COMERSE LA VIDA
Tom ha pasado a la historia gracias a su entereza y a un accidente que sufrió en 1895, cuando tenía nueve años.
Tom era un niño irlandés que vivía en Estados Unidos. Un día que estaba ferozmente hambriento, el pantagruélico niño se bebió un tazón de sopa de potaje con almejas tan caliente que le destruyó el esófago. A partir de ese épico momento, a Tom le fue imposible ingerir alimentos. Así que se le hizo una perforación en el estómago por dónde se le podía introducir la comida.
Gracias a eso, nuestro protagonista pudo seguir una vida normal. Y gracias a eso, un profesor universitario de Oklahoma que le contrató pudo estudiar, por primera vez, la relación entre el estómago y las emociones.
El investigador seguía todos los detalles de la vida privada de Tom y le escuchaba cuando éste le contaba sus pensamientos. Y así pudo ver la relación entre la actividad de esa víscera y su psicología.
El intrépido investigador llegó a la conclusión de que el estómago tenía mucho más que ver con las emociones que el corazón, a pesar de que el último goce de más fama. Y desde entonces, muchos estudios le han dado la razón.
Por ejemplo, sabemos que el estómago es el mejor termómetro para saber cuándo tenemos miedo o cuando estamos relajados. En la cultura euroamericana, por lo menos, la ansiedad y la inquietud afectan decisivamente al sistema digestivo.
El estrés desbordante, asimismo, afecta habitualmente a nuestra forma de comer. Cuando estamos distresados (es decir, cuando sentimos nuestro estrés como negativo) perdemos dos de las capacidades básicas para un buen yantar.

Por una parte, el distrés nos hace incapaces de mantener nuestros ritmos vitales. Cuando entramos en ese estado, empezamos a robar tiempo por todas partes y eso acaba por alterar los horarios de todas nuestras comidas.
Por otra parte, elimina nuestra capacidad de hedonismo. Nos cuesta mucho disfrutar, gozar con actividades que no conduzcan a ningún fin determinado. Cuando estamos distresados somos incapaces de desconectar del problema y eso nos condena a estar siempre centrados en la tarea hasta el punto de olvidarnos de nuestro estómago. Las investigaciones muestran que en esos momentos el sistema digestivo hace sus funciones y, por ejemplo, avisa cuando necesita comida. Pero el cerebro, preocupado por sus problemas, decide no hacerle caso y no llegamos, ni siquiera, a sentir hambre.
Por eso no son extrañas las relaciones que se encuentran entre el estrés y las úlceras de estómago. Nuestro protagonista, Tom, era lo que se espera de un irlandés: un hombre tranquilo. Aún así, al médico que le analizó le resultaba inquietante ver cómo se alteraba su estómago cada vez que se ponía nervioso.
Menos mal que el galeno no llegó a ver las vueltas y contracciones de un estómago moderno.
Creo que no hubiera entendido nada.
28 de Febrero, 2008 - 10:34 pm
Creo que he comentado por aquí lo que me gustan los bodegones. Seguramente mi pintor preferido en este arte es Wilem Claesz Heda. Me gusta mucho su forma de apreciar las cosas y la comida pura, sin melodramatismo. Hay quien dice que es frío. A mí me gusta por eso…
Acaba de salir el número de Marzo del Muy Interesante. En la serie de salud mental que estoy haciendo, este mes tocan los trastornos de alimentación. Si os interesa el tema, en el artículo tenéis últimas investigaciones y teorías, referencias de libros sobre el tema, terapias…
Y, como siempre, si le queréis echar un vistazo y tenéis comentarios, críticas o experiencias sobre el tema, éste es el post adecuado.
29 de Febrero, 2008 - 1:14 pm
Ya sabes que los trastornos sicosomáticos son una patología muy poco investigada y que suceden mucho más de lo que la gente piensa…
29 de Febrero, 2008 - 2:03 pm
‘’El intrépido investigador llegó a la conclusión de que el estómago tenía mucho más que ver con las emociones que el corazón, a pesar de que el último goce de más fama.'’
El miedo sí.
El corazón no duele porque sí.
Para que sepas lo que es que te duela el corazón tienes que pasarte alguna noche en la posada del dolor. Tampoco todos te llevan allí. Algunos hechos emocionales de la vida sólo son capaces de conducirte hasta el infierno de tus vísceras, y ya son muy pocos eso. Otros, muchos menos… lo que te cuento, y ya verás lo que es sentir a tu corazón y comprender por qué ha logrado hacerse con la fama que tiene. Porque algo es. No por nada.
29 de Febrero, 2008 - 2:10 pm
[…] ‘’El intrépido investigador llegó a la conclusión de que el estómago tenía mucho más que ver con las emociones que el corazón, a pesar de que el último goce de más fama.’’ […]
29 de Febrero, 2008 - 3:25 pm
A ese investigador, que hizo este descubrimiento tan importante, le hubiera gustado tenerme como paciente. Expreso cualquier emoción de forma psicosomática, y TODO abosolutamente todo “se me va al estómago”. Soy una persona sensible, muy afectiva y nerviosa, y cualquier sentimiento o emoción lo siento en mi estómago, no en mi corazón. A mi corazón -esto va por ti, nadha- no lo siento nunca y mejor que siga así la cosa, porque toda sensación negativa que hasta hoy ha sentido y experimentado mi estómago (soy muy muy joven) ha dejado tras de sí una úlcera y hernia de hiato; y cuando las cosas se ponen feas, puedo padecer vómitos y gastroenteritis, entre otras cosas. En definitiva, doy gracias de que así sea, porque si todo fuera a parar a mi pobre corazoncito, supongo que ya no estaría aquí para contaroslo.
29 de Febrero, 2008 - 8:52 pm
Yo creo que las metáforas son muy importantes. Por ejemplo si en vez de ver el amor como una cosa abstracta que nace de una víscera llamada corazón con fama de melodramática, lo viéramos como algo que nace de otros sitios, como por ejemplo el estómago o las partes bajas, lo veríamos de otra forma.
Muy divertido el post. Y muy interesante el artículo del Muy Interesante.
1 de Marzo, 2008 - 12:31 am
Creo recordar que fue, precisamente, en un “Muy Interesante” de hace ya unos años…
Lo anunciaban en la portada y era un artículo muy interesante (con perdón…) sobre un “2º cerebro” que -casi- se componía en el mesenterio… debido a la gran concentración y diversidad de terminaciones nerviosas y órganos afectados, íntimamente ligadas al cerebro más “reptiliano”… pero, también, asombrosamente “autónomas” de éste…
Por desgracia, no lo guardé, no pude re-encontrarlo ni re-leerlo, nunca mais… Tampoco lo he podido encontrar ni en la web de la revista… y lo echo de menos.
Existe una reacción adaptativa que nos viene ya dada, desde hace millones de años, de nuestros ancestros genéticos: cuando reaccionamos ante un peligro, con la subida de adrenalina y el impulso irrefrenable de la huida, además, se produce otro fenómeno: “irse por las patas abajo” (”c… de miedo”, que siempre hemos dicho). Al parecer, todo “lastre” retrasa y entorpece la acción vital de la huída… por lo que hay que “eliminarlo” “limpiando fondos” (lo que en sucia gallumbos…). No es broma. Es científico y verídico…
(Curiosamente, ignoro lo adaptativo de “mearse de risa”, ya puestos en lo escatológico, y -supongo- se trataría de un efecto secundario fisiológico por el esfuerzo y relajo de reír).
Por otro lado, recuerdo que, de pequeños, cuando íbamos a ponernos los hermanos a jugar al parchís o a cualquier otro juego de mesa, el más pequeño, inexorablemente, tenía que acudir al servicio con urgencia… retrasando el comienzo y haciéndonos a todos esperar… (Era un auténtico “clásico” en casa).
También he conocido a amigos, familiares o compañeros que se ponían auténticamente “enfermos del estómago” o en las vísperas o en el propio momento de los exámenes…
Yo, por mi parte, recuerdo, con muchísima ternura, los momentos (ya, tan lejanos…) en los que descubría por 1ª vez (la 2ª, también) y me sentía enamorado como un subnormal enajenado mental… No tenía hambre. No comía. No sentía (ni me acordaba, en absoluto) necesidad alguna de comer… nada. Sólo sabía que NO estaba con ella… El estómago lo tendría reducido a un guisante. No lo notaba. Y, cuando estábamos juntos… ¡¿quién se acordaba de la comida?! (ya nos “comíamos” mutuamente… de sobra…)
No sé si seré distinto (me parece que no) al comentario de Muiño sobre tensiones y úlceras: a muchos, la tensión y el estrés no nos quita el hambre. Al contrario. Nos hace picotear a todas horas e, incluso, a comer deprisa y compulsivamente muchas veces, sin degustar, con ansia… Y, en la mayoría de los casos, nos produce -nos debe producir, obviamente- más obesidades que delgadeces…
Por último, sólo decir que, al menos a mí, las contrariedades (”disgustos”) de la vida diaria me repercuten inevitablemente en “las tripas”, al igual que ciertas satisfacciones o, incluso, hasta euforias… Y, también, normalmente, te quitan el apetito…
Aún así, tengo entendido que la sensación de hambre no es estomacal sino endocrina: el organismo detecta la ausencia de azúcar en sangre y hace saltar todo tipo de alarmas y mecanismos que impelen a la ingesta.
Sexo / Estómago / Memoria. Según últimos estudios y/o descubrimientos, están íntimamente relacionados y ubicados físicamente en el mismo rincón cerebral… ¡La leche, vamos!
1 de Marzo, 2008 - 3:09 am
Nos exigimos demasiado a nosotros mismos y total ¿para qué?
Nos evitaríamos muchas enfermedades si fuésemos más sencillos, más tolerantes y menos competitivos. Yo es que cada día que pasa estoy más convencida de lo complicados que podemos llegar a ser los humanos. Me quedo con mi gato, que por cierto se murió y lo echo mucho de menos. Creo que me voy a comprar otro.
Mas, a pesar de lo insociable que puedo parecer por preferir a mi gato, declaro que vivo integrada en una familia que a su vez está perfectamente integrada en la sociedad; que no somos ricos ni famosos pero que a ninguno nos duele el estómago.
Tiene que haber de todo.
1 de Marzo, 2008 - 3:49 am
¡Ah!, se me olvidaba: y menos envidiosos. A la mayoría de la gente le duele más el estómago por los éxitos de los demás que por sus propios fracasos.
1 de Marzo, 2008 - 12:10 pm
Vete tú a saber por qué oscura disposición del destino al pobre Tom le ocurrió semejante desgracia. Según dice el WikiSabio: Manipura o Chakra plexo solar se relaciona con energía, asimilación y digestión, y corresponde a los roles de las glándulas adrenales externas o páncreas. Simbolizado por un loto de diez pétalos, de color amarillo.
¿Un niño de 9 años en su sano juicio se escalda el esofago estupidamente por muy hambriento que esté? No. Tal vez lo obligaron a tragarse la sopa hirviendo, o se la metieron a lo bestia, con lo cual estariamos ante un caso de terrorismo emocional, muy de moda hoy en día en las relaciones familiares, conyugales, sociales, etc. Yo sé de una que le pusieron los espaguetis de sombrero con pocos años y tiene problemas de estómago desde entonces, y han pasado 30 años.
1 de Marzo, 2008 - 12:40 pm
“El intrépido investigador llegó a la conclusión de que el estómago tenía mucho más que ver con las emociones que el corazón, a pesar de que el último goce de más fama. Y desde entonces, muchos estudios le han dado la razón. ”
Al final resulta que, como en cualquier familia metafórica, realizan carreras y si un componente se pasa de la raya, a otro le puede pasar factura. El estómago, el corazón y las sensibilidades…
2 de Marzo, 2008 - 9:44 am
Ayer vi la pelicula INFILTRADOS. En una escena se decía que, según Freud, los Irlandeses son los únicos inmunes al psicoanalisis.
No sé si este estudio será válido con un Irlandes por medio, pero lo que si es cierto es que a los hombres se nos gana por el estómago.
¡¡Ay!! ¡¡La sopita de mamá !!
Saúdos, paisano.
2 de Marzo, 2008 - 6:22 pm
Entonces cuando algo nos revuelve las tripas es más literal de lo que pensaba…
2 de Marzo, 2008 - 10:56 pm
Es cierto. Las mariposas se sienten en el estómago. Las sensaciones suelen locarlizarse ahí. También se encoge en caso de preocupación.
Muy interesante. Un beso.
2 de Marzo, 2008 - 11:10 pm
Hace muchos años padecí unos ataques de ansiedad que se reflejaron en la vista, (un derrame) el estómago (acidez y espasmos con vómitos) y el sexo (para qué contar…)
Uno de mis mejores amigos, médico y enemigo de terapias psiquiátricas, intentó sanarme a base de gin-tónics. La cosa funcionaba, pero solo eventualmente con el riesgo, entonces sí, de los efectos secundarios. Lo del sexo no, eso los gin-tónics lo empeoraban.
Él decía con razón que todo venía por la ansiedad. De no ser así (entonces todo hacía pensar que mi sistema gástrico estaba a punto de reventar) mi estómago se hubiese convertido en un colador gracias a su original terapia. Aunque por lo menos sirvió para descubrir que, en cambio de un médico gástrico o un amigo médico internista, lo que necesitaba urgentemente era un psiquiatra para el estómago y el ojo, y un psicólogo para el sexo.
Ahora veo como antes, como de todo y bien, y mi sexo funciona correctamente.
Y el corazón?
Hace muchos años, un buen amigo, después de un desastre económico, (tuvo que cerrar la empresa arruinándose completamente) sintió unos desarreglos cardíacos. Lo estudiaron exhaustivamente, tanto que incluso estuvo dos días en un hospital haciéndose un chequeo. No le encontraron nada, le dijeron que su corazón era fuerte como un roble. La primera noche que pasó fuera del hospital quedó frito como un pajarito. Había muerto en la cama y con su compañera al lado.
Un paro cardíaco producido por su estado nervioso, dijeron los médicos después de hacerle la autopsia. ???
3 de Marzo, 2008 - 10:14 pm
Curioso, ¿modifica también el estress los gustos por los alimentos?
saludos
4 de Marzo, 2008 - 10:37 am
Aunque te los conocerás todos…
Un beso.
http://www.museovirtualsanluis.org/Bodegones.htm
http://www.terra.es/personal/aiolozil/art005.htm
4 de Marzo, 2008 - 3:25 pm
Llevo tiempo leyendo este blog. Me he comprado y leído los libros de Muiño, y compro mensualmente el Muy Interesante desde que él escribe.
Pero…, estoy empezando a desilusionarme…. Este post, y su referencia al Muy de este mes me huele a excesivamente comercial.
Señor Muiño, sería mucho pedir que no nos recuerde cuando sale el Muy?
10 de Abril, 2008 - 8:07 pm
En mi caso sí es cierto que todas las sensaciones, buenas o malas, se focalizan en el estómago. Si estoy feliz y enamorada, tengo las típicas mariposas, y si estoy infeliz, estresada o depre, la ansiedad se concentra también en el estómago, que parece que va a reventar.
Debe haber algo genético en esto porque tengo un hermano al que con 18 añitos, se le abrió una úlcera y una hernia de hiato; un tipo completamente sano, muy bien alimentado, que no bebía ni fumaba, y aparentemente tranquilo. Aparentemente sí, porque los nervios, que le comían por dentro, le provocaron un problema de salud…
10 de Abril, 2008 - 8:23 pm
No se que “decir”,solo que debía decir algo,la verdad es que me sucede como lady jekyll.Alguien sabría decirme alguna site sobre los procesos psicosomaticos?
GRACIAS … LUIS MUIÑO.