LOS CUENTOS QUE NOS CONTAMOS
La protagonista del post de hoy tuvo una infancia feliz hasta que su madre, la mujer más buena y dulce del mundo, murió. A partir de ahà empezó su calvario, porque tiempo después su padre se casó con una viuda orgullosa y altiva.
Cenicienta, que asà se llamaba la chiquilla, sufrió mucho después de esa boda. Su madrastra tenÃa dos hijas iguales a ella en todo y por eso empezó a tratarla con gran crueldad. No podÃa soportar a aquella hermosa niña, porque su bondad y belleza hacÃan a sus hijas aún más despreciables.
Sin embargo, nuestra protagonista soportaba esa vida tan dura con gran paciencia. Hasta que un dÃa el hijo del Rey celebró un baile al que invitó a todas las personas de la alta sociedad, incluidas las hermanastras de Cenicienta. Un hada decidió ayudar a la chiquilla, y creó para ella un vestido, carroza y caballos a partir de unos andrajos y una calabaza que fue encontrando por ahÃ. Cenicienta pudo acudir a la fiesta y…

El resto es leyenda.
Los seres humanos edificamos en nuestra infancia un programa capaz de determinar el rumbo de nuestra vida. Ese guión impone la clase de parejas que tendremos, el tipo de trabajo que haremos, cómo será nuestra casa… Incluso va más allá: el guión incluye cuáles son nuestras primeras palabras al conocer a alguien, qué parte de nuestro pasado contaremos o cómo será nuestra forma de vestir.
Un ejemplo clásico de este tipo de programas vitales es el guión Cenicienta. Las personas que eligen esa forma de vivir su vida recuerdan siempre un pasado feliz que fue interrumpido por un hecho concreto. A partir de ahÃ, la persona fue infeliz por culpa de la envidia y las malas artes de los demás. Y nunca hizo nada por rebelarse.
La persona que ha elegido un guión Cenicienta espera y espera a que venga su prÃncipe azul y la rescate de su tediosa y sufrida vida. Su única pareja posible, al igual que en el cuento, será ese prÃncipe, que, además, se tendrá que trabajar mucho el asunto y buscarla durante mucho tiempo.Â
Mientras tanto, la persona sufre en silencio una situación que quizás podrÃa abandonar. Pero ella es incapaz de planteárselo siquiera: las personas que han elegido un guión Cenicienta se sienten incapaces de hacer nada por sà mismas.

Es importante saber claramente cuál es el guión que tenemos y qué pautas de ese programa vital nos pueden impedir ser felices.
De todos los peligros, el mayor es subestimar al contrario.
Y es algo que tendemos a hacer cuando el enemigo somos nosotros mismos.
Â
13 de Octubre, 2008 - 6:34 pm
Como muchos de vosotros habéis notado, el enlace a los comentarios no salÃa en el anterior post cuando se navegaba con el Explorer. Solo ha ocurrido en ese texto y, aunque intenté volver a escribirlo, volvÃa a suceder una y otra vez. Los ordenadores se empeñaron en que una historia acerca de una actriz de cine mudo tuviera que ser comentada con sigilo. Muy apropiado…
Las imágenes son de Mark Ryden, un tipo al que le gusta jugar con el trasfondo de los cuentos infantiles.
Si os da por documentaros sobre este tema, cualquier libro de análisis transaccional abre un mundo para pensar sobre nuestros guiones vitales. Empezar por el clásico “Juegos a los que la gente juega�, de Eric Berne, puede ser una buena idea.
13 de Octubre, 2008 - 8:48 pm
H@la,
Yo ya estaba en deshacerme del papel de Cenicienta, más que nada porque mientras llegaba el hada no me apetecÃa estar todo el dÃa fregando para otr@sy llorando como alma en pena, pero Maestro Muiño es que no nos dejas aliento para los sueños locos. Lo de aquà o nos lo curramos o no salimos de nuestras propias miserias, deberá reconocer que es durillo.
Si no se puede contar con la esperanza de prÃncipes, ni ovnis, ni vÃrgenes ni la loterÃa que nos permita un subidón aunque sea temporal, ésta sà que va a ser una buena crisis.
Saludos disciplinados,
13 de Octubre, 2008 - 9:40 pm
Hola!
Esta vez llegué pronto.
De pequeña leÃa multitud de cuentos, me encantaban,. Y, aunque, como toda niña -o casi toda- durante un tiempo quise ser princesa a la espera del prÃncipe, creo que Cenicienta nunca fue mi cuento favorito.
Demasiado rebelde he sido yo para aguantar tanto, aunque claro, me quedé sin prÃncipe azul. jeje
Quizá me gustó más “La sirenita”, aunque el final del cuento no es el que le puso Disney, y bueno como era tan triste me acabé pasando a cuentos donde las princesas tontas y desvalidas se convertÃan en guerreras.
Eso sÃ, algo me he amansado con los años, Lo dÃficil ahora es dejarme ser princesa desvalida. Quizá sea mejor encontrar un término medio
Me encantan los dibujos
Besos
14 de Octubre, 2008 - 11:43 am
Bufff
Yo cenicienta de manual. Ya me lo olÃa, claro. Siempre con la esperanza de que la bondad al final tiene premio y que los prÃncipes azules se deslumbran por las buenas de corazón.
¿Se hubiera fijado el prÃncipe en la chacha pringada de ceniza si no hubiera sido por los zapatos de marca?
Vamos, que por muy buena que seas, al final tienes que desobedecer la autoridad, escaparte de casa y colarte en las fiestas para ligarte al que le gusta a tus hermanas. Un poco zorrón sà era la niña.
Hace poco leà un librito que se titulaba “la cenicienta china” que era algo asà como un “querida mamá” pero chino, claro. Al final del libro hay un añadido con un cuento tradicional, que es muy similar al de la cenicienta: una madrastra maltrata a su hijastra y la intenta envenenar clavándole una aguja infectada. A partir de ese momento, la niña sufre muchÃsimo dolor, pero empieza a crear obras de arte maravillosas. Se hace muy famosa y puede librarse de la madrastra y vivir feliz.
Me pareció precioso.
Hay muchos cuentos con moralejas mucho más “positivas”, pero hay algo en la cenicienta que me atrae por encima de todos los cuentos.
Este muiño me mata.
14 de Octubre, 2008 - 1:20 pm
¿ Que ocurre cuando sufres en silencio y no puedes hablar por no perjudicar a personas necesitadas de ayuda ?
Donde tambien te has revelado por el daño que han causado a muchos, pero aún asà siguen actuando bajo una gran estafa y escaparate de cara al exterior engañando a todo el mundo sin que se sepa lo que hicieron y siguen engañando…. pocos sabemos lo que se cuece en todos ellos pero el gran protagonismo exterior es más influyente que la honradez y la sinceridad de los que hecharon.
Un saludo grande a todos.
14 de Octubre, 2008 - 4:32 pm
Hace tiempo descubrà que los principes azules siempre están casados con otra… Cenicienta , la bella durmiente y otras tantas asÃ, vivieron en mejor época que la nuestra. Por aquel entonces las hadas y las brujas compartÃan bosque y los ogros y los enanos respetaban la virtud de las cándidas niñas…
Ahora, despues de Bruno Bethelheim (o asÃ), ya no hay manera. Y es que el psicoanálisis, que me perdone el maestro, ha hecho mucha pupa a los cuentos tradiconales.
Los ha destripado, como al lobo feroz la cabra madre (la madre, siempre castradora…)
Y Don Luis nos propone el camino de la Cenicienta como metáfora… ¡pues bueno!
Hoy en dÃa las niñas siguen soñando con el principe azul, pero ellas son las Barbie y ellos los Kent.
Y lo de ganarse el futuro feliz con el sufrimiento presente y el cielo con la expiación de las penas pasadas ya no “mola.”
Por cierto, el guión viene dado… nosotros ponemos los detalles.
Y mañana más.
Un besito a todos… incluidas las cenicentas y los lobitos buenos, que alguno hay.
14 de Octubre, 2008 - 5:52 pm
El cuento de la cenicienta ha cambaio mas que el de caperucita…
wewewe.rtve.es/television/20080820/tania-navarro-del-olmo/140812.shtml
14 de Octubre, 2008 - 6:10 pm
Que bueno que en este mundo quedan ya pocas mujeres con mentalidad de Cenicienta, sino la vida serÃa demasiado aburrida. ¡Imaginen puras mujeres dedicadas a fregar pisos y trastes todo el dÃa esperando a que alguien les cambie la vida! ¡Que horror! El poder del cambio es un arma que cada uno de nosotros traemos dentro, debemos aprender a utilizarla con inteligencia, por favor.
14 de Octubre, 2008 - 7:36 pm
…Acaba de “esforciárseme” todo uno de mis más cargantes ladrillos de los que tengo memoria… ¡¡¡Ja, ja, ja…!!! ¡Creo que ha sido un gran alivio para todos vosotros! Siempre me resulta difÃcil no acabar siendo un auténtico coñazo… (Me alegro, por tanto).
Resumiendo, lo que proponÃa:
1.- Por un lado: la actitud del padre. No se entiende que se haga el sueco con la evidente situación de sufrimiento de su hija… Es la parte del cuento más misteriosa y “extraña” para mÃ.
2.- El “mobing” o “bullyng” que le hacen entre la madre y las hijas a la hijastra/hermanastra. Hablaba del asco auténtico que me produce secundar este tipo de actitudes que impone un “lÃder”… y de la auténtica fruicción (que no coacción o temor) que les produce a los acólitos (más incluso que al mentor) el sufrimiento ajeno que provocan con su hostilidad y llevándolo a la humillación y al ostracismo. Y la “educación” de una madre a sus hijas, tan nefanda…
3.- De lo absolutamente machista que me parecen este tipo de mensajes de “principe-azul-que-rescata-a-la-chica” de su sufrimiento llevándola al “altar” del matrimonio (¡faltarÃa más!) “Prueba del 9″ del mensaje machista: ¿no resultarÃa extrañÃsimo lo contrario (que la chica “rescatara” al chico)?
4.- De que es un cuento que sirvió de referencia para “fijar” el estereotipo de “madrastra”… igual que podrÃa fijarse el de suegra, valentÃa, o cualquier otro… “Las madrastras son malas” viene a decir.
5.- El más interesante desde el punto de vista psicológico: el que nos descubre y describe Muiño como “guión Cenicienta”.
Mi madre me contaba cómo se las educaba asà a las mujeres en tiempos de la “Sección Femenina” y en La Iglesia: las futuras esposas debÃan siempre “aguantar” casi cualquier cosa de sus futuros maridos, resumiendo…
En lo que más me siento identificado con ese “guión” es en lo de esperar. Creo que alguien escribió o habló sobre “el hombre que espera” (¿Kafka? ¿Nietzsche? ¡a saber!): me retrataba al 100%. No lo puedo evitar: ¡¡¡sigo esperando!!! Y juro que no tengo ni idea a qué. Y que ese “qué”, no tiene por qué ser más persona, animal, cosa, concepto, “revelación”… o “qué”. Pero, en cualqueir caso, sé que algo no me ha “llegado”, que sigo “esperando”… y que, efectivamente, poco podrÃa hacer yo por encontrarlo, buscarlo o aproximarme mÃnimamente… Que lleva, que debe llevar su tiempo… un tiempo indefinido…
Ignoro si, “gracias” a esa “espera”, coarto iniciativas, me esclavizo y no me rebelo contra lo que deberÃa evitar o rechazar… ni si me hace más o menos feliz… Se trata de una intimÃsima convicción vital… inevitable… (¿absurda?, ¿baldÃa?). Sólo cuando me lo encuentre, lo sabré y me producirá un cambio radical… ni a mejor ni a peor… simplemente “clarificador” y, quizá, motivador… Tampoco sufrirÃa frustración si acabara mis dÃas… ¡¡y ná!! (Efectivamente, como nos decÃa a menudo un profesor de matemáticas: “siempre hay gente pa tó”)
No sé si tendrÃa que ver con ese “guión Cenicienta” al que se refiere Muiño: recuerdo que nunca fui capaz (ni siquiera más allá de la mayorÃa de edad) de levantar la mano a mi padre… cuando me la levantaba él antes… por supuesto. Era un “detalle” clarÃsimo que me diferenciaba de mi siguiente hermano, con el que sólo me llevaba año y medio: no sólo no tenÃa ningún problema psicológico ni ético… es que se defendÃa, devolvÃa las hostias… y le parecÃa de lo más lógico, legÃtimo y normal… Yo, sin embargo, sólo “viéndome” en esa tesitura… ¡¡¡absolutamente incapaz!!! (supongo que exactamente igual que en los casos de “cuernos” que se me pusieron por delante… en que me negaba a “reconocerme” en ese tipo de “actitudes”… ¡¡qué pena más auténtica y ridÃcula…!!)
Bueno… ya está bien…
14 de Octubre, 2008 - 11:32 pm
Muy buen artÃculo y geniales las ilustraciones.
Conozco a personas que se han creado esta historia a la hora de encontrar en amor, por desgracia no han sabido calibrar lo que tenÃan delante de sus narices y, como bien dice, subestimando al contrario, han dejado pasar parejas mucho más reales en realidad que el prÃncipe irreal que pensaban serÃa real, sin duda les hubieran hecho mucho más felices de lo que ellos pensaban. Con cerca de 40 años siguen buscando el amor que según ellos no han encontrado. Está bien tener el listón alto y no conformarte con la chusma que anda suelta por ahÃ, pero también hay que saber valorar a las personas y jugar bien las cartas que el destino parte y reparte. Saludos
15 de Octubre, 2008 - 1:31 pm
Un inciso. Muchos solteros, incluso cuarentones, también pensamos que somos más felices solos que emparejados (no, mal acompañados, no. No es eso) y deseamos felicidad al mundo entero…
15 de Octubre, 2008 - 3:20 pm
Absolutamente single.
Hay en la cenicienta algo que puede ser temible y a la vez esperanzador: que la respuesta vendrá de afuera.
Me recuerdo a mÃ, en clase, mirando durante horas muertas a la ventana o a la puerta, pensando que algo tenÃa que haber afuera, porque la vida asÃ, no era la que yo querÃa vivir.
Por un lado, es un sentimiento que te paraliza, esperando a que te rescaten, y eso es supongo que es negativo. Por otro, te impulsa a conocer lo desconocido. Eso creo que es bueno.
A menudo te hace confiar más y sentirte más a gusto con quien no conoces, que con quien conoces.
Eso, os lo aseguro, puede ser muy peligroso.
Pero también puede darte grandes satisfacciones.
15 de Octubre, 2008 - 8:55 pm
Bueno a esa niñita lo mejor que podÃa pasarle no era que la encontrara un prÃncipe azul sino “currarse” un poquito lo de la asertividad que ¡hay que ver como nos justificamos siempre con nuestras “circunstancias” pero, si es por eso, ¿quién no tiene “circunstancias”? el mérito está en creárselas lo más favorables que podamos, a pesar de las circunstancias… y cuando digo esto, se lo digo también a esa “cenicientita” que hay en mà jeje
Saludillos
Merce
15 de Octubre, 2008 - 9:27 pm
Si ya lo dijo Descartes: “Yo soy yo y mis circunstancias”
¡qué listo el tÃo…!
Y las circunstancias son las que son, no se pueden mejorar. Pero nosotros podemos adaptarnos a ellas o rendirnos a las evidencias. Y entonces entra Darwin en la palestra, ¡a la voz de ya!
¿Y por qué solo los cuarentones deben buscar su pareja ideal? ¿Qué pasa a los 20, qué es más fácil encontrarla? ¿Y a los cincuenta ya no hay posibilidades?
No es cuestión de edad, creo, sino de madurez personal, de tener claro lo que quiero y cómo lo quiero. Y de rendirme cuando es necesario y pelear cuando lo necesito.
Por que hay luchas inútiles que nos agotan y no nos llevan a ningun lado y victorias hermosas que llegan cuando menos las esperas.
Toda una lección de paciencia, que es la vida…
Buenas noches a todos. Y besitos a todas. (O al revés, igual me da)
15 de Octubre, 2008 - 11:33 pm
Bueno Dama escéptica era Ortega quien lo decÃa, pero vamos
circunstancias en definitiva
16 de Octubre, 2008 - 7:44 am
Eso me pasa por preguntar cuando no sé. Mi peque sacaba notables en filosofÃa, pero ayer, por lo que se ve, se cargó la asignatura. Y yo, aquÃ, con mi circunstancia de despistada… Gracias, Mmmm, por enseñar al que no sabe y corregir al errado…
Buen dÃa.
17 de Octubre, 2008 - 9:47 am
Se suele acusar de “machista” la visión de los cuentos populares. Creo que es un planteamiento demasiado simplista y cortado con un patrón moderno que no se ajusta en absoluto a la realidad. Los patrones de comportamiento en los cuentos populares ha ido cambiando a lo largo de los siglos, sobre todo cuando se han escrito. Una vez plasmados en “letra”, al cuento se le puede cambiar, desvirtuar, manipular… Y eso es lo que se ha hecho. Por ello, antes de criticar su contenido habrÃa que ir a lo más original de sus fuentes. Pero a estas alturas eso ya es casi imposible. Están demasiado contaminados por tanta versión y reversión.
Medea mató a sus hijos… ¿Hay acaso peor ejemplo de madre que ella?
La madrastra, casi siempre, juega su papel de madre a la perfección, anteponiendo sus genes a los de la hijastra. Es natural que asà sea. Sin embargo el conceptio de justicia, tan presente en los cuentos, hace que la verdadera heredera salga victoriosa. En muchas versiones del cuento (anteriores a su recopilación europea) la madrastra y sus hijas sufren castigos crueles por el intento de engañar a la protagonista. A veces la propia Cenicienta pide clemencia para sus toruradoras. En fin, que habrÃa todo un tratado sólo para analizar este cuento y no es el caso… ¿O sÃ?
Por que lo que se platea aquà es el comportamiento de algunas personas. Su posicionamiento vital.
Pero como de eso ya habeÃs comentado casi todos, yo lo dejo para otra ocasión…
Que me reclama el curro.
Buen fin de semana para todos los cenicientos (que los hay) y para las madrastras (que no son tan malas como las pintan…)
17 de Octubre, 2008 - 5:04 pm
A mi lo que me musquea es que, salvo caperucita y las amanitas muscarias donde viven los enanitos, (abundantisimas en la iconografia infantil, pese a los “tóxicas” que puedan llegar a ser…), hay muchos personajes azules en los cuentos: que si los pitufos, que si los prÃncipes…Quizás haya un simbolismo en este color, que de alguna manera pasa desapercibido desde siglos atrás a la censura eclesiastica, poderosa en los tiempos en que se escribieron muchos de estos cuentos.
Que se aparezca un hada madrina a una pequeña, y le monte una feria con calabazas y ratones, tiene todo el aspecto de un episodio de “estado alterado de conciencia”, con desenlace feliz, inducido por alguna intoxicacion psilocibinica. El Panaeolus spinctrinus crece en toda la europa al norte de despeñaperros en lugares donde hay ganado, vacas…Hay otros hongos europeos con psilocibina, que al corte reaccionan con coloracion azul.
Asà que todo apunta a que el personaje en cuestión pudiera tener algún tipo de “despertar” inducido por alguna sustancia de color azul, a la que se asoció un estado de inmenso amor y bienestar. Muy didactico el cuento, para mandar al cuerno a la familia, cuando esta cree seres realmente enfermos y grises.
Por otro lado, este verano recogà tres calabazas, y venga a hacerle sahumerios, pero ná de ná…Los ratones, ni te cuento: desde que se me murió la perra entraron por docenas. Esos si que se montaban buenas juergas nocturnas en palacio…Y el hada la tendré que buscar en el mostrador de alguna tienda en un centro comercial, a ver que tal me sientan los andrajos…
17 de Octubre, 2008 - 8:22 pm
Qué güenÃsimo, psilocyber, me he rido un montón je je
besillos azules
17 de Octubre, 2008 - 8:23 pm
reÃdo, reÃdo
18 de Octubre, 2008 - 4:52 pm
Sin animo de polemizar, disiento de lo que dice Carla; Creo que si que hay áún muchas mujeres cenicienta, afortunadamente menos que antes, pero aun muchas.
Esperan un principe azul que les cambie la vida, casarse de blanco en una iglesia grande (aunque luego no vuelvan a pisar una iglesia nunca…). ¿por que aún hay tantas mujeres que quieren convertirse en princesas? Me da que no hay principes para todas…
19 de Octubre, 2008 - 9:43 pm
Bien expuesto.
Es cómodo vivir con los pensamientos de los demás, y después culpabilizar al otro.
Nosotros somos los creadores de nuestra vida a cada momento.
Somos grandes actores en este escenario, primordial saber quién eres y quien quieres ser.
La vida es bella, si no nos gusta lo que hemos creado alrededor, cambiémoslo.
La felicidad, la paz, el amor… no lo encontrarás fuera de ti. Todo está en ti, en él, en mÃ…
20 de Octubre, 2008 - 10:51 am
Alessandro: por desgracia, tienes razón. Yo sé de dos princesitas que cumplen la norma. La una lo reconoce, la otra lo niega, pero en el fondo le gustarÃa… Las conozco como si la hubiera parido (que lo hice…)
Y les he preguntado el por qué de una boda a todo bombo. Con vestido blanco (sÃmbolo de pureza, que a lo que yo sé, se perdió hace tiempo) iglesia floreada (simbolo religioso que no pisan de un largo tiempo acá) y fiestorro por todo lo alto.
Y una me dijo que para ser “princesa” por un dÃa (más o menos) La otra lo negó todo, todito todo… pero no me lo creo.
Ya puestos, les propuses, celebramos una fiesta de carnaval en el que el tema sea una bodoa. Y todos contentos.
Realmente no sé ni entiendo por qué las jóvenes y no tan jóvenes de hoy en dÃa quieren pasar por esa farsa. No lo entiendo. Y no encuentro otra explicación que la costumbre y la influencia del final de los cuentos que contamos a nuestros retoños de pequeños: “Se casaron, fueron felices y comieron perdices”.
Bueno, mis princesitas haran lo que les dé la gana, pero yo no me visto de madrina ni de coña (con perdón…)
20 de Octubre, 2008 - 6:17 pm
Bueno, pues es una tonterÃa; pero aprovecho y asà “refresco” un poco el ambiente literario y trascendente…
Tenemos 2 hermanas (hacen la nº 3 y la nº 5 de los 5 hermanos). La primera, obviamente, se ganó -desde su nacimiento- el “tÃtulo” de “princesita”… Cuando llegó la 2ª el tÃtulo estaba ya cubierto… Asà que no le quedó a mi padre más remedio que concederla el rango de “reina”…
¡¡¡Craso error!!! Ella nunca quiso “quedarse” en “reina” (aparentemente, “superior” a princesa): “¡¡¡Yo no quiero ser reina; quiero ser princesita…!!!”
¿Qué tendrá lo de “princesa” (¡hasta en las bragas, oiga!) que todas quieren serlo… ya desde pequeñas…?
El mundo femenino siempre será un misterio insondable…
20 de Octubre, 2008 - 7:31 pm
H@la,
No Koldo, hay algun@s que a toda costa quieren ser reinas o mejor reinonas …… Emperatrices es verdad que hay menos, lo mismo es que tienen peor fama.
Volviendo a Cenicienta ¿no será que vivÃa en un estado de terror y explotación que la tenÃa paralizada y no podÃa resolverlo por ella misma, y el autor confió en que en algún momento las cosas cambiarÃan?
Hay que tener en cuenta que entonces no estaban estructuradas las ciencias ni las conciencias sociales para abordar estos temas.
El hada: médic@/mag@ que ayuda a ver que hay que empezar a cambiar por un@ mism@, utilizando la metáfora de zapatos nuevos.
El prÃncipe: “cuerpo” gestor que incluye la justicia, el orden y la ley, beneficiando al débil y castigando a l@s culpables.
Quedó por desarrollar el papel de una plebeya en una corte regia, y en la actualidad da mucho juego tertuliano.
A es@s les debe gustar más La Lechera, que también tiene su miga …… Tienes lo que tienes, estás donde estás, y como te despistes te quedas sin nada.
Lo de los hongos azules, genial. Habrá que ir más al campo.
21 de Octubre, 2008 - 9:26 am
Koldo, es que todo lo bueno les pasa a las princesas. Las aventuras, los principes azules (pSiLoCyBeR, ya no voy a ver los cuentos igual después de esto), los vestidos, las hadas, los animales que hablan (definitivamente, pasaban mucho tiempo cerca de esas setas).
Después de comer perdices, el futuro de las reinas, aunque feliz, es bastante prosaico.
21 de Octubre, 2008 - 2:31 pm
Lem, el futuro nunca sale en los cuentos por eso mismo. Por que lo diario, la rutina que viene despues de la magia no es necesario contarla.
Creo que es Unamuno quien habla sobre la continuación de Calixto y Melibea si estos se hubieran casado y lo inevitable del aburrimiento.
Yo ando mucho por el campo. Me podeÃs indicar que tipo de setas debo buscar para alcanzar ese estado mágico, donde los principes azules vienen a mi rescate subidos en veloces corceles? Y digo en plural, por si alguno se escachifolla viniendo hasta acá… que vivo en el quinto pino, donde se acaba el mapa…