APOLOGÍA DE LO COTIDIANO
Supe de la historia que os voy a contar hace un tiempo, en un foro de noticias del más allá…
El titular venía a ser que un fantasma extremadamente concienzudo con las tareas del hogar estaba volviendo medio loca a una familia estadounidense. Desde hacía años, el empecinado espectro se dedicaba a hacer las camas, limpiar los cuartos y fregar suelos. Lo peor es que, además, se cercioraba de que los miembros de la familia realizaran puntualmente sus tareas. Y si esto no ocurría, se enfadaba: los infractores escuchaban ruidos y gritos de alguien que les regañaba. Los rituales de limpieza debían preocupar muhco al ente, porque cuando estos no se realizaban, abría puertas y ventanas y apagaba la televisión para que dejaran de descansar y acabaran las tareas.

Todo esto ocurría, muy apropiadamente, en Salem. Como aquel es un sitio con una larga tradición de supuestos fenómenos paranormales (de estos que luego resultan ser demasiado normales) cuenta con un buen número de exorcistas, psíquicos y otros sujetos que se dedican a cazar fantasmas. Los miembros de la atribulada familia contrataron a uno y este hombre resolvió el problema en un santiamén (o en un conjuro, que supongo que es lo que hizo).
Según el cazafantasmas, el espectro había sido en vida un ama de llaves. La metódica mujer había vivido en el siglo XIX y, lamentablemente, aún no se había enterado de que se había muerto. Por eso seguía haciendo su trabajo. En cuanto el psíquico consiguió que la familia tuviera su casa un poco más ordenada y aseada -cosa complicada, porque había tres niñas adolescentes de por medio- el fantasma pudo descansar en paz.
Lo más sorprendente para mí no fue la noticia -que me pareció muy normal- sino más bien la reacción de los miembros del Foro. Muchos de ellos creían en fantasmas y, sin embargo, a todos les pareció que la historia era una tontería. Seguro que estaban dispuestos a creer en el regreso de un muerto que ha sufrido un trauma o que quiere vengar una muerte, pero no pueden pensar en un fantasma que se dedique a sus rutinas.
Y es que, habitualmente, los seres humanos no nos damos cuenta de que lo que en realidad nos define es el devenir cotidiano: nuestros hábitos. Lo extraordinario llama más la atención, pero no es lo que más nos importa. Para bien y para mal, nuestra salud mental depende de la normalidad. De hecho, es ahí donde se nos conoce: en las cosas grandes nos mostramos como nos conviene, en las pequeñas nos mostramos tal y como somos…

Lo que pasa es que solo apreciamos el valor de nuestra serena cotidianeidad cuando perdemos el rumbo. Cuando estamos deprimidos, por ejemplo, lo primero que notamos es la pérdida de hábitos ordinarios: nos cuesta comer como lo hacíamos siempre, nos cuesta dormirnos o levantarnos por la mañana a nuestra hora habitual, nos cuesta mantener nuestra higiene personal y la de nuestro hogar de la forma que siempre lo hicimos… Hemos perdido nuestros hábitos.
Supongo que a los que nos dedicamos a trabajar con personas que han perdido momentáneamente el disfrute de la vida corriente nos resulta más fácil darnos cuenta de la importancia de lo cotidiano. Por eso, quizás, me costó tan poco entender a esta fantasma.
La mujer, lo único que quería, es continuar con sus rutinas obviando el pequeño detalle de que estaba muerta.
Quería conservar sus hábitos a pesar de los cambios vitales (y mortales).
Y eso es algo que, aunque no siempre nos demos cuenta, nos pasa a todos.
25 de Febrero, 2009 - 3:21 pm
Las imágenes son de esculturas hechas en cementerios. Hay algo que encanta y he visto en camposantos de Galicia, en el Père-Lachaise de Paris o incluso en algunos más tétricos, como el de Highgate de Londres: la estatuas hablan, casi siempre, de la continuación de lo cotidiano. El erotismo, la ternura de la infancia, la compañía de animales y plantas, la charla, la lectura, …Todo sigue allí, aunque sea un cementerio.
Si os gustan las fotos, están sacadas de la web http://northstargallery.com/
Sobre este tema de la importancia del disfrute de lo cotidiano, hay muchas ideas en el libro “La fuerza de existir: Manifiesto hedonista” de Michel Onfray.
25 de Febrero, 2009 - 4:18 pm
Estamos también en algo que ya has tratado en otros temas: la necesidad de organizar, de clasificar las cosas para sentirnos seguros. De un fantasma se espera que meta miedo. Un fantasma ama de casa no pega, no nos lo han vendido así.
25 de Febrero, 2009 - 4:37 pm
Que alguien le diga a ese fantasma que lo espero en mi hogar con los brazos abiertos.
25 de Febrero, 2009 - 6:16 pm
Y cuánto cuesta comprarse un fantasma de esos? A mí me vendría de perlas =).
Un abrazo, siempre atento a cada entrada,
Yoryio.
25 de Febrero, 2009 - 8:15 pm
Sin ir más lejos, en Almeria, ciudad donde vivo, tengo un paciente,que murió hace poco su compañero de piso,y lo sigue viendo todos los dias fregando la cocina,y limpiando el cuatro de baño, bueno,…le digo mira que acompañado estás y que limpio debe de estar todo…al pobre lo tengo de baja laboral y con tratamiento, no hemos consultado con el espiritista,ya que eso no entra en nuestros seguros
25 de Febrero, 2009 - 10:43 pm
Creo que, desde que nacemos, es tal la “borrachera” que tenemos de descubrir nuevos sentidos, con sus distintos matices e intensidades, de ir poquito a poco “trasladándolo” todo a nuestro propio “mundo” (nuestra mente), recomponiéndolo y ajustándolo, a nuestra manera, lo mejor posible; contrastándolo, buscando nuevas experiencias y sensaciones de continuo… En fin… Que lo más “normal” es que se nos forme tal revoltijo, tal caos, tal saturación por estímulos sensitivos e intelectuales… que resultaría de lo más extraño, por tanto, niños con hábitos… salvo los más elementales… los que su propio organismo le dicta, ritmos circadianos incluidos… nada que ver con el “orden” al que los hábitos que nos cuenta Muiño conducen.
En definitiva, que “orden y buenos hábitos” son, por lo que parece, lo que se busca en la educación y socialización temprana del individuo… Aún recuerdo lo que los curas nos enseñaban, en “Filosofía”, que eran las virtudes: hábitos buenos… ¿Y los vicios? Pues hábitos malos, claro está(ba)…
Para seres inquietos; que preguntaban siempre; que preguntaban mucho; que no se conformaban con cualquier respuesta; que querían que se les argumentaran dichas respuestas; que gustaban de buscar contradicciones… de “llevar al absurdo” ciertos temas; que nunca entendieron las hipocresías, ni los dobles raseros, ni las imposiciones… ni qué coño era “esto”, ni para qué narices estábamos “aquí”, ni (lo “peor” de lo peor) qué se quería “ser” en esta vida… Para mí, decía, pues, mi principal, mi gran “labor vital”, mi “visión” adolescente, mi inicio a la “madurez”… no fue otra que “currarme” e intentar -por todos los medios- “asimilarme” a lo “normal”… aminorar, obviar tanta “filosofía”… e intentar ser “feliz”, es decir, salir de ese tipo de “aislamientos” y abrirse a la gran “mayoría”… sin mayores pretensiones… mantener relaciones “normales” y dejar ya de tanto “sufrir” el profundo aislamiento que produce la incomprensión del que se siente “superior” por tanto dramatismo y presunta profundidad de “pensamiento” (esa era la imagen y, seguramente, la realidad…) Vamos, que muchísimo mejor ir al cine a reírse a mandíbula batiente que ver arte y ensayo y pasarlo fatal con “Y Johny cogió su fusil” y cosas por el estilo…
…Y dejar un pequeño “reservorio” para momentos, temas y ocasiones “especiales”… Como este “El Hábitat…”, por ejemplo, para desgracia de los que se toman el trabajo de leer estos habituales y pesadísimos desvaríos…
“Tener una vida desordenada” es siempre peyorativo para cualquiera… Estoy seguro que el éxito de cualquier creativo consistiría -precisamente- en eso: orden y rutina matarían un cerebro despierto y alerta… y los hábitos sólo sirven para anestesiar esa “antena” puesta a nuevos mundos internos, propios y ajenos, a la originalidad de nuevos puntos de vista, a que generemos algo nuevo…
El ser humano lleva miles de años intentando evitar la incertidumbre… por todos los medios a su alcance. Que la sociedad en conjunto y el individuo en particular tengan usos, costumbres y hábitos iría en ese “dichoso” sentido. Y si existe algo creativo es la necesidad y la incertidumbre.
Puñetera gana que tendría de sufrir una depresión, de las de verdad… Así que puedo opinar con “ligereza” y pido el perdón más respetuoso y sincero si ofendo tanto a quienes la hayan sufrido como a los facultativos que les orienten y ayuden a salir de ella… Pero, ¿no sería mucho mejor, más positivo mirar hacia adelante, olvidarse de quién se “era” “antes” (por tanto, también de los hábitos “antiguos”) y plantearse una auténtica catarsis y “crear” -tener esa oportunidad irrepetible- un nuevo “yo” sin lastres ni absurdos -por no serme útiles, por no llevarme a la felicidad- hábitos… para crearme unos nuevos, más “auténticos”, más “libres”, más elaborados, más hechos a mi racional y auténtica “medida”…?
Si me encuentro tan mal… ¿no tendrían algo que ver, precisamente, esos hábitos…? ¿no serían “la” causa? ¿Qué necesidad habría en recuperarlos? ¿Por qué tendría que echarlos de menos…?
Creo que la inmensa mayoría de nuestros sufridísimos congéneres en tierras africanas, asiáticas o americanas del “Tercer Mundo” lo “saben” perfectamente: tiran palante; cada día es distinto del siguiente; su triunfo es cada mañana; se reinventan el mundo, su entorno, a sí mismos, a cada día, a cada momento… E, incluso, exhiben una fuerza, unas ganas de vivir, una sonrisa abierta y sincera, un agradecimiento infinito… a cada minuto, a cada experiencia… aunque se mueran -se mueren y lo saben- de enfermedad, de hambre, de injusticia, del olvido de todos…
Seguramente y por desgracia, echaremos muchísimo de menos los hábitos que hemos llevado al absurdo estos últimos años: hipotecas desmesuradas e irracionales, viviendas infinitas, automóviles de auténtico lujo, segundas residencias, televisores de plasma y equipos profesionales de sonido doméstico, varios sueldos en las familias, vacaciones en el Caribe y cruceros por el Nilo y los fiordos noruegos… Efectivamente, seguro que -a no tardar mucho- la apología de lo que “era” cotidiano será insoportable… Y, aún con el gravísimo deterioro que, ya mismo, sufriremos, ya lo querrían para sí todos esos millones de desheredados que se juegan su vida (su vida ya la tienen “perdida”) para alcanzar alguno de nuestros “hábitos”…
Cuando se está cómodo… se quiere “fijar” la situación a base de “hábitos” que mantengan esa cómoda certidumbre.
Cuando se pasa mal… los hábitos son sólo un estorbo… dejan de tener ningún sentido… “todo” deja de tenerlo, en realidad…
Los hábitos son como reflejos condicionados: no necesitan esfuerzo, desgaste, aligeran la pesada carga que supone el pensamiento… eliminan incertidumbres, rellenan el espacio y el tiempo de nuestras vidas (¡¡¡qué mejor paradigma de hábito que las horas que pasamos ante un televisor…!!!). En cierto modo son una droga. Un anestésico más de nosotros mismos, de unos con relación a los otros (festejos, celebraciones, aniversarios incluidos).
Esperar ansioso las nuevas entradas de Muiño, constituye actualmente mi hábito más arraigado… casi igual que el tabaco, cuando fumaba… Pero mucho más placentero y liberador… ¡¡¡vaya que sí!!!
25 de Febrero, 2009 - 11:29 pm
Vamos a ver, vamos a escribir…
Primero de todo agradecer este espacio por proporcionarme de forma evolutiva y positiva una oportunidad de anclaje a mis diversos pensamientos, una utilidad que uso como pretexto desde hace tiempo para comprender lo que sucede y no comprendo, intercambiando las neuronas perdidas con las nuevas y asegurandolas un buen lecho para dormir descansada y propulsar la lucha que tenemos actualmente.Que no es poca.
AL leer este texto se relajan varias partes de mi cerebro ¿por? Exactamente no lo se, estoy esperando a comprenderme del todo. Y le pongo esfuerzo.Tampoco comprendo a los fantasmas o a seres de otros mundos. Y en estos, pongo poco esfuerzo.
NUESTRA SALUD MENTAL DEPENDE DE LA NORMALIDAD. Gran frase! Simple pero importante!
Sobre el fantasma, los habitos y yo… mi pensamiento es…
Lo importante de la historia del fantasma, no es que fuera fantasma en realidad. Sobre la existencia de los fantasmas, aunque he visto cerca su presencia y los he visto fotografiados.. yo no les doy mucha importancia en el sentido de misterio o mundo oculto… Pues lo importante son los paradigmas y esta vida, la que yo tengo y la que tenemos todos “los vivos” .Ya por si sola tiene suficiente contrariedad entre paradigmas como para abarcar ese plano oculto con importancia, en el cual, realmente, no tenemos libre acceso.
Pero entre vivos si tenemos acceso. POdemos entre ellos potenciar los habitos o estropearlos. Podemos entablar comunicacion o tirar los platos al suelo.
Lo que si es cierto, es que ese fantasma, estuvo vivo…¿Que tal seria esa convivencia con ella? ¿Al igual de metodica? ¿Al igual de insoportable, a lo mejor? ¿Podrian vivir los seres que lo conocieron con esa mujer?
Creo que no. Los habitos cambian generacion tras generacion. Somos seres evolutivos, al menos, eso pienso yo y algunos.
Supongamos ( me supongo yo) que esa mujer se encuentra entre los vivos. Y nos propone ser como ella a toda costa. Se enfada, abre las ventanas y las golpea, nos chilla y nos pone la sopa fria…
Seguramente, prefeririamos que esa mujer viva que nos atormenta cambiara la historia y cambiarla significa que mejor sea un fantasma, que tira platos o abre con golpes ventanas.
No podriamos culparla de ser autoritaria o cruel con su decision de no aceptar el cambio o aceptar un acuerdo de habitos entre los que le rodean.
Muchos nos sentiriamos aliviados si de esa forma llegaramos a una responsabilidad de comprension con un alo de misterio. SI, habia un problema, pero el problema, no era nuestro. Simplemente, un fantasma terco que no hace nada pero que se queja de no tener nada limpio…
La frase de tener fantasmas en la cabeza, podria ser un buen anclaje donde retirarse y no errar con ellos.
Yo creo que, antes de ver la rabia de los fantasmas interiores o la tristeza de no poder conseguir los habitos… prefeririamos comprender que un ser de otro mundo nos impide el paso…y que alejarnos del lugar es la solucion. Las casas encantadas suelen abandonarse ¿ No es asi?
¿Y quien puede abandonar el alma de
alguien vivo enfadado o enfrentado a sus temores?
¿Quien puede ayudar a comprender la maldad del hombre?
Yo, en algun momento de mi corta vida hubiera preferido llamar a un experto espiritista y decirle : -Mira señor, por aquí hay una sombra rara… venga y quitela porque este es el lugar que he elegido para vivir…
Pero si no he tenido esta conversación es porque se que estamos hechos de influencia y que nuestro corazon es el colador por donde permitimos rechazar o aceptar
a nuestro antojo…
Aunque sean paradigmas contrarios.Todos somos diferentes, los fantasmas vivos y los fantasmas
muertos.
El problema , es no llegar a un acuerdo o no tener corazon para filtrar las influencias.
A mi me encanta el orden. Soy visual, hago una imagen de las cosas, aunque estas esten en desorden, las ordeno en grupos de kits… mis propios kits, kit de makillaje, kit de ropa, kit de libros, kit de ordenador… Si, mentalmente me ayuda y me divierte.
Lo importante no es el excesivo orden. Es reservar una pauta para que nuestra mente no pierda tiempo vagabundeando entre neurona y neurona. Solo asi, sabiendo que el tiempo del pensamiento es rapido y no puede perderse buscando cosas o pensando que no hemos comido o no nos hemos duchado… algun dia, la mente descansa y nos permite en su vacio, dormir despiertos, descansar el intelecto. Pensar que cumplimos algun sueño…
Cuesta muy poco pensar o creer que exista algun fantasma entre nosotros. Cuesta mas, pensar o creer que esos fantasmas estan vivos.
26 de Febrero, 2009 - 12:06 am
¿Pero el ama de llaves les tenía asi???
¡Dios, cómo está el servicio!
26 de Febrero, 2009 - 3:56 am
Muy buena Dominus!!!
26 de Febrero, 2009 - 6:48 am
Más que fantasma, tenían un duende o trasgo afincado en casa. Al menos, eso es lo que hubiésemos pensado si hubiera sucedido en España hace cien (o puede que menos) años. El comportamiento y las características son las mismas. La mayoría son traviesos y les gusta alborotar y desordenar, peor hay algunos a los que les gusta ayudar a la familia: barrer, fregar lo platos… pero se enfadan si la mujer de casa es desordenada y deja la mesa después de cenar sin recoger o los platos sin fregar. A cada fenómeno que no podemos explicar le damos la forma, la interpretación que nos han enseñado en nuestra cultura. Será que está mal visto pensar por uno mismo…
26 de Febrero, 2009 - 10:07 am
Sr. Muiño, las fotos no son precisamente como para ponerlas en un marco. ¿Algo depresivas no?,¿o seré yo el que lo esté?, mejor no entrar en detalles. Y con respecto a este post tan “sui generis”, me quedo con la frase “… se nos conoce: en las cosas grandes nos mostramos como nos conviene, en las pequeñas nos mostramos tal y como somos…”, aunque las frases para mi son algo tan perecedero e impersonal que solo me duran un instante y con la que no estoy del todo de acuerdo. Los psiquiatras y psicólogos tenéis frases para todo y se usan en uno u otro sentido según convenga. No creo en fantasmas, aunque me encantaría que los hubiera. Al menos habría una esperanza de que una vez muertos, esa energía siguiera de algún modo viviendo, pero me temo que va a ser que no. Asi chicos que aprovechad el tiempo, que esto se acaba.
26 de Febrero, 2009 - 11:59 am
Pues a mí me ha encantado, esa frase especialmente, y las fotos (soñadoras) y el post en general.
No solemos apreciar el valor de lo rutinario hasta que lo perdemos. No es justo (maese koldo) confundir la rutina con una cárcel impuesta a nuestra alma. Puede que no nos guste el estilo de vida que llevan a nuestro alrededor, y que por tanto, esperan que nosotros llevemos. Pero hay que aceptar que vivimos entre personas, y que necesitamos un libro de instrucciones con las normas convivencia. Por lo menos para entender el sistema. Quizá después para intentar cambiarlo.
Las aventuras, las cosas extraordinarias están bien. Pero sobretodo cuando puedes cerrar el libro, o apagar la tele, o volver de viaje, abrir la nevera y prepararte la cena.
Si realmente fuéramos conscientes de nosotros mismos, respecto al mundo a nuestro alrededor, lloraríamos cada vez que abrimos un grifo y sale agua potable de él.
Vivimos rodeados de cosas increíbles.
Quizá por eso un fantasma de costumbres ordinarias me gusta tanto. Porque nos desilusiona que siendo fantasma, haga cosas tan “sosas”, en vez de admirar su auténtica naturaleza.
26 de Febrero, 2009 - 11:22 pm
Pues psicólogos y psiquiatras dirán (filibusteros de lo irracional, abstenerse…); pero creo que este tipo de “fantasmas” no son sino una “materialización” (¡valiente paradoja!) de esa asfixiante “cárcel impuesta a nuestra alma” (”Lem” “dixit”) por nosotros mismos… Parece que se echan de menos… incluso cuando son ajenos… incluso cuando nos joden… incluso cuando nos han hecho la vida imposible… Los seres humanos semos ansí… Te liberas de algo o alguien (incluso, por pura casualidad) que te amargaba la vida… y vas… y resulta que ahora te obsesionas más -por su ausencia- que antes, cuando te tenía agobiado…
Seguro que el “sujeto” era la familia y el “objeto” el “fantasma”… y no al revés: obviamente, me resisto a considerar “sujeto” a fantasma alguno…
Mi hermano “siguiente” (tendrá ya los 50 tacos) sigue jurando y perjurando que no sé qué Noche de Reyes les vio en casa (ya no recuerdo si a uno o a todos)…
Reconozco que no me había dejado jamás tan preocupado como ahora esa frase de Muiño: “nuestra salud mental depende de la normalidad”… Ahora va a resultar que me “receté” a mí mismo lo mejor que podía hacer en mis angustiosos años de caos sin rumbo -mental, intelectual y emocional- que sufrí entre los 15 y la mili: intentar la normalidad, fijarme mucho e imitar y aprender de los “normales”… a pesar de que iba diametralmente en contra de “mí” mismo… ¡Joder con el sentido común y las intuiciones y dejarse aconsejar por las “tripas”…!
1 de Marzo, 2009 - 9:53 pm
Música para evitar el tedio. John Lennon just like starting over. Saludos, colegas.
1 de Marzo, 2009 - 10:34 pm
Realmente buena la forma en que has hilado los componentes del artículo.
¿Qué hacías en un foro de fantasmas? Jajajajaja.
Una vez oí a un experto en el tema contar que los fantasmas no eran perfectos, que eran tan y como fueron en vida. El que era cabrón es cabrón, y el que era metódico es metódico.
Sobre la rutina no estoy segura, porque a las siete menos cinco pe-eme me empieza a entrar una ansiedad terrible en la silla del curro por lanzarme al mundo. Hay rutina bonita y rutina fea.
2 de Marzo, 2009 - 8:51 am
Amigo “Lem”:
Pues creo que una cosa son -como nos dices- las reglas del juego de la convivencia, las normas de convivencia, el “marco”, los “umbrales” mínimos o máximos antes de romper dichas normas… y otra muy distinta las rutinas, los hábitos de conducta individuales o en sociedad.
Si los días y los años se nos van pasando cada vez más deprisa a medida que nos vamos haciendo mayores… ¿No sería, precisamente, porque cada vez vamos “oxidándonos” con más y más costumbres, hábitos o protocolos consuetudinarios…? ¿No sería la ausencia, la lucha contra ellos, la búsqueda de nuevas experiencias, lo que hace a los más jóvenes más largos sus días y sus años…? ¿No será también la causa de que, con la edad, nos acabemos haciendo todos cada vez más conservadores, de que cada vez nos repugnen y evitemos más los “sustos”… todo lo que nos rompe y altera nuestras rutinas…?
¡Vale! …¿y eso es “bueno” o es “malo”…? Pues, quizá, ahí estaría el objetivo de Muiño en esta entrada: pros y contras de rutinas, hábitos… para nosotros mismos y con relación a los demás… Obsesiones, obsesivos…
3 de Marzo, 2009 - 12:47 am
A ver, me tiro al agua… He visitado mil veces este blog y nunca me he atrevido a dejar nada. Siempre me ha llamado la atención cómo a partir de un texto de L.M. se van las ideas y las opiniones hacia otras direcciones. Enriquecedor.
Lo primero, las fotos de esculturas. Preciosas. Parece que tienen alma… (vale, el texto me ha servido de excusa)
Lo segundo el “fantasma”, el alma de llaves, perdón ama de llaves. Bueno, no sé. El tema de los fantasmas y almas perdidas me da mucho respecto. Yo no quiero opinar de algo que no he vivido y respeto a la gente que vive rodeada de “fantasmas” o que en algun momento de su vida ha entrado en contacto con un “fantasma”. No me gusta llamarlo así.
A mí me hubiera gustado mantener por un tiempo un “contacto” con mi abuela materna que se fue sin poder yo despedirme de ella.
Entramos en un amplio debate. Más allá del tema de los hábitos y de la bendita rutina.
¡Gracias Luis por tus textos!
3 de Marzo, 2009 - 1:55 pm
A veces echo de menos el que no haya comentarios de comentarios, porque paso muy buenos ratos leyéndolos, pero no parece conveniente expresarlo, por no “embadurnar” demasiado todo esto. Pero aprovecho la licencia que me doy esta vez, para decir que no he podido evitar sonReir con Lily, porque yo he pensado exactamente lo mismo, y con la materilización de los fantasmas de koldo, que tiene su enjundia.
Y bueno, que en general, siempre me encuentro con cosas muy interesantes, que me aportan mucho más de lo que yo podría alguna vez, y hoy sentía que tenía que agradecerlo.
Y sobre la rutina, se me ha venido a la cabeza que quizá también tiene un lado aterrador. Yo no encuentro apetecible la incertidumbre, me produce angustia. Necesito saber qué es lo que se avecina, aunque nada sea seguro en esta vida.
Pero cuando pierdes a alguien querido, por una ruptura o lo que sea, y de repente, te encuentras que tienes que afrontar el resto de tu vida con ese vacío… Supongo que la rutina se convierte en un escenario macabro, en el que haces lo que se espera que hagas, por nada en particular.
Y así más o menos igual el resto de tu vida.
3 de Marzo, 2009 - 2:23 pm
3 de Marzo, 2009 - 10:17 pm
Lem, tú no te preocupes por si te pasa eso. Te lo digo yo. Al principio es horroroso, porque lloras, gritas, te sientes morir, te tiras de los pelos, estás agitado, no vives…
En la segunda fase se te pasa, y ya le encuentras gusto a las cosas, estás muy activo, y entregas tu amor universal a la humanidad entera, sobre todo a la humanidad de aquí al lado. Te sientes generoso, entregado.
Luego pasa que te das cuenta de que has hecho contigo un trabajo de ingeniería: te has creído que te gustaba lo que en realidad detestas; lo que a ti te parecía un maravilloso acto de amor y entrega a los demás era renunciar a tus propias apetencias, deseos y necesidades, para no darte cuenta de que mejor que no seas consciente de unas apetencias, deseos y necesidades que sabes positivamente que no vas a poder satisfacer, y porque te han machacado tanto tu autoestima que te consideras a ti misma una mierda sin valor que tiene que trabajarse el aprecio de los demás sirviéndoles.
Y entonces llegas a la tercera fase: nada, se acabó, no me voy a engañar más, porque, más difícil todavía, el malnacido que te ha llevado a esto está viviendo su propia fase, la del lloriqueo, que nada me interesa si no eres tú, que estoy amurriao, que estoy desganao…así que, doble trabajo, no engañarte a ti misma y no dejarte engañar por el llorica.
Esto último te pasa ya en la tercera década…te conviertes en un trozo de carne puesto en un sofá, pero te asumes a ti misma, al fin, tal como me recomendó el gilipollas de mi psicólogo budista: sé independiente y disfruta de tu rutina diaria, pequeña saltamontes.
Pues eso,
4 de Marzo, 2009 - 3:12 pm
Hay alguna rutina que se me destontona cuando me quedo sin internet. Por ejemplo leeros. Habito, rutina, costumbre… se llame como se llame, a veces son buenos. Y otras un castigo divino.
Lo de embrutecernos delante de la pantalla de la tv. es una terapia que a veces he usado. Lo bueno de ese estado de estupefacción es que lo que salga en la pantalla ni te va ni te viene. Es el tiempo lo que pasa.
Por otro lado no creo en fantasmas. Los muertos no se van a molestar en morirse para luego volver… por muy vengativos que sean. O por mejores intenciones que tengan. Según dicen nadie ha vuelto a contarnos lo que hay detrás. ¿No es prueba suficiente, despues de tanto muertos, que la cosa no va con fantasmas?
A estas alturas me sorprende que alguién crea en ellos. Sinceramente, para fantasmas los que están en nuestra mente.
Os pongo un ejemplo: El otro día me encontré fuera de sitio una cebra, que normalmente está sentada en el borde de una de las estanterias. La encontré encima del mueble aparador, junto a la bailarina de cirstal.
¿Quiere eso decir que la cebrita se ha enamorado de la frágil bailarina y se ha acercado a saludarla? ¿O que un fantasma me ha movido objetos de su sitio? Dado mi historial de despistes supinos, lo lógico es que yo haya movido la cebra. Pero como no soy capaz de recordar en que momento lo hice, pues me sorprendo del cambio y busco una respuesta irracional al asunto. Eso o que ha entrado a casa un ladrón y visto el panorama se conforma con mover una cebra de sitio.
Elucubraciones…
Os juro que no estoy tomando nada…
4 de Marzo, 2009 - 7:16 pm
Pues yo dejaría a la cebra al lado de la bailarina… quiza andaban buscándose… qué romántico.
4 de Marzo, 2009 - 11:56 pm
¡Hola “La dama”! ¿Sabías (lo leí a saber cuándo y dónde) que el tipo de ondas cerebrales que emitimos (distintas en vigilia y en soñando), cuando vemos televisión, son mosqueantemente semejantes a las del sueño?
¿Verdad que eso lo explicaría todo…? Seguro que muchas mujeres (perdón por el machismo) que tanto disfrutan y se relajan yendo de tiendas (compren, finalmente, o no…) emitirían un tipo de ondas que también delatarían ese tipo de estados alterados de la mente… ¡De acuerdo! Quizá también los hombres viendo fútbol… o qué se yo…
Mi padre (q.e.p.d.), cada vez que nos visitaba, disfrutaba cambiando el orden de los adornos que mi mujer tenía colocados por las estanterías de los muebles del salón… Era un juego de complicidades entre ellos con el que se lo pasaban muy bien… y le alteraba “lo cotidiano” de su particular orden de las cosas.
En cuanto al último comentario de “Mari-Dulce”, me recuerda muchísimo a lo que le pasó durante años a mi madre, con mi padre: era funcionaria del Estado; pero renunció a todo para dedicarse en cuerpo y alma a que mi padre estuviera siempre “de punta en blanco” (como siempre decía) y listo para su guerra, particularmente cruel, de ejecutivo… además de darnos a sus 5 hijos su vida (literalmente, al igual que mi padre) para criarnos, darnos todo su cariño dedicación, educación, apoyo…
Mis padres acabaron llevándose muy mal, con broncas casi diarias. Mi madre -cuando, por fin, salió la Ley del Divorcio- estuvo a menos de una micra de “mandarnos a todos a hacer puñetas”, de “dejarnos a todos tirados”… Estaba harta y agotada. Los hijos que ya teníamos cierta edad la apoyamos… Incluso nuestra hermana mayor la ayudó a encontrar un piso… que, muy pocholo, encontraron juntas. Finalmente, no se fue. Creo que se equivocó. A lo largo de los años fue alternando diversos episodios depresivos… El más fuerte, curiosamente, al año (poco más o menos) de la muerte de mi padre. Ya nunca -por ello, por la avanzada edad, o por ambas causas- se recuperó del todo.
Según nos contó ella misma, tiempo después, lo que “anuló” su “fuga” fue la siguiente y telegráfica conversación con mi padre:
- “José Manuel: me quiero separar…”
- “De acuerdo, Fali: encárgate tú…”
…Y así se “quedó” “todo”…
Mi padre tuvo una lengua muy afilada: casi siempre se parecía a ese tipo de armamento de última generación, a las bombas “inteligentes” esas… En este caso, a pesar de que hice “votos” psicológicos de no querer acordarme de “nada”, sigo “sintiendo” que -ambos- se hicieron mutuamente muchísimo daño: donde más les dolía… Y así, de continuo y durante muchos años… Mi madre, siempre (con razón, supongo…) con argumentos del tipo “esclava” y sacrificada… Mi padre, de total sacrificio y sufrimiento para dar estabilidad y futuro a la prole… Mi madre, siempre más próxima a nosotros; mi padre, siempre tan exigente en todo…
Jamás sabré si merece la pena ser padre… Ni si no sería siempre mejor (para ellos mismos y para sus hijos) separarse y dejar de hacerse reproches y daño, que haber continuado juntos “por los hijos”… entre otras cosas (?).
En cualquier caso, es especialmente espeluznante mantenerse, haber continuado, en este tipo de rutina convivencial… absolutamente tóxica. No quiero hablar por mis otros 4 hermanos; pero creo estar seguro que a mí me afecta… me afectó mucho y para siempre. Creo que sigo aún condicionado -esclavizado- a muchas actitudes negativas de ese tipo con mi mujer, familia, amigos y compañeros. Supongo que, en mayor o menor grado; con mayor o menor conciencia; supongo, quiero pensar, digo, que como todo el mundo… ¿O no?
En cualquier caso, “Mari-Dulce”, me da muchísima grima eso que te decía tu “admirado” “psicólogo budista” de disfrutar de tu “rutina diaria”. Me recuerda mucho a lo que te dicen los médicos cuando estás jodido: “haz tu vida normal”… o sea, que tengas lo que tengas y te pongas como te pongas, que nada; que ya no puede hacer nada más por ti: que te busques la vida, vaya…
…Sigo pensando que tanta rutina -cualquiera- nunca sería muy sana… Ni siquiera las placenteras (¡que “boutade”! ¿verdad?) A pesar de todo… Un ser “vivo” necesitaría siempre -sobre todo, si se considerara “inteligente”- romper rutinas y estar abierto al cambio, a la sorpresa, a la novedad…
…Y lo dice alguien que las tiene. Y muy arraigadas, por desgracia…
5 de Marzo, 2009 - 12:27 am
Que alguien le diga al psicólogo budista de mari-”dulce” que lo mismo y en las mismas condiciones, que también me sirve él.
5 de Marzo, 2009 - 12:55 am
Pues sí que tenía “automatizadas ” sus rutinas esta mujer que por querer seguir con ellas “obviaba el pequeño detalle de que estaba muerta”. esto último me resulta graciosísimo, un “detalle sin importancia” eso de estar “fiambre”, ay ay…
Las rutinas que nos facilitan la vida me parecen estupendas, no sé si es porque soy para ciertas cosas bastante desordenada y entonces tener “hábitos” de dónde dejar las llaves, las gafas de sol y todo eso es estupendo…
Otras rutinas ya no me parecen facilitadoras sino todo lo contrario, esas de repetir nuestros actos hasta la saciedad, olvidándonos de que cada día es nuevo y hay que “estrenarlo” y disfrutarlo todo lo que podamos, porque, la verdad, luego no sabemos qué nos deparará el “más allá”, je je, igual nos tienen “limpiando el polvo” y “fregando el suelo” como a esa pobre fantasma.
Saludillos
Merce
5 de Marzo, 2009 - 4:13 am
Me ha resultado muy interesante, porque lo veo muy certero.
Cuando nos salimos d elo cotidiano, nos podemos sentir muy perdidos, incluso muy melancólicos…
Un beso.
5 de Marzo, 2009 - 11:24 am
Koldo: no hago más que darle vueltas a esa transcripción de mini-conversación entre tus padres, y le doy vueltas porque me afecta subjetivamente. Haciendo una gracieta, podría decirte que, ¿ves?, tu padre contestó a tu madre -con respecto lo de separarse, aclaro- talmente como si le hubiera asesorado mi psicólogo budista.
A saber: tu madre, cierto, era en parte responsable de su comportamiento -esto para que veas que no soy una ultra feminista que exculpa del todo a la mujer y culpa en exclusiva al hombre, es más, creo ser bastante objetiva con estos temas- Decía, partiendo de eso, que tu madre entró en un proceso que para ella era esclavizante y, en cierto modo, todos os beneficiabais, incluída tu madre, que quizás compensaba carencias y complejos ejerciendo un “digno” papel de víctima sacrificada.
Bien, de pronto tu madre se rebela, o lo parece, ¿no? Yo creo que estaba intentando recibir una recompensa de verdad, porque ya la recompensa del victimismo había dejado de ser tal para ella. Mi opinión: tu madre quería recibir un agradecimiento claro, sentirse realmente valorada por primera vez en su vida, aunque “forzándolo” un poco, sentirse querida, siquiera en última instancia, un “no, por favor, no te vayas, no podría vivir sin ti. Hablemos”. Pero pienso que también le habría valido un “sí, puede que sea lo mejor, yo no me atrevía a afrontarlo, pero esto no funciona”. O, ¿quién sabe?, un soberano enfado de tu padre, que quedara claro que se había dejado hacer toda la vida, de manera mezquinamente egoísta, y que ahora, se enfadaba muchísimo por lo que iba a perder, y gritos, y gritos desabridos…Así estaría justificadísima la rebelión, así tu madre se cargaría de razones para largarse.
Tu madre estaba pidiendo una respuesta, la que fuera, para bien o para mal, de rompimiento o de renovación de la relación, la que fuera.
Mi psicólogo budista le habría dictado la respuesta a tu padre: ella decidió hacer lo que ha estado haciendo toda su vida, y encontraba una compensación. Aceptó las condiciones durante años, usted, señor, se benefició, de sus servicios personales y de su falta de exigencia de una contrapartida. Ella lo decidió así, ella es la única responsable de la dinámica familiar instaurada, que ahora quiere romper. A usted no le hace gracia tener que renunciar a esos privilegios, y es normal, pero, acéptelo, no sea mezquino. Respeta su decisión, porque es usted así de majo: “Vale, como tú quieras, Mari Puri”. Podría añadir que me hiciste la vida muy fácil, y que siempre te estaré agradecido, pero, vamos, eso lo que usted decida, porque la decisión de romper es SUYA -de su mujer- así que usted se puede distanciar y dejarla a ella a su aire, usted no tiene que implicarse en nada, que se encargue ella. Y así lo hace tu padre, siguiendo los dictados de mi psicólogo budista.
Tu madre se queda en el vacío, en el más completo vacío, enfrentándose a una verdad dramática y casi terminal: ha malgastado su vida, ni siquiera se le valora lo que hizo en el pasado, ¿que decidió hacerlo?, vale, la gente lo acepta, ¿cómo no? ¿Que decide dejar de hacerlo? Pos vale, eso como tú lo veas.
Mi psicólogo budista le echaría una buena bronca a tu madre: nadie le obligó a hacer lo que hizo, señora, y tendría que estar agradecida a su marido, que la deja ir con ese altruismo indescriptible. Él no es responsable de nada, él está libre de culpa, siquiera de responsabilidad, su decisión fue servirle y él lo aceptó de buen grado, respetando su libertad, porque hizo lo que hizo con total libertad (sus motivos ocultos, sus conflictos internos, sus complejos, eso a mi filósofo budista le toca los cataplines, es irrelevante) Del mismo modo ha usado de su libertad para largarse (que en el fondo, tu madre, estuviera pidiendo una recompensa de verdad, contraprestaciones emocionales, y que si no lo hizo directamente fue, seguro, porque sus complejos no le permitían pedirlo sin rodeos, eso a mí psicólogo budista también le toca los cataplines) Para él lo importante es la libertad, la independencia…para él, cada ser humano es una isla, él rige su vida en exclusiva, y si deja que otros le influyan negativamente, él sabrá.
Para mi psicólogo budista cada ser humano es el ÚNICO Y EXCLUSIVO responsable de lo que le pase, de sus acciones, hasta del daño que otros le hagan, si se lo hacen es porque él lo permite, y, desde luego, no tiene derecho a pedir cuentas a nadie.
Tu madre, de pronto, con la respuesta, o no-respuesta de tu padre, se quedó en el vacío, ni chicha ni limoná, ni valorada ni minusvalorada. Tu madre, de repente, se sintió NADIE. Y NADIE, como su propio nombre indica es impotente hasta para rebelarse.
Mi psicólogo budista.
5 de Marzo, 2009 - 2:25 pm
Me está tocando la moral tu psicólogo budista. ¿No será un sado-maso disfrazado de pacifista. Una cosa es que yo sea escéptica y un punto determinista, pero eso de que yo tengo la culpa de todo, hasta de las leches que algún pirado me pueda dar, pues… que no me cuadra.
¿Y le pagas por las consultas? De eso sí tiene la culpa tú. Yo que tú, le mandaría “dulcemente” a tomar viento.
La rutina del matrimonio, aderezada con ciertas incapacidades emocionales es lo que hace que algunas uniones duren hasta que la muerte os separe. Y es una pena. Por que hay mujeres (y hombres) que no se merecen la vida que llevan pero son incapaces de romper esa rutina.
La respuesta del progenitor de Koldo va muy acorde con su comportamiento: “que lo haga ella”. Y a ella la dejó descolocada, en terreno movedizo, agarrotada y sin respuestas.
Hay cosas que no entiendo (y yo viví unos padres parecidos, Koldo) Toda la vida matándose a disgustos ¿para qué? ¿por qué? Pues aún no lo sé. Y mira si han pasado años…
Al menos aprendí que eso no lo quería para mí. Y cuando me llegó la hora, directamente me “ocupé” de todo. Es la única forma… Eso o acomodarte. Y yo no estaba por la labor acomodaticia… para el resto de mi vida.
Ahora me gusta la tranquilidad, la vida con su punto de aburrimiento, pero con la capacidad de elegir esta o aquella forma de romper la momotonía. O de seguir en ella.
Pregunté hace poco a mi hijo si yo tenía “manías” significativas. Y la respuesta me encanto: No. Ese es un buen síntoma. Y puedo romper las rutinas si hace falta. Aún estoy viva.
Pues eso, un besazo.
5 de Marzo, 2009 - 4:02 pm
Dama: mi psicólogo budista y yo somos los recuperadores primigenios del trueque que ahora se ha puesto de moda, si no, ¿de qué? Él no me cobra y a cambio se echa unas risas conmigo, sobre todo cuando le mando a tomar vientos (le mando a sitios peores, pero, por una vez, me voy a achantar la muy) Quiere ello decir que no me toma en serio, que se empeña en decir que a mí no me pasa na de na, que son cosas de niña pija.
Me da a mí que está conchabado (¿o es conchavado?, lo que sea) que está eso con el capullo que no se pone a mi alcance para que no pueda mandarle ahí donde estáis pensando, así que mato dos pájaros de un tiro, si eso, que se lo cuente.
Con el cachondeo que me traigo, pensaréis que es verdad que a mí no me pasa na de na, ¡pero sois amateurs, coño, él es un profesional…!
De todas formas, he leído en algún sitio que cuando, finalmente, te decides a cantarle las cuarenta al terapéuta, y le cuestionas, y tal, es que vas por muy buen camino. ¡Y yo es que me veo enfilááááá!
5 de Marzo, 2009 - 4:25 pm
Idéntica a mi abuelita (e.p.d.), que acostumbraba a abrir y cerrar puertas y apagarnos la tele si quedaba alguna hogareña tarea por terminar…
5 de Marzo, 2009 - 11:04 pm
H@la,
También igualica a mi madre.
Y que yo sepa no somos familia, susanamoo erotomana.
Eso tal vez quiera decir que muchas mujeres eran terriblemente pesadas con la organización, limpieza y economía domésticas, a la vez que con unas inmejorables pautas de buena conducta y educación.
Así que alguna prole las veíamos como fantasmas del pasado y, claro, tanto las vimos así que les dimos identidad fantasmagórica y ahora son atemporales.
Habrá que hacer lo que entonces: en cuanto empiecen a dar la vara salir a la calle con las mejores galas o con lo que pillemos …………..
6 de Marzo, 2009 - 12:29 pm
No veas lo que me ha hecho pensar esa conversación de tus padres, koldo.
Primero he pensado un poco como mari dulce, y que tu madre se había quedado descolocada. Después que no, que tu madre había decidido que ya se había “ocupado” ella de demasiadas cosas. Y que, con todo aclarado, ahora podía vivir más tranquila. Y por último he pensado que vete a saber. Que ni entiendo cómo piensa mi propia madre, que parece gallega la tía.
Y que es imposible, para los demás, saber qué entienden, qué se dicen realmente, una pareja que lleva tantos años juntos y que han pasado por tantas cosas.
Respecto a lo otro.
Hay trampa en la ecuación.
Tengamos:
Tu me ofreces tu sacrificio, amor, trabajo… tu vida en resumen, porque tú quieres, luego, sarna con gusto no pica. A pedir cuentas al maestro armero.
Interesante, pero incumple los principios del teorema en el que se basa.
Vale que nos solemos equivocar de personas, o que las personas cambian con el tiempo, pero, si algo podrías jurar en esta vida, es que darías lo que fuera por la persona a la que quieres.
Y que esperas lo mismo de la persona que dice que te quiere. No porque se lo pidas, sino porque es así.
Que el amor es ciego y está muy loco.
6 de Marzo, 2009 - 2:40 pm
Una noche llegué aquí y leí a un hombre. El hombre pedía un consejo. Contó una historia de un hombre que se moría y que debido a su alcoholismo y a su deterioro había incrementado el maltrato a su familia… Sentí o resentí, que no es otra cosa que volver a pasar por el corazón lo sentido, la vivencia… Al parecer este hombre era hermano del otro hombre, del maltratador y no sabía si intervenir o quedarse al margen… Koldo, solidario como es, le habló desde si mismo. Y dijo algo que helaba la sangre. Dijo: Mi padre llegó a decirle a mi hermana: ‘No vales ni para puta’. Koldo lleva mucho tiempo aquí y ha contado muchas cosas de su infancia, de su familia y de sus hermanos; aquel día le comprendí, por fin; y también comprendí más largo y más profundo mi deber para conmigo misma y con mi especie. Mi padre no había muerto como el de Koldo pero se parecía demasiado al de Koldo en sus sombras y en sus luces. Koldo quería a su padre, como buen hijo, porque todos hemos sido buenos niños. Y yo también quería al mío. Pero lo mío tenía remedio todavía y se lo puse. Hay que meterse con la gente que nos denigra y nos ha denigrado. No hay que ponérselo fácil porque el tirano, el dictador, o el insensible sólo lo sea en la intimidad del hogar. Así queda su delito impune y continúa la cadena que sigue hiriendo en su autoestima (y esto es definitivo) a Tantos buenos niños. Entonces tu cambias tu forma de ver las cosas pero tu madre no cambia y probablemente no tiene ni con quien llorar ni quien la ayude. Porque la labor de un maltratador (que probablemente lo sea porque antes fue un buen niño que tampoco tuvo defensa posible) es mermarte en tu Integridad para que nunca descubras que al margen de él podrías tener otra vida. Entonces un psicólogo no, no da ese consejo ni ninguno parecido mari-dulce. Dirá otras cosas y uno en su narcisismo primario creerá que es más de lo mismo. Un budista ve a una avispa reina, antes antes de que deposite sus huevos en el avispero, y a pesar de que es un cultivador de abejas melíferas no la mata; sí, a pesar de saber que la avispa es la Enemiga de sus abejas melíferas y que acabará con todas porque ese es su dharma. La lucha por la supervivencia tiene que librarla uno. La no intervención es el conocimiento de las leyes de la Naturaleza, no el consentimiento de lo inaceptable. Las abejas melíferas no matan a sus hermanas: colaboran entre sí, porque es la especie lo que se perpetúa; lo mismo que sabemos que extinción no significa algo individual; cuando se habla de peligro de extinción se habla de la especie. Y el enemigo es de otra especie. Los hombres somos hermanos, y por eso la paz es la única Respuesta. Lo que no quiere decir aceptar lo que hay. Si no trabajar para que algún día la Humanidad entera se beneficie de esa respuesta. Y la Enfermedad (el cáncer, los virus, el odio) nuestro enemigo.
Paz
6 de Marzo, 2009 - 5:52 pm
Para quien se dirige a Koldo con ternura, que no sé si eres formato chico o formato chica, y no sé si eso tiene importancia para mí porque me dirigiría a ti de manera distinta en un caso o en otro, no lo sé, o quizás porque me gustaría dirigirme a ti nombrándote de alguna forma, personalizadamente. ¿Y si te llamo Alma? Termina en A pero es palabra de género masculino, y a mí me encanta esa palabra, y tú te has aparecido como un algo etéreo, beatífico…¿vale? ¿Aceptamos Alma?
Alma, tengo respecto a las personas como tú un sentimiento ambivalente; por un lado me dan una paz indescriptible (ahora que lo pienso, ¡a ver si eres chica y te llamas Paz! A mí me ha gustado lo de Alma, ¿me dejas?) Vale, ya me fui por las ramas. Decía que las personas como tú me aportan calma, una cosa así tranquilota y fantástica para mí, que soy un manojito de nervios la mayor parte del tiempo. Me hacéis pararme, paro por unos instantes el centrifugado en el que actualmente se encuentra mi pobre cabecita.
La contrapartida es que me hacéis sentir más bruta de lo que realmente soy -que no lo soy tanto, es una pose para cuando la angustia me ronda, y me ronda muy a menudo- Ya el budismo, los budistas o los profundos conocedores de esa religión me multiplicais esa sensación por mil. Por razones que he insinuado nada más, intento entender esa religión o filosofía, y no puedo, es superior a mí misma, es más -permíteme el guiño- cuando os ponéis a hablar de bichos, ya es que me pierdo del todo. Debo decir que si buscas a alguna persona respetuosa con las creencias ajenas, aquí estoy yo, sin ir más lejos, y espero no haber herido ninguna sensibilidad.
A ver, ¿los maltratadores serían avispas, o abejas como nosotros? ¿Son de nuestra misma especie, la humana, o son El Enemigo? Hay que meterse con la gente que nos daña, pero, ¿eso no sería intervenir en las Leyes de la Naturaleza?
Alma, es que me pillas en un momento en el que me siento estancada, perdida. He encontrado un extraño modo de estar en paz conmigo misma y de que los demás, los que me han hecho daño en esta vida, no me lo sigan haciendo, no permitírselo, y esto justo en el momento en el que soy más, más vulnerable, en este momento se me podría herir por cualquier flanco, El Enemigo, conmigo, lo tiene chupado.
Me he enfrentado a Los Enemigos, a los de toda la vida, me he metido con ellos, he impuesto distancias y mis propios limites, y ha sido una lucha desgarradora. Por eso ahora me concentro en mí misma, por primera vez en mi vida, Yo soy mi prioridad. Y tiene sus recompensas, me he quitado una cantidad de marrones de encima que llenarían un estadio de fútbol. Muy bien, hasta ahí, estupendo.
Luego viene la segunda parte. Yo, en el fondo, siempre me he sentido muy sola -yo lo llamaba fuerza y autosuficiencia, ahora sé que era otra cosa-; yo siempre me sentí difícilmente aceptada por personas que deberían haberme querido tal y como soy, porque, además, creo sinceramente que soy una persona a la que es fácil querer, en los diferentes niveles del concepto, y no porque sea súper-mega-guay, sino porque soy una persona muy cariñosa -y hasta eso mataron en mí, o lo intentaron, esa parte de mí que tenía arrinconada por inapropiada y que ahora he recuperado-; todo eso me hizo rara, diferente, desconfiada, distante, que no fría, distante en el sentido de que no dejaba que me conocieran demasiado para que no se dieran cuenta del ser despreciable que yo, en el fondo, era; y para finalizar, he sufrido carencias afectivas importantes, como fácilmente puede deducirse por todo lo anteriormente dicho.
Y llegamos a la actualidad: he roto con lo anterior y no encuentro recambio. Creo que estoy haciendo lo correcto por mi propio bien, casi es una cuestión de supervivencia, tenía que hacerlo, punto, y después de un proceso a veces desgarrador, puedo jurarlo, he llegado a esto, conscientemente, pero, en realidad, he acabado sola, por la sencilla razón de que he terminando descubriendo que las personas que formaban parte de mi vida, todas, eran tóxicas para mí, pero ahora no encuentro recambio.
Pero, además, necesito que alguien me diga, sí, que me lo diga, que estoy haciendo lo correcto, que no me estoy metiendo en un callejón sin salida, que no me estoy buscando la ruina, que no me estoy haciendo autista, que no me estoy endureciendo hasta la inhumanidad. Que este centrarme en mí misma no me va a acabar anulando como persona.
Mi psicólogo budista es un símbolo de muchas personas y de muchas situaciones distintas. Esas personas y esas situaciones que me están haciendo sentirme perdida, justo cuando me estoy reencontrando conmigo misma. Porque “mi psicólogo budista” no me da ninguna respuesta y, curiosamente, me da muchas distintas que se contradicen entre sí. Y “mi psicólogo budista” me deja hacer, me deja que cometa errores y los subsane, pero “mi psicólogo budista” no me ha avisado de desastres que he tenido que afrontar sin unos buenos consejos previos que llevarme a la boca. (No descarto que identifique a “mi psicólogo budista” con esas personas a las que nunca le importaron mis problemas, sólo que los resolviera yo solita y que no les aportara molestas complicaciones, que bastante tenían con aguantarme)
Y ahora, visualizo a “mi psicólogo budista” diciéndose entre dientes “vas por muy mal camino, pequeña saltamontes, pero yo no te puedo avisar, tienes que darte cuenta tú solita, después de darte un estupendo leñazo, otro”
Y ahí ya me entra el acojone.
Y gracias por dirigirte a mí, Alma, y a las demás personas que lo habéis hecho, siquiera nombrarme. No sabéis lo revitalizante que es eso para mí -sí, parece ser que existo-…aunque, en el caso de Alma, siga intentando descifrar lo de las avispas y las abejas
6 de Marzo, 2009 - 9:43 pm
Me da la impresión de que la muerta se estaba haciendo la viva para no tener que pagar las deudas.
Al fin y al cabo, no hay tanta diferencia entre el cazafantasmas y el cobrador del frac.
http://www.eleconomista.es/blogs/frikieconomia/?p=204
6 de Marzo, 2009 - 9:59 pm
¡¡Ja!! ¡Otra vez, “Mari-Dulce”…! De nuevo te leo frases o pensamientos que ya se me habían “escapado” a mí antes…
…Como, por ejemplo, acabas de terminar con un “…parece que existo…” Para bien o para mal, efectivamente, el hecho de que tengas algún tipo de “eco”, al menos aquí en “El Hábitat…”, da fe de ello… oye. Juraría que ya lo “solté” hace ya muchas entradas; en aquel caso, porque alguien se dignó dirigirse a mí (no sé si por 1ª vez) y, parecerá una tontería, pero con el diálogo, aunque sea (o gracias a que sea) por escrito, te cambia por completo el sentimiento: ya no hablas solo o contigo mismo, sino que te sientes escuchado… y eso, siempre, es muy importante, es verdad; lo cambia todo…
Por cierto, “Mari-Dulce”, que, al final, me quedaré sin decírtelo: pa mí que acertaste al 100% con tu hipótesis sobre lo que en realidad “quería” mi madre, al amenazar con dejarnos “a todos” (efectivamente, tienes razón, aquí había un punto esencial…) tirados… Siempre nos decía, sobre todo, cuando más baja de moral se encontraba, aquello de que “¿y a mí quién me lo reconoce…?” “nadie me reconoce nada”. Creo que has hecho “pleno”: “sólo” echaba de menos nuestro reconocimiento, nuestro agradecimiento, nuestra consideración, cariño y admiración… Sentía, seguramente, que no le había merecido la pena; que toda su vida al servicio de hijos y marido ni la había enriquecido a ella (todo lo contrario: siempre decía que había dejado de hacer todo lo que antes le gustaba y daba satisfacciones…) ni había producido ninguna generosidad (afectiva, sobre todo) de los suyos… todos cada vez más egoístas y “autistas” con ella…
En cuanto al comentario de “para Koldo…”, me has hecho recordar aquella entrada. Disfruté mucho. No sólo porque sentí haber servido de algo a aquel hermano que tan mal lo estaba pasando con la situación familiar por la agonía del otro; también porque me di cuenta de que fui capaz de “escuchar” lo que “no nos decía”… y ¡acerté! Me asombró mucho cómo podemos ser capaces -si queremos- de entender a alguien… incluso cuando no quiere decir ciertas cosas; cuando se reserva ciertas intimidades… y, precisamente, esa precaución acaba delatándole y mostrándonos algo que -en el fondo- sí quería contar… pero, por lo que fuera, no lo hacía.
Sin embargo, por otro lado, no entiendo muy bien todo ese “barniz” que le has dado a lo de “maltratador”: nunca fui consciente (más, incluso, ahora que antes) de que a mi padre pudiera considerársele como tal… sinceramente. Quizá si así hubiera sido y yo no lo hubiera visto… quizá fuera, por tanto, la demostración de que realmente lo fuera… Pero no lo creo. En esa familia, todos acabamos siendo, simultáneamente, maltratados y maltratadores… pero para entendernos: mucho más sutil y subjetivo que cualquier “maltratador” que haya conocido (ahora que lo pienso, no he conocido a ninguno). Lo que sí tuve claro es que tenía que salir de ahí. Y lo hice a los 17 años; ya avanzado el 1er curso de universidad… ya con un trabajo fijo -por oposición- (todavía continúo en la misma empresa), un apartamento (infecto, es verdad… pero “mío”) y una novia preciosa -de sólo 16 añitos- que, de vez en cuando, se venía… y que terminó haciéndome sufrir mucho más allá de lo que jamás pensé que ningún ser humano fuera capaz de hacerlo… (¡snif!) y padecerlo.
A mí también me ha pasado como a “Mari-Dulce”: lo de las avispas y las abejas melíferas me han dejado bastante descolocado…
Es verdad, “Lem”, que resulta muy difícil conocer las complicidades que comparten las parejas que llevan muchos años juntos… ni siquiera para sus propios hijos… quizá, ni para ellos mismos siquiera.
7 de Marzo, 2009 - 4:04 am
Cuando uno ha roto con lo anterior y no tiene recambio se encuentra en una liminaridad, el umbral en el que lo nuevo todavía no ha llegado y claro, lo antiguo ya no nos sirve. Entonces puede que aquel consejo que le dio a su nieta, la Olga de ‘Donde el corazón te lleve’, de Susanna Tamaro, sea perfecto para nosotros. Al final del libro… Aunque los versos áureos de Pitágoras tampoco están nada mal: ‘Considera y distingue… considera y reflexiona…’ Porque uno aprende las cosas de dos maneras diferentes: a través del conocimiento o a través del dolor. Lo de las variaciones concomitantes, el ensayo y el error del experimento, en lo humano, deriva demasiadas veces en lo segundo. El nacimiento de la conciencia tampoco es indoloro pero sus efectos positivos son a largo plazo y este nacimiento puede buscarse. Además tiene la ventaja accesoria de que es maduro. Sólo los niños son inocentes. Nosotros ya somos responsables. Tranquila, que si te das tiempo… de la liminaridad se sale. Lo nuevo llega algo después que tú a ti. Aunque ya está, siempre estuvo, esperando por ti.
8 de Marzo, 2009 - 12:18 pm
He estado pensando en ti intensamente mari-dulce. ¿Aceptas a Alma como alma amiga que te quiere comprender? Si alguien dice en una plaza la verdad de lo que siente y cómo lo siente, nosotros que no somos ni abejas ni avispas, sino hombres no podemos evitar escucharlo porque tenemos oídos y comprensión y por eso dicen que somos animales racionales. Mientras nos encontramos en el punto en el que estás tú sentimos, sí, que somos muy vulnerables; especialmente en ese punto y es crucial. Yo te ayudo, si tú quieres, siendo oídos amigos para ti. No soy budista, así que mi filosofía me permite intervenir. Soy un ser humano así que tengo sombras y luces y mis luces y mis sombras se fijaron en ti. ¿De dónde vienes y a dónde vas, mari-dulce?
8 de Marzo, 2009 - 12:57 pm
Primera pregunta tuya: los maltratadores son como tú y como yo pero son enfermos, están enfermos…. Han enfermado de la enfermedad del odio y del miedo. Y el odio y el miedo los controlan. No han sabido hacer la liberación. Y también tenemos que ayudarlos para que puedan lograrlo porque de ellos y de nosotros depende que las cosas empiecen a cambiar en el seno de nuestra sociedad, y que el ser humano se ponga a la altura de los avances tecnológicos de su sociedad. Entonces los maltratadores son parte de nuestra responsabilidad.
¿Pero el miedo es una enfermedad, me pregunto? Cuando el miedo, y añadamos también la agresividad, es sana nos sirve para salvaguardar nuestra alma (y nuestro cuerpo) de lo depredador de la Naturaleza o del Universo. Pero cuando se vuelven tóxicos nos envenenan a nosotros y a los otros.
En una persona sana el azúcar es beneficiosa y necesaria. En una persona diabética, que lo es porque tiene un órgano, el páncreas, que ha enfermado (se ha deteriorado y no funciona correctamente), los azúcares se convierten en enemigos del propio organismo que puede conducirle a la muerte. La sal para el hipertenso es un peligro. Lo que atenta contra el cuerpo, hasta cierto punto, para la Ciencia, la gran madre actual, está controlado porque se reconoce su importancia. Pero la Ciencia es desdeñosa con las cosas del espíritu. Entonces no se ha avanzado mucho en ese campo, aunque algunos científicos nos lo están advirtiendo y ya lo están estudiando. Las emociones en animales y en humanos a nivel molecular. ¿Tú eres dueña de ti misma mari-dulce?
8 de Marzo, 2009 - 1:00 pm
Dices que mataron la manifestación natural del amor en ti, ¿quién fue el primero que lo hizo mari-dulce?
8 de Marzo, 2009 - 1:03 pm
Y no, tranquila también, porque no te estás buscando la ruina ni te estás volviendo autista. Has hecho bien apartándote de lo que sentías que te hacía daño y centrándote en ti misma. Has dado el paso más necesario para cambiar tu vida y has sido muy valiente.
8 de Marzo, 2009 - 1:11 pm
Por último voy a contarte algo más acerca de la vida de las abejas melíferas para que puedas dilucidar eso que tu mente llevó a ser metáfora y no pretendía serlo; sino ejemplo vivo. Existe una orquídea. Esa orquídea se sirve para su polinización de esas abejas melíferas de las que se habló… ¿Qué hace esta orquídea? Emula el olor del Enemigo. Así lo consigue. Con su química. Te deseo un feliz domingo mari-dulce. Y te envío un abrazo cálido.
8 de Marzo, 2009 - 2:36 pm
Esto me da mucho pudor, Alma, porque, aunque no lo parezca, soy muy pudorosa, lo digo por lo que he llegado a largar aquí, pero supongo que es porque me puedo esconder en el anonimato, o a lo mejor es otra de las cosas que he conquistado o reconquistado -tengo que analizar cuál es el caso- pero no he podido comprobarlo “en la vida real”. Soy pudorosa en el sentido de que me agobia un poquito ser el centro de atención, y ya sé que eso también puede ser difícil de creer, teniendo en cuenta que he entrado aquí a saco y sin pedir permiso, y pareciendo reclamar que me “escuchen” leyéndome.
Te estoy contestando, ¿sabes por qué? Porque no podía con la desazón, si alguien se dirige a mí tengo que decirle casi de inmediato que, al menos, le he escuchado, no puedo soportar que alguien se pudiera sentir ignorado o despreciado por mí. Te he leído, Alma, y aún tengo que procesarlo, y no porque no te haya entendido, sino porque tengo que ir desgranando todo, todo lo que me has planteado, que tiene, pero mucha guasa, he de decirte.
Además, estoy escribiendo también por mí misma, pues sí, también. Porque has tocado un punto muy sensible para mí: la primera persona que mató la primera manifestación natural de amor en mí. Eso sí que me da pudor, eso sí que me provoca resistencias, identificar a esa persona, un poco, creo, porque me sentiría como alguien que cuchichea de otro a sus espaldas, una cosa muy fea. No voy a identificar a esa persona, aunque, claro, es fácilmente deducible.
Hace como dos años intenté algo que jamás había intentado con esa persona, pensaba, ¿y si soy yo la culpable? Porque esa persona me acusa de ser una persona arisca, y con esa persona lo soy, con esa persona no tengo manifestaciones de afecto como las que tengo últimamente con otras personas, reales y virtuales, así que, vamos a probar.
Intentaba, no que esa persona hiciera algo en mi provecho, sino que no hiciera algo que le podía perjudicar muy gravemente, otra vez, otra de tantas veces, actividades que, incluso, un día de estos podrían costarle la vida, no digo más, pero él las hace, para demostrar no sé qué a quién. Vale, casi llorando, casi desesperadamente, le dije las palabras mágicas: “Por favor, si te importo algo, si me quieres, no lo hagas, si no lo haces por ti, hazlo por mí, no me des ese disgusto, por favor”
¿Su respuesta? “A mí no me importa nada que te disgustes, lo voy a hacer porque a mí me sale…” de donde le suelen salir las cosas que le salen. Eso fue todo, y no hubo rectificación, ni peticiones de perdón ni matizaciones a posteriori, cuando esa persona estuvo más calmada, lo cual quería decir que se reafirmaba en lo dicho.
Volví a hacerlo dos veces, con idéntico resultado. La segunda fue porque aún esperaba poder provocar un cambio en esa persona, que nos beneficiara a ambos. La tercera por una razón muy especial: alguien, con un sorprendente parecido a esa persona, me llamó “princesa”. Y fue una mezcla fascinante de cosas las que sentí. Para empezar, desde entonces siento un entrañable lazo que me une a alguien a quien no conozco en persona (a pesar de que actualmente se encuentra en una de sus fases: la de tomarme el pelito) y eso por sí misma, no porque la relacione inconscientemente con nadie.
En segundo lugar, sentí algo que no había sentido nunca. A mí siempre me había parecido normal la actitud fría, distante, exigente, inflexible y exenta de manifestaciones de cariño de esa persona hacia mí, me parecía como fuera de lugar, no procedía…aquél día en que X me llamó “princesa” con tanta ternura, y yo no me sentí incómoda, ni me pareció anormal, raro, improcedente…de hecho me encantó, tanto que se me humedecieron los ojitos…aquél día me di cuenta de que no, de que lo que había vivido toda mi vida no era normal.
Por eso lo volví a intentar por tercera y, creo, última vez. Esta tercera fue, con mucho, la peor, la más desagradable, la más, incluso, rayando la violencia. ¿Por qué? Probablemente porque esta tercera vez fui más peligrosamente lejos, le dije que si “le daba el coñazo” no era por molestarle, sino porque le quería y por eso me preocupaba por él…¡Aaaaay! Debió tomarlo como algún tipo de sucio chantaje emocional…no sé, ya ni me lo planteo.
Desde entonces, mantengo una correcta relación que no puedo evitar. He decidido que, si quiere, que se entregue a sus actividades semi-suicidas, no quiero saber a qué dedica su tiempo libre. El problemilla es que sus actividades, muchas veces, no todas, le hacen ir con sus huesos al hospital periódicamente, y eso, sí, lo pago también yo, pero es lo que hay.
Esa persona está a punto de venir, esa es otra de las cosas que debo aceptar como inevitables. Por eso debo dejarlo aquí.
Alma, me vas a provocar un domingo de centrifugado mental, pero seguro que es para bien. Tú también me has provocado una sensación muy especial. No sé si compartiré “con el mundo” las conclusiones a las que llegue o me las quedaré para mí, pero llegaré a conclusiones, a muchas.
Gracias por tu interés, Alma…
8 de Marzo, 2009 - 3:20 pm
Princesa o mi niña son palabras mágicas que nos hablan desde la calidez del sentimiento humano del otro. Me alegro mucho de que alguien te las haya dicho porque su magia es precisamente esa: recordarnos lo que somos dentro, nos ayuda a valorizarnos y eso también a recobrar nuestra integridad. Dijo un poeta: ‘Bien está: me río porque es una forma de pudor la risa…’ Tú hablaste de tu risa y desde esa risa. Yo te lo he leído y también es el camino. Sólo quería que sintieras que tienes otros amigos en tu nueva vida, almas amigas. Y sobre lo que planteas… Aquí, mira: ”… le hacen ir con sus huesos al hospital periódicamente, y eso, sí, lo pago también yo, pero es lo que hay”. Este es el punto especial en el que tienes que fijar tu atención. ¿Debes pagarlo tú mari-dulce? Que tu centrifugado se esmere sobre ello. Gracias a ti por existir y manifestarte, mari-dulce…
8 de Marzo, 2009 - 10:41 pm
Yo una vez dije Princesa y creí a pies juntillas que era así.
9 de Marzo, 2009 - 6:23 am
Carta para Mari dulce:
Te he leido, varias veces, tus respuestas, tus quejas, tus alusiones continuas al “psicologo budista”, todo, absolutamente todo es un continuo ejercicio de quien necesita expresarse y vive contenida.
Me recuerdas en parte a mí sobre todo cuando opinas sobre la vida de otros,(tú hipótesis sobre la familia de koldo) somos tan listas para ver objetivamente a los demás, y tan miopes para nosotras mismas….
Yo durante mucho tiempo tuve mi “psicologo budista” particular,(una amiga) todo el tiempo tiraba de ella, pero como era una amiga real, pues fué ella quien me mandó a mierda por usurpadora. Hoy le doy las gracias por ello. Tambien visité un psicólogo real, y siempre que hablaba con él yo tenía una frase favorita “ES COMO SI………” esto o lo otro,pero núnca decía “ES ASÍ”.
Todos son caminos necesarios, al menos en mi caso lo fuerón pero resulta que al final solo hay que tomar conciencia de lo que a uno realmente le pasa.
A mí me llevo 8 años de mi vida darme cuenta de ello y durante ese tiempo fuí dando tumbos de aquí para allá, entreteniendo mi vida porque a pesar de darme cuenta de todo lo que me sucedía, como te ocurre a ti Mari Dulce, preferimos engañarnos, conformarnos, adaptarnos, ….en una palabra ser Zombis (muertos en vida).
Despues de todo este tiempo, he tomado lo que es MI GRAN DECISIÓN EN LA VIDA, y es que mi vida es mía, me pertenece y la voy a defender.
Yo tambien pertenezco a una familia de cinco hermanos con unos padres lejos de serlo, y durante años utilicé esa excusa para justificar mi desvalimiento, pero hoy ya no me sirve.Posteriormente por errores de juventud tambien me cerré al amor y me quedé con la conveniencia. Hoy he roto con un contrato que firme hace 17 años, y no te puedo dar la fórmula pero te aseguro Mari dulce que lo realmene díficil fué tomar la decisión porque el resto aunque sea duro tiene una compensación tan grande…..y es que yo soy dueña mi misma, de mi tiempo, de mi vida, romper con la dependenciá de otros te libera. Ahora mi vida está en esa fase que Alma denomina LIMINARIDAD, pero la confianza que tengo en mi misma, mi autoestima y mi fuerza es mia. Nadie me puede arrebatar eso.
Hablas de tu pudor Mari Dulce, pues no conoces el mio…..yo me paso por aquí pocas veces, pero lo de escribir o dejar comentarios, es algo que me supone un esfuerzo importante, ¿por que? pues por mis complejos, mi sentimiento de inferioridad, mi desidia, porque soy imperfecta pero lo que ya no tengo es verguenza de lo que otros piensen o digan de mi. No es que no me importen las apariencias, ni el que dírán, pero ahora escucho lo justo, es decir, esas relaciones tóxicas de las que hablas, hay que castrarlas, y la mejor manera es cerrando tus oidos a ellas, tú no puedes evitar que existán, ni que hablen pero si puedes evitar escucharlo, y eso te libera.
Seguiría….pero es demasiado tarde para mi, y mañana o dentro de unas horas comienza un día lleno de hábitos cotidianos necesarios para el desarrollo de los niños porque esos hábitos de los que tanto nos quejamos, nos enseñan disciplinas (todo en su justa medida) de como vivir o sobrevivir según se mire.
9 de Marzo, 2009 - 12:56 pm
Hola, Mariol. ¿Qué tal estás? Un saludo, y gracias por dirigirte a mí. Voy a empezar con una gracieta, no puedo evitarlas, me calman, me ayudan: espero que no abuséis del truquito de que me siento obligada a hacer acuses de recibo para hacerme largar, que me gusta un rato, como habéis tenido ocasión de comprobar, no, digo, por si acaso…
Vale, ya está dicha la tontería. Necesito expresarme, sí, porque estoy viviendo un conflicto -y eso no es malo en sí mismo, al fin lo he aceptado- y porque yo siempre he necesitado expresarme, yo no me entiendo aisladamente a mí misma, debo refrenarme estos impulsos de salvar al mundo y a sus gentes, pero no creo que deba reprimir, ni mi necesidad de comunicarme con otros seres humanos ni de intentar ayudarles si está en mi mano, voy a luchar con uñas y dientes por no convertirme en un ser resentido, aislado, egoísta, porque, además, mi carácter no es ése, y creo que, moderándolo, debo resguardarlo, porque me gusta esa parte de mí.
Quiero decir que, de manera egocéntrica, hablo de mí, de mí, de mí, yo, mí, mí misma, ¡qué aburrimiento!, y es algo que no me gusta, por eso me preguntaba por qué me explayo aquí como lo hago, además de porque me dáis pie, y os podéis acabar arrepintiendo, yo aviso.
No es un pose, lo juro, me gustaría pensar que, de alguna manera, podría ayudar a alguien, aunque fuera a una sola persona. No es que me lo proponga, es que me sale así, contar mis penas porque sí no me valdría de ayuda si no es para que, además, eso pueda servirle a alguien de alguna forma.
Hay contratos, Mariol, que no firmas, son contratos verbales que te marcan de por vida, pero, además, son contratos verbales unilaterales, a ti no te piden tu consentimiento, ni siquiera tu opinión, aunque sólo sea porque cuando se te vincula, no tienes uso de razón, eres un bebito que sólo come, duerme, y hace pis y caca. Ni eso: se te vincula cuando aún ni siquiera existes. Eres un ser en potencia, ¿no?, y nadie te avisa de que, de un momento a otro, vas a a ser un ser que va a ser, porque dos personas así lo han decidido, sin más, y lo tienes que aceptar, nadie te muestra un catálogo de posibles progenitores, para elegir lo más o menos compatible contigo, no los progenitores perfectos, porque eso no existe.
Es un poco agobiante, si lo pensáis bien: dos personas que van a formar parte de tu vida, que van a marcar tu vida, y a ti ni se te pregunta qué opinas al respecto.
Han decidido ser padres; o ha sido un accidente, pero siguen adelante y hasta se acaban haciendo a la idea y les acaba encantando e ilusionando; o una mujer se encuentra, de pronto, sola ante su embarazo, por la causa que sea, y también decide asumirlo…Pregunto, ¿no sería más lógico que fuéramos las hijas y los hijos quienes pidiéramos cuentas a nuestros padres, los que les exigiéramos, los que más fácilmente podríamos liberarnos del vínculo -si quisiéramos hacerlo-? No se nos pidió opinión, pero ahora somos mayorcitos, hemos analizado el tema y hemos llegado a la conclusión de que no nos satisfacen los términos del contrato, y, por tanto, nos desvinculamos de él.
Nuestros padres serían los que tendrían que asumir las consecuencias, de que el hijo nos ha salido irresponsable, antipático, egoísta, bla, bla, bla. Se siente, tomastéis una decisión, vosotros sí, sabiendo a lo que os arriesgabais, o deberíais haberlo sabido, al menos. Porque también hay casos de padres que “hacen una inversión de futuro”: vamos a tener un hijo para que alguien se ocupe de nosotros cuando seamos viejitos, ¿cómo lo ves, churri? Si se pudiera elegir el sexo, elegiríamos niña…¿A que habeis pillado el concepto enseguida, chicas? A nosotras nos resulta más difícil escaquearnos, chicos, es así, reconocedlo, que ya sé que hay hijos varones esclavizados por, sobre todo, madres tiránicas, lo sé, pero es que, en el caso de las mujeres, es lo que socialmente se espera de nosotras, y eso también nos marca, y la educación que nos han dado, nos auto-marca, y eso es casi peor.
Alma me preguntaba por qué tendría que acabar pagando yo por enfermedades y hospitalizaciones ajenas. Creo que no lo expliqué con la necesaria claridad, y sólo pasé por encima de ello. Quería decir que, aunque sea cierto que, al final, por puro realismo, pasas de lo que haga con su salud -aunque no debería hablar de salud, porque no la tiene, por obra y gracia de una enfermedad crónica- a pesar de que pasas de lo que haga para agravar su ya precaria salud, lo cierto es que no puedes despreocuparte del todo, te despreocupas, no piensas en ello como un mal menor, y porque, a final, te has dado cuenta de que es inútil y dañino, vives la zozobra del miedo anticipatorio, te desgastas en la estéril tarea de intentar convencerle con argumentos de que no haga lo que hace y por qué no debe hacerlo y, a final, a pesar de tus esfuerzos, acaba con un agravamiento de su enfermedad, que provoca síntomas horriblemente angustiosos, desde luego para quien los sufre, pero también para quien los contempla desde fuera.
Lo único que puedes hacer es ahorrarte los dos primeros sofocones, al menos para que, cuando te toque afrontar el inevitable tercero, te pille un poquito más descansadita.
Tener a alguien hospitalizado es, primero, estresante, después agotador, tienes que interrumpir eso de lo que se ha hablado aquí, tu cotidianeidad, toda tu vida, o tu remedo de vida, se te trastoca, y acabas, eso, agotada, desgastada, loca por volver, sí, a esa cotidianeidad que te parecía tan aburrida.
A mí, el año pasado, sólo el año pasado, batiendo mi propio record, eso me ha pasado, ¡cuatro veces! Puedo parecer egoísta, ¡os habrá pasado, querrás decir!, vale, pero ahora estoy hablando de mí, con un par, y la primera y la cuarta vez, no las intermedias, sucedió porque -vale, lo voy a decir de una vez- mi padre se lo buscó. Estaba en una fase estupenda de su enfermedad (encima eso) se confió, se puso a hacer el burro, porque es lo que hace, sin paliativos, y, ¡hala, a pringar! Porque sí. Y a eso voy, te desentiendes, pero la angustia es inevitable, porque vas a acabar pringando tú por burradas ajenas que, ya lo sabes, no puedes impedir, no hay fuerza humana capaz de impedirlas, ni yo ni nadie en este universo-mundo.
Como han sido cuatro veces casi seguidas, he tenido ocasión de ensayar, ensayo-error, ensayo-no error en esto-persistes en el error en lo otro aún…y así todo seguido.
Cada vez ha sido mejor, y por eso, cada vez ha sido peor, porque la parte contraria se resiste, cada vez con más fuerza, y es que tener que renunciar a privilegios que la otra parte te concedía gratuítamente, es difícil, yo lo entiendo.
Una de las partes más complicadas es aceptar eso, porque tú te crees que, a medida que vas avanzando en tu liberación, el sufrimiento es menor y como, curiosamente, es todo lo contrario, que cada vez todo es más desgarrador, te planteas que algo debes estar haciendo mal, porque eso no es lo que tú habías planeado.
Y es que, esa persona, que aspira a ser tan independiente, a hacer con su vida lo que le plazca, y sólo él es responsable de sí mismo, y sólo él asume las consecuencias de sus burradas, con un par…pues ese señor da por hecho que, cuando está malito, hay que ocuparse de él a tiempo completo. Claro, porque no es el descanso de tener un padre tan independiente y el presunto descansito que para ti supone eso, ¡ah, no, qué va! Cuando las cosas vienen mal dadas, ahí está “la niña” para ocuparse de todo, porque la otra parte de la pareja también tiene su guasita, es una pobre desvalida, incapaz de valerse por sí misma (luego es más lista y tiene más coraje que yo en el momento dramático, pero, pasado el susto, pobrecita de mí…)
La niña, a cargar con los dos, porque es sólo la niña, no hay nadie más. La niña que apenas ha sabido nunca lo que es ser una niña, ni siquiera cuando me tocaba serlo, pero, bueno, ellos dicen la niña, vaya usted a saber por qué.
Cuatro veces, y yo cada vez haciendo más lo imprescindible, y cada vez con menos complejo de culpa, por eso, cada vez, los fines de fiesta (que es como denomino yo a los inevitables regresos a casa, tras las correspondientes altas médicas) decía, que cada vez los fines de fiesta, los remates, las escenonas dramáticas, intensas, acusatorias, reprocheriles, cada vez peor, cada vez más insoportables. Y cada vez “te entregas menos” pues cada vez peor, es lo lógico.
Y lo pasas mal al principio, te dices que es normal, porque cada vez cumples menos con sus expectativas, pero, poco a poco, te vas dando cuenta de que otras veces ha sido, eso, entrega total hasta quedar exhausta, pero siempre “podrías haber hecho más”. Por muy bien que lo hagas, siempre podrías haberlo hecho mejor; por mucho que hayas hecho ayer, si hoy no has cumplido, lo de ayer se te borra del expediente y no cuenta para la evaluación final.
Así que acabas haciendo lo que tú consideras estrictamente necesario e imprescindible, te cuesta, renqueas, sufres, te hacen sufrir, claro, directa o indirectamente; brutal o sutilmente, pero eso forma parte del proceso. Eso se lo digo a quien pudiera estar pasando por lo mismo que yo, y habría que pedirle cuentas a Hollywood, que lo pone tan fácil en las películas, una o uno que se libera, y, vale, un ratito lo pasa mal, pero, enseguida, ¡ups!, todo es estupendo, se conoce gente estupenda, los que te hicieron daño acaban entendiéndote o simplemente te dejan tranquila, que no es poco, y todo es chupi.
Pues no, la vida real no es así. De hecho, cuanto más se revuelva El Enemigo, mejor lo estás haciendo, hay que contar con ello. Yo, ahora, me siento mejor, El Enemigo ya no me hace reproches, porque sabe que es inútil; no me culpabiliza, porque sabe que me resbala; no intenta obligarme a hacerme algo que no quiero hacer, porque ya le he demostrado que no lo hago, por muy gordo que sea el dramón que te cuenten. Es la parte positiva, que después de un sufrimiento atroz, vienen estos beneficios.
La parte negativa es que, ya para siempre, no puedes bajar la guardia, es así, triste, pero es así. No han cambiado, se han adaptado al mal menor porque saben que no les valen los viejos trucos, saben, en realidad, que ya no les vale ningún tipo de truco.
¡Peeeero!…Forman parte de tu vida, y si te necesitan, de verdad, te vas a tener que ocupar de ellos, y cada vez son mayores, y haces predicciones de futuro y se te ponen los pelos de punta, y que alguna vez la sociedad tendrá que ser consciente de eso, y dejarse de Leyes de Dependencia que legitiman la esclavitud de, sobre todo, muchas mujeres, hijas, pagándoles un sueldito.
Mujeres, a las que conozco, muchas, renunciaron a tener una vida propia por ocuparse de sus padres, ahora les pagan, que ni eso, un sueldo, ¡yuuuuupi! Algunas otras, encima, sufriendo maltratos y vejaciones. A ver si nos ponemos a la tarea de abordar el maltrato de ancianos contra sus hijos, sobre todo hijas, que también lo hay, que conste.
¡Y menudo postazo me ha salido, menos mal que su lectura no es obligatoria! Me he descargado, me siento como si me hubiera quitado un enorme peso de encima, siento una gran liberación, pero, de verdad, si mis palabras ayudaran a alguien, mi felicidad momentánea sería completa.
Un abrazo para todas y todos. Y si no queríais tanto rollo, ya sabéis, no haberme animado.
9 de Marzo, 2009 - 12:59 pm
¿QUE OS PARECEN ESTAS COSAS QUE CIRCULAN POR LA RED?
¡¡INCREIBLE!! TANTO COMO LO DE LOS FANTASMAS
AQUÍ OS LO TRASLADO:
Aprendiendo el Lenguaje del Universo
El proceso de atracción es algo muy simple. Aún con toda su simplicidad se nos hace difícil ponerlo en práctica porque crecimos acostumbrados a “batallar para que las cosas sucedan”.
Lo desafortunado del caso es que entre mas batallamos para hacer que algo suceda, menos obtenemos los resultados que desearíamos. Y el resultado es que convertimos nuestra vida en una serie de problemas crónicos.
¡Y todo por no saber hablar el lenguaje del Universo!
El Universo no entiende nuestro lenguaje y por eso hay que aprender a comunicarnos con él, porque hemos estado pidiéndole las cosas al revés.
Por ejemplo, la siguiente secuencia es la forma normal en la que un humano reacciona ante sus circunstancias no favorables. (ignorando que al hacerlo así está enviando una señal al universo que dice “mándame mas”).
1.) Llegas a casa y te encuentras con que llegó el correo. Son todas las cuentas para pagar de este mes… conforme empiezas a abrir las cartas sientes como si alguien te diera un puñetazo en el estomago, después te entra el miedo y la preocupación, sientes asfixia mientras dices: “Cómo le voy a hacer para pagar todo esto” ¿Acaso se creen que soy un árbol de dinero?
2.) Mientras estás sintiéndote de esa manera tan fatal … emites una vibración, por cierto de muy baja densidad y con esta señal que emites el universo te distingue y te va a enviar un equivalente vibracional. porque él traduce esa señal tuya, creyendo que quieres más cuentas por pagar… cabe comentar que el Universo no sabe lo que son cuentas por pagar, sólo reconoce las vibraciones de ese sentimiento) .
3.) Así entonces obtienes lo que estás pidiendo (ninguna solicitud tuya se queda sin contestar) y en los siguientes días te encuentras con que el coche se descompone y ahora tienes más gastos que al principio. O pierdes un billete de $500 en la calle.
4.) Ahora te encuentras nuevamente observando los resultados y dices: ¿Por qué me pasa eso a mi!.. ?¡Parece que al perro flaco se le cargan las pulgas! ¡Qué tonto soy, precisamente ahora que necesito más este dinero, me doy el lujo de perder un billete en la calle.
5.) Esas emociones que te provoca el perder un billete o que el coche se descomponga y ahora te encuentres en una situación más apretada que antes tienen su propia frecuencia vibracional y aún más fuerte que la primera.
Así que mientras te encuentras refunfuñando estás emitiendo una vibración que el Universo va a reconocer y a interpretar pensando que quieres más (ja, ja.)
6.) Entonces sucede que con toda su eficiencia el universo va a enviarte un equivalente vibracional parecido a lo anterior, tal vez en forma de un ladrón que se aparezca y te robe la cartera o un despido de tu trabajo. Y va a decir “Mi amo, aquí está lo que me ha pedido”.
Así es como recibimos todo en esta vida, pidiéndolo. Así que si planeas seguir viviendo en el planeta tierra, es mejor que aprendas a hablar el lenguaje del Universo y entonces tengas una vida feliz. Y cuando esto suceda la gente te dirá suertudo o que naciste con buena estrella, pero tu sabrás perfectamente que no fue cuestión de suerte sino mas bien de aprender a comunicarte con tu fuente.
La única persona en el mundo que puede evitar que tus deseos se cumplan eres tú mismo, nadie más tiene ese poder.
¿Y cómo estás evitando que tus deseos se hagan realidad?. Pues es que estás comunicándote al revés.
Ya sea que en este momento tienes algo que no quieras:
*Una enfermedad
*Una mala relación
*Una economía pésima
*Preocupaciones
*Problemas familiares
*Falta de un lugar donde vivir
*Insatisfacció n laboral.
O ya sea que no tengas algo que quisieras tener:
*Una casa grande y bonita
*Amor
*Tu peso ideal
*Una vida feliz y armoniosa
*Libertad financiera
*Creatividad
*Armonía familiar
*Satisfacción laboral
Cualquiera de las dos circunstancias mencionadas anteriormente suceden debido a que no sabes hablar el lenguaje del universo.
El universo no entiende la palabra “NO” debido a que este opera en base a atracción no a exclusión.
Tu no puedes gritar lo suficientemente fuerte y decir NO QUIERO ESTAR OBESO!!!! Y hacer que la obesidad se derrita.
Tampoco puedes gritar lo suficientemente alto y decir NO QUIERO ESTAR ENFERMO!!! Y mantenerte sano.
Porque en realidad lo que estás haciendo al decir:
NO QUIERO TAL COSA
ODIO TAL COSA
ESPERO QUE NUNCA ME PASE TAL COSA
COMO QUISIERA DESHACERME DE TAL COSA
Lo que en realidad hacemos al decir lo que NO QUEREMOS es enviar señales que atraerán mas de ello.
Para que el Universo te entienda es necesario que comiences a hablar en términos de lo que si quieres.
Supongamos que Rosa se levanta por la mañana para ir a trabajar y comienza a pensar en lo que NO QUIERE:
“No quiero ir a trabajar, cómo desearía no tener que trabajar nunca más, no me gusta recibir órdenes, ese trabajo de mesera ya no me gusta, siento que me están explotando, además no tengo tiempo libre, todo el día me la paso trabajando, sólo mi jefe se enriquece con mi trabajo, no veo la salida de esta maldita situación, mis padres tienen la culpa por no haberme mandado a la universidad, el Gobierno está cada vez peor, cada vez es más difícil transportarse en esta ciudad, y encima de todo tengo que pagar muchos impuestos, a veces preferiría morir que seguir en esta situación.”
¿Qué podemos observar en el diálogo interno de Rosa?
Revísalo por unos minutos y piensa … ¿Qué le está diciendo Rosa a Dios o al universo?
¿Acaso está pidiendo algo?
Vuélvelo a revisar
¿En qué parte de toda esa queja se encuentra una petición?
En ningún lado, porque ella sólo está hablando en términos de lo que no quiere.
En todo momento está pensando lo pésima que es la situación y envía energía que agranda su situación, en todo su diálogo y su sentimiento de frustración Rosa está “fluyendo” …… si está fluyendo su energía pero al revés.
Así que ella misma se está creando esa realidad una y otra vez.
Por el contrario si Rosa supiera hablar el lenguaje del Universo y se habituara a saber que ella misma crea su realidad se educaría a sí misma para hablar de lo que quiere… para pedir, para enfocarse, para fluir sus energías hacia lo que desea atraer.
Es fácil decirlo…. lo sé por experiencia, a veces también caigo en esa trampa de la mente de reaccionar inmediatamente a esa trampa.
Pero es importante comenzarnos a habituar poco a poco a decir lo que sí queremos
9 de Marzo, 2009 - 1:30 pm
¿Qué edad real tienes mari-dulce?
9 de Marzo, 2009 - 1:31 pm
Y no, no tienes que dar acuse de recibo. A mí no, por lo menos.
9 de Marzo, 2009 - 1:43 pm
Añado: una vez lo hicieron, estropear tu vida. ¿Vas a consentir que lo hagan eternamente? ¿Conoces la canción ‘Te recuerdo Amanda’? La vida es eterna en cinco minutos. Sabiendo lo que sé… cuando estuve dónde y como tú… habría partido hace 20 años cerrando la puerta tras de mí y no hubiera esperado 20 para hacerlo. Lo inmoral está en lo sucedido con nosotros. No en darnos cuenta y saber que la vida puede volver a empezar sin otras cargas que las que de adulto tú desees asumir. Basta con que te decidas a ser consecuente. Si tienes trabajo no sé que haces ahí y si no lo tienes… yo lo buscaría y ya… partir. Sin dolor ni pena. Ese es el secreto. Tu familia es la que tú formes. Por elección vital. Dices que te apartaste de lo tóxico. Si sigues viviendo en tu hogar familiar entonces no. No lo hiciste todavía. Aunque cambiar ciertas actitudes ayuda a vivir de otra manera. Sólo elegir vivir sin tensión te acerca a tu paz interior. Muy bien por ti. Ya has llegado al meollo de la cuestión, es precisamente ahí, en el condicionamiento sufrido donde tienes que laborar. Y un psicólogo budista o no, nunca puede decidir por ti. Hay un precio a pagar por todo. Por la libertad y por la opresión. Y esa es la decisión que hay que tomar.
9 de Marzo, 2009 - 2:50 pm
Sí, la filosofía está muy bien; las grandes teorías son estupendas, y si están muy bien elaboradas más; lo del karma y eso está estupendo; y, sí, tendría que haberlo hecho hace 20 años.
Y que, a pesar de todo, espero haber ayudado a alguien.
Que os vaya bien.
9 de Marzo, 2009 - 3:46 pm
No, lo que está muy bien es quejarse, y quejarse y quejarse y no darse cuenta que las soluciones sólo están en uno. ¿Qué son decisiones fáciles de tomar? No, en absoluto. Si tú eres un bien nacido y un bien criado y un bien tratado y un bien amado… no tienes ni cabeza de alienado ni problemas de alienado. Es decir, ni se te pasa por la cabeza que tus padres sean un problema. ¿Por qué? Porque les tienes amor y les sientes y les piensas con amor y dónde hay amor no se siente a nadie como carga. ¿Y eso cuándo lo sabes? Cuando recibes amor. Nace ahí lo que discrimina. Y lo que discrimina es letal. Pero mandamos al psicólogo budista, a éste, al otro, al demás allá a hacer gargaras o a tomar vientos o sí, a sitios peores y creemos que ya estamos en vías de curación. Porque podemos mandarlos a tomar gárgaras. Y eso lo único que quiere decir es que no se aprende a ser considerado y agradecido porque en las lactancias nunca estuvo eso. Y tienes que ser muy humilde si lo quieres desarrollar. Que a ti te vaya mejor mari-dulce, que el hábito somos nosotros y el fantasma también.
9 de Marzo, 2009 - 4:30 pm
A la única persona que puedes ayudar es a ti misma. Deberías releerte, tus quejas, tus lamentos, tus culpas o disculpas…..todo te está ahogando.
Mira a mi me pagan para cuidar a gente, y como me pagan bien pues lo hago lo mejor que sé. Cuando mi padre enfermó, yo asumí sus cuidados hospitalarios y me sentía culpable por todo, por la impotencia que sientes cuando ves a tu padre contenido a una cama de hospital, la rabía de que tu propia madre alojada en su victimismo se largue y le deje allí a la deriva, desorientado, perdido, con la única excusa de que en el hospital hay gente para que le cuide….y así un etc de situaciones.
Hoy yo no soy responsable de ellos, y no les voy a cuidar sino quiero, y ahora no quiero, ¿crees que soy mejor hija que tú?……pues descubrí con el tiempo que uno no debe hacer nada que no quiera. A mi me enseñarón que los hijos tenemos la OBLIGACIÓN de cuidar a los padres. Pero lo que yo aprendí es que con la única persona que tengo obligación es con mis hijos, porque esa es la familia que yo elegí. En mi trabajo veo a diario personas rodeadas de familiares que en el fondo desean que ser mueran, que quieres que te diga, ¿que son mejores hijos porque están en un sillón al lado de su cama? pues No, yo pienso que todo aquello que se hace porque uno quiere merece la pena….El resto está ahí y cada uno que sea consecuente con sus actos. No puedo aceptar tus excusas, no me valen, son eso excusas, si no quieres cuidarle no lo hagas y núnca es demasiado tarde para tomar decisiones.
Hoy mis padres jamás me llaman si enferman, ni siquiera me lo comentan y si me entero por mis hermanos de algo pues según me apetezca, pero te aseguro que me tratan con más respeto porque eso tambien comienza por uno mismo.
Un abrazo Mari Dulce
12 de Marzo, 2009 - 8:16 pm
[...] APOLOGÍA DE LO COTIDIANO [...]
8 de Abril, 2009 - 2:11 pm
Pues yo conozco a un fantasma, pero el que yo digo todavía no se ha muerto…
7 de Julio, 2010 - 10:09 am
[...] APOLOGÍA DE LO COTIDIANO [...]