Archivo de Noviembre de 2008

LOS MUROS Y EL CIELO

Martes, 4 de Noviembre de 2008

Nafas, que significa respiración, es la protagonista de la película “Kandahar.  Se trata de una joven periodista afgana refugiada en Canadá, que viaja clandestinamente a su país.  Su objetivo es salvar a su hermana pequeña, que perdió las dos piernas al pisar una mina y que le ha comunicado por carta que se suicidará dentro de tres días.

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Nafas busca, en ese viaje iniciático, a su hermana.  Pero antes, por el camino, debe encontrar algo muy importante: una razón para que quiera vivir.  Por eso registra en una grabadora las motivaciones vitales que se le ocurren a ella misma y a aquellos que va encontrando.
La empresa se antoja difícil, porque Nafas da siempre con personajes de vidas muy complicadas: un afgano con cuatro esposas de diversas razas; un médico afroamericano que dice encontrar a Dios ayudando al pueblo afgano; un pilluelo expulsado de una escuela coránica que expolia los cadáveres del desierto o un ladrón manco capaz de mentir sobre su madre con tal de conseguir unas piernas ortopédicas.

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Nafas, con sus preguntas, obliga a aquellos que se encuentra a interrogarse sobre la esperanza, a preguntarse qué los hace seguir adelante.  Las respuestas son desconcertantes y curiosas, pero hay algo que impresiona en la película: todos los personajes tienen una respuesta a la pregunta, todos tienen esperanza.

Los seres humanos no solemos preguntar sobre lo positivo.  Las investigaciones demuestran, por ejemplo, que nos preocupamos mucho más por aquellos que sufren una enfermedad o están tristes que por las personas felices.  Hablamos más de los que sufren, les dedicamos más atención, pensamos más en ellos.  Una curiosa estadística de los últimos años llegaba a la conclusión de que el lenguaje tiene muchas más palabras para describir las emociones negativas que las positivas.
La razón es clara.  El mismo concepto de emoción parece tener connotaciones negativas, porque se refiere a algo irracional, no buscado, incontrolable…  La emoción es, socialmente, una señal de que ha ocurrido algo.  Si el cambio es positivo, no parece necesaria nuestra ayuda.  Pero si es negativo, debemos poner en marcha los mecanismos de alerta.
El problema de esta actitud es que, por el hecho de hablar continuamente de lo malo, acabemos creyendo que es lo único que existe.  Éste es, por ejemplo, el problema de los depresivos: acaban describiendo su vida como algo únicamente negativo.  Cuando estamos tristes olvidamos completamente los acontecimientos positivos de nuestra vida o los minimizamos quitándoles importancia.

Una táctica simple de terapia breve es preguntar por los momentos buenos a alguien que sufre una depresión.  El cambio que produce en la persona esta sencilla técnica es impresionante: hablar de sus pequeños momentos de felicidad le convierte en otra persona.  Le ayuda a recordar qué es lo que hace para sentirse bien y le invita a evocar cuales son sus mejores estrategias para enfrentarse a los problemas.

“Kandahar nos enseña la utilidad de preguntar y preguntarnos por aquello que no acostumbrarnos a cuestionarnos: ¿Por qué seguimos adelante? ¿Qué hay de bueno en nuestra vida?¿Cuáles son nuestros anhelos? 
Estas preguntas ayudan a encontrar la esperanza, algo que siempre aparece cuando nos decidimos a iniciar su búsqueda. Porque, como dice un personaje de la película, “por muy altos que sean los muros, más alto es el cielo.




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