YO NO HE SIDO
Lunes, 29 de Diciembre de 2008En la vida cotidiana realizamos continuamente atribuciones de las conductas de los demás. Dedicamos mucho tiempo a averiguar las razones que tienen los que nos rodean para actuar de un modo determinado. Pero también, nos pasamos la vida intentando averiguar las causas de nuestra propia conducta.
Eso sí: lo hacemos de modo distinto. Cuando intentamos explicarnos a nosotros mismos nuestros actos, somos sensibles a los cambios que producen las circunstancias. Nos decimos a nosotros mismos que no somos violentos…a no ser que los demás nos enfaden mucho. Lanzamos el mensaje de que hay que tener cuidado con nosotros, porque vamos de cara hasta que nos sentimos traicionados, en cuyo caso nos convertimos en verdaderos malvados de película. O pensamos aquello de “Yo no suelo beber, pero es que ayer en la fiesta, con los amigos tentándome…”. Es decir, si el comportamiento malo es el nuestro, la culpa la tienen las circunstancias.
Pero sin embargo, con los demás, a menudo cometemos una injusticia: el “error fundamental de atribución”. Ese sesgo consiste en desechar la situación y creer, siempre, que lo que ha hecho una persona es debido a características fundamentales de su personalidad. Procedemos así, en parte, porque nuestra atención se concentra en la persona más que en el contexto determinado por la situación. Si hemos visto a alguien peleándose, esa persona sí es violenta. Si actúa de forma taimada, ese individuo es egoísta. Y si alguien bebe, lo hace porque es alcohólico.
El error fundamental de atribución tiene, por supuesto, consecuencias en la vida privada. Un estudio reciente mostraba que las parejas felices atribuyen los comentarios agresivos de su compañero a una situación temporal. Se dicen a sí mismos cosas como “seguro que tiene un mal día”. Sin embargo, las parejas que dejan de funcionar atribuyen las mismas frases agresivas por parte de la otra persona a características psicológicas (“Es un egoísta”) o a mala fe (“Ya no me quiere y está intentando hacerme daño”).
Y, por supuesto, esa tendencia a atribuir las conductas de los otros al individuo o al medio es decisiva en la ideología política. Estudios realizados en países tan diferentes como India y Estados Unidos encuentran una característica común entre las personas de ideología conservadora de ambos países: la tendencia a atribuir la pobreza, la desocupación laboral y la falta de hogar de los excluidos a características personales de ellos. Estas personas tienden a pensar que la gente, en general, obtiene lo que merece y los que no trabajan y no tienen hogar suelen ser perezosos y aprovechados. Sin embargo, las personas de ideología progresista tienden a achacar la culpa a las situaciones que ha vivido la persona: falta de oportunidades, enfermedades y adicciones, discriminación…

Aquí, en Europa, estamos en invierno y hace frío.
Muchos miles de personas lo están padeciendo porque no tienen hogar, no tienen medios para calentarlo, no tienen comida…
¿Es suya toda la responsabilidad?