiano como eso, la razón, por “culpa”, incluso, de uno mismo… Siempre era de las cosas que, sabía perfectamente, más me jorobaban…
Hubo un tiempo, relativamente reciente, que puse en práctica (en casa y en el trabajo) las técnicas y consejos que nos dio un sicólogo en un curso de empresa sobre ASERTIVIDAD. Entre otras, estaban hablar siempre desde uno mismo (”mensajes yo”) y nunca desde el otro (”mensajes tú”); y un “sistema” casi, casi, de “silogismos”, en 3 pasos, que funcionaba algo así como:
1.- Definir la situación: “aquí está pasando XXXXX….”
2.- Definir cómo me siento YO, cómo me afecta esa situación: “…lo que me produce y me hace sentir YYYY…”
3.- Por último, una especie de “desideratum”, es decir, nada de dar órdenes a nadie, ni de culpabilizar a nadie, sino, simplemente, de expresar lo que a MÍ me gustaría que ocurriera (o no ocurriera) en el futuro, un cambio de actitud por parte del otro: “…por tanto, me gustaría, me sentiría mejor, me alegraría, que, en lo sucesivo… ZZZZZ…”
¡¡¡Aluciné en colores…!!! Siempre he sido demasiado sincero e impulsivo; pero me di cuenta de que resultaba mucho mejor (y, sobre todo, me hacía sentirme mucho mejor) cuando era capaz de autocontrolarme siguiendo ese sencillo esquema: por un lado, te obligaba a racionalizar; por otro, evitabas sentirte (y hacer sentir al otro) agresivo; no juzgabas, es decir, no culpabilizabas a nadie… simplemente expresabas con total sinceridad y desde uno mismo cómo te sientes tú mismo… y cómo te gustaría… etc.
También es verdad que este tipo de esquemas sólo podía darse cuando había sinceridad y buena voluntad por ambas partes…
Me parece clarísimo que, actitudes como las que nos cuenta “La dama”, sólo evidencian que “el otro” no está interesado -en absoluto- ni en comunicarse contigo ni en hacerte sentir mejor (o no hacerte sentir mal)… cosa con la que “se debería contar siempre” en otras situaciones más “normales”. En ese tipo de casos, evidentemente, no hay “asertividad” que valga… sería perder tiempo.
Creo que las injusticias, en general, son de las cosas que más me hacen “acumular furia”. Por la impotencia que me produce. Por la chulería de los chulos, su prepotencia, su indiferencia al mal ajeno, su egoísmo superlativo… Por eso, los evito instintiva, automática y visceralmente; me aparto de ellos; los ignoro; por salud mental, anímina… y física, que es de las cosas que más suelo somatizar… inevitablemente. Y es por lo mismo que me gusta estar con gente positiva, sin mala leche, sin envidias; satisfecha con lo que son y con lo que tienen; que ni poseen la verdad, ni defienden su verdad…
Cuando me he encontrado y no he podido evitar a alguien en plena crisis de ira… lo mejor que me ha servido siempre es reaccionar -justito, justito- con todo lo contrario a lo que sería “normal”. Es decir, mediante la más amplia y sincera actitud de amor hacia el otro: escuchando, dejándole hablar y “explicarse”, comprendiendo, disculpando… y dándole una salida “digna” que le permita reconciliarse… primero, consigo mismo; y, luego, conmigo y con el resto de la “humanidad”… No siempre funciona; pero sé que es lo que mejor me hará sentirme a mí mismo (los que somos egoístas, no podemos actuar de otra forma…) y al iracundo… “malgré lui”…
(¡Hala! Habla, “Mari Dulce”, que yo también estoy con el “mono”…)
27 de Marzo, 2009 - 1:04 am
Durante mucho tiempo estuvo pegada en una baldosa de mi cocina una pegatina de Snoopy con una frase que viene a cuento (creo): “Desprecio los desprecios de la gente despreciable” Contundente, ¿no?
Koldo, de verdad de la buena, eres un “crak”, que diría mi hijo.
Me han gustado los tres pasos. ¿Funcionaría con un pequeño energúmeno de ocho años que me está empezando a tocar las narices?
Hoy me ha desafiado, directamente, con su mirada, con sus gestos… ha tanteado hasta donde podía llegar. Y, (si, ya sé que está mal en una maestra decirlo) me han dado unas ganas de soltarle un “medio currito” de los de antes. Es un niño con serios problemas pero me ha hecho sentir furiosa. Y yo soy la adulta y la que sabe controlarse. La que sabe qué le pasa y por qué. Cuando he detectado la rabia que había en su interior y he analizado lo que me estaba pasando a mí por dentro he sabido reaccionar a tiempo. Pero os confieso que me ha costado.
En su momento debieron ser sus padres los que le dijésen hasta dónde se puede llegar. Pero me dicen que “en casa es igual…”
Bueno, esta es una historia que se repite tantas veces que ya cansa.
Pero la furia tambien me asalta a mí, como a todos, supongo. Y no me gusta que me “pongan en el disparadero”. Hay que taponar la boca del fusil para que no salga un mal tiro. Y la culpa no es del niño, ni de sus padres, sino mía, que no lo he visto venir a tiempo y he caido en la trampa. No he sido capaz de anticiparme y evitar la llegada a la zona roja del chiquillo.
Lo que digo, que mis hembras alfa lo saben hacer mejor que yo sin necesidad de racionalizar nada. ¿Donde quedaron nuestros instintos más primitivos? A la postre no debían ser tan malos.
27 de Marzo, 2009 - 1:44 am
Cuanta razón en estas palabras, yo la verdad es que tengo una capacidad de aguante bastante grande y una habilidad para el aistamiento del entorno muy burbujeante. Lo cierto es que me provoca más tensión una relación real con roces que una irreal sin ellos. Al final cuando no aguanto más corto por lo sano y cambio de dirección.
La película Un Día de Furia es espectacular, una realidad creo que mucho más común de lo que pensamos, a otro nivel, en lo cotidiano uno a lo mejor no se lía a tiros, pero sí a gritos con su mujer o su hijo, o a mamporros con el conductor que no ha puesto el intermitente para cambiar de carril
27 de Marzo, 2009 - 12:37 pm
Prácticamente todo el día de ayer me lo tiré alucinada, pensando que era la primera vez que entendía lo que decía un psicólogo, un texto entero, digo, pequeñas cosas, sí, pero nunca un texto entero. Y eso a pesar de que acompañé la lectura con varios “sí, pero…” intercalados.
Creo que he emprendido una nueva relación con mi agresividad, estoy en ello. Aquí dije algo muy, muy fuerte, y ni la mitad de eso me habría atrevido hasta hace poco, no a decir en público, sino ni siquiera pensarlo. Y hasta en mis destapes públicos he seguido una evolución. Explotaba, sí, pero me arrepentía del todo, del todo, del todo. Quiero decir que, no es que me enorgullezca de lo que escupí aquí, no me gusta verme reflejada en esas palabras, de hecho, no las he releído, pero no me arrepiento, las dije por lo que las dije, y yo sé que son palabras, lo cual no me excusa ante ojos justificadamente sensibles. Aunque sólo fuera porque la sangre me da grima, que me corto un dedo y me pongo un trozo de kleenex para que cese lo antes posible, aunque sólo fuera por eso, y porque cargarse a alguien es algo muy engorroso, nada que ver con las fantasías iracundas, que se soluciona en un plis plas, sólo por eso, mis palabras se quedan en palabras, pero estoy cabreada, y sigo muy, muy cabreada, y aquella fue la única manera que me pude agenciar para no explotar de verdad, así que fue una explosión controlada, digamos, un mal menor.
Porque se puede ser agresiva y muy ñoña, por sorprendente que parezca. No a la vez, claro, alternándose, exploto y me arrepiento, y me porto mejor luego…pues yo ya no, yo ya exploto y no me arrepiento, me asumo, con reparos, pero me asumo.
Hay diferentes categorías de gente, y con cada una de ellas actúas como puedes, hay gente de la que puedes prescindir, porque no son nada en tu vida, nadie significativo, ni discutes; hay gente que forma parte de tu vida, de la que no te puedes desprender, aunque sueñes con escaquearte, pero, en mi caso concreto, tengo una conciencia moral muy hija de puta; hay gente de que te engaña, que te hace creer que es lo que no es y nunca fue, y te lo crees, y cuando te das cuenta, pues surge la rabia, porque has creado un lazo, y romperlo es doloroso, así que, mira, menos destructivo es soltar mierda por la boca que llorar por las esquinas…aunque acabes llorando por las esquinas. Hay gente con la que se puede usar la asertividad, porque mayormente no marcan tu vida, porque sus decisiones no te van a influir a ti, y no es el caso, por ejemplo, del acoso laboral. ¿Asertividad? No cabe, si quieres seguir comiendo todos los días, fea costumbre, tienes que aguantar, es fácil decir que impongas tus límites, y que le digas, asertivamente, al cabrón, cabrones, que te amargan cada uno de los cinco, e incluso seis días de tu semana laboral. el daño que te están haciendo…¡si esa es su meta! ¿Que acaba surgiendo la explosión? Como dicen en mi pueblo: “¡Pos claro!”. Y te quedas sin trabajo, ¡hala! ¿Y te arrepientes de haber explotado? Porque te has quedado sin trabajo, sólo por eso.
Otra de las cosas de las que me ocupé ayer, y anteayer, fue cobrarme una deuda, porque también fui objeto de, iba a decir “acoso laboral”, pero ni eso, sencillamente se me apartó como a un trapo viejo, una panda de gentuza sectaria que cortaron de un tajo lo que parecía ser un imparable lanzamiento hacia una actividad profesional que me llenaba en el más amplio sentido de la palabra. No pude utilizar mi asertividad, sencillamente, porque se pusieron fuera de mi alcance. Esa gentuza, también, me provocó el problemilla psicológico que actualmente sufro, no poder desahogarte, no poder cantar las cuarenta a nadie, verte sola, aislada, despreciada, menospreciada, humillada, apartada, ninguneada…y amordazada, comiéndote la impotencia que sientes.
Y años después he encontrado la vía para tomarme mi venganza. ¡No queríais escucharme!, ¿verdad? ¡Pues me vais a escuchar, anda coño, que me vais a escuchar! Pero aún seguía siendo un pelín ñoña, parecía cruel, pero hacía guiños a quien, en apariencia, me estaba dando canchita para que me explayara…pero se me ha acabado la ñoñería, ya es oficial, me ha costado, pero se acabó, y encima he sacado la peor agresividad para quien la sufre: el sarcasmo despectivo. La última ha sido decirle a un zote que es un zote, y tratarle como a tal, sin piedad, porque ese zote tiene todo lo que me a mí me quitaron, valiendo más que todas esas personas juntas, y esto es nuevo en mí también, porque yo no hacía distinción entre personas, a mí, las personas en general me merecían un respeto sagrado, hacer daño a alguien me parecía imperdonable, y sentir que tenía superioridad moral e intelectual sobre ciertas personas, era de un engreimiento intolerable…pues eso también se acabó, también lo hago oficial.
La cuestión es que, vale, lo encauzo, después de años, con cortes de manga que me destensionan sin daños irreparables, quiero decir, sin daños psicológicos, pero es que entonces tropiezo con otro palabro con el que me llevo muy mal: RESILIENCIA, concretamente su último punto, porque los restantes yo los he puesto en práctica toda mi jodida vida antes de oír hablar del palabro. Los psicólogos, muy cucos ellos, al final del todo, cuando se plantean que la cosa se empieza a tambalear, que la resistencia ésa heróica frente a los reveses repetidos de la vida ésta ya adquiere niveles casi inhumanos, ¡ups!, van y te dicen que ha llegado el momento de acudir a otras personas, pedir ayuda, vamos…………………………..
Y ahí es donde la jodimos.
Me explico. Me parece muy tierno por parte del señor psicólogo lo que dice de que ciertas personas “no son conscientes del dolor que causan” y que habría que explicárselo serenamente, con asertividad…¡Ande ya, oiga! Ese es el problema, creerse esa patrañita o negarse a dejar de creérsela. Si son conscientes del daño que hacen, malo; si no son conscientes, peor, mucho, muchísimo peor esto último, “oigausted”, porque eso es síntoma de un egocentrismo que no se cura, ni con el tiempo ni con buenas palabras, porque esas personas que no son conscientes del dolor que causan son irrecuperables, para siempre, apártate si puedes. Creer que si explicas a esas personas el dolor que te causan vas a conseguir que dejen de causártelo, es una fantasía casi erótica, y encima pierdes el tiempo, pierdes un tiempo precioso: esas personas te utilizan, conscientemente, y no digo que busquen causarte dolor, eso les da igual, si no te causan dolor, mejor, se ahorrarán tus inevitables y molestas quejas, pero si te quejas, si un día te plantas y te pones asertiva, no agresiva, asertiva, racional, serena…una de dos, o te puedes ir despidiendo de esa persona, que ya se buscará a otro u otra a quien utilizar, o tendréis un broncazo del quince en el que se te puede informar de que el dolor que a ti te provoquen les toca los perrendengues y que te aguantes, y como la hija de puta de tu conciencia no te permite dar el portazo definitivo, pero has espabilado, pues en adelante mantienes la relación en una cosa formal y cumples con las estrictas obligaciones que tu puta conciencia, exclusivamente tu puta conciencia, te exigen.
Pero, en cualquier caso, el resultado final es el mismo, que te quedas sola, y lo sabes, y lo asumes, así que pones en práctica lo de la resiliencia, como lo has puesto siempre, con la diferencia de que ahora le pones nombre, y te trabajas furibundamente todos sus puntos, todo lo furibundamente que puedas para evitar llegar al lastimoso punto último: ese en el que, como te falle la resistencia interna, a fuerza de tirar y tirar, ha llegado la hora de acudir “a la ayuda de otras personas”.
Y ahí es donde la hemos jodido.
27 de Marzo, 2009 - 3:33 pm
Aviso
La palabra resiliencia no está en el Diccionario.
(Sacado de la RAE)
Es que no lo entiendo, eso es todo.
Para aclarar conceptos, la asertividad no es del empleado hacia su jefe, sino al revés, porque verás, si el empleado le dice a su jeje que es un inútil, generalmente, es lo último que hace en la empresa.
Es un método para evitar tensiones entre los lacayos, y hacer que se sientan bien y productivos.
Es como el no usar el “pero” para rechazar un proyecto, etc…
El problema es que como no solemos prestar atención a lo que nos dicen, ni a cómo sientan nuestras palabras a los demás, nos tienen que enseñar a comunicarnos de manera que al menos lo parezca.
En lo demás no puedo ayudar mucho. A veces me digo que es normal que la gente se suba con un subfusil al tejado de un centro comercial a pegar tiros. Cuestión de oportunidad.
27 de Marzo, 2009 - 6:15 pm
La violencia de medio mundo paraliza al otro medio.
Yo siempre he sido una persona de paz, me aterroriza la violencia, y soy consciente de que en un momento dado, yo, tú y todos somos capaces de cualquier cosa…
Hay personas que van por la vida encabronadas, con sus dolores, sus problemas y su sufrimiento en proyección.
Tú te encuentras con ellas, y les dices …
-Hola ¿qué tal?
-¡Qué tal qué!
-No… nada nada..
Joe, qué mal rollo… Yo también tengo problemas, como todo dios, y tengo dioptrías emocionales, pero trato de que mi agresividad no hiera ni salpique por doquier.
Desgraciadamente, cuando alguien tiene su “día de furia”, alguien paga las consecuencias.
Aunque suene ingenuo, mi vida cambió mucho cuando aprendí a sonreir al prójimo. La sonrisa es empatía, y su uso disminuye el índice de baja autoestima en la población.
También cambió cuando comprendí algo que era obvio y me estaba amargando la vida:
“Es imposible que todo el mundo te quiera”.
27 de Marzo, 2009 - 7:31 pm
hola, queria invitarte a que agregues tu blog a guiablog.net
es un directorio de webs y nos gustaría que estuvieras.
saludos
Diego
27 de Marzo, 2009 - 10:35 pm
Si yo tuviera ocho años y me enfrentase a los adultos… pensaría de mí que tengo un problema que necesito hablar con alguien comprensivo; aunque para mí no sea fácil hablar porque a lo mejor mi problema es algo oscuro… y tengo miedo y ya no confío. Por eso me gustaría mucho que la profe me llevara a dar un paseo largo y tranquilo, y me asegurase que si hablo y cuento mi problema… eso no tendrá repercusiones para mí y podré sentirme protegido. Al menos si hablo y aunque mi problema no tenga una solución sencilla.
27 de Marzo, 2009 - 10:43 pm
Efectivamente, “Le Feint”, ni podemos, ni debemos ni conseguiremos nunca que “todo el mundo nos quiera”.
Pues verás, “Lem”, te aseguro que ése, precisamente, es uno de los puntos en los que se basa la asertividad… una verdadera tabla de la ley… de “derechos asertivos”. Te pongo otros ejemplos:
. A decir “no”
. A equivocarse o cometer errores
. A no estar obligado a justificarse ante los demás
. A responder… o no hacerlo
. A pedir lo que se quiere
. A rechazar peticiones sin sentirse culpable o egoísta
. A sentir y expresar un dolor o una emoción…
¡Ojo! Nuestros y de los demás (insisto); porque, fundamentalmente, se trataría de asegurar el máximo respeto por los demás y por uno mismo. “Simplemente”…
Es decir, estar convencidos (convencernos) de que tenemos derecho a muchas cosas… que, quizá, por “dejarlo estar”, por ceder ante los demás, siempre acaban pasándonos factura y pasándolo fatal… Y de ejercerlos y “ejercitarlos”.
…Y, con toda la humildad de mundo, “Lem”, creo que la asertividad no va ni de “abajo a arriba” ni “de arriba a abajo”… sino, de nuevo, todo lo contrario: de lo que trata es de mantener el mismo nivel. Te aseguro que lo que más ayuda a dirigir es estar abierto y estimular las críticas… Para mí no existe actitud más objetivamente “hostil” que te hagan la pelota, que te digan “qué bien” a todo: sería lo más parecido a un “ahí te estrelles” por parte del lameculos…
Descubrir la técnica, filosofía o lo que sea de la asertividad, me resultó genial… por lo sencillo, por lo “evidente”, por que “funciona”, porque siempre lo hemos tenido delante de nuestras mismísimas narices… y no hemos sido capaces de “verlo”…
…Y, tienes toda la razón “Lem”, en que “no solemos prestar atención a lo que nos dicen ni a cómo sientan nuestras palabras a los demás”. Más bien, creo que sólo prestamos atención -abundando en tu misma idea- (en realidad, no sería que “prestáramos atención”, exactamente, sino que “sentimos”, nos hace sentir…) no ya a lo que nos dicen, sino a la intención -siempre, interpretamos- con la que nos lo dicen… Es decir, ineludiblemente, pasamos a “defendernos” o a “atacar”… sin entender muy bien cómo…
Estoy seguro de haber leído algo sobre asertividad al mismísimo Muiño… Y, como casi siempre, no consigo acordarme (y mira que he estado buscando en mi propia “hemeroteca” particular…).
Reconozco que, con el dichoso coche… me pico y me cabreo muy a menudo. Quiero creer que por la prepotencia y chulería ajenas (como casi siempre me pasa)… y no por las propias (uno siempre es un “santo”…).
En cuanto a lo de tu niño, “La dama”, sólo puedo intentar hacerte sentir mejor con algo que siempre nos decía mi padre, en relación a la educación de los hijos propios: “lo hagas como lo hagas… ¡siempre lo harás mal!”
No soy padre (porque no nos han “venido”… a pesar de múltiples abortos y diversas “putaditas médicas” que intentamos -sin éxito- para desesperación, sobre todo, de mi santa esposa). No lo echo de menos. En absoluto. Ella, sí.
Seguro que yo lo padecería como una auténtica tortura psicológica (supongo que, como siempre, por no querer hacerlo mal, por no equivocarme…): por un lado, lo que todos entendemos por “educación” (normas de convivencia, respeto mutuo, espíritu positivo, de descubrimiento, de superación… y todo eso); por otro, el amor infinito que sientes, cómo lo expresas, cómo lo recibes; la seguridad que le debes dar; tu atención y tu tiempo… ¡¡Qué te voy a contar a ti, “La dama”, y a todos los que sois padres…!!
Ni sabría qué decirte ni sería el más adecuado. Lo que sí me asombró es que la Psicología “funciona” (perdón por la duda, señor Muiño): no sé ni en qué canal de Tv ni en qué programa; pero hay uno que “educa a los padres” para que sean capaces de educar y re-direccionar las relaciones familiares, emocionales y de convivencia en un hogar… Lo más asombroso es que -casi siempre- el equivocado es el progenitor. Y más curioso aún: que ni se da cuenta él… ni siquiera el espectador, que -al igual que los padres- ve “claro” que tal o cual niño o actitud serían “claramente” reprendibles… Al final, como en las películas de final feliz, se consigue… y se les ve a todos tan satisfechos… Sólo puedo recordar (eso sí “se me quedó”… no sé por qué) que el cariño siempre era fundamental, así como expresarlo, que se notara…
Un abrazo muy fuerte a “La dama” y a todos los que sois padres… ¡¡¡seguro que conseguiréis encontrar la forma y acaberéis sintiendo que vais por el buen camino…!!!
27 de Marzo, 2009 - 10:44 pm
Resiliencia es la propiedad psíquica que tienen algunas personas de sobreponerse a lo malo y difícil que les sucede, y va acompañada de la capacidad de separarse de las gentes que no le benefician a uno y de buscar, encontrar y unirse a aquellos seres que sí.
Hay una peli que lo cuenta muy bien. Es la historia de un niño que nace en una localidad de mineros o currantes pobres y le gusta bailar pero todos se meten con él por su afición, porque bailar pensaban que era de ”maricas” (esto se lo dicen al niño, no es cosa mía). Muiño habló de ello hace uff… no recuerdo el nombre pero era algo como Billy no sé qué…
28 de Marzo, 2009 - 2:28 am
Si es que deberían de ilegalizar los colegios religiosos.
Esa imagen, y los fragmentos del “Un día de furia” que he podido ver en el youtube (espero que no sea muy malo partirse de risa con las escenas-climax), son el típico y exclusivo producto de ese tipo de docencia.
Ese clero que arranca a los infantes de los brazos paternos…
No es cinismo. Sólo que quisiera argumentos para ese manido “monjas y curas crean reprimidos”.
Por lo que me ha tocado ver, los profesionales de las iglesias se dejan llevar, tanto o más, por las pasiones (orgullo, celos, envidia, oportunismo, simpatías, prejuicios positivos o negativos…) que otras gentes de las que depende el desarrollo de las mismas pequeñas personillas.
Gentes que eligen los otros entornos (más o menos severos, exigentes, o represores que el propio, pero que cuentan con su aprobación) que rodearán a su prole.
Y ya no sé si me he perdido. Solicito me lo expliquen (para lo cual, puedo explicar previamente lo que soliciten, de lo arriba expuesto).
28 de Marzo, 2009 - 11:23 am
[...] Resiliencia es la propiedad psíquica que tienen algunas personas de sobreponerse a lo malo y difícil que les sucede, y va acompañada de la capacidad de separarse de las gentes que no le benefician a uno y de buscar, encontrar y unirse a aquellos seres que sí. [...]
28 de Marzo, 2009 - 1:34 pm
¿Cual es el limite de la frustración?, la respuesta contesta al planteamiento del post. Los psicólogos emulando a los economistas del caos, tratan de poner nombre a situaciones a posteriori, siempre les pasa lo mismo, son incapaces de predecir con regularidad y precisión, y unas veces se acierta, otras no, y en algún caso mejor olvidar que fue del desencuentro entre la hipótesis y el resultado obtenido. Explotar al no ser capaz de controlar el nivel de frustración es solo una cuestión de suerte y oportunidad, la ley de las probabilidades siempre están en el casino. Saludos.
28 de Marzo, 2009 - 3:27 pm
Ains,ains,ains… Estoy ruborizada. De verdad, he ido al espejo del baño y la sensación de rubor minutos antes era real
Yo soy un dia de furia templada ahora. Y si no he sacado pistolas es porque no tengo licencia de armas.
Me ha tocado reflexionar. Lo se. Me gusta aprender aquí y voy a darme un tiempo para pensar. Es la tactica mas gratuita que tengo para solucionarme.
Además, he quedado dentro de un rato con alguien que compone parte de lo que tengo que reflexionar.
Regreso, mas tarde.
Gracias Muiño!
28 de Marzo, 2009 - 4:50 pm
La ira en el mundo sucede por un inestable juego de poder en el que siempre tiene que perder alguien y el ganador usa en pequeñas dosis la ira en su dia a dia , para acumularla, en el caso que le toque llegar al precipicio del perdedor.
En mi vida, es algo mas sencillo.
No soy una mujer que sienta ira. Ni en pequeñas dosis ni en grandes. Tengo caracter, si, mucho, pero no guarda rabia ni ira. La ira no tiene razones, es desbocada. Y con el tiempo he aprendido a dominar ese caracter , a unir pensamiento con emocion, observando, reemplazando y justificando, si es necesario aquellas que no son validas o mejor, si no lo son para nada , olvidandolas.
Solo hay una persona en este mundo que puede llegar aqui y asegurar que miento. Y esa persona es mi padre. Pero puede asegurar tambien que puedo reemplazar con hechos positivos la ira. Y que esa ha sido la base de las emociones que ahora, gracias al esfuerzo de las dos partes, si recordamos, podemos establecerlas como validas en un hoy emocional mas inteligente.
El tiempo, despues de un gran enfado me ha dado la razón. Por saber decir siempre la verdad, aunque no siempre supe de la mejor forma y se rectificar. No puedo aprender de mis errores si no los convierto en situaciones nuevas.
Todos somos propensos a dejarnos manipular. Siempre hay quien tiene motivos personales para hacerlo. Yo, intento evitarlo. No me creo la adulacion ni la mentira. Necesito un principio unido de justicia. Y los principios suelen ser los que me atacan la ira. No en mi vida, que eso es mi trabajo sereno, reflexionar y aceptar o no. Pero si viene de otro. No me gusta.
Me he perdido un rato. No quiero decir de mas, supongo.
Como me decia mi padre y asi me resumo cuando me enfadaba:
“No me pidas perdón la proxima vez , no lo hagas y asi me habrás perdonado. Pero si me lo vuelves a hacer, no te perdonaré.”
OK.
28 de Marzo, 2009 - 8:34 pm
Koldo, mi problema ya no es como madre. Gracias a los dioses o a mi esfuerzo, mis hijos ya navegan con sus propias velas. Y no son malos timoneles… Son mis “peques”, mis alumnos, los que a veces me preocupan. Sobre todo aquellos que vienen tan “maleados” y tan destrozados que no saben como expresar sus sentimientos. Normalmente detrás de un niño que sólo se relaciona con los otros a través de la violencia (es el caso del peque que me hizo perder los estribos) esta un niño con padres que no han sabido hacer bien su trabajo de padres. Mi experiencia de muchos años es lo que me dice.
Para ADH: No voy a defender la enseñanza religiosa (allá cada uno con sus ideas) pero yo he estudiado varios años entre monjas y no eran ellas las que más me reprimián. De allí se salía y podías ver el mundo tal cual era. Dada mi capacidad de mimetismo para no llamar la atención y mi mediocridad aparente, no salí mal parada del asunto. A veces no llego a entender tanto odio hacia el estamento religioso. Son como son y si no te gustan, pues ellos por su camino y nosotros por el nuestro.
Andan ahora revolucionado y con un precioso lince como mascota. ¡Pues mira que favor han hecho a los linces…! Más de uno disfrutará protegiendo a la naturaleza. Y lo otro, pues lo de siempre: querer recuperar el poder moral que tanto les ha gustado. Lo tienen difícil, yo diría que imposible. Y por eso están furiosos y estallan a la mínima. Sus rabietas son antológicas y costosas. Para eso sí tienen dinero, pero para crear una casa de acogida de madres solteras… no sé yo si estarían dispuestos a dar un euro por esas pecadoras adolescentes. Y de introducir la educación sexual en sus centros ni hablar… Si es que son todo un ejemplo de coherencia moral.
Cada persona tiene un límite en el aguante y si lo conoce, mejor que mejor. Leí una frase hace tiempo: “Qué Dios no te mande todo aquello que puedes soportar” Por que es mucho lo que aguantamos cuando las cosas se tuercen.
Pues eso, que me he liado de nuevo. Y hoy no me puedo escapar al jardín. Hace una tarde gris y fría, pero el sol sigue detrás de las nubes aunque yo no lo vea.
¡Feliz cambio de hora!
28 de Marzo, 2009 - 11:13 pm
Tienes razón, “La dama”: metí la pata… A pesar de que ya “nos conocemos” desde hace tiempo, pues mira tú por dónde que voy, oigo (leo, más bien) “mi niño de 8 años”… y ¡hala! a “lo mío”…
Yo fui “toda mi vida” (excepto el párvulos… y hasta el COU inclusive) a un colegio de curas; a los Corazonistas, para ser exactos (”ametur cor Jesus”, o algo así, era su lema). Creo que -para ellos y los seglares que allí daban clase- debía resultarles bastante menos complicado que ahora:
* Que hablabas (cuando no debías)… pues castigo o te partían la cara;
* Que jugabas (cuando no debías)… lo mismo;
* Que te reías (¡ah! nunca se debía)… lo mismo;
* Que no habías hecho los deberes… lo mismo;
* Que no respondías bien a una pregunta… lo mismo…
* Que te duermes en el rosario (letanías incluidas… y, después de comer, al comienzo de la tarde, creo que a eso de las 15:30)… pues sí: lo mismo; otra vez.
Te partían la cara. Muchas veces. Solo o acompañado… Sé que habrá muchos que pensarán que todo lo que os acabo de contar es o mentira o exageración… Pero tengo testigos: todos mis compañeros con los que -alguna vez- he vuelto a coincidir. Lo curioso es que nos acordamos con muchas risas… Parecería como que no se produjeron y no se conservaran traumas… Pero, pa mí que sí. Que deben estar (como el famoso “Debe-Haber” de los bancos). Y para siempre…
…Y la poca “psicología” (si pudiera llamársela así) que esos auténticos “desertores del arao” aplicaban a sus alumnos siempre era para “usar en su contra” (como en las películas de polis, cuando leen sus derechos al detenido) todas las debilidades que en cada uno de nosotros iban descubriendo… a veces, por casualidad o por el paso del tiempo; muchas otras por auténtica “investigación” particular de algún que otro sádico cabrón… que los había…
!!Cómo ha cambiado todo!! ¡Quién no conoce a Aristóteles, el gran filósofo griego! Pues hubo una época -la Clásica- de auténtica veneración a todo lo “culto”… recuperada en el Renacimiento. Y Aristóteles era un maestro. Enseñaba. ¡Qué conceptos tan denostados y perdidos! Y tuvo un alumno muy aventajado: Alejandro Magno… que seguro que se lo agradecería el resto de su existencia.
No conozco “furia” más abyecta y cobarde que la del padre o la madre que la pagan con el maestro o la maestra de su niño… por nimiedades que, seguro que tienes más en mente tú, “La dama”, que yo, que sólo lo digo de oídas de familiares, amigos o compañeros…
Y esa chulería y esa mirada retadora y desafiante de una criaturita de 8 añitos (¡qué “inocencia”! ¡qué “desvalimiento”!)…
Los niños son muy inteligentes y siempre quieren “tomarte la medida”. En realidad, como los adultos, en el lugar de trabajo, por ejemplo. Siempre me dio la impresión de que, en cierto sentido, tienen también mucha psicología; que te pueden conocer muy bien; que saben qué y cómo sacarte de tus casillas; qué y cómo te gustan las cosas…
Ahora escucho que quieren realizar una reforma legal para que los maestros sean considerados “autoridad” pública… ¡¡Ya iba siendo hora…!! Existen actividades en este mundo que jamás estarán suficientemente agradecidos ni considerados. Una de ellas es la vuestra: la enseñanza. El enseñante, enseñador, educador, maestro, profesor, o como quiera llamársele, debería estar casi “venerado”… Si bien, es verdad, no todos tenéis suficiente “vocación”, ese concepto que pareciera haber desaparecido ya de todos los “mapas”… Ahora todo son “profesiones” y “profesionales”… Creo que se debe ser siempre un buen profesional, entre otras cosas, la principal: por haber estudiado esa profesión. Pero no es suficiente. Hay que estar motivado. Hay que tener el “oficio” (otra palabra-concepto que ya nadie usa ni entiende…).
Se me heló la sangre en las venas cuando lo oí por primera vez… ¡de boca de un religioso! (quizá sólo por lo último): decía algo así como que érais “escultores de las mentes de vuestros alumnos”, plásticas, “como de plastelina”… Y eso supone una gran responsabilidad.
En tu caso, “La dama”, ¡qué podría decirte yo…! Sólo que, seguro, que es fundamental la paciencia… y evitar que, por hacerte “saltar” -como un resorte-, un mocosillo te “maneje” a su voluntad… Es decir, que, al menos, no lo notara… Sí, ya sé que es casi imposible… Pero si el mecanismo es tan sencillo (”pincha-salta”) no sólo se considerará un igual… sino que notaría este tipo de “superioridad” por su parte.
Todavía me sigue asombrando cómo personas como tú -y como yo- en nuestras respectivas profesiones, con las tablas que ya deberíamos tener… seguimos sintiéndonos vulnerables… seguimos necesitando ayuda…
Disculpa que no te haya ofrecido ninguna por mi parte… Sólo que, quizás, existan metodologías que lo tengan todo esto bastante “tipificado”… y sólo fuera enterarse… y ponerlas en práctica… Que, por probar, tampoco pasaría nada.
28 de Marzo, 2009 - 11:23 pm
Estoy muy de acuerdo en que las cosas deben decirse. Pero en general la gente no tiene ni puñetera idea de cómo y acaba montando la de Dios es Cristo. Creo que deberían dar clases de eso: de decir las cosas con respeto, humor y afecto.
28 de Marzo, 2009 - 11:25 pm
Decimos lo mismo, Dama.
Claro que ya no sé si pensar, que realmente tan grande es el estrago ocasionado (en nosotros y en generaciones y generaciones de educadores -padres, profesores y demás prescriptores…-) , que llega a hacernos inconscientes de ello.
Y en ese caso, eso de que sigan por su camino… no puede ser.
¿No seremos acaso agradecidos reprimidos represores, o, en el mejor caso, una especie de “tonto útil”?
29 de Marzo, 2009 - 3:54 pm
A mi también me sorprende que a estas alturas aún me afecten ciertas cosas. Y sé que hay “prácticas psicológicas” que ayudan. Pero también creo que no hemos perdido la sensibilidad frente a los retos que nos presenta el día a día. Cuando me enfrento a un profesioal, sea de lo que sea, que realiza su trabajo sin inmutarse, sin implicarse, me da una mala sensación. Tal vez por aquello de la falta de empatía que detecto. La frialdad debe estar bien en algunas situaciones pero como sistema no me gusta.
Sobre lo otro, lo de los cafres con sotana y toca, los había, ¡vaya que si los había. Curiosamente recuerdo un “santo padre” que repartía guantazos a distro y siniestro. Era profesor de latín en un instituto público. Nos tomaba la lección en fila, al fondo de la clase. A las chicas ni las tocaba, pero a los muchachos les inflaba.
Esos comportamientos, lo debería decir el sr. Muiño, tenían mucho de represión sexual. De odio y furia por sentimientos que no podían reprimir. De inseguridad…
Di clases a un niño cuya madre había recibido clases de un compañero mío, por supuesto mayor que yo. Y me contaba los bofetones que recibían de vez en cuando por no saber la lección, por hablar a destiempo, por lo que él consideraba faltas de respeto… Todo un clásico. Y eso era en una escuela pública.
De las monjas recuerdo más la sutileza cruel de las palabras, la discriminación feroz, y cómo las “pobres” de la clase eran el blanco fácil frente a las de pago. Koldo sabe de lo que hablo, ¿verdad?
No, no es ficción, ADH, bien lo sé. Y también sé que muchos alumnos salieron muy tocados de esos almacenes de adoctrinamiento y odio, de contradicciones entre lo que la religión bien entendida decía y lo que los religiosos que la propagaban hacían con métodos tan alejados de la “caridad cristiana”.
Eso es, seguramente, lo que más me ha descolocado durante muchos años. Resumido en una frase: “Haz lo que te digo pero no lo que yo hago”. Y otra, que no tiene desperdicio: “Una cosa es predicar y otra dar trigo”.
¡Ahí queda eso!
29 de Marzo, 2009 - 5:03 pm
Tienes razón dama. Las pobres de casta, en los colegios de monjas éramos de segunda o tercera categoría pero no sólo entre las monjas sino para casi todo el profesorado. Aunque yo no recuerdo a las monjas dañinas. Y sí recuerdo que venían a visitarnos las misioneras y eran maravillosas.
Lo que si estaba prohibido en el colegio al que yo fui era: ser zurdo y expresarte en bable o asturiano. Ante las dos cosas se te ridiculizaba. Pero son tantos buenos recuerdos de monjas y señoritas que eso apenas cuenta nada. Y la ignorancia era y es la ignorancia.
29 de Marzo, 2009 - 5:07 pm
Y entonces, ahora que caigo en la cuenta, para Lem… otra de las características de la resiliencia es precisamente ésta: los resilientes hacemos más énfasis en lo positivo de las cosas que hincapié en lo negativo. Y que la resiliencia es innata. Aunque como todo se puede tratar de aprender. Deriva un poco el término de las propiedades físicas de algunos minerales. Digamos que es la resistencia que se opone a ser roto o pisoteado.
29 de Marzo, 2009 - 8:16 pm
Es cierto, “La dama”: en Latín, por ejemplo, nos iba preguntando (”hacía una ronda”) según estábamos sentados en los pupitres (eran dobles, en fila; serían 5 x fila; y 4 filas… pues eso: unos 40, más o menos, por clase…); aunque, también recuerdo, por ejemplo, en matemáticas (el cura decía -por ejemplo- “5 x 3 + 8 – 2″… y tenías que responder cagando leches; obviamente, era casi imposible cuando iniciaban el turno contigo… porque, luego pasaba la pregunta al siguiente, y luego al siguiente… hasta que -con ese tiempo “ganado” y a pesar del acojone que suponía que se iba acercando a ti el turno- se contestaba correctamente y se iniciaba una nueva pregunta). Pues bien, para eso usaban una regla de madera maciza de grosor cuadrado (1 ó 2 cms.) y de 20 ó 30 cm. de largo. Sonaba como un estruendo cuando se golpeaba -a todo lo largo- en la mesa del profe (se oían perfectamente los regletazos de las otras clases): 1 único golpe, estaba bien… y pasaba al siguiente; 2 golpes, mal… y también pasaba al siguiente… Vamos, que ni siquisera pronunciaba palabra alguna: sólo te miraba y ¡¡zas!! reglazo a la mesa… Muchas veces, cuando llegaba a algún “castigao” (por él mismo o por la “vida”… que las tragedias humanas se prodigaban), ni siquiera le dejaba contestar: se reía ampliamente, con saña, y hacía sonar los 2 regletazos de rigor… “pasaba” de él.
…Y, efectivamente, según se iban equivocando o no respondiendo (latín, matemáticas… o lo que fuera), te tenías que levantar, e ir a ponerte de pie delante de todos, bajo o junto la pizarra. Acabada la primera ronda… se hacía un “descanso”. El cura “calentaba manos” (como si de un auténtico aizkolari se tratara, antes de cojer el hacha y liarse a cortar el tronco) y se ponía a la labor: mientras con su mano izquierda sujetaba la mejilla derecha del primer crío de la “fila de espera”, con su mano derecha (previamente calentada, ya digo) le arreaba un sonoro bofetón. El enano, bien lloraba, bien no. O bien se le escapaba una lágrima o no. El caso es que ya podía irse -calentito- a sentarse en su sitio. Y así otro niño y otro y otro… Dependiendo de asignaturas, cura, lección… podríamos decir ahora que un mínimo de un 30% acababa de pie, esperando en cada ronda su “hostia” particular. Y lo normal era que se repitieran 1 ó 2 rondas más…
…El ambiente, os podréis imaginar, era absolutamente aterrador. Estoy seguro que exactamente igual de aterrador para el que “recibía” que para el que -de momento- no.
También existía otro método de terror muy implantado: Si hablabas, reías, no contestabas… en fin, cualquier cosa que se le antojara al cura en ese momento, en medio de una clase, que hiciera un niño… Pues bien, “sólo” te decía: “vete fuera de clase”. Entonces cogías la puerta, salías y permanecías en el pasillo, junto a la entrada de la clase… La clase continuaba, como si no hubiera pasado nada; casi, casi, olvidándose del compi que se había quedado afuera (salvo porque, a veces, nos miraba, de puntillas, con la punta de su nariz, por encima de la ventana alta que daba al pasillo)… Entonces, la “programación de festejos” (porque había “fuegos artificiales”…) era como sigue: si el director, aquel día, no había hecho su ronda, el cura hacía un pequeño paréntesis; salía de clase y cerraba la puerta; se iba a por el mocoso… y ¡izis!! ¡¡zas!! una y otra, recibía una buena manta de bofetadas. Se oía perfectamente. Es más, estoy seguro que se hacía adrede: se oía; pero no lo veíamos… Entonces, entraba primero el cura, se sentaba y como si tal cosa. El niño, lleno de mocos y de lágrimas y más rojo que un tomate, también entraba y se sentaba en su sitio… Los demás, acojonados. Siempre, por un motivo u otro, estábamos todos aterrorizados. Lo más normal era que ni siquiera se “manchara” las manos: el Dire hacía ese trabajo por él. No consigo recordar si era mejor el “tratamiento” del Dire que el de cualquier otro cura… salvo uno en particular, que tenía la mano dura como una piedra… de jugar al frontón (no sé por qué; pero, la mayoría, eran vascos…).
Creo haberlo contado en alguna ocasión anteriormente. En ese colegio (ni idea si en otros, igual) los “días de furia” se concentraban en una época concreta del año: poco después de terminado el curso de “los mayores” (COU, Preu o como se llamaran en cada caso), que era un poco antes que el de los demás. Entonces, no había año, como digo, que un grupo de mayores, que ya no pertenecían -por tanto- al cole ni estaban ya bajo la tiranía de ningún cura… Aparecían por ahí a “ajustar cuentas” a algún que otro “educador”… Y como lo uno llevaba a lo otro, era habitual que acudieran más curas y más compañeros a socorrer -a “expulsar la furia acumulada” de tanto tiempo- e, incluso, acabara viniendo la policía. Otras veces, simplemente, se producían actos de vandalismo, sobre todo por rotura de cristales, y salían pitando de allí… anónimamente.
Si “resilencia” tiene algún significado para alguien sería, por ejemplo, para todos los que hemos vivido aquellas circunstancias, en aquellos tiempos, en esos colegios… Es igual que las pases putas en alguna escalada en la sierra; o que, luego, vayas a la mili; o en la vida laboral o sentimental… Si consigues salir de ahí “sin romperte”, más o menos “enterito”… ya estás listo para cualquier cosa que te venga. Has incorporado como un auténtico mecanismo automático más esa resilencia… que ya no te abandonará nunca… “Imprime carácter” decían de eso y de otras cosas parecidas… Lo malo, lo peor, es que ya actúas para siempre como si ese tipo de abusos y de aguantes fuera “lo normal”… y tardas mucho tiempo en darte cuenta de que no lo es; de que nunca es normal que alguien abuse tanto contra quien sabe que tanto se puede abusar, que se encuentra desvalido; que tengas que actuar, cada día, como si tal cosa; como colaborando necesariamente y confirmando la normalidad… Acumulando furia. Primero contra ti mismo: no entiendes cómo lo consientes. Luego, contra tus padres: sabes que lo saben; pero todo sigue igual. Luego, contra los curas: no quiero adjetivar más; pero tanto como personas como, ¿peor?, como “religiosos”. Finalmente, contra la religión católica que, también, conocía y, ya no es que “permitiera”, sino que apretaba la tuerca tanto como podía… y podía todo lo que quería…
…Nunca olvidaré en mi vida cómo uno de los pocos curas que podían dar misa (la mayoría, eran “hermanos”; éste era “padre”), se ponía con cara de auténtico “iluminado”, con una amplísima y forzada sonrisa, a sermonearte ¡¡a saber qué…!!, en la penúltima planta, que hacía de capilla, en una misa… Cuando pocos minutos antes había puteado a toda la clase o a alguien en particular (ya no recuerdo el detalle)… sin el menor escrúpulo. ¡Como un auténtico Mr. Hyde…!
No sé si te sabrás este otro, “La dama”:
“Que dice el padre prior… que VAYÁIS al huerto y CAVÉIS… Que, luego, MERENDAREMOS…”
No tenéis por qué creerme: si salí del colegio antes de cumplir los 17 años… Creo que ya había hecho la mili (20 y 21 años) y (ya no sé si ahora sí exagero) vivía ya con mi mujer (23 años)… Pero creo que aún tenía pesadillas: soñaba muy a menudo que estaba perdido por los pasillos, las escaleras y las distintas plantas y pabellones del dichoso colegio… Siempre corriendo. Siempre buscando la salida. Siempre con el aliento en la nuca de que o bien me perseguían o me iban a descubrir en seguida o bien ya me habían acorralado y estaban a punto de cogerme… Con el corazón en un puño, sudoroso… te despiertas… y respiras… y no entiendes cómo “aún” sigues dándole vueltas “oníricas” a ese tipo de episodios ya tan lejanos… No sé si tendrá algo que ver con mi clara patología “olvidadiza”; pero no me extrañaría: cada mañana hacías como que no había pasado nada. Eso sí: empollabas como un cabrón… no fuera ser que recibieras algún sopapo. Te lo sabías todo “a dedillo”; lo “soltabas” en el examen… y no querías recordarlo jamás de los jamases… ¡¡Qué desperdicio de tiempo y esfuerzo…!!
En mi caso particular, toda esa “furia”, estoy seguro, la he aplicado contra mí mismo… En forma de baja autoestima, de exacerbación de la autocrítica, de un perfeccionismo morboso (antes de que nadie me llame la atención, mejor lo repaso y repaso… hasta que sea perfecto), de autoprotección contra que alguien pudiera hacerme ya más daño… Supongo que -como siempre- no seré nada original; que habrá gran abundancia de casos como el mío. Y doy fe que “el tiempo todo lo cura”… ¿o no?
Al parecer, esos tiempos se fueron. La enseñanza ya no tiene nada que ver… Y, por absurdo que parezca, resulta que ahora los abusadores son los niños… Y los acojonados, los maestros. ¡¡Qué ironías tiene la vida!!
Te digo, “La dama”, lo mismo que cuando pensé que nos lo contabas como “madre” y no como “maestra”: el cariño, el amor que se puede demostrar a un niño (propio o no; como profesional o no) los niños lo reconocen y lo agradecen. Y, más tarde o más temprano, da sus frutos. Mucho ánimo… porque, “conociéndote”, estoy seguro de que acabarás llevándole “al huerto” y lte o vas a “ganar”… Además ¿no es siempre de este tipo de niños de los que más acaba acordándose un profesor? Lo que más te cuesta siempre es lo que más satisfacción íntima y personal acaba dándote…
Un abrazo muy fuerte a todos los buenos maestros… ¡como tú, “La dama”!
29 de Marzo, 2009 - 10:21 pm
¡Caramba Koldo! Esto que cuentas sí que es Atroz. En porcentaje las monjitas eran mucho menos sádicas que la pandilla de frustrados bajo los que estuvisteis sometidos.
29 de Marzo, 2009 - 10:44 pm
¡Hola, María! Me gustan mucho las canciones de “Presuntos…” que cuelgas en tus enlaces. Los descubrí tarde; pero no me canso de escucharles. Igual me pasa con “Cómplices”. Lo mismo con “Everything, but the girl”.
Por lo demás me siguen fascinando tus “complicaciones” vitales… Y lo “femenino”, mal que te pese, que lo “empapa” todo… Por eso me gusta tanto “seguirte”.
Mejor no te digo dónde he pasado las vacaciones estos últimos 5 ó 6 años (saharaui, incluido)… Siempre paso y me quedo muy cerquita de tu Xixon (¿lo escribís así?). Por cierto, no he visto pueblo en Asturias donde no encontrara en verano algún crío venido del Sáhara… ¡Qué curioso…!
29 de Marzo, 2009 - 11:10 pm
¿Y que pasa si se trata de ser asertiva pero la otra persona no comprende tu punto de vista y, lo que es más, te dice que el problema es tuyo? Puedo decir que soy una persona muy poco asertiva y que trata de sentir empatía por todos. Cuando tengo errores los asumo. ¿Por qué la demás gente no puede tratar de ponerse en mis zapatos o cambiar ciertas cosas por mi si yo ya he cambiado varias por ellas? ¿Por qué no me entienden? No creo que no lo intenten ni les importe, creo más bien que no pueden ser tan empáticos o comprensivos…¿Soy yo la que tiene el problema?
30 de Marzo, 2009 - 5:10 am
A mí también me siguen fascinando mis complicaciones vitales. Y es verdad lo que dices. Asturias es solidaria. Y me encanta lo femenino. No me pesa nada. Me gusta haber nacido mujer. Ya sabes, tiene el encanto añadido de que cuando tienes que cruzar… el trafico se detiene. Sé que a eso no le queda mucha vida pero también me encanta envejecer
30 de Marzo, 2009 - 5:21 am
Y Koldo, sobre lo de mis complicaciones… hace un mes fui a depilarme a un lugar nuevo. Te puedo jurar que no abrí apenas la boca. Sólo para decir: ¿te abro más? ¿te cierro un poco? Y aquella niña, la de la academia, me dijo a la media hora: Pero qué complicada eres. Y no me había visto en su vida. Flipé. Ya ves… xD
30 de Marzo, 2009 - 1:29 pm
Tengo aún más lío ahora con la resiliencia.
Me voy a la wiki y lo primero que veo es el famoso péndulo de Charpy, que para los no iniciados, es un ensayo en el que pones una probeta de un material en un soporte, y dejas caer sobre él un péndulo con peso, desde una altura determinada. Sólo puede haber dos resultados: se rompe o no se rompe. Así que probablemente sea uno de los ensayos más chorras que se puedan hacer a un material (a nivel estudiantil, claro. Supongo que tendrá su importancia).
Así que, trasladado a las personas, supongo que, como decís, es el aguante que tiene una persona ante las adversidades de su entorno.
Pero creo que lo demás que añadís son técnicas: ver las cosas de modo positivo, alejarse de las personas que nos lastiman, sobreponerse al daño… Y como técnicas, pueden valer o no, dependiendo de cada cual.
El ensayo del péndulo se hace una sóla vez. Si el material tenía suficiente “resiliencia” aguantaba el golpe. Si no, saltaba por los aires en fragmentos. Así que, supongo, que en los casos en los que el golpe ha llegado a un material aún débil, lo único que le puede ayudar a la probeta es un buen soldador.
Me ha impactado y me ha gustado saber por Koldo un poco más de la vida en los coles de antes. Además me fío y me creo todo lo que ha dicho. Apunto esto porque muchas veces te llegan versiones tan radicales, y tan orientadas ideológicamente, que las escuchas con reservas.
Yo, por contra, he vivido la dictadura actual. Mi clase sería de las primeras en “despendolarse”, en pasar de los “profes”, en conseguir boicotear una clase tras otra.
Y entonces estábamos los débiles. Es fácil ser víctimas de abusos cuando no hay una autoridad adulta.
Cuando un niño, respaldado por sus camarillas, pega a otro, que está aislado, y no pasa nada, el mundo se vuelve muy negro.
Un día de furia. ¿Por qué no? Yo deseaba que murieran algunos compañeros míos de clase. Pedía perdón a Dios, claro (que entonces aún creía en la iglesia). Pero era la verdad.
30 de Marzo, 2009 - 9:13 pm
Tal como yo lo veo, resiliencia es cuando te vas encogiendo y encogiendo y tienes miedo de encogerte tanto que te acabes comiendo los pies; cuando sientes que “te estás dejando”, de puro cansancio; cuando bajas las persianas porque, ¡coño, qué claridad hace ahí fuera!, cuando ayer te quejabas de que el día estaba gris y te parecía súper-mega deprimente; cuando no te hablan y sientes como si toda tú fueras un ente de dudosa existencia hasta para ti misma…¡ay, qué coño, ya me lié! Resiliencia no es eso, es esto, lo que haces, en una milésima de segundo, sin proponértelo, es como un muelle raro que tienes dentro, que no sientes la mayor parte del tiempo, de hecho te olvidas de que existe -si lo supieras, no desconfiarías tanto de tus propias fuerzas- pero que, de pronto, ¡clic!, hace que:
-Te pongas tiesa, con perdón, o sea, ¡chof!, te palpas y ha desaparecido la chepa.
-Te sorprendas a ti misma dirigiéndote a la cocina a reintentar, por segundo día, hacer ese marmitako de salmón que ayer, no es que te quedara muy mal, prometía, pero te pasaste con el caldo, que debe quedar caldosito, pero no aguao y deslavao. Te sorprendes porque hace justamente una milésima de segundo estabas sintiendo que no te interesaba nada, ni de este mundo, ni del otro, ni de la vida espiritual, ni de la vida cotidiana. Y que no podías con tu alma, y estás como una moto con la cebolla, el aceite, el ajo…
-Subas la persiana porque, ¡qué cojona!, vale, el sol estará ahí fuera y yo aquí dentro, pero una miajilla entra, y que tanta oscuridad me estaba jodiendo viva, y que no, ¡hasta ahí podíamos llegar! Y hay veces que hasta pasas de ser toda tú oscuridad para no desentonar con la salita de estar, a darte un voltio por las cercanías, y a la vuelta ya no sabes qué pensar de ti misma, si que eres imbécil, si que tienes mucho cuento, si que exageras el bajón o si por el contrario exageras la euforia…
-Te importe una mierda que no te hablen, y te importa una mierda que te hablen, a veces demasié te hablan, te hablan-no te hablan, te hablan-no te hablan…¡Pues voy a rajar yo ahora mismo porque me sale de los mismísmos y porque me estoy aburriendo como una puta ostra, y porque ya le estoy dando vueltas a la misma mierda de siempre!, ¿qué pasa?, y yo me pregunto, y yo me contesto, y si me pongo chula, me ignoro a mí misma, y me doy existencia y me doy sentido a mí misma, porque me ignoro, pero soy YO la que me pongo chula. Para ser resiliente hay que ser un poco chulo o chula, pero de esta chulería repentina, de rompe y rasga, un poco de pega, porque es como un resorte de emergencia. Porque para necesitar tanto ser resiliente hay que ser un poco gilipollas, y un poco desgraciadita también, por eso sigue sin cuadrarme el teorema, porque si los resilientes autodidactas tuviéramos a quién acudir en momentos críticos, no necesitaríamos ser resilientes…¡Nos ha jodido mayo!
30 de Marzo, 2009 - 9:34 pm
Más que de “resiliencia” parece que hablas de “bipolaridad”…
Mari Dulce…
30 de Marzo, 2009 - 10:21 pm
“Mari-Dulce”: Hace ya bastantes años tuvimos en una oficina un jefe que, de puro nervioso, se pasaba el día: “y yo me pregunto”… e, iba, y “se contestaba”. Y, al poco rato, otra vez: “y yo me pregunto…” y se volvía a contestar… él solito… Y, así, todos los días… casi todo el rato. Él, estoy seguro, no se daba cuenta. Había días “mejores” y “peores”…
Era muy buena gente; pero estaba, el pobre, como una auténtica “amoto”…
De vez en cuando, he vuelto a hablar con él. Tendrá ahora, le echo yo, unos 56 ó 57 años… y sigue igual. Eso sí, supongo que habrá dejado ya su potente Kawasaky… y ahora sólo se subirá en Vespa…
Bueno, “Mari-Dulce”, creo que tú misma, mismamente, ya te has “despachado”, a gusto, de tu propia “furia” interior, aquí, delante de todos nosotros… ¿A que no te da vergüenza? ¿A que te quedas muy agustico…? ¡¡Pues eso!! Yo también me desahogo que no veas…
No debería ser yo quien lo comentara; pero ¿no estás evolucionando -aquí- demasiado rápido desde cierto humor e ironía (que, ya te dije, en su momento, me encantaba mogollón…) “dulce” a otros retrogustos (me parece, que así dicen los catadores de postín) más directos y amargos…?
Que no te falle ahora tu resilencia, vencedora en 100 batallas… “¡¡¡Yes!!! ¡You can!”
Pues parece, “Lem”, que esos asesinatos múltiples de chicos a otros chicos de Instituto… es, precisamente, por lo mismo que nos cuentas: Furia, mucha furia acumulada; por desprecios; por abusos; por denostar y aislar… Así que, como siempe, Muiño no andaba, de nuevo, descaminado con esta propuesta… que creo que -absolutamente todos- podemos sentir como “propia”… por muy “lejana” que hubiera quedado la “experiencia”…
“María…”, me vas a perdonar; pero eso de que “te abras” más o menos… no lo entiendo. Será que me quedé en lo de las tiras esas de cera que, primero, quemaban las piernas y, luego, arrancaban salvajemente y de cuajo pilosidades varias… En cualquier caso, “algo” tendrás cuando, sólo con verte y tenerte delante, te realizan semejante “psicoanálisis”, así, de entrada…
…No, si cuando yo digo que debes ser un ser interesante…
31 de Marzo, 2009 - 12:09 am
Cierto, ya no siento ni gotita de vergüenza, ya sólo siento asco.
31 de Marzo, 2009 - 10:36 am
“Abro la puerta, y soy yo también quien entra.
Me gustaría poder salir fuera de mí…
Hago preguntas que nadie me contesta,
y a medianoche, mi corazón empieza a latir. Tac, tic, tac…”
Creo que siempre hay días mejores y días peores. Serán los bioritmos, o las hormonas, o la contaminación industrial. Pero cuando te vas aislando del mundo, y llevas una vida terroríficamente neutra, esos pequeños desniveles que nos pasarían inadvertidos, se convierten en montañas rusas.
Es mi teoría del día que me toca en el medio.
31 de Marzo, 2009 - 2:04 pm
El tema de la RESILIENCIA del que hablais, me interesa.
A veces tengo mis dudas sobre esto, parece que se nos pide ADAPTARNOS a las circunstancias para poder sobrevivir lo más equilibradamente en ellas en lugar de CAMBIAR ESAS CIRCUNSTANCIAS.
Hace un tiempo,unos “técnicos” de la Consejería de Educación nos pasaron unas encuestas para medir nuestro “nivel de resiliencia”, posteriormente nos comunicaron los resultados en una presentación muy “profesional” en la que habían descargado todos los datos de dichas encuestas y a la vista de ellos nos indicaron lo conveniente de desarrollar “estrategias resilientes” para poder vivir con menos estrés y obtener mejor rendimiento en nuestro trabajo.
Lo cierto es que esas estrategias no son suficientes, los docentes no queremos “recetas para resistir mejor”, queremos condiciones en las que trabajar mejor…. pero a eso, a la raíz de los problemas no se llega, y entonces, ¿lo demás no son meros “parches”?
Saluditos
Merce
1 de Abril, 2009 - 12:13 am
Me interesan muchísimo esas personalidades encerradas, si son buena gente.
En los hombres me resulta tremendamente sensual imaginar las furias eróticas que guardan.
1 de Abril, 2009 - 12:55 pm
Pues mira que yo creo que voy a tener tarde de furia, y eso sin haber acumulado aun nada… ¡Maldita sobrevalorización del trabajo en equipo indiscriminado!
2 de Abril, 2009 - 6:54 pm
¡No estaréis esperando a que cuente mi tarde de furia! Porque no la hubo…, no se dieron las condiciones.
2 de Abril, 2009 - 10:19 pm
…Pues no va a ser el pesao el que habra la boca…
2 de Abril, 2009 - 10:45 pm
¿Exactamente por qué ha ilustrado la cosa con la imagen de una mujer? ¿Seguro que es casualidad? ¿Seguro que lo mismo habría elegido la cara de un tío, de un cura mismo? ¿Y tendría esa cara?
Dices “No” y eres una borde, una estrecha, una asquerosa, y te ven con esa cara.
Impones tus límites, y eres una puta egoísta, y te ven con esa cara.
Te autorrevindicas, y te lo tienes muy creído, y te ven con esa cara.
Exiges tus derechos, y eres una mandona, y te ven con esa cara.
Pides que escuchen tus opiniones, y te ignoran, ¿qué se habrá creído ésta tía?, y te ven con esa cara.
Pides explicaciones, y eres poco comprensiva, poco maternal, estás endurecida, eres un látigo, y te ven con esa cara.
Crees que tú te lo mereces más, y eres una zorra arribista, y te ven con esa cara
Dices: “no me gusta lo que estás haciendo”, y eres una víbora ingrata, y te ven con esa cara.
No eres la hija, la mujer con la que soñaron, y no se cortan un pelo, están legitimados para rebozarte por los morros su profunda decepción, y vas y te quitas la culpa de encima, y vas y les dices que lo lamentas mucho, pero que eres así y no vas a cambiar, y eres una jodida orgullosa sin sentimientos, y te ven con esa cara.
Intentas hablar quedo, exponer tus razones serenamente, y no te oyen, y elevas un poco la voz, y no te oyen, y hablas un poco más alto, y no te oyen, un poco más, y no te oyen.
Y, claro, al final tienes que gritar y, claro, al final acabas teniendo esa cara.
Ellos, ante tus gritos, ponen esa cara y otras peores, pero, claro, los psicólogos prefieren ilustrar sus exposiciones con crispados, histéricos, desquiciados rostros femeninos…
O con torturados, sufrientes, conmovedores rostros de dolor masculinos, que despertarían nuestra compasión, nuestra empatía, nuestra solidaridad…
Analícese, señor Muiño, y pregúntese por qué ha elegido la cara de una mujer, y con esa expresión que, lejos de inspirarnos compasión, de provocarnos empatía, de provocar nuestra solidaridad, nos provoca rechazo y/o burla y/o asco.
A lo mejor así se da cuenta de por qué a las mujeres nos resulta tan difícil, casi imposible, ser asertivas.
3 de Abril, 2009 - 10:54 am
Mari-Dulce, yo no sé qué margen de movimiento tienes. Pero yo probé a mantenerme firme, y no me va mal.
A los acusadores no les queda más que aceptar y comprender.
No se trata de de convencer ni de debatir tus derechos básicos; se llevan a cabo sin acritud, nada más.
El dibujo de la monja no me da risa ni asco, me recuerda a alguien que estaba orgulloso de su aguante y al cabo de mil años, se siente así.
Y, ya te lo dijo el pesao que debería de abrir boca
, escribes con mucha chispa
3 de Abril, 2009 - 12:22 pm
En lo que vienen a ser relaciones personales, está bien eso de no intentar convencer, yo cada vez lo hago más, y me va cada vez mejor, aunque, y por ello, me va cada vez peor (yo me entiendo) Hasta ahí llego, pero, ¿y si se trata de lograr que tu jefe te ascienda a ti, un hacha de las finanzas, y no al tonto la higa de tu compañero?
Ahora no recuerdo el título de aquella película protagonizada por uno de los pocos ídolos que tengo (mientras no se demuestre lo contrario) por Whoopi Goldberg…sobre Wall Street. No ascienden a su personaje sino al arribista, pelota, ventajista y apropia-ideas-ajenas de su compañero. Se va de la empresa, sí, muy asertivo…pero se agarra una depresión de yegua, que no de caballo.
Reacciona, muy resiliente, y se da de bruces con la realidad, será un hacha, pero los potenciales clientes a los que intenta convencer, no les va que sus capitales estén en manos de una mujer, ¡si al menos tuviera un hombre detrás, apadrinándola, guiándola, asesorándola, al menos en sus periodos pre-menstruales, que ya se sabe!.
¿Qué hace? Ella sabe lo lista que es, autoestima no le falta, ha sido creativa, convincente, se ha mostrado segura de sus capacidades, y no hay tu tía. Es muy amarga esa película, muy descorazonadora, muy real. Y se resuelve al modo hollywoodiense, para que las espectadoras no dejen de ver la película y se aticen un chupito de cianuro, y así no pueden recomendársela a sus amigas.
Lo que pasa es que una peli con Whoopi dentro no puede ser pastelona, falsamente optimista, por mucho que la industria lo intente. Whoopi no nos engaña, sólo nos ayuda a pasar el trago. Tiene que interpretar a un tío, a un presunto genio de las finanzas, y apoyarse falsamente en él, jugar, simular, engañar, vale, se ha buscado una salida, y eso nos alivia, tantito así, pero eso, en la vida real, no lo podemos hacer, objetivamente hablando.
En la vida real, todas sabemos, incluída Whoopi, cómo acabaría su personaje.
3 de Abril, 2009 - 1:03 pm
No comparto para nada ese víctimismo que gratuitamente generalizas para todas las mujeres.
Siendo válidas, y comportándote como uno más, se te suele tratar como uno más.
Si hay reticencias a la hora de contratar mujeres, es porque pueden quedarse embarazadas. Un engorro. Lo mismo que pagar las vacaciones, pero eso nadie lo cuestiona.
Supongo que cuando se ha aceptado el papel de abnegada madre-hija-esposa, cuesta mucho echar marcha atrás. No es cuestión de enfadarse, es cuestión de firmeza, como han dicho antes.
No sé si se es más feliz, pero sí más coherente. A mí eso me vale.
3 de Abril, 2009 - 4:11 pm
Pues será lo que tú dices, machote.
3 de Abril, 2009 - 4:49 pm
No es lo que diga yo. Es que no es como lo dices tú.
La excusa “es que a las chicas nos ven así” empieza a no tener sentido.
Otra cosa es la autoflagelación.
Mi madre iba a lavar al río y me parió sin anestesia. Eso sí es duro.
Ahora los límites nos los ponemos solitas.
3 de Abril, 2009 - 5:42 pm
Hoy, de momento, me toca estar de buen rollo, ¡qué cosas!, así que os voy a obsequiar con un chiste muy salado, aunque no venga a cuento ni nada.
- Yo nunca discuto porque nunca le llevo la contraria a nadie.
- ¡Anda ya! ¡No será por eso…!
- Pues es verdad, no es por eso.
3 de Abril, 2009 - 6:27 pm
Yo me lo sabía así, “Mari-Dulce”:
¿De qué estás tan gordo?
……………….De no discutir
¡No será por eso!
……………….Bueno, pues no será por eso…
Pues, a mí, sólo hace poco más de un mes… que nos han puesto… a ¡¡¡unA JEFA!!!
Es la primera vez que tengo una mujer de jefe… Y estoy exultante de felicidad… No os podéis imaginar hasta qué punto…
Y no sólo porque el anterior fuera un auténtico chulo prepontente “encantado de conocerse” y muy satisfecho y orgulloso (al parecer, eso da más “status”) de tratar a sus “inferiores” como “súbditos”… No.
Es que, además, te meas de risa con la forma de ser de esta mujer: siempre positiva, activa, sonriente, “gritona” y riéndose de su propia sombra… Y curranta a más no poder. No para. No deja de ordenarnos todo tipo de cosas a todos… y se nos cae la baba… y estamos deseando hacerla caso… ¡Y mira que -casi- ninguno -y menos, aún, yo- somos pelotas ni nada por el estilo…! Es que estamos como hipnotizados por las ganas de hacer cosas y por su -auténticamente genial- punto de vista vital: que algo está mal o muy mal… ¡tranquilos! ¡no pasa nada! eso es señal de que tenemos mucho “recorrido”… Vamos, que, en positivo, está claro que a poco que hagamos, iremos a mejor… que, al fin y al cabo, sería de lo que se trata: no amargarse ni por lo mal que esté algo ni, mucho menos, por lo mucho que nos quede para lograr un objetivo. Simplemente: “hay recorrido”, iremos a mejor… y -”tacita a tacita”- quizá… lo consigamos finalmente. Además, estoy seguro, que esa forma de ser, de expresarse y de actuar no sólo no se da en hombres… es que sería muy “raro” ver a un hombre con esa forma de moverse, hablar… Los tíos somo muy sosos, aburridos y “encopetaos”… Me gusta mucho, disfruto a tope viendo a las mujeres válidas cómo se toman esa responsabilidad: sin darse tanta importancia; actuando y haciéndolo muy bien… de rechupete. “Cum laude”.
La resilencia que he tenido que gastar con el capullo anterior… no podéis haceros una idea. Una de las mayores enseñanzas que te da la edad es que, por muy mal que estés; por mucho que creas que has llegado al límite… ¡El que aguanta, vence! (creo habérselo oído a C.J.Cela). O, como un dicho tradicional judío: “ponte en la puerta a esperar ver pasar el ataúd de tu enemigo…”
La resilencia no es un “puro” “aguantar”, sin más más… como derrotados, desesperanzados… “acumulando furia”… Creo que es esa especie de habilidad o fortaleza psicológica (de nacimiento o de entrenamiento) de no caer en la depresión o el victimismo por no conseguir evitar injusticias (contra uno mismo o contra otro/s) o conseguir (con toda justicia, por supuesto) lo que uno cree merecer para sí mismo o para otros. De mantenerse tenso, alerta y a la expectativa del cambio, de la oportunidad… de seguir sintiéndose vivos, con la maquinaria engrasada y en perfecto estado… no con la herrumbre que la inhabilita… Nunca sé hasta qué punto consigo explicarme… ni hasta qué punto sé lo que quiero decir… ni hasta qué punto tendría algún sentido o razón lo que digo… Pero, como digo siempre, me alivio. Y si os consigo entretener… pues miel sobre hojuelas.
Me tengo que ir al dentista: rogad por mí, por favor…
4 de Abril, 2009 - 12:49 am
Luis ¿Te das cuenta que con este tema has ejercido plenamente de psicólogo o, mejor, de psicoanalista?
Yo mismo, y para variar, que siempre hago lo mismo, recordaba los casos en los que me he visto envuelto.
Hace tiempo uno de mis amigos estalló. Llevaba razón, sí, tenía todo el derecho… el problema fue el tamaño del estallido; tan grande que perdió las dos razones, la del sentido común y la otra.
Todo el mundo se disgustó y terminó peleado con el. Lo intenté enderezar pero no hubo manera. Lo terrible es que aquel gran grupo de amigos, que tanto había vivido en armonía, se deshizo. Ya nadie podía mirar al otro de la misma manera, es como si se hubieran caído las caretas, los escudos que llevamos encima para que el compañero no entre en nuestra alma.
Lo curioso fueron las primeras reacciones…
¿Cómo se atreve? Es un exagerado. Qué cabrón, mira que soltar eso. No hay para tanto, si nos hemos aguantado hasta ahora siendo como somos… Y mil etcéteras más que descubrieron que todo se llevaba dentro pero nadie se había atrevido a soltar.
Las últimas reacciones fueron el abandono de la amistad entre todos.
Me ha gustado eso de la “resilencia”. He descubierto que soy resilente.
La verdad es que de la historia anterior solo quedamos mi compañera y yo, que mantenemos la amistad con todos menos con los pocos que nos dieron la espalda.
Internet ayuda al desahogo, es una válvula de escape. ¿Cuántas venganzas, rabias y desesperaciones habrá evitado?
A veces pienso que la red es mala porque encauza la reacción y la traslada a lugares inofensivos; hace que, de tanto quejarse y publicar las injusticias, se olviden y se abandone la búsqueda de la reparación.
Un saludo.
4 de Abril, 2009 - 2:22 am
Que te vaya bien en el dentista, Koldo, ¡sé resilente! je je
Ha quedado claro eso de qué supone la resilencia , es todo un reto adquirir esa fortaleza y te has explicado además de entretenernos
Saludillos
5 de Abril, 2009 - 12:25 am
Cuando me marché, lo volví a notar: debía pensar que yo era un presente para su viernes noche. Algo así como “7 novias para 7 hermanos”.
No hay nada que me crispe más.
5 de Abril, 2009 - 10:37 pm
Que curioso. La lectura de una imágen puede ser catastrófica según el punto de vista. A mí no me ha sorprendido ni me ha molestado el hecho de que sea una mujer sino más bien de que sea una religiosa. Yo veo la provocación en el hábito, que como bien sabéis, no hace al monje (monja, en este caso). Interpreto que la pobre mujer está hasta la toca de aguantar. Y estalla en un grito y en una exposición y afirmación de su femenineidad… Ves, hay versiones para todos los gustos.
Si nos ponemos así, querida Mari-Dulce, cualquier imágen con una mujer puede ser cuestionada. Y no es así. Ando deseosa de ver a los prerrafaelistas en el Prado. Lo tengo en mi lista de lo que no me debo perder. Y la imagen de la mujer en esta exposición llamada “La bella durmiente” me hace soñar con mundos mágicos. Me gustan estos pintores minuciosos e idealizadores de la realidad y su tratamiento de la mujer. ¿Qué hay de malo en idealizar la belleza de la mujer, en utilizar el cuerpo femenino como objeto de admiración? ¿Qué nos quedaría si eliminásemos del arte ese “obscuro objeto del deseo”? Klim también lo hacía y sus cuadros son también un canto a la belleza. Me gusta el hiperrealismo y Velázquez…
A lo que iba: no podemos ser tan puristas en ciertas cosas. El feminismo radical nunca me ha gustado y el victimismo femenino menos. Te recomiendo la lectura de los dos tomos de la autobigrafía de Doris Lessing. Y lo hago convencida de que es una mujer que luchó en primera línea por el feminismo. Pero su vida es mucho más que eso. Y su coherencia como mujer impecable. Ya me contarás.
Siempre hay que dar un paso adelante y no anclarse en discursos que van dejando de tener sentido conforme se avanza en la consecución de ciertos objetivos. Cuando comenzamos un camino, una lucha, hablamos y decidimos en función de unos objetivos muy concretos. Conforme se consiguen el discurso debe variar y si no es así, malo, malo…
Y viva la diferencia, que dicen los franceses…
Lo que nos hace iguales nos une, pero más no une lo que tenemos de diferentes.
5 de Abril, 2009 - 10:41 pm
Repito: pero más nos une lo que tenemos de diferentes. Me comí una “s”… será por la hora.
5 de Abril, 2009 - 10:45 pm
Para Koldo, otra versión: Que dice el padre prior que bajemos a la huerta, que trabajéis y que luego merendaremos.
Lo mismo, como en los cuentos, con pequeñas variaciones, pero a la postre el mensaje está ahí.
6 de Abril, 2009 - 12:31 am
Pues será todo eso que tú dices que dices que yo he dicho, hermana.
6 de Abril, 2009 - 6:58 pm
Y, ahora, como colofón (al menos, por mi parte), y para completar el bonito -y cuasi-récord- comentario nº 60 de esta penúltima entrada de Muiño, una frase… con la que me encontré ayer.
Es del ilustrísimo clásico de las letras ingresas, don Guillermo Sakespeare… y dice ansí:
“El dolor que no habla
……………gime en el corazón…
…………………………….hasta que lo rompe”.
Pues eso: que cuando algunos vamos… otros ya hace siglos que han estao de vuelta… El famoso “Mito del eterno retorno a lo idéntico” que decía otro clásico -esta vez, de las letras germanas-, don Federico Niche…
(Pedantes del mundo entero: ¡¡uníos!!)
6 de Abril, 2009 - 7:05 pm
(Por cierto: qué curioso. Unos que si era mujer la de la ilustración de esta entrada (con todas las “consecuencias” habidas y por haber); otros, que si monja; o que rezumaba ira… Y yo -¡qué le voy a hacer!- que lo que más me llamaba la atención no era ni la tirita en la frente, ni la bocota llena de piños… si siquiera el crucifijo… A mí lo que más me entraba por los ojos eran -¡sí, eso, efectivamente!- las tetas al aire y, casi, “amenazantes”, como las astas de un miura… como si te estuvieran “apuntando”… ¡¡¡Si es que siempre tié que haber gente pa tó!!!)
8 de Abril, 2009 - 2:08 pm
Claro, si es que las que van a colegios de monjas acaban así… empiezan fumando a escondidas…
16 de Abril, 2009 - 10:51 pm
Por cierto: ¿os habéis enterado ya que uno de los nuevos ministros de Zapatero se llama “Gabilondo”? Seguro que sabréis que es hermano del Gabilondo de las Noticias de las 21:00 horas de la Cuatro…
Pero, ¿a que no sabíais que te tuve -como cura- en mi -ahora ya- famoso colegio…? ¡¡¡Pues sí!!! El “hermano Gabilondo” coincidió conmigo (perdón por el egocentrismo: mejor, que yo coincidí con él) en los Corazonistas, últimos años 60 y primeros 70… ¡¡Menuda década!! Beatles y Rollings incluidos…
…Siempre fue “especial”… como dando a entender que era “distinto”… y (perdón por el juego de palabras) y se mantenía “distante”… con nosotros y con sus “colegas”…
Le deseo toda la suerte del mundo…