MAS DE LO MISMO
Viernes, 21 de Noviembre de 2008Ulrich von Lichtenstein fue un célebre caballero austriaco del siglo XIII.
En esa época, el ser humano andaba descubriendo el amor pasional como motivación vital. Gracias a los poetas del amor cortés, cometer locuras porque uno estaba enamorado empezó a ser bien visto en ciertos lugares. Ulrich fue uno de esos locos enamorados y su epopeya fue difundida en romances y canciones…
Nuestro caballero adoraba a una dama, ella no le correspondía y su rechazo motivó a Ulrich a cometer los actos más insensatos de su vida. Su amada comenzó diciéndole que nunca podría ser suya porque nuestro protagonista tenía un labio superior demasiado carnoso. Ulrich decidió entonces someterse a lo hoy llamaríamos una operación de cirugía estética, tras la cual sufrió casi un año de intensos padecimientos.
Ese calvario no le pareció suficiente a la dama que siguió inmune a sus ruegos. Ulrich entabló varios torneos para ganarse su favor y en uno de ellos casi pierde la mano. La dama, al saberlo, se burlo de su galán comentando: “Creo que todavía conserva el dedo meñique��?. Cuando lo supo, el caballero cogió un cuchillo y se cortó aquel dedo. Después, se lo envió a su amada acompañado de un largo poema.
La respuesta de la dama fue la obvia. Dijo: “nunca pensé que un hombre sensato cometiera semejante tontería. Desairado, el caballero emprendió la gran empresa por la que sería recordado: dejo su castillo y, disfrazado de Venus, se dedicó a viajar por tierras germánicas retando a duelo a todo aquel que encontraba. Cuando nuestro héroe vencía, enviaba al derrotado a presentar sus respetos a la cruel dama que le rechazaba.

La épica y triste historia de Ulrich von Lichtenstein termina de una manera previsible: el caballero nunca consigue gozar del favor de la amada.
Un viejo proverbio dice que el amor no se ruega, se conquista. Pero los seres humanos nos olvidamos frecuentemente de ese lema, y utilizamos una táctica de enamoramiento que podríamos denominar “más de lo mismo��?.
Nos cuesta mucho cambiar. Y por eso, cuando las cosas no funcionan, lo que hacemos es volver a hacer lo mismo, pero con más intensidad. Es como gritar cuando alguien no nos entiende: una táctica inútil pero habitual en los seres humanos. De hecho, esa táctica de “más de lo mismo��? es el mayor enemigo del cambio y el progreso personal: hasta que no la dejamos de poner en funcionamiento, es imposible que aprendamos nada.
La triste historia de Ulrich nos lo recuerda: en el amor, como en otras muchas actividades de la vida, ser testarudos no suele ser buena táctica.
La estrategia contraria, cambiar de técnica según lo van pidiendo las circunstancias, requiere esfuerzo mental. A cambio, nos ayuda a encontrar la salida.
Algo que se agradece mucho cuando llevamos mucho tiempo dándonos cabezazos contra la pared.