Archivo de Septiembre de 2008

FANTASMAS

Martes, 23 de Septiembre de 2008

Hay una frase que utilizamos frecuentemente aquellos que nos dedicamos a la psicoterapia: reconocer el problema es la parte más difícil del proceso de cambio. 
Si una persona es capaz de no echar balones fuera y tiene el valor de confesarse a sí misma que tiene que cambiar, ha hecho ya una gran parte del camino. Para cambiar el rumbo es necesario llevar el timón…

El resplandor? constituye un fascinante estudio sobre la dificultad de los seres humanos para reconocer sus propios problemas.
Jack Torrance, el protagonista, es alcohólico.  Su adicción le convierte en un hombre frustrado: es incapaz de continuar ejerciendo su oficio de escritor.
Un mal día toma una decisión que cambiará su vida: decide aceptar el cargo de vigilante de invierno de un hotel que se queda vacío y aislado por la nieve en esa época del año.  Se traslada allí con su mujer y su hijo y comienza, de esa manera, su infierno personal…

En cuenta llega, los fantasmas del hotel empiezan a contarle a Jack todo lo que éste quiere oír. Le dicen que él no es el culpable de su falta de creatividad.  Según los espíritus del lugar, el protagonista no escribe porque la dependencia económica y emocional que su familia tiene hacia él le priva de la energía que necesita para escribir. 
Jack tiene ya culpables para su problema, y comenzará a obsesionarse con esa idea…

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El alcoholismo es uno de los problemas que a las personas más les cuesta reconocer.  Los que lo padecen tienden a echar la culpa de sus fracasos en las relaciones o en la vida cotidiana a los demás.  De hecho, el alcohol aumenta la tendencia al pensamiento paranoico. En grandes cantidades, hace que nos sintamos perseguidos y nos sintamos víctimas de la mala fe o la incompetencia de los que tenemos alrededor.  Eso crea una gran sensación de euforia: temporalmente, nada hay más satisfactorio que echar la culpa a los demás.
Así funciona la mente de Jack Torrance. Sus frustraciones se deben, según él, a las malas artes de los que le rodean.  Y toda una serie de personajes le dan la razón. 
Algo parecido a la vida real, en la que un alcoholico siempre tiene cerca otro alcoholico que le apoya en su autoengaño y le dice que el alcohol no es el problema, que el infierno son los otros. 
Jack tiene mucha gente que le apoya. Y no le importa que todos sean fantasmas, seres que -como él- se niegan a volver a la vida. Los espectros envuelven al protagonista con un leve hálito vital basado en la autocomplacencia. Y él se deja llevar…

Ya lo decían en “American Beauty“: nunca hay que menospreciar el poder del autoengaño.




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