MANTRA NÚMERO DIECIOCHO: “CASI NUNCA SABEMOS POR QUÉ LO SABEMOS”

¿Por qué estamos seguros de nuestros conocimientos?
Esta pregunta, que parece trivial, se plantea cada vez con más fuerza en un mundo como el de hoy, inundado de información pero sediento de conocimiento. 
En el verano de 1970 el periodista Frank Smyth se propuso examinar la creencia en los fantasmas. En vez de estudiar aparecidos ajenos, hizo algo mejor: se inventó uno. 
Cuando tuvo la idea estaba en Londres delante de las ruinas de la Iglesia de Santa Ana. Así que decidió que su fantasma fuera el de un clérigo. 
Además, había cerca una avenida que había sido, hasta finales del siglo XIX, un lugar lleno de burdeles, tabernas y pensiones baratas. Decidió entonces que su vicario podía haber sido el propietario de una vieja casa de huéspedes para marineros. Por supuesto, se dedicaba a robar a sus huéspedes antes de matarlos y arrojar sus cuerpos al Támesis.
Ya tenía fantasma propio. Ahora necesitaba que los demás se enteraran.
Nuestro protagonista escribió un artículo en el que inventaba la aparición del clérigo. Y tuvo una repercusión enorme: sólo en el año siguiente se editaron ocho libros en los que se mencionaba al vicario.  Asustado ante la magnitud del rumor, Smyth acabó por  escribir un artículo en el Sunday Times explicando su experimento. Más tarde la BBC hizo una película sobre cómo se había realizado la invención titulada “Un salto en la oscuridad�.
A pesar de ello, el fantasma no desapareció.
De hecho, años después se podían leer en la prensa testimonios como el de un comisario de policía que contaba que, cuando era joven (veinte años antes de que Smith inventara la aparición), no le gustaba nada entrar en aquellos muelles porque le daba miedo el fantasma del vicario. 
O el de un barquero del Támesis que decía haber divisado con pavor la lúgubre silueta del vicario paseando por uno de los muelles de la zona…unos meses antes de que Smyth ideara la historia.

Fantasma 1.jpg

¿Por qué se seguía (y se sigue) creyendo en esta tétrica aparición? 
Hay personas que “saben� de la existencia del clérigo por argumento de autoridad. El relato apareció en un periódico, y eso es suficiente argumento de autoridad. De hecho, ninguna de estas personas necesitó saber nada más: nuestro protagonista había decidido, que si alguien se interesaba por la realidad del fenómeno, le confesaría inmediatamente que se trataba de una invención.  Pero nadie acudió a él para confirmar la información…
Otros creen en el vicario que vaga por los muelles del Támesis porque la historia parece verosimil.  Así funcionan las leyendas urbanas: son historias que se corresponden con el sentir popular en ese momento. Sus imágenes plasman prejuicios y opiniones irracionales muy profundamente arraigadas. Eso les da verosimilitud y hace que las creamos.
Para otros, el fantasma existe porque es un buen tema de conversación. La historia es divertida y eso asegura su transmisión.

 Fantasma 2.jpg

Al final, el fantasma solo desaparece en el momento en que tratamos de indagar acerca de él. Si preguntamos, el mito se desvanece…
Pero, ¿cuántas veces nos detenemos a investigar hechos?¿cuántas historias creemos por argumento de autoridad, porque cuadran con lo que a nosotros nos gustaría que ocurriera o porque nos resultan divertidas?

14 comentarios sobre “MANTRA NÚMERO DIECIOCHO: “CASI NUNCA SABEMOS POR QUÉ LO SABEMOS””

  1. luis muiño dijo:

    Me encantan las fotos de fantasmas. Las que funcionan y se hacen famosas dicen mucho sobre los miedos de los seres humanos (los pasillos, ciertos rostros, la locura…). Las dos que ilustran el post son de mis preferidas dentro de las clásicas. La primera está hecha en un bosque de Australia, la segunda en una iglesia del condado de Kent, en Inglaterra. De las dos se sabe el método de falsificación. Sin embargo, son de esas imágenes que da lástima pensar que nunca hayan sido reales. Por eso entiendo muy bien que haya personas que prefieran no saberlo.

    Sobre esto de cómo inventamos nuestra propia realidad creyendo lo que nos gusta creer y dudando únicamente de lo que nos desagrada, os recomiendo “¿Es real la realidad?�, un libro muy divertido de Paul Watzlawick.

  2. Koldo dijo:

    El “bombardeo mediático” es tan intensivo y prolongado que ya no es fácil, efectivamente, estar demasiado seguro de casi nada: recibimos informaciones simultáneamente de opiniones encontradas, de hechos aparentemente incompatibles entre sí; muchas de ellas con muy mala intención o, al menos, con intenciones dudosas…

    La Historia es francamente manipulable; los “hechos” son siempre difíciles de “fijar”… tanto si se presencian por uno mismo (las percepciones de los sentidos y su interpretación por nuestro cerebro muchas veces dejan mucho que desear) como por testigos (además de lo anterior, tampoco estarían nunca muy claros sus prejuicios, intenciones, etc.), por muy numerosos que estos fueran…

    Mejor, quedarnos con lo poético de estas cuestiones, que tienen su encanto no sólo “per se” sino por lo mucho que nos dice de nosotros mismos, de nuestra capacidad y nuestro deseo de soñar, de fabular, de dejar correr la imaginación…

    En temas más serios o trascendentes, obviamente, el tema se transformaría en algo mucho más “peligroso”…

  3. nadha dijo:

    Vaya, otra historia que me ha encantado. Y las fotos sobrenaturales son preciosas. Yo conocí a un tipo que tenía el ordenador lleno de ellas. Pero se evaporó como un fantasma sin mostrármelas :)
    besos

  4. suigeneris dijo:

    Pues seguramente un porrón de historietas. Bueno, mientras sean tan sólo historietas

    Y esto es como lo de las mentiras, que de tanto decirlas al final algunos se las creen.

    En cuanto a manipulación de fotos… ja, no sé por qué me he acordado de aquellas famosas fotos de Lenin, y de la novela 1984.

    Si quitáramos a nuestra vida todo lo que es falso o equivocado, me pregunto qué quedaría…

  5. Dinosaurio dijo:

    Yo creo que, en parte, necesitamos esas leyendas y esos fantasmas “ajenos” para olvidarnos un poco de los propios y de la frustrante (llamada) realidad.
    A mí, tal y como está el patio, me parecen mucho más tiernas esas historias supuestamente terroríficas que la terrorífica realidad.

  6. El arranllador de marmitas dijo:

    Yo creo
    Tu crees
    El cree
    Nosotros creemos
    Vosotros creéis
    Ellos creen

    Creer en fantasmas, creer en extraterrestres, creer alguna religión, creer en tí, creer en mi, creer en la paz mundial, creer al mentiroso, creer al cojo, en los reyes magos y hasta algunos aun creen a Bush ¿alguien cree que el euribor bajará algún día?

    Creemos lo que necesitamos creer, supongo, que para seguir adelante, para llegar a nuestra meta, no sé, o si, o no, o yo que sé…

    Yo una vez creí a mi padre, tremendo fracaso, pues luego descubrí que tenia dos, y menos mal que no me hice Cristiano porque si no tendría tres.

  7. nadha dijo:

    ”El primer milagro de Santiago Apóstol en tierras de España, se produjo el año 845, en la batalla de Clavijo Junto al rey Ramiro 1, de Asturias y León, se vio al apóstol montado sobre un caballo blanco luchando junto a las huestes cristianas contra los moros.”

    Las leyendas son el alimento de la historia mágica.

  8. occam dijo:

    Desde un punto de vista cinético as supersticiones siguen dinámicas autocatalíticas y por eso se extienden con gran rapidez y tienen tanto arraigo. La explicación se encuentra en su mecanismo de generación: son contrarias a la relación causa-efecto.

    Una causa suscita un efecto. En ocasiones incluso causa y efecto son mensurables cuantitativamente. Es el fundamento de la ciencia experimental. Si nos damos un golpe en la rodilla ésta se inflamará y nos dolerá. En la proxima ocasión procuraremos evitar el golpe.

    Una causa que no suscita efecto refuerza el ciclo de la causa. Si evitando el número 13 prevenimos una desgracia, continuaremos evitándolo aunque no ello no conduzca a efecto alguno.

    Evidentemente, todavía alguien podrá decir que la ausencia de la desgracia es la mejor prueba del efecto…

  9. UB dijo:

    Estás siendo persona non grata para Iker Jiménez, jajajaja.

  10. lola fuentes dijo:

    Pero no estamos hablando de lo que sabemos, estamos hablando de creencias y en este caso irracionales. Creo que existe una clara diferencia en saber algo o creerlo.

  11. Javier dijo:

    Sin embargo, tras leer el artículo, en vez de reírme o sonreír, me queda la duda de si esta realidad no se autoimpondrá sus límites.

    Porque el autor habla de fantasmas, pero a mí se me ocurre que es peor cuando el mito parte dela historia, de la vida real, y se lleva tan lejos como fundar naciones, o destruirlas.

    Tan lejos como a la sangre.

  12. lola fuentes dijo:

    El mito partirá de la historia, pero no de la Historia. Un saludo.

  13. Tane dijo:

    Jo, yo creí que teníamos que explicar ¿Por qué estamos seguros de nuestros conocimientos? y me encuentro que estamos de nuevo en el mundo irracional e ilógico. Vamos, ¿qué por qué estamos seguros de nuestros conocimientos? Habrá que delimitar el ámbito lingüístico de “conocimiento” y a partir de aquí saber si sabemos o no, que conocemos, lo demás? Verificación, verificación y más verificación, y nada de irnos por los cerros de Ubeda. Estoy con Lola Fuentes

  14. Le Mosquito dijo:

    No es muy original tirar de la frasecita “A veces la realidad supera a la ficción” para recordar, una vez leída esta entrada, que en cuantico salga a la calle me voy a encontrar con toda una selección de fantasmas re-creados a imagen y semejanza de modistas y moderos.
    Qué miedo.

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