Archivo de Diciembre de 2007

LOS NIÑOS JUEGAN A EXTRAÑOS JUEGOS

Lunes, 10 de Diciembre de 2007

La siguiente escena, con pocas variantes, ha tenido lugar en muchos lugares y en muchas épocas.
Un grupo de niñas, que ese día duermen juntas, se internan en una habitación. De una de las paredes cuelga un enorme espejo.
Las niñas apagan las luces y encienden las velas de un candelabro.  Empiezan a girar alrededor de sí mismas. Mientras lo hacen, pronuncian un nombre en susurros “Bloody Mary” (“María la Sangrienta”).  A medida que dan vueltas van elevando la voz, hasta que ésta se convierte en un grito: “Bloody Mary, Bloody Mary, Bloody Mary…”.  Cuando han pronunciado este nombre trece veces, miran al espejo esperando que ella se manifieste.

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La leyenda, extendida entre las niñas de muchos países anglosajones, cuenta que este ritual hará aparecer una mujer que les llevará a estremecerse de terror. Incluso existe una variante: si las niñas dicen “Hell Mary” (“María la infernal”) siete veces frente a un espejo en una habitación a oscuras, aparecerá el rostro de Satán.

Muchos elementos psicológicos fascinantes confluyen para crear este ritual. 
La psicología mítica es uno de ellos. La leyenda convierte a un personaje histórico como la reina María Tudor (recordada por los cientos de protestantes que hizo ajusticiar en nombre del Catolicismo) en Mary la Sangrienta.
También interviene en el juego el simbolismo de los espejos como puerta de entrada al más allá.  Era práctica común en muchas casas cubrir los espejos con paños negros cuando había una muerte en la casa.
Por último, está el hecho de que el ritual sea practicado a una determinada edad.  Entre los nueve y los doce años los niños atraviesan la “edad de Robinson”. Es el periodo en que muchos satisfacen su necesidad de emociones participando en juegos rituales y jugando en la oscuridad.  Buscan en ellos una forma segura de obtener placer y de liberar la ansiedad y los miedos ancestrales.
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Esta necesidad de experiencias nuevas se mantiene, en muchas personas, mucho más allá de esta edad.  De hecho, la apertura a nuevas sensaciones es uno de los factores de personalidad que más influye en nuestras vidas.  Desde la infancia, hay individuos para los que lo más importante es huir de la rutina y buscan experiencias que les estimulen intelectualmente.  Para ellos, la vida no consiste en evitar que les sucedan cosas malas, sino más bien en procurar vivir acontecimientos interesantes. Prefieren estar tristes o enfadados a estar aburridos.   
Por eso, a menudo, se adentran en senderos desconocidos y miran al otro lado del espejo.




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