Archivo de Agosto de 2007

MANTRA NÚMERO QUINCE: “SI ME LO CREO, ACABARÁ SIENDO VERDAD”

Viernes, 17 de Agosto de 2007

En el año 1978, se celebró una épica partida de ajedrez que pasaría a la historia.  Anatoli Karpov, gran maestro soviético, se jugaba el título frente a Victor Korchnoi, un disidente expatriado. 
El ganador fue el primero y el derrotado siempre achacó el resultado a un tercer personaje: el Doctor Vladimir Zukhar, un señor que decía dedicarse al sabotaje psicológico…

Korchnoi afirmaba que este siniestro personaje había sido enviado por el gobierno soviético con el fin de que venciera su representante.  Y contaba a quién quisiera escucharle que este buen doctor tenía poderes psíquicos y mediante ondas mentales había alterado su forma de jugar. 
El atribulado ajedrecista sabía de antemano que el gobierno soviético iba a enviar a un saboteador como Zukhar. Por eso había tomado medidas preventivas: se adiestró con clases de yoga y meditación,  aprendió un mantra en sánscrito que servía para ahuyentar el mal y se preparó concienzudamente para una lucha psíquica. Había dedicado, en suma, mucho esfuerzo y mucho tiempo a crear barreras contra el Doctor Zukhar.

Para cualquier espectador externo, era obvio que toda esta preparación era un error.  Con todo el ambiente que se había creado, la simple presencia del supuesto saboteador descentró a Korchnoi.  El derrotado estuvo, durante todo el campeonato del mundo, pendiente de la presencia del doctor.  Le buscaba por todas partes, intentó impedir su entrada en la sala, paraba la partida para mirarle fijamente…

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El fenómeno de la profecía autocumplida es bien conocido en Psicología.  Cuando estamos convencidos de que algo va a ocurrir, aumentamos la probabilidad de que ese hecho suceda. 
Si creemos que nuestro hijo va a ser un mal estudiante; nuestras dudas, nuestras preguntas insidiosas y nuestra continua inseguridad acabarán por descentrar al niño y éste cumplirá nuestra profecía.
Si nos empeñamos en que somos nefastos realizando una determinada labor, perderemos seguridad y nos equivocaremos. 
Y si alguien cree que una persona es un saboteador psíquico, perderá concentración en el juego y, al final, hará que el sabotaje funcione.

Esto último debió ocurrir en aquella memorable partida.  Porque viendo cómo se desarrolló el encuentro, es fácil suponer que lo psicológico tuvo un papel decisivo. 
Karpov ganó cinco de las seis primeras partidas disputadas.  Korchnoi, después, le cogió la medida: le venció en las cuatro siguientes.  Parecía que le iba a dar la vuelta al campeonato… pero entonces llegó el Doctor Zukhar. Y con él, la profecía autocumplida. 
El disidente, desconcentrado por la presencia del saboteador, no fue capaz de ganar una sola partida más.
La profecía se había cumplido.
El Doctor Zukhar, luchador psíquico, había triunfado sin hacer absolutamente nada.

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