FABRICANDO DEMONIOS
Martes, 13 de Noviembre de 2007Así describe Laënnec Hurbon, el investigador haitiano, la “dansé-lwa”, la crisis de posesión en las ceremonias vudú:
“Lo esencial de la ceremonia es la manifestación de los lwa (las potencias superiores e invisibles). Éstos acuden una vez que el oungan ha trazado en el suelo el vèvè, dibujo simbólico de los lwa invocados en la sesión, y después de que hayan sonado los redobles de tambor y los cantos específicos. Entonces, algún fiel entra en crisis de posesión. Parece como si estuviera borracho. Hace gestos que recuerdan los comportamientos conocidos del lwa que acaba de elegirlo como su “caballo”; porque se dice que el lwa “monta” a su servidor, cuyo cuerpo le pertenece por completo para expresarse. El individuo toma la forma del lwa: si se trata del lwa Ogu, se le da un sable; si es Zaka, una pipa y un zurrón de campesino. Si se trata de Dambala, el poseido se lanza al suelo presa de convulsiones y repta sacando la lengua como una serpiente…?

En muchas religiones, los adeptos son poseídos por dioses o…demonios. Y en la salud mental moderna, que no es una religión pero sí posee su plantel de demonios, el equivalente existe y se llama trastorno de personalidad múltiple. Es un trastorno poco común en el cual la persona adopta varias personalidades que aparecen en diferentes momentos. Cada una es un individuo independiente, con su nombre, identidad, recuerdos y timbre de voz característicos. En ocasiones las personalidades son tan independientes que se ignoran mutuamente. Otras veces se desprecian entre sí y luchan por la persona.
Para muchos psicólogos y psiquiatras, sin embargo, este trastorno no existe. Porque para ellos las personas que lo sufren, o bien fueron muy hábiles para engañar a los terapeutas o bien éstos, accidentalmente, forzaron la personalidad múltiple de sus pacientes. Una vez que el indiviuo muestra alguna evidencia de tener otra personalidad, el ávido interés del terapeuta por un trastorno exótico y raro viene a reforzar el comportamiento anormal. Como los adeptos a un culto vudú, los terapeutas parten de una señal y refuerzan a la persona para que manifieste una personalidad.

Los seres humanos construimos nuestra personalidad actuando como científicos. Tenemos teorías que vamos poniendo a prueba sobre nosotros mismos, sobre las otras personas, sobre los acontecimientos,…
Y fabricamos una personalidad a partir de las reacciones de la gente ante nuestros actos. Experimentamos actuando de una determinada manera y a partir de lo que hacen los otros decidimos si ese comportamiento concuerda o no con nuestra personalidad.
Como los adeptos al culto vudú o las personas con problemas mentales, nosotros solo hacemos los primeros gestos. Son los demás, actuando como sacerdotes o expertos en salud mental, los que deciden qué demonio nos ha poseído.
Lo bueno de este asunto es que no tenemos porque hacer caso a los que quieren asignarnos una etiqueta.
Porque si no nos gusta el demonio que los demás quieren que representemos, siempre les podemos mandar al infierno.