SIN SENTIR
Martes, 4 de Marzo de 2008El éxito de ciertas series de televisión tiene que ver con la conexión que consiguen con preocupaciones latentes en la sociedad. ¿Es casualidad el hecho de que algunas de las series de culto se basen en la peculiar personalidad de los médicos y policías que las protagonizan?
El aislamiento social de Gil Grisson, el investigador protagonista de CSI Las Vegas, capaz de pasar días enteros concentrado en bichos que comen muertos.
El individualismo salvaje del Doctor House, al que le interesan más las enfermedades que los pacientes.
La psicopatía del forense Dexter Morgan, que mata y carece de emociones pero que precisamente por eso puede encontrar a los asesinos.
Son solo algunos de los ejemplos…
¿Hay algo de raro en las personas que trabajamos con el dolor?
¿Es necesariamente peculiar la mente de una persona que convive continuamente con el sufrimiento en su vida laboral?

Por el éxito de este tipo de personajes, parece que el público en general tiende a hacerse estas preguntas.
El psiquiatra Simon Wessely, en un artículo publicado en el New England Journal of Medicine, trata de dar algunas respuestas.
Su investigación parte de un dato inquietante: prácticamente todos los involucrados en los últimos atentados terroristas producidos en el Reino Unido eran médicos. De hecho, una reunión que un jefe de Al Qaeda mantuvo meses antes para advertir de los atentados, acabó con una advertencia: “Aquellos que te curan te matarán“.
Para el doctor Wessely, hay tres motivos que pueden llevar a determinados médicos a formar parte de estos grupos terroristas. El primero tiene que ver con el poder: “Los doctores son con frecuencia inteligentes, dedicados, laboriosos, ambiciosos y con alto estatus, por lo que no debería sorprender que ellos, junto con banqueros, abogados, ingenieros y profesores, alcancen posiciones de líderes en muchas organizaciones terroristas“, señala.
El segundo factor es el idealismo. El altruismo que lleva a los médicos a trabajar en campos de refugiados, guerras y áreas de desastres naturales, podría conducirles a luchar contra las injusticias. Claro que para ello hay que cruzar una línea ya que, como comenta este doctor, en el caso de un asesino terrorista “el deseo de cambiar el mundo para mejorarlo se hace eliminando cualquier consideración sobre las consecuencias que esas acciones van a tener sobre otras personas“. Y esto podría relacionarse con el tercer factor.
El control de los sentimientos que llevan a cabo diariamente los galenos al tratar con el sufrimiento, ése que, por ejemplo caracteriza al Dr. House, puede hacer que estos profesionales participen en el terror y en asesinatos que requieren un distanciamiento emocional. Según este psiquiatra, ese autocontrol sentimental no es ni bueno ni malo. Puede resultar muy útil para la sociedad si se encauza bien. Y solo es dañino cuando encuentra un caldo de cultivo que lo lleva al crimen. Por eso, según Wesley, el hecho de que determinados médicos se hayan convertido en asesinos no es un fracaso de la medicina: es un fracaso de la sociedad.

De alguna manera, lo que éste estudio plantea es ¿no es mejor para la sociedad que aquellas personas que sienten menos emociones que los demás se acerquen al sufrimiento como cuidadores de las víctimas en vez de hacerlo como propiciadores del dolor?
Quizás ésa es la pregunta que se hacen, también, estas series.