Archivo de Septiembre de 2007

MANTRA NÚMERO DIECISIETE: “TODOS SOMOS ATEOS DE LAS DEM?S RELIGIONES”

Viernes, 14 de Septiembre de 2007

Estamos en los años cincuenta del siglo pasado en una jungla de Nuevas Hébridas.  Delante de nosotros podemos ver una especie de pista de aterrizaje.  Cerca de ella hay una choza que funciona de torre de comunicaciones, un avión construido con palos y hojas y otras muchas ofrendas a los dioses. Forman parte de la religión cargo…
Día y noche, la pista de aterrizaje está vigilada por un grupo de nativos.  Esperan la llegada de John Frum, un soldado estadounidense que los nativos creen que es el Rey de América.  Según su religión, aterrizará un día con un cargamento de leche y helados.  Ese día, los muertos y los vivos se reunirán, el hombre blanco será sometido y el trabajo penoso abolido.  La llegada del cargo será el inicio del cielo en la tierra.

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¿Son los cultos cargo diferentes de cualquier religión?
Hay quien piensa que hay semejanzas: los seguidores, por ejemplo, poseen dioses que, al igual que los de cualquier religión, van cambiando su aspecto físico con el tiempo según las modas estéticas. Antes de la Segunda Guerra Mundial, los dioses tenían piel blanca, después se dijo que se parecían a los japoneses.  Pero a partir de que las tropas americanas negras expulsaran a los japoneses se les empezó a representar con piel oscura.
Asimismo, tienen un ritual. Su simbolismo ayuda a que los fieles se sientan unidos entre ellos, igual que en cualquier religión.  Los nativos, por ejemplo, creen que John Frum llevaba su guerrera del ejército y la cruz roja del cuerpo médico en las mangas cuando prometió volver con el cargo.  Y por eso han erigido, por toda la isla, cruces rojas rodeadas de ofrendas para que vuelva.
Incluso encontramos en este culto un elemento que se encuentra en cualquier religión: las profecías que no se cumplen (sin que por eso se pierdan adeptos).  En 1962, la Fuerza Aérea de los Estados Unidos colocó un gran señalizador de hormigón en la cima del Monte Turu cerca de Wewak, Nueva Guinea.  El profeta Yaliwan Mathias estaba convencido de que el cargo se encontraba bajo el señalizador.  En mayo de 1971, después de una noche de oración con acompañamiento de música pop en sus transistores, él y sus seguidores arrancaron el señalizador.  No se encontró ningún cargo.  Yaliwan explicó que se lo habían llevado las autoridades.  Y sus seguidores, que habían aportado 21.500 dólares, curiosamente, no perdieron la fe. Igual que ocurre en cualquier religión.
Por último, los cultos cargo sirven como ejemplo a los antropólogos de hasta qué punto la religión está dominada por las condiciones económicas.  Para algunos investigadores, cada circunstancia económica produce un determinado tipo de religión.  En este caso, un grupo étnico subordinado a otros, desarrolla creencias y rituales destinados a deshacer la injusticia.  Lo sobrenatural y lo material queda, como en todas las religiones, íntimamente unido.  Y así, los profetas cargo que han sido llevados a contemplar modernas fábricas con la esperanza de que renunciaran a sus creencias, regresaron a sus aldeas aún más convencidos de su fe.  Porque habían visto con sus propios ojos la abundancia fantástica que las autoridades no les dejaban poseer… 

Eso sí, todos los creyentes a los que les hablo de los cultos cargo encuentran una diferencia radical con respecto a su fe.
Ésta es imposible de creer, la suya no.
Porque la suya, obviamente, la sienten como verdadera.
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