LLENANDO EL VACÃ?O
En Japón se encuentra el monasterio de Daisen-in, concebido hacia el año 1513 por el pintor Soami. Sin duda, lo más notable en él es su jardÃn: un espacio rectangular de arena blanca.
El vacÃo que produce este espacio incita a la meditación y a la vacuidad interior. Por eso, la arena es rastrillada cada dÃa por los monjes, para que ninguna huella, ni siquiera del viento, intervenga en la regularidad de los surcos que forman una especie de océano inmóvil. Tres montÃculos de arena, dispuestos de modo que nunca puedan verse más de dos a la vez, dan a quién los contempla la certidumbre de no poder captar la totalidad del mundo: lo que es invisible para los ojos es lo que debe hallar cada uno en sà mismo.

Conseguir el vacÃo interior es el objetivo de muchas técnicas utilizadas por diferentes religiones y técnicas terapéuticas. La secuencia empieza casi siempre igual: se busca algo que paralice, que deje a la persona en un estado de confusión: un jardÃn de piedra en medio de un bosque frondoso, los breves y paradójicos koan del budismo zen o la magnificencia de una catedral dejan a la persona en suspenso.Â
A partir de ahÃ, la persona tiene dos caminos…
Si sigue el primero, el individuo perplejo amplia su pensamiento a todas las conexiones imaginables e inimaginables y, en unas circunstancias determinadas, consigue establecer interrelaciones entre las cosas más insignificantes y disparatadas.Â
La percepción se agudiza para poder captar los más mÃnimos detalles y el ser humano es capaz de alcanzar un estado de lucidez excepcional. Pertenece a este campo el concepto taoÃsta del wu-wei, es decir, la intencionada falta de intención, asà como la regla de que es preciso olvidar lo que se quiere conseguir. Jugamos aquà con un tipo de pensamiento no intencional que puede ser rico y creativo.

En el segundo camino posible, la persona no tolera por mucho tiempo esa sensación de incertidumbre e intenta resolver el estado de confusión aferrándose a la primera explicación que pueda llegarle a través de la niebla. El problema es que esa explicación suele surgir de aquel que le ha sumergido en un estado de vacÃo mental.Â
Los manipuladores saben que esta falta de tolerancia a la incertidumbre puede ser su principal aliado y la utilizan a menudo. El Marqués de Sade, un sabio en el arte del manejo de las personas, deja escapar un lema sibilino en uno de sus libros: “apaga tu alma y trata de convertir en goce todo lo que alarma tu corazónâ€?.Â
Quizás antes de apagar nuestra alma durante unos instantes convenga asegurarnos de que vamos a ser capaces de salir por nosotros mismos de la oscuridad. Porque si nos asustamos de las tinieblas, es posible que acabemos siendo guiados por personas que quieren robarnos el alma para siempre.
22 de Mayo, 2008 - 9:18 pm
Las fotos, claro, son de Daisen-in…
Si os apetece leer sobre estos temas, os recomiendo el libro que siempre ha sido mi guÃa…quizás porque está escrito por un autor que nunca pretendió ser guÃa de nadie: “Las puertas de la percepciónâ€?, de Aldous Huxley.
22 de Mayo, 2008 - 10:51 pm
“Es preciso olvidar lo que se quiere conseguir”…
“Pensamiento no intencional”…
“Falta de tolerancia a la incertidumbre”…
¡¿Qué mejores ingredientes para el “caldo” de pasar un buen rato dándole a la neurona…?!
¡¿Qué mejor goce?! (efectivamente, Sr. Sade)
Me recuerda un tanto a Nietzsche y sus aforismos.
Siempre constaté que olvidarse de todo dejándose llevar por pensamientos que -al menos, a priori- no están conducidos por ninguna necesidad ni objetivo concretos… a no ser su puro y auténtico disfrute -per se-… produce unas sensaciones de lo más extrañas y placenteras… y “ajenas” a uno mismo, a sus miserias… y a todas esas angustias que tanto nos ciegan y lastran y a los miedos que siempre nos bloquean y atenazan…
Últimamente he pensado que, como casi todo, hay que practicarlo, entrenarlo, ser constante, perseverante, insistente… Hasta conseguir hacerlo -casi- una especie de reflejo condicionado, un muelle que salta ante señales de alarma ya previamente preestablecidas por uno mismo… a lo largo de los años…
Hay algo hipnótico en el zen… Y, seguramente, que debe ser algún fenómeno mental de lo más básico y sencillo… ¿Por qué ciertos fenómenos psicológicos y fisiológicos nos resultan tan intrigantes y misteriosos, cuando nos deberÃan resultar de lo más evidente e inteligible…?
23 de Mayo, 2008 - 9:38 am
Creo que el término “vaciar la mente” fue una frase desafortunada de alguien que trataba de explicar algo y no lo consiguió.
23 de Mayo, 2008 - 4:23 pm
Al leer al sR.Muiño me vino a la mente aquello que escribió Saint-Exupery en “El Principito”:
Lo esencial es invisible a los ojos
Pues asà es… lo que no se vé,-cegatos que vamos por la vida- generalmente es lo más interesante, y lo más placentero. Sade estaba en lo cierto, también Exúpery.
La mejor forma de quedarse “vacÃo”-refiriéndome al vacÃo que menciona en el artÃculo- es no ver, no escuchar…. sólo silencio.
Y en estos tiempos ruidosos, que parece que estar en silencio es un lujo, cuando deberÃa ser algo cotidiano, estar “vacÃo” es irremediablemente necesario…si queremos seguir adelante con nuestras propias vidas. Quien se niega un poco de vacÃo, acaba estando constantemente estresado y casi dirÃa que insensible.
Las fotos que muestran, con esos surcos regulares, son necesariamente sacudidas para nuestra mente… que bien falta les hace cuando somos como autómatas.
Y pienso que el que no supo explicarse, y lo llamó “vacÃo”, tal como indica Lem, y lo calificó asÃ, poniéndole nombre ya lo dejó explicado. Cuando nombramos ponemos vida a lo que decimos.
Saludos.
24 de Mayo, 2008 - 10:36 am
Hola.
Una vez tuve la oportunidad de practicar la meditación con un monje budista que antes de empezar nos dijo: “la meditación es el arte de no pensar en nada”.
Nos propuso un ejercicio nada facil que requiere que durante unos minutos dejes de oir tu propia voz mental, dejes de juzgar lo que sientes y alcances una “conciencia testigo”, lo que supone sentir lo que te rodea sin necesidad de valorarlo, medirlo o juzgarlo.
La verdad es que es un ejercicio muy agradable y muy curioso porque te das cuenta de que es dificil mantener ese estado de conciencia más de un minuto sin estar entrenado.
Saludos.
24 de Mayo, 2008 - 2:19 pm
El vacÃo interior debe de ser un poco aburrido, y además seguro que hay eco-eco-eco-eco. ¡Donde estén unos buenos pinos y unas buenas piedras que se quite la arena zen!
24 de Mayo, 2008 - 5:16 pm
[...] Llenando el vacÃo. Uno de mis temas más zarandeados: la vacuidad. Del psicólogo Luis Muiño, os llenará. [...]
24 de Mayo, 2008 - 6:17 pm
Ayer después de andar y andar… y del barro del bosque… me senté en un parquecillo donde habÃa un árbol extraño con unas extrañas lÃneas naranjas pintadas… hoy me pregunto si la tercera lÃnea estarÃan también pintada… Me acuerdo de cuando esto iba en terciopelo azul. Ah, la vacuidad llegó en el parquecillo pero creo que andar es mejor para sentirla. Todo lo que llenaba la poesÃa.
25 de Mayo, 2008 - 2:17 pm
Se me ocurre que una de las incertidumbres que más nos confunde es el vacÃo. Qué soy yo sin mi ambiente, sin mi gente, sin mis deseos, sin mis sueños… Tal vez por eso enfrentarnos a “vaciarnos” es tan difÃcil y asusta. Pero en el fondo, a pesar de estar sin todo eso, yo soy la que soy. Aunque como es tan difÃcil llegar ahÃ, no tengo claro que es lo que soy sin eso…
Me he metido en una maraña de palabras… jeje, pero creo que se lo que quiero decir, hay algo en lo profundo de nosotros a lo que creo que es difÃcil acceder con nuestro estilo de vida. Sin embargo, tengo la intuición de que si se llegara ahà se acabarÃan muchos miedos, muchas inseguridades… Estamos llenos de tantas certidumbres que se pueden caer en un suspiro… ¿Qué pasa cuando nos enfrentamos a eso?…
25 de Mayo, 2008 - 11:01 pm
No pensar, vaciarse. Es justo el abono para que la mente empiece a producir frutos a cantidades ingentes.
Recuerdo indicaciones de algunos maestros “desprenderte, dejar caer, pensamientos sensaciones, emociones…” .Y es entonces cuando se encuentra algo distinto a lo que se buscaba: que no era más que la idea de vacÃo no el vacÃo-en-si-mismo.
Cuando empezamos a desprendernos de aquello a lo que continuamente nos aferramos aparece la desorientación, el miedo, las despersonalidzación y la angustia. Momentos fértiles para que los falsos gurús nos ofrezcan su”santo y generoso brazo” arrastrándonos por donde ellos deseen cual niños pequeños que encuentran el alivio de la guÃa de un adulto cuando se hayan perdidos por haberse aventurado a separarse de sus padres.
De ahà lo peligroso de confiar en “cualquiera” a la hora de aventurarse en este camino.
Me sentó bien leer esto.
Gracias
26 de Mayo, 2008 - 2:28 am
No quiero parecer grosero, pero si yo vaciara mi mente a diario me quedarÃa sin formación polÃtica
26 de Mayo, 2008 - 2:41 am
Yo, que propongo fundar la iglesia del ateÃsmo, porque si no, no va haber dios que extienda el laicismo por el mundo, cuando necesito vaciar mi mente entro en una iglesia, me dirijo a la capilla más pequeña y escondida, me siento y cierro los ojos durante un largo rato y tras haber hecho esto me siento mucho mejor.
26 de Mayo, 2008 - 8:34 pm
Una de las cosas que peor lleva nuestro cerebro es la incertidumbre; sencillamente, no la soporta.
Por ello es capaz de fabricar realidades o conjeturas sobre lo que no puede afirmar.
Esto es explotado hasta en las pelÃculas de terror y suspense donde aterroriza más aquella escena en la que no se ve lo que se le hace al personaje sino solo sus gritos. El resto lo imagina nuestro cerebro, cada uno reflejando sus miedos personales.
¿Os acordáis de la pelÃcula “la noche de los cuchillos largos?”
PodrÃamos seguir hablando de religiones, creencias, etc.
26 de Mayo, 2008 - 10:41 pm
Siempre me ha parecido sumamente difÃcil el aislarnos de todo completamente, tanto, tanto, que hasta desaparecemos de nosotros mismos sin llegar a hacerlo…
No conozco demasiado (por no decir nada) la cultura zen, pero supongo que es tan diferente a la nuestra que nos maravilla
Un saludo a todos!
26 de Mayo, 2008 - 11:41 pm
H@la,
Hay veces que el vértigo puede hacer que te agarres a cualquier cosa.
Y estoy de acuerdo con tod@s l@s que habéis mencionado lo importante que es tener buen@s guÃas.
Y aprender a ir bajando esos Ãndices de intolerancia a la incertidumbre. Bueno, de todas clases de intolerancia.
Encontrar la relatividad.
Eso de solo poder ver dos montones donde hay tres y que no sea por aturdimiento sino por preparación escénica deberÃan enseñarlo en las escuelas y guarderÃas.
27 de Mayo, 2008 - 9:21 am
Supongo que mi cabeza no sólo no tolera la incertidumbre, sino el proceso en sà de la meditación. No hace mucho una conocida me contaba lo bien que se sentÃa haciendo yoga. Primero, me decÃa, te tumbas y te relajas durante unos diez minutos…
¡¡¡!!! ¡¿Sin hacer nada?! Fffffff No, gracias. Sólo de pensarlo me dan escalofrÃos.
Lo cierto es que su persona emana serenidad. Y yo desearÃa tener un poco de esa paz. Pero dudo mucho que se deba a la meditación o al yoga.
27 de Mayo, 2008 - 11:22 am
Buenos dÃas Luis, un par de amigas blogueras me ha concedido sendos premios Brillante Weblog, y uno de ellos quiero ofrecertelo a ti … cuando quieras date una vuelta por mi blog … y luego haz lo que te parezca más oportuno.
Aunque muchas veces me he quedado con las ganas, nunca hasta ahora te he dejado comentario alguno -supongo que por una mezcla de pudor, respeto al tono y profundidaz de tus textos, y falta de tiempo- … sin embargo, te leo con asiduidad, me interesan los temas que tratas, y me gusta la forma en que lo haces -casi siempre son una invitación a la reflexión y, en estos tiempos que corren, creo que esta es una gran cosa-.
Cordialmente, ANABEL
27 de Mayo, 2008 - 2:47 pm
Admiro las “tecnologÃas” propuestas para conseguir un estado de vacuidad mental, aunque personalmente no me considero muy hábil practicándolas
De todas formas sà que estoy especialmente interesado en las “tecnologÃas” que promueven directamente la percepción de una felicidad interior
27 de Mayo, 2008 - 10:24 pm
A mà también me pasa una cosa curiosa -Al margen de mis crisis de Fé,- entro en una iglesia vacÃa, ma siento, y es como si entrara en trance…la ciudad de fondo, con sus ruidos, sus voces, y yo allà dentro en silencio, ese olor tan particular, hace frÃo, me impresiona esa soledad, no se…
mañana cuando deje al niño en el cole lo volveré a repetir de nuevo.
Besitos delces.
28 de Mayo, 2008 - 3:00 am
De niño estuve viviendo en el pirineo aragonés, con mis padres que por aquel entonces eran muy hippies. Ellos cada vez que salÃamos de excursión a la montaña realizaban siempre el mismo ritual, desde lo más alto de la montaña comenzaban a gritar cada vez más alto y sin ninguna razón aparente hasta quedar exhaustos,me decÃan, hijo, grita tu también, después nos sentábamos y mi madre me decÃa que cerrase los ojos, buscase un punto blanco y cuando lo encontrara debÃa hacerlo tan grande como pudiera. Nunca entendà para servia eso ni por qué lo hacÃamos, tampoco lo pregunté, solo sé que me relajaba un montón.
28 de Mayo, 2008 - 3:02 am
Eso digo yo Amelie, finjamos, finjamos.
28 de Mayo, 2008 - 7:41 am
Sin llegar al estado zen de vacÃo total, una de las cosas que más me sosiegan es alcanzar una zona alta de la ladera, encontrar un pequeño espacio para sentarme y mirar al horizonte. Dejo entonces que los ojos y el alma se me llenen de luz, color, sonidos… Mis perros corretean acá y allá, hasta que agotados se sientan cerca de mÃ. Es en ese momento cuando siento la grandeza de todo y la ausencia de necesidades. Y con mi agnosticimos a cuestas le doy gracias al cielo por tanta belleza.
Y aunque no vivo en la ciudad y su vorágine, busco esos momentos de paz absoluta siempre que puedo. Pues es en nuestro interior y no en lo que nor rodea donde radican nuestras inquietudes, nuestras incertidumbres… No hay nada más difÃcil que acallar nuestro ruido interior.
Buen dÃa a todos.
28 de Mayo, 2008 - 8:50 pm
La afirmación aristotélica de que “la Naturaleza aborrece el vacÃo” se sostuvo hasta el siglo XVII, cuando Pascal (y otros) se atrevieron a refutarla. De hecho, afirmar que el vacÃo existe en la naturaleza era motivo de excomunión por parte de la Iglesia.
Por mucho que a algunas personas les horrorice la idea del vacÃo… eppur si muove… el vacÃo existe, es necesario y tan importante como la materia o “lo lleno”. Ocurre que no lo percibimos normalmente, o no somos conscientes de él… como ocurre, por ejemplo, en la música, donde solo percibimos el sonido, las notas y no el espacio o vacÃo que hay entre ellas. Pero sin esos espacios, las notas musicales serÃan un amasijo irreconocible y desde luego, nada agradable de escuchar.
Vaya, que solo querÃa decir que ¡viva el vacÃo!
))
28 de Mayo, 2008 - 10:55 pm
Estoy de acuerdo con “Le feint Amelie”: mis sensaciones más próximas a esto que todos estamos intentando definir de esa especie de “materializar el vacÃo”, que yo recuerde ahora, son dos:
Por un lado, efectivamente, ese silencio AB-SO-LU-TO que se da -algunas veces- en algunas iglesias… Te obliga, te transporta a un ensimismamiento… casi sin quererlo… y sin ni siquiera cerrar los ojos… (¡¿qué no ocurrirÃa cerrándolos…?!) Te desnuda, te despoja de “excusas”, te deja a ti solo, te “obliga” y sólo te tienes a ti mismo para buscar y encontrar respuestas…
Por otro lado, curiosa y paradójicamente, todo lo contrario: en situaciones de caos total y de total follón, si quieres o si asà lo necesitas, se produce también una auto-concentración que, precisamente -por el contraste-, llama más la atención. No sólo es posible, es que también lo he experimentado. Creo que esa capacidad -en mi caso- proviene de cuando, los 5 hermanos, de pequeños, estábamos todos juntos en la “leonera” que suponÃa el salón de casa (¿10 M2?) por las tardes, TV a tope, unos jugando, otros peleando y otros (yo, en este caso) estudiando y haciendo los deberes (!)…
Asà es, “Yolanda”, el famoso “horror vaccui”… que dio lugar a la ancestral creencia “cientÃfica” del -también- famoso “éter” que, decÃan, “habitaba” -etéreamente, por supuesto- el Espacio y el Universo… Luego se desechó: el Espacio es “vacÃo”… Y asà fue… hasta “antes de ayer”: ahora parece que, efectivamente, no se sabe cómo ni de qué manera, ese vacÃo se encuentra “a rebosar” de energÃas y materias “oscuras” que son, por lo que dicen, el origen de la continua y cada vez más acelerada expansión del Espacio-Tiempo… (¿Y mañana? ¿Qué nos dirán mañana?)
29 de Mayo, 2008 - 11:08 am
H@la,
Me ha gustado mucho la exposición de Yolanda.
Entre tod@s hacéis que asuma mi vacÃo sin mayores problemas y la fuerza que saco de ello me ayuda a llenar y completar otros contenidos. Como apreciar mejor la música.
Gracias,
29 de Mayo, 2008 - 7:10 pm
Koldo: llevas razón en lo que dices, seguramente el vacÃo no es tal sino un tipo de “energÃa” o “materia” que no podemos percibir. Seguramente el vacÃo es solo aparente, pero… puesto que desde nuestra limitación lo percibimos como “vacÃo”, es asà como lo procesamos y como nos afecta. Puesto que nos parece vacÃo, nos aterra y no creo que el saber que en realidad no es tal vacÃo nos haga sentirnos más seguros frente a él. Lo único que nos puede hacer perderle el miedo es intentar reconocer sus bondades y beneficios, que los tiene. Parece que muchas de las personas que aquà han dejado sus comentarios, han experimentado de diferentes formas los beneficios del vacÃo en momentos de paz y relajación.
Tana: en la música y en el arte en general se puede experimentar muy claramente la importancia del vacÃo y del silencio. Es una buena forma de aprender a verlo como algo no tan malo como nos puede parecer… y como tú dices, a asumirlo sin traumas.
Otra forma de aproximación, hermosa como pocas, es la poesÃa mÃstica. Hay un poema de San Juan de la Cruz, donde narra la experiencia mÃstica de las dulzuras y bondades de alcanzar ese estado de vacÃo, que te hace desear fuertemente vivir una experiencia asÃ. Seguramente lo conoces, es éste: http://es.wikisource.org/wiki/Noche_oscura
Ya me dirás si después de leer este poema no te entran unas ganas irresistibles de “dejar tu cuidado entre las azucenas olvidado”
11 de Junio, 2008 - 1:29 pm
A mi el vacÃo me llena de incertidumbre. Pero si no tengo miedo y lo dejo crecer se transforma en una decisión que tapa los vacÃos de mis acciones.
3 de Julio, 2008 - 10:09 am
Con esta entrada me entran ganas de echarme una siesta. No son horas.
3 de Julio, 2008 - 10:14 am
Hay gente que no es capaz de estar sola, que se siente incómoda en soledad. Me pregunto si ese miedo a la soledad las harÃa más vulnerables a los manipuladores en estas circunstancias.