Archivo de Septiembre de 2007

¿DE QUÉ VA LA PEL?CULA?

Jueves, 20 de Septiembre de 2007

Las ciencias humanas nos hablan, cada vez más, de la importancia del cine a la hora de difundir ideologías, pautas culturales, hábitos… 
Hay estudios que relacionan el fenómeno de las abducciones con las películas de ciencia-ficción de los años cincuenta.  Otros intentan indagar cuánto ha tenido que ver el cine en la difusión del hábito de fumar. Incluso hay investigaciones que llegan a la conclusión de que este medio ha “inventado? formas de ser y actuar, como el psychokiller.
En todos ellos hay una idea de fondo: una historia, contada en la gran pantalla, se puede convertir en algo más que una historia.

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El tema es complejo, porque además, el significado de una película no es algo inherente o impuesto.  Cada persona y cada cultura asignan sus propios valores y significados a lo que están viendo. 
Un divertido estudio sobre este asunto fue realizado por el antropólogo Michaels entre los aborígenes del desierto central de Australia.  Este investigador descubrió que Rambo era una película tremendamente popular entre estas gentes.  Pero también descubrió que su lectura era muy diferente a la habitual.
Los nativos australianos veían a Rambo como un representante del Tercer Mundo que luchaba contra la jerarquía de los oficiales.  Imaginaban que el protagonista tenía que tener lazos tribales con los prisioneros a los que rescataba. Eran miembros de su clan sometidos por los poderosos.
Esta lectura expresaba, por lo visto, sus sentimientos negativos acerca del paternalismo de los blancos y de las relaciones raciales existentes en su país.  Una gran cantidad de presos de las cárceles australianas son nativos de este desierto, y ellos pensaban que su libertador sería alguien parecido a Rambo. Alguien que tuviera un vínculo personal con ellos.

Los seres humanos no vemos los acontecimientos de forma objetiva.  Nuestras expectativas y nuestros prejuicios influyen decisivamente en la forma en que interpretamos una discusión, una frase…o una película. 
El grado extremo de interpretación subjetiva es la creencia perseverante: nos asimos de tal manera a determinadas opiniones que incluso los argumentos en contra de esa creencia son tomados como prueba de su veracidad.
Probablemente, los nativos del desierto australiano seguirían con su interpretación de Rambo aunque el mismo Silvester Stallone les dijera que nunca pretendió decir eso.  Siempre podrían argumentar que hay una censura que impide decir la verdad o que el autor fue inspirado, inconscientemente, por los dioses nativos y por eso ignora el alcance de su argumento. 

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Ni siquiera el mismo autor es, al final, dueño de la interpretación de la historia. Los cuentos acaban siendo propiedad de los que los escuchan.
Por eso, la interpretación que hacemos de las películas pone de manifiesto nuestra forma de ver el mundo y nos hace vernos a nosotros mismos. 
Recientemente le preguntaban a Khyentse Norbu, eminente lama de tradición budista y director de cine, por qué hacía películas. Él resumía esa capacidad de autoconocimiento que tiene el cine con una historia.  Una noche un hombre tiene una pesadilla.  Un monstruo entra en su pecho intentando ahogarle. El hombre se despierta angustiado y el monstruo sigue encima de él.  Grita: “¿Qué me haces?¿Qué me va a pasar?”  El monstruo le responde: “¡Yo que sé, es tu sueño, no el mío!”
Khyentse Norbu decía que por eso le gustaba el cine: porque era el sueño de una humanidad entera sin dejar de ser el de cada uno de nosotros. Una definición que, según él, también es válida para la vida. 

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