LA IMPORTANCIA DE LLAMARSE…

Un día del año de 1603, en una aldea del sudoeste de Francia, unas pastorcillas cuidaban sus ovejas cuando las sorprendió un muchacho de 14 años de aspecto muy extraño que les dijo que era un hombre lobo y les contó su historia:
“Un hombre me dio una capa de piel de lobo. Me envuelvo con ella y todos los lunes; viernes y domingos por el día y el resto al anochecer, soy un lobo, un hombre lobo, durante una hora.  He matado perros y he bebido su sangre; pero las niñas saben mejor, tienen la carne tierna y dulce y su sangre es caliente y espesa”

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El niño se llamaba Jean Grenier, y su narración se ha convertido en la más citada cuando se menciona la palabra licantropía.  Su historia coincidió con la muerte de algunos niños a manos de lobos en la zona de Gascuña.  Por eso, cuando las tres niñas contaron esta conversación a las autoridades, la pesadilla de Jean y de toda la comarca empezó a cobrar forma.
La importancia de la etiqueta que se imponga a las personas es bien conocida en psicología.  Multitud de experimentos demuestran que, cuando clasificamos a alguien con un determinado adjetivo, cualquier cosa que esa persona haga  o diga será interpretada como una confirmación de esa característica personal.
Jean Granier, tenía una fisonomía canina muy marcada.  Sus mandíbulas sobresalían y por debajo del labio superior asomaban dos colmillos.

En compañía de lobos 2.jpg
Cuando se le interrogó, admitió haber entrado en una casa vacía en dónde encontró a un niño dormido en su cuna.  Contó como había raptado y devorado al bebé…  También como se había comido a una pequeña pastorcita o como había luchado con un perro.
Jean era un discapacitado mental que también alardeaba de haberse acostado con todas las mujeres de la aldea.  En esto nadie le creyó, pero, sin embargo, su historia del pacto con el demonio y conversión en hombre-lobo se convirtió en una verdad ante la que todos los datos acababan por encajar.   Varios niños que estaban presentes en el momento en que un lobo cogió a uno de sus compañeros, relacionaron estas circunstancias con la historia de Jean.
Y la leyenda del hombre-lobo, acabó por imponerse.  El padre del niño y un vecino fueron torturados y encarcelados, y Jean fue condenado a ser ahorcado y a que su cuerpo fuera quemado públicamente.
Las clasificaciones que hacemos de los demás son tan difíciles de cambiar que, incluso, cuando el Parlamento francés revisó la sentencia y salvó al niño de morir ajusticiado, no fue capaz de discutir la relación de Jean con el demonio.  Le absolvieron de la pena de muerte y le condenaron a encerrarse de por vida en un monasterio, porque, según ellos, el muchacho padecía una enfermedad llamada licantropía producida por un espíritu del mal, que engañaba a los hombres haciéndoles creer que eran lobos. 
El niño se salvó de morir, pero nadie pudo quitarle la fama de asociado al demonio.

Una vez que le pusieron la etiqueta, nadie se atrevió a quitársela.

21 comentarios sobre “LA IMPORTANCIA DE LLAMARSE…”

  1. luis muiño dijo:

    Las dos imágenes son de “En compañía de lobos�, la película en la que Neil Jordan exploró el lado lobo que todos tenemos. Con la ayuda de un desasosegante guión de Angela Carter (una escritora que a mí me gusta frecuentar porque siempre me habla de cosas que no sé explicar), intentó hablar de sensaciones a las que es mejor no ponerle etiqueta…

    …Pero claro: es muy difícil para el ser humano no hacerlo. Casi siempre acabamos poniéndole a todo nombres demasiado estáticos y demasiado reduccionistas. Un libro que me ha gustado mucho sobre este tema es “La invención de trastornos mentales� de Héctor González Pardo y Marino Pérez �lvarez.

  2. Kapurtala dijo:

    Me interesa mucho el tema… No por la historia en sí, sino por la idea que va detrás.
    Cuando nos hacemos idea de una cosa, de una situación, parece que unos hechos fortuitos que coincidan con lo que pensamos ya le dan la veracidad suficiente y a partir de ahí es muy difícil que cambiemos de opinión… Al menos eso es lo que me parece a mí… A veces parece que estamos deseando (y temiendo) que pase algo que nos de la razón y a veces, también, por mucho que nos digan que no es así, nos cuesta mucho aceptarlo…

    La verdad es que no sé si me explico, pero en cualquier caso, me encanta el tema, como siempre muy interesante al igual que los programas de radio.

    Saludos.

  3. el rayo verde dijo:

    me llama la atención esa ref. que haces sobre Angela Carter, me pasaré a leer algo de ella.
    Lo de poner etiquetas a las personas es fanatismo puro.
    En TV pienso que es un medio muy afín a este tipo de procedimientos. Tanto en series como en programas del corazón, por ejemplo, tenemos casos de personajes o personalidades planas que ya damos por hecho su proceder tanto en el programa de ficción como en la vida real. Están encasillados, independientemente de su hacer y es muy difícil que esos personaje s evolucionen. Objetivamente, estamos llenos de pseudoinformaciones y prejuicios

  4. Estela dijo:

    Etiquetar… Especialidad de los seres humanos.
    Como dice, el rayo verde, la TV está llena de personajes tan tipificados…

    Y tiene usted razón, Luis, en que todo parece estar destinado a verificar nuestra posición. Tal vez sea porque el punto de vista (y la mirada predispuesta a algo) es un buen porcentaje de lo que percibimos…

    Es una lástima que nos empeñemos en catalogarnos como si fuéramos plantas…pero qué vamos a hacerle?

    Unsaludo

  5. Manuel dijo:

    Me imagino que siempre te catalogan, desde que te ponen un apodo en la escuela y seas quien seas de grande siempre te acuerdas de ese otro yo que lleva tu apodo y generalmente no eres tu mismo.

  6. Herve Joncour dijo:

    No sólo es la manía de poner etiquetas a la gente, sino la que algunos tienen de etiquetarse. La gente busca poner nombre a lo que hace, a lo que le pasa, a los males (a veces ficticios) que sufre…

    Al final, somos un tablón de anuncios con un montón de etiquetas pegadas, que hacen que los demas y nosotros mismos no sepamos realmente lo que somos (si es que somos algo mas que ese monton de etiquetas).

  7. Sandman dijo:

    Nunca me han molestado mis propias etiquetas. Intento que sean lo suficientemente ambiguas. Supongo que casi lo abarcan todo.
    Pero no me gustan las de los demás. Creen que soy solo un hombre-mujer-lobo. Y hay más. Mucho más.

  8. Dani dijo:

    “Si me etiquetas, me niegas”. Frase de Soren Kierkegard.

    Gran blog, Luis.

  9. Merce dijo:

    Hola
    Espeluznante historia y un maravilloso ejemplo de los efectos del etiquetado. Desde bien pequeños se nos enseña la categorización y nos pasamos la vida haciéndolo, tanto con nosotros mismos como con todo lo que nos rodea.

    Estoy de acuerdo en que cuando etiquetamos empezamos a caer en el “sesgo del observador”. Vemos lo que nos verifica nuestra idea, lo que nos esperamos encontrar, y eludimos el resto, por muy llamativo que sea.

    En este momento dudo que supiéramos manejarnos sin etiquetas, tal vez hacerlas más flexibles, movibles, ajustables, evitaría estigmas como el de Jean

    Me encanta esta entrada Luís
    Gracias

  10. Koldo dijo:

    Creo que es porque “cosificamos” a las personas… y así somos -o nos creemos- más capaces de “justificar” nuestros juicios de valor sobre la gente (por esa distancia que se crea siempre cuando el otro ya pasa a ser cosa…). Incluso, muchas veces, creo no se trata sino de meros recursos nemotécnicos para poder abarcar y aprehender a cuanto mayor colectivo humano, mejor.

    Aquí el matiz sería si esos prejuicios fueran sólo propios o íntimos (al fin y al cabo, mero “método de trabajo”: formulamos hipótesis a priori sobre alguien que desconocemos… que -luego- a lo largo del tiempo y según nuevas “pruebas”, vamos constatando o refutando…) o si se expusieran públicamente, con pretensión de que el prejuicio fuera más colectivo y, por tanto, más justificado e “inocente” (o, al menos, menos culpable…).

    Los propios o íntimos, me parecen prejuicios inevitables e, incluso, necesarios: nuestra estructura mental, nuestros mecanismos y “caminos” psicológicos así funcionan… mal que nos pese.

    Los otros, siempre, son con ánimo de hacer daño. Muchas veces, por miedo o por desconocimiento, para defenderse. Las más, sólo por chanzas (por ejemplo, los famosos motes, inevitables históricamente…), o crueldades de tipo más “light”; pero siempre dolorosas para el sujeto. En cualquier caso, denotan la psicopatía del colectivo: no sólo les importa un carajo si la víctima lo pasara mal… es que incluso parece que se trataría de disfrutar a su costa. La crueldad puede hacer llevar al suicidio al puteado, que ve cómo su vida social se hace insufrible.

    El origen de todo: nuestra estructura mental que deriva con el peligro de ver al otro como simple objeto… éticamente, por tanto, fuera de toda culpa o responsabilidad…

    …Y todo absolutamente evitable: esforzarse siempre por comprender (que no implicaría, por supuesto, justificar); tener ganas -necesidad- de aprender del otro (siempre se aprende algo, incluso muy valioso); respetar; en suma, tener educación (concepto ya ajado, por desgracia) ética y ciudadana… Y, nunca, tomarse la justicia por tu propia mano y dar siempre el beneficio de la duda y el derecho ajeno a defenderse y explicarse.

  11. nadha dijo:

    Muy interesante.
    Lo del padre lo puedo entender, pero lo del vecino no mucho… Vamos, que no lo explicas muy bien. ¿Por qué? Vale, ya sé que lo profundo es es aire y que lo importante era la moraleja ;)

  12. El arranllador de marmitas dijo:

    Esto que voy a decir no alcanza la seriedad del post que estamos leyendo, peo si que esclarece suficientemente la razón por la que me hago llamar arranllador.

    Hace ya muchos años, era una tarde de verano, los chicos terminamos de jugar un partido de fútbol. Victoria, copa y premio(dos cajas de botellines) Antes de que empezáramos a disfrutar del fruto de nuestro esfuerzo se me ocurrió que para ello podríamos estar acompañados de las chicas. ¿Donde están? no lo sé, ¿quien va a buscarlas? iré yo.
    Afortunadamente el pueblo no tenia más de cien casas y menos de una docena de sitios donde buscar. ¡Eureka! el pajar de Beni, chicas… que escándalo ¿queréis callaros? Beni anda por aquí cerca. Sube, sube, dijeron todas al unísono, no paraban de reír y no pudieron escuchar mi advertencia a tiempo ¡Salid de ahí chicos! dijo el dueño del pajar, y tras la salida de doce niñas aparecí yo. Creo que el dueño de el pajar no supo en ese momento si regañarnos o felicitarme por lo que su imaginación quiso ver, el caso es que desde ese mismo día yo ya no era yo, si no, el arranllador.

  13. María dijo:

    Pero alcanza toda tu ternura arranllador. Y eso es muy profundo.

    A mí hace poco me pasó una cosa que me encantó. Me subí a un bus cargado de gentes desconocidas. La que organizaba la excursión, una señora encantadora (de esas excursiones que se hacen con la excusa de vender productos pero en las que nadie va a comprar nada) sabía que yo sólo quería tomar contacto con el Camino Francés… y a la hora y media de viaje… ya todo el mundo me llamaba la peregrina. No tenía nombre. Sólo la peregrina. Y eso me compensó de otros muchos nombres y etiquetas que me han colgado merecidas y no.

    Un saludo :)

  14. Concha Mercader Larios dijo:

    Cuento una breve historia: una mujer vino a mí consulta diciendo que era obsesivo-compulsiva, le pregunté que como lo tenía tan claro y me dijo que se lo había dicho su anterior psicóloga, me pidió que le diera mí diagnóstico, pero le dije que yo no emitía ese tipo de juicios, que trabajaríamos sus conflictos, sus temores, etc.
    Despúes de varias sesiones y de que sus ritos se habían atenuado bastante, le preocupaba ciertas “manías” que se resistían, le dije que si un artista o los genios tienen manías son considerados como alguien peculiar, no se ven como algo patológico, incluso les gusta tenerlas.
    En una de las últimas sesiones me comentó que a raíz de esa matización que le hice, dejó de sentirse una enferma, que además había estado muy preocupada y que incluso llegó a pensar que podía volverse loca porqué su anterior terapeuta, a la que visitó, le comentó que ahora trabajaba con otro modelo y que su diagnóstico era diferente “personalidad esquizofrenógena” y eso le hizo pensar que podía perder el control.
    Si pernicioso pueden ser las etiquetas sociales, las eruditas pueden destruir a una persona.

    Un saludo

  15. UB dijo:

    Lobo no, perro un poco perro sí que era el niño.

  16. Lem dijo:

    Entiendo a Jean. Pasar de la etiqueta de tonto del pueblo, con todos sus añadidos de bromas pesadas, burlas, desprecio y, como mucho, pena, a nada más ni menos que hombre-lobo. Uauh. Me bebería hasta la sangre de mi abuela por mantener esa etiqueta.
    Ante mi, ante los demás, pero sobre todo ante mi.

  17. Le feint Amelie dijo:

    Las etiquetas lo dicen todo de tí: eres de marca, del “todo a cien” o “de los chinos” -aquí tambien hay calidades- En cualquier caso, está de moda ir desnudo, es lo más “in”,
    desnudo pero operado, eso sí.
    Tengo un cuñado que dice ser “ortoréxico” osea, que aborrece comer comida basura-por cierto, no busqueis el término en el diccionario, no aparece- Pero a la que te descuidas le pega a las golosinas cosa fina. En fin, etiquetas para todos los gustos.
    Besos dulces.

  18. Tana dijo:

    H@la,
    Vale, vale. Parece que nos pasamos el día etiquetando. Como se enteren en las fábricas del ramo nos van a contratar pensando que somos igual de rápid@s con las manos que con las cabezas.
    Pero parece que las etiquetas, los diagnósticos, etc. los ponen la gente que tiene suficiente poder para ello.
    Y l@s demás utilizamos esos términos. Muchas veces seguro que mal.
    Y de ahí puede venir la desgracia del débil.
    Cuando no pueda defenderse de aquellas incovenientes y perjudiciales, puestas por decisión propia o ajena.

  19. TEJEDORA DE NUBES dijo:

    ¿No os ha pasado alguna vez? compras alguna cosa que esta etiquetada a todo detalle, lo cual te hace pensar que sera una delicia…que chasco …y otras veces cosas de apariencia corriente…te dejan sin palabras.

    Con las personas sucede algo parecido, muchas veces nos quedamos en lo que vemos o en lo que nos han contado que es…no nos molestamos en saborear

  20. Eloísa dijo:

    Hablando de pelis, la que yo nunca recomendaría es”El pacto de los lobos”, para echarse a llorar.

  21. lucas dijo:

    que tonta pajina laaaaaaaaaaaaaaaaa

    odiooooooooooooooooo

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