LA VIDA VISTA DESDE LA MUERTE

El día 29 de julio se celebra, cada año, la fiesta de Santa Marta.  En Ribarteme, en tierras pontevedresas ribereñas del Miño, se hace una romería a la que llaman la romería de los resucitados.

Los enfermos, a las puertas de la muerte, se ofrecen a acudir a la romería de Santa Marta de Ribarteme si sanan de su enfermedad.  También pueden ser ofrecidos por sus parientes o amigos. 
Si el enfermo se cura, el 29 de Julio va a Ribarteme con los suyos llevando el ataúd en el que hubiera sido enterrado si hubiera muerto.
El “difunto� escucha Misa, da su limosna, se viste con su mejor traje y, cuando sale Santa Marta en procesión, se mete en el ataúd que es llevado por los suyos.
Cuando termina la procesión, el “finadoâ€? abandona la caja mortuoria y se sienta con la familia.  Come pulpo, empanada, cachelos y sardinas asadas en braseros de sarmientos de vid.  Bebe vino del condado de Salvatierra.  Escucha música de gaita y baila.  Y así, poco a poco, le vuelve a tomarle gusto a la vida…

La romería de Santa Marta es todo un símbolo de una forma de entender la experiencia de la muerte que está muy alejada de la habitual en el medio urbano.  Woody Allen, uno de los grandes filósofos de las ciudades del siglo XX, dijo una vez: “No le tengo miedo a la muerte, sólo que no quiero estar allí cuando suceda”. Y esa es la actitud más común en los últimos tiempos en la cultura occidental: esconder la muerte, vivir como si no existiera.
Georges de la Tour 1.jpg

En nuestras ciudades, los cementerios se alejan de nuestra vista y todo lo relacionado con el hecho es escondido.  Poco a poco, nuestra cultura nos va enseñando que, de la muerte, es mejor no hablar. Por eso el ritual de Santa Marta de Ribarteme nos sorprende por su crudeza al tratar el tema.
Sin embargo, para muchas personas que han estado a punto de morir, tomar plena conciencia de la muerte les ha dado madurez y ha enriquecido sus vidas.  Tomar conciencia de que el fin es inevitable les ha hecho plantearse con hondura toda su escala de valores y aprender a dedicar tiempo y esfuerzo a lo que realmente les importa apartando lo prescindible.
Georges de la Tour 2.jpg

La difícil asunción de la idea de la muerte nos puede ayudar en tareas como las de darnos cuenta de qué es lo realmente esencial para nosotros.
En Ribarteme es fácil darse cuenta de que el hecho físico de la muerte destruye nuestras vidas, pero la idea de que vamos a morir puede salvarlas de la intrascendencia.
 

21 comentarios sobre “LA VIDA VISTA DESDE LA MUERTE”

  1. luis muiño dijo:

    Si os apetece leer el post en gallego, gracias a la traducción de Mª Carmen Castedo, lo tenéis en http://www.fillos.org/galicia/modules.php?op=modload&name=News&file=article&sid=754

    Yo creo que gana mucho en el idioma en que debería haber sido escrito…

    Las imágenes son detalles de cuadros de Georges de la Tour, un pintor que consiguió hacer misticismo jugando con la luz.

    Y si os apetece leer sobre este tema, yo me divertí mucho con “Bailando sobre la tumba�, del antropólogo Nigel Barley. Nada como leer acerca del enfoque que dan otras culturas a la muerte para darse cuenta de lo raros que somos aquí.

  2. the lady of the dancing water dijo:

    Hola a todos, me acabo de incorporar, y sólo quería comentar que llevo tiempo escuchando tus historias en radio3, pero hace poco que las leo, y una de las cosas que más me gustan son tus referencias a Woody Allen, ya que además de ser un genial cómico, suele, con sus divagaciones cargadas de retórica filosófica transcendentalista …. simplificar la vida y la muerte de una manera irónica, sin darle más importancia de la que debe tener.

  3. suigeneris dijo:

    Si es que somos efímeros y no queremos enterarnos.

    El caso es no pensar.

  4. Carmen dijo:

    Sí, la vida es frágil, muy frágil y efímera… por eso hay q cuidarla, respetarla, protegerla, defenderla… y precisamente por eso, con el permiso del autor, me hago eco aquí de dos campañas cuyo objetivo es que consigamos un mundo mejor para todos, no sólo para unos pocos, donde la vida y la muerte ganen en dignidad, libertad, justicia y respeto:

    � Este mes de octubre se presentará ante la Asamblea General de Naciones Unidas una resolución que propone la suspensión de todas las ejecuciones en el mundo. De aprobarse, se lograría algo hasta ahora jamás conseguido y supondría un paso importantísimo en favor de la abolición de la pena de muerte.Para conseguirlo, distintas organizaciones están llevando a cabo actuaciones de presión e información. ¿Quieres sumarte? Puedes firmar aquí: �

    http://www.worldcoalition.org/petitions/index.php?petition=3&sel_…

    ——————————————————————————-

    � Infancia Solidaria pone en marcha una campaña de recogida de firmas por la construcción de un hospital pediátrico gratuito en cada País en Vías de Desarrollo del mundo, ya que el cuarto de los Objetivos de Desarrollo del Milenio aprobados por la ONU para el periodo 1990-2015 se propone conseguir reducir en el mundo, en dos terceras partes, la mortalidad de los niños menores de 5 años. Por los niños enfermos más desfavorecidos del mundo y con el ánimo de salvar sus vidas y curar sus enfermedades firmas on line aquí: �

    http://www.firmasonline.com/1Firmas/camp1.asp?C=873

    Gracias.

    Saludos.

  5. Contratiempoyreloj dijo:

    ¿Qué es “tomar plena conciencia de la muerte”? ¿En qué se detecta? ¿Cómo se concluye que les ha dado madurez y ha enriquecido sus vidas? (Étereo eso de “Tomar conciencia de que el fin es inevitable les ha hecho plantearse con hondura toda su escala de valores y aprender a dedicar tiempo y esfuerzo a lo que realmente les importa apartando lo prescindible”).
    Creo que hablas de síntomas tan culturales como los del temor, fobia, a la muerte, esperanza, tabú, etc.

  6. Tana dijo:

    H@la,
    Con esta historia, los cuadros y las intervenciones creo que voy a reservarme el próximo 29 de julio para la romería de Ribarteme. Es más, puedo hacerme algo del camino de Santiago (en tren, de momento) por esas fechas disfrutando de la vida gallega hasta ese día en que debería pensar en la posibilidad de no haberlo podido hacer o no repetirlo.
    El enlace de suigeneris también ha añadido ganas de vivir.
    Besos,

  7. Tane dijo:

    Si os digo qué cuando hablas con una gran dama de blanco te reconcilias con tu vida me creereis? Cuando has terminado la conversación y vuelves a lo cotidiano os garantizo que ves todo de distinta manera, abandonamos muchísimas cosas que nos han atado sin que hayan merecido la pena; por no decir cómo conocemos a las personas desde lo que son y del pié que cojean. Por supuesto se pierde el miedo sin necesidad de ir a ninguna romería sino es para pasárselo de cine.

  8. modes amestoy dijo:

    darnos cuenta de lo que es importante para nosotros.
    Qué gran verdad.
    Un abrazo

  9. kasandra dijo:

    Vivir en paz (y eso incluye estar al día con la vida en todos los sentidos, no tener sensación alguna de deuda) es poder morir en paz. La muerte sucede en cualquier momento. Pero mientras está la vida, al menos en uno, no está la muerte. Más difícil es esto último cuando ya se tiene marcada la fecha aproximada de caducidad pero …

    Hace poco me contaron que los maestros canteros tenían que llegar a un lugar (Galicia tenía que ser), y en ese mármol hacerse un ataúd. Pasar la noche en él. Al día siguiente grabar el nombre. Y luego ir a Finisterre, a dejar que doce olas rompan sobre uno.

    Quiero hacerlo.

  10. El arranllador de marmitas dijo:

    MORIR.

    Y que más da.

    Que somos, que hacemos, que fin tenemos en esta vida, que podemos esperar de ella, a donde vamos, que será de nosotros (…cuando hallamos muerto…)

    ¿ Alguno de los presentes se atreve a comparar su ciclo vital con el de el universo ?

    Yo, para dejar de temer a la muerte lo único que he intentado hacer es no dejar maltrecha (económicamente hablando) la vida de mi pareja y la de mi descendencia ( a costa del enriquecimiento de mis aseguradoras )

    ¿No os parece petulante pensar que somos imprescindibles de cara a nuestros semejantes?

    ¿De que sirve vivir si al final vamos a morir?

    …Y para los creyentes de las reencarnaciones… ¿ para qué sirve una reencarnación si nunca puedo recordar nada acerca de ella ?

    ¿Es cóncavo el universo o largo y convexo?

  11. Koldo dijo:

    Con la muerte ocurre un fenómeno muy curioso… que sociólogos y psicólogos sabrán interpretar:

    Es verdad, como nos dice Muiño, que en la actualidad “esconder la muerte, vivir como si no existiera” es lo más habitual… Pero (¿estaréis todos conmigo?) el “machaque mediático” continuo sobre muertos y muerte… (asesinatos, guerras, catástrofes, accidentes de tráfico…) ¿no es algo ya natural y cotidiano? Incluidos los juegos electrónicos de nuestros infantes… en los que “puntua” mucho más si se atropella -y “muere”, por tanto- a una mujer embarazada o a un anciano…

    En esto, como en tantas y tantas cosas, existe un doble rasero clarísimo: lo filosófico, íntimo y trascendente, “vital” (valga la contradicción) de MI propia muerte y la de “mi gente”… y lo intrascendente, lejano y extraño, “estéril” o insensible…casi “lúdico”, en definitiva, que suponen las muertes de los demás.

    Si nos quedáramos con este 2º aspecto, la situación resultaría de lo más “depravada” que seamos capaces de admitir: se habla abiertamente de “conflictos” (por supuesto, nada de “guerras”…) en los que hay (está “previsto” de antemano, incluso) “bajas”… Es decir, que, estadísticamente hablando, un porcentaje muy elevado de vidas humanas, se produce como “bajas en conflictos”. ¿A quién le importa? ¿A nosotros? ¡Por supuesto que no! ¿Y es que esos muertos y esos seres humanos lo son menos que los “nuestros”? ¡Digo yo que no!… Es más, es “normal” que se produzcan “efectos colaterales”… lo que puede incluir arrasar una población entera con sus habitantes… ¡como si de un accidente meteorológico se tratara!

    ¿Y los millones de seres humanos que mueren casi a diario por culpa del hambre y la enfermedad? Pues exactamente igual: como si se tratara de huracanes o simple granizo… ¡Ni nos importa ni ya ni nos conmueve! (¡claro!: bastante tenemos ya con “lo nuestro” de todos los días…).

    Parece evidente, por tanto, que la Filosofía, la Literatura, la Historia y la Religión que implicaría el hecho de la Muerte… siempre acaba tratándose de la propia o la de los nuestros.

    En este aspecto más intimista y primigenio… existen tantas actitudes como personas. Yo tengo verdadera debilidad por el concepto de “trascendencia”… de la vida más allá de la muerte. Siempre lo pensé y lo comentábamos todos los que fuimos a un colegio de curas: iban de negro, como los cuervos; acudían al agonizante, como los cuervos; sus misas de difuntos, sus funerales… La verdadera razón primordial de la religión es, precisamente, la muerte: si no hay temor a una vida después de la muerte y al castigo eterno… ¿qué mayor amedrentamiento? ¿qué mayor dominio sobre temores existenciales?

    …Y todo, como es habitual, apoyándose en nuestras propias ideas prepotentes, que le sirven de caldo de cultivo… No podemos admitir que la Vida no es más su afán de perpetuación… ¡en la vida!, no en la muerte… Por tanto, lo único que nos continuará serán nuestras obras (lo que, físicamente, dejamos, se queda aquí; lo que -de bueno o de malo- haya ayudado o perjudicado a los demás) y nuestra descendencia biológica… ¡Y punto!

    …Cada uno es libre de creencias en premios o castigos divinos, en reencarnaciones, etc.
    …Y cada uno sabrá si le sirve de bálsamo, en vida, todo ese tipo de creencias.

    Por mi parte, sólo decir que, efectivamente, todos y uno mismo, vivimos como si nunca fuéramos a morirnos… ¡Siempre se mueren los otros! (igual que con los accidentes de tráfico…).

    Sólo cuando a ti o a alguien cercano, que te importe, le ocurren desgracias próximas a la muerte… sólo entonces, digo, “caes en la cuenta”… y, efectivamente, parece como si el primer efecto fuera tomarse la vida con un poco más de introspección; de pronto, te parece mucho más evidente todo aquello que te debería resultar fundamental y todo aquello accesorio, de lo que puedes -y debes, ahí estaría la enseñanza del fenómeno de la muerte- prescindir…

    Lo malo es que te dura poco… Enseguida vuelves a las rutinas diarias y pierdes esa introspección… y dejas de pensar en casi nada (muerte incluida)… salvo el día a día, las gilipolleces habituales que te rellenan e incapacitan (muchas veces, provocado por uno mismo, que trata de evitarse dichas meditaciones…).

    Cuando -no recuerdo a qué edades se produce- descubrimos la muerte -ajena y propia- empezamos a madurar… o, al menos, forma parte importante del final de nuestra infancia.

  12. Noname dijo:

    \”Vive como si fueras a morir mañana, aprende como si fueras a vivir siempre\”-Mathama Gandhi

  13. kasandra dijo:

    Conocer la muerte, que no comprenderla, Koldo, yo la conocí a los siete u ocho. Se murió mi bisabuelo (padre de mi abuela paterna). Y seguí asistiendo a funerales de familiares durante años. Hasta que estuve en ‘’el último'’. El de mi abuelo (el padre de mi padre). Tenía 17 y mi toma de contacto con el significado de la Muerte, el verdadero, el intrínseco, fue Brutal. Asistí a su desintegración hasta que ya no quedó nada. Ni de sentimiento en mí, porque lo absorbió el Miedo. Ni tal vez de fe. Pero en el marco de lo que entiendo una experiencia sana y positiva: llegué a Amar tanto a un Ser como para permitir que la Muerte significara la Gran Pérdida.

    Se mueren personas y yo me entero a través de la televisión y algunas me conmueven y otras no. Siempre que son catástrofes sí. Mucho. Algunas personas se murieron cerca de mí después y no, nada.

    El miedo a la Muerte tardé mucho más en perderlo. Es complejo.

  14. Koldo dijo:

    La primera vez que vi un cadáver, “Kasandra”, un muerto… o como quieras llamarlo, fue de pequeño, en mi colegio de curas. Como la memoria -y la mía en particular- es tan mala… creo que tendría unos 10 años. Estábamos tan tranquilos (como se pudiera estar a esa edad en un aula), cuando, de repente, el cura lo interrumpe todo y nos hace salir y formar desde la clase (1º ó 2º piso) hasta una especie de recibidor que había en la entrada principal del colegio, en la planta baja. Nunca habíamos estado en grupo en esa habitación… ni casi nunca antes de ninguna otra forma (era una especie de “estancia misteriosa” para nosotros: sabíamos que estaba ahí y habíamos pasado por delante muchas veces… pero nunca entrábamos; era para los adultos que venían a visitar al Director)

    Pues, como te digo, sin más preámbulos, nos colocan a todos alrededor de una especie de “mesa baja” alargada (la luz era bastante tenue)… Ahí, dentro de esa especie de caja (era su ataúd), estaba un “fiambre”: otro cura que no tenía relación ninguna con nosotros (no le conocíamos y, supusimos, daría clase a los mayores o sería de otro colegio de la misma Orden…).

    De repente el cura (el vivo, el que nos llevó) empieza a hablar de una forma altisonante, muy extraña para nosotros… Recuerdo (o, al menos, eso creo yo) que, entre otras cosas, nos insistía en que “no estaba muerto” sino “dormido”… Yo no pude contenerme y, a pesar de los años transcurridos, aún recuerdo la tremenda carcajada que se me escapó… (¡gulp!) tuve que quedarme en la puerta, en el pasillo, y esperar a que decidieran volver a clase… En definitiva: primer recuerdo sobre la muerte -un muerto real, frente a mis mismísimas narices…- y sensación de locura del cura vivo y de simple carne, cosa, objeto, puro resto material inerme del cura muerto… ¡y, encima, cachondeíto…! (y “peligro” de castigo que, milagrosamente, no tuve…).

    Mi padre murió de enfisema… lentamente… durante los últimos 3 ó 4 años cogía un par pulmonías anuales que le dejaban al borde del otro barrio… con la mascarilla de oxígeno allá donde fuera… casi sin poder dormir y ni moverse ya (al final de sus últimos meses de vida)… totalmente lúcido, incluyendo que se estaba muriendo… Y si, “kasandra”, por el puto (perdón) tabaco… Mi padre tenía poco sentido del humor y nos hablaba siempre muy serio. Siempre nos dijo que cuando le viéramos (y se viera) “pallá” que le diéramos “la pastillita” para quitarle de enmedio y acabar pronto… Pero, luego, cuando llegó el momento de verdad, se agarró a la vida con uñas y dientes… hasta el último segundo (recuerdo que, en el hospital donde murió, incluso, pocos minutos antes, se permitió el lujo de gritar su última “papada” a uno de nososotros por vaya usted a saber qué chorrada, abroncándole como en sus mejores tiempos…)

    También recuerdo perfectamente, de pequeño (con las mismas precauciones de siempre…) al abuelo de un vecino del 4º. Hasta que murió, permaneció con ellos participando de la vida “normal” de la familia, se le respetaba mucho y, en absoluto, les parecía ningún fastido o estorbo (como pasa hoy día con los mayores). Estaba ya medio paralítico y o no hablaba o no se le entendía; pero nos hacía a los niños muchas figuritas de plastelina, con todo detalle, muchos colores distintos… le queríamos todos mucho. Y le eché de menos cuando nos dejó… se notaba un vació muy jodido… porque era insustituible. No le vi muerto.

    El primer perro que tuvimos acabamos sacrificándolo poco más allá del primer año: me mordía a mí; pero, sobre todo a mi mujer, que la dejó la cara hecha un “cristo” un mal día y sin venir a cuento. En el veterinario, estuve con él hasta que cerró los ojos… y no recuerdo haber llorado ni tanto ni con tanto dolor nunca…

    Las agonías son tremendas. Tanto por el enfermo como por las personas queridas… por la impotencia, por la pérdida, por la ausencia, por el dolor que no le puedes evitar…

    Pero, una vez fallecido, seré muy animal (seguramente lo soy…), nunca entenderé toda esa parafernalia: pasar la noche con el fiambre (”mira: parece que está dormido”; “qué bien le han dejado”; “no parece que sufriera”…), tirarse -llora que te llora- gente que sabes perfectamente no sabían ni querían saber nada del difunto; los pésames… Las misas…

    Jamás tuve miedo a la muerte, “kasandra”; ni a la propia ni a la ajena; ni, lógicamente, por tanto, a los muertos… Me parece totalmente inútil perder ni un segundo de mi tiempo en divagar con ninguna vida después de esta vida o qué habrá después de la muerte… Me parece tan absurdo -dentro de esa misma lógica- que divagar sobre lo que “era” antes de mi nacimiento… Sí me interesaría más comprender (aunque sé, tengo el convencimiento, de que jamás lograré ni aproximarme siquiera) qué es la vida, vivir, en qué nos diferenciamos de la pura materia, si no seremos simple materia… qué es la conciencia de vivir, de existir… Seguramente si tuviéramos esa respuesta, la tendríamos también para la muerte…

    Lo único que me interesaría -que me interesa- es dejar en este mundo (en las personas que me hayan conocido), cuando lo deje para siempre, la sensación de recuerdo grato, de pérdida… La esencia de uno creo que es ésa: no lo bien o mal que te lo hayas podido pasar, sino que tu muerte no sea un alivio para otros, ni siquiera indiferente… Haber servido a los demás de algo, haberles ayudado o enseñado o, simplemente, serles de grata compañía…

    La muerte es lo más natural del mundo. La vida es lo más preciado. La ajena, es sagrada. Deberíamos recordar más a menudo estas tres cosas… sin ningún pudor.

  15. Javier dijo:

    Creo que uno de los paseods más edificantes posibles es el que se da por el cementerio.

    Lástima que en estas tierras nuestras no sea tan común como en otros lados poneer columpios, bancos y fuejntes en los cementerios, porque esos lugares no sólo nos auidan a pensar, sino que generalmente son remansos de belleza y de silencio.

    No os descubo nada, por supuesto, pero si vais a Lisboa, pasad un par de horas, una tarde cualquiera, en el cementeroio de los Placeres.

    saldréis cambiados y a mejor, ya veréis.

  16. kasandra dijo:

    Pues yo Koldo estoy con Javier. Me edifican los cementerios. Les encuentro mucho encanto. Paz, respiro. Me pasa en las iglesias y soy atea. Y eso que he tenido mis lances en ellos. Unas broncas del copón con mi abuela, que era adicta a la limpieza de sus tumbas, y claro, había que ir con ella. Porque hubo un momento que la cabeza la puso así como peligrosa… y risas (después de la explosión siempre risas de ambas; que la gente eso lo lleva fatal, claro y te da más risa todavía). Y ahora me han entrado unas ganas de ir a Lisboa en esta tarde de regla…

    Y velatorios: buah, que bien te lo pasas. De eso sí que tengo buenos recuerdos. Toda la peña acordándose de lo cafre que fue siempre tu abuelo :) )
    Moló. Eso sí porque dentro de lo malo… es verdad que se anima a la familia, por el calor de la familia, cuando el alma de los tuyos es familiar. Aunque sea por ellos. Pero eso fueron tiempos de juventud… y no dejaba de ser algo social, de compañía-calidez-entrañable. Paripés no he vivido. Un respeto -dice mi padre. A veces, digo, yo no me puedo morir antes que él porque se va a llevar un disgusto. Porque es que al mío no le va ir nadie… cosa que a mí… porque hago méritos.

    Cuando algo se te muere en las manos, aunque sea un animal, un gatito recién nacido… umm, no se olvida. No sé por qué. Un respeto sí. Aquello que querías ya te es ajeno. Eso fue lo que sentí yo. Mi abuelo. Ya no es, ya no está. Y sin embargo durante años tuve pesadillas con él. Muy vívidas. A veces no eran pesadillas pero saber que estaba muerto en el sueño me producía cierto reparo, o miedo sí. ¿Lo que más sabes qué? Aquello que nos decía del lagarto. Los tres días finales: ¡Quitarme este lagarto de encima! Ostras, eso es la leche, porque no te tranquiliza nada… con todo el rollo que nos han vendido del infierno; yo creo que lo del mal por muy racionalistas que nos pongamos va por ahí. Que mamamos aunque no quisiéramos esa ‘malaleche’… ¡uy! si no sabes lo que te han metido en la cabeza, tampoco sabes lo que permanece inconsciente. Es probablemente el mundo que se delata en nuestros sueños, en esos que soñamos con muertos y tenemos miedo.

    Sobre la vida: emocionarse, sentir, realizar objetivos. No se puede pedir más. Cada cual como la aproveche. Y raro es lo que cuentas de tu perro. Tendríamos que consultarle a la Geena Davis del turista accidental.

    En fin, muy agradable este ratito leyéndote. Es que la sangre me humaniza mucho ;)
    besos.

  17. suigeneris dijo:

    Pues a mí también me encantan los cementerios. Me pasé la adolescencia yendo al enooorme de La Almudena de Madrid, a ver pájaros. A los pájaros les encantan los cementerios, por algo será.

    Pero para bonitos, bonitos, el de Lisboa que ya comentaron y el cementerio judio de Praga. Visita obligada.

    Hale, que disfruteis de la experiencia viajera.

  18. UB dijo:

    No sabía que en mi santo se hicieran este tipo de cosas. Y menos en España.
    Al leer la primera parte del artículo acojona y todo, pero creo que tiene una gran parte de enseñanza y otra de escenografía. Debe de ser como un gran teatro. Lo de la comida con los familiares es absolutamente entrañable. Claro que por un plato de pulpo yo también me dejo meter en un ataúd…

  19. Trino dijo:

    Me estáis poniendo de mal humor, la verdad.
    Si no crees tu muerte abstracta, lejana, indefinida, y eres joven, o medio joven, no es tan romántica.
    No quieres dejar de difrutar, perderte la vida, los años más que te corresponden en principio y te resientes contra los viejos vegetantes, los desagradecidos y quejumbrosos de la vida.

  20. UB dijo:

    Ay, Trino, qué bueno, y también cuánta razón. Y qué estúpidas las palabras de James Dean respecto a eso.

  21. Shila dijo:

    Comprendo perfectamente lo del perro de Koldo yo también lloré un montón cuando sacrifiqué a mi perra y lo pasé mal.
    En cuanto a lo de los cementerios es verdad es un sitio donde hay paz y tranquilidad, también recomiendo el de Paris el del Père Lachaise, hay mucha historia encerrada ahí, y el de Montmartre también merece la pena.
    Yo siempre que viajo visito los cementerios pues es interesante desde el punto de vista sociológico

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