CONTRA LO DE ARRIBA
Cuando el escritor Stephen King tenía dieciséis años y paseaba por el bosque, un avión cruzó la barrera del sonido en el cielo. Así describió la experiencia, muchos años después, en uno de sus libros:
“Me arrojé al suelo cubierto de hojas, con las manos sobre la cabeza y el corazón desbocado, convencido de que iba a morir. Esperé que cayera la bomba, y cuando pasaron treinta segundos y no sucedió nada, me levanté despacio. Entonces me percaté de que no había sido el único que se había asustado por el súbito tronido en el cielo. Que yo recordara, era la primera vez que en el pequeño bosque situado detrás de nuestra casa de Proud’s Neck reinaba un silencio absoluto.
Permanecí de pie bajo un haz de luz moteado de polvo, con trocitos de hojas secas adheridos a la camiseta y los tejanos, y agucé el oído con la respiración contenida. Nunca había percibido un silencio igual. Incluso en los días más fríos de Enero, el bosque estaba lleno de ruidos. Finalmente, oí el canto de un pinzón. Después de dos o tres segundos de silencio, le respondió un grajo. Dos o tres segundos más, y una corneja se sumó al coro. Un pájaro carpintero comenzó a martillar un tronco en busca de gusanos. Una ardilla correteó…”
El síndrome de indefensión es, tristemente, una de las sensaciones que compartimos los humanos con el resto de animales. Consiste en la sensación de que los acontecimientos escapan a nuestro control y no podemos hacer nada para defendernos de lo que va a venir. El resultado más habitual es la parálisis de nuestro organismo: si nada podemos hacer, nuestra vida se interrumpe para esperar la muerte.
Ese clima de silencio, de espera indefensa, es la que recuerdan muchas víctimas de acontecimientos que producen indefensión. La naturaleza parece detenerse porque la actividad no tiene sentido cuando llega algo contra lo que nuestros actos no pueden luchar.
La indefensión más brutal que existe es seguramente, la que produce aquello que viene desde lo alto y no se ve. Las religiones están llenas de dioses iracundos que viven allá arriba y nos vigilan. Cuando algo les ofende, lanzan sobre nosotros rayos o acuden ellos mismos a castigarnos. No importa cómo ejecuten su venganza: nuestra indefensión es absoluta.

Quizás por esa sensación de vulnerabilidad que nos produce lo que viene de arriba, muchos de los miedos inventados por los seres humanos provienen de las alturas. Del cielo proceden los OVNIS que raptan personas. Por el cielo vuelan, también, las brujas. Y del cielo vienen las bombas y los misiles que asesinan personas durante los bombardeos.
El miedo es tan brutal durante un ataque aéreo que algunos pacientes que los han vivido me han descrito la sensación de alivio que se produce cuando ya por fin el hecho ha sucedido, aunque sus casas hayan quedado destruidas y hayan muerto miembros de su familia.
Cuando recuperamos el control sobre nuestras vidas, volvemos a vivir. No importa lo terrible que sean las circunstancias, no importa si estamos llenos de ira o de alegría. Solo importa que hemos dejado de estar indefensos ante los que antes estaban encima de nosotros.
5 de Junio, 2008 - 9:13 pm
Las dos imágenes son de Beverly Bennington, que es artista y pinta cielos. Los suyos no dan tanto miedo como los de Friedrich (el cielo de El hábitat del Unicornio es de ese pintor romántico), pero tampoco están mal. De todas formas, a mí los cielos que más indefensión me han producido han sido los de “Encuentros en la tercera fase”: recuerdo la aplastante sensación que tuve cuando vi la película por primera vez…
Si os apetece leer acerca de cómo salir del síndrome de indefensión quizás os guste el artículo que he publicado en el número de Junio de la revista “Muy interesante”. Se titula “Tiempo de duelo” y habla de las diversas formas que tenemos los seres humanos de resistir las tragedias y recuperar el control sobre nuestras vidas.
5 de Junio, 2008 - 9:32 pm
H@la,
Atroz. Esta exposición me produce una inquietud y temores que sólo la forma en que la desarrolla Muiño y sus explicaciones hacen que pueda acercarme a su contenido para afrontar el sentimiento.
Hacía tiempo que no compraba la revista pero este mes lo haré.
5 de Junio, 2008 - 11:25 pm
Yo también tuve casi los mismos efectos cuando un avion rompío la barrera del sonido. Yo circulaba en bicicleta por mi pueblo y oimos un ruido ensordecedor que me tiro de la bicicleta y lo siguiente fue un gran silencio en la calle principal nadie hablaba hasta que paso algun tiempo en que todo volvio a la normalidad.
Me gustan mucho sus comentarios en RNE-5 me gustaria saber si tiene un programa propio en esa radio u otra emisora..
5 de Junio, 2008 - 11:45 pm
El cielo, un sonoro estallido. Mirada arriba, 1 segundo, sólo 1 segundo que sentencia tu valor y tu derecho a defenderte. No hay escapatoria, no puedes luchar, porque no hay nada enfrente tuya a lo que puedas golpear. Nace el terror irracional hacia lo Inevitable, y lo peor de todo… Eres plenamente consciente de que llegará, dentro de un momento. Pero no llega. Todo pasa. Y a continuación… El Silencio.
A mí, figúrese usted señor Muiño, creo que lo que más me aterraría es El Silencio que viene tras la tempestad. Creo que acaba usted de describir el silencio más sonoro que existe antes de la muerte. Y el más terrorífico.
Un saludete! Me gusta tu blog Luis =)
5 de Junio, 2008 - 11:58 pm
He leido su “Tiempo de duelo”, sr. Muiño. Me ha parecido muy objetivo y bien resuelto.
Y respecto a su artículo de hoy… bueno, creo que en algún sitio leí una vez que una de las cosas que más indefensión nos dá es lo que proviene del arriba, sí.
Ahora lo corrobora este artículo. Espero que no me pase, y si me pasa como a King, que tenga la suficiente resilencia como para que no me quede ahí, provocandome un “duelo” y que no me dé miedo.
Es curioso. A medida que nos vamos pasando en el tiempo, nos dan miedo cosas que antes ni nos planteábamos. ¿Por qué se produce esa respuesta psicológica?. Si es que se llama así, que lo desconozco. Yo me supongo que debe ser por instinto de protección.
Y ná, que me gustó mucho su artículo en Muy y también su artículo aquí. Nos vemos.
Saludos.
6 de Junio, 2008 - 1:09 am
H@la,
Este tema me provoca casi lo mismo que la belleza y su fragilidad. Y aprovecho para decir lo mucho que me gustó el título anterior. Me recordó una pegadiza canción que contaba lo bonita que es una de las puertas de mi ciudad, aunque si la rodean de parterres cursis desmerece su austeridad. Cuando llegaron mis antepasad@s se encontraron con lo que había mandado hacer el mejor alcalde dos siglos antes.
También acometió infraestructuras para dotar a la población de mejoras considerables.
Ahora se sufren acometidas que esperemos nos sirvan para hacernos la vida más fácil o al menos que tengan una mejoría futura, ya que el adorno o sentido placentero para l@s viandantes parece fuera de las previsiones “desde arriba”.
Me sentiría indefensa si pensase que mis gobernant@s no piensan tienernos en cuenta y solo buscan como someternos a sus voluntades mientras consentimos.
Y como todo es economía, y por tanto política en estados democráticos, me encuentro más indefensa con una persona que busque siempre más poder nada más que para seguir promocionándose que aquell@s que resulten incapaces para desarrollar algo menor. Pueden ser igual de letales pero prefiero opinar cómo se llevan las obras, como buena ciudadana que los cambios de humor o impulsos nerviosos fuera de control.
¿Tal vez por eso en un país como Estados Unidos está cierto sector ilusionado por la posibilidad de cambiar sus estrategias?
Yo me apunto. Me siento menos indefensa.
Prefiero los paquetes de leche en polvo del Plan Marshall que los atefactos isralíes puros y duros para “producir lluvia” que una misteresa estaba dispuesta a arrojarnos.
Cuando te han bombeardo te quedas con su insignia…
6 de Junio, 2008 - 11:14 am
Yo creo que más que la indefensión, lo que nos produce realmente miedo es la incertidumbre.
En un estado de indefensión, sabemos que no podemos hacer nada ante algo que nos sobrepasa, pero algo que, medianamente, intuimos o conocemos. Según pinta Muiño este estado, se acerca al estado de “resignación”, no podemos hacer nada, así que nos quedamos quietos y esperamos.
Sin embargo, hay veces que no tenemos claro qué es lo que ocurre, no sabemos qué nos ataca, ni cuándo lo va a hacer. Estamos en un estado de desasosiego, no hemos llegado aún a la resignación de saber que nada podemos hacer, y si no fuera tan grave?, tan grande?, tan imposible de atacar?, y si pudiéramos luchar contra “ello”?. Nuestro instinto de supervivencia nos obliga a estar “alertas”, si no sabemos qué es lo que ataca, no sabemos con qué se le responde, por lo que no podemos saber si tenemos o no capacidad de hacerlo. Nos imponemos la obligación vital de intentarlo, pero no podemos empezar a planificar el contraataque porque nos faltan datos, y…, esa espera si que produce miedo.
Por eso, es preferible saber que nos hemos quedado sin casa, o sin alguien querido, pero que “el ataque” ha terminado, a no saber lo intenso del ataque, cuándo llegará, lo que durará, y la destrucción que producirá.
Lo mismo ocurre cuando se trata de la furia de los dioses. Si, se está indefenso ante el castigo, aunque se tiene la seguridad de que “va a caer uno”. Pero no existe una tabla de equivalencia en la que en un lado esta escrito lo que los ofende, y en el otro el castigo que imponen. Lo peor es el desasosiego de pensar “cómo se les antojará castigar esta vez”.
Contra los resultados reales de un desastre se puede luchar, contra la incertidumbre de no saber hasta dónde va a llegar no.
6 de Junio, 2008 - 5:47 pm
Interesante una vez más.
6 de Junio, 2008 - 6:55 pm
Hola
Lo que a mí me produjo, no se si indefensión, pero sí un miedo incontrolable, no venía de arriba, sino de abajo, del mismo corazón de la tierra. Claro que sí, fue un seísmo, y sucedió estando de paseo por Sudamérica. Lo peor, la incertidumbre que llegó tras la primera réplica (hubo tres.) Pero aquí estoy para contarlo, no hubo muertos y allí decían que esos -hasta cierto punto, caray-, pequeños movimientos sísmicos, son casi normales. ¿Lo positivo? Saber lo que pueden llegar a sentir las víctimas de esos desastres y desde luego, comprenderlos mucho mejor.
En la vida cotidiana lo que más me paraliza son los elogios sobre lo que digo o hago o dejo de hacer. Me producen tal indefensión que nunca sé qué decir, y si digo algo, seguro que me equivoco.
P.D.- Me ha gustado la exposición de Yo_leo. Concisa. Coincido.
Salud.
6 de Junio, 2008 - 8:18 pm
El tema de este artículo de Muiño me estaba recordando lo que tantas y tantas veces leía en “Astérix y Obélix”: lo único que temían los galos era a que se les cayera el cielo sobre sus cabezas…
Ahora ya en serio: a medida que iba “entrando en situación” con este artículo iba sintiendo como una angustia, opresión, asfixia… Porque, como siempre me suele ocurrir, mi mente generaba pensamientos a consecuencia de mis sensaciones que potencian, a su vez, esas mismas sensaciones: no podía evitar pensar no ya en una situación puntual, del estilo que nos explicaba Muiño (que alguien en un momento dado pudiera sufrir…). Es que, casi sin darme cuenta, mi angustia se aceleraba y ampliaba con la idea de situaciones crónicas, casi “perpetuas”, con las que muchos millones de seres humanos están obligados a “acomodarse”, a sobrellevar y a sobrevivir… De los que jamás podrán “escapar”… y a diario.
Por ejemplo, la hambruna. Diaria. Permanente. Para ti y tus hijos. Ver cómo acabarás -cómo acabarán tus hijos- tirados en la calle muertos como perros… sin que a nadie les importe… sin que puedas evitarlo… (África, Asia, América…) Saber que tú y los tuyos morirán…
Por ejemplo, el peligro permanente de muerte por la violencia. Llámese “guerras enquistadas”, delincuencia (mafias incluidas y terrorismos incluidos)… (Palestina, multitud de países africanos y asiáticos, incluso dentro de la propia Europa…) También tienes claro que, más pronto que tarde, el luto repetirá en tu casa…
Por ejemplo, las enfermedades no ya crónicas o incurables, sino fatales, que necesariamente te abocarán, a ti o a algún o algunos seres queridos, a desaparecer…
Es decir, que si -ya de por sí- es tremenda la sensación de vacío, de bloqueo y de impotencia (de “desconexión”) que provocan situaciones como la vivida por S. King… qué no sería en ese tipo de situaciones de peligro de muerte, no ya supuesto o temido, sino cierto, absoluta y estadisticamente casi seguro… En estos casos, la anestesia puntual que nos evita el puntual susto de la puntual situación… se esfumaría, dejaría de producirse…
Ese mecanismo (¿evolutivo?) de defensa tan curioso (que, digo yo, serviría para preservar el “disco duro”, suprimirnos el trauma, el dolor insoportable) debería sustituirse por otro tipo de “balancines” de equilibrios psicológicos, que nos permitieran tolerarlo, sobrellevarlo… incluso ser capaces de sonreír o “agarrarnos” con más fuerza que nunca a la vida…
¡Que gran misterio! ¿Cómo puede coexistir este contraste tan evidente entre una certeza racional de colapso vital fatal y el irracional de seguir adelante… hasta el final?
En cualquier caso, la Naturaleza es extraña: ¿cómo podría considerarse evolutivamente positivo que el avestruz, ante el peligro, oculte su cabeza bajo tierra? ¿No lo hacen -exactamente igual- los niños pequeños (se tapan los ojos)? ¡¡Qué curioso!! “Ojos que no ven, corazón que no siente…”
Cuando en mi trabajo (muy estresante, de verdad…) la situación se agudiza y llega a tocar el absurdo de lo imposible… siempre he reaccionado (espontánea e involuntariamente, por asombroso que parezca…) con una paz “espiritual” total impresionente… como si lo llevara ensayado… Llegados a cierto punto, la sensación de impotencia es tal que, efectivamente, no es que te lleve a un bloqueo, es que lo ves más sencillo y lineal: de repente ves que, poco a poco, podrás resolverlo… ¡Y lo acabas resolviendo!
He vivido ese síndrome de indefensión algunas contadísimas ocasiones, es decir, pensé que me iba al otro barrio o me asusté y bloqueé pensándolo… Sólo puedo decir que me queda -que me produjo- mucha paz… Juro que no “vi la luz”, como se dice tanto ahora; pero ni falta que hizo. Me sentí bien después. Lo recuerdo bien ahora…
Más misterios -psicológicos- sin resolver…
7 de Junio, 2008 - 8:23 am
Para mí el miedo aterrador, ese que te paraliza hasta el corazón, viene siempre de abajo. Al cielo lo ves venir, por decirlo de alguna forma.
Me da pánico nadar en el mar o en un río. No veo lo que hay bajo mis pies…
Desde pequeña he dormido con la obsesión de no dejar fuera de la cama ni pies ni brazos. Algo podía salir de debajo de la cama, agarrarme y arrastrarme. Aún ahora, con los cincuenta mediados sigo siendo consicente de ello y en el último momento de consciencia antes de caer en brazos de Morfeo, guardo cuidadosamente pies y manos dentro de las sábanas. No he conseguido quitarme esa angustía, ni siquiera cuando duermo acompañada. Sola, ni lo cuento…
¿Qué explicación hay para ello? Nunca lo he coseguido saber.
Respecto a la caída del cielo sobre nuestras cabezas, hay un cuento muy divertido que tiene como protagonista a un pollito que va a avisar al rey de que se va a caer el cielo sobre su cabeza. Es de tradición popular y creo que ya se ha hecho una peli y todo.
En fin, que cada cual lleva sus miedos a cuestas como puede.
Me resulta curioso como el miedo es necesario para sobrevivir, tanto en los hombres como en los animales. Supongo que es un acto reflejo de defensa frente a lo desconocido o a un peligro real e inminente.
Lo que no entiendo es el miedo irracional a que algo te arrastre bajo la cama o que se te caiga el cielo sobre la cabeza. Ninguno de esos echos están basados en una realidad comprobable… pero ahí están, aterrorizándonos, inmovilizándonos.
Tal vez nuestro pasado árboreo tenga algo que ver con las caidas y lo que viene de “abajo”.
A lo del cielo, no tengo explicación.
¿Podría D. Luis explicármelo? O cualquiera de mis queridos contertulios, más sabios que yo…
Por cierto, los amaneceres y los atardeceres de las imágenes me han encantado. Curiosamente a mí me producen paz. Vivo en una zona donde los atardeceres en algunas épocas del año, son de un violeta espectacular, un regalo para los ojos. Tengo bastantes fotografias de atarceceres increibles. Incluso cuando amenaza tormenta, la luz de cielo es una bendición de colores, formas, belleza…
7 de Junio, 2008 - 4:21 pm
H@la,
¡Qué suerte dama excéptica de contar con esos colores de cielo!
Donde yo estoy también el cielo es precioso pero sólo se aprecia cuando ha llovido y hecho viento que se llevan las capas de contaminación y esa “panza de burra” que resulta tan agobiante. Así que lo puedo disfrutar pocas veces a pesar que muy cerca de donde vivo se abre el horizonte hasta la sierra. Eso sí plagadito de construcciones. Menos mal que hay espacios repetados para jardines, parques y algo más.
Creo que tanto los miedos como el sentimiento de indefensión pueden derivar hacia algo que cada un@ debe intentar controlar para que no se conviertan en una patología.
A mí también cualquier mundo desconocido me puede producir temor y sin embargo otras veces me encanta sumergirme y bucear dentro de él.
Pero sí clamo al cielo muchas veces por sentirme indefensa y procuro controlarme para no escupirle. Primero, porque es una guarrada y segundo porque es una estupidez.
7 de Junio, 2008 - 6:13 pm
A-c-o-j-o-n-a-n-t-e.
7 de Junio, 2008 - 9:33 pm
La indefensión puede sentirse (sufrirse de muchas maneras). La mía personal tiene que ver con el control último de las vidas de los ciudadanos.
La falta de un control democrático eficaz y de participación completa en la toma de decisiones que nos afectan acaba frustrando a muchas de las personas más implicadas puesto que entienden (en ocasiones con razón) que nada de lo que hagan cambiará las cosas.
Saludos
7 de Junio, 2008 - 10:43 pm
Me identifico totalmente con tus palabras Koldo. Nos sabemos avocados a un final fatal, con enfermedad de por medio casi segura, algunos con accidente, otros…vete tú a saber, pero todo esto acabará con la muerte, y,
misteriosamente vivimos en una dulce anestesia.
Conducimos distraídos, como si el peligro -evidente- no fuera con nosotros…Hasta que un día nos diagnostican una enfermedad más o menos grave, tenemos un accidente de coche, nos comunican la muerte de un ser querido, -inclusó la de un conocido ya nos impresiona sobremanera-.
Es entonces cuándo todo se detiene, el pánico te deja
paralizado, el cuerpo parece congelarse…en fin, “quien lo vivió lo sabe”.
Me declaro Hipocondriaca “de manual”. Cada nuevo síntoma más o menos convincente que se pueda asociar a una enfermedad fatal, produce en mí todas estas reacciones de las que hablamos, me siento absolutamente indefensa ante algo que se me escapa de las manos, y tiene todo el poder sobre mí.
Por eso, por eso amigo Koldo, me maravilla ver como las personas pasan por la vida sabiendo todo ésto, y continúan viviendo su sainete al margen del final.
Yo sueño poder decir algún día
Carpe Diem.
Saluditos dulces.
7 de Junio, 2008 - 11:02 pm
Lástima que Koldo no tenga un blog.
Al leer, lo primero que me ha venido a la cabeza es, cómo no, el bombardeo en Cachemira, el silbido de las granadas y las explosiones a mi alrededor etc. etc. En cambio también recuerdo la tranquilidad posterior, el mirarme y verme vivo y sin manchas de sangre, ensordecido pero milagrosamente entero…
¿Qué piensas entonces?
Que no ha llegado aún tu día, sobre todo cuando ves tanta muerte a tu alrededor. Te sientes especial, casi escogido…
Supongo que nada tiene que ver el escuchar de los que han padecido a sufrirlo y verlo en directo, también en la impotencia que debe sentirse al escuchar la historia, diferente pero igual que la que sintieron los protagonistas; impotencia, aunque escudada en la previsible profesionalidad del terapeuta.
Después he recordado la afición de los israelíes en traspasar la barrera del sonido de noche sobre los tejados de Gaza, a efecto de causar terror y ansiedad; igual que lo que cuenta King… Los palestinos quedan paralizados y al día siguiente no pueden ni ir a trabajar, algunos quedan aterrorizados de por vida, pierden el sentido de la realidad e incluso la orientación. Para ser más efectivos, los israelíes, de vez en cuando tiran alguna bomba… el truco de la lotería pero al revés.
Imagino, a veces, un mundo con fecha de caducidad próxima y conocida, que sigue trabajando, discutiendo, atentando y perdonando aun sabiendo que en cuatro días, por poner un ejemplo, caerá un gigantesco meteorito, por poner otro ejemplo, y lo destruirá todo.
Es un error pensar eso?
Imagino que sí y también que no.
La gente defiende su psiquis ante lo inevitable desarrollando su vida normalmente, como si no tuviera que suceder lo que todos sabemos inevitable.
Lo sensato sería hacer lo que uno siempre ha soñado, aprovechar la circunstancia ya que nadie te va a llevar la contraria; sin embargo, creo que no sería así, que cogeríamos el Metro, el coche, el autobús… e iríamos al trabajo como si nada, siguiendo las mismas pautas diarias para, supongo, engañar nuestro cerebro.
Un saludo.
7 de Junio, 2008 - 11:08 pm
Amelie, como no digas carpe diem ahora mismo más vale que dejes de esperar. No hay mejor tiempo que el presente. Nada del pasado podemos cambiar y nada del futuro podemos saber… ¡Ahí queda eso!
Por cierto, Pasajero, hay miedos peores que el control de la democracía, por ejemplo, el descontrol de las dictaduras… Pero este no es un espacio para hablar de política, aunque esté impregnada en nuestra vida, sino del hombre y sus avatares.
El control de la vida y el pensamiento del hombre es imposible. Recuerda a Orwel y su 1984. A pesar de todo y de todos, en el polvo de una mesa desvencijada de un mugriento bar, la respuesta se puede ver y borrar al instante.
Los miedos, como la belleza, son subjetivos, cada cual tiene los suyos. Que a veces coincidimos en el concepto, ¡pues qué bien! Que difieren, ¡que alegría! Las diferencias están para eso, para comparar y decir: “Vaya, lo mío es una tontería comparado con lo de ese…” Y así vamos tirando.
Respecto a por qué seguimos vivos pese a todo lo que se nos viene encima cada día que nos levantamos supongo que tiene una fácil respuesta: a nadie le gusta pensar en dejar este “paraíso”. Es lo único que tenemos y lo único que conocemos. Del más allá ni flores, así que para que nos vamos a amargar… Ya llegará, pero mientras tanto, con precaución, eso sí, CARPE DIEM.
Un besito a todos, que la vida es bella aunque se emperren en hacernos creer lo contrario.
(Optimista estoy hoy…)
8 de Junio, 2008 - 12:54 am
H@la,
La explicación de que, en el tema expuesto, lo más natural es que nuestro organismo se paralice me ha hecho entender mejor. Barruntaba, gracias a otras lecciones también, que ciertos efectos estaban relacionados con las causas.
Pero como en ese período de latencia en que esperas un final, incluso el propio, el organismo sigue activo se producen mutaciones de personalidad -cordura- que en ese momento está más indefensa.
Si además hay heridas físicas sobrevivir está mucho más difícil.
En ambos casos si no hay ayuda sanitaria nuestro cuerpo explotaría, y seguramente a través de la corriente sanguínea.
Por eso disfrutemos, efectivamente, de lo que nos ofrecen el día y la noche. La tranquilidad y el desasosiego. La quietud y la impaciencia. Me acuerdo de aquel que siempre nos escribía: Luz para todos…..
Todo aquello que nos permita poder decir que estamos viv@s y la forma que tenemos de apreciar, cuidar y entender los cielos.
Y luego a nuestras cosas, a trabajar para conseguir los resultados que ansiamos. Y de la mejor forma posible.
Y sabemos claramente que podemos decidir entre comentar la desgracia o socorrer a las víctimas.
Por cierto, a pesar de los gastos, espero que en esta ocasión recortados, que ha supuesto la última “cumbre” de la FAO, parece que hay much@s débiles que seguirán muriendo de hambre.
El sector ansioso de poder sigue ganando. Hará falta un par para empeñarse en ofrecer otras alternativas.
Saludos,
8 de Junio, 2008 - 1:14 am
Hola Luis,
Coincido del todo con yo_leo. Este tema me parece muy interesante y creo que el último párrafo lo resume muy bien.
La incertidumbre puede ser devastadora. La del día a día, en pequeñas dosis, a la larga creo que es la fuente de muchos de nuestros problemas, sobre todo los de la salud. Ese “sinvivir” puede resolverse con una decisión drástica, una decepción, lo que sea. Y aunque el golpe puede ser sonoro, analizas los efectos en tu cuerpo y parece que ayuda a que todo vuelva a colocarse en su lugar.
Saludos de nuevo
mar
10 de Junio, 2008 - 12:39 am
Es curioso, pero yo no he tenido nunca la sensación de miedo ante lo que hay arriba. Tengo un vacio importante sobre la sensación de miedo. Lo he descubierto mientras reflexionaba despues de leerte. Pocas veces he sentido miedo, no creo recordar ninguna.Curioso, curioso…
Quizas sea porque desconfio demasiado con lo que hay abajo como para pararme a temer en lo que puede caer arriba.
Curioso, curioso…
10 de Junio, 2008 - 10:34 pm
Hola,
Yo, personalmente, siento muchas veces más indefensión ante muchos humanos que ante “lo de arriba”.
Supongo que en mi caso, es una cuestión de actitud. Hay cosas que asumo como incontrolables: como son los fenómenos de la naturaleza, por lo cual más que indefensión es aceptación pues no me esfuerzo por cambiar nada.
La indefensión que sí siento es muchas veces en las relacioes personales, cuando tras haberlo intentado casi todo, me toca darme por vencida, y el sentimiento admito que es totalmente distinto. Al menos con lo primero no me agoto y quedan fuerzas para salir, no como ocurre en muchas relaciones.
Vaya, estoy algo negativa hoy.
Besos
10 de Junio, 2008 - 11:14 pm
¿Y qué me decís de la sensación de indefensión, de darte cuenta de que -en esta vida- en realidad, vas “al pairo”, como cuando se pone todo tu interés, voluntad, precaución, trabajo, tiempo, sabiduría en algo o alguien… y, por cualquiera de los infinitos avatares (”mala suerte” o ese tipo extraño de “puñeteras casualidades”…) se te va todo al carajo más absoluto… Y, en consecuencia, “no vales nada…”
¿O, al revés, cómo por ese tipo de “azares”, un golpe de suerte te impulsa y alcanzas las “cumbres” más elevadas de la vida social, laboral o sentimental…?
Al ser humano no le gusta, efectivamente, que “reine” el presente: quiere asir, no sólo “tocar con los dedos”, su propio futuro… Debe autoconvencerse de que lo domina: llámese calendarios, astronomías o astrologías o religiones… Quiere pensar que cada causa genera un efecto; que cada efecto tiene un origen concreto… Un “culpable”, en definitiva.
En los momentos -tan evidentes como los que nos cuenta Muiño, que contaba King- en que constatamos lo “absurdo” de la realidad, lo insignificantes que somos en este “Gran Plan” -¿implanificable y caótico?- en el que nos desenvolvemos… nos quedamos en gallumbos… se nos viene abajo todo nuestro -individual o colectivo; propio o consensuado- “castillo de naipes vital”… ¿Qué hay más allá de la muerte? ¿Qué podría hacer yo si veo cómo me acaba de alcanzar un león hambriento que va a devorarme…?
Estoy con “Pau”: el peor de los miedos y las indefensiones son las aleatorias, las inesperadas (el ejemplo de los israelíes es acongojante…), las desproporcionadas, las “injustas”… las que no tienen “patrón” que nos sirviera para prevenirlas o, al menos, “mentalizarlas” y “anticiparlas”…
…Como no “hay” “enemigo”… de nada serviría salir corriendo o prepararse para la lucha (como, al parecer, es el mecanismo del estrés, a base de adrenalina…). No existe reacción sino parálisis, bloqueo… Y, luego (y si acaso…), “renacimiento”. Sí: volver a “nacer” (”pabernostamao…”).
¿Os acordáis un atentado que sufrió J.M. Aznar en un coche? ¿Recordáis la cara de auténtica “estúpida felicidad” que tenía al darse cuenta que había salido ileso, que estaba entero y que podía “contarlo”…? A mí me pasó algo parecido en un accidente de tráfico: me tragué un camión. El coche, para el desguace. Yo ileso… y como un bobo sonámbulo… no daba crédito a cómo quedó el coche y cómo salí yo… Ni rastro de cabreo (la culpa la tuvo el camión) ni de ningún rencor: casi le abrazo y soy yo quien le anima y convenzo de que no ha tenido importancia, que todos estamos bien… Estaba encantado de la vida… ¡¡Impresionante!!
10 de Junio, 2008 - 11:32 pm
Varios os habéis acordado de Asteríx y Obelíx, pues bien y por Tutatis, mi bien querido Abraracurcix presumía de no tener miedo a nada en este mundo salvo a que el cielo cayera sobre su cabeza, pues pienso que para lo que mejor solución tenia era precisamente para eso, ya que como el solía decir -eso no ocurrirá mañana- O sea, su mayor miedo, su mayor desprecio.
Genial, fantástico, ¿alguno de nosotros podría desafiar de ese modo a su mayor fantasma?
10 de Junio, 2008 - 11:41 pm
H@la,
Pues sí, parece que si queremos pensar en que los cielos están habitados por dios@s siempre creamos la figura que nos acerque a ell@s. Hay de todo: semidios@s, héroes o heroínas (ya sé que este sustantivo da para mucho), hij@s de l@s anteriores, sant@s, mensajer@s, ángel@s, enviad@s directamente desde arriba o ganador@s de la dicha a través del sufrimiento o la inmolación.
Lo mismo desde abajo pero cambiando nombres.
Y que como la mayoría de l@s normales, perdón de l@s human@s, nos movemos en lo terrenal, gracias a las teorías de la gravedad y de la relatividad, los problemas cotidianos, de convivencia si nadie te está bombardeando, los tenemos con nuestr@s propi@s semejantes.
Espero algún día poder decir que para este viaje no harán falta alforjas, pero entonces no sé dónde narices iba a poder llevar conmigo las enseñanzas de Muiño y vuestras opiniones.
Así que gracias, como siempre, porque la indefensión no es siempre eterna y constante. Las situación puede cambiar.
11 de Junio, 2008 - 9:32 am
Arranllador… me has alegrado el día.
Curioso, entre mis múltiples y terroríficos fantasmas, que me bloquean y hacen que se me pare el corazón, no se encontraba el cielo. Pero claro, tiempo al tiempo.
(una mano colgando en la cama es para mí una invitación al paro cardíaco. La puerta del armario, cerrada)
11 de Junio, 2008 - 10:50 am
H@la,
.
A aquell@s que estéis estos días por Madrid: ¿habéis visto que buena pinta tienen la pregonera y el cartel de la verbena de San Antonio?
Entre eso, y la cantidad de premios que están consiguiendo gente “maja” de por aquí, y de allá, peninsulares, o de allende los mares, de distintos colores y condiciones, lo mismo es una buena oportunidad de disfrutar olvidándonos de nuestros temores.
Hay que recordar que no consta que sea este Patrón el que nos mande desde arriba alfileres.
Tenéis razón l@s que decís que también hay que tener cuidado con lo que ponen algun@s y queda abajo.
¿Será por el miedo a pincharme por lo que nunca le pedí “oficialmente” un novio? Me cachis, no había caído en las intenciones que tienen las que los echan….
Saludos verbeneros,
11 de Junio, 2008 - 1:04 pm
Que extraño el ser humano que crea dioses de lo que le atemoriza, que encumbra la tecnología que le oprime, que ambiciona ser el verdugo de sí mismo.
11 de Junio, 2008 - 11:19 pm
“El arranllador…”:
“Por Tutatis”… y “¡por Belenos!” ¡¡Faltaría más…!!
Y, también: “il faut se méfier…” ¡¡Pues hasta ahí podíamos llegar…!!
Efectivamente: eran libres… incluso de sus propios miedos y de sus bloqueos…
12 de Junio, 2008 - 11:26 am
Yo estoy con Merce, para mi nada hace tanto daño como el ser humano, la mayoria de veces gratuitamente, porque muchas veces ni siquiera somos conscientes de nuestros actos…de nuestras palabras…
La verdad Aranllador, me encantaria disponer de un poquito de pocion magica …asi no hay miedo que valga.
12 de Junio, 2008 - 4:12 pm
Yo cada vez que leo algún nuevo y astronómico descubrimiento sobre algún planeta por explorar o esa energía oscura que cubre gran parte del universo, me siento cada vez más y más pequeñito y algunos hasta se hacen más creyentes ( desde luego no es mi caso ) para sentirse arropados, alguna justificación a este aparente sin sentido. Añado y aunque nada tiene que ver con las estrellas que yo no puedo dormir, ni siquiera en verano, sin una sábana que arrope mi sudor.
Qué pequeños somos y a veces que grandes nos creemos.
Creo que a veces esos mismos miedos o sentimientos de indefensión los fomentamos nosotros mismos al crear creencias que justifiquen y den sentido a este camino que es la vida.
Un saludo
12 de Junio, 2008 - 6:07 pm
Desde luego este tema da para mucho y si nos parásemos a leer -yo sí lo he hecho-, el artículo de Luis Muíño en el muy Interesante, las reflexiones sobre el tema serían seguramente incluso mucho más interesantes. Yo me quedo con aquello de,
para, “aumentar nuestro nivel de resiliencia”,
-Introspección
-Iniciativa
-Independencia
-Sentido del humor
-Pensamiento crítico
-Capacidad de relacionarse
Gracias:) Y a seguir
12 de Junio, 2008 - 7:27 pm
H@la,
Claro Ana, si Muiño se explica muy bien, pero en los momentos de confusión e irracionalidades varias, propias o extrañas, es difícil ponerse a ello.
Yo compré la revista hace unos días y todavía no he leído nada de ella. ¡Y no es por falta de necesidad, porque con la que está cayendo!
Mientras tanto os he ido leyendo a vosotr@s y escribiendo y eso también vale mucho. Vamos, que en cuanto pueda me zampo el artículo de un tirón.
¡Me gustaría tanto entender bien las cosas!
13 de Junio, 2008 - 12:55 am
sí, Tana. Es dificil entender bien las cosas. Por eso nos acercamos aquí, para tratar de hacerlo al analizar los temas que con tanto acierto nos propone nuestro querido Anfitrión, y de paso expresar nuestras pequeñas o grandes fobias, siempre referidas al tema en cuestión. Lo peor es cuando nos da por salirnos del asunto y utilizamos este espacio para saldar diferencias entre los participantes. Lo cual considero que no es ético ni legal. Pero allá cada cual con sus consideraciones.
Buenas noches.
13 de Junio, 2008 - 10:22 am
Mi mayor miedo me he dado cuenta de cual es. Ser torturada y ser vejada, porque ocurre está ocurriendo y a los que les ocurre poca gente se conmueve o hace algo por ayudarles.
‘’En Colombia se ha acuñado el término de “desechables” para un grupo numeroso de indigentes que viven en la más absoluta marginalidad. Al margen de la salud, el bienestar y
personas resultan ser, casi siempre, un subproducto de la droga y el alcoholismo. Están tan abandonados de sí mismos, que si alguien necesita un ser humano para darle vía al sadismo o por ejemplo experimentar con fármacos, van a por ellos y los “usan” hasta que se “rompen” sin mayores consecuencias.
¿Puede el europeo medio asimilar realmente la idea de un ser humano desechable? ¿Saben que existen? ¿Aceptan que existen?…¡Soy cubana y desde mi buena voluntad me cuesta convencerme a mi misma de que algo así pueda pasar!…'’
13 de Junio, 2008 - 10:26 am
Es curioso y no lo digo por intentar ser diferente, pero a mi me invadió un miedo atroz en una ocasión en la que oi temblar a la tierra, ergo terremoto. El sentimiento de indefensión me vino de abajo, del averno, el lugar de los castigos eternos.
Quizás tenga relación con mi afición a volar, a visitar el cielo, aunque eso si, nunca he roto la barrera del sonido (ni ninguna otra, que yo sepa, si exceptuamos la barrera de una leira que “me cargué” con la bicicleta en un “trompazo” cuando tenía unos once años ¡¡Eso si que fue terrorífico y no lo de Stephen King!!)
Saudiños, Muiños.
13 de Junio, 2008 - 4:18 pm
Cuando miro al cielo, afortunadamente solo veo nubes, estrellas, la luna, los pájaros que vuelan, todo tiene explicación. No quiero pensar en el desgarrado cielo de un país bombardeado o en las mentes celestiales conectadas a una tercera dimensión que han perdido el sentido de la realidad.
13 de Junio, 2008 - 8:41 pm
Lem, Koldo, Tejedora,
Por belisana….
Lem, gracias, pero no le sigas dando tiempo al tiempo que a este le sobra.
Koldo, ahí le has dao, a pesar de estar acorralados por los romanos, eran las personas más libres del planeta.
Tejedora, La poción la tenemos todos, es nuestra, y no está enfrascada ni en una marmita.
…Que gente… …que guay…
13 de Junio, 2008 - 9:20 pm
H@la,
Pues yo quería hacer una petición a “lo” de arriba con el máximo respeto y consideración.
Osease maestro Muiño, será por la inspiración del santo, pero me tiene en ascuas esperando el siguiente tema.
Y que conste que yo podría seguir con el mismo….. ;D.
13 de Junio, 2008 - 9:21 pm
H@la,
Y lo mismo digo Ana.
Buenas noches y buena suerte,
13 de Junio, 2008 - 10:40 pm
Insisto (y a las pruebas me remito):
Esto (la ansiedad por el nuevo tema que nos proponga Muiño; la posiblidad de seguir participando “sine die” en cada tema -a falta de uno nuevo; el disfrute de escribir y -sobre todo- leer lo que los demás van dando de sí…)… esto -digo- es prueba fehaciente de que tendremos que pedir ayuda terapéutica a Muiño para “desengancharnos”… (¡¡¡ja, ja…!!!) que esto es ya muy “fuerte”…
Me alegro mucho de poder estar aquí con todos vosotros.
Que tengáis un estupendo fin de semana…
14 de Junio, 2008 - 11:36 am
No, si al final el que tiene la culpa de la adicción producida por el abuso de esta sustancia psicoactiva, léase internet, va a ser el responsable de esta bitácora es decir nuestro psicólogo favorito. Y si es así mucho me temo que tendrá que resarcirnos de alguna manera porque esto es un tanto grave.
Digo yo que proponernos a todos participar en una terapia de grupo eso sí, totalmente gratuíta, y con derecho a pensión completa, no estaría mal ¿qué os parece?
Me voy de excursión, luego vuelvo a ver que ha pasado. Aissssss que intriga.
14 de Junio, 2008 - 12:45 pm
H@la,
Total Ana, sigues sembrada. Parece que el Maestro ya se ha puesto con el siguiente estadio de terapia. Voy rápida a ver de qué va.
Bsos pá t@s,
15 de Junio, 2008 - 11:41 am
Arranllador,¿ la pocion es nuestra? suena precioso pero no todos somos como Obelix…y algunos necesitamos algun tragillo extra…
3 de Julio, 2008 - 10:04 am
Pues a mí el cielo del Hábitat no me da miedo, todo lo contrario, me conforta y reconforta. Es un poco raro, pero a mí me gusta así. Claro que teniendo en cuenta que lo pintó un tal Friedrich, es normal que sea raro, porque llamarse Federico tiene su aquél. Dicho sea con todo el respeto para los que se llamen Miguel.
A mí los cielos que me dan miedo son los poblados de murciélagos. No es que me molesten pero que se vayan a sus casas, nidos o madrigueras… ¡no me sigáis, malditos! O como dijo la gran Lola Flores en la boda de su hija Lolita” Si me queréis,¡¡ irse !!”