MANTRA NÚMERO DIECIOCHO: “CASI NUNCA SABEMOS POR QUÉ LO SABEMOS”
Viernes, 28 de Septiembre de 2007¿Por qué estamos seguros de nuestros conocimientos?
Esta pregunta, que parece trivial, se plantea cada vez con más fuerza en un mundo como el de hoy, inundado de información pero sediento de conocimiento.
En el verano de 1970 el periodista Frank Smyth se propuso examinar la creencia en los fantasmas. En vez de estudiar aparecidos ajenos, hizo algo mejor: se inventó uno.
Cuando tuvo la idea estaba en Londres delante de las ruinas de la Iglesia de Santa Ana. Así que decidió que su fantasma fuera el de un clérigo.
Además, había cerca una avenida que había sido, hasta finales del siglo XIX, un lugar lleno de burdeles, tabernas y pensiones baratas. Decidió entonces que su vicario podía haber sido el propietario de una vieja casa de huéspedes para marineros. Por supuesto, se dedicaba a robar a sus huéspedes antes de matarlos y arrojar sus cuerpos al Támesis.
Ya tenía fantasma propio. Ahora necesitaba que los demás se enteraran.
Nuestro protagonista escribió un artículo en el que inventaba la aparición del clérigo. Y tuvo una repercusión enorme: sólo en el año siguiente se editaron ocho libros en los que se mencionaba al vicario. Asustado ante la magnitud del rumor, Smyth acabó por escribir un artículo en el Sunday Times explicando su experimento. Más tarde la BBC hizo una película sobre cómo se había realizado la invención titulada “Un salto en la oscuridad?.
A pesar de ello, el fantasma no desapareció.
De hecho, años después se podían leer en la prensa testimonios como el de un comisario de policía que contaba que, cuando era joven (veinte años antes de que Smith inventara la aparición), no le gustaba nada entrar en aquellos muelles porque le daba miedo el fantasma del vicario.
O el de un barquero del Támesis que decía haber divisado con pavor la lúgubre silueta del vicario paseando por uno de los muelles de la zona…unos meses antes de que Smyth ideara la historia.

¿Por qué se seguía (y se sigue) creyendo en esta tétrica aparición?
Hay personas que “saben? de la existencia del clérigo por argumento de autoridad. El relato apareció en un periódico, y eso es suficiente argumento de autoridad. De hecho, ninguna de estas personas necesitó saber nada más: nuestro protagonista había decidido, que si alguien se interesaba por la realidad del fenómeno, le confesaría inmediatamente que se trataba de una invención. Pero nadie acudió a él para confirmar la información…
Otros creen en el vicario que vaga por los muelles del Támesis porque la historia parece verosimil. Así funcionan las leyendas urbanas: son historias que se corresponden con el sentir popular en ese momento. Sus imágenes plasman prejuicios y opiniones irracionales muy profundamente arraigadas. Eso les da verosimilitud y hace que las creamos.
Para otros, el fantasma existe porque es un buen tema de conversación. La historia es divertida y eso asegura su transmisión.

Al final, el fantasma solo desaparece en el momento en que tratamos de indagar acerca de él. Si preguntamos, el mito se desvanece…
Pero, ¿cuántas veces nos detenemos a investigar hechos?¿cuántas historias creemos por argumento de autoridad, porque cuadran con lo que a nosotros nos gustaría que ocurriera o porque nos resultan divertidas?