DE PLACERES SIN RUMBO

Los protagonistas del post de hoy son dos personajes con caracteres absolutamente opuestos. 
Uno de ellos es idealista y cree que el sacrificio merece la pena si nos ayuda a conseguir nuestros objetivos. 

Gustavo_Doré Quijote 1.jpg
El otro es hedonista: su meta es disfrutar todo lo posible aunque eso no sirva para alcanzar ningún objetivo.  El nombre del primero es Don Quijote.  El del segundo Sancho Panza. 

“Maravillado estoy, Sancho, de la libertad de tu condición.  Mira la serenidad desta noche, la soledad en que estamos, que nos convida a entremeter alguna vigilia entre nuestro sueño.  Levántate, de por vida, y desvíate algún trecho de aquí, y con buen ánimo y denuedo agradecido, date de trescientos a cuatrocientos azotes a buena cuenta de los del desencanto de Dulcinea�.
“Señor, -respondió Sancho- no soy religioso, para que desde la mitad del sueño me levante y me discipline (…).  En tanto que duermo, ni tengo temor, ni tengo esperanza, ni trabajo ni gloria; y bien haya el que inventó el sueño, capa que cubre todos los humanos pensamientos, manjar que quita el hambre, agua que ahuyenta la sed, fuego que calienta el frío, frío que templa el ardor y, finalmente, moneda general con que todas las cosas se compran, balanza y peso que iguala al pastor con el rey y al simple con el discretoâ€?

En psicología es clásico distinguir dos tipos de felicidad.  Una es la que se alcanza logrando objetivos.  Es la alegría de la auto-superación, la del final de la meta. 
La otra es la felicidad del placer sin retos, la del hedonismo, la que experimentamos cuando disfrutamos de alguna actividad que no sirve para nada. 
Las dos felicidades son posibles en todos los seres humanos, pero probablemente hay personas a las que les resulta más fácil una que otra.
Hay individuos que pocas veces disfrutan del placer por el placer.  Sólo les proporciona felicidad aquello que conduce a una meta.  Les cuesta disfrutar de una charla insustancial; de un juego que no desarrolle ninguna habilidad… o del placer de dormir.
Hay otras personas que no se plantean siquiera para qué sirven esas actividades. Las gozan y punto.

El sueño continua siendo un misterio.  Seguimos sin poder responder a cientos de cuestiones acerca de ese estado de conciencia: ¿Por qué dormimos más cuando somos jóvenes? ¿Por qué algunos animales duermen la mayor parte del día y otros no duermen? ¿Por qué los sueños de las mujeres transcurren más a menudo dentro de una casa que los de los hombres? ¿Por qué una gran parte de las personas que aparecen en nuestros sueños son desconocidos? ¿Por qué en la fase en la que aparecen los sueños hay también un determinado tipo de movimientos oculares?
Entre esos cientos de preguntas sin resolver, hay una fundamental: ¿Por qué necesitamos dormir?
Hasta que podamos responder esta última cuestión los Quijotes, aquellos que solo se sumergen en actividades que tienen un objetivo, serán incapaces de disfrutar durmiendo. 
Que velen armas.

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Mientras tanto yo, un Sancho Panza cualquiera que no tiene ningún problema en gozar de algo inútil sin vergüenza ni culpa, dormiré a pierna suelta.

Buenas noches

15 comentarios sobre “DE PLACERES SIN RUMBO”

  1. luis muiño dijo:

    Las ilustraciones son de Gustavo Doré, un creador de imágenes que siempre me consigue sorprender. Di con su visión del Quijote ya de mayor y me enseñó cosas que no había visto del texto. Sobre todo, el cariño que trasmite por todos los tipos de personas: hormigas y cigarras, soñadores y realistas, austeros y hedonistas…

    Si os apetece leer algo sobre la importancia de desconectar de vez en cuando para luego tolerar el estrés, os recomiendo “Estrés. Un amigo de por vida� de Jenni Adams. No es un libro al uso que enseñe a evitar el estrés. Está más en el concepto moderno: existe el eustrés (estrés positivo) y el distrés (estrés negativo). Y los momentos de hedonismo (placer sin objetivos) ayudan a que todos nuestros sobre-esfuerzos se conviertan en eustrés.

  2. Ana dijo:

    Uy… que tema tan apasionante :)

    Pues ya que estoy aquí, yo me confieso:

    Soy hedonista al cien por cien aunque para algunos esté mal y mucho peor, reconocerlo. No tengo metas para alcanzar la fama, la gloria, la riqueza, ni siquiera la felicidad. Disfruto con los pequeños e inútiles placeres de la vida y también de algún vicio insano, como fumar; pero como me gusta… aunque compenso con otros placeres como hacer deporte o comer sano.
    No duermo mucho pero no me preocupa “desperdiciar” el tiempo en la cama; se está tan bien… Y soñar, sueño mucho y me gusta recordar los sueños. A veces los escribo, me pregunto muchas cosas acerca de ellos y saco conclusiones. Creo que es un mundo o submundo apasionante el de los sueños. Me encanta comentar lo soñado a las pesonas de mi entorno y que ellos me cuenten, y hablar, analizar… pero casi nadie tiene tiempo “para perder el tiempo en esas chorradas…” Menos mal que tenemos esta página, jeje. Algún día contaré… No, que va.

    Oscar Wilde es uno de mis hedonistas favoritos :)

  3. Yoriento dijo:

    Luis, mi primer comentario en tu gran blog¡ :-)

    A ver, placer con objetivos y placer sin objetivos es una distinción curiosa pero no demasiado psicológica, no?
    Ponerme a leer el periódico inopinadamente, a cocinar por gusto (nunca mejor dicho) o a dar un paseo por darlo, también podrían considerarse acciones con un fin, aunque no conlleven mucha planificación o no seamos conscientes de ese fin.

    ¿No crees que es más significativa la diferencia entre aquellas cosas “positivas” que hacemos porque nos gustan (conlleven o no planificación) y aquellas “negativas” que estamos obligados a hacer, porque que si no las realizamos nos sentiremos mal o habrá consecuencias indeseadas (tienen más que ver con el estrés)?

    En todo caso, la cita quijotesca, el artículo y tus reflexiones, realmente interesantes, muy sutiles¡ ;-) Un saludo¡

  4. Sandra dijo:

    Cuando leí pro primera vez un escrito de Luis Muiño sobre este tema, creo que fue en el Muy Interesante, empecé a pensar. Y me di cuenta de que era cierto, de que yo hacía años que no hacía nada sin objetivo, nada hedónico. Y que me sentía culpable y vaga si me dedicaba a algo qu e no supusiera un desarrollo personal.
    Ahora estoy con Muiño. Zapeo, me tiro a tomar el sol, leo libros que sé que son malos pero me divierten y hago el amor sin hacerlo bien. Y me lo paso pipa.
    Gracias, doctor. espero que sus sueños hayan sido felices.

  5. Srta Mowgly dijo:

    Yo y claramente disfruto de los dos tipos de placeres soy tan Don Quijote como Sancho Panza, de hecho si me faltase alguno de los dos tipos de felicidad, no me sentiria completamente feliz como suelo sentirme.

    Me ha encantado este post.

    Un saludo

  6. Angelika dijo:

    Me ha gustado mucho tu texto y sobre todo porque hoy me preguntaba si merece la pena sufrir por no conseguir ciertas metas… yo entonces soy un sancho panza de cuidado, me encanta dormir, me encanta comer y hago las cosas sin pensar en el final, me encanta tirarme en la cama sin pensar porque lo hago.Me encantan tus reflexiones. Un saludo

  7. Koldo dijo:

    Hedonismo: búsqueda del placer y huída del dolor… como único y supremo “fin” ¿Quién no sería, por tanto, hedonista? ¿Quién rehuiría el placer y buscaría el dolor?

    ¿Es adaptativa la búsqueda del placer? ¿Todo lo que nos produce placer, el placer en sí mismo, es algún tipo de mecanismo evolutivo, de “tactismo”, que nos facilita sobrevivir, que nos otorga algún tipo de “ventajar”?

    Gracias al dolor, ponemos atención en él (en realidad, para eso estaría: para que “le hagamos caso”); nos obliga a averiguar su causa (una herida, por ejemplo) y a procurar eliminarla… Evidentemente es una ventaja (a pesar de que nos duela y perdón por la tautología…): sin él moriríamos o tendríamos una existencia peor dotada (por las posibles secuelas de una lesión no resuelta…).

    ¿Y el placer? ¿Qué placeres tenemos? ¿O sería más correcto hablar de “hambres”… algo, en principio, “similar” al dolor? Es decir, en el sentido de que el placer no sería otra cosa que aquello que logra quitarnos esas “hambres”, “apagar” esos “fuegos”… Eliminar esa “hambre/dolor”… Ejemplos:

    - Sexo: perpetuación de la especie, sí; pero habría que tener “ganas”, estar excitado sexualmente, sentir esa pulsión, tener un estímulo, que el organismo inicie los mecanismos bioquímicos que nos provocaran la excitación… Y entonces, sólo entonces, la necesidad de “resolverlo”… Y luego, sólo después (o “durante”, sí, en este caso, evidentemente, sería más durante…) el “placer”, tal y como lo entendemos… Y “hasta la próxima” que, como todos los placeres, no podría perpetuarse en el tiempo indefinidamente…
    - Alimentación: mantenimiento vital, sí; pero, de nuevo, sin “ganas”… podría llegarse a la muerte (anorexia, p.e.) Gracias al gusto, provoca variedad, obliga a diversificar los distintos tipos de alimento que necesitamos…

    La lista de placeres físicos iría íntimamente unida a la sensitiva, la de los sentidos corporales (que, también, “están para eso”…). Y, como parecería bastante obvio, al menos, a priori, tendría un origen y razón intrínsecamente unida a la vida, a la existencia, a la evolución, a la procreación, al mantenimiento de la especie… De ahí que todos los que los negaran… también “a priori” me parecería que negarían la Vida, la Biología, la Naturaleza.

    También es verdad que, alcanzado ese objetivo primordial de conseguir la sobrevivencia del individuo y la especie, la experimentación ha descubierto que el umbral del placer va aumentando progresivamente… de modo que cada vez sería más difícilmente alcanzable. Y su abuso, incluso, contraria a la propia existencia del individuo, objetivo origen de ese “indicador pulsionante” que sería el placer. Algo muy similar ocurriría con las drogas y sus adicciones…

    En cuanto a lo que Muiño denomina “Idealismo” (que opone al hedonismo), algo así como “placer resultante de la consecución de un objetivo” (¿auto-impuesto?) no me parece contradictorio ni excluyente al hedónico… Todo lo contrario: me parece complementario y necesario.

    Del mismo modo que el placer por el placer (hedónico) desvirtuaría y anularía su sentido y sus resultados… un placer sólo como algo funcional y utilitarista, excluyendo el hedónico, acabaría resultando irreal (el cuerpo “pide” hedonismo), más propio de una programación de máquina que de un ser vivo.

    El “idealista” sería el complemento: saber que son necesarios SACRIFICIOS (aparentemente, en contradicción al hedonismo “puro”) para conseguir FINES que, a la postre, nos darán -a nosotros o a los “nuestros”- placer o ventaja sobre la situación anterior. Creo recordar existen experimentos con animales que les definirían también como “idealistas”, ya que serían capaces de reconocer “premios” futuros a costa o a cambio de sacrificios actuales… Sí, “autoconciencia” en otros seres no humanos, sentido del presente y del futuro… ¡qué cosas!

    El hedonista, simplificando, buscaría recompensas aquí y ahora. El idealismo, sin planificación, sin futuro, no se daría… Y se da: en animales y en personas. Tampoco somos especiales… ¡ni en esto!

    Por otro lado, y ya sin tanta metafísica, creo que hacer el vago de vez en cuando, tener entretenimientos (como escribir aquí en “El Hábitat…”) que no tendrían sentido ni fruto ninguno… ¡salvo “sentir” el presente! Creo que aquí estaría el énfasis: sentido del presente y del futuro. Cada vez más nos resultan más placenteras actividades físicas o intelectuales que nos sirvan para “desconectar del futuro”… auténtica esclavitud hoy en día, por la complejidad de nuestra actividad diaria (profesional y familiar) que nos lo está “exigiendo” de continuo…

    Ser hormiga es necesario… ¿sólo y todo el día; todos los días? Necesitamos ser/sentirnos cigarras de vez en cuando. Si lo excluyéramos ¿no tendríamos que pedirle hora a Muiño??

  8. Mer dijo:

    Comer un trozo de sandía jugosa en verano y dejar que las gotitas que se escapan escurran hasta donde quieran… eso es dar sentido a la vida…

  9. Koldo dijo:

    Lo del sueño es otra historia.

    Según parece está ahí para consolidar los recuerdos a largo plazo (nada que ver con los de corto plazo)… Independientemente de que “queramos” o no.

    Al igual que, gracias a la empatía, “sentimos” lo que otros sienten (o, al menos, eso nos creemos…), muchos sueños, en la fase REM (cuando se mueven los ojos), me da la impresión que ocurriría otro tanto: aunque dormimos “sentimos” como real lo que soñamos; de ahí que movamos los ojos… como si viéramos realmente.

    Parece que gracias al sueño se multiplican las sinapsis entre las células cerebrales. Que dormir es necesario por eso. ¿Soñar? Es un tipo, una etapa del sueño. ¿Sujetos y objetos soñados? No hay que quitar el pan a los que nos los “interpretan”… ¡faltaría más!

    Dormir es lógico entenderlo en los más jóvenes como más necesario… puesto que no deja de tratarse de un tipo de “aprendizaje”… bioquímico, cognitivo, sensorial… de “ajuste fino” (como el rodaje de un coche)… pero aprendizaje… Al igual que el juego… imprescindible en la infancia como “simulacro” como escenario del prueba/error de la realidad futura adulta… como individuo aislado y socializado. Tanto lo uno como lo otro, tanto en animales (más o menos “superiores”) como en humanos.

    ¡¡Anda… que también…!! Si Luis Muiño nos quiere dar a entender que existen colectivos que “sufren” por lo “improductivo” del sueño… ¡¡Manda huevos!! Los recovecos del sufrimiento son infinitos…

    Para mí no existe mayor placer que llegar a la noche sintiéndote cansado… relajado… que te “venga” el sueño… que se “apodere” de ti… Notar cómo ya no “oyes” igual… que te suenan como a eco las cosas… que las estás re-interpretando ya como si estuvieras durmiendo (te das cuenta porque te “despiertas”, claro)… Cuando mejor siento que he dormido es cuando, al despertar, es como si no me hubiera movido de la postura inicial… como si me hubiera “desmayado”…
    …Y, uno de mis mejores recuerdos (o, al menos, así creo que los tuve y conservo…) es de, cuando pequeño, te quedabas “sopa” en el sofá del salón… Mi padre me (nos) cogía en brazos y me metía en la cama: esa sensación que no acababa de suponer despertarte… pero te dabas cuenta que estabas dormido y que vas a seguir (incluso, con lo que estabas soñando…) ya en tu camita, con el contacto de las sábanas (a veces, frescas; otras, heladas…). Te sentías protegido. Dormías a pierna suelta, seguro, relajado, “entregado a esa causa”, espectante al descubrimiento de vivir nuevas aventuras (los sueños)… ¡Tremendo, vamos…!

  10. the lady of the dancing water dijo:

    Estoy con la Srta Mowgly, para mí es totalmente imprescindible los 2 tipos de placeres, primero, por mi educación o lo que sea, necesito desarrollarme personal e intelectualmente, con objetivos, por supuesto, para sentirme realizada y feliz, la satisfacción de conseguir algo después de un esfuerzo y que te sea reconocido proporciona una sensación de satisfacción que pocas cosas dan, y después, la recompensa personal, dejarme llevar por el hedonismo, no hacer nada, dormir, dormir, tirarme en la cama a ver la película que me apetezca, o lo que a cada uno le haga feliz, pero estos pequeños placeres los disfruto realmente cuando he luchado o sacrificado mi tiempo antes por algún objetivo,es decir, vivo alternanado las dos opciones, sino me cansaría de cada tipo de felicidad.
    Un saludo a todos

  11. kpax dijo:

    ¿Has oido algo de lo que te he dicho?

    Perdona, pensaba en otra cosa…. soñaba

  12. Tawaki dijo:

    No está mal ser hedonista. Siempre que alguien te dé de comer, claro.

    Un saludo

  13. Unicornio dijo:

    “Ser… o no Ser;
    Dormir… quizá Soñar”.

    Realmente, los humanos se conflictúan (¿así se diría?), bueno, se buscan conflictos, buscando más allá de lo que es simple, y por tanto, elegante (como en las Matemáticas). Como bien se apunta aquí, el placer que proviene de la “recompensa”, de la culminación de un objetivo no tiene por que contraponerse al placer simple y sencillo, casi primitivo, de sentir por sentir.

    En todo caso, después de conseguir algo “quijotescamente” valioso, como por ejemplo, la instrucción, el conocimiento, el amor, quizá la riqueza y la celebridad… ¿para qué serviría obtenerlos si no se otorga uno el tiempo para permitirse del “placer” de gozarlos plenamente, a gusto?

    Ahora bien, definamos “placer”. Para cada persona podría variar muy poco o mucho esta definición. Recordemos al célebre Aristóteles, cuando planteaba que “el hombre sabio no busca el Placer, sino únicamente la ausencia de Dolor”. ¿Será cierto para muchos congéneres que esto equivale a placer? No coincidiría con la otra visión, más hedonista, del mismo, y que otras personas más afortunadas relacionan con “Placer”.

    En fin, dejémonos sentir el Placer sin culpas, porque es una parte legítima de ese hálito vital que criticamos y olvidamos gran parte del camino, y que llamamos (en un esfuerzo quizás vano por entenderle) “Felicidad”.

    Que sean felices, en la medida de lo posible, y en este Principio de Año, son los mejores deseos de un

    Optimista (¿y hedonista?) Caballito con Cuerno…

    P.D. Es un placer (jeje) descubrir su interesante sitio en la red, Don Luis Muiño. Si me lo permite, lo visitaremos más seguido… Felicidades!

  14. Ana dijo:

    Tawaki: Se puede ser hedonista trabajando para comer porque ¿y si se diera el raro ejemplo de que a uno le guste su trabajo? Que no es tan raro por otra parte. Y en el caso de que a uno no le agradase y hubiere de hacerlo porque con lo que le gustaría trabajar se moriría de hambre, pues ajo y agua y a intentar ver el lado positivo. Que la mente se puede entrenar para sentirse feliz. Incluso… limpiando inodoros en un supermercado. Porque ¿y lo feliz que va a estar la gente cuando sienta la necesidad de utilizarlos? Si piensas en su felicidad, ésta también te acompañará. Seguro.

  15. Eloísa dijo:

    Si me permites, yo a esta entrada la habría llamado placeres sin coste, es decir, dormir es gratis, y muchos otros disfrutes lo son, por eso no se valoran. Todo el mundo lo puede hacer.

    Como contrapunto a tu recomendación yo hago otra “Elogio de la pereza” De Tom Hodgkinson, es un libro muy interesante, hace unas reflexiones sobre la Revolución Industrial, la explotación obrera del S XIX, al que califica como la época en que más se ha hecho sufrir a las personas, en esas fábricas inhumanas. También hay sentido del humor en sus páginas, se mete con Edison. Lo que no comparto es su apología del uso de las drogas, no creo que tengan nada de hedonistas, Epicuro no las consumiría.

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