CREANDO MONSTRUOS
La historia la protagonizan seres reales: Mary Shelley, escritora del siglo XIX, es uno de ellos.Â
Pero la historia también la protagonizan personajes que no han existido pero han llegado, al final, a ser tan importantes como los primeros. Frankestein, el monstruo creado en una noche de cuentos de terror por Mary Shelley, es un ejemplo de criatura de ficción que ha influido en nuestra vida.
Una noche, a orillas de un lago suizo, se reúne un grupo de personajes. Allà se encuentran, entre otros, los poetas Lord Byron y Percey B. Shelley. También está Mary Shelley, la esposa del segundo. Deciden que todos escribirán un cuento de miedo. En esa noche extraña e inquietante, alguien idea uno de los primeros cuentos de vampiros. Mary Shelley va más allá: crea a Frankestein, uno de los seres inexistentes de mayor influencia en la historia.
Mary Shelley ha creado un monstruo, y el monstruo perseguirá a esta mujer y a aquellos que ella ama a lo largo de toda su vida. De hecho, todos los personajes que estuvieron aquella noche en el lago fueron perseguidos, después, por el infortunio. Lord Byron murió en la guerra de Grecia, el hijo de Mary Shelley y su marido, el poeta, murieron ahogados en diferentes accidentes. Su hermana, amante de Byron, también tuvo una muerte terrible…

Todo lo que los seres humanos decimos sobre la vida conlleva unos valores ocultos. Incluso el lenguaje cotidiano está lleno de expresiones que delatan nuestra forma de ver el mundo. Decimos que a una persona le han lavado el cerebro cuando ha recibido una influencia con la que no estamos de acuerdo. Decimos que nuestro hijo es muy maduro cuando hace lo que nos gusta que haga. Calificamos de perversiones aquellos actos sexuales a los que no nos dedicamos.
Entre nosotros, los psicólogos, también es fácil detectar esos valores ocultos. Por ejemplo, es muy curioso constatar las diferencias en la forma de analizar la psicologÃa humana de aquellos que provienen de culturas más colectivistas y los que provienen de culturas más individualistas. Invariablemente, los primeros ven influencia social en todo lo que hacemos. Para los segundos, casi siempre lo que importan son los factores individuales.
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Como comprobó Mary Shelley, incluso aquellos que tejen historias llevan a éstas sus esperanzas y sus miedos. Lo inquietante de todo este asunto es que parece que la vida no se conforma con escuchar estas narraciones llenas de teorÃas implÃcitas sobre el mundo. Una vez que alguien cuenta un cuento, la vida tiende a hacerla cierto.
Los calificativos de la vida cotidiana acaban funcionando como profecÃas auto-cumplidas. Si decimos de un niño que es un rebelde imposible de tratar, aumentamos las posibilidades de que acabe siendo un adolescente asocial. Si enunciamos una teorÃa según la cual el ser humano es egoÃsta, acabaremos justificando a aquellos que causan dolor gratuito…
Y si creamos monstruos como Frankestein, quizás acabemos toda la vida huyendo de ellos.Â

22 de Octubre, 2008 - 1:04 pm
Las imágenes pertenecen a dos pelÃculas que me impactaron mucho: “Frankensteinâ€? de James Whale y “Remando al vientoâ€? de Gonzalo Suarez. Creo que las dos hablan del terrible efecto multiplicador del mal rollo que tiene la creación cuando se alimenta de la frustración.
Un buen texto sobre los valores ocultos que hay detrás de lo que hacemos es este artÃculo:Â
qhttp://blogs.publico.es/dominiopublico/?p=845
Lo publicó Guillermo Fouce en el diario Público y analiza con lucidez el peligroso contenido ideológico de la salud mental.
22 de Octubre, 2008 - 2:33 pm
H@la,
Esto de ser la primera en entrar en los cuentos de miedo ha sido pura casualidad. Nada de valentÃa.
Es aquello de tener miedo al miedo, aunque cada vez menos gracias a seguir teniendo de libro de consulta el de Muiño y saber que la mayorÃa de los monstruos, a los que tememos están perfilados por nosotr@s mism@s en nuestra mente.
Aquellos que vamos creando a base de nuestros temores y también los externos a los que les damos cada un@ nuestra propia visión y fuerza.
Vamos, totalmente de acuerdo con lo expuesto, como casi siempre.
Las dos pelÃculas magnÃficas. Y, creo, que ninguna de las dos con signos de malditismo como sà parece que están envueltos los personajes reales.
Pero es que es@s poetas abanderaban aquellas ideas románticas de aquellos tiempos donde lo trágico del destino jugaba un papel primordial a destacar.
Nada que ver con los actuales tiempos pragmáticos.
22 de Octubre, 2008 - 3:04 pm
Tal cual.. lo que decimos a la vida es como un eco que se aleja de nosotros al pronunciar las palabras, para ir volviéndolas realidad a medida que se aleja solo para que nos encontremos con lo que hemos creado conforme vamos avanzando.
Nuestras percepciones crean la realidad… Es asà como nuestros monstruos se tornan reales, como creamos nuestras propias limitaciones y cómo con el diálogo interno vamos formando o DEformando la realidad.
Lo importante es darse cuenta de cómo influye esto en los hechos: la imaginación es el dominio de la mente; no lo contrario… Y dominando la mente crearemos la vida y el mundo que queramos, pues es en ella donde se ocultan nuestra sombra y todas nuestras potencias creadoras.
Muy interesante tu enfoque. Excelente texto.
Un abrazo.
22 de Octubre, 2008 - 3:16 pm
He leÃdo el artÃculo y se me ha quedado mal cuerpo, la verdad.
Me voy con Mary Shelley que me da mejor rollo.
Sé algo de monstruos de fondo de armario (siempre duermo con la puerta cerrada). Sé que es muy difÃcil combatirlos una vez que están instalados.
Y si escribes doscientas páginas sobre tu monstruo, pues eso es casi una relación estable.
Puede parecer ridÃculo tener miedo de un ser imaginario (sabiendo que lo es). Pero nadie ha explicado tampoco el mecanismo por el que una persona puede escribir seguida una historia que sólo existe en su cabeza.
En cierto modo la historia es real, y el escritor no tiene demasiado control sobre ella. Igual que no puede controlar su miedo.
Sé que éste no es el tema, pero hoy no tengo ánimo de enfrentarme con la perversidad humana.
22 de Octubre, 2008 - 4:09 pm
“Copio y pego” del texto de Luis:”Entre nosotros, los psicólogos, también es fácil detectar esos valores ocultos. Por ejemplo, es muy curioso constatar las diferencias en la forma de analizar la psicologÃa humana de aquellos que provienen de culturas más colectivistas y los que provienen de culturas más individualistas. Invariablemente, los primeros ven influencia social en todo lo que hacemos. Para los segundos, casi siempre lo que importan son los factores individuales.”
Dado el foro en el que me encuentro, no se si mi opinión será bien recibida, pero soy de los que cree que al igual que los monstruos, las soluciones a nuestros problemas deben salir de nosotros mismos…
“medice, cura te ipsum”
22 de Octubre, 2008 - 8:37 pm
Bueno… pues vamos a por la tesina… que algunos -está claro- no tenemos remedio… (y las “fórmulas de evasión” -de la realidad, se entiende, por supuesto- son libres…).
¿Qué es “lo peor” que te puede “hacer” cualquier “monstruo”…? Efectivamente: que te mate; a ti o tus seres queridos; a cualquier otro inocente… Pero que te mate, al fin y al cabo.
Ése serÃa el caso del monstruo de Frankenstein. El vampiro… te mata; pero te deja seguir “viviendo”… es cierto. De una manera muy “especial”; pero viviendo. No tengo muy claro si los vampiros “disfrutan” con esa vida depravada (¡cielos, qué horror…!) o “sufren”, porque no tienen buena conciencia al contagiar a otros…
Por cierto (antes que se me “pase”): tengo tanta “fe” en los infortunios que padecieron Byron y sus colegas de aquella “noche loca”… como en los de los descubridores de la tumba de Tutankamon… por ejemplo. Obviamente, me refiero a ese tipo de “maldiciones”. A ese tipo de concatenaciones de “causa/efecto”… que tanto nos gustan, efectivamente… Le otorga una “pátina” añadida a cada caso que lo “niquela” y lo deja listo para su consumo… por los mejores “gourmets”… esa es la verdad.
A mÃ, personalmente, lo que más miedo me da es… ¡¡¡la realidad!!! Matizando un poquito más, intentando explicarme mejor: cuando todo aquello que supone un “pilar” (sólido, por tanto) de nuestra existencia: la “razón” (incluidas filosofÃas y religiones, que pretenden dar explicaciones, justificar, etc.); el “amor” (incluidas “bondad/maldad”, en general, y todos sus “derivados”); la “ciencia” (en todas sus ramas, incluidas las experimentales); etc… ¡se te va al carajo!
Y no la “realidad” “per se”, como decÃa… sino lo que se nos oculta; lo que hay “detrás”; lo que no podemos ver…
Y, sobre todo (de aquà el auténtico “pánico” que, al menos, a mÃ, me produce siempre…) cuando descubrimos algún detalle, algún “dato”, algún ejemplo… que nos desmorona todas nuestras certidumbres, todo nuestro “castillo”… que con tanto trabajo y primor llevamos construyendo (”reformas” incluidas) desde que somos capaces de reconocernos con “uso de razón”…
El temor a un sicópata (frankensteines y vampiros, incluidos)… o a 100 sicópatas está “clarÃsimo”. Obviamente, no serÃa lo mismo “pensar” en esa hipótesis que vivir en un barrio rodeado de asesinos… y todos los dÃas, efectivamente. Pero serÃa un temor “controlado”… sin “sorpresas” intelectuales o anÃmicas.
Las inquietantes son precisamente, las de un Vallejo-Nájera (como aparece comentado en el enlace que nos propone leer Muiño, que recomiendo), “curtido” en mil libros, tesis, doctorados… “bebiendo” de las fuentes de “La Ciencia” y justificando o incentivando o normalizando limpiezas eutanásicas, eugenésicas… o cualquier otro “eu”, que maldito favor que hace al prefijo…
…O la de un cura que, abusando de su condición, te mete mano o te viola (o un padre o un amigo o un familiar…)
…O la de un ayatoláh o lÃder religioso llamando a cualquier tipo de inmolación en “guerra santa” de cualquier tipo
…O de dirigente polÃtico a la guerra (la real, la de los tiros, trincheras y guerra quÃmica o bacteriológica), por la “patria” (¿es que habrá alguien sin “patria”?) y contra los “enemigos”… que se tengan oportunamente asà catalogados de antemano
…O un policÃa que delinque o permite que se delinca… O un juez… O un polÃtico…
…O la de tu gran amor, que, “de repente”, notas o te dice que ya no te quiere… O que eres tú quien ya no siente con esa pasión ni esa certidumbre.
Pero, sobre todo y en otro orden de cosas, cuando descubres (la mayorÃa de las veces, sólo las sospechas o las intuyes) algún tipo de “supra-realidad”, que te hace reÃrte de la “Humanidad” entera y de sus presuntas “bases” de convivencia… Razón de más para que te mosquees contigo mismo o se puedan mosquear los demás contigo: la paranoia -a menudo- nunca anda demasiado “lejos” de todo “esto”… seguro.
Los verdaderos “miedos” serÃan los capaces de “quebrar” tu integridad psÃquica, de invalidarte personalmente, como los que sufren de fobias de cualquier tipo; los que hacen dudar (mucho peor si tuvieras certidumbres) de que no estés ya loco de atar…
…En suma (y perdóneme, una vez más, señor Muiño), que estoy de acuerdo con usted: “sobre los valores ocultos que hay detrás de lo que hacemos”.
22 de Octubre, 2008 - 11:24 pm
“Decimos que a una persona le han lavado el cerebro cuando ha recibido una influencia con la que no estamos de acuerdo. Decimos que nuestro hijo es muy maduro cuando hace lo que nos gusta que haga. Calificamos de perversiones aquellos actos sexuales a los que no nos dedicamos”.
Vaya bofetada sonora. Muy interesante, nunca lo habÃa pensado de esa forma.
23 de Octubre, 2008 - 12:20 am
Abundo en el apunte de Alessandrobaricco: los malos augurios, las malas ocurrencias, pueden suponer también un impulso en dirección contraria. Es decir, ante una posibilidad indeseada, crece el esfuerzo por repelerla.
Las profecÃas autocumplidas, me parecen las menos habituales.
Y, en cuanto a la traducción de intencionalidades ocultas, dudo que este post esté escrito con ganas de hundir (por aceptar la sentencia de que lo que se teme, pasa a cumplirse) a sus lectores en sus propios miedos, sino más bien al contrario.
23 de Octubre, 2008 - 1:34 am
solo diré q nos agarramos con fuerza a tales convicciones de las que se hablan, por pertenencia comunitaria o x lo que sea. La sensatez, la logica racional forman parte del proyecto personal como los miedos, los monstruos o los “principios�.
Resulta perturbador encerrarse a orillas de un lago y explorar nuestra mente. O adentrarse en el bosque cercano al lago y perderse en la más absoluta oscuridad, precisamente, ahà tal vez, esté esperándonos Franky.
23 de Octubre, 2008 - 4:27 pm
Yo creio que soy el mosntruo de la sociedad…
23 de Octubre, 2008 - 4:31 pm
Frankenstein era más tierno que Epi y Blas. Si es que las apariencias engañan, yo ya estoy harto de decirlo…
Luis, es ud. un hombre muy ocupado, debe saberlo…
Saludos a todos!!
23 de Octubre, 2008 - 10:00 pm
Esta entrada me suena…o es un lapsus espaciotemporal?
24 de Octubre, 2008 - 10:25 am
Pues a mà también me suena. Pero me da pie a reflexionar sobre el concepto de realidad. Tema arduo en filosofÃa, creo.
¿La realidad es lo que es y nosotros nos movemos en ella?
¿Cambiamos con nuestra percepción lo real por lo que nuestra mente proyecta?
¿Cómo podemos estar seguros de que lo que vemos fuera de nosotros es real?
Dudar de que mis perros son reales es una estupidez, ¿no?
¿Cómo puede cambiar entonces la realidad dependiendo de mi percepción?
Lo monstruoso es una percepción subjetiva, creo. Lo que para mà es horrible para otro puede ser belleza en estado puro. Pero eso no es cambio de la realidad sino subjetividad en el juicio.
Personalemente me identifiqué con el pobre Frankenstein. No cabe más indefesión y tenura en la imagen del pobre montruo sacando a la niña del agua.
El problema es la interpretación que hacen los otros de nuestros actos. Lo de “no es lo que parece”, aparte de propiciar la risa, genera la incomunicación más absurda.
Y deberÃamos plantearnos si los monstruos no somos la mayorÃa.
En nuestras cómodas casas, con nuestros buenos libros, dándonos el lujo de criticar a todos y a todos, opinando sobre lo humano y lo divino. Y fuera, lejos, la misera, la injusticia, el hambre y las enfermedades, la desigualdad social y moral… Todo un mundo de “horrores” que nos negamos a ver.
Y no es por que no veamos la realidad, es que no nos gusta y la tapamos.
En fin, la realidad es lo que es y nosotros vemos lo que queremos de ella.
Un buen dÃa a todos…
24 de Octubre, 2008 - 8:58 pm
Efectivamente, “La dama”, “lo real” es bastante más complicado de lo que aparenta de antemano… Nuestras percepciones, “todas” nuestras percepciones, nos “llegan” -a todos- a través de los sentidos (¡qué absoluta obviedad! ¿verdad?)… ¿Y qué no son dichas percepciones que no otra cosa que “lo real”, como sinónimo de “externo” o “ajeno” -al menos, en principio- a nosotros mismos? ¿Y no está ya archidemostrado y archisabido -por La Ciencia y por nuestras propias experiencias a lo largo de la vida- que todos (sÃ, “todos” y cada uno de nosotros) percibimos “distinto” cualquier “realidad”…? ¿Que, efectivamente, no somos otra cosa que “intérpretes” de esa -por tanto, “presunta”- “realidad”…?
Por eso La Ciencia serÃa el único “asidero” posible: se mide (debe poderse medir… lo que sea); se repite (debe poderse repetir… lo que sea); se pueden generar principios de lo particular a lo general y viceversa… siempre que, de nuevo, puedan probarse… en la “práctica” (¿=en la “realidad”?)
Pero, a su vez, todos sabemos que, sólo con “eso”, no podrÃamos representar/nos más que una Ãnfima parte de “la realidad” que, todos (errónea o acertadamente) intuimos que “existe”… aunque aún no pudiera medirse ni repetirse, es decir, aunque no fuera “Ciencia”…
Mi “prueba del 9″ particular, para todo este tipo de dilemas (real/irreal, objetivo/subjetivo) siempre es si asà (”negando la realidad”) consiguen aprovecharse unos pocos a nuestra costa (”ParaÃsos”, sólo si somos “buenos”, incluidos…). Asà que, en la duda… mejor siempre, siempre muchÃsimo mejor, lo inmanente… que lo trascendente; lo tangible a lo intangible; el aquà y ahora… a cualquier tipo de “promesa” de disfrute.
Por cierto, del monstruo de Frankenstein (como auténtico perfecto paradigma de la psicopatÃa), de la psicopatÃa, por tanto, lo “único” que te da miedo (nunca sabré si serÃa “mucho” o “poco”, “bastante” o “insuficiente”) es ese tipo de reacciones… para ser más exacto, de no-reacciones; de no-sentimientos; de esa especie de “autismo” tan especial… Al fin y al cabo, creo que todos coincidimos en que lo que diferenciarÃa al mostruo del humano “verdadero” serÃa eso precisamente: la conciencia del bien y del mal; el valor de los sentimientos, de la vida ajena… Esa absoluta carencia, esa apariencia normal, con trasfondo de auténtico 0º absoluto, de frialdad total… serÃa la alarma que se nos encenderÃa (supongo que, en la mayorÃa de los casos, ya demasiado “tarde”…) haciéndonos descubrir la absoluta y radical “diferencia” con el “verdadero” ser humano… a pesar de cualquier apariencia o semi-apariencia. Eso serÃa lo que te pone la carne de gallina, te acelera el corazón y te paraliza a la vez…
…Pero sigo pensando que esa sensación resulta multiplicada por 100 cuando lo comprobamos en gente que conocemos; mucho más si la queremos… muchÃsimo más… si nos damos cuenta que nos ha pasado, que nos está pasando ¡¡a nosotros mismos…!! Entonces sà que se te hiela la sangre en las venas… Sà que se te derrumba todo a tus pies… Sà que sientes un vacÃo muy jodido… y que te “persigue” mucho tiempo…
El miedo es libre. SÃ. Efectivamente.
24 de Octubre, 2008 - 9:33 pm
Desde luego, la realidad está por encima de todos nuestros anhelos, obsesiones, intereses, de “poseerla”, de “definirla”, de “conceptualizarla”, y cuando en ello se obceca la razón, genera sus propios monstruos, ignorando que de la realidad
es imposible atrapar, en definitiva, su libre vuelo…
De Frankenstein qué decir?, hay monstruos detrás de angelicales y “polÃticamente correctas” presencias; el de Mary Shelley, criatura ficticia, es hasta tierno… los de carne y hueso sà que dan miedo
Saludos
Merce
26 de Octubre, 2008 - 9:57 am
Koldo, me has dejado anonadada. Me costó dos lecturas y media entenderte… Al final estoy contigo.
Pese a que estoy con la ciencia, a veces creo que no puede explicarlo todo…
Si reducimos nuestros sentimientos y emociones a quÃmica pura y dura, vale. Pero sabemos todos, que no reacionamos igual en igualdad de condiciones. Un ejemplo es el afecto (no hablo de amor, que conste)
Sentimos afectos por alguien, aparentemente igual a otro alguien. Pero a la vez sentimos que no es lo mismo. Que siempre nos tira un poco más A que B, siendo la relación que hemos establecido con ellos/as exactamente igual.
¿A qué se debe esa diferenciación?
Hay cosas que me dan miedo, un miedo irracional, pero sé, objetivamente, que no debo temer. Que mi miedo es subjetivo… ¿Cómo luchar entonces contra ello?
LeÃa a mis alumnos el cuento de Juan sin miedo, hombretón rudo y fanfarrón, pero que se derrumba ante la caricia de una pluma de ganso cuando jamás habÃa temblado ante fantasmas y monstruos (por que no creÃa en ellos)
Ese es el dilema. ¿Qué explicación tiene la Ciencia ante esas reaciones irracionales? ¿Indagar en el subconsciente o en el inconsciente colectivo? ¿Hurgar en las raices sociales de nuestra educación, de nuestra sociedad?
Los miedos son culturales, lo sabemos, pero tan humanos y ancestrales que, me temo, raramente podremos asimilarlos. Y menos conseguir que la ciencia los extinga como sentimientos…
Hace un dÃa luminoso y me voy al jardÃn… El sol difumina las sombras del miedo, las aparta. La luz es una buena metáfora.
Que tengaÃs un buen domingo.
26 de Octubre, 2008 - 11:57 am
Es verdad, “La dama…”, hace un dÃa espléndido (ayer, igual)… y hay que aprovecharlo.
En cualquier caso, pedir disculpas si resulté “oscuro”… Suelo escribir según lo pienso, según me “llega”… es casi “automático”… Sólo, después, suelo quitar y poner, evitar reiteraciones, faltas de ortografÃa y todo eso…
Ni tenÃa muy claro lo que querÃa decir… Ni -todavÃa- tengo muy claro lo que resultó escrito…
Esto va para Muiño, directamente, que todos sabemos de su “afición” por los miedos y el miedo en general. Lo acabo de leer en una publicación “poco ortodoxa”; y lo dice quien, al parecer, es “maestro” en el primer monasterio budista tibetano… ¡¡¡en EE.UU.!! (sÃ, ya sé… ¡a saber…!); pero creo que le puede gustar… Y si no, pues, como siempre, se “borra” ¡y ya está!. Definición de “miedo” de este buen señor:
“Miedo es la reacción natural al acercarse a la verdad”
¿No guardarÃa alguna -lejana- relación con lo que ya todos “sabÃamos”…?
Por cierto, aquà el pelota nº1 de Muiño (un servidor, ¡faltarÃa más!… que si no fastidio… es que no disfruto: algunos semos ansÃ…), anuncia a todos sus lectores y seguidores incondicionales que -gracias al aniversario centenario de La Vanguardia- están -en su hemeroteca- disponibles -¡¡¡GRATIS!!!- todos los artÃculos que don Luis viene publicando mensualmente.
¡¡Que lo sepáis…!! ¡¡Que ya no tenéis excusa por ignorarlos!!
(Creo, señor Muiño, que este tipo de publicidad gratuita bien valdrÃan -al menos- un par se sesiones psicoterapéuticas gratuitas… digo yo… Apúntemelas… y tiempo al tiempo)
Y, ahora, ¡¡¡todos a la calle!!! que el dÃa está de rechupete…
27 de Octubre, 2008 - 3:37 am
De la misma manera que me doy una ducha diaria, cada noche centrifugo mis miedos. Lo normal es que con un programa de lavado corto sea suficiente, sin embargo, en ocasiones he de usar programas más largos e incluso hacer uso de un cepillo de raÃces o de la piedra pómez, el resultado suele ser satisfactorio, a la mañana siguiente todos los monstruos y todos los miedos que se me pegaron el dÃa anterior desaparecen.
28 de Octubre, 2008 - 12:52 pm
No me gusta mucho esa definición del señor budista. La verdad deberÃa calentarnos los huesos, no asustarnos. Lo peor es que tendrá razón. Cada dÃa más, me da la impresión de que para acabar el dÃa con una sonrisa, es mejor obviar la realidad, o al menos acolcharla, para que no nos paralice de tristeza.
Creo que entiendo a koldo. Frankenstein no da miedo, porque a mi entender, es un robot. Es capaz de razonar, de sentir dolor, de aprender, pero no de tener sentimientos.
Lo malo es cuando crees que tratas con una persona, y resulta que no se inmuta a la hora de hacer daño. O peor aún, se recrea. Eso no lo harÃa frankenstein.
Y sobre el tema inicial, sà estuve pensando que no sabemos tener niños. La humanidad, en general.
En la generación de mis padres, los niños eran sirvientes. TenÃan que obedecer y trabajar y ser agradecidos con sus padres, en realidad, sus dueños.
En esta generación, me canso de oir llamar a los hijos prÃncipes, y colmarles de chuches y juguetes. Dar mil rodeos para obligarles a hacer las tareas más lógicas.
Creo que salimos todos echos un lÃo, y habiendo heredado todas las frustraciones de nuestros padres.
Voy a tener que robarle el cepillo al arranllador.
28 de Octubre, 2008 - 5:43 pm
El texto que nos remite Muiño, es para flipar.
Leà en su dÃa algun que otro libro de psicologÃa de Vallejo Nájera, pero ignoraba completamente su bagaje por los fangos fascistoides.
En concreto os dejo esta perla suya para que alucineis.
¿No flipais chicas?…
(…) “Y las mujeres, en general, pero particularmente las republicanas, eran para él “seres con muchos puntos de contacto con los niños y los animales y que, al romperse los frenos sociales que se les imponen, son especialmente crueles por faltarle inhibiciones inteligentes y lógicas, además de tener sentimientos patológicosâ€?.
Saludos cariñosos.
28 de Octubre, 2008 - 8:23 pm
Por si no me he explicado bien, me refiero al texto de Guillermo Fouce al que hace referencia Muiño en su primer comentario:
qhttp://blogs.publico.es/dominiopublico/?p=845
29 de Octubre, 2008 - 1:12 am
El miedo, quizás el monstruo, más grande al que me he tenido que enfrentar es a “sentirme mal por hablar mal del mal”…esa nausea hacia lo contradictorio…siendo tan humano a la vez…hace que no veamos lo más genuino de la vida, que es bruja, vieja y tuerta…y que te hará mal si te acercas a ella…
Por otra parte…No tiene el monstruo más que rasgos normales que son deformados hasta la aberración…el efecto de distanciamiento (del que tanto nos habló B.Bretch) hará que como una lupa, nos acerquemos vertiginosamente hacia los pequeños grandes contrastes que poseemos los seres humanos.
29 de Octubre, 2008 - 2:23 am
Madre mÃa!
Qué complicado!
La dama ha precisado dos, yo llevo tres y ni a tiros.
De pequeño necesitaba dormir con algo de luz, y no poca, puesto que la penumbra creaba más y peores “monstruos” que la oscuridad, y encima los muy condenados se movÃan. Pero no eran las sombras las que los creaban sino mi subconsciente.
Y sÃ. El monstruo significaba el mal, o el niño, yo en este caso, tenÃa la percepción que el monstruo, al no ser normal, podÃa causarme un daño no normal, desconocido, inesperado…
Hace poco en mi blog hablaba del miedo… está mal que lo publicite, por tanto no lo enlazaré. Y decÃa, por unos sucesos determinados, que se teme más lo que escapa a nuestro control. Un avión, por ejemplo; o para un claustrofóbico: pensar que puede quedarse encerrado en un ascensor… y mil cosas más. En cambio, el terror pienso que es superior en cuanto es esperado. La percepción de la muerte es el ejemplo ¿Y por qué? Porque es lo desconocido, otra vez lo incontrolable.
Yo, personalmente, y ahora sonreiréis, temo especialmente a los tiburones. Son los antiguos monstruos para mi, aquellos que, mientras floto en el mar, no puedo ver ni controlar; en cambio, estando sumergido apenas los temerÃa. ¿Y por qué? Porque los verÃa y me parecerÃa tenerlos bajo control. Sonreiréis porque el que me haya leÃdo sabe que me he bañado en aguas lejanas y oscuras, haciéndome el valeroso, pero, eso sÃ, cagado de miedo.
Temes a un hombre armado, pero no demasiado, porque, aunque sepas que le interesa tu muerte, sabes que depende de ti convencerlo o, en caso lÃmite, hacerle frente. En cambio, sientes terror cuando subes a un avión pilotado por un experto temerario; no puedes dormir aunque cierres los ojos en un intento de evitar el conocimiento; no puedes concentrarte en una lectura aunque te empeñes en ello… y cuando aterriza se te ponen por corbata.
31 de Octubre, 2008 - 5:53 pm
Definitivamente: estar vivo es una de las mayores causas de muerte…o dicho de otra manera: no dejamos de morir desde el momento en que nacemos…tambien puede ser: la vida es un estado anómalo de la materia.
Lazaro tambien fue un monstruo, a quien JC le dijo despues de 2 o 3 dias muerto: “¡levantate y anda!” y Lazaro “andó”!…Entonces intervino la larga sombra del monaguillo (a imagen y semejanza de la FED) y le dijo al cura: “¡anduvo, carajote!” y lazaro anduvo 2 o 3 dias carajote, pero al final andó…
31 de Octubre, 2008 - 7:00 pm
El acto de nacer implica una revolucion de los sentidos para la personita que hasta ahora habÃa estado mas o menos apaciblemente inmersa en un oceano… El tacto es el primer sentido que despierta en el neonat@, justo cuando su cabeza se enfila a traves del canal del parto hacia el mundo exterior. Me imagino, puesto que no me acuerdo, que las elevadisimas presiones a que se puede ver sometid@ supondrán un enorme dolor de cabeza, calmado por un torrente de endorfinas de origen materno a las que la DEA no llega a fiscalizar. Tras el primer contacto viene el momento de dar la primera bocanada de aire mas o menos contaminado, (según lo podrido que esté el hospital donde nacen nuestr@s niñ@s del futuro) y aparecerá un universo olfativo a su alcance. Esta es la “realidad” del nuevo ser, realidad que, por supuesto, ha creado antes de nacer. La realidad de un ser que aparentemente, no ve hasta un par de semanas despues, no “piensa” y aparentemente no crea la realidad con su pensamiento.
1 de Noviembre, 2008 - 12:20 am
¡Alucinante, “pSiLoCyBeR”!
La verdad es que me ha gustao eso de intentar ponerse en la piel del recién nacido… a la “realidad”…
…Y, ya puestos a imaginar, estoy convencido de que ese recién nacido no entenderÃa mucho sobre lo que le estaba pasando y, como -también estoy convencido- antes de nacer ya soñaba y “pensaba” (a su especial modo, por supuesto), no tengo muy claro que diferenciara muy bien (al menos, al principio) lo externo y lo interno: ya desde la tripa de su madre era capaz de oir y distinguir voces, ruidos y músicas; estados emocionales de su madre, agitación, reposo, alegrÃas y tristezas; ¡a saber cuántas y cuántas más cosas podrÃa percibir antes de “nacer”…!
…Por eso no serÃa muy capaz de “notar” (mucho menos, “recordar”) ese “antes” y “después”… En cierto modo, todo serÃa un “continuo” (eso creo yo).
Más que “tactos” u “olfatos”, creo que lo que más notarÃa serÃan los contrastes, los cambios de temperatura… La luz, focos centrados y agudos de luz… Ruidos en “estéreo”, localizables espacialmente (gracias a sus 2 oÃdos) y más concentrados también…
Efectivamente, una auténtica “explosión” sensitiva; pero sin “entender”, al principio… Una especie de “borrachera” sensorial; pero desordenada, sin “filtros” ni “prejuicios” algunos… “puros”…
Dudo mucho que pudiera haberse creado alguna “hipótesis” sobre la realidad que le esperara “ahà fuera”, esa es la verdad… Tengo que discrepar contigo: ¿qué deberÃa haberle hecho pensar en “algo” distinto y futuro a su más inmediato y concreto “hoy”…? ¿Por qué afirmas que ya habrÃa creado esa realidad -fuera del seno materno- “por supuesto, antes de nacer”?
En cualquier caso, es interesante cualquier lÃnea de pensamiento e hipótesis de ese tipo de experiencias… que todos, sin excepción, hemos vivido… y que tan difÃcil (por no decir, casi imposible) podrÃamos suponer y -mucho menos- pretender recordar.
1 de Noviembre, 2008 - 1:13 pm
No puedo afirmar que sea totalmente cierto. De alguna manera resuena con el contenido de lo escrito por Luis Muiño. El hecho de llevar el significado del texto al inicio de la biografÃa de cualquier persona nacida, implica a los seres que sufren al nacer.
Por otro lado, despues de ver el enlace a qhttp://blogs.publico.es/dominiopublico/?p=845
y el post de la Feint Amelie, he llegado a la conclusión de que Alejandra Vallejo Najera algún dÃa escribirá la historia pretendidamente cientifica del loco de su abuelo.
Ahora veo por donde van los monstruos de los que habla el doctor…
2 de Noviembre, 2008 - 7:58 pm
Y eso, ¿a qué se debe?. ¿Al poder de nuestra mente?
Es curioso, pero en ocasiones, si ocurre de esa manera.
Será cuestión de crear cosas que nos lleven a la felicidad.
Un beso.
2 de Noviembre, 2008 - 8:46 pm
H@la,
Hasta ahora no habÃa entrado en el comentario de J.G. Fouce que me ha supuesto enlazar por esta vÃa hacia ese monstruo real que debió ser el psiquiatra Vallejo Nájera en sus experimentos a pacientes, si era consecuente con lo que dejó escrito.
Pocas sentencias he encontrado aparte de las que aparecen en el artÃculo citado ( especialmente una sobre el llamado imbécil social y otra sobre la perversidad de los regÃmenes democráticos), pero todas me han hecho pensar en lo que debieron sufrir las personas que cayeron en sus manos o en otras parecidas.
No sé si este psiquiatra participaba de ideas colectivistas o individualistas, aunque la conclusión que saco es que para sà mismo era individualista en grado máximo -como tod@s l@s perturbad@s agresiv@s que sintiéndose superiores imponen su criterio al resto-, por lo que su camada serÃa la suma de individualidades afines o sometidas. Lo que no le impedirÃa considerar con criterio colectivista a estas últimas a las que despreciarÃa pero sin llegar a los deseos de minar psÃquicamente y quién sabe si fÃsicamente, a aquellas personas que identificaba como contrarias y enemigas por pertenecer a un bloque distinto. Y tenÃa muchos: sexo, raza, orientación sexual, religión, ideas etc. etc.
Y este monstruo como muchos más no es producto de la imaginación. Ha vivido. Ha disfrutado. Y much@s han debido sufrir por su locura.
No hay que olvidar que fue catedrático en Madrid durante muchos años ¿Será por eso por lo que hay tantos bárbar@s exponiendo sus razonamientos como si fuesen razón de ley divina?
Menos mal que también hay mentes más sanas, que es lo normal.
Por si acaso l@s monstru@s reales se están agrupando de nuevo propongo, como primera defensa, crear Ciudadan@s Sin Fronteras. Con muchas sedes reales adonde acudir en caso de peligro ………….
2 de Noviembre, 2008 - 11:16 pm
…Pues, lo dicho: este tipo de “asombros” son los que -al menos, a mÃ- más me perturban, más desestabilizan mis “cimientos” existenciales…
…Porque reconozco haber disfrutado mucho con la lectura de los libros de Vallejo-Nájera, según fueron cayendo en mis manos… Particularmente, los de su serie de “locos egregios”, donde se unÃan historia, biografÃa y psiquiatrÃa… Y, además, al escucharle por la tele, me resultaba muy agradable y me parecÃa muy simpático, sin ganas de demostrar superioridad alguna ante su audiencia… con sencillez.
¡¡¡Qué le vamos a hacer…!!! Y, como siempre, absoluta impotencia… y sin posibilidad de corrección a posteriori… que, en este caso, serÃa -más bien- la de poder haber “filtrado” a priori… SÃ: ahora ya, demasiado tarde…
¡¡¡PaquetefÃes…!!! (Luego vienen las “paranoias”, claro…)
Un buen e inteligente amigo de mi infancia/adolescencia siempre me decÃa que desconfiara de los “mensajes”… hasta que no localizara y ponderara bien al “mensajero”…
El problema es que, como acabamos de ver, nunca acabas de dar por “conocido” a ningún mensajero…
Por cierto, señor Muiño: A.C. Clark, tan admirado por usted (por mÃ, también), recientemente fallecido en Sri Lanka, donde se retiró a vivir sus últimos años de existencia… ¿no fue acusado -justa o injustamente- de pederastia…?
Y aquà volvemos a algo muy inquietante para mÃ: ¿los “gustos” “privados”, las actitudes Ãntimas o privadas, incluso “delincuentes”, invalidarÃan la obra -excelente o genial- de los “nájeras”, “clarks”, e infinitos etcéteras…?
¿”Sólo” porque, al morir, se descubriera que en el “jardÃn” de un genio (artes, polÃtica, filosofÃa, ciencia…) se encontraban enterrados los “cadáveres” de sus múltipes vÃctimas… dejarÃa de ser “genio” o de admirable su obra (la genial, claro; no la de “asesino”, por supuesto)? ¿DeberÃan eliminarse de todos los bajorrelieves sus “sellos” y reseñas (como hacÃan los egipcios para hacer “desaparecer” a los suyos)…?
Sin referirme, en concreto, ahora, a Nájera: todos tenemos un lado oscuro (a veces, mucho más de lo “tolerable” por nadie… incluso por nosotros mismos); no siempre nos sentimos “orgullosos” por ello; muchas veces nos arrepentimos por actos y/o pensamientos pasados; no siempre mantenemos como válidas ideas o pensamientos o actitudes o hechos pasados… porque, gracias a “Visnú”, muchas veces nos damos cuenta de que cometemos errores, de que cambiamos nuestro modo de pensar…
Creo que es humano cometer errores… y muy sano reconocerlo (al menos, cuando hemos sido conscientes de ello…). Ni nuestro cerebro es el mismo a lo largo de los años, ni la información de que hemos ido disponiendo ha sido la misma, ni nuestros sentimientos -algunos de ellos- funcionan igual con los años.
Aquà el problema es cuando es “falso”: después de terminada la 2ªGuerra Mundial, en Alemania “nadie” habÃa sido nazi; poco tiempo después de morir Franco, era imposible encontrar a alguien que no hubiera sido “demócrata, de toda la vida”… Etc.
Creo que el sentimiento de culpa es muy jodido (algo muy fácil de entender para alguien educado en el ambiente “nacional-católico”, años 60 y 70)… Se tolera mucho mejor al “pecador” una vez confesados los “pecados” y reconocido su arrepentimiento (curiosamente, al parecer, también -lo del arrepentimiento- “vale” en Derecho, con el reo…)
En cualquier caso, una de las normas sagradas del periodismo es dejar “defenderse” al “acusado”, disponer siempre de -al menos- las dos “versiones” encontradas… No es el caso de V. Nájera: no tengo ni idea (por muy histórico e irreprochablemente “cierto” que fueran tanto las fuentes como los contenidos) de qué nos dirÃa él; de cómo nos lo “explicarÃa”; si lo “defenderÃa” o se arrepentirÃa… Para mà serÃa casi mucho más interesante que la propia -y doy por verÃdica- acusación.
Por eso no me gusta mucho saber o averiguar demasiado de excelentes músicos o pintores o cientÃficos: siempre te llevas un susto o le coges manÃa… ya no le “disfrutas” como antes, porque ese tipo de “imagen” no te la puedes quitar, se ve ya “distinto”…
Y, al fin y al cabo, qué carajo me importarÃa a mà la vida sexual o vital o filosófica de un compositor o pintor genial, por ejemplo, si no fuera para confeccionar “cábalas psicológicas” del por qué de la génesis de su obra… siempre erróneas, por supuesto, que ni los psiquiatras ni psicólogos se pondrÃan de acuerdo (el Dr. Marañón, por cierto, genial siempre en todo ello; pero es caso aparte)… Y las cábalas morales o éticas, mi edad me advierte que son siempre tan subjetivas y manipulables…
2 de Noviembre, 2008 - 11:31 pm
Por cierto: la Hª nos deja suficientemente “advertidos” de que siempre, siempre (con “razón” o sin ella)… los fines (el “fin último”) siempre han justificado los medios… (¿lo de Irak, le suena a alguien, por cierto? ¿y las guerras “preventivas”? ¿y los “efectos colaterales?…)
Y, también nos ha dejado suficientemente “demostrado” que nunca, nunca (ni por aproximación)… se alcanzaron suficiente o razonablemente esos “fines”… (llámese “paraÃso socialista” o “capitalista” o “jomeinista”… ¡qué más darÃa!)
Y que, al cabo, sólo nos quedamos -los “plebeyos”, para entendernos- con todos esos “medios” que sirven tanto para “ajustar” (o eliminar) deseos, pensamientos, actitudes… como para cargarse a miles o millones de “anónimos” lejanos y abstractos… hasta que resulta que pueden ser tus hijos, tus padres, tus vecinos, tus amigos… o tú mismo…
El verdadero mostruo nunca es “ajeno”: lo llevamos todos dentro. Muiño sabrá si “de fábrica” o adquirido. Por eso no nos inmutamos demasiado con ideas de limpiezas étnicas o religiosas o sexuales o… En cierto modo, lo entendemos perfectamente porque ya lo llevábamos “ensayado” en nuestras mentes… Y, cobardemente, “obedecemos órdenes” o no “tenÃamos ni idea” de que estaba pasando, o excusas semejantes.
Brech lo tenÃa muy claro: “…Luego fueron a por ti; pero ya era demasiado tarde”
3 de Noviembre, 2008 - 4:48 pm
Buenas!!! Te comunico que mi blog DIfistinto ha cambiado de dirección.
Esta es la valida:http://difistintos.blogspot.com/
tan solo hay que añadir una “s” a la anterior!!!
Nos leemos!!!
Mon
3 de Noviembre, 2008 - 11:54 pm
¡Ufffff! Me he perdido con lo de Vallejo Najera (reconozco mi incultura, no he leÃdo nada de él…) , pero me ha llegado al alma lo de Arthur C. Clark. Algo habÃa oÃdo, pero no sabÃa qué…
En fin, leà hace tiempo que la verdad es como la mierda (con perdón), que siempre sale a flote… La cuestión es ¿qué verdad? La que nos interesa, la que no queremos oÃr…
13 de Noviembre, 2008 - 8:45 pm
Pues ya no quiero ser vikinga, ahora soy la novia de Frankenstein…
A mà es que la literatura de terror me encanta, aunque es menos pavorosa que la realidad. No estoy hoy como para que me lleven da cañas…
5 de Diciembre, 2008 - 7:23 pm
Vuelvo aquà y ahora sólo para hacer constar mi error:
Juan Antonio Vallejo Nájera (nacido en 1926) era el que yo admiraba, leÃa y veÃa, alguna vez, por televisión.
El Antonio Vallejo Nájera al que hace alusión Muiño en el artÃculo sugerido (de Guillermo Fouce publicado en Público) era su padre. Nacido en 1889. No tenÃa ni idea que su “ciencia” psiquiátrica se pusiera a los pies de la ideologÃa “moderna” y dominante que fue germen y origen del fascismo y del nacismo de aquellos tiempos pre y post crack del 1929…
…Mi admiración por su hijo, Juan Antonio, por tanto, se afianza y acrecienta sabiendo lo que ahora he conocido… Y me reconcilio -un poco- con ese 5º sentido que creÃa tener para -al menos- “descartar” ese tipo de “personalidades”: mi teorÃa personal es que siempre serÃa capaz de detectarlos… aunque me equivocara con otros (que fueran unos “santos”).
Asà que, ya sin “complejos”, me atrevo -del todo- a recomendaros cualquiera -o todos- de -al menos- su serie de “locos egregios”… ¡¡Que los disfrutéis!!
En cualquier caso, efectivamente, “la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, ¡ay! ¡ay!”
22 de Julio, 2009 - 4:46 am
los que escribieron esto tienen faltas ortograficas