Archivo de Octubre de 2007

MUCHO, MUCHO MIEDO

Lunes, 22 de Octubre de 2007

En un reciente libro de cuyo nombre no quiero acordarme, uno de los más conocidos ufólogos españoles daba su versión sobre el tema de los ovnis.
Según él, el gobierno de los Estados Unidos estableció, entre 1969 y 1971, relaciones con entidades biológicas extraterrestres llegando a un pacto secreto con ellos. Los estadounidenses recibirían tecnología.  A cambio, los alienígenas podrían secuestrar seres humanos para experimentos biológicos; para dirigir sus cuerpos como autómatas en misiones de combate o para consumirlos como alimento. El uso dependería del momento vital del marciano.
Este hombre también afirma que estas entidades están implantando ideas que subvierten el orden social.  Pruebas de ello son el consumo de drogas y rock’and roll entre los jóvenes.

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La obra de este ufólogo, poblada de personas despedazadas y niños desaparecidos (25.000 sólo en la ciudad de Nueva York) es un ejemplo de un tipo de pensamiento paranoico que fomenta el miedo como forma de ver el mundo. 
Los adeptos a este tipo de teorías acaban por convertirse en vendedores de terror.  Utilizan una vieja táctica de manipulación de masas: crear pánico y convertirse, a la vez, en supuestos salvadores.

La desconfianza hacia el mundo es reconocida por los psicólogos como un factor de personalidad.  Hay personas con más tendencia hacia el miedo, hay otras que suelen confiar en lo que les rodea.
Parece que esta dicotomía se resuelve desde la infancia: las personas con tendencia a la prudencia excesiva han sido niños desconfiados.  Creían que la gente pretendía hacerles daño y siempre mantuvieron una gran reserva a la hora de expresarse y de vivir.  Por el contrario, las personas confiadas son abiertas y extrovertidas.  El mundo no es, para ellos, una continua fuente de peligro.

El riesgo que asumen los desconfiados es evidente.  Si se tiene miedo al mundo, uno acaba por necesitar a alguien que brinde protección.  Se crea una dependencia y, a la vez, se fomenta la sensación de poder de ese protector.  Si un país tiene miedo acaba dependiendo de su ejército. Si una secta tiene miedo acaba dependiendo de su líder. Si una persona tiene miedo acaba dependiendo de alguien a quien considera más fuerte.

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La cultura del temor acaba creando relaciones de poder muy marcadas.  Los vendedores de miedo lo saben y lo han utilizado desde tiempos antiguos.  Los brujos de la tribu fomentaban el miedo para mantener su estatus.  Los cazadores de brujas consiguieron dominar Europa y Estados Unidos extendiendo el terror al demonio.
Hoy en día, películas como “Bowling for Columbine” nos recuerdan que esa tendencia social corre el riesgo de volver a imponerse. 
Por eso conviene recordar que aquellos que nos venden temor excesivo y paranoia también pueden llegar a dar mucho, mucho miedo.




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