LO EXTRAÑO DEL ASUNTO
Lunes, 26 de Noviembre de 2007“El invierno ha sido muy duro, y nosotros, los miembros de la tribu Ojibway, sabemos que cuando el tiempo es malo, alguien va a ser poseído por el windigo. ¿Sabe usted como nos damos cuenta los demás miembros de la tribu cuando alguien ha contraído el mal? Al principio, el poseído siente que no le apetece la comida normal: tiene nauseas y vómitos ante ella. Si el windigo sigue dentro de él, la persona se siente cada vez más inquieta, más desasosegada y la comida acaba por resultarle repugnante.
Se está convirtiendo en un windigo, en un caníbal.
El curandero interviene entonces. Si sus hechizos no obtienen resultados positivos, el poseído suele pedir a la tribu que le mate. En épocas pasadas lo hacíamos”

Para las personas que trabajan en salud mental en el mundo euroamericano, la psicosis windigo es un síndrome ligado a la cultura.
Llamamos así a problemas mentales que sólo aparecen en determinadas épocas y lugares. Parecen determinados por la matriz cultural de su zona. Y nos recuerdan hasta qué punto el concepto de enfermedad mental está ligado al contexto.
Nuestro ambiente nos enseña cómo ponernos enfermos y cómo ser normales.
Cada cultura tiene un tipo de personalidad ideal, que podemos averiguar preguntando a los miembros de esa cultura cómo les gustaría que fueran sus hijos. Hay también un concepto de personalidad típica, que podríamos extraer preguntando: ¿cómo cree usted que es la mayoría de la gente? Y también existe una personalidad atípica permitida, que podemos deducir preguntando qué hace la gente extravagante; qué hacen los que no se comportan como la mayoría.
Porque, para decidir qué es o no normal, hay que conocer previamente los patrones de dicha cultura.
Por ejemplo, se suele definir un delirio como una creencia irracional que la persona defiende de manera firme a pesar de los argumentos o pruebas que existan en sentido contrario. Pero, para moverse en el espacio o en el tiempo, hay que añadir algo más al concepto: el delirio tiene que ser una idea que no concuerde con las creencias culturales de su grupo social de referencia.

Field, un antropólogo de los años 60, encontraba que la gente de Ghana era sorprendentemente paranoide. En casas, camiones, barcas, cajas de herramientas o máquinas de coser se podían leer frases como “No creas a nadie“, “Me rodean enemigos“, “Ten miedo a los hombres aunque juegues con las serpientes“, etc. Field nos cuenta un ejemplo: “un carpintero al que le entró un cuerpo extraño en el ojo mientras iba en bicicleta no hizo ningún intento por extraerlo, sino que fue directamente a ver a un adivino para que le averiguara quién se lo había mandado“. En Ghana, en esa época y en ese lugar, ser paranoico era adaptativo.
Ciertos comportamientos están ajustados a la sociedad en la que una persona vive, aunque, para un observador externo, sean completamente extraños.
James Thurber, hablando de nuestra cultura, decía: “Somos la sociedad que tala árboles para construir edificios que albergarán a los hombres que se han vuelto locos por no haber podido ver los árboles“.
Y éste no sería, desde luego, nuestro único comportamiento extraño para alguien que nos viera desde fuera.