CALOR
Uno de los más bellos relatos que conozco se titula “La casa de las bellas durmientes” y fue escrito por el japonés Yasunari Kawabata.
En él se nos habla de una casa secreta, suerte de monasterio sexual o claustro de la fantasía, donde ancianos clientes van a pasar la noche con jóvenes narcotizadas. Estos hombres en decadencia no acuden a la casa en busca de sexo, sino para caldearse con la cercanía de esos bellos cuerpos desvanecidos… El sueño profundo y artificial en el que están sumidas sus compañeros de lecho, garantiza la discreción y pone a salvo a los clientes del ridículo que sentirían, tal vez, al sentirse observados por ellas en sus infructuosos escarceos. Ellos juegan un rato con esos apacibles contornos femeninos y luego se duermen, apoyados por somníferos que forman parte, también, de los servicios de la casa…
Un viejo proverbio dice que una persona te ama no cuando quiere acostarse contigo, sino cuando quiere dormir contigo.
Como dice Eguchi, el protagonista de “La casa de las bellas durmientes“, en determinados momentos todo el amor se puede trasmitir con calor y contacto físico. No es necesario nada mas…

El experimento más famoso acerca de la necesidad que tenemos de calor y contacto físico lo realizó Harry Harlow en la Universidad de Wisconsin, en los años cincuenta.
Él sabia que mucha gente opina que el apego que sienten los bebes por su madre se suele explicar por el hecho de que esta satisface su necesidad de alimento. Pero Harlow opinaba que la razón principal era otra. Así que ideo un ingenioso experimento confeccionando dos madres sustitutivas para bebes monos. Una de ellas, “la madre de trapo”, resultaba suave al tacto e irradiaba calor. La otra madre era similar en todo (por ejemplo, ambas tenían mamas), pero estaba hecha de malla de alambre y no producía el gusto por el contacto.
En sus investigaciones, Harlow descubrió que la inmensa mayoría de los monos preferían a la mama de trapo. Como promedio, pasaban dieciocho horas al día abrazándose a ella.
Pero la verdadera sorpresa consistía en que los resultados fueron casi iguales para el grupo que solo podía conseguir leche de la madre de alambre: también ellos pasaban la mayor parte del día pegados a la madre de trapo.
Los bebes monos no aman por estar hambrientos sino que, mas bien, están hambrientos de amor.

Se cuenta en la Biblia la historia del anciano rey desfalleciente a quien, para devolverlo a la vida, hacían dormir con una muchacha núbil… Y se cuenta así: “Era ya viejo el rey David, entrado en años, y por mas que le cubrían de ropas no podía entrar en calor. Dijéronle entonces sus servidores: “que busquen para mi señor , el rey, una joven virgen que le cuide y le sirva; durmiendo en su seno, el rey, mi señor, entrara en calor”. Buscaron por toda la tierra de Isrel una joven hermosa, y hallaron a Abisaq, sunamita, y la trajeron el rey. Era esta joven muy hermosa, y cuidaba al rey y le servía, pero el rey no la conoció“.
Lo dicho: que a partir de determinada edad volvemos a ser como niños y buscamos, sobre todo, el calor y el contacto físico.
O quizás nunca dejamos de ser niños y buscar eso. Pero disimulamos.
26 de Marzo, 2008 - 10:06 pm
Los cuadros son de Pierre Bonnard, un pintor francés amigo de lo cotidiano. Pintaba a menudo mujeres en actitudes (dormir, asearse, peinarse,…) a las que solo él y unos pocos más sabían encontrar el erotismo. Dicen que todo esto lo aprendió del arte japonés.
Si os apetece leer algo sobre este tema, creo que “Vínculos afectivos”, el clásico libro de J. Bowly, sigue siendo una fuente de ideas.
26 de Marzo, 2008 - 11:57 pm
¡Hombre, Luis! Yo creo que, aunque es verdad lo que dices, exageras un poco (dicho sea con todo cariño) porque no podemos estar todo el tiempo sólo en plan “all you need is love”, ¿no te parece?
Un abrazo.
27 de Marzo, 2008 - 12:10 am
Bueno, don Luis, veo que vuelve usted a la carga, con su ritmo frenético anterior de “producción”… (es broma: me sigue alucinando la facilidad -o eso pareciera- que tiene de proponernos nuevos temas y de su claridad de expresión e intención en asuntos psicológicos…). Reitero mi sincero agradecimiento (¡es que soy muy pelota…!).
Para no aburrir, sólo quiero dar fe -por experiencia propia- de que un contacto físico sincero, amoroso y generoso, como es un “simple” abrazo… intenso, sentido, con buena “intención” (reconozco que la expresión pudiera resultar una auténtica tontería…), a veces resulta tan o más “alimenticio” emotiva y sentimentalmente que los besos o las caricias… o disfrutar del sexo.
A veces -también-, me ha ocurrido algo semejante, con una “simple” conversación… donde nos estábamos dando cuenta (como si una forma auténticamente “telepática” fuera real y en paralelo) de que trascendíamos a las palabras y contactábamos “directamente” en sensaciones y sentimientos, como sincronizados, anticipándose al otro… no sé si consigo explicarlo… Una evidencia de estar “unidos” muy especial… que si se añade a que fuera “novedoso” entre los dos, a que nos sorprendiera y agradara… ¡pa qué más!: las cosquillitas y la íntima satisfacción que produce es de órdago… Y si, luego, da lugar a “algo más” -o no-, no importaría: “ese” momento -de por sí- ya se recuerda siempre… y, además, ¡vale un Potosí…!
En reflexiones inducidas por el artículo de Muiño, se entiende más y mejor aquel refrán de: “No existe mayor desprecio que el no hacer aprecio”… Efectivamente necesitamos y buscamos el aprecio, el cariño, el contacto físico de los otros: querer y que nos quieran. (Curioso: creo que la actividad tan intensa que desarrollan los niños, pegándose y enganchándose continuamente, jugando, no es sino eso mismo… contacto físico… Tan importante -más, estoy de acuerdo con el artículo- como el alimento nutricional.
27 de Marzo, 2008 - 3:30 am
Como dice mi buen amigo Eulogio, tiran más dos tetas que dos carretas.
Los niños son la pureza emocional, son el alma, el núcleo de nuestro ser. Si alguien te puede hacer reír, llorar, odiar o amar con total facilidad, en tan solo unos minutos, ese es un niño.
Disimular, disimulamos, irremediablemente …tanta moral…
y tan rancia…
y tan ciega…
All the promises we made from the cradle to the grave,
when all I want is you (U2 of corse…)
elarranllador@hotmail.com
27 de Marzo, 2008 - 4:37 am
Lo que me he reído con perdón al leer a Koldo. No por nada. Si no por lo de nuevos temas… Por lo demás, por este siempre he tenido devoción y es cierto. Lo cual es un problema en la sociedad individualista actual. Más viejo te vuelves menos te quieren. Porque sí, aunque no se pueda estar todo el día tocando como los Beatles, es mejor estar todo el día con el amor presente que cerrado a él. El amor ilumina mucho. Y no hablo del amor con otro en particular o solamente.
¡Oh! las imágenes. Me ha encantado la última.
27 de Marzo, 2008 - 4:39 am
‘’Los niños son la pureza emocional, son el alma, el núcleo de nuestro ser. Si alguien te puede hacer reír, llorar, odiar o amar con total facilidad, en tan solo unos minutos, ese es un niño.'’
Ostras, que bonito eso que se ha dicho .~)
27 de Marzo, 2008 - 12:38 pm
Esa es la nececidad general, estar con alguien, arroparse en alguien, no sentirse sólo, sin embargo dentro de este gran bloque que foma la humanidad hay gente mucho menos apegada que está agusto en su propia parcela y disfruta de sí mismo. En mi opinión, al final todos ahelamos la compañía, aunque existan grados de dependencia y el sexo es como los sueños, se va haciendo cada vez menos habitual.
Saludos
27 de Marzo, 2008 - 4:15 pm
Estimado Luis Muiño:
Este legendario experimento me recordó aquél suceso tan divulgado por la prensa acerca de cierto par de gemelas (prematuras, si mal no recuerdo) nacidas en los Estados Unidos, una de las cuales empezó a desmejorar a diferencia de la otra, que era la mayor y por ende la más “sana”, al colocarlas en diferentes incubadoras.
Resulta que, mientras la mayor parecía ir cada vez mejor, la otra desfallecía día a día, y temiendo lo peor, la jefa de enfermeras de pediatría propuso pasarla a la incubadora con su hermana. Parece que algo había leído acerca de la buena influencia del contacto físico en los infantes. Aparte, era por cuestión sentimental. Habiéndlo acordado con los padres y asumiendo la responsabilidad, pasaron a la hermanita menor a la incubadora de la mayor. Y de ahí se obtuvo una fotografía que le dio la vuelta al mundo: la mayor pasó su brazo sobre el cuerpecito de su hermanita, y a partir de eso, los signos vitales de la menor se fueron “para arriba”, estabilizándose en pocas horas!
La historia tuvo un final feliz. Aparte de salvarse la niña por la que ya no se daban muchas esperanzas, se instituyó en los hospitales norteamericanos un protocolo para casos similares, permitiendo el contacto físico temprano en situaciones que lo ameritasen.
Sin dudarlo, el contacto físico es tan importante como el alimento. Como diría Evgeni Evtuchenko: “…existe una tercera memoria… la del cuerpo”. Y nunca olvidamos lo que percibimos a través del mismo.
Un afectuoso y caluroso saludo, de parte del
Corporal Caballo con Cuerno
(www.proyecto-unicornio.blogspot.com)
28 de Marzo, 2008 - 12:47 am
A mi hermano le acechó un cáncer que se lo llevó con relativa celeridad. Era persona sobria, y poco dada a afectividades, pero en sus momentos finales, entre morfina y morfina lo que más añoraba era las caricias de su mujer…y las cosquillas que yo le hacía en el vientre.
Siempre, de pequeños, jugábamos en la cama a ver quién aguntaba esas cosquillas sin hacer mueca alguna, sin reír. El que no le veía sentido mirar adelante lo único que deseaba es acercarse en sus sueños a esos momentos primigenios. Las cosquillas fue el puente, y a veces también, el único remedio.
28 de Marzo, 2008 - 3:05 am
Mi niño del alma tiene cinco años, duerme con su muñeco de trapo, desgastado, ajado y descolorido; lo busca en sueños y lo abraza, se siente protegido. Cuando su padre no está con nosotros, busca otro muñeco de trapo, y me lo da a mí porque sabe de ésto, y quiere que yo también me sienta segura. Nuestros abrazos cálidos nos calman, y sabemos que nos queremos, así, sin palabras.
28 de Marzo, 2008 - 6:33 am
yo comparto la opinión de Amelie, de hecho, a mi princesa le ocurre lo mismo.
28 de Marzo, 2008 - 1:13 pm
[…] […]
28 de Marzo, 2008 - 1:31 pm
Sí, pero ¿qué pasa cuando el ser amado, por muy amado que sea, ronca? ¿Ein?
No sé donde he escuchado que la razón por la cual los hombres maduros las prefieren jóvenes responde a que el varón en su madurez deja de interesarse por el sexo y prefiere el cariño, porque se siente más sensible. O tal vez, pienso yo, porque supera la presión social que desde niño lo empuja a ser un gallito.No sé. Y este cariño también lo buscan las mujeres jóvenes, en vez del sexo.
Claro que cuando ellas crecen empiezan a preferir el sexo, ( o tal vez superen la presión social que las empuja a ser fieles) lo que las aproxima a los hombres jóvenes ¡qué lío! Espero que se entienda más o menos.
28 de Marzo, 2008 - 6:06 pm
Me gusta el texto, muy tierno.
Respecto a la necesidad que tenemos de calor y contacto físico, comentar la importancia de la sensibilidad respecto a la temperatura de la otra persona. ¿Cómo explicarlo? A ver, cuando toco a alguien y le siento calentito, mullido, suave, tan mimable, entonces le abrazo desde el fondo del alma…
son momentos únicos.
28 de Marzo, 2008 - 7:37 pm
No soy un experto en literatura japonesa, aunque he leido algún relato corto de Kawabata y me gusta bastante Murakami.
Creo que ‘País de Nieve’ de este autor (Kawabata) es una de sus cumbres, según he leido en muchos sitios. Lo tengo pendiente. Por cierto, buenísima cita: “Un viejo proverbio dice que una persona te ama no cuando quiere acostarse contigo, sino cuando quiere dormir contigo”. ¿¿¿Será ese el amor puro???
Un saludo cordial,
28 de Marzo, 2008 - 7:57 pm
“La Dama Escéptica”, dueña de varios perros, me va a entender enseguida: ¿verdad que, cuando se te arrima y acurruca uno, se te “pega” y “refriega” a tope, con fuerza? y, además, ¿cómo consigue mantener esa “presión” de continuo, aun dormido…?
¿No os pasa exactamente igual con los “enanos”…? También te piden, cada cierto tiempo (como para “cargar pilas”) que les cojas en brazos, que los abraces, en suma…
El recordatorio de “Unicornio” es absolutamente paradigmático… Al igual que lo que nos cuenta “Le feint Amelie”…
…En cualquier caso, está claro que “funciona”: sentimos que lo necesitamos; nos sentimos mejor así; tenemos “mono”, nos sentimos mal cuando no lo tenemos. Los psicólogos y fisiólogos sabrán… como siempre.
Por cierto, “Nadha”, no estoy de acuerdo contigo (”Más viejo te vuelves menos te quieren. Porque sí…”): me pasaba con mis “abuelitos” (aunque pudiera sonar “ridícalo”, nosotros siempre les llamábamos abuelitos: ni “abuelos” ni “yayos” ni nada por el estilo…): de algún modo, el cariño que les teníamos -incluso- se extrapolaba al resto de la “ancianidad” en general. Supongo que era porque ya no tenían tanta prisa (lo que les otorgaba mayor capacidad y voluntad de escuchar, de tener paciencia…) como cuando eran más jóvenes; quizá porque querían darnos más y mejor cariño que el que pudieron otorgar a sus hijos -nuestros padres- y “disfrutar” más de nosotros que lo -poco- que pudieron hacerlo con sus hijos…
…Es más: ¿no te parece que la repulsión que pudiera provocar -por ejemplo- un dictador como Franco, durante o en los más inmediatos años después de la Guerra Civil… se “descafeinó” bastante a medida que iba desapareciendo el uniforme militar, que se nos aparecía como una especie de “abuelo” de España…? (y pido -anticipadamente- respetuoso perdón… por si acaso hiero sensibilidades…)
En fin, “Nadha”, que me pareció una buena excusa para “rozarme” contigo… aunque fuera a la contra… (ya sabes que con todo mi cariño)
28 de Marzo, 2008 - 8:55 pm
Toda la razón del mundo Koldo. Es curioso como mantienen la presión. De hecho acabo empujándo a uno, que prácticamente me ahoga si me descuido.
El contacto humano, el calor, lo “mullidito”, las conversaciones… el mirar al mismo sitio sin ver nada concreto, con silencios que no necesitan palabras, mientras una mano sujeta suavemente la otra.
Eso es parte de lo que nos mantiene vivos. Y ¡ay! de aquel que no lo pueda tener despues de haberlo saboreado. Y qué pena del que no lo haya vivido.
Bueno, que me paso de blandita. Pero el tema me emociona… ¡Qué le voy a hacer…!
28 de Marzo, 2008 - 11:24 pm
“Un viejo proverbio dice que una persona te ama no cuando quiere acostarse contigo, sino cuando quiere dormir contigo”. que gran verdad… y cuando falta esa persona en la cama que mal se lleva… yo tiro de algun muñeco de vez en cuando porque desde pequeña me ha pasado que necesito agarrarme a algo blandito… con lo de los monos me he sentido un tanto identificada, a mi siempre me han encantado los peluches y cuando era pequeña aquellos que no eran suaves los dejaba por ahi tirados y ahora son los mas nuevos.Como siempre tus escritos, fantasticos
29 de Marzo, 2008 - 12:30 pm
H@la,
Pues sí parece que sentir otro calor físico al nuestro lo necesitamos para vivir placenteramente.
Si viene de algún ser que además le gusta acercarse para que lo disfrutemos, la cosa empieza a ser mucho mejor.
El viejo proverbio lo asumo totalmente pero también me recuerda aquellos momentos en que, además de dormir, acostarse con ese “alguien” puede lograr aquello mucho más íntimo y gozoso y, sin duda, consiguiendo mucha más alta temperatura corporal.
Es lo que tiene el contacto físico, que hasta de la frotación de las piedras se puede conseguir fuego.
Irá en personalidades de acuerdo, y haber hay de todo, pero para mí la necesidad de sentirse acompañad@ es vital, a pesar de los errores que se puedan cometer eligiendo o aceptando ciertas compañías.
Si podemos evitar ser objetos de experimentación y tenemos otras necesidades básicas cubiertas desde luego las de alambre frías y desagradables más vale evitarlas.
Se puede encontrar otra solución, como una mantita eléctrica ……..
29 de Marzo, 2008 - 1:19 pm
“Hambrientos de amor” de amor fraternal… en una sociedad hipocrita que nos arrastra a la mentira, a lo superficial, en la que no encontramos nada, que nos llene plenamente; que nos pone barreras para ser…eso que queramos ser…
Siempre recuerdo, el momento de separar a mi hija de mi pecho para que se acostumbrara al biberon…yo tenia que regresar a mi trabajo, terrible para las dos…
“Ay amor, que despierta las piedras,
ay amor, quien no te siente alrededor
ay amor, que nos abre las puertas
ay amor, tan necesario como el sol…
Es un trozo de una cancion de Victor Manuel.
Ay¡ si el amor se pudiera recetar en frasquitos…
30 de Marzo, 2008 - 6:07 pm
Lo confieso, Sr. Muiño: mi curiosidad siempre me puede… por sólo 0,3 € he podido acceder a su artículo de La Vanguardia… y, ya que estábamos “en racha”, he aprovechado para adquirir también el del mes anterior, sobre el Miedo…
Pues, como casi siempre, he estado básicamente de acuerdo en casi todo.
Hay una frase (hablaba de Bertrand Russell, de sus celos y sus complicadas relaciones…) que me ha hecho pensar… Y, la verdad, parecería una tontería por lo manido del concepto y lo repetido y “aceptado” por todos.
Esa ésta: “El amor no se ruega: se conquista”
Rogar, lo que se dice rogar… parece que está claro que de ningún modo, por supuesto (se entiende “rogar que alguien te quiera”, supongo)… aunque aquí todos sabemos hasta qué punto podríamos rellenar muchas líneas en casos leídos o vividos (por uno mismo o por otros). Pero “liberar” tu amor, todo ese “torrente”, “a chorro”, “contra” alguien, así, de sopetón, sin algún tipo de “pre-aviso”, de “señal de reconocimiento”… Para hacernos tan vulnerables, para mostrarnos tan “desnudos” parecería necesario como un previo “permiso”, como de cierto “perdón” (fundamentalmente, por si no fuera mutuo, recíproco…); parecería -si así no se hiciera- algo ciertamente “agresivo” o, al menos, una demostración de “mala educación”… ¡qué sé yo…! Creo que, por suerte o por desgracia, también en “esto” existen ciertos “protocolos”…
En cuanto a que se “conquiste”… ¡Ahí estaría la cuestión! Aquí hay algo visceral que se me revuelve… Todo lo que se pueda conquistar, debe ser “conquistable” previamente… Es decir, que “antes” no lo estaba… y “después” lo estará… En ese caso: ¿a qué quejarse si luego sobrevinieran los celos? Evidentemente, si la cosa va de conquista… luego pasará lo que -inevitablemente- tiene que pasar: celos (la “colina” sigue siendo conquistable y puede querer ser conquistada… por otro, claro está…).
En relaciones abiertas, sinceras, no-patrimoniales, no-institucionales, de mutuo disfrute… que no se tengan que conquistar; que se encuentren, que se desarrollen, que fluyan libremente… ¿existirían celos? De existir, lo único que habría -de darse- es la sensación de pérdida -si se perdiera-; pero -en ningún caso- por el lado posesivo o de pertenencia, sino auténticamente sentimental… ¿Utópico? ¿Irreal?
Por cierto, el “sujeto” del artículo siempre era Rusell… ¿Y Ottoline Morrell, su amante? Casada y “amiga” de grandes personajes de su tiempo… ¿Tendría ella celos de alguno? ¿O es que eso de los celos sólo sea cosa de los hombres? Lo digo por aquello de la pertenencia: la mujer “es” un “objeto” de deseo… luego es factible sentirse celos de ella… Como lo contrario no nos cuadra en contextos -por desgracia, “en vena”- machistas, los celos que pudiera tener -o no- Ottoline no parecería digno de mucha atención… Pero, me da la impresión -equivocado o no- de que obviamos -damos por supuesto- que Ottoline no tendría celos de ninguno de los muchos con los que mantenía fructíferas y productivas relaciones… ¿Se da, por tanto, por supuesto, la superioridad de Ottoline y, por ende, de las mujeres? ¿Por qué en su artículo, don Luis, pone a Rusell como ejemplo, como “héroe” que consigue -como en el judo- aprovechar esa fuerza de forma positiva… y, sin embargo, se olvida de Ottoline…? (A mi juicio, después de leerle, la verdadera “heroína”, puesto que “Era una mujer con una fuerza extraordinaria y se convirtió en el alma del renacer cultural inglés de la época”… y ¿sin celos? o, al menos, ¿mejor controlados?)
30 de Marzo, 2008 - 9:03 pm
Quizá es que el calor de la piel sea lo que más se asemeja a la ternura…
El hambre y la sed de amor, siempre es más grande que la del alimento, aunque sin este morimos, y al amor nos sobreponemos.
Un beso.
30 de Marzo, 2008 - 11:23 pm
interesante, quizás como la belleza, las mamás de trapo son la promesa de la felicidad.
una delicia leer estas “historias”.
Saludos cordiales.
31 de Marzo, 2008 - 3:47 pm
El calor humano , una explicacion naturalista del fenomeno nos acerca a la segregacion de ciertos neurotrasmisores quimicos por ese contacto , nos volvemos adictos al calor ….
muy bueno el post
4 de Abril, 2008 - 1:06 am
Sin dubida: el amor se siente mas al levantarse que al acostarse. Pero, ya lo dijo el clasico” En el amor, la victoria no es suficiente, se debe tomar la plaza”
9 de Abril, 2008 - 6:49 pm
Qué bonito lo de “Los bebes monos no aman por estar hambrientos sino que, mas bien, están hambrientos de amor”, me siento tan identificada…
Durante muchos años he sido una persona bastante despegada (a nivel de contacto físico) de la gente; quizás porque en mi familia a partir de la adolescencia se acabaron los abrazos y los besos, y supongo que es a lo que te acostumbras. Me ha costado mucho dejar que la gente me haga una caricia, o me abrace, o me haga una carantoña…pero una vez que lo conseguí sin sentirme vulnerable, puedo asegurar que lo recomiendo a todo el mundo. Recuerdo abrazos de personas que me han llenado más que una noche de pasión desenfrenada. Y comparto completamente el proverbio citado.
Por otra parte, no sólo los niños demandan esas muestras de cariño, basta con observar a un perro….ahora mismo el mio se ha tumbado encima del teclado de mi portátil para que deje de escribir y le haga carantoñas…
Por cierto, Luis, hola de nuevo. Enhorabuena a ti y a todos los que por aquí escribís historias tan interesantes.
16 de Mayo, 2008 - 11:52 pm
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