MANTRA NÚMERO DIECINUEVE: “QUIZÃ?S NO SOMOS TAN LISTOS”
El protagonista del post de hoy, un joven adolescente miembro de la cultura masai, está celoso. Sospecha que su esposa ha tenido relaciones sexuales con otro hombre. Y eso no le deja dormir.
La protagonista del post de hoy, una joven europea, también está celosa. Cree que su novio tiene una relación muy especial con otra muchacha. Siente que existe una gran complicidad entre ellos y que, probablemente, su chico se está enamorando de esa otra mujer…
Estas dos personas forman parte de uno de los estudios más ambiciosos que se han hecho para tratar de analizar cómo funcionan los celos en las diferentes culturas.Â
El resultado es, en parte, sorprendente. Según los autores de esta investigación, hay un patrón universal: los hombres sufren más celos sexuales y las mujeres celos emocionales. Es decir, para ellos lo más duro es que su pareja se acueste con otras personas. Para ellas, sin embargo, la idea insoportable es la de que su pareja se enamore de alguien.

¿Cómo se explica la universalidad de esta dicotomÃa?. Los psicólogos evolucionistas tienen un argumento para dar respuesta al misterio: los celos son un producto de la evolución que tiene como objetivo evitar la pérdida del potencial multiplicador de nuestros genes. Pero en una sociedad machista, los riesgos de la pérdida son distintos para hombres y mujeres.Â
Para ellas, el óvulo es más caro biológicamente: por eso es más importante que el espermatozoide. Y por eso una mujer tiene que estar segura de la inversión que hace. Si tiene un hijo con un hombre, tiene que estar segura de que él va a permanecer ahÃ. No puede permitirse que, después, se enamore y se comprometa con otra mujer.
Un hombre, sin embargo, puede arriesgar en esa inversión (fabrica muchÃsimas más espermatozoides). Pero, eso sÃ, tiene que asegurarse que dedica los esfuerzos de crianza a sus propios genes, es decir, tiene que asegurarse de que el hijo es suyo.

El resultado es, según los partidarios de esta teorÃa, que en todas las sociedades de estructura machista, el mecanismo de los celos funciona de forma diferente en hombres y en mujeres. Y por eso en tantas culturas los hombres temen más la infidelidad sexual y las mujeres la infidelidad emocional.Â
Si los psicólogos evolucionistas tienen razón, el mecanismo de los celos cambiará para ir adaptándose a las nuevas necesidades del medio.
Aprenderemos a controlar ese sentimiento e, incluso, es posible que alguna vez desaparezca.
Mientras tanto, es curioso pensar que hay tanto de ancestral en nuestro comportamiento.
21 de Marzo, 2008 - 2:47 pm
Hay quien ve mucho amor en los cuadros de Klimt. También hay quien ve personas arrastradas por algo que no pueden o no quieren controlar y que les llevará a la fatalidad. Creo que estos dos cuadros que he puesto reflejan esas dos formas de verlo…
Me interesan mucho las ideas que van surgiendo en salud mental para canalizar sentimientos y sensaciones que suelen entenderse como negativas convirtiéndolas en una fuerza creativa y sana. Mañana publico en el suplemento de La Vanguardia un artÃculo acerca de cómo hacer esto con los celos. Como siempre, si os apetece hacer crÃticas o comentarios sobre el artÃculo, este post es un buen lugar para contármelo.
21 de Marzo, 2008 - 4:01 pm
InteresantÃsimo, Luis, este post como los demás,
Es cierto que parece que cada vez más descubrimos los componentes biológicos de nuestro comportamiento. Estamos muy mediatizados por lo instintivo y ancestral, pero, efectivamente, esos repertorios de comportamiento estaban destinados a adaptarnos a un medio dterminado en una época en la que imperaba más la “amÃgdala” que el córtex.
Lo verdaderamente humano, donde realmente tenemos planteado un reto es en adecuar nuestros comportamientos al medio cambiante que dista muchÃsimo del ancestral y quizá nuestros comportamientos no están tan evolucionados, sin embargo, necesitamos cada vez más comportamientos inteligentes emocionalmente.
Saludos
Merce
21 de Marzo, 2008 - 7:14 pm
El ser humano cada vez le pone más pegas a lo de reproducirse.
21 de Marzo, 2008 - 10:04 pm
A mi me ha pasado algo que creo que le debe pasar a muchas personas. Lo he leido y me ha parecido una explicación demasiado biológica para mi gusto. He pensado que ademas seguro que no siempre es asà (lo de los celos distintos en hombres y mujeres). Despues, he empezado a pensar en mi experiencia y en la de relaciones que conozco de cerca. Efectivamente, funciona, en todos los casos que recuerdo era asÃ. Los hombres se mosqueaban por cuestiones sexuales, las mujeres por cuestiones sentimentales.
Me cachis en diez, Muiño, tienes razón. No somos tan listos ni tan únicos ni tan separados del resto de animales como creemos.
Voy a intentar pillar el artÃculo de La Vanguardia, que el tema me afecta personalmente.
22 de Marzo, 2008 - 2:50 am
Ese estudio coincide completamente con mi experiencia a lo largo de los años. Comunas, triángulos amorosos y de convivencia… da lo mismo. Algo que veÃa, pero a lo que no podÃa dar una explicación inteligente, y que achacaba a un complejo o perjuicio cultural enquistado en el cerebro. Pero das a entender y con razón que nos encontramos ante un hecho natural.
En este caso ¿qué hay de lógico en lo natural?
¿Todo?
Tal vez si. Con este estudio se demuestra que lo lógico, además de normal, es que la mujer tenga celos emocionales y los hombres sexuales. Entonces… los que carecemos de esta sensibilidad… ¿somos anormales? Porque, no lo dudes, hay personas que no la tienen, que son incapaces de sentirla.
Dices que, con el tiempo, según esos psicólogos, que creo que estás entre ellos, abandonaremos esta sensibilidad o complejo según como se mire. Pero al repasar la historia del hombre nos encontramos con ejemplos casi antediluvianos de que no hemos cambiado un ápice. Solo en algunos casos y algunas tribus, que no civilizaciones, los celos no existen.
Homero, tanto en la IlÃada como en la Odisea, deja claro que en aquella sociedad tan permisiva, mucho más que la nuestra, sentÃan las mismas sensaciones que nosotros. La Biblia también está llena de anécdotas sobre ello.
Y ahora recuerdo una cita de Epicuro:
“La naturaleza humana cambia; he aquà todo lo que sabemos de ella”
Igual es cierto y tiene razón, tanto él como los evolucionistas; y el problema es que cuatro mil años no son nada para la evolución de la naturaleza humana.
¿Cuántos años necesitaremos?
22 de Marzo, 2008 - 7:27 am
me ha gustado mucho el artÃculo, y también los comentarios, son muy diversos. personalmente tengo el convencimiento de que los celos son evitables, pero dificles de evitar. son debilidades: “Carencia de energÃa o vigor en las cualidades o resoluciones del ánimo”.
carencia. ¿de qué tenemos falta?
la debilidad es pecado moderno. ¿quién no excusa incapacidad sólo por debilidad? ” me gusta tanto que…no lo puedo evitar.” tenemos debilidad hacia todo. y digo “hacia todo” porque no quiero decir “por todo”. nosotros somos los que vamos, los que caemos. por lo tanto:es evitable. puedes ir o no ir, puedes caer o no caer.
en este punto una posible pregunta podrÃa ser, ¿cómo evitar la debilidad?. No se puede. creemos firmemente que no podemos. hay que “querer poder hacerlo” pero querer de verdad, de verdad, son muy pocas las que se quieren.
es el “quiero y no puedo”. sà podemos, lo que pasa es que no queremos.
22 de Marzo, 2008 - 3:01 pm
Hola LuÃs
Todo en la naturaleza tiene su sentido y algo tan primitivo como los celos, no podÃa dejar de tener una explicación biológica y antropológica.
Conforme van cambiando los roles sociales parece haber cierta inclinación a que la polaridad se vaya equilibrando dejando de estar limitados los celos sexuales a los hombres y los emocionales a las mujeres
Una buena forma, a mi parecer, serÃa enfocar la educación emocinal no a no sentr celos, sino a manejarse con ellos de forma sana y constructiva
Un saludo desde Alicante. Aunque es mi primer comentario ya hace tiempo que vengo leyendo tu blog.
22 de Marzo, 2008 - 7:39 pm
Lamento que -tampoco esta vez- pueda leer su artÃculo: La Vanguardia digital sólo permite la lectura a suscriptores o previo pago… y la impresa no llega al entorno donde resido. Es una auténtica lástima perderme de nuevo sus opiniones…
El tema de los celos es muy complejo.
Aunque aquà se restringe al de pareja, creo que los sentimientos son -casi- idénticos (quizá la diferencia fuera únicamente la intensidad…) en relaciones de amistad e, incluso, de simple compañerismo, donde siempre me ha parecido evidente la existencia de celos (en un sentido más amplio).
Por suerte, en la sociedad occidental actual (a la que pertenecemos) es posible evitar embarazos no deseados y la mujer disfruta de suficiente igualdad e independencia vital del hombre. Por tanto:
* Poco tendrÃa el hombre que preocuparse por el destino de sus espermatozoides, ya que sus cópulas sólo tendrÃan el fin puramente sentimental y placentero-sexual. La inmensa mayorÃa de las veces, de lo que se tratarÃa serÃa -precisamente- de evitar embarazos…
* La mujer actuarÃa de la misma forma que el hombre. La búsqueda del embarazo suele ser siempre muy premeditado, tanto sola como en pareja. Eso sÃ, sospecho que para una mujer resultarÃa más difÃcil evitar lo atávico (genético) de la búsqueda de “un padre para mi hijo”: creo que -consciente o inconscientemente- como engendradora, pone siempre más cuidado en ese detalle…
* Las adopciones resultan ya de lo más habitual y normal, tanto en parejas (del mismo o distinto sexo) como en solteros: ¡qué extraño -evolutivamente hablando- invertir recursos económicos y sentimentales para alguien que no fuera de tu “sangre”…!
Conviene distinguir entre los lazos sentimentales y los económico-sociales que unen a las parejas: casi estoy seguro de que –precisamente- la posibilidad o existencia de hijos serÃa la diferenciación “crÃticaâ€?. Hasta no hace mucho (aún es asà en paÃses menos desarrollados), los lazos familiares eran concertados (obligados) y económicos: para buscar medrar o mantener riqueza o, simplemente, favorecer la producción. (En Occidente, en cierto modo y niveles, aún tiene mucha importancia entre las clases más privilegiadas, para perpetuarse en el Poder…). Creo que a “esoâ€? quedarÃan relegados los “celos sexualesâ€?: simplemente en lo procreativo, patrimonial, económico, en suma… Sólo cuando se trata de hijos engendrados y futuros beneficiarios de nuestro esfuerzo económico (obviamente, los hijos son siempre de las madres y no, necesariamente, de los padres oficiales…).
Para no divagar mucho más… Los “celos emocionales”, en sociedades como la nuestra, son tan “unisex” como los “celos sexuales”: cuando existe pareja, ésta ha sido creada libremente por mutua voluntad y amor. Ése es el único “pegamentoâ€?: si desaparece el amor, la relación pierde la cohesión. Otra cosa muy distinta es la hipoteca, criar a los hijos y mantener cierto nivel de vida… que, en muchÃsimos casos, parece que quedara como único y último aglutinante, como mal menor…
Todos conocemos parejas en las que saben que sus cónyuges se están acostando con otro/a y no se separan, ni pareciera que –para ellos- fuera motivo alguno de ruptura: en algunos casos (los menos), su amor interior y profundo estarÃa por encima de simples devaneos sexuales; en otros (los más) mantener su estatus económico (o, simplemente, la falta de recursos económicos para posibilitar una duplicidad de viviendas por separado…) les impedirÃa una separación… a sabiendas de que tampoco conservan su mutuo amor.
Los celos no serÃan sino la certeza por nuestra parte (real o no) de que nuestra persona amada dispensa más amor a un 3º que a nosotros mismos. A veces, ni siquiera más, sino sólo igual. Creo que siempre deberÃa haber un 3º, un comparativo. Si sólo se tratara de falta o disminución de amor a uno… no se tratarÃa de celos; serÃa otra cosa distinta. Por tanto, funcionarÃa como una alerta, instintivamente, con dolor, para llamarnos la atención, para obligarnos a analizarlo y reaccionar.
Como siempre pensé que el AMOR es todo menos egoÃsta, todo lo que intente ponerle puertas al campo… no sólo me parece absurdo sino, simplemente, imposible: el amor por alguien no se elige; se tiene o no se tiene; se produce o no. Además, tratándose de lo más vital y profundo que puede experimentar un ser humano, nunca serÃa justo exigir u obligar a mi cónyuge a no enamorarse nunca de nadie… ni de “caerâ€? enamorado de otro en un momento dado…
Y, a partir de aquÃ, las infinitas combinaciones, permutaciones y variaciones que cada cual por separado o en conjunción de su cónyuge fueran capaces de sobrellevar… Lo fundamental, creo yo, serÃa tener siempre muy claro que si mi cónyuge se enamorara de otro jamás lo harÃa “a postaâ€? ni “en mi contraâ€?: simplemente, asà lo siente, aunque le doliera poder hacerme daño… Es un “derechoâ€? (para entendernos) vital del que no podemos despojar a nadie… por muy cónyuge y padre/madre de nuestros hijos que fuera…
Exactamente igual que el “derechoâ€? a dejar de querernos, por supuesto. Ya no se tratarÃa de realizar cambios o mejorar aspectos que ayudaran a que nos viera mejor… serÃa totalmente inútil: o nos quiere o no nos quiere… para qué martirizarse o culpabilizarse (ambos, vuelvo a insistir)…
Existe una parte positiva de los celos: darnos cuenta de que aún sentimos muy fuerte una atracción que, quizá, por rutina o falta de tiempo, habÃamos olvidado en esa intensidad… que nuestro cónyuge siempre agradecerá…
La parte negativa es la incompatible con el amor: la POSESIÓN, la propiedad, lo que es “mÃo”, me pertenece… convertir a la persona amada en un simple objeto… aunque fuera -presuntamente- de “amor”. Violencia doméstica incluida, por supuesto…
22 de Marzo, 2008 - 8:00 pm
Hola Luis: Soy amigo de Sak y de Dinosaurio. Primera vez que entro en tu blog. Sin ser experto en el tema pienso que hay que separar el celo como emoción y el celo como sentimiento; yo agregarÃa otro. el celo racional. Ciertamente, como han señalado algunos comentaristas que me antecedieron: el celo se manifiesta según la cultura de la gente. Podemos aceptar entonces la idea de un celo mas cultural que biológico. A eso me apunto. Cierto es que somos animales mamÃferos racionales por lo tanto, respondemos primariamente a eso, pero somos seres en evolución permanente; por lo que nuestro “celo” o “no celo” evoluciona también. En mi caso, asumo con mayor dolor el hecho que se enamore de otro (me traicione, si lo podemos llamar de esa manera) a que tenga o haya tenido sexo con otro. Me molesta pero no tanto. El sentido de pertenencia me lo da un proyecto voluntariamente compartido; no, algo primario como el celo biológico. Un abrazo. H.
22 de Marzo, 2008 - 8:43 pm
Oye Luis: por ser importante el tema que abordas y por los comentarios que te puedan servir; he abierto foro en mi blog sobre el mismo.
Puedes chequearlo:
http://homeronica.blogspot.com/
Un abrazo desde Nicaragua.
Homero.
22 de Marzo, 2008 - 11:17 pm
Señor Muiño, después de interrogar no se escribe punto. Buff celos, no me gustan nada. La dicotomÃa no la veo yo tan clara cuando hablo con la gente. El prurito es una cosa, y la realidad otra.
besos .)
23 de Marzo, 2008 - 10:30 am
Independientemente del aspecto antropologico de los celos, es curioso como queremos cambiar su significado, negarlos y desvirtuarlos. Para mà los celos son un problema de posesión, como se ha comentado anteriormente. El objeto amado es mÃo. Y de nadie más. Si yo lo amo, nadie más puede tener acceso a él. Y debe amarme sólo a mÃ.
¿Contundente? Pues sÃ. Supongo que esos son los celos patológicos que llevan al “la maté porque era mÃa” (Auxias Max)
No sé si los celos cambiaran cuando cambie el concepto de sexualidad reproductiva por el de sexualidad placentera. Pero me parece que las cifras de asesinatos de mujeres por sus parejas deja muy poco espacio a la esperanza.
La evolución de los sentimientos va mucho más despacio que la tecnológica, ya se ha comentado.
¿Cree ud, señor Muiño, que alguna vez superaremos los miedos primordiales al abandono?
Creo que se necesitaran otros miles de años para que el hombre cambie. Y no lo hará por los descubrimientos cientÃficos sobre nuestro comportamiento sino por la necesidad vital de sobrevivir como especie.
Como individuos creo que no tenemos remedio, como especie, ya veremos…
23 de Marzo, 2008 - 11:24 am
…Contradiciendo lo escribÃa arriba y en lÃnea con el estudio que nos expone Muiño… esta noticia que transcribo literalmente:
“Las mujeres prefieren a los hombres solteros en sus dÃas fértiles”
“Al menos asà lo indican las psicólogas Paola Bressan y Debora Stranieri de la Universidad italiana de Padua, cuyos resultados se acaban de publicar en la revista ‘Psychological Science’. Según esta pareja de investigadoras las mujeres tienden a sentirse más atraÃdas por hombres solteros y sin compromiso en sus periodos más fértiles mientras que en los menos prefieren a hombres con cualidades para la convivencia, que estén ya emparejados.”
“Debido a que los hombres de mayores cualidades genéticas tienden a ser peores compañeros y padres que los de peores cualidades genéticas, las preferencias de las mujeres pueden orientarse hacia una inversión segura con los segundos, mientras que obtendrÃan los mejores genes mediante relaciones extramaritales con los primeros”, indican las investigadoras”
“Al mismo tiempo, el estudio confirmó que los rasgos genéticos asociados la fertilidad masculina, como un rostro varonil, también llaman más la atención de las mujeres durante sus fases más fértiles”
Si este tipo de “instintos primarios” siguen permaneciendo en el ser humano, como especie, qué no decir de un sentimiento tan atávico, afectivamente, como los celos…
En cualquier caso, una cosa es “sentirlo” y otra muy distinta dejarse llevar por los sentimientos primarios: para eso está la educación, la civilización, el intelecto, la convivencia, el respeto, la empatÃa, etc., etc., etc. Justo lo que -se supone- nos deberÃa diferenciar y guiar como especie “superior”…
¿O no?
23 de Marzo, 2008 - 11:35 am
Felicidades por el artÃculo de La Vanguardia, Sr. Muiño.
He de decir que el tema no me llamaba la atneción. Creo que los celos son una sensación muy intensa, pero poco interesante.
Sin embargo, como me interesan siempre sus apreciaciones, me compré ayer el periódico y acabo de terminar de leer el artÃculo.
Mi sorpresa ha sido encontrarme con la historia de Bertrand Russell y Lady Ottoline Morrell, dos personajes que me fascinan. Y, además, tres o cuatro conceptos que me han hecho reflexionar: los celos como algo que se puede domesticar para convertir en creativo, las diferencias entre hombres y mujeres, lo inevitable del sentimiento, etc.
Usted consigue decir siempre algo diferente acerca de cualquier cosa que escribe.
Un par de reflexiones.
La primera.Creo que su forma de afrontar este sentimiento enlaza con el taoÃsmo y otras formas orientales que buscan no luchar contra ninguna fuerza, sino utilizarlas en nuestro favor. Para ellos, es un error luchar contra emociones que no nos gustan. Lo mejor es utilizar su energÃa para ser mejores.
La segunda. Siento que nos cuesta mucho ver cuánto de ancestral hay en nuestro comportamiento. El determinismo biológico nos desagrada. Y yo creo que tiene que ver con nuestro sentimiento de individualidad. Si hay muchas cosas que vienen de nuestra biologÃa, entonces nos parecemos mucho. Y eso es una noticia que a muchas personas les disgusta.
Muchas gracias por el artÃculo, Sr. Muiño. Y muchas gracias a todos los comentaristas. Les leo a menudo y siempre aportan algo interesante.
23 de Marzo, 2008 - 2:41 pm
Los celos masculinos tal vez tengan que ver con una concepción de la mujer como un objeto, no lo sé.
El otro dÃa escuché en la radio algo sobre nuestro cerebro, decÃan que tiene tres partes, una emocional, otra racional y otra primitiva, y era esta última la que tomaba en realidad las decisiones, que luego nuestra parte racional se encargaba de justificar. Este cerebro primitivo se caracterizaba por lo egoÃsta; por lo concreto; atendÃa al inicio y al final de los mensajes. Estos estudios pretendÃan aplicarse al márketing.
Los celos tienen algo de irracional, porque la persona no asume el hecho de que cada cual es independiente, nacemos y morimos solos, tal vez esto se tendrÃa que inculcar en la educación, la idea de independencia emocional, aunque es difÃcil mantenerla si te enamoras.
Resulta también curioso que haya quien se ponga celoso incluso con quien no le corresponde.
25 de Marzo, 2008 - 12:59 am
Llego aquà después d leerte en un suplemento de La Vanguardia. Estas sutiles relaciones de celos que apuntas, nos orientan indefectiblemente y están tan presentes en nosotros como nuestra identidad, nos dan pistas equivocadas que nos hacen desgraciados o aciertos certeros que nos acerca a la estabilidad. Los celos se establecen en nuestra vida y en nuestro espÃritu, ¿una vida libre?
Saludos cordiales.
25 de Marzo, 2008 - 4:21 pm
totalmente de acuerdo contigo Koldo, (tu primera intervención, la 2º no la he leido todavÃa), lo has descrito perfectamente, pero, entonces ¿por qué cuesta tanto aceptarlo? por qué el ser humano no puede entender esa amplitud de sentimientos, y acaban sufriendo todos, una parte porque se siente profundamente traicionado y la otra tremendamente culpable
25 de Marzo, 2008 - 6:04 pm
Interesante relato, para meditarlo, me despejaste muchas dudas. Gracias.
25 de Marzo, 2008 - 8:49 pm
Cuando hablamos con individuos que han padecido celos, -casi todo el orbe- nos encontramos con infinidad de ellos, los que dice Koldo y vete a saber cuántos más. Hoy en Radio Cuatro de Catalunya hablaban sobre los celos virtuales, aquellos que son producidos por internet, tan graves y dolorosos como cualquiera de los ordinarios.
Hace mucho tiempo vi una serie de celos clasistas, los hombres que no pueden soportar ver a “sus mujeres”, o sea las de su clase social, bellas, sexis… ligar con hombres de otra clase social, sea superior o inferior. Tanto con una como con la otra el subconsciente les hace ver que es un robo, el del rico al pobre o viceversa. También sucede con las razas… la blanca con el negro; hay alguna pelÃcula antirracista norteamericana de la época que habla sobre ello. Yo lo he visto con mis propios ojos en Perú. La blanca europea con el indio o mestizo azotaban, como en ningún otro lugar, un ataque de celos, que no de incomprensión intelectual o cultural.
Tenemos la tendencia de buscar explicaciones para todo. Los neurobiólogos, si es que eso existe, seguro que pronto encontrarán una encima cabrona que segrega el cerebro demostrando la naturalidad de los celos; si no es asÃ, serán los psicólogos los que demostrarán, y parece ser que es asÃ, su naturalidad lógica, humana y, con perdón, gilipolla.
Pero… ¿Y los que no saben lo que son los celos? Porque al ser una sensación, si no se tiene no se conoce, no hay posibilidad de comparación.
¿Les falta un tornillo?
¿A ellos o a los demás?
26 de Marzo, 2008 - 1:25 am
Muy interesantes todos tus post. En este caso y sin tener relación con el amor de pareja, es sorprendente como un niño de apenas un año, en este caso mi hijo, es capaz de desarrollar este sentimiento de una forma innata, cuando juego con otro niño y le hago las mismas tonterÃas que le hago a él. O en caso de los perros, … Seguro que en alguno de tus próximos post nos soprendes con alguna teorÃa. Un saludo
26 de Marzo, 2008 - 9:22 am
Hablando de celos perrunos. Yo tengo experiencias más que suficientes al respecto. En mis perros no se llaman celos, sino deseos de protección y pertenencia.
Un par de ejemplos: Luchan por la territorialidad de la casa y el jardÃn y luchan por mÃ.
He incorporado hace meses un mestizo a la manada y se ha hecho dueño de mi persona. En cuanto doy “mimos” a uno o una de los otros, se pone histérico, se lanza encima de mà y me acapara sólo para él. ¿Comportamiento de protección? No, es bastante más pequeño que los otros. Simples y puros celos. Aunque yo le ponga ese nombre, la reacción no deja lugar a dudas. No deja que se acerque otro macho y a las hembras las aguanta, pero siempre demostrándolas que él está “encima” de mÃ, que soy suya.
Evidentemente corrijo esos comportamientos, pero las reacciones están ahÃ.
¿Instinto? ¿Posesión descontrolada?
No lo sé. Pero es un problema que me ha surgido cada vez que he introducido un miembro canino más en el hogar. ¡Y tengo seis! Asà que o es una conducta innata o no entiendo nada.
Si traspolamos eso a una pareja de seres racionales poco equilibrados, tenemos lo que tenemos.
26 de Marzo, 2008 - 12:21 pm
Excelente tema y muy muy interesante.
Felicidades
26 de Marzo, 2008 - 7:53 pm
En un cátalogo de “celos” no deberÃamos pasar por alto el sentimiento que padecen los Principitos/princesitas destronados, cuando aparece un nuevo hermanito/a.
Efectivamente debe ser muy primitiva esta emoción, porque nadie nos enseña a querer devolver a la tripita de mamá al nuevo personajillo que se nos otorga en el hospital como nuevo miembro de la familia. Es raro aceptarle sin sentir celos, bueno yo no creo que existan los “celos sanos” al igual que se habla de la “envidia sana”, en la que tampoco creo; pero hay personas que piensan que ese sentimiento entre hermanos es momentaneo, y quién descubre que a los 30 y muchos todavÃa hubiera preferido ser hijo/a único para no tener que compartir las atenciones de sus padres.
26 de Marzo, 2008 - 11:31 pm
La pregunta que nos haces, “the lady of the dancing water”, es tan elemental como por qué se ponen a berrear nos niños pequeños (sÃ, desde pequeños ya queremos “intentarlo”…) cada vez que no les haces casos o, sobre todo (y mucho más fuerte…), si no les damos lo que nos piden…
Es una forma más de “chantaje emocional”: no tiene sentido considerar “traición” o sentirse “culpable” por tener cierto tipo de sentimientos hacia otro… ni tampoco por sentir celos, por supuesto…
La vida es “ansÃn”…
Sentimos que queremos algo.
Lógicamente y, seguramente, por si acaso, lo queremos -de entrada- sólo para nosotros.
Si dependiera de otro conseguirlo, “pataleamos” (real o metafóricamente) para conseguirlo…
Incluso, si sólo dependiera de nosotros mismos, muchas veces “berrearÃamos” solos igual (¿autocompadecimiento?).
Los padres lo saben perfectamente: es mejor “dejarles llorar” (aunque nos inquietara mucho) al principio; que se acostumbren a que su “chantaje” no nos obliga; cambiar la dictadura y la imposición por la “negociación”, las circunstancias, los méritos, etc.
No serÃamos humanos si no sintiéramos celos (por cierto, Sr. Muiño, ¿los psicópatas -”también”- carecerÃan de celos?). Otra cosa es que, por sentirlos, puteemos o esclavicemos o hagamos (o nos hagamos) daño… Quiero suponer que -en esto también- estarÃa la madurez de un individuo…
En ningún caso, ni en el artÃculo ni en los comentarios, se ha hablado para nada de paranoias delirantes… Efectivamente, eso serÃa ya otra cosa… ¿o no?
28 de Marzo, 2008 - 1:16 pm
El comentario de Pau me ha recordado los celos “localistas”, es decir los de los mozos de un pueblo cuando vienen forasteros, generalmente los del pueblo de al lado, con motivo de alguna fiesta. Pueden “llevarse” alguna chica del pueblo, ya se sabe que la novedad gusta. Esto era antes muy frecuente, no sé si se sigue dando, pero no hace mucho podÃa acabar en pelea.¿Esto qué será?¿Celos grupales?
Yo en lugar de La Dama Escéptica tendrÃa Cuidado con el perro. Sobre todo si ella tiene un hijo o la visitan niños. Salvo que los perros sean pequeños.