EL QUE VIENE DE FUERA
Christina Maslach, la protagonista del post de hoy, ha pasado a la historia por ser la responsable de que se suspendiera uno de los experimentos más famosos de la psicología.
A principios de los años 70, a un psicólogo de la Universidad de Stanford se le ocurrió una idea. Dividió a un grupo de voluntarios en carceleros y presos. Después, para ayudar a los chavales a introducirse en su papel, les organizó una completa parafernalia: los que tenían que hacer de presidiarios fueron detenidos en sus casas por coches con sirenas, llevados a una oficina y aislados en celdas preventivas.
A los que jugaban de guardianes, por su parte, se les aleccionó acerca de lo que se esperaba de ellos. Tenían que mantener el orden y la disciplina, sin utilizar, eso sí, el castigo físico. Después de todos estos preparativos, los dos grupos empezaron a interpretar lo que acabaría siendo el papel más famoso de sus vidas…
La cárcel ficticia comenzó su andadura y a los dos días la violencia y la rebelión se desataron. Los prisioneros hicieron trizas sus vestimentas y sus números de identificación, gritaron e insultaron a los guardianes, levantaron barricadas y se encerraron en las celdas. Los guardianes aplacaron la rebelión con violencia, haciendo uso de los extintores de incendio, transformando los derechos de los prisioneros en privilegios y enfrentando a unos prisioneros contra los otros.
Uno de los reclusos tuvo que ser muy pronto devuelto a su casa porque mostraba síntomas de una grave perturbación emocional. Al tercer día se extendió por la prisión el rumor de un plan de evasión masiva, que, aún siendo falso, fue reprimido por los carceleros. Al cuarto día tres presos más tuvieron que ser puesto en libertad por problemas psicológicos. Poco a poco, se hizo evidente que algunos de los guardianes se sentían muy bien utilizando su poder de forma sádica. Lo peor era comprobar que esta actitud se acentuaba aunque la resistencia de los prisioneros se había ido apagando hasta desaparecer por completo.

Al sexto día, cuando ya los guardianes se paseaban con gesto chulesco blandiendo la porra en medio de reclusos que caminaban con aire cabizbajo, apareció nuestro personaje: la novia del experimentador. Christina Maslach contempló horrorizada lo que estaba sucediendo, rompió a llorar y le dijo a su novio que lo que estaba haciendo era una brutalidad. Una hora después, el experimento se suspendió.
En los ambientes opresivos, la situación acaba por hacer perder la perspectiva a los participantes.
Cumplir el papel asignado se convierte en una tarea importantísima: todos los que pertenecen al propio grupo caen en la complacencia y la falta de autocrítica.
Por eso, a veces, es tan importante un elemento externo, alguien que no esté influido por la inercia de la situación.
Alguien que venga de fuera y vea, de verdad, lo que está pasando.

2 de Diciembre, 2008 - 3:24 pm
La autora de las imágenes es Tessa Farmer, una artista británica que hace imágenes de pesadilla en miniatura. En su página (http://www.theminiatureworldsshow.co.uk/tessafarmer/index.html) podéis ver muchas construcciones que quizás parezcan surrealistas, pero que convocan imágenes muy cercanas y reales.
Sobre esto de la persistencia de los mundos de pesadilla y la necesidad de que venga alguien de fuera a desmontarlos, hay mucho en el último libro del novio de la protagonista de este post: Philip Zimbardo. Se titula “El efecto lucifer. El porqué de la maldad?.
2 de Diciembre, 2008 - 4:27 pm
Por eso a mi madre no le gusta que juegue a rol. Piensa que voy a perderme en el laberinto de mi imaginación. Podría ser que ella es la “desmontadora de ficciones”…
Claro que yo nunca lo he llevado todo tan lejos. ¿Hasta cuándo se supone que el novio de Christina iba a mantener aquella situación? Porque sinceramente, me parece más sádico el psicólogo que los analizados.
2 de Diciembre, 2008 - 8:39 pm
A todos vosotros que os gusta tanto el cine: creo que acaba de estrenarse (o va a estrenarse enseguida) una película (creo que alemana) sobre algo similar…
Me temo que en este famoso experimento el “problema” fue la absoluta libertad…
Me explico: no hubo más ley que la que quisieron irse dando ellos mismos…
…Y, como tampoco había -por tanto- ni “marco” de actuación (ley) ni coherción alguna (policía que la hiciera cumplir)… se produjo lo más peligroso -psicológica y sociológicamente- del mundo mundial… tratándose de seres humanos: la IMPUNIDAD.
Con impunidad se crearon las cámaras de gas, por ejemplo. Por creerse impunes se asesina y se viola; se roba, se denigra, se humilla y se achanta…
…Y gente, efectivamente, total y perfectamente “normal”… Es decir, que Muiño y los “suyos” -de nuevo- dirán; pero me temo que t-o-d-o-s somos así: lo llevamos dentro; la ocasión “la pintan calva”… Si nos garantizaran que nadie -salvo nosotros mismos- pudiera advertirlo (por tanto: absolutamente impunible…) está claro que robaríamos… etcétera… ¿O no estaría tan claro? ¿O sólo lo hacían los estudiantes porque no era “real”, porque sólo se trataba de un “experimento”…?
2 de Diciembre, 2008 - 8:47 pm
…En cuanto a la “moraleja”: “tiene que ser alguien de fuera el que haga saltar la voz de alarma” (más o menos)…
…No lo tengo tan claro, señor Muiño: en este caso creo que “sólo” se trató de que la impulsora, viendo el cariz que adquirieron los acontecimientos, si le echó el freno fue porque se sentía responsable… ¡y culpable!
Si el caso hubiera sido real… Nada más lejos: si uno -de fuera- llegara (y si no tuviera más remedio que insertarse en ese “ambientazo”) a un lugar y con esa situación… ¡Creo que lo tendríamos todos claro!: siempre sería preferible ser “martillo” antes que “yunque”… Dudo mucho que nadie pudiera ni “remediar” la situación (a ver quién convence; a ver quién impide) ni evitarla: o te integras con los presos o con los guardianes… ¿a que nadie querría ser preso…?
…Pues eso…
(En realidad TODOS saben “perfectamente” lo que está pasando: no sería cuestión de “ceguera” sino de privilegios, de intereses… ¿o no?)
2 de Diciembre, 2008 - 11:35 pm
¡Buenas! Muiño, has mencionado el experimento de Philip Zimbardo de los años setenta, en la universidad de Stanford. Y el papel de heroína de la protagonista citada en tu entrada, lo cita este psicólogo en su libro El efecto Lucifer.
3 de Diciembre, 2008 - 2:39 am
Cierto es que creo siempre que mi primer pensamiento al llegar aqui es el que debo plasmar , pues no se de dónde me ha salido la creencia, que el primer pensamiento es el mas importante y que todos los que llegan despues de el, en muchos casos son pensamientos que se responden unos a otros por no obtener la seguridad del primero haciendo asi una gran madeja de lana que confunde toda la situación.
Mi primer pensamiento al leer las primeras letras del texto ha sido: ¿Pero esto no lo habiamos reflexionado hace un tiempo?
Pues no, lo hacemos ahora , pero bien , sobre la percepción del tiempo que tenemos los mentales , su coherente realidad ante nuestra ignorancia ante el , ya pensare cuando se proponga … o mas tarde…. Aunque ya lo hice mientras escribia y creo que el tiempo es la distancia entre duda y resolución.
Yo opino que el mental, incluso yo, en si mismo, en lo emocional, es totalmente ignorante y primitivo. La sicologia y la ciencia (quimica y fisica, cuantica y ….) estan muy relacionadas , pues la sicologia habla de pensamientos , la ciencia de atomos… de trayectos, de fusion, de roce…. ¿Acaso no es lo mismo?
Bien, es mi creencia personal, no he estudiado sobre ello aunque respeto a quien lo ha hecho, por eso, no me gustan mucho los sicologos, por eso , me encanta este lugar. Porque veo ciencia, veo avance, veo realidad.
Hablame de un grupo sin comunicación y dime si entro si me comunico. Hablame de un baile y dime si al entrar, intento bailar aunque sea quieta en un ladrillo.
Nos contagiamos, nos amamos, nos desorbitamos. Cada uno en su bando, contrario, siguiendo un lider o “una creencia o concepto lider”…
Tenemos un guion, nos levantamos, hacemos uso de las horas y de nuestra función, guerreamos!!!! Somos primitivos!!!!
Porque no nos damos cuenta “envenenados de la situación” que desde un punto de vista “sin veneno” quizas, sea un comportamiento absurdo o destructor…
Pero no importa!!! ¿Como decirse a uno mismo que somos absurdos al estar envenenados por el ambiente creado?
Y si viene alguien, con reflexión, nos despierta, por emoción… quizas reaccionamos.
Pero no suele suceder que alguien entre valiente a intermediar … mas bien, pasan de largo. No hay interes, los peleados, son los peleados, todos culpables, aunque sea totalmente guiado por un lider !!!!
Y que cada uno aguante la vela de la pelea. En razon, los envenenados envenenan y hay que salvarse de la sinrazón del ego o la culpa.
Mientras tanto, dicen que somos seres evolucionados.
Un dia le pregunte a una biologa para que servia una hormiga y me contesto : ¿Para que sirves tu?
Pues no lo se, quizas para dar un papel de vida, pero con menos organización ambiental.
Quizas, servimos menos entre nosotros que lo que se sirven entre ellas las hormigas y aunque nos consideremos mas validos, somos unos inadaptados!!!!
Bien, sin acentos y deprisa opino, disculpar. Estoy algo “inquieta ” ultimamente en mis pensamientos . Pero se que si no lo comento , me guardo la reflexión y acabo no regresando para compartirla.
“Si es asi, asi está bien, solo si realmente es así.”
MOn
3 de Diciembre, 2008 - 9:20 am
Me llama ´la atención el papel de los prisioneros en el experimento. Porque el de guardianes resulta más entendible, es un decir.
Ya cita Koldo la referencia al martillo y yunque. Se supone que ejercer la autoridad, relativo, claro, cuenta con más credibilidad y adeptos.
Pero los prisioneros… es lógico en el fondo, que se rebelen contra algo que no se considera justo. ¿Por qué se decantan hacia la violencia? ¿Por qué rompen la vestimenta? ¿Y defensores/abogados? No hay en el experimento. Algo falla, es irreal.
Parece como los campos de batallla comerciales de fin de semana, recuerdo leer algo al respecto hace años. Se publicitaban en prensa, dirigidos a ejecutivos, para combatir el estrés. Con metralletas falsas, vestimenta al efecto. Una guerra en broma.
¿Y por qué no experimentar caminos de paz y harmonía?
3 de Diciembre, 2008 - 2:16 pm
El experimento me ha recordado dos cosas:
- El libro El señor de las moscas.
- Un experimento en el que se pedía a unos que infligiesen dolor a otros mediante un mecanismo gradual (no sabían que en realidad el mecanismo no hacía nada). Pero eran capaces de, a las órdenes de los investigadores, aumentar hasta un dolor que supuestamente era insoportable.
3 de Diciembre, 2008 - 3:26 pm
Siempre me ha sorprendido la capacidad del ser humano para causar dolor al ser humano. Es algo en lo que he pensado mucho y de lo que he hablado mucho. Pero no llego a ninguna conclusión. Tal vez el socorrido “somos así”, pero no me vale.
Este experimento, como muchos otros, simplemente confirma lo que ya sabemos, pero no aporta soluciones.
Supongo que ninguna ciencia las puede aportar.
Somos capaces de lo mejor y de lo peor. Eso es cierto. Pero no podemos desprendernos de nuestra maldad “innata”. Y cuando menos te lo esperas, sale la parte cruel que todos tenemos dormida en nuestro interior. Con grados, como todo. Algunas son crueldades de andar por casa, pequeñitas, pero otras son terribles actos de cureldad.
No sé si la impunidad, de la que habla Kolodo, sirve para desatar ese aspecto de nuestra personalidad. Yo no lo creo. Yo no lo haría (hacer daño gratuitamente a alguien) Creo que es un problema o bien cultural o bien del individuo.
En ambos casos, hacer que desaparezca me parece, visto lo visto, una tarea imposible. Pero, no por ello, debemos dejar que suceda, ¿no?
Las leyes, la educación, el ejemplo, tal vez otra cosa, deberían controlar esa violencia que nos hinunda y nos ahoga.
O que desaparezcamos de la faz de la tierra…
“El hombre es un lobo para el hombre” (Los lobos no son crueles, que conste…)
Será el día frio y tristón lo que me hace hablar así…
3 de Diciembre, 2008 - 3:37 pm
La película acerca de este experimento es alemana, y salío hace ya algunos años. Su nombre, creo recordar, es “El Experimento”.
3 de Diciembre, 2008 - 5:44 pm
Como comenta Koldo, se acaba de estrenar una pelicula alemana (La ola), basada en un experimento real realizado por un profesor de instituto de California en 1967. Ron Jones intento explicar a sus alumnos como los alemanes pudieron llevar a cabo las atrocidades nazis sin sentirse culpables…
Pero existe otra pelicula, tambien alemana, que se basa justamente en el experimento narrado por Luis Muiño. El experimento (Das experiment – 2001), me parecio una gran pelicula, aunque no es cine de risas y palomitas…
Estoy de acuerdo con Luis Muiño en la utilidad de los puntos de vista “externos”. Rebosan frescura, estan limpios de la historia que ha generado la situación. Si queremos de veras crecer y aprender, si queremos conocernos a nosotros mismos, o si nos interesa saber como ven y viven el mundo los otros… la escucha de las opiniones ajenas nos brinda un buen camino. Escucha abierta, sin prejuicios.
“…Alguien que venga de fuera y vea, de verdad, lo que está pasando…”. Aqui si discrepo. Creo que los ojos ajenos ven su propia realidad, su propia verdad. Y dejarse tocar por otras realidades puede ser muy enriquecedor. Pero tambien es real y verdadera la perspectiva del que esta inmerso en una situacion opresiva. Todas las realidades cohabitan y son verdaderas. Con esta frase (”….y vea, de verdad, lo que esta pasando…”) parece como si desde dentro del meollo se perdiera el contacto con “la verdad” y alguien, mirando desde fuera, estuviera mas en contacto o mas cerca de “la verdad”.
3 de Diciembre, 2008 - 6:37 pm
Recomiendo a todos que vean el filme alemán DAS EXPERIMENT. (EL EXPERIMENTO, 2001)
(http://www.labutaca.net/films/6/elexperimento.htm)
Está basado justo en esa historia que cita el señor Muiño.
Saludos!
3 de Diciembre, 2008 - 7:39 pm
H@la,
De acuerdo con Oscar en que alguien que esté inmers@ en cualquier situación opresora también la vive y percibe en su propia realidad, y seguramente sus pensamientos y reacciones se irán encadenando en mala forma por la perversidad establecida, admitida voluntariamente o no.
Supongo que Muiño lo que quiere trasladarnos con la visita de la novia de Ph. Zimbardo es la visión de alguien que no está viciad@ con el desarrollo de los acontecimientos y por tanto observa la sinrazón de lo sucedido con libertad suficiente para pararlo, en el convecimiento de que la bondad del experimento se había perdido.
Y también se da a la inversa: cuando un grupo es feliz en su devenir y viene alguien a torpedearlo.
Quien venga de fuera puede arreglar las cosas, pararlas o estropearlas.
4 de Diciembre, 2008 - 1:11 am
Después de leer tu post me viene a la cabeza el mundo de la consultoría, tan recurrido al menos en mi mundo laboral, los consultores además de hacer un trabajo menos cómodo que los propios trabajadores de la empresa, aportan una visión externa, sin vicios y mucho más objetiva que la que el trabajor pueda tener, por mucho que piense que su visión de las cosas no está sesgada. También me viene a la cabeza el Tercer Reich, supongo que esos alemanes se metieron tanto en el papel que algunos al cabo de los años lo recuerdan como un sueño del que no podían despertar.
4 de Diciembre, 2008 - 4:25 pm
A mí me viene a la cabeza Apollinaire. Apollinaire, el exquisito poeta francés publicó un libro bajo pseudónimo, harto conocido ya: Las once mil vergas.
Las fantasías sádicas de Apollinaire me dejaron tan impactada en su momento, que todavía hoy no puedo entender cómo puede cohabitar en un poeta sensible semejante gusto lúbrico por el dolor, propio o ajeno.
Somos así, un manojo de contrariedades.
4 de Diciembre, 2008 - 6:32 pm
¿De verdad no hubo un solo carcelero o recluso que estuviera en desacuerdo, presentara su renuncia al experimento o propusiese el fin de éste? Es que me resulta incomprensible que todos pensaran igual.
4 de Diciembre, 2008 - 10:28 pm
Algo así pasa a diario en puestos de trabajo, relaciones de pareja…la gente tiende a meterse demasiado en sus papeles y pierde la perspectiva. Conocía el experimento -se han hecho un par de películas…- y siempre me ha parecido interesantísimo. Muy buen blog, lo seguiré. Un saludo.
5 de Diciembre, 2008 - 12:59 pm
Sí creo posible que nadie renunciase, todos se sabían participando en un experimento (quizás la ñoña era la novia…), una ficción. Incluso ese hecho pudo presionarles para continuar e implicarse más.
Lo que me interesa es qué fue de los participantes después de ese juego. Qué se han quedado pensando de sí mismos cuando se han descubierto a sí mismos capaces de oprimir (no sé hasta qué punto, en el experimento real) o de soportar la opresión (si se dio algún caso de total aceptación y sumisión) o de ejercer una violencia salvaje en legítima defensa (si es que la rebeldía se manifestó de ese modo). Si necesitaron justificar sus acciones sólo en aquel momento, o lo siguen haciendo. Si se entienden a sí mismos, ahora “vistos desde fuera”.
Por otro lado ¿Parece imposible que “alguien de fuera” perciba la situación como desorbitada, y por necesidad o no, se adentre en ella sin interrumpirla, y se vea absorbido por la misma dinámica finalmente?
5 de Diciembre, 2008 - 2:49 pm
Interesante debate. Aunque no entiendo muy bien a que vienen las moscas en un tema tan vitalmente humano. Resulta grosero por lo inapropiado y que conste que soy amplio de miras, pero no he visto afortunada la ilustración que le vamos a hacer. Si entiendo como ambiente opresivo, todo aquello que incide sobre el individuo, de naturaleza opresiva y si vale como símil cualquier actitud externa que anule la capacidad para el dialogo, la comprensión o la aclaración de ideas entre iguales, estoy de acuerdo en que el experimento nada más que hizo una simulación y de ahí su éxito. Para mí este es el meollo de la cuestión en lo que respecta al cambio de actitud en personas pacíficas a personas estresadas que incluso puedan perder los papeles de su rol. Entonces el debate sería interesante si lo que analizáramos fuese, la actitud del que oprime, cohíbe o anula al otro, en vez del resultado obvio del experimento.
A estos parabienes de la filosofía, que andan perdidos entre letras, pensamientos, teorías y demás candideces, convendría despegarse del status de “poseído de la razón” y tratar de comprender al “otro”, del mismo modo que en el debate de la coherencia se esgrime, es decir con corazón. La venganza es un derecho de los oprimidos, de los abandonados a su suerte, de los utilizados y tienes todo el tiempo del mundo para llevarla a cabo. Menos teorías y más humanidad. En los ambientes que giran en espiral sin fin, “alguien que venga de fuera y vea, de verdad, lo que está pasando”, es útil, cuando ambas partes buscan la razón, en cambio es estéril cuando se oculta una coartada.
6 de Diciembre, 2008 - 12:53 pm
De acuerdo.
Un individuo coge (con las disculpas de los hispanohablantes americanos) y se expresa libremente.
Pero resulta que esa expresión se traduce prepotente a los entenderes de otros. De modo que esos otros se sienten ofendidos, humillados, dolidos, oprimidos emocionalmente y su reacción visceral, es el agravio.
Para colmo, el objeto de las iras, tratando de enfriar los
ánimos, consigue hacerse más odiado por tomárselo sin rencor y con buen humor.
Como consecuencia, el engreído opresor emocional, ve recriminada y frustrada su natural personalidad y se convierte en un nuevo oprimido en conducta.
Parece que la empatía siempre está del lado de los que tienen menos recursos para salir airosos de pequeños malos tragos. Y parece que el sentido subjetivo de la justicia, se decanta por ellos.
Con todo ésto quiero decir que la designación de opresivo es subjetiva y que la venganza no es un derecho del oprimido.
En ese nombre, pueblos e individuos pueden cometer tropelías.
Y ahora, ¿de verdad que hoy día no nos podemos poner en el corazón y cabeza del padre que ya no sabe qué hacer con su hijo, del profe acosado, del cuidador de personas (ancianos, niños, dementes, deficientes mentales…) o animales con decididas intenciones imposibles (linchar a otra persona, hornear las cortinas, beberse la lejía, morder al vecino…), que descubre la solución en la amenaza, el castigo o la bofetada? Yo lo veo bastante contemporáneo…
7 de Diciembre, 2008 - 1:51 am
Christina Maslach en el papel de salvadora….
Los guardianes y prisioneros en el papel de marionetas.
¿y el psicólogo? en el papel de una especie de Dios dirigiendo los hilos.
Tal vea hubiera sido más interesante analizar al psicólogo.
8 de Diciembre, 2008 - 10:39 pm
La empatía es un “bien escaso”, como la caridad. Si tuviésemos un alto nivel de las dos, estas cosas no pasarían.
Respecto a la crítica a los psicologos, no olvidemos que buena parte de nuestros avances científicos se basan en experimentos repetidos hasta la saciedad. Experimentos cruentos, con animales, con personas, con grupos. Basta con leer algún manual de psiquiatría, psicología o pedagogía. Todas las teorías científicas se sustentan en hipótesis que hay que demostrar. Y los sujetos de los experimentos, antes y supongo que ahora también, no siempre dan su beneplácito para realizarlos. Sobre todo los animales…
El Gran Hermano de la ciencia nos sigue vigilando para sacar sus conclusiones.
Esto no es una crítica, sino la constatación de que a veces hay que sacrificar empatía, dignidad o lo que queraís, para consegur avanzar. Independientemente de que esté de acuerdo o no con ello, ahí están los hechos y sus resultados.
9 de Diciembre, 2008 - 1:03 am
Muchas veces se aplica como caridad, un paternalismo gratuito, innecesario y mermante.
9 de Diciembre, 2008 - 1:02 pm
Me ha venido a la cabeza, al leer el tema, aquellas fotos de la marine norteamericana, sonriente, mientras sujetaba con correas de perros a unos prisioneros iraquíes, desnudos y vejados.
Al poco tiempo del escándalo, cuando fue enjuiciada, estaba embarazada.
Me impactó profundamente.
9 de Diciembre, 2008 - 1:49 pm
No se si tiene algo que ver, pero este fin de semana han caído en mis manos dos artículos diferentes de Luis Muiño. Uno era en la revista Muy interesante y era acerca de la pornografía. El otro era en el suplemento de La vanguardia y era acerca del eros electrónico (cibersexo).
Y quería decir que los dos me han parecido muy valientes y realistas. Siempre he visto a los psicólogos como tipos envarados que predican lo políticamente correcto y se olvidan de la realidad humana. Luis Muiño es todo lo contrario, porque habla de lo que realmente pasa y no juzga. Este artículo de su web también lo demuestra.
Mis felicitaciones.
9 de Diciembre, 2008 - 10:37 pm
Una apreciacion muy acertada en estos tiempos, que deberia ser puesta en practica con mas frecuencia.
saludos
13 de Diciembre, 2008 - 8:42 pm
¿Dos artículos uno sobre sexo y otro sobre pornografía? ¿De Luis MUiño? ¿Seguro que Luis habla de esos temas? ¿Valientes? ¿Realistas? No puede ser, será de otro que lo ha suplantado. O estará poseído. Cuidado con Satanás.:-)
4 de Enero, 2009 - 9:42 am
Pues resulta muy triste; pero así es la realidad:
Tal y como nos comentaba, mucho más “arriba”, “No sacado de internet”, ese experimento de 1963 (la llamada “prueba Milgram”, llevado a cabo por el profesor Stanley Milgram, de la Universidad de Yale) llegaba a la conclusión de que la gente está dispuesta a infligir dolor a los demás, si se lo pide una autoridad.
Pues bien, casi medio siglo después, investigadores de la Universidad de Santa Clara, en California, acaban de publicar en American Psychologist, la revista de la Asociación Psicológica Estadounidense, un experimento similar, con unas tasas de obediencia de los participantes ligeramente menores que las del experimento Milgram.
El artículo que hace referencia a esta noticia, decía:
“Al conocer el trabajo de Milgram, la gente a menudo se preguntaba si hoy en día los resultados serían distintos”, explicó el doctor Jerry Burger, quien dirigió el nuevo experimento.
“Muchos creían que, después de las lecciones del Holocausto, había una mayor conciencia social sobre los peligros de la obediencia ciega. Pero lo que encontramos fue que los mismos factores situacionales que tuvieron un impacto en la obediencia en el experimento de Milgram, siguen operando hoy en día”, agregó el científico. El artículo que leí continuaba:
“Incluso cuando otro “científico” (actor) entraba al cuarto y cuestionaba lo que estaba ocurriendo, la mayoría estaba dispuesta a continuar.
“Tal como explica el investigador, no es que algo estuviera “mal” con los voluntarios. Simplemente, es que cuando se nos coloca bajo presión, los seres humanos a menudo hacemos cosas “perturbadoras”.
“Los resultados del estudio, afirman los expertos, podrían explicar parcialmente por qué en tiempo de guerra y conflicto la gente está dispuesta a tomar parte en un genocidio”…
Así que así somos y así nos lo demuestran los psicólogos. Al fin y al cabo, se limitan a ponernos ante el espejo.
Los políticos y los militares ya lo sabían… desde hace miles de años…