MANTRA NÚMERO DIECISÉIS: “ADÃ?N Y RAZA, AZAR Y NADA”
Allá por los años ochenta del siglo pasado, tres investigadores estadounidenses decidieron indagar acerca de cómo manejamos las probabilidades en nuestra vida cotidiana.
Su conclusión fue bastante predecible: cuando está la probabilidad de por medio, lo más probable es que los seres humanos la manejemos mal.
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Para buscar los fallos, los psicólogos en cuestión empezaron por analizar la interpretación de los números que se hacÃa (y se hace) en el deporte que más les gustaba: el baloncesto. Entrevistaron a miembros de un equipo de la NBA y les preguntaron si creÃan que habÃa más posibilidades de encestar una canasta después de haber acertado dos o tres seguidas. Por supuesto, la respuesta de todos fue unánime: según ellos, cuando alguien acierta dos o tres lanzamientos seguidos, es más fácil que meta el siguiente.
De hecho, los investigadores averiguaron que esta especie de ley estaba completamente interiorizada en el mundo del baloncesto. Los jugadores tenÃan una serie de frases que definÃan el estado en el que era más fácil acertar o fallar: hablaban de estar caliente o estar frÃo. Si encestaban tres canastas seguidas, se sentÃan en racha y estaban convencidos de que meterÃan la siguiente.
Sus entrenadores también creÃan en ello. SustituÃan al jugador que habÃa fallado dos o tres tiros consecutivos. Y pedÃan que se pasara el balón al que los habÃa acertado.
Alguno de estos psicólogos, que también era estadÃstico, les intentó hacer ver que estaban en un error: las matemáticas demuestran que, después de haber acertado tres tiros seguidos, los jugadores tienen las mismas probabilidades de fallar que de encestar. Ni siquiera afecta el factor psicológico. Para investigar el tema se hizo una estadÃstica a lo largo de toda la temporada y los resultados lo confirmaron: los aciertos y errores anteriores no decÃan nada sobre lo que va a pasar después.

Pero lo que habÃan encontrado estos experimentadores, a pesar de que es falso, es una constante en el ser humano. En muchos ámbitos de la vida cotidiana tendemos a creer que el azar es predecible.
Estos mismos investigadores encontraron ejemplos de este error de concepto en inversores de bolsa (que creÃan que una serie de años buenos predice un siguiente año de éxito), en jugadores profesionales (“si me sale dos veces un seis, seguro que me sale una terceraâ€?) y en seductores (“estoy que me salgo: seguro que hoy vuelvo a ligarâ€?).
No nos acostumbramos al azar. Tendemos a buscar control interno, a creer que podemos controlar más de lo que controlamos.
Es verdad que, habitualmente, no es una mala táctica, porque creer que podemos manipular la realidad nos hace esforzarnos más.
Pero no está mal que alguien nos recuerde, de vez en cuando, que la realidad no siempre depende de nosotros.
Aunque solo sea por aquello de evitar culpabilidades.
11 de Septiembre, 2007 - 6:45 pm
El tÃtulo es un palÃndromo que creo haberle robado a Cortázar. No estoy seguro, pero me parece haberlo leÃdo en uno de sus relatos. Fijo que no me ha salido al azar…
Las fotografÃas son de Annie Leibovitz, de la serie que hizo para los Juegos OlÃmpicos de Atlanta. Esta mujer fue la segunda persona que consiguió impactarme con la épica del deporte. Recuerdo todavÃa una foto que hizo de Carl Lewis: era apabullante. La primera persona que consiguió trasmitirme esa épica fue Lennie Riefenstahl, pero ella era otro cantar…
Si os apetece masturbaros las neuronas con este tema, os aconsejo “El sueño de Descartesâ€? de Philip J. Davis, Luis Bou GarcÃa y Reuben Hersh. Utilizando como idea la experiencia mÃstica de Descartes (un tipo que, por lo visto, ayunaba demasiado) acerca de unificar todo el conocimiento por medio de la razón, los autores despotrican sobre la abusiva introducción de matemáticas en ciencias sociales. Otro intento más de atar la azarosa realidad.
11 de Septiembre, 2007 - 7:27 pm
El azar, Sr. Muiño, … Ese fino instante que hace, como en la pelÃcula “Match Point”, que la pelota que se detiene en el filo de la red, tenga, a veces, la misma posibilidad de caer de un lado u otro del campo, cambiando el universo y el destino de los contendientes. Sin embargo lleva razón, como en tantas ocasiones: mientras más atención pongamos en nuestro quehacer, mientras más controlemos las variables que conocemos, más posibilidades tendremos de tener éxito en lo que estemos intentando. Luego vendrá el azar, que coincidirá, o no, con nuestra necesidad.
Por cierto, el tÃtulo de aquel premio Nobel de BioquÃmica (J. Monod, El Azar y la Necesidad), está sacado de una frase de Demócrito: “Todo lo que existe en el mundo es fruto del azar y de la necesidad”.
Un (unicorniano) saludo
11 de Septiembre, 2007 - 10:54 pm
Esto me suena un poco a la frase de “qué número más bonito he cogido para la loterÃa”. Pero si es que lo mismo puede salir ése que el 88888…
12 de Septiembre, 2007 - 11:01 am
Nos engañan los sentidos… Realmente estamos evolutivamente diseñados para engañarnos. El control de la amigdala sobre el cortex a veces nos juega estas malas pasadas
12 de Septiembre, 2007 - 2:04 pm
Planteado asÃ, la fascinante casualidad pasa a ser un bostezo.
12 de Septiembre, 2007 - 2:05 pm
Occam, si los sentidos no nos engañaran también dejarÃan de ser fascinantes.
12 de Septiembre, 2007 - 5:52 pm
Todo lo que ahora nos pudiera parecer azar… es por puro desconocimiento.
A medida que el conocimiento aumenta… disminuye el azar.
¿Es esto equivalente a “determinismo”, a ausencia de “libertad”? A muchos les pudiera parecer que sÃ…
En FÃsica existe muchos ejemplos. La MeteorologÃa es uno de ellos: a medida que se conocen, se ponderan y cuantifican las -casi- infinitas variables que interactúan en el clima, más precisas y a más largo plazo van resultando sus predicciones.
En EconomÃa ocurre otro tanto, muy parecido. Además, también se va conjugando con conceptos Sociológicos y hasta Psicológicos… que consiguen precisar aún más…
Y, en todos esos casos, la Matemática es la reina…
Cuando se tiene un objetivo, un propósito, se nos hace muy cuesta arriba cualquier tipo de azar que entorpezca o eche por tierra nuestros planes…
Lo que más nos tranquiliza es pensar que todo funciona por mecanismos de causa-efecto, es decir unidireccionales, en los que, si hacemos tal o tales cosas… sólo se puede concluir con cual o cuales resultados. Por supuesto, que eso nos condiciona y justifica cualquier tipo de decisión, nuestras actuaciones en general… Y, por supuesto también, que si los resultados fueran distintos a los deseados… ¡no tendrÃamos culpa alguna…! ¡¡¡Claro que sÃ!!!: gracias al -siempre tan- “socorrido” azar (”buena o mala suerte”, que solemos decir siempre, dependiendo de las circunstancias…).
Como en la vida real las posibles variaciones, los factores que intervienen, las circunstancias, los personajes… (asÃ, hasta el agotamiento) son casi infinitos, me parece inútil pretender cualquier “dominio” sobre los acontecimientos. Al 100%, se entiende, por supuesto.
Lo que sà podemos y debemos hacer es ayudar o facilitar que las probabilidades aumenten o disminuyan (según los casos y según nuestro interés) en función de lo que se pretenda:
…Si no cojo este avión, obviamente, jamás podré estrellarme
…Si aumento la cantidad y frecuencia en ingerir bebidas alcohólicas o alimentos grasientos, aumentaré la probabilidad de perjudicar a mi hÃgado o acabar con subrepeso, respectivamente
…Si dedico más atención en clase y más tiempo de estudio en casa, más probabilidades tendré de aprobar el curso o la asignatura
…Si en vez de mandar a la m… a todo el mundo y a cada momento y sin venir a cuento y opto más por escuchar, comprender y averiguar qué puede gustarle más al cónyuge, compañeros, familiares o amigos, más probabilidades tendré de ser más feliz y hacer más felices a los que me rodean.
…Si suelo conducir con mucho exceso de velocidad, más probabilidades tendrÃa de pegarme una chufa (o hacérsela pegar a algún inocente), atropellar a alguien o de que me pongan una multa (sólo podrÃan pillarme si me excedo… obviamente; si nunca la excedo, nunca me multarÃan)
…Si quiero encestar bien y mucho, tendré que entrenar.
En fin, que asà podrÃamos estar también hasta la eternidad.
De todas formas -¡qué curioso!- estoy convencido de que todos conocemos a alguien (o a alguien que conoce a alguien) al que se le considera gafe… Incluso por gente que normalmente no se deja llevar por ese tipo de paparruchas…
Semos asin… ¡qué le vamos a hacer!
12 de Septiembre, 2007 - 6:43 pm
Yo cuando os leo a alguno de vosotros no sé porque pienso que, además además de nuevas leyes, nuevos conocimientos, existe siempre la emoción psicológica de sentir que… nadie ha pensado aún en eso que estás pensando tu en ese momento. Asà que visto lo leÃdo voy a ver si estudio algo de la teorÃa de las cuerdas para parecerme a un yo-yo.
12 de Septiembre, 2007 - 8:25 pm
Nadha, totalmente de acuerdo con tu reflexión.
Koldo, con respecto a las probabilidades y los ejemplos que señalas los puedes encontrar en lecturas divertidas y altamente recomendable en “El hombre anumérico” o “un matemático lee el periódico” de John Allen Paulos
13 de Septiembre, 2007 - 1:37 am
Esto me ha recordado esa frase de “uy, lo tiene todo… en algo tendrá que fallar”. Ya sé que no tiene que ver con el azar, pero…
A lo que voy. Mi padre llevaba un cuaderno completÃsimo con los números que salÃan de la Primitiva y sus correspondientes estadÃsticas. Si un número habÃa salido mucho ultimamente él no lo ponÃa. Si era “raro” de salir lo ponÃa, porque pensaba que ese no lo iba a poner nadie y era inminente que saliera y asà le iba a tocar más dinero. Por descontado decir que jamás ponÃa el 13.
Evidentemente jamás le ha tocado. Pobre, pero él se entretenÃa haciendo su cuadernito y soñando con la pasta.
Yo casi siempre las hago automáticas y apostando lo mÃnimo. Me ha tocado lo mismo que a él, y eso que yo sólo hecho de vez en cuando.
13 de Septiembre, 2007 - 7:02 am
Muchas gracias, “occam”. Hoy le voy a encargar a mi librera favorita los dos. No conocÃa al autor. Tiene muy buena pinta… Ya te contaré. Siempre me gustaron mucho las matemáticas, asà que seguro que disfruto…
También le pediré el último de Punset: “El viaje al amor”, que, como “El viaje a la felicidad” que ya leÃ, seguro que tiene su marchamo cientÃfico especial, que tanto me gusta.
Un saludo.
13 de Septiembre, 2007 - 8:40 pm
No sé si es que no he acabado de entender el argumento o si faltarÃa matizarlo más. La cuestión es que, asà de entrada, el ejemplo de los jugadores de baloncesto no me parece equiparable al de los jugadores de un casino, sometidos al azar puro y duro.
Un ejemplo extremo, donde la impronta del azar ya es mÃnima: ¿harÃa bien el director de un coro en sustituir a uno de los componentes del mismo después de que el cantor soltara “gallos” en tres entradas sucesivas? Yo no se lo reprocharÃa…
De la misma manera, ¿no es razonable pensar que tres aciertos sucesivos de un jugador de baloncesto pueden ser un indicio -más o menos fiable- de que el jugador está, en ese momento, en la cresta de su curva de rendimiento?
También querÃa comentar la frase: “Las matemáticas demuestran que, después de haber acertado tres tiros seguidos, los jugadores tienen las mismas probabilidades de fallar que de encestar”. ¿¿Al 50%?? Dependerá de lo buenos o lo malos que sean los jugadores… Supongo que querrÃa decir que “tienen las mismas probabilidades de fallar (o de encestar) que antes de haber acertado los tres tiros seguidos”. Pero eso, que podrÃa decirse perfectamente de una moneda lanzada al aire, a cara o cruz, no es necesariamente cierto en un jugador de baloncesto cuyo rendimiento puede ir variando a lo largo del partido…
13 de Septiembre, 2007 - 9:45 pm
Yo lo que entiendo es que el jugador tiene las mismas posibilidades que antes de encestar dos seguidos, os ea, que si es bueno tiene más y si es malo tiene menos y que eso de las rachas no existe. Yo soy jugadora de tenis y estoy de acuerdo con Luis Muiño. Todas tenemos esa sensación de estar a veces en racha pero mira las estadÃsticas y no es cierto. A veces meto muchos saques seguidos y otras no meto ninguno, pero es que eso es previsible por probabilidad, porque también a veces salen tres caras seguidas y otras tres cruces.
13 de Septiembre, 2007 - 10:17 pm
Koldo, has dicho todo lo que pienso, estoy totalmente de acuerdo.
Sobre la TeorÃa de las Cuerdas, cuidado, porque no sé si los que la exponen la entienden…. (es broma).
Un saludo.
13 de Septiembre, 2007 - 10:55 pm
Yo sà creo en la mayor probabilidad de la canasta tras la canasta, porque permanece reciente (al menos, en los lanzamientos personales) la memoria fÃsica de una postura, de un giro, de una fuerza aplicada.
En cualquier caso, errar -no sólo encestando- no es para morir del sentimiento de culpabilidad.
14 de Septiembre, 2007 - 4:06 am
las probabilidades son una fuerza muy misteriosa… nadie puede probar que existen, son un mero apoyo que nos hemos creado, pero sin embargo muchos vivimos y morimos por ellas.
14 de Septiembre, 2007 - 12:11 pm
Lo de encestar el cuarto tiro después de haber metido(con perdón) los tres primeros no tiene nada que ver con la probabilidad sino con la confianza. Es lo que en el basket se conoce como tener la muñeca caliente(con perdón). He tenido tardes gloriosas en las que me entraba todo(con perdón) y otras nefastas en las que no tocaba ni aro.
No sé si estoy hablando de baloncesto…