POR SUPUESTO
Jueves, 31 de Enero de 2008Acabo de leer una “investigación” que realizó una consultoría estadonidense allá por Agosto del año 2004. El estudio trataba de averiguar los efectos que producía la falta de Internet en usuarios habituales de este medio. Por supuesto, los investigadores trataban de encontrar los síntomas de la llamada “adicción a Internet”. Y, por supuesto, los encontraron.
¿Cómo lo consiguieron? Por las bravas. Dejando un par de semanas sin conexión a un grupo de personas y preguntándoles cómo se sentían.
Por supuesto, la mayoría de los internautas que habían sido desconectados dijo que estar dos semanas así les había sentado mal.
Explicaron que no se manejaban bien con las revistas (la falta de costumbre) y que habían echado de menos poder consultar teléfonos o planos de calles en Internet. También les hubiera gustado disponer de ese medio para hacer sus reservas, pagar sus facturas y leer sus periódicos como siempre lo habían hecho. Por último, contaron que echaban de menos Internet porque a través de la red se relacionaban con muchas personas con las que sólo podía contactar en chats o por e-mail. Por supuesto.
Lo curioso es que, de estas quejas, se dedujo que estas personas eran “adictas a Internet”. Y la reacción de echar de menos la Red se etiqueta como “síndrome de abstinencia”.

Busco la noticia de la investigación en medios de comunicación. En un periódico, la noticia es comentada del siguiente modo: “¿Internautas enfermos?…quedarse sin Internet les produce depresión e inseguridad”. En otro, se dice lo siguiente: “Un estudio revela que Internet produce adicción”. Y en una revista (que curiosamente sólo se distribuye a través de la red) resumen los resultados así: “Los cibernautas atraviesan una etapa de duelo y frustración cuando no pueden acceder a Internet”. Por supuesto. Porque así contado aumenta el número de lectores. Las reacciones normales y obvias de los sujetos experimentales han sido etiquetadas como una especie de enfermedad mental.
El amarillismo con el que ciertas investigaciones son puestas en conocimiento del público tiene algo que ver en el asunto.
También, probablemente, influye en este tratamiento desmesurado el hecho de que Internet sea un nuevo medio de comunicación. Todo lo nuevo genera miedo. Y, de hecho, se expandieron temores parecidos cuando se generalizó el uso de las cartas, el teléfono o la radio. Se insinuó que estos nuevos medios de comunicación generarían adicción.
Ese es el tercer factor que explica la forma en que se divulgan estas investigaciones: el excesivo uso del concepto. La idea de que ciertos estímulos generan adicción se está extendiendo y está pervirtiendo el sentido original de la palabra. Cuando nació el término, ser adicto significaba tener un ansia tal por algo que su falta originaba síntomas físicos como dolores, nauseas y ansiedad extrema. Hoy en día, la palabra se usa con tanta laxitud que, al final, parece que llamamos adicto a alguien que, simplemente, echa de menos algo.
Lo peor es que el término tiene una connotación clara: si alguien es adicto está enfermo y requiere tratamiento.

Si lo usamos como metáfora, estamos calificando como enfermos a personas a las que lo único que les ocurre es que les gusta algo y cuando ese algo no está lo echan en falta. Esto es lo que les ocurrió con Internet a los participantes en el estudio…y al resto de los seres humanos con miles de cosas.
Eso sí: si partimos del supuesto de que eso es una conducta adictiva, acabaremos encontrando síntomas de adicción. Por supuesto.