Archivo de Febrero de 2008

TRANQUI

Viernes, 22 de Febrero de 2008

El explorador David Livingstone contaba de esta manera su encuentro con un león:
Oí un grito.  Sobresaltado, miré alrededor, y vi al león en el preciso instante en que saltaba hacia mí.  Yo estaba sobre un montículo, el animal me alcanzó en el hombro y caímos juntos sobre el terraplén que estaba debajo.  Gruñendo junto a mi oído, me sacudió como un perro de caza sacude a un conejo.
El shock me provocó un estupor análogo al que, según se cree, siente una rata después de la primera sacudida del gato.  Y en ese momento entré en una especie de somnolencia en la cual no había sentimiento de dolor o de terror, aunque me hallaba completamente consciente de todo lo que sucedía

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Las endorfinas son opiáceos naturales que muchos animales liberamos como respuesta al dolor y al ejercicio intenso.  Su efecto es una sensación de adormecimiento placentera, una tendencia a dejarse llevar por los acontecimientos sin sentir nada.  Ni miedo, ni dolor, ni ansiedad por escapar de lo que está ocurriendo.  Nada. Absolutamente nada.
Hay muchas sensaciones agradables que son explicables por este mecanismo tranquilizador. 
El segundo aliento del corredor de fondo, ése que surge cuando ya parece que las fuerzas están agotadas, es uno de ellos. 
Las endorfinas explican también los efectos anestésicos de la acupuntura o la tolerancia al dolor de aquellos que llevan mucho tiempo sufriéndolo.
Esta morfina endógena es también responsable de la sensación de estar por encima del dolor y del miedo que se produce en momentos aterradores.  Muchas personas han descrito ese sentimiento en presencia de la muerte o de un peligro terrible.  Es la paz que se alcanza cuando uno vive un momento de desesperación.

Es probable que este estado peculiar aparezca en todos los animales que están siendo devorados por un carnívoro. 
Da la impresión de que, creando las endorfinas, la Madre Naturaleza se ha mostrado compasiva y benévola.
Pero, en realidad, no está tan claro.
Eso de sentirse tranquilos en situaciones negativas para nuestra salud física y mental tiene su lado poco adaptativo.
Como estamos relajados, no luchamos.
Y entonces vienen los depredadores y nos comen.
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