TRANQUI
El explorador David Livingstone contaba de esta manera su encuentro con un león:
“Oà un grito. Sobresaltado, miré alrededor, y vi al león en el preciso instante en que saltaba hacia mÃ. Yo estaba sobre un montÃculo, el animal me alcanzó en el hombro y caÃmos juntos sobre el terraplén que estaba debajo. Gruñendo junto a mi oÃdo, me sacudió como un perro de caza sacude a un conejo.
El shock me provocó un estupor análogo al que, según se cree, siente una rata después de la primera sacudida del gato. Y en ese momento entré en una especie de somnolencia en la cual no habÃa sentimiento de dolor o de terror, aunque me hallaba completamente consciente de todo lo que sucedÃaâ€?

Las endorfinas son opiáceos naturales que muchos animales liberamos como respuesta al dolor y al ejercicio intenso. Su efecto es una sensación de adormecimiento placentera, una tendencia a dejarse llevar por los acontecimientos sin sentir nada. Ni miedo, ni dolor, ni ansiedad por escapar de lo que está ocurriendo. Nada. Absolutamente nada.
Hay muchas sensaciones agradables que son explicables por este mecanismo tranquilizador.Â
El segundo aliento del corredor de fondo, ése que surge cuando ya parece que las fuerzas están agotadas, es uno de ellos.Â
Las endorfinas explican también los efectos anestésicos de la acupuntura o la tolerancia al dolor de aquellos que llevan mucho tiempo sufriéndolo.
Esta morfina endógena es también responsable de la sensación de estar por encima del dolor y del miedo que se produce en momentos aterradores. Muchas personas han descrito ese sentimiento en presencia de la muerte o de un peligro terrible. Es la paz que se alcanza cuando uno vive un momento de desesperación.
Es probable que este estado peculiar aparezca en todos los animales que están siendo devorados por un carnÃvoro.Â
Da la impresión de que, creando las endorfinas, la Madre Naturaleza se ha mostrado compasiva y benévola.
Pero, en realidad, no está tan claro.
Eso de sentirse tranquilos en situaciones negativas para nuestra salud fÃsica y mental tiene su lado poco adaptativo.
Como estamos relajados, no luchamos.
Y entonces vienen los depredadores y nos comen.

22 de Febrero, 2008 - 2:51 pm
Dos muestras de escultura africana. Como veis, da la impresión de que por aquellos pagos hay personas que se toman a los depredadores con bastante tranquilidad.
Un amigo mÃo decÃa que “tranquiâ€? es lo que te dice alguien cuando no quiere que hagas lo que vas a hacer. Pero claro: eso no significa que esté mal hecho…
Si os apetece leer algo sobre esto de los peligros de la pasividad, os recomiendo “Rabia sanaâ€?, de B. Golden. Yo tiendo a ser un hombre tranquilo, como el protagonista de “The quiet manâ€?, y este libro me ayudó a pensar si querÃa seguir siéndolo en los momentos en que esa táctica no era adaptativa.
22 de Febrero, 2008 - 4:04 pm
Buen dÃa, Don Luis:
SÃ, en efecto, pareciera ser que (como también lo menciona Livingstone en esos “Missionary Travels” de 1857, si mal no recuerdo), esa “piadosa providencia del misericordioso Creador” (o la Naturaleza, como mencionas), “para disminuir el dolor antes de morir”, pudiera ser algo poco útil. Pero a lo mejor es la “última oportunidad” para pensar claramente por si existe un mÃnimo resquicio de escape.
Por ejemplo, algunos insectos tienen un comportamiento curioso: al sentirse atacados, se “relajan” y parecen “muertos”. En los instantes en que el atacante se confÃa y libera el asedio, los mañosos bichos emprenden la graciosa huÃda. ¿No será que pasa algo parecido, en el fondo, con esa sensación de “abandono” que menciona, no sólo “el Dr. Livingston, supongo” (jeje), sino tanto soldados heridos en batalla como atletas lesionados durante eventos importantes (batallas decisivas o justas olÃmpicas, por ejemplo), y que aseguran no haber sentido NINGUN dolor.
PodrÃamos hablar también de un proceso sumamente rápido de “habituación”… pero es mejor seguir investigando respecto a este ineresante y retador tema, que como la mayorÃa que Ud. propone, son para ponernos a pensar.
Les dejo un gran saludo. Y que tengan un Luminoso DÃa, dondequiera que estén!
Indoloramente, se despide,
el Habitual Unicornio.
22 de Febrero, 2008 - 4:12 pm
( Fe de erratas:
En el 2do. párrafo, debà cerrar la pregunta con la interrogación: ?
Y el tema es retador pero NO “ineresante”, – ¿sabrá alguien qué es eso? – sino INTERESANTE.
Esto es lo que pasa cuando faltan las “endorfinas” del sueño, después de una noche de guardia, jejeje.
Con un afectuoso saludo, se despide,
el erróneo Caballito con Cuerno.
P.D. Ahora, no cerré el paréntesis: )
P.D. de la P.D. Ya lo cerré.
22 de Febrero, 2008 - 9:58 pm
¡Coño (perdón), señor Muiño!
¿Por primera vez va usted a estar “en contra” de lo adaptativo de algunos mecanismos como éste que nos acaba de comentar?
¿Existen dudas de ello por su parte?
¿De repente, piensa que La Naturaleza se ha equivocado por este “camino”…?
Por fin consigo relajarme algo: me tenÃa muy preocupado que “todos” (usted, concretamente) tengan todo “tan claro” y yo venga que dale, dale y venga, a dudar y a dudarlo todo siempre…
Confieso que -en dos ocasiones- sentà exactamente lo mismo que Livingstone:
La 1ª, de chaval, en la playa. El mar estaba muy revuelto; mucho más de lo que aparentaba a simple vista. El caso es que me metÃ, buscando que me cubriera algo más de la cintura… y cuando me quise dar cuenta, la corriente me alejaba de la orilla. Una angustia horrible de apodera de mà (nunca me habÃa pasado nada igual). Empecé a nadar y a nadar hacia la orilla… ¡y nada! seguÃa casi en el mismo sitio. El tiempo se me hacÃa eterno. Empezaba a cansarme. Y a perder la esperanza. Además, los de la orilla no se daban cuenta de lo mal que lo estaba pasando… Al final, totalmente agotado, conseguà acercarme lo suficiente para resolver esa corriente; pero el caso es que caà en poder de la zona de olas… Me revolvieron y me “tragaron” (literalmente). Ése es, precisamente, el “momento Muiño”: perdà la noción de mi voluntad, me sentà rendido y a merced de un futuro ¿trágico?… pero, es verdad, con una sensación de que todo ello “me era ajeno”… me sentÃa “bien”… ¡¡¡Que fuerte!!! Luego, finalmente (y juro que ni idea de cómo…) me encontraba en la orilla… acojonado y ya consciente de una “ausencia” de ¿segundos? que nunca fueron “mÃos”…
La 2ª, en la mili: Ãbamos -de “marrón”, por supuesto, y con los fusiles, la gorra y todo eso…- dentro de un camión de transporte de tropas. De repente (luego supimos que el camión, arrastrado -en una curva- por la inercia de un pesado depósito de agua que llevábamos de remolque), y absolutamente en cá-ma-ra—len-ta… “vi” cómo “flotábamos” en el camión (exactamente igual que en esas cabinas de avión que simulan la gravedad 0)… sin llegar a sentir “nada” de cómo -supongo yo- chocamos unos contra otros, contra el camión, contra el suelo, etc…. Ni dolor ni pavor ni recuerdo alguno… De nuevo, como si nos (me) hubieran “robado” esos segundos…
Lo que sà hay que reconocer, señor Muiño, es que, gracias a esos mecanismos evolutivos (adaptativos o no), no soy capaz de revivir (ni de “re-sentir”, por tanto) recuerdo ni sensación de dolor, miedo o sensaciones negativas de ningún tipo…
¿Positivo, por tanto, en suma?
Psicólogos tiene la Ciencia…
23 de Febrero, 2008 - 12:50 am
Tranqui tronco, no te pongas nervi que hay confi.
Que decÃa aquel filosofo
23 de Febrero, 2008 - 1:38 am
Si hay algo que odio es que alguien me diga, “tranqui…” Porque es exactamente eso que has descrito, que no desea que haga lo que a continuación pensaba hacer. ¡¡Me lo comerÃa vivo!! Y claro, a continuación hago exactamente lo que querÃa, pero con mucha más convicción.
Creo que sÃ, que es mucho más interesante estar siempre alerta, que relajado
Saludos
23 de Febrero, 2008 - 1:48 am
Jo, muchas veces he pensado qué sentirán los animales cuando son devorados por otros, o las personas que mueren asesinadas. Hay muchas formas de morir, pero éstas creo que deben ser terribles. No creo que sientan paz y todo eso, que va. ¿O sÃ? No sé, pero no quisiera pasar por un trance tan tremendo para poder averiguarlo. Brrr, qué frÃo he sentido.
23 de Febrero, 2008 - 11:10 am
Es interesante el mecanismo de las endorfinas, al leer la historia de koldo en la playa me he acordado de situaciones de peligro que he vivido y cómo esa paz que te envuelve cuando parece que todo va a finalizar te permite PENSAR
23 de Febrero, 2008 - 11:24 am
Es interesante el mecanismo de las endorfinas. Al leer la historia de koldo en la mar, me he acordado de situaciones de peligro que he vivido y de cómo esa paz que te envuelve cuando parece que todo va a finalizar, puede ayudarte (con suerte) a pensar con más claridad y salir del problema si no es demasiado tarde.
Otro asunto es el de que las endorfinas acúan como opiáceos en toda su dimensión, incluso con sus “inconvenientes”, ya que producen dependencia. Se sabe que muchos deportistas de riesgo, están “enganchados” a este riesgo y tambien se cree que es una de las causas por las que la gente se hace “adicta” al footing.
Es curioso cómo podemos habituarnos a sustancias que genera nuestro propio organismo en determinadas situaciones de forma que quieres revivir esas situaciones una y otra vez. Véase el amor.
23 de Febrero, 2008 - 2:44 pm
Pero los depredadores también liberarán endorfinas frente a una situación desesperada, ¿verdad? Si no… ¿qué consuelo nos queda a las presas?
24 de Febrero, 2008 - 12:13 am
«Como estamos relajados, no luchamos.» Humm… No estoy muy seguro de que las endorfinas anulen el instinto de supervivencia, es decir, de seguir luchando.
La tensión que se vive en situaciones lÃmite y otras no tan lÃmite pero sà extremadamente intensas (como puede ser en la competición deportiva) impide encontrar soluciones con claridad a las necesidades que se plantean, hasta el punto de que algunas personas quedan bloqueadas.
Atletas, boxeadores, ciclistas o jugadores de rugby han seguido luchando aún generando endorfinas y estando exánimes. En mi opinión, simplemente te llevan a un nivel de consciencia o lucidez algo más elevado.
¡Ah!, y crean adicción. Tanto las endorfinas como la adrenalina generada. HabÃa por ahà un estudio que trataba de explicar la sempiterna vuelta al ruedo de toreros, boxeadores, jugadores de fútbol americano, alpinistas…
24 de Febrero, 2008 - 12:07 pm
Querido Luis, sà que es adaptativo, pero no tanto para la vÃctima como para el depredador… hace su trabajo (sobrevivir) mucho más fácil.
En un mundo plural, interdependiente, la adaptación no solo es para uno mismo, también tenemos mecanismos adaptativo que podrÃan ser “al servicio de la comunidad viviente” o A.M.G.D.
24 de Febrero, 2008 - 8:22 pm
Esto es muy poético.
24 de Febrero, 2008 - 8:43 pm
A mi las endorfinas me deben funcionar mal…No me anestesio sola antes el dolor, o el terror, creo…
Un beso.
25 de Febrero, 2008 - 3:18 am
Interesante pero….
yo prefiero seguir tirando del espidifen
un saludo
25 de Febrero, 2008 - 11:06 am
La mayoria de las mujeres asesinadas lo son por su pareja ¿No será el amor, como dice Pentotal, un ejemplo de este mecanismo?
Esta vez estoy con Muiño. Creo que ya no es adaptativo quedarse tranquis.
25 de Febrero, 2008 - 7:23 pm
Debo ser una máquina generando endorfinas, siento a menudo esa paz interior, justo cuando me veo al lÃmite de mis posibilidades, bien sean mentales, fÃsicas, emocionales, etc. Y aunque no sea adaptativa la solución, me funciona, sobre todo en esas situaciones estresantes, en las que sà no encuentras como parar el motor, Ãncluso retroceder un paso, no avanzas hacÃa el objetivo. Me identifico con el relato, absolutamente de acuerdo con este fénomeno de la naturaleza.
La experiencia más dolorosa en la que reconozco haberme sentido absolutamente en paz, supongo que para poder sobrellevarlo y digerirlo de alguna forma, fue con la pérdida de un familiar. Y si que me ayudo, si, mucho, era un bálsamo muy muy personal.
26 de Febrero, 2008 - 1:54 am
La mente puede escapar a un lugar pequeño y distante donde no alcanza el dolor. Pero parece que no hay muchas personas capaces de llegar allà de forma consciente
26 de Febrero, 2008 - 8:34 pm
Me identifico con el violinista en el tejado; en situaciones limite me lleno de calma.
Intento recordar situaciones de este tipo y no recuerdo haber sido presa de depredadores; más bien me parece que estos han seguido en su bola dejando de verme. No será que las endorfinas facilitan salirse de la realidad terrorifica?
28 de Febrero, 2008 - 2:36 pm
La utilidad adaptativa del sistema nervioso parasimpático (la segregación de endorfinas es sólo una parte de sus funciones) efectivamente podrÃa quedar en entredicho si no tuviésemos en cuenta que en un individuo sano interviene primero el sistema simpático, que es el encargado de poner el cuerpo, por asà decirlo, en estado de emergencia, preparado para la huida o la lucha (ahà entra en juego la adrenalina, que ya ha sido mencionada). Ahora bien, una vez que se han agotado todas las vÃas de escape, ¿hay algo más ‘util’ que preparar al cuerpo para que lo inevitable sea al menos soportable?
14 de Marzo, 2008 - 2:15 pm
H@la,
No sé a qué será debido pero hay veces en que intentar mantener la tranquilidad te deja el cuerpo como si el león se te hubiese echado encima.
Y del coco mejor no hablar, se me queda aplanado.
Intentaré olvidarme de los posibles peligros que acechen y salir a hacer un safari fotográfico no sea que me dé por salir a cazar yo también.
23 de Marzo, 2008 - 2:47 pm
La historia esta de salir vivo de entre las garras de un león nos la tendremos que creer porque nos la cuente el Doctor Livingstone, supongo
10 de Abril, 2008 - 8:23 pm
“Eso de sentirse tranquilos en situaciones negativas para nuestra salud fÃsica y mental tiene su lado poco adaptativo.
Como estamos relajados, no luchamos.
Y entonces vienen los depredadores y nos comen”. Sin embargo para algunos animales esa es precisamente su manera de luchar, es decir se relajan, intentan mimetizarse con el entorno, y asà al menos tienen una posibilidad de evitar la muerte porque si se ponen a luchar directamente con su oponente, normalmente más fuerte, van a perder con seguridad. Cuando era peque tenÃa una codorniz a la que sacaba al parque a pasear. Y era muy curioso ver que cuando veÃa a un perro, en lugar de salir corriendo, escarbaba un poco en la arena y se tumbaba lo más plana posible, de modo que, por su color, pasaba desapercibida…murió de vieja, pero ningún perro la devoró.
En cuanto a mÃ, también de niña tuve dos experiencias lÃmite, y es cierto que cuando pensaba que ya la palmaba, me quedaba repentinamente tranquila, sin embargo mi mente estaba más activa que nunca buscando la forma de salir de aquéllas situaciones y…gracias a eso (debà liberar miles de endorfinas en cuestión de segundos), la cosa acabó bien.