¿CÓMO TÚ POR AQU??
Martes, 12 de Febrero de 2008Tendemos a creer que los artistas son personas depresivas y que su creatividad surge de su dolor vital.
Pues bien, una reciente investigación cuestiona esa idea.
Al menos, la parte que se refiere a la creatividad generada por la desgracia personal.
Según los resultados de este experimento, en los momentos de felicidad generamos más ideas nuevas. Gracias a eso, somos más hábiles en las tareas que requieren creatividad inmediata.
El problema, eso sí, es que en esas épocas dichosas nos cuesta más concentrarnos. Nos distraemos más fácilmente porque nos apetece disfrutar de la vida. Y eso nos genera dispersión.
El experimento, realizado en la Universidad de Toronto por un grupo de psicólogos dirigidos por Adam Anderson, empezaba poniendo a los participantes a tono. Para conseguirlo, se pedía a un grupo de ellos que escucharan una versión tipo jazz del famoso Concierto de Brandemburgo número 3 de Bach. Al cabo de un rato, la mezcla musical surtía efecto. Esas personas decían estar muy, muy alegres…
El otro grupo de personas se lo perdía. No escuchaban nada y se les consideraba el grupo control.
Después, a los dos grupos se les solicitaba que realizaran dos tipos de tareas. Las primeras requerían creatividad, las segundas simple persistencia y concentración.
Los resultados fueron claros: los del primer grupo, los alegres, realizaron la tarea creativa mucho mejor que los del segundo. Sin embargo, en la segunda tarea ocurrió lo contrario.
Los del grupo menos estimulado demostraron mayor capacidad de concentración.

Esto sugiere que la gente alegre es más receptiva a todo tipo de información. Cuando estamos felices tenemos mejor acceso a cosas que normalmente ignoramos y gracias a ello adquirimos una visión más panorámica del mundo. Por el contrario, según los investigadores, las emociones negativas hacen que las personas tengan una “visión túnel? o un filtro a su atención.
Las emociones positivas rompen ese filtro y aumentan la creatividad, pero deterioran la concentración al dispararse las distracciones.
En cuanto al porqué de la leyenda del artista maldito, Anderson aventura una hipótesis.
Según el director de este estudio, el arte podría ser una forma de automedicación para determinadas personas.
Los artistas más desgraciados no son más creativos, pero sí exprimen más sus capacidades.
Persisten con gran concentración en la tarea de encontrar su felicidad.
Pero, ya se sabe: la felicidad, como el Tao, no se busca, se encuentra.