Archivo de Octubre de 2007

ESTAR UN POCO LOCOS

Martes, 16 de Octubre de 2007

Al economista Robert Lucas se le concedió el premio Nóbel en el año 1995.  Sin embargo, su alegría por el galardón se vio empañada por un hecho molesto…
La anécdota pasó a la historia como un ejemplo de que el pesimismo es, muchas veces, una mala táctica.  Robert Lucas se había divorciado de su esposa siete años antes de su día glorioso.  En el acuerdo al que llegaron, se incluía una cláusula que le obligaba a repartir con ella la mitad de la cuantía del Nóbel si algún día nuestro buen hombre lo conseguía.
Y así ocurrió: el premio le fue concedido justo diecinueve días antes de que el acuerdo dejara de tener efecto y Robert Lucas se vio obligado a dar la mitad del dinero a su ex. 
Cuando le preguntaron al economista por qué había aceptado esa cláusula, él respondió: “Jamás creí que llegara a tener efecto.  Nunca pensé que me pudieran conceder el Premio Nóbel.  La única persona que pensaba que podría ocurrir esto era… ella”.

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Muchas investigaciones sobre la forma de funcionamiento de nuestra mente acaban llegando a una paradójica conclusión: los pesimistas están más cerca de la verdad objetiva, pero los optimistas son más felices. 
Por ejemplo, en psicoterapia se habla habitualmente del realismo depresivo.  Parece que los seres humanos, cuando estamos deprimidos, somos más conscientes de la realidad del ser humano.  Por ejemplo, calculamos con mayor precisión las probabilidades de sufrir accidentes, de que nuestra pareja se rompa, de suspender un examen o de ser expulsados de nuestro trabajo. Pero todo eso no nos sirve para nada.  Porque calcular con objetividad esas probabilidades significa que estamos deprimidos y eso aumenta nuestras posibilidades de fracaso. 
Los optimistas, por el contrario, están más lejos de la realidad: creen que hay más probabilidades de éxito de las que realmente existen.  Pero ese error resulta útil: como creen en sus posibilidades, los optimistas siguen intentándolo, y eso aumenta sus opciones para el éxito.

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Dicho de otro modo: parece que para ser feliz hay que estar un poco loco y pensar que las cosas buenas ocurren más veces de lo que realmente pasan. 
Ser racional y preciso no sirve de nada, si eso lleva al pesimismo. 
Y si no que se lo pregunten a Robert Lucas.
El galardón que le concedieron fue un tributo a sus trabajos sobre “Previsiones racionales en economía”. 
Pero precisamente, la previsión racional de que no le iban a conceder el premio le dejó sin la mitad del dinero. 
Ser pesimista fue para él una mala inversión económica.




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