ALGO SE DICE POR AHÍ…
Jueves, 22 de Noviembre de 2007Una investigación reciente ratifica algo que muchos sospechábamos y acrecienta alguno de nuestros miedos. Según el Instituto Max Planck de Biología Evolutiva, los rumores afectan decisivamente a nuestra reputación. Y deberíamos tener más cuidado a la hora de manejarlos…
Según los científicos encargados del estudio, lo que se rumorea acerca alguien tiene más poder en la evaluación que hacemos de esa persona que las observaciones directas. Es decir: hacemos más caso a lo que se dice que a lo que vemos.

Los rumores, es decir, las especulaciones no confirmadas acerca de un objetivo determinado, no se suelen contrastar. De hecho, su difusión nunca es abierta: se dice, se rumorea, se comenta por lo bajo. Y eso no da oportunidad a la persona objetivo para demostrar la falsedad. Por eso tendemos a creerlos sin corroborarlos.
Para estos biólogos evolutivos, los bulos acerca de los demás tienen una función: sirven para mantener cohesionado al grupo. Los rumores refuerzan las normas grupales y los lazos sociales. La reputación ayuda a determinar la cooperación entre los grupos humanos: apoyamos a aquellos que creemos que se lo merecen. Y decidimos si ofrecemos esa ayuda basándonos en la evaluación que hacemos del individuo calibrando los rumores que corren sobre esa persona.
Obviamente, esa es la parte positiva. La negativa es que esos bulos originan comportamientos negativos hacia otras personas porque afectan a las opiniones que nos formamos sobre los demás.
¿Cómo averiguaron estos investigadores la tremenda influencia que este tipo de historias no comprobadas tienen en nuestros juicios? El experimento consistió en organizar un juego de parejas cambiantes con un grupo de voluntarios. Tal y como estaba organizado el juego, compartir o no dinero con el compañero dependía de la percepción que se tuviera sobre su generosidad. Cuando un participante tenía “fama” de tacaño, las parejas que le iban tocando se resistían a darle el dinero. Igual que en la vida misma…
En un momento dado, a cada uno de los donantes se le hizo llegar rumores –positivos o negativos- sobre los demás jugadores receptores. Y se descubrió que los jugadores acababan siendo influenciados por estos bulos a la hora de tomar sus decisiones aunque desconocieran su fuente o fiabilidad. Es más: incluso cuando se tenía acceso a información que contradecía el rumor, éste seguía siendo más importante.
La influencia de los bulos era radical: la cooperación aumentó en un 20% si el rumor era positivo y decayó en el mismo porcentaje si el rumor era negativo. Independientemente de los hechos.
Los científicos señalan que el estudio evidencia que los rumores tienen un enorme potencial manipulador. Tendemos a ajustar nuestra visión del mundo a la percepción de éste que tienen los otros. Y también adaptamos nuestra evaluación de una persona según lo que opinan otras personas de ella.
De esta manera, generamos visiones colectivas que son muy adaptativas.
Y muchas veces, absolutamente injustas.