LA VIDA VISTA DESDE LA MUERTE
Miércoles, 10 de Octubre de 2007El día 29 de julio se celebra, cada año, la fiesta de Santa Marta. En Ribarteme, en tierras pontevedresas ribereñas del Miño, se hace una romería a la que llaman la romería de los resucitados.
Los enfermos, a las puertas de la muerte, se ofrecen a acudir a la romería de Santa Marta de Ribarteme si sanan de su enfermedad. También pueden ser ofrecidos por sus parientes o amigos.
Si el enfermo se cura, el 29 de Julio va a Ribarteme con los suyos llevando el ataúd en el que hubiera sido enterrado si hubiera muerto.
El “difunto? escucha Misa, da su limosna, se viste con su mejor traje y, cuando sale Santa Marta en procesión, se mete en el ataúd que es llevado por los suyos.
Cuando termina la procesión, el “finado? abandona la caja mortuoria y se sienta con la familia. Come pulpo, empanada, cachelos y sardinas asadas en braseros de sarmientos de vid. Bebe vino del condado de Salvatierra. Escucha música de gaita y baila. Y así, poco a poco, le vuelve a tomarle gusto a la vida…
La romería de Santa Marta es todo un símbolo de una forma de entender la experiencia de la muerte que está muy alejada de la habitual en el medio urbano. Woody Allen, uno de los grandes filósofos de las ciudades del siglo XX, dijo una vez: “No le tengo miedo a la muerte, sólo que no quiero estar allí cuando suceda”. Y esa es la actitud más común en los últimos tiempos en la cultura occidental: esconder la muerte, vivir como si no existiera.

En nuestras ciudades, los cementerios se alejan de nuestra vista y todo lo relacionado con el hecho es escondido. Poco a poco, nuestra cultura nos va enseñando que, de la muerte, es mejor no hablar. Por eso el ritual de Santa Marta de Ribarteme nos sorprende por su crudeza al tratar el tema.
Sin embargo, para muchas personas que han estado a punto de morir, tomar plena conciencia de la muerte les ha dado madurez y ha enriquecido sus vidas. Tomar conciencia de que el fin es inevitable les ha hecho plantearse con hondura toda su escala de valores y aprender a dedicar tiempo y esfuerzo a lo que realmente les importa apartando lo prescindible.

La difícil asunción de la idea de la muerte nos puede ayudar en tareas como las de darnos cuenta de qué es lo realmente esencial para nosotros.
En Ribarteme es fácil darse cuenta de que el hecho físico de la muerte destruye nuestras vidas, pero la idea de que vamos a morir puede salvarlas de la intrascendencia.